Me las mande! 2 capitulos en menos de una semana
Enjoy
Capítulo 7:
Involucrados: S. Black; R. Lupin; P. Pettigrew; J. Potter
Asunto: SAcar libros de la sección prohibida sin atorización
Fecha: 26/01/1975
La clase de Transformaciones estaba resultando más ordenada y silenciosa de lo que solía serlo con el 4to año de Gryffindor que incluía a nuestros queridos merodeadores. Mc Gonagall estaba que gritaba de la pura emoción, pero en vez de eso continuó con su clase sobre la transformación en seres humanos, que al parecer les estaba resultando muy interesante a todos los alumnos.
-... los llamados "animagos", pueden por lo tanto cambiar su apariencia a voluntad en el animal que hayan escogido. Aunque hay muchos que dicen que es el animal el que escoge al mago según su personalidad y rasgos físicos; tal como lo hace con el Patronus que probablemente han escuchado hablar en su clase de Defensa.
-Profesora, muéstrenos de nuevo cómo se transforma en una gata – pidió una alumna de Hufflepuf
-Pero profesora¿qué es exactamente lo que se debe hacer para convertirse en un animago?
-Una pregunta interesante, Potter – dijo Mc Gonagall sorprendida por el interés mostrado por James, mientras la chica de Hufflepuf lo miraba con fastidio por hacerla perder la demostración de la profesora, que claramente prefería hablar a transformarse – Sin embargo no es tema de mi clase, pues convertirse en animago involucra más ramas de la magia que las Transformaciones. Para empezar se debe conseguir una autorización del Ministerio, bastante difícil de conseguir por lo demás – dijo como recordando algo particularmente molesto – y se necesitan varios ensayos. Uno no se convierte en animago de un día para otro. Hay muchos intentos fallidos.
-¿Qué más ramas involucra? – preguntó Sirius como conteniéndose por no saltar sobre Mc Gonnagal con preguntas.
-Bueno, involucra Encantamientos, Pociones, y Transformaciones por supuesto. Es un proceso bastante complicado... aunque no tan complicado como el famoso permiso – dijo lo último en un murmullo.
-Profesora ¿podría recomendarnos alguna lectura sobre el tema? – dijo Remus con su tono más inocente de alumno responsable.
-Eh... pues claro – dijo Mc Gonagall frunciendo ligeramente el ceño – 'Transformaciones espectaculares a través de la historia' es un libro de lectura ligera, donde se nombran un millón de magos que tienen el talento para cambiar de apariencia.
-Pero ahí no dice nada sobre cómo convertirse... – no alcanzó a terminar de hablar Peter que fue hecho callar y aporreado disimuladamente por sus amigos, que temían la sospecha de la profesora.
-Vaya, me sorprende que usted lea, Sr. Pettigrew y claro que no dice nada sobre cómo convertirse en un animago – dijo mirando a los cuatro amigos con detenimiento – Ese es un estudio para personas avanzadas en la magia y como tal su realización se delega a autores que conocen muy bien sobre el tema. Me parece que Hogwarts dispone de unos cuántos libros, pero no les interesa leerlos. Para empezar no se incluye temas tan específicos en sus TIMOS, por lo que no debe preocuparse, Sr. Lupin .
Remus se sonrojó y asintió con una sonrisa.
-Muy bien, ya es hora de que se retiren. La clase ha terminado – Mc Gonagall se dirigió a su escritorio.
-Peter, metiste la pata hasta el fondo – dijo Sirius mirando a su amigo con rabia mientras hablaba en un susurro para no ser oído por la profesora – Mc Gonagall está a dos palmos de descubrirnos.
-No, no es para tanto – dijo James tomando sus cosas – Pero en todo caso, es mejor que no comentemos nada más del asunto cerca de ella. Al menos ahora tenemos una pista – dijo con una sonrisa.
-Exacto – dijo Remus sonriendo también – Pero de todos modos necesitan el permiso.
-No habíamos decidido ser animagos ilegales – dijo Peter y nuevamente fue hecho callar por sus amigos.
-No el permiso para eso, pastel – dijo Sirius empujándolo para salir del aula, ya que nuevamente estaban siendo observados por Mc Gonagall – Necesitamos el permiso para sacar el libro que dijo Mc Gonagall de la sección prohibida. Pero supongo que podemos prescindir de él ¿cierto?
-¿Cómo saben que el libro está en la sección prohibida?– dijo Peter
-Porque – dijo Remus como si fuera lo más obvio del mundo – Si estuviera en las demás secciones ya lo habríamos descubierto.
-Y porque Mc Gonagall no tenía ninguna intención de que lo encontráramos. – dijo James – Es evidente que entonces debe ser algo prohibido y es evidente que no tiene intenciones de darnos un permiso
-Estaríamos prescindiendo de dos permisos – dijo Peter contando con los dedos
-Por algo somos los merodeadores – dijo Sirius sonriendo ampliamente, mientras una chica que pasaba por el pasillo se le quedaba mirando con la boca abierta, pues pensaba que la sonrisa iba dirigida a ella.
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-Son las 12 de la noche – dijo Peter mirando su reloj muggle luminoso, mientras salían de la Sala Común a través del retrato, y comenzaban a caminar por el pasillo hacia la Biblioteca. La capa de invisibilidad de James los cubría a medias, pues habían decidido salir los cuatro ya que Remus no podía evitar sentir curiosidad por cómo les iba a sus amigos en la ardua tarea por convertirse en animagos. En un principio había encontrado que era una idea muy arriesgada y que si Dumbledore llegaba a enterarse de lo que pensaban hacer, él no podría soportar la idea de que los expulsaran a todos y no podría soportar la decepción del director que había sido el único en confiarse de su condición y facilitarle la ida a clases. Pero la insistencia de sus amigos había sido tanta que no le había quedado otra opción que resignarse con una sonrisa. La idea había sido de James, que en una extraña ocasión había pasado la tarde en la biblioteca – Sirius solía decir que espiando a cierta pelirroja – y había ojeado por casualidad un libro sobre la condición de los hombres-lobo en presencia de animales. Según el libro los licántropos disminuían su "salvajismo" en contacto con éstos, y que incluso podían sacar a relucir actitudes nobles. A James no le faltaron más líneas para unir una idea con otra. Si lo que necesitaba Remus era la compañía de animales y ellos estaban desesperados por acompañarlo, evidentemente lo que debían hacer ellos era convertirse en animales. El asunto que les quedaba por resolver era el cómo, pero ya tendrían tiempo para eso. Al principio Sirius, Peter y James intentaron guardar en secreto la idea que tenían, pero eventualmente Remus se dio cuenta que algo ocultaban y tuvieron que contarle su plan, para que éste – en un arranque paranoico – no creyera que ellos querían alejarse de él por ser un hombre-lobo. Finalmente Remus aceptó algo avergonzado por lo que sus amigos querían hacer sólo por ayudarlo y decidió apoyarlos también, y ofreciéndose a entregar alguna información de más que pudiera servirles. Fueron meses de ardua investigación y pudieron sacar en limpio algunos trucos para su futura transformación. Sin embargo la clase en que Mc Gonagall habló sobre los animagos, y les dio a entender que era algo prohibido y que por lo tanto podrían encontrar algo en los estantes prohibidos de la biblioteca, sintieron que la etapa de investigación estaba por terminar, pues si descubrían cuál era la totalidad de la parte teórica, podrían pasar a la parte práctica. La verdad es que Sirius y James ya habrían pasado a esa parte porque pensaban que lo que tenían podía ser suficiente para empezar a experimentar, pero Peter tenía mucho miedo de que algo pudiera salir mal y Remus se tomó todos los pasos y reglas muy en serio ya que nada podía terminar mal, primero por la salud de sus amigos y segundo para que nadie sospechara de lo que se traían entre manos.
-Peter deja de sacar tu horrendo reloj – susurró James mientras revisaba el mapa tras una estatua – con la luz de la varita de Remus, es suficiente.
-¿Se ve alguien?
-Me creerían si les digo que Mc Gongall está increíblemente cerca del despacho de Flitwick – preguntó James con una sonrisita.
-Perfecto – dijo Sirius también sonriendo de forma socarrona – Así estará alejada de nosotros ¿Filch?
-En su despacho. Pero yo no pensaría que está del todo dormido. Ya saben que ese hombre al sufrir de insomnio no encuentra nada mejor que dar algunos paseos nocturnos de vez en cuando.
-Nosotros no tenemos nada que decir en ese sentido – dijo Remus guiándolos a través del pasillo. Habían encontrado hace algún tiempo un hechizo para que el resplandor de la varita fuera visible sólo para ellos, así que no corrían algún peligro – También sufrimos de insomnio.
-No yo – dijo Peter
-Sí, ya había olvidado que tuvimos que ir en busca del hermano perdido de Hagrid para que te despertara con un "¡Buenos días!"
-¿Hagrid tiene un hermano perdido?
-¡No! Merlín, tú nunca diferencias lo que es una broma de la realidad.
-Bueno, bueno. Ya estamos en la bilioteca. Ahora cierren la boca si no quieren que Pince despierte – James miró hacia todos lados y se quitó la capa – Tenemos que encontrar una forma de que esa mujer no nos escuche.
-¿Muffliato? – sugirió Remus.
-No, no. Con ese molesto ruido no nos escuchará, pero pensará que algo ocurre y se levantará a averiguar.
-Mejor, que se levante y se vaya – dijo Sirius y sorpresivamente sacó un pergamino y con una pluma escribió unas palabras. Se dirigió rápidamente hacia la puerta del despacho de Madame Pince y ya iba a golpearla cuando sus amigos lo agarraron de un brazo y le impidieron seguir.
-¿Qué rayos haces? – dijeron los tres a la vez en el tono más alto que las circunstancias les permitían.
-Sirius, te hemos dicho infinidad de veces que tu impulsividad es lo que algún día hará que te maten.
-Ya – dijo Sirius con fastidio – Sé lo que hago – y les mostró lo que decía la nota.
Mi querida Irma:
Pensé que oi seria una gran oportunidad para ablar los dos. Descorche una botella de aguardiente y estoy esperándote y ojalá vengas.
Siempre tullo
A. Filch
-Sirius me encanta tu capacidad de redacción – dijo James pasándole la nota.
-¿Qué mas puedes esperar de Filch? – dijo encogiéndose de hombros – En todo caso no pueden decirme que es una mala idea. Pince se irá, Filch no podrá decirle que no cuando la vea entrar a su despacho, nosotros tendremos tiempo para revisar los estantes a nuestro antojo... y todos felices.
-Sí – dijo Remus – Pero igual podrías habernos explicado todo eso antes.
-Estamos perdiendo valioso tiempo¿ Siempre hay que explicarlo todo? – dijo tocando la puerta del despacho de Madame Pince y dejando la nota en el suelo. Luego todos se taparon con la capa y esperaron en silencio.
Pince, la bibliotecaria, salió de su despacho con aire molesto y vestida con una bata blanca. Miró en todas direcciones y cuando vio un pergamino a sus pies, sacó unos lentes de su bolsillo, se agachó, recogió el papel y leyó por unos segundos con el ceño fruncido. Entró rápidamente a su despacho y después de unos cuántos "¿Qué será lo que pasa?" murmurados por los chicos, Madame Pince salió con una túnica a medio poner y con la expresión más severa que nunca le habían visto.
-¿Cuántas veces tendré que decirle a ese bueno para nada que no me interesan sus invitaciones? – escucharon que murmuraba la mujer mientras se dirigía a la salida de la biblioteca - ¡Aguardiente! Qué repugnante
Cuando la puerta se cerró no pudieron evitar soltar una gran carcajada.
-Te las mandaste, Sirius – comentó Peter con orgullo, como si él nunca fuera capaz de inventar algo tan bueno.
-Sí, pero ahora no tenemos mucho tiempo – dijo James que ya caminaba en busca de la sección prohibida – Cuando Filch reciba el sermón de su vida y Pince se dé cuenta que él no es el autor de la nota, nosotros seremos los primeros sospechosos y ya tendremos que estar en nuestras camas.
-¿Por qué siempre sospecharán de nosotros? – dijo Sirius con inocencia.
Buscaron frenéticamente en cada estante de la famosa sección, pero la tarea no era nada simple. Había libros muy extraños que no eran nada dóciles. Algunos no querían ser abiertos y otros no dejaban que su índice fuera visto, por lo que les costaba mucho averiguar de qué se trataba. Otros gritaban y los que revisaban últimamente olían.
-¡Por Merlín! – dijo Peter soltando le último libro de ese estante - ¿Olieron eso? Parecía olor a huevos de culebra quemados
-Creo que deberíamos dejar esta sección – dijo Remus dejando también otro libro de aspecto peligroso – Si huelen, probablemente sean de Herbología o con suerte de Pociones.
-¿Mc Gonagall no dijo algo sobre pociones? – preguntó Sirius
-¡Tengo una idea! – dijo James poniéndose de pie y dirigiéndose hacia el escritorio que Madame Pince ocupaba todos los días – Pince debe tener algún registro de los libros ¿no? Y para tenerlos ordenados debe clasificarlos por temática.
-Y yo todavía no entiendo por qué Evans dice que tus neuronas sirven sólo para el quidditch – comentó Sirius acompañando a su amigo que lo miraba de mal modo.
-¡Aquí está! – dijo Remus revisando un pergamino plastificado mientras apuntaba con el dedo – A.. Ánimas... animados... ¡animagos! Veamos. Hay unos cuántos libros... Conviviendo con los animagos ¿Acaso son peligrosos? Datos sobre la transformación en animagos Emm.. Secretos sobre el animaguismo.
-¡Llevémoslos todos! – dijo Sirius arrebatándole la lista - ¿En qué número de estante están?
-¡Espera! – dijo James – Sería mejor que lleváramos de otros temas también. Si es que nos atrapan con libros relacionados con sólo ese tema, pueden sospechar.
-Ya, mucha precaución ¿Qué cosa tan terrible puede pasar? – dijo Sirius, pero tuvo que tragarse sus palabras cuando sintieron ruido proveniente del pasillo. Se miraron unos segundos en silencio y cuando reconocieron la voz de Madame Pince, se lanzaron como locos a los estantes a sacar la mayor cantidad posible de libros y ocultarlos en la mochila. Cuando la voz de la bibliotecara se escuchó claramente, se ocultaron bajo la capa de invisibilidad.
-¡Argus, deje de seguirme! – Pince se encontraba a punto de lanzarle una imperdonable al pobre conserje.
-Pero, Irma – decía sin parar – Debe creerme. Esto debe ser culpa de un odioso estudiante. No debe preocuparse. Cuando lo encuentre...
-¡Ya basta! Le dije que le creía ¿Puede ahora irse a su despacho¿Qué pensaría Dumbledore si nos viera hablando a estas horas de la noche?
-¿Qué tiene que ver Dumbledore con todo esto? – Filch soltaba chispas por los ojos.
-¿Cómo que qué tiene que ver? – pero en duelo de miradas, Madame Pince era la ganadora – No ve que pueden despedirnos por no cumplir con nuestro trabajo. Usted debería asegurarse de que los estudiantes estuvieran en sus respectivas casas en vez de andarme mandando notitas.
-Pero le dije que yo no le había mandado ninguna notita.
-¡No importa! Ahora váyase de aquí antes que el director se entere.
-De nuevo me habla sobre el director ¡Muy bien! Supongo que Dumbledore es para usted mucho más importante que yo.
-Bueno, de hecho es mi jefe...
-Así que relaciones ínter laborales ¿eh? Debería haberme dicho eso antes – dijo Filch en un tono herido – Aunque eso sea ilegal, yo lo habría comprendido. Usted sabe que yo la tengo en gran estima.
-¡Silencio!
-No, es verdad Irma. No me haga callar. Lo que yo siento por usted...
-¡Le dije que se callara! – En efecto cuando Filch paró su discurso lastimoso y semi revelador, pudieron escuchar con claridad un ruido de risas contenidas que venía desde una esquina de la estancia.
-¡Son ellos! – dijo Filch con profundo odio.
Cuando James se dio cuenta que los adultos los habían descubierto y que Filch no descansaría hasta encontrarlos, decidió arriesgarse.
-Escuchen, chicos – dijo en un tono casi inaudible – Nos han descubierto, y por lo que nos ha revelado hoy Filch, no descansará hasta dar con nosotros. Creo que lo mejor es que nos entreguemos, o si no descubrirán mi capa y ahí si estaríamos perdidos.
-¿Por qué no te entregas tú, entonces? – dijo Peter.
-Ja, aquí somos todos o ninguno – dijo Sirius empujando a Peter fuera del área de invisibilidad que les daba la capa – Estamos contigo, Jamsie – y luego del guiño de Remus, salieron todos de debajo de la capa, la guardaron en la mochila y caminaron hacia los adultos para hacerse ver.
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-¡Dos semanas de trabajo con Filch! – dijo James con fastidio cuando ya estaban en su sala común.
-Fue idea tuya – dijo Peter que aún estaba picado por cómo lo habían tratado y por las consecuencias que había traído su pequeña excursión nocturna.
-No importa – dijo Sirius que se encontraba acostado en el suelo revisando un libro junto con Remus – Pudimos sacar el libro que nos interesaba.
-Y salvamos mi capa. Esta servirá para futuras batallas
-Y Mc Gonagall no se enterará. Creo que ella estaba sospechando, pero como Filch no querrá que nadie más se entere de sus... sentimientos hacia Pince, probablemente dejará el castigo entre nosotros.
-Buena idea, Rem. Ahora que lo pienso también podemos chantajearlo para que reduzca el castigo.
-No, Eso es imposible – decidieron finalmente de forma unánime.
Involucrados: R. Lupin; P. Pettigrew
Asunto: Soltar un lagarto en la sala de profesores.
Fecha: 09/03/1977
Daños: Inmobiliario de la estancia, heridas leves de profesores
Gastos: Restitución de objetos, limpieza de la sala.
Era uno de esos días sábado con relativo sol asomándose por el ventanal de la pieza de los chicos del último año en Gryffidor, cuando el más apuesto de los cuatro jóvenes que ocupaban dicha habitación, se asomó por la puerta del baño, mientras tarareaba una canción muggle de una película que había visto cuando desafiando a su madre había escapado de la casa, para luego ir a parar a la casa de su mejor amigo, que de hecho era al que a continuación se dirigió:
-Ps, Prongs – dijo hablando en voz baja, mientras los otros tres chicos dormían, haciendo que James se despertara, lo fulminara con los ojos y luego se pusiera sus lentes que guardaba en la mesita de noche – Adivina qué.
-Me despiertas de un adorado sueño con mi pelirroja para que adivine algo probablemente estúpido. Y fíjate que no es ninguna pregunta.
-No te hace bien para el humor soñar con Evans. Ah, y claramente no es un "adorado" sueño si no un "alborotado" sueño. Eres un pervertido con la pobre chica...
-No tienes derecho a hablar sobre esos temas... ¿Vas a salir con una nueva adquisición?
-Las mujeres no son adquisiciones – James miró a su amigo como sin creérselo – Sí, voy a salir con una chica.
-Por eso te pones ese asqueroso perfume ¿no?
-No, de hecho es mi perfume natural – dijo Sirius mientras se olorosaba a él mismo para luego seguir con su cancioncita – you can leave your hat on
-Sirius, vístete ¿quieres? – James se dio la vuelta en la cama para luego volver a sentarse – ¿No me ibas a decir algo?
-Sí. He descubierto algo muy interesante. Si mezclo esa poción de la que estuvo hablando Slughorn con mi perfume, saco algo así como una poción de euforia extrema.
James se despertó del todo y se levantó de la cama
-¡¡¿¿Te tomaste eso??!!
Sirius se lo quedó mirando con precaución
-No ¿A qué viene tanta histeria?
-Eres un desgraciado hiperactivo que necesita con urgencia ritalín y me preguntas a qué viene tanta histeria. Escúchame bien Padfoot. Quiero que me pases esa poción de la euforia.
-¿Para qué? Todavía quiero probarla en Lauren Green. Te imaginas lo que podría pasar si le diera algo de ella.
-Es que... necesito eso para el entrenamiento de Quidditch – dijo James buscando alguna excusa para que su amigo no se fuera a tomar esa cosa – Por cierto ¿Cómo sabes que sirve para eso?
-Por los ingredientes. Estoy casi seguro de que funcionará, pero en todo caso no lo he probado aún, así que no sé si servirá para tu entrenamiento. Mejor la pruebo yo antes – dijo trayendo desde el baño una barra de chocolate.
-¡Ni lo sueñes! – dijo James arrebatándole el chocolate – Más encima lo mezclaste con chocolate. Esto debe ser una bomba de hiperactividad. Mejor te alejas, Pad.
-Ya, todavía no entiendo por qué a ustedes les da con que tengo que tomar ese medicamento muggle – Sirius se terminó de vestir y se miró un minuto al espejo antes de salir – Te presto mi invento, pero no te lo gastes todo que pienso darle un poco a Green a ver si se anima un poco.
-Yo la veo lo suficiente animada. El problema es que las mujeres se ponen un poco lelas contigo. Que te vaya bien – Se despidió James y se comenzó a vestir para bajar al campo de Quidditch. Antes de salir guardó el chocolate en su baúl para que no fuera a ocurrir ningún desastre. Pensó un minuto en si debía probarlo, pero prefirió abstenerse hasta preguntarle a Lily (la supremacía en pociones) si aquello era de confianza.
Luego de unos minutos de silencio en el cual los dos chicos que aún estaban en la pieza dormían tranquilamente, Peter se despertó porque una mosca se había parado cerca de su boca y casi se la traga.
-¡AHH! Cof, cof, ejem, ejem, cof, cof – Peter corrió en dirección al baño y bebió casi un litro de agua logrando finalmente desatorarse.
-¿Wormtail¿Qué pasó? – preguntó Remus que desde su cama observaba a su amigo en el baño pues se había despertado con el medio alboroto que había armado Peter. Luego de un segundo de lapsus, Remus se sentó en su cama, entrecerró los ojos y levantó su nariz para inspirar profundamente - ¿Hueles eso, Peter?
-Cof, cof – respondió Peter aún en el baño
-Lo mismo pensé yo – Remus se levantó de la cama y ahora sí con profunda concentración inspiró casi todo el aire que había en la habitación (incluida la mosca.) Botó el aire de una sola expiración y volvió a absorber aire, pero esta vez en cantidades parceladas – Wormtail, no estamos solos en esta pieza.
-¿Qué?! – Peter corrió hacia donde estaba Remus y se ocultó tras él, observando detenidamente a todas partes – Te refieres a que quizás James o Sirius estén bajo la capa de invisibilidad ¿o hay algo más?
-No, no hay señales de Pad ni de Prongs. Esto es algo dulce... azúcar, cacao. Wormtail, estoy seguro de que en esta habitación hay chocolate.
-¡JI! Pero no es posible – Peter se separó de Remus y comenzó a pasearse – No es posible que haya chocolate en esta habitación y que aún no te lo hayas comido.
Remus asintió con gravedad y sin rodeos fue hacia el baúl de James. Lo abrió, dio vuelta todo su contenido y levantó triunfalmente el chocolate. Pero antes de poder engullirlo en menos tiempo del que Dumbledore utilizaba para asaltar la tienda de dulces de limón, Peter le sostuvo la mano.
-¿Qué quieres? – dijo Remus con toda la mala leche de la que fue capaz
-El 50 por ciento de tu chocolate – Peter tenía un leve brillo de desafío en sus ojos.
-No – dijo lacónica y hostilmente Remus alejando el chocolate del alcance de su pequeño amigo.
-El 40, entonces.
-No
-Por favor, casi me trago una mosca. Necesito algo reconfortante para poder sobrevivir durante el día – Peter apelaba a los sentimientos de Remus, que en temas concretos como el chocolate, eran casi inexistentes.
-No
-¿El 30 por ciento?
-No
-¿Una barrita?
-Está bien – terminó cediendo Remus ante la mirada suplicante de Peter. Quebró el chocolate y se lo entregó. En dos segundos el chocolate había desaparecido de la faz de la tierra.
Media hora más tarde
La escena era la siguiente: Peter cantaba a todo pulmón, las camas de la habitación estaban dadas vueltas y puestas unas sobre otras. Peter cantaba a todo pulmón. Una cantidad impresionante de burbujas y jabón espumoso salían desde el baño. Y Peter cantaba a todo pulmón:
-Take off your dress... tarara tatatán... You can leave your hat on...– Peter se asomaba a la ventana de la pieza y seguía cantando haciendo que algunos alumnos que se encontraba en las afueras del castillo miraran extrañados sin saber muy bien la procedencia de aquel estremecedor sonido.
-Wormy ¿De dónde sacaste esa canción? – preguntó Remus que en ese mismo instante se encontraba sobre una plataforma voladora que había convocado mágicamente.
-Tengo dos hipótesis: o la soñé o Sirius la cantaba en la mañana ¡Ya, apúrate! Yo también quiero hacer el salto de la muerte.
Remus asintió y con decisión se lanzó desde la plataforma hasta las camas apiñadas, haciendo que las patas de todas se quebraran con el impacto y terminando en el suelo junto a un montón de astillas.
-¡Rayos! Ahora no podré intentarlo – se quejó Peter
-Igual no lo hubieras hecho – dijo entre risas Remus que intentaba levantarse – Te hubiera dado miedo. Pero ¿sabes qué? No es tan entretenido. Mejor hagamos otra cosa.
-Eh ¿no deberíamos arreglar este desastre?
-¡No! Qué importa. Que lo hagan Padfoot y Prongs. Nosotros siempre debemos arreglar sus desastres, que lo hagan ellos ahora con el nuestro.
-Pero, creo que ahogamos la lechuza de James en el baño.
-Sí, sí ¿Qué hacemos ahora?
-No lo sé. Yo creo que deberías sentarte un rato – dijo Peter mirando a Remus con desconfianza – Ya ha sido suficiente.
-¡Ni hablar! – y Remus salió corriendo de la habitación, aún en pijama, bajando a toda la velocidad las escaleras. Luego subió y se deslizó por el pasamanos de la escalera. Por desgracia chocó con la bola del pasamanos y terminó de cabeza en una butaca.
El resultado fue que todas las personas que se encontraban a esa hora en la sala común se lo quedaron mirando, pero Remus no perdió el tiempo en fijarse en nimiedades. Se dirigió en particular a una chica que estaba sentada en una butaca en el medio de la sala.
-Hola, Danielle ¿Cómo estás?
Danielle una chica en extremo tímida un año menor que él se lo quedó mirando con la boca abierta. Nunca esperó que el merodeador que ella consideraba más guapo (y más callado) se acercara a ella como si nada, supiera su nombre y le preguntara que cómo se encontraba.
-Eh... bueno... eh
-Genial ¿quieres hacer algo divertido?
-Claro. Yo...
-Perfecto – Remus tomó a Danielle de la cintura, hizo que se levantara y poniéndose de pie él también, la subió a su hombro derecho, con lo cual la chica dio un grito.
-¡Ah¿Qué estás haciendo? – Danielle trataba por todos los medios de que no se viera nada que no debiera verse por los pies de la túnica
-Algo divertido – respondió el chico con una sonrisa y sin más corrió hacia el agujero del retrato, lo atravesó y con la chica a su espalda corrió hacia la puerta del castillo.
-Escucha Lupin tú me caías muy bien hasta este momento, pero ahora quiero que me bajes ¿Has entendido?
-¿Qué? – Remus pensaba claramente en otra cosa – Mmm. Dime que prefieres ¿ir a darnos un baño al lago o hacerle una visita a un animal relativamente peligroso al bosque prohibido? También he escuchado hablar sobre una cámara secreta que está oculta no sé dónde ¡Ya sé¿Qué te parece ir ahora a Hogsmade?
-¡No, no! – Danielle comenzaba a patalear - ¡Quiero que me bajes ya!
-Bueno, no tenías más que decirlo – Y Remus muy poco caballerosamente la dejó caer al suelo.
-¡Remus qué rayos estás haciendo? – Peter corría (ya vestido con una túnica) hacia donde se encontraban los dos chicos y ayudó a levantarse a Danielle
-Mi buen amigo ¿Tú si querrás acompañarme a hacer algo divertido? – Remus no podía estarse quieto y menos callado
-Bueno, de hecho ahora tenía un castigo con Hagrid por aplastar sin querer a uno de sus escregrutos. Aunque en realidad me hizo él más daño a mí que al revés.
-Ya, ya ¿Danielle te vas? – Remus se fijó que la chica se alejaba de ellos con bastante mal humor.
-A ti que te parece – preguntó ella sin darse la vuelta
-¿Estás enojada?
-¡No, estoy feliz de la vida! – Danielle ya casi daba la vuelta para desaparecer de la vista de los dos chicos, pero Remus corrió a detenerla.
-¡No te enojes! – dijo tomándola del brazo y haciendo que ella se detuviera – Ya sé que hacer. Sirius siempre lo hace con las chicas que ha dejado plantadas y le da muy buenos resultados – y sin agregar nada más, Remus al más puro estilo Jim Carrey en la máscara, le dio un gran beso a Danielle en los labios.
-¿Ah, sí? – dijo ella soltándose de inmediato para darle una cachetada – Pues yo no soy como esas guarras – y con una mirada desdeñosa se alejó, pero esta vez Remus no la siguió.
-La verdad es que la mitad de las veces a Sirius le da resultado. La otra mitad reacciona bastante parecido a esa chica – comentó Peter.
-Bueno. Ahora vamos a tu castigo – Remus tomó el brazo de Peter y lo tiró para salir corriendo hacia la cabaña de Hagrid, como si nada hubiera pasado.
Atravesaron en un minuto la distancia que los separaba de la cabaña del guardabosque. Peter temía que algo muy malo pudiera suceder. La verdad es que luego de haberse vestido y tratado de rescatar a la lechuza de James del baño de burbujas, su hiperactividad había disminuido y ya no sentía tanta confianza en sí mismo. El problema es que no sabía el motivo de la actitud de Remus. El siempre había sido el más calmado y reflexivo. Y resulta que ahora lo hacía correr por los terrenos del colegio, mientras iba vestido con el pijama y minutos antes había destrozado la habitación que compartían y había besado a una chica que ni si quiera conocía más allá de su nombre.
Cuando estuvieron en la cabaña y Hagrid le explicó a Peter en pocas palabras que debía alimentar y bañar a Mr. Bubble, un lagarto gigante, mientras él iba a hacer no sé qué trámite en el bosque prohibido, Peter decidió que era el momento de verificar la salud de su amigo.
-Remus ¿Te sientes bien?
-Perfectamente. Pero se me ha ocurrido una idea topísima
-¿Esa palabra existe?
-No sé. ¿Qué tal si sacamos a pasear a Mr Bubble?
20 minutos más tarde
-¡Remus¡Me está comiendo la pierna!
-Lo sé¿no es divertido? – Remus estaba revolcándose en el suelo de la risa porque había soltado al lagarto de la cuerda que lo tenía atado a la cabaña de Hagrid, y éste no había encontrado nada mejor que probar a su amigo que debe haberse visto apetitoso y rebosante de calorías - ¡Ya sé! Debemos llevarlo donde Slughorn a ver si a Mr. Bubble le da por comérselo.
-¡No¡No! Ya basta Moony – Peter trató de inspirar el mayor respeto posible, pero no fue demasiado efectivo con el lagarto como zapato tratando de succionar los huesos de su pierna.
Remus agitó su varita e hizo que el lagarto saliera despedido con Peter y todo a 3 metros de altura para luego irse volando hasta el interior del castillo.
-¡REMUS, AYÚDAME! – gritaba Peter que fue visto por todos los alumnos volando por los aires.
Lupin corrió detrás de él mientras se reía a carcajadas. Tardó unos minutos en encontrar el lugar específico hasta donde había llegado a parar su experimento de lagarto volador. Pero en cuanto lo hizo, el espectáculo no era lo que imaginaba.
-¡Sr. Lupin! – decía Mc Gonagall enfurecida mientras los demás profesores intentaban ayudar a Flitwick que estaba atorado junto con la pierna de Peter, en la boca del lagarto– Esto será un castigo inolvidable para usted y su amigo Pettigrew. Y yo que pensaba que el problema eran los otros dos.
Ya se. el ultimo no tenia mucho sentido...pero segui al inconsciente y esas cosas e igual es algo chistoso...a mas de alguna le gustaria tener a Remus en esas condiciones. Creanme que Lupin haria cualquier cosa.
REVIEWS (vieron que dan resultado?)
Koumal Lupin-Nott
Que gusto tenerte por aqui de vuelta! Y sí, estos locos causan alegria. Que daria yo por... bueno, bueno. Peter se esta mejor calladito, pero de vez en cuando hay que darle algo de protagonismo porque al parecer a todos les causa gracia sus metidas de pata (siendo bien sincera a mi no mucho) Gracias por tu rr y por haber agregado esta humilde historia a tus favoritos.
Evans87
EH! Actualice! Actualice de nuevo!
Al parecer a todos les gusto la 2da broma...tengo que darle mas protagonismo entonces a Peter y a sus comentarios acertivos. sobre lo del alcochol en el ojo...ya te contare. Saludines
Carol
Hola! yo tambien goce escribir la conversacion y estoy de acuerdo con que deberia haberla hecho mas larga..quizas en otra oportunidad haya otra conversacion Evans vs Potter (a mi me dio risa cuando Sirius le decia a su hermanito que le iba a regalar a Kreacher) Y otra vez comentario sobre Peter..en este lo inclui algo mas y me salio mas largo que los demas tambien. Gracias por tu rr
Selu-Potter
Comentarista nueva. Actualice pronto viste? Yo tambien amo a James y Sirius (aunque solo sea a traves de los ff) Pero me quedo con Sirius porque esta solterito (pobrecito) y porque esta condenadamente bueno como lei por ahi. Gracias por tu rr
Se me cuidan todos (eso es muy...ya)
