Primer cap up.
Disclaimer: Todo es de Stephenie Meyer, yo solo juego con sus personajes.
.RECUERDOS.
Avancé lentamente y tomé un lápiz azul que había sobre mi escritorio. Lo miré detenidamente, fijándome en cada una de sus partes, fijándome, como todos los días, que parecía tener algo especial y diferente. Me maravillé de su suave textura, mientras leía de forma lenta el nombre que estaba grabado en él.
"Edward Cullen"
Mi ceño se frunció, todos los días llegaba a la misma conclusión, todos los días la misma pared en blanco me indicaba que no podía pasar. Todos los días me frustraba.
¿Quién era Edward Cullen? ¿Por qué yo tenía un lápiz de él? ¿Por qué mi corazón latía de esta manera todos los días que leía el nombre?, ¿Por qué?, ¿Por qué?, ¡¿Por qué?!
-Isabella, es hora de tomar tu medicina…- una insoportable voz me sacó de mis negros pensamientos. Levanté la mirada, ausente según decían algunos, y miré a la enfermera que estaba en la puerta. Ella retrocedió, como si hubiera visto algo en mi rostro que le hubiese asustado. Bajé mi mirada nuevamente hacia el lápiz y suspiré.
-Bien.
La sentí avanzar con paso lento, colocando un vaso con agua y una pastilla blanca sobre la mesita de noche. Sin decirme siquiera adiós, fue hacia la salida, pero le detuve con la misma pregunta que le hacía a todos los que pisaban este lugar.
-¿Quién es Edward Cullen?
Ella se giró, mirándome con sus grandes ojos azules. Su rostro palideció, y su expresión de tornó nerviosa.
-Tu padre vendrá a visitarte mañana- me cambió el tema- así que debes estar presentable.
Por un momento no supe si contestarle o simplemente dejarlo pasar. Siempre era igual. Siempre los martes de cada semana recibía una visita, quisiera o no verla. A veces era Charlie, a veces Reneé y Phil, o a veces simplemente era algún desconocido que aseguraba haber sido mi amigo en alguna ocasión.
La verdad, es que no recordaba mucho de mi antigua vida. Los recuerdos que tenía solo llevaban a imágenes confusas en mi mente, a veces veía extrañas personas que jamás recordaba haber visto. A veces me veía en una playa, a veces con sol, a veces con un chico moreno de pelo largo y negro que me contaba cosas que no lograba comprender.
Siempre he hecho una fuerte comparación entre mi vida de ahora, y mi vida pasada. No es que me hubiera muerto y luego vuelto a vivir, eso solo lo hacen los vampiros, sino que por lo que me han dicho, yo antes me llamaba Isabella Marie Swan, vivía en Forks, en donde mismo estoy ahora, y estoy aquí porque tuve un accidente andando en carro y perdí la memoria. De eso ya ha pasado casi un año, y de a poco he ido recuperando parte de lo que alguna vez fueron mis recuerdos, sin embargo, hay uno, el más importante, que no he podido recordar.
Y se, que ese recuerdo tiene que ver con el lápiz que ahora bailaba entre mis dedos.
Intenté, como todos los días, volver a pensar con claridad, despejar mi mente de cosas sin importancia y enfocarme en recordar, solo recordar.
Pasó un minuto, dos, tres, cuatro, cinco…diez. Nada. La misma pared en blanco con la cual me levantaba en las mañanas y dormía por las noches.
Bufé fastidiada.
Yo no era una persona de perder los estribos. Siempre trataba de mantenerme lo más calmada posible, y aún así, esto lograba desesperarme por completo.
No lo comprendía.
¿Por qué nadie quería decirme quien era Edward Cullen?, ¿Era un hombre muy horrible? ¿Era malo?, ¿Me había hecho daño?, ¿Había significado algo para mí?
Las preguntas se arremolinaron en mi mente, confundiéndome, logrando que perdiera la atención en lo que debía hacer. Desde que estoy aquí, siempre he querido una respuesta a mis preguntas.
-Bella, ¿Tomaste ya la medicina? – la puerta se abrió sobresaltándome.
La enfermera me miraba enfadada. Y yo no pude más que devolverle la mirada ausente.
-Ya voy- murmuré
Ella asintió, escondiéndose rápidamente tras la puerta en las sombras. No me había dado cuenta que estaba en penumbras, solo alumbrada por la débil luz de la Luna que se colaba por mi ventana, tapada con rejas por supuesto.
La sensación de estar aquí era asfixiante.
Era como una cárcel. Una verdadera cárcel de la cual todo quien entra desea salir. Por las noches siempre se escuchan gritos, gritos de personas que si deberían estar aquí, gritos de personas que sufren por no poder encontrar la solución a las preguntas que se les juntan en las cabezas. Como yo.
Sentí mis ojos escocer. Charlie siempre decía que estar aquí me ayudaría a recuperar la memoria y seguir con mi vida, pero lo cierto es que es cada vez peor.
Cada vez más asfixiante, cada vez más deprimente. Solo se quien soy por lo que han dicho algunos, solo se como soy, por lo que han dicho otros, pero en realidad, ¿Cómo saber quien en realidad soy?
Miré el lápiz otra vez, fijándome nuevamente en el nombre.
Sabía que esa era la clave para todo. Sabía que él debería ayudarme a mí a saber quien era. Sabía que él podría resolver mis dudas.
Y también sabía, que era tonto esperar a quienes nunca van a regresar.
A veces pienso que si de verdad yo hubiera significado algo para él, quizás ya hubiera venido por mí. Quizás ya me hubiera venido a ver, a buscar, a salvarme.
Pero ya casi había pasado un año.
¿Cuánto más debería seguir esperando?
Pero lo más creíble, es que quizás simplemente, este lápiz de verdad no significaba nada, de verdad era solo un simple y tonto lápiz que había tomado de algún lugar…
Tenuemente, recordé que cuando había llegado aquí, era una noche como esta. Muy parecida, una noche sin luna, una noche oscura. Me sentía sola, pues había tenido una pesadilla en que un joven de cabellos rubios me decía que él nunca iba a regresar, y yo corría pidiéndole que lo hiciera. Gritaba nombres que ahora me parecen incomprensibles. Gritaba por él.
Pero él no volvía.
Se iba, se iba y me dejaba sola. Por eso cuando desperté, sintiendo un dolor insoportable en la cabeza, lo único y como instinto reflejo que hice, fue rebuscar en mis bolsillos. Y allí estaba el lápiz.
Estaba asustada, muy asustada cuando las enfermeras vinieron a calmarme. Por días grité que quería a Charlie o a Reneé. Quería saber por qué estaba en este lugar, hasta que mis padres aparecieron a explicármelo todo. Hasta que decidieron abandonarme en este lugar.
No es que no me quisieran. Eso yo lo sabía, sabía que lo hacían por mi bien, podía ver sus torturados rostros cada vez que me venían a ver. Podía ver que sufrían más o igual que yo.
Pero eso no evitaba que no les tuviera un poco de rencor.
Perfectamente podría haberme quedado en casa, tratando de recordar por mi propia cuenta. ¿Por qué tenían que encerrarme en este lugar? ¿Por qué tenían que dejarme sola?
Era una pregunta que aún ellos no me respondían.
Reneé siempre me decía que así estaría a salvo. ¿A salvo de qué?, ¿Qué es lo que hay allá afuera que nadie quiere que yo vea?
Tomé temblorosa el vaso con agua y miré la pastilla. La misma que tomaba día y noche. Suspiré profundamente y la metí en mi boca.
¿Cuándo iba a terminar todo esto?
Tragué dificultosamente y me metí en la cama. Volví a mirar el lápiz, sintiendo como la pena y la impotencia se apoderaban de mi. Frustrada, lo tiré contra la pared, en donde lo vi rebotar y caer en un sordo sonido al piso.
Cerré mis ojos, y lo último que creo que escuché antes de dormirme; fue un largo aullido de un lobo retumbando a lo lejos…
Ash, si, puede que Bella me haya quedado terriblemente OoC. U.u ¡Lo siento, lo siento si fue así!
¿Algun Review?
