Hello! Capítulo dedicado a La Innombrable (tú ya cachay) por ser su cumpleaños (atrasado) y por siempre querer ver a Sirius y Remus en una situación más ¿íntima? xD

Capítulo 12:

Involucrados: S. Black; R. Lupin
Asunto: Estar en zonas prohibidas y propasarse con su jefa de casa
Fecha: 29/04/1978
Daños: Ataque de ira de la profesora Mc Gonagall
Gastos: Poción relajante


-Remus es sólo por un rato – suplicó James de rodillas ante su amigo

-¿Sólo un rato? – preguntó sarcásticamente Lily.

James se volteó para mirarla con enfado. Era molesto tener que convencer a un amigo para que les dejara la pieza libre por la tarde, si ella lo molestaba con la duración de ciertas cosas. Más si era por ella por lo cual estaba de rodillas suplicando como un condenado.

-Escucha Remus. Sé que es molesto tener que aceptar ciertas cosas como que ahora Lily esté siempre en nuestra pieza y no podamos hacer cosas que antes hacíamos como merodeadores. Pero mira a Sirius, lo ha tomado de maravilla

-Si te refieres a que ahoga sus penas acostándose con cualquiera que se cruza en su camino, puedes tener razón. Quizás a mi me haga falta algo de eso – contestó Remus mordazmente mientras continuaba leyendo su libro sin inmutarse.

-Tiene razón – lo apoyó Lily – Sirius ha pasado a convertirse en el rompecorazones que todos esperábamos que algún día sería pero por un extraño motivo no lo fue hasta que nosotros comenzamos a salir.

-¿Qué me dices de Peter? – continuó James sintiéndose poco ayudado.

-Peter lo ha tomado bastante bien – admitió Remus – Creo que ya pidió una solicitud para que cuando muera su madre, ustedes puedan adoptarlo con todas las de la ley.

James gruñó.

-Muy bien. Tan sólo te lo estoy pidiendo como un favor de amigo a amigo. Dame diez minutos a solas con la pelirroja…

-¿Diez? – Lily dio un bufido.

-Media hora – rectificó hasta comprobar que no habría más protestas de la chica.

-No – respondió Remus secamente.

-¡Vamos hombre! Puedes leer en cualquier lugar. Yo no puedo… con Lily… ya sabes… en cualquier lugar.

-Vamos Remus – dijo Lily acercándose a él – Danos media hora y James hará tus tareas de pociones por una semana.

-¿Qué? – balbuceó James. Balbuceo que quedó opacado por la mirada de censura dirigida por la chica – Es decir, encantado.

-Veinte minutos y las tareas incluirán el informe semestral para Slughorn – negoció el castaño.

-¡Ni de broma! Ese estúpido informe no me ha dejado entrenar en dos ocasiones.

-Bueno, ahora además el informe te dejará con algunas otras frustraciones – dijo Remus dispuesto a continuar su lectura.

-Remus – suplicó Lily – Te paso mi pieza que a esta hora debe estar libre.

-Danos una hora y te hago sólo el informe sin tareas – soltó James luego de medio minuto de pensarlo

Lupin aún no se veía decidido.

-Tengo chocolates suizos que me trajo mi padre de regalo – dijo Lily como quien no quiere la cosa – Están bajo mi cama y pueden ser todos tuyos.

-Hecho – dijo Remus poniéndose de pie de un salto – Pero quiero que el informe tenga una buena conclusión, James. Nada del estilo "Aprendí mucho gracias a este trabajo"

-Está bien – rezongó James casi echándolo de la habitación.

Remus no se habría esperado sacar tanto provecho por prestar su habitación por una hora, así que lo de un trabajo menos y una tarde devorando exquisitos chocolates producidos al pie de los Alpes, lo llenó de felicidad. Subió con cautela las escaleras hacia la pieza de las niñas y entró con facilidad por la puerta hacia la pieza en la que tantas veces había estado por ser íntimo amigo de Lily. En todo caso, lo que encontró dentro de la pieza, le quitó el hambre.

-¡Por la madre de Merlín!

-Moony qué rayos haces metiéndote en piezas ajenas – lo reprendió Sirius mientras buscaba frenéticamente sus calzoncillos.

Susan Edgecombe sonreía levemente sonrojada mientras se cubría con las sábanas. Al parecer la compañera de curso, amiga de Lily que siempre había ansiado meter a Sirius en su cama, finalmente lo había logrado y el que un avergonzado y levemente molesto Remus los hubiese interrumpido, no le molestó en lo absoluto. Al contrario, un testigo ocular era lo que necesitaba en el caso de que alguien no le fuera a creer.

-Lo siento Sr. Casanova – respondió Remus que cerró la puerta y caminó hacia la cama de Lily – Siento tener que estar en medio de todas las parejas ¡Pero es que ya no quedan sitios libres para las personas que queremos estudiar sanamente en un colegio que cada día se parece más a un prostíbulo!

-No has respondido mi pregunta. Resulta que tengo que correrme de mi propia habitación para venirme a esta y de todas formas me los encuentro a ustedes. Sólo me falta toparme con Peter.

-No lo molestes. El pobre está enfermo. Al parecer uno de los experimentos de mascota de Hagrid le escupió en el ojo. Pomfrey aún no averigua el antídoto – explicó Remus mientras se disponía a abrir su libro, ya con los chocolates en su mano.

-¿Por qué estás aquí, comiendo chocolates, en una habitación que no es la tuya, cuando yo intento echar un buen polvo? – Sirius se veía molesto. Eso no era fácil de conseguir.

-Porque los Lilys están en nuestra habitación – ni siquiera la alusión al mote que le habían puesto a la parejita hizo que Sirius bajara la guardia.

-¿Y no existe acaso una enorme biblioteca dedicada a las personas como tú que no tienen vida amorosa?

Remus se mostró ofendido y Susan se compadeció.

-Vamos Sirius, no seas así. Podemos terminar otro día…

-Tú tampoco tienes vida amorosa – se defendió Remus – A lo que te estás refiriendo es a vida sexual, porque si hablamos de vida amorosa, ya sabemos quién sale perdiendo, Black.

Ahí estaba el "Black". Cuando aparecía en medio de una frase entre los merodeadores, no podía significar nada bueno.

Sirius enmudeció.

-No me place ir a la biblioteca, así que leeré aquí – y sin agregar más, Remus se dispuso a leer.

-Muy bien – contestó Sirius picado – Sabes de sobra que no tengo problemas con el exhibicionismo, así que si quieres declararte abiertamente como voyerista, no tengo ningún problema – y dicho esto se sacó los calzoncillos y se metió en la cama como si nada.

Remus no levantó la vista de su libro, pero una leve arruga surgió en su frente.

-¿Sabes Sirius? – comentó Susan con timidez – Quizás tú no tengas problemas con el exhibicionismo, pero yo sí que los tengo… - Sirius la calló con un beso y al parecer

Susan ya no tuvo más problemas.

Remus no se inmutó, pero eso le duró medio minuto, pues cuando la cosa se puso más fuerte, se paró de un salto y dejó los chocolates sobre la cama.

-Eres un bastardo Black

-Lo sé. Mis padres intentaron enmendar el error casándose –contestó el moreno sin desconcentrarse de su tarea.

Remus dio un portazo antes de salir, pero el tiempo fuera de la habitación le duró un segundo. Rápidamente volvió a entrar en la pieza.

-¿Y ahora qué? – preguntaron los dos chicos.

-Mc Gonagall viene – dijo Remus entre tartamudeos.

-¿Cómo que viene? – preguntó Sirius despegándose de Susan

-Creo que me ha visto.

-¡Señor Lupin! Abra inmediatamente la puerta ¿Acaso cree que no lo he visto? – resonó la voz de la jefa de casa desde el otro lado de la puerta.

-Mierda.

En un tiempo increíblemente rápido, Sirius convocó con su varita sus calzoncillos y pantalones y se los puso, mientras Susan hacía lo mismo con una bata. Lamentablemente Mc Gonagall no tenía mucha paciencia y abrió la puerta con un alohomora para enterarse de qué era lo que hacía Remus, el prefecto, en la pieza de las chicas. Para mala suerte de Sirius, el conjuro no le alcanzó hasta la camisa del colegio, así que cuando la profesora abrió la puerta se encontró con una chica en bata (extremadamente pequeña como para recibir a sus compañeros), con un Remus en estado de shock creciente y con un Sirius a medio vestir.

-¿Qué significa esto? – exclamó la profesora, cerrando la puerta tras de sí, para que no se asomaran más chicas para enterarse de las últimas copuchas.

Los tres chicos se miraron.

-No es lo que parece – empezó Sirius.

Remus y Susan lo miraron con fastidio. Esa era precisamente la frase con la que no debería haber empezado.

-No, me imagino que no – dijo Mc Gongall con ironía – porque lo que esto podría parecer, es algo completamente ilegal en nuestra institución y no me cabe la menor duda de que usted no incurriría jamás en una situación como esa, Sr. Black.

-Ve cómo nos estamos entendiendo a la perfección.

-Tienen un minuto exacto para explicarse – bramó la profesora mirando su reloj.

-¿Qué es exactamente lo que tenemos que explicar?

-No se pase de listo, Lupin ¿Qué hacen ustedes dos en la pieza de la Srta. Edgecombe, y qué hace el Sr. Black sin camisa? No habría necesidad de explicaciones si Black no hubiese dicho eso de "no es lo que parece"

-Bueno… lo que sucede profesora es que Sirius – Susan exprimía su cerebro en busca de una excusa. Los chicos guardaron silencio convencidos de que las mujeres eran mejores para esas tareas – Sirius no ha podido entrar al equipo de Quidditch en todos estos años

-¿Qué tiene eso que ver? – Mc Gonagall alzaba peligrosamente la ceja izquierda

-Bueno, pues hoy intentó demostrarle a James que podía hacer una pirueta en escoba… y las cosas salieron muy mal. Tan mal que el pobre se rasmilló toda la espalda.

-¿Ah si? – la profesora se acercó hacia el chico y comprobó que no había nada en su espalda – Yo no veo ninguna herida.

-¡Excelente! – dijo la chica abrazándolo - ¿Viste que la poción que me enseñó mi abuela era muy buena para ese tipo de heridas?

-¡Oh, es verdad! Ya no me duele nada – dijo Sirius con falsa alegría – Será mejor que ahora me vaya…

-No se mueva de su lugar. Para empezar no debería andarse subiendo a escobas para hacer payasadas, Black. En segundo lugar debe asistir a la enfermera Pomfrey cada vez que tenga un problema, no a su compañera vestida en una mini bata. Y en tercer lugar ¿quiere que me crea esa estúpida historia?

-¡No es una mini bata! – se defendió Susan

-¿Y qué tendría que ver Lupin en toda esta historia? – continuó Mc Gonagall sin poner mayor atención a las palabras de la chica.

-Yo… yo como prefecto vine a decirles exactamente las mismas cosas que usted ha dicho, profesora – dijo Remus en su vena prefecto.

-¿Y por qué me cerró la puerta en la cara, entonces?

-Porque… quería proteger a mis amigos del castigo….

-¿El castigo por qué? – Mc Gonagall se inclinó hacia Remus levemente divertida porque el castaño parecía a punto de soltar todo.

-El castigo… el castigo por… por estar sin camisa en la pieza de las chicas, lo que da para muy malas interpretaciones como estamos viendo ahora.

Susan soltó una carcajada.

-¿Qué le sucede, señorita? – preguntó la profesora con mala leche.

-Es que no lo puedo creer – todos la miraron confundidos - ¿Usted cree que yo y Sirius…? Jajajaja ¡Por favor!. ¿En realidad cree que entre él y yo podría haber algo?

-¿Por qué no? – preguntaron Sirius y Mc Gonagall a la vez.

-Pues porque todos saben "eso".

-¿Qué?

-Que Sirius es gay – dijo Susan como si fuera lo más obvio del mundo.

-¿Acaso te parecieron gay mis be…? – Remus le dio a Sirius un pisotón. Parecía ser que la historia había colado.

Mc Gonagall estaba realmente impactada. Tanto que tomó asiento al borde de una cama.

-¿Es verdad eso? – preguntó a Sirius.

-Eh… bueno… Ssss…ss-s-sí – Sirius tenía cara de espanto.

La profesora lo miró por un segundo. Luego soltó una risita discreta.

-No lo creo – admitió finalmente.

-Es verdad – la interrumpió Susan – Remus es su pareja – atinó a decir mientras tomaba una de las manos de Remus con brusquedad y la depositaba en otra de Sirius.

-¿Qué? – soltaron los tres.

-Susan querida, no deberías haber dicho eso – murmuró Sirius

-Bueno, eso cambia bastante la situación – la profesora estaba muy seria – Supongo que bajo estas circunstancias no puedo sospechar de que la señorita Edgecombe estuviera con el señor Black. No puedo castigarlos por estar sólo hablando en esta habitación.

-¿En serio? – dijeron los dos chicos.

-Ajá – contestó la profesora frunciendo el ceño, como si pensara en otra cosa.

-Entonces debo confesar que no sólo soy gay – dijo Sirius envalentonado – si no que soy MUY gay. Soy real y completamente gay

-Cielo, sólo basta con que seas gay – aclaró Susan a su oído.

-O sea que ¿Usted también es gay, Lupin? – quiso aclarar la profesora.

-No, no soy gay – los otros dos lo miraron apunto de saltar para ahorcarlo – Sólo… sólo siento una extraña fascinación hacia algunos hombres como Sirius. Sí, sí. Sirius es tan guapo que supongo que es algo que no puedo evitar. Ya sabe, sentir cosas por… él – Remus arrugaba el ojo izquierdo. Los otros lo amenazaban con la mirada – Pero ahora que lo pienso, no sólo está Sirius en mi lista. También me gustan los hombres como el Ministro de Magia y el vocalista de las Brujas de Macbeth.

-Oh por dios, Remus. Eres tan gay – dijo Sirius levemente asqueado.

-Pero nadie te supera Sirius. Recuerda que tú eres completamente gay – contraatacó Remus mientras le sonreía con falsedad.

-Bueno, esto debe cambiar algunas cosas – meditó Mc Gonagall poniéndose de pie.

-¿No habrá castigo? – preguntaron los tres esperanzados.

-No, no habrá castigo – los tres chicos aplaudieron – pero habrá cambios.

-¿Qué cambios? – Remus borró su sonrisa. A él no le gustaban los cambios. De ningún tipo.

-Por favor acompáñenme ustedes dos – dijo a los hombres – señorita Edgecombe, le aconsejaría usar batas más grandes. Incluso en presencia de sus amigos gays – Y salió de la habitación acompañada por Sirius y Remus.

-¿Qué es lo que va a pasar? – preguntó Sirius una vez estuvieron fuera.

-Bueno – Mc Gonagall siguió caminando – Me parece poco adecuado que ustedes dos sigan compartiendo pieza.

-¿Qué? Pero nosotros somos… somos los mejores amigos, no nos puede hacer eso.

-Es que bajo los últimos episodios me veo obligada a admitir que ustedes dos son más que amigos y por lo tanto, no pueden compartir la misma habitación. Vamos a sacar las cosas de la habitación y veré en qué lugar los ubicaré.

-¿Vamos hacia nuestra habitación? – Remus se adelantó – Ordenaré un poco – se excusó y salió corriendo.

Abrió la puerta, ya curado de espanto con lo que pudiera encontrarse adentro y advirtió a la parejita.

-Viene Mc Gonagall – dijo mientras buscaba la capa de invisibilidad en el baúl de James. La encontró y la puso sobre la cama en que estaban los Lilys – Ahora, quiero que no hablen, no respiren, no parpadeen, pero por sobre todo, no sigan haciendo lo que habían estado haciendo hasta que entré yo ¿Entendido?

Los dos asintieron muertos de miedo a que Mc Gonagall los encontrara.

En ese segundo entraban Sirius y la profesora.

-Profesora, por favor. No puede cambiarnos ¿Además con quién nos cambiaría?.¿Con las chicas? Nos marginaría completamente. Los demás hombres se burlarían de nosotros. Ya es bastante con la carga que ya tenemos ¿por qué cree que me fui de mi casa? Mi padre me desheredó.

-Black, cierre la boca. ¿Se imagina las piezas fueran mixtas?

-Sería divertido – admitió el moreno.

-Exactamente. Me imagino que deben haberse divertido mucho ustedes dos mientras compartían la pieza.

-Claro – contestaron los dos, pero antes de continuar se dieron cuenta de lo que realmente querían decir las palabras de Mc Gonagall y ya no estaban tan de acuerdo.

-No por Merlín – dijo Remus - ¡Qué asco!

-¿Le da asco el amor de su vida?

-No es el amor de mi vida. Castígueme si quiere, pero prefiero a Myrlte la Llorona antes que a este – dijo señalando a Sirius.

-¡No nos cambie de habitación! – dijo Sirius echándose a los pies de la mujer – Le juro que somos castos y no hemos incurrido en nada… desagradable.

-Señores – dijo la profesora poniéndose seria – Asuman sus… preferencias sexuales o como quieran llamarlo, pero no pueden seguir compartiendo pieza.

-Profesora, le mentimos ¿sí? No somos gay. Bueno, no sé Remus, pero tiene que creerme a mí: no soy gay – dijo Sirius aún a sus pies, sacudiéndola de la túnica.

-No me hará cambiar de opinión, Sr. Black.

-¿Qué tengo que hacer para demostrárselo?

Mc Gonagall se cruzó de brazos mientras sacudía la cabeza.

-En serio que no soy gay – Sirius se puso de pie – La verdad es que estaba en la habitación de las chicas porque me estaba tirando a Susan ¿sí? Y Remus entró en la habitación por puras casualidades de la vida y justo cuando iba a salir se topó con usted y fue a advertirnos.

-Eso fue lo que pensé en un principio, pero dado sus declaraciones.

-¡Que no soy gay!. ¿Quiere que se lo demuestre?

Sirius hizo algo increíblemente osado. Tomó la cara de la profesora entre sus manos, cerró los ojos y acercó sus labios a los de la mujer sin que esta alcanzara a reaccionar. Le plantó un beso en medio de la boca y lo mantuvo hasta que todos consideraron que era un tiempo razonable.

-¿Hace un gay una cosa como esa? – preguntó al acto de haberse separado.

Mc Gonagall pasó por todos los colores del arco iris antes de tener una respuesta. Respuesta que nunca llegó a entregarle a Sirius.

Remus observaba entre impresionado, asqueado y divertido.

-Yo tampoco soy gay ¿eh? – dijo acercándose a la profesora en tono de broma, pero Mc Gonagall se espantó y se alejó de ellos.

Cuando logró articular palabra, dijo:

-Los quiero a los dos en mi oficina mañana a las seis – y sin más salió de la habitación con un portazo.

-Esta nos va a salir cara – dijo Remus mirando hacia la puerta cerrada. Luego se giró hacia Sirius que lo miraba mimosamente - ¿Qué pasa?

-¿En serio que prefieres a Myrtle la Llorona, antes que a mí?

-No me mires así, Padfoot.

-Vamos, sabes que en el fondo te hubiese gustado hacer el papel de mi pareja. Hasta los hombres me desean.

-Estás alucinando – Remus se alejaba lentamente de él.

-Admite que en el fondo hubiéramos hecho una gran pareja. Después de todo, los dos somos merodeadores. Además acabas de admitir en la pieza de las chicas, que me encontrabas guapo.

-Sirius aléjate de mí. Te lo advierto.

-No te hagas el interesante, Moony. Sé que piensas en mí cada vez que suspiras.

-¡Son suspiros de exasperación! – Remus abrió la puerta – Ahora quiero que me dejes en paz ¿si?

-¿O qué?. ¿Quieres una persecución entre canes? – Sirius hizo un ademán de perseguirlo y Remus salió corriendo, seguido muy de cerca por el moreno.

Cuando la puerta se cerró con un segundo portazo, Lily y James se quitaron la capa de invisibilidad de encima. Ella reía hasta las lágrimas.

-¡Sirius gay! Por favor. Jajajaja. Hasta tú podrías ser más gay que él.

James se había estado riendo hasta ese punto.

-¿Qué quieres decir?.¿Que me veo más femenino que Sirius? – Lily seguía riendo – Ya te mostraré, pelirroja mal agradecida.


Involucrados: S. Black; R. Lupin; P. Pettigrew; J. Potter
Asunto: Hacer escándalos en la enfermería
Fecha: 26/11/1972

-¿Adónde vas? – preguntó James mirando a su amigo de reojo.

Remus recogía algunas cosas y las metía en su mochila de forma muy concentrada y demoró algunos segundos en contestar a su amigo.

-Ya sabes – respondió el chico con inseguridad – Mi madre.

-Cierto – James comenzó a pasearse alrededor de su amigo – Sabes lo que pienso de eso.

El castaño no respondió y simplemente se apresuró a tener sus cosas listas para salir de la habitación. Fue tan ágil, que James no tuvo tiempo de agregar nada más. En ese momento Sirius y Peter salían del baño.

-Mi burbuja era definitivamente la más grande, no es mi culpa que no quieras admitirlo.

-Quizás era más grande, pero la mía tenía una tonalidad muy bonita – contraatacó Peter

-¡Por favor! A nadie le importa el color, el tamaño es lo que importa, ya escuchaste a la chica de séptimo que hablaba sobre eso.

-A mí no me pareció que estuviera hablando de burbujas.

-Todo entra dentro del mismo saco ¿Qué sucede Potter? – preguntó Sirius al ver la cara de "estoy pensando en algo sumamente interesante" de James.

-Lupin – respondió como si fuera obvio.

-Ah ¿Qué hacemos Peter?.¿Insistimos con lo de que el tema "Lupin" está sólo en la mente de James o le seguimos el juego?

Peter pareció meditar.

-Mejor hablemos sobre el primer partido de James.

El aludido cambió levemente de expresión, de concentrado a nerviosísimo.

-No quiero hablar sobre quidditch, sino no podré dormir.

-Nunca duermes, James. A excepción de cuando queremos despertarte. Justo en esos momentos importantes en los que te necesitamos despierto, duermes como el calamar en el fondo del lago.

-Sirius, para ti los "momentos importantes" son cuando podemos perder puntos extra. Y mi meta en este partido, es ganar tantos puntos para que nadie me pueda fastidiar más con lo de que hago perder tantos puntos. Al menos podré compensarlo. No creo que tú tengas una oportunidad como esta porque como no entraste en el equipo…

-Muy bien – lo cortó Sirius - ¿No estábamos hablando del tema Lupin?

-Leí una carta de su madre – comenzó James

-Ah sí, el tema de la carta de su madre…

-¿Podrías dejar de hablar como si todo lo que dijera fuera estúpido?

-Por supuesto, cielo

-En la carta la madre le decía lo del estupendo clima en el sur y sobre un pequeño resfrío que había atacado a la comunidad pero que por suerte aún no le había afectado a ella.

-Quizás – intervino Peter – Su madre tiene una enfermedad tan terrible que ningún resfrío común puede afectarle ya.

Sirius y James compartieron una mirada de burla.

-¡Qué horror! No quisiera padecer una enfermedad tan terrible que no me permitiera padecer catarros nunca más en mi vida – dramatizó Sirius.

-Su madre está perfectamente – se focalizó James – Lo que quiere decir que nuestro querido compañero de habitación nos ha estado mintiendo para hacer otras cosas cuando dice que va a visitar a su madre.

-Yo siempre esperé mucho de ese muchacho – dijo Sirius imitando la voz de un abuelito – Lo extraño es que haga esto bajo nuestras propias narices y sobre unas que son más grandes todavía: Las de Dumbledore y Mc Gonagall.

-Nadie dice que no tenga su autorización.

-Entonces no debe ser nada grave. No creo que Mc Gonagall se derrita a ese extremo por Remus que le de permiso para irse de parranda por Hogsmade.

-¡Pero el punto es que no puede haber algo así que nos pueda ocultar a nosotros!

-¿Por qué tienes que saberlo todo?. ¿Remus no puede tener secretos? – preguntó maduramente Peter.

Sirius y James volvieron a compartir esa mirada.

-¡No, no puede! – dijeron a la vez.

-Además ¿No se les hace raro que sus desapariciones tengan una especie de regularidad? Se pone irritable una vez al mes…

-¡Por Merlín, Jamsie!.¿Cómo no nos dimos cuenta antes? – Sirius tomó su cara entre las manos y con un hilo de voz continuó – Remus no es un chico.

-¿De qué estás hablando? – preguntó Peter preparándose para reírse un rato.

-Lupin… es una chica. Una chica temperamental a la que le llega una vez al mes… la regla.

James le dio un golpe.

-Deja de decir pelotudeces – James sacó de su baúl una tabla bastante parecida a un calendario – Miren mi calendario – porque de hecho era un calendario – Fui anotando las fechas en las que Remus se iba con pretextos extraños.

Sirius la revisó.

-Definitivamente le llega la regla. Es una vez al mes. Aunque hay personas a las que les llega más de una vez ¿Conocen a mi madre? Bueno, pareciera que para ella estar con la regla es una situación constante.

Segundo golpe cortesía de James.

-Quiero escuchar que digan cosas inteligentes – exigió James - ¿Qué es lo que le puede estar pasando?

-Quizás Remus no es un estudiante y trabaja como encubierto para Dumbledore y desaparece una vez al mes para entregarle información – aventuró Peter.

-Podría entregarle esa información a Dumbledore en cualquier momento – lo descartó casi con risa James – Pasamos la mitad del día en el despacho de Dumbledore.

-Bueno, quizás es encubierto de otra persona que no es Dumbledore ¿qué tal algún personaje del Ministerio?

-Remus odia al Ministerio – dijo Sirius que aún revisaba el calendario – Siempre tiene alguna queja en contra de ciertos personajes como… toda mi familia.

-¡Ya sé! Remus es un sangre sucia que odia a los de tu familia por ser unos aristócratas y una vez al mes se una a las pandillas marginadas y participa en manifestaciones en contra del Ministerio.

-Dije ideas inteligentes, Peter. ¿Sirius?

-Remus es una criatura nocturna que una vez al mes se transforma en… un sangre sucia que se une a las pandillas marginadas para hacer manifestaciones en contra del Ministerio, en especial a los de mi familia – completó rápidamente el moreno sin respirar.

-¿Y qué tendría que ver lo de la criatura nocturna?

-Que desaparece justo en luna llena. Y… que eso diferencia mi teoría a la de Peter

James se acercó con una sonrisa dispuesto a darle el tercer golpe, pero Sirius fue más rápido y se alejó de su alcance.

-Puedes engañarme dos veces Potter, pero definitivamente no tres – dijo con una sonrisa.

A primera hora de la mañana era el primer partido de la temporada escolar: Gryffindor contra Ravenclaw. James en efecto no había podido dormir nada. Había buscado todas las posiciones posibles para conciliar el sueño, pero le había sido imposible. Cuando se convenció de que no podría pegar un ojo, analizó jugadas de Quidditch, aunque la noche anterior sus amigos lo habían dejado mareado con tantas posibles tácticas para atrapar la quaffle y llevarla hasta los aros. Prefirió levantarse temprano y desayunar, pues ya no había más que hacer.

-Potter – dijo llegando el capitán del equipo a la mesa en que James desayunaba solo – Me alegra de que te levantaras temprano. Mc Gonagall insistió en que los dejara dormir, pero esta espléndida mañana no se puede desaprovechar en la cama ¡Qué mejor que un pequeño último entrenamiento antes del partido!

-¿Qué el partido no es a las ocho?

-Pero son las seis. Nos queda tiempo de sobra para entrenar. Voy en busca del resto del equipo que para variar son unos holgazanes que deben estar roncando. Baja a las graderías con tus cosas.

James se encogió de hombros, dispuesto a obedecer, porque se sabe que por regla todos los capitanes de Gryffindor son unos entrenadores déspotas capaces de no dormir ni comer en un mes con tal de conseguir una victoria de su equipo.

Media hora más tarde todo el equipo de Gryffindor se encontraba sobrevolando el terreno del campo de quidditch en sus escobas. James era bastante hábil volando y conseguía atrapar con facilidad los pases del resto de sus compañeros. Su mayor problema eran los lanzamientos desde mucha distancia hacia los aros más bajos, principalmente por sus problemas de vista. Y en esta ocasión su mayor problema fue una bludger ondulante que lo golpeó de frente en la cara, a pesar de que vino desde su espalda. La pelota logró destrozarle los lentes y causarle unas cuántas heridas en torno a los ojos.

James bajó rápidamente hasta el campo, seguido muy de cerca por el capitán.

-Potter ¿Te sientes bien, cierto? Porque si no es así, tienes que tener presente que formas parte de un equipo y no puedes retirarte a estas alturas. Sólo falta una hora para el partido y me sería imposible conseguir a un reemplazante. Si te sientes mal, debes jugar de todas formas.

-Ya sé, David – respondió James con fastidio mientras intentaba limpiarse la sangre de la cara - ¡Sé que no es importante que no pueda ver nada! Lo único que importa es ganar el partido.

-Está muy bien que comprendas las reglas – David miró a sus demás jugadores que seguían volando – En todo caso sería bueno que fueras a visitar a Pomfrey ¡Pero apúrate! Dile que te repare los lentes y corre porque nuestro entrenamiento previo aún no termina.

James se alejó hacia el castillo. Estaba molesto porque el capitán pareciera preocuparse más de la victoria que del bienestar de sus jugadores. Si él fuera el capitán las cosas serían muy distintas… lo más seguro es que sí. Y estaba molesto porque no sabía quién le había lanzado esa bludger. Más tarde se las vería con él.

Corrió hacia la enfermería porque las heridas comenzaban a arderle. Entró en la tranquila estancia y comprobó que Madame Pomfrey no andaba por allí sino que debía estar en su despacho. Fue directo hacia la puerta para golpearla, pero se detuvo en seco al descubrir a su castaño amigo en una de las camas. Estaba durmiendo y no se había percatado de su presencia.

-¿Remus? – dijo para despertarlo.

El chico se incorporó rápidamente. Estaba muy pálido y tenía algunos rasguños rosados que parecían haber sido hechos hacía varios días. Al ver a James ya no parecía pálido, si no verde.

-James ¿qué te sucedió en los ojos? – preguntó Remus al ver el deplorable estado de su amigo y probablemente para encontrar un tema que se alejara de ciertas preguntas incómodas que de seguro haría James.

-Ah, eso – respondió James con brusquedad – Me golpearon con una bludger.

-¿El partido ya comenzó?

-No, es dentro de una hora. Fue en el entrenamiento…

-Debes volver rápido, entonces. Pomfrey está en su despacho.

-¿Qué haces aquí, Remus?.¿No deberías estar con tu madre? – preguntó James, sintiéndose satisfecho al tener hechos concretos para acusar a su amigo de mentiroso.

-Bueno… ese era el plan… pero me sentí un poco mal y Dumbledore me obligó a quedarme – dijo Remus con una sonrisa nerviosa.

-Ya ¿y qué va a pasar con tu madre?

-No lo sé. Quizás me vuelvan a dar permiso para visitarla el próximo mes.

-¿Y qué es lo que tienes? En verdad tienes mala cara – tuvo que admitir James, cosa que le quitaba puntos a su teoría de que Remus salía a hacer otras cosas en sus ausencias - ¿Cómo te hiciste esos rasguños?

-Eso… ya sabes que soy un poco torpe… me desmayé y me caí por las escaleras. Por eso Dumbledore insistió en que me quedara… es todo.

-Es todo – repitió James convencido de que esa distaba de ser la verdad. Remus siempre agregaba un "eso es todo" cuando mentía. Cuando Mc Gonagall preguntaba dónde habían estado Sirius y James cuando ocurría una explosión en el baño o cuando la Sra. Norris cambiaba extrañamente de color, Remus tenía un gran repertorio de excusas, pero estas siempre terminaba con un "eso es todo" "Estaban jugando ajedrez, eso es todo" "Estaban enseñando Encantamientos a Peter, eso es todo" – Remus, sé que tu mamá está perfectamente. No está enferma.

-¿Eh?

-Leí una carta que te había enviado. Sé que eso es invadir tu privacidad y todas esas cosas – agregó levemente avergonzado – Pero no me arrepiento, porque me di cuenta de algo. Nos has estado mintiendo, Remus ¿Me quieres explicar de una vez qué es lo que realmente haces cuando sales una vez al mes? Estoy seguro de que no es para visitar a tu madre.

Remus volvió a su típica palidez, pero no encontraba las palabras para explicarse.

-No puedo explicarte… No es asunto tuyo – agregó mientras buscaba su capa para largarse.

-¿No es asunto mío? – preguntó James levemente divertido - ¡Claro que es asunto mío! No sé si te habías dado cuenta, pero somos compañeros de curso, de cuarto y al menos yo pienso que somos amigos.

Remus sonrió débilmente

-Será mejor que vayas a verte los ojos con Pomfrey.

-¡No!.¡No voy a revisarme los ojos con nadie hasta que me cuentes la verdad!

-Ya te dije que no puedo… sería complicado… no lo entenderías. No me perdonarías. Es mejor dejar las cosas como están.

-¿Sabes qué es lo que no te perdonaría? Que no me dijeras la verdad cuando te la exijo. ¿Dices que no lo entendería? Puedo comprender cualquier cosa a excepción de la lectura de Runas en vertical ¡Vamos Remus, cuéntamelo!

El chico se rascaba la cabeza, sumamente incómodo.

-No puedo.

-¿No puedes o no quieres? Ya te lo dije Remus. Pienso que somos amigos, pero siempre y cuando nos contemos las cosas. No podría seguir confiando en una persona que oculta algo tan grande como supongo que es esto. Nos has estado diciendo más de un año que tu madre estaba sumamente enferma cuando no es verdad. Si no tienes una buena explicación para eso…

-James ¿qué rayos haces todavía aquí? – preguntó Sirius irrumpiendo como siempre lo hacía, en los lugares en los que se debía guardar mayor silencio – El cargante de tu capitán nos ha hecho venir a mí y a Peter a buscarte porque el partido está por empezar y… ¿Qué hace Remus aquí? – se detuvo en seco al comprobar que James no estaba solo - ¿Qué pasó con tu madre?. ¿Y qué rayos te pasó en la cara? Aunque Jamsie no está mucho mejor ¿Se pelearon mutuamente? Eso no está nada de bien. Podrían ahorrar esa energía para descargarla en algunos Slytherin que se lo merecen más.

-¡Sirius quieres callarte! Estaba intentando averiguar qué es lo que pasa con Remus – James se dirigió nuevamente al castaño - ¿Y bien?

-Ya te dije que no puedo, James. No me lo perdonarían jamás.

-¿Así que era mentira lo de tu madre enferma? – preguntó Peter

Remus asintió sin mirar a nadie en particular.

-¡Oh, vamos! Si lo que sales a hacer cada vez que te desapareces es unirte a pandillas sangre sucia para protestar contra el Ministerio, no tienes de qué preocuparte, Remus – aseguró Sirius – Yo te apoyo. Alguien tiene que hacer esa labor, aunque sea un poco inútil.

-¿Qué? – preguntó Remus sin comprender – Yo no soy sangre sucia.

-Lo sabía. En realidad era la teoría de Peter…

-¿O sea que hace tiempo sospechaban de que en realidad no iba a visitar a mi madre?

James asintió.

-Ya es hora de que nos cuentes la verdad.

-No, no voy a contarles la verdad.

-James tiene razón ¿Sabes Lupin? Antes pensaba que James imaginaba cosas donde no las había, pero es obvio de que ocultas algo – lo apoyó Sirius – Tienes que tener una buena excusa para habernos mentido, Remus. Y escúchame bien ¿eh? – dijo poniéndose serio – si nos enteramos nuevamente de que nos has mentido y estás encubriendo cosas, ya sabes, de magia negra o artes oscuras, ya puedes irte despidiendo de tu habitación porque no pondrás ni un pie nuevamente

La advertencia de Sirius pareció terminar de poner nervioso a Remus.

-Lo siento chicos – dijo antes de girarse para salir de la enfermería.

En un acto reflejo Sirius y James le bloquearon la salida con ayuda de sus varitas.

-Oh, no. No vas a ir a ninguna parte, Lupin. – dijo Sirius

-Chicos, tienen que entenderme. Si no les cuento la verdad es porque todo está mejor del modo en que está.

-Creo que tenemos derecho a decidir por nosotros mismos qué es lo mejor. Habla Remus, te estamos esperando.

Remus se retorcía las manos y negaba con la cabeza.

-No nos hagas hacerte tragar Veritaserum – le advirtió Sirius – James ya había pensando en que tendríamos que hacer algo por el estilo.

Remus seguía sin soltar palabra.

-Estás haciendo las cosas más complicadas ¿Qué cosa podría ser tan terrible? – insistía James empezando a preocuparse por el inminente partido.

-Yo sé que podría ser tan terrible – dijo Sirius – Eres un maldito mago tenebroso.

Peter se permitió una risita. Pero ante la mirada del moreno, se cayó de inmediato.

-Hablo en serio ¿No se han dado cuenta de lo bueno que es Remus en Defensa contra las Artes Oscuras? No me parecería extraño que no fuera simple coincidencia. Siempre estudiando, siempre tras un libro. No habla mucho, no sabemos nada de su familia. Hasta ahora no estábamos seguro de si fuera sangre sucia o no. Piénsenlo. Pensábamos que tenía una madre enferma y ahora nos venimos a enterar de que ni siquiera contrae resfríos. Yo no pondría las manos al fuego por ti – concluyó mirándolo airadamente.

Peter ya no sonreía.

-Sirius… Sirius puede tener razón – dijo viendo quién se veía claramente más fuerte y decidiéndose por ese bando – Remus nos ha mentido demasiado tiempo.

Remus escuchaba resignado, como si desde siempre hubiese esperado que sus amigos tuvieran una postura así.

-¿Tú también piensas así, James? – se atrevió a preguntar ya que lo veía todo perdido.

El moreno estaba por responder cuando se sintieron golpes en la puerta cerrada con magia de la enfermería.

-¡POTTER! SÉ QUE ESTÁS ALLÍ ADENTRO ¡DEBES SALIR AHORA MISMO! EL PARTIDO ESTÁ A UNOS MINUTOS DE COMENZAR – era la voz de David, el capitán de Gryffindor que al no obtener buenos resultados mandándolo a buscar con sus amigos, había decidido partir el mismo y traer a James a jugar aunque estuviese en coma.

James hizo un gesto como para que ignoraran eso.

-No, Remus. No creo que seas un mago que se inclina por la magia oscura – dijo – Pero si es que lo eres, creo que tienes la oportunidad de explicarte. Tienes que decirnos la verdad.

-¡POTTER, PUEDO ESCUCHAR TU VOZ!

-Remus, si no lo cuentas ahora, ten por seguro que lo terminaremos averiguando – razonó Sirius – La próxima vez que faltes a clases te seguiremos y lo sabremos igual. Es mejor que lo cuentes. A no ser que es verdad que te gusta jugar con magia negra.

-¡FALTAN DIEZ MINUTOS, POTTER! SI NO SALES INMEDIATAMENTE TE EXPULSARÉ DEL EQUIPO.

-Debes salir a jugar – lo apuró Remus.

-No hasta que digas la verdad.

-¿Qué son todos estos gritos? – preguntó Madame Pomfrey saliendo finalmente de su despacho y encontrándose con los cuatro alumnos.

-No se preocupe Madame Pomfrey – dijo James – Nos iremos rápidamente. Sólo necesitamos que Remus nos diga algo. Dilo, Remus.

-TE VA QUEDANDO MENOS TIEMPO. DESPUÉS DEL PARTIDO TE HARÉ ENTRENAR EL DOBLE PARA QUE APRENDAS QUE LA PUNTUALIDAD ES IMPORTANTÍSIMA. MÁS SI ES EL PRIMER PARTIDO DE LA TEMPORADA.

-Es el partido – dijo Pomfrey – Debe ir a jugar – dijo a James.

-¡Cállense todos! – ordenó James – Escucha David. Saldré más pronto si cierras la boca. Remus, puedes hablar de una maldita vez.

Sirius negaba con la cabeza.

-No pierdas tu tiempo, James. Ya le hemos dicho en todos los tonos que no nos importaría nada que pudiera haber hecho a excepción de una cosa. Debe ser esa cosa la que intenta ocultar. Es divertido que intente alejarme de mi familia para encontrarme con tipos como tú – dijo a Remus - ¡Dilo de una vez!.¿Te juntas con simpatizantes a la magia oscura?

-¡No, no! – terminó diciendo Remus – No es nada de eso.

-¿Pues entonces qué es? – Sirius estaba perdiendo la paciencia.

-Chicos, no pueden gritar. Estamos en una enfermería – comenzó a molestarte Pomfrey.

-¡Cállese! – le ordenó James – Ni siquiera hay más pacientes.

-No es para que me hable en ese tono.

-POTTER, SI QUIERES PUEDO CAMBIARTE DE POSICIÓN. NO TENDRÁS QUE APUNTARLE MÁS A LOS AROS BAJOS, PERO POR FAVOR SAL YA.

-En serio – dijo Remus – No me simpatizan ni los Slyhterins ni la magia negra. No creo en ninguno de esos movimientos que están surgiendo, ya saben, en nada de eso de la pureza de sangre. No podría, soy un sangre mezclada.

-¡Oh, gracias por aclararlo! Fíjate que no tenemos idea de nada sobre ti – dijo Sirius – Si no te gusta la magia oscura, entonces ¿qué rayos te pasa?.¿Por qué es que faltas en luna llena a clases…? – Sirius pareció entrar en un estado de pasividad – Faltas una vez al mes, siempre en luna llena – dijo más para sí que para los demás. Miró a James y compartieron una de esas miradas de mutua comprensión.

-O sea que… - trató de resumir James - ¿Me vas a decir que…?

Remus asintió.

-¿Qué es lo que sucede? – preguntó Peter que para variar no había comprendido nada.

Sirius estaba silencioso y levemente avergonzado.

-TE REGALARÉ MIS GUANTES PARA QUE NO TE DUELAN LAS MANOS AL HACER GIROS CON LA ESCOBA – lloriqueaba el capitán desde afuera.

-Niños, deben salir de la enfermería – insistía Pomfrey sin importarle en absoluto el tema que discutían los merodeadores.

-Remus… Remus es un hombre lobo – aclaró James – Por eso desaparece siempre de noche. Todas las lunas llenas. ¿Y adónde vas?

-Dumbledore me permitió venir a Hogwarts siempre que guardara el secreto. Hizo que plantaran el Sauce Boxeador sobre una casa que da a Hogsmade. Me encierran allí durante la luna llena. El sauce evita que se pueda acercar cualquier alumno. Todos los profesores saben. Se los quería contar, pero estaba seguro de que no lo entenderían. Al fin había hecho amigos. Siempre supe que no me durarían mucho. Menos siendo la bestia que soy. Les agradezco al menos el tiempo que compartimos. Ahora que saben la verdad, creo que pueden abrir la puerta. Sacaré mis cosas de la habitación. En serio que lo siento – dijo tomando el picaporte de la puerta.

-¡Espera! – dijo Sirius - ¿Qué cosas vas a sacar?.¿Piensas dejarnos?

-Es obvio. Ahora tendré que dejar Hogwarts. Ustedes le contarán a todo el mundo y los padres no aceptarán que un hombre lobo comparta clases con sus hijos. Dumbledore dijo que debía quedarme callado. Ahora que ustedes saben, las cosas han cambiado. Además ¿Les gustaría seguir teniéndome en la pieza, sabiendo lo que soy y que les he mentido?

-EN SERIO QUE OLVIDARÉ QUE ALGUNA VEZ GOLPEASTE CON UNA BLUDGER A MI GUARDIÁN.

-Si nos mentiste es porque tenías tus razones – dijo James – Siento haber sido tan insistente, pero no veo por qué tienes que dejar Hogwarts.

-Porque es peligroso – atinó a decir Peter que se vislumbraba tras Sirius entre él y Pomfrey – ¿No es así?. ¿Los hombre lobo no comen carne humana?

-Es por esto por lo que nadie debía enterarse – dijo Remus – Ahora abran la puerta. Si tengo tiempo quizás alcance a ver a James jugar antes de irme.

-¿De qué hablas? – dijo Sirius agarrando a Remus de la túnica para que no saliera – Aquí nadie va a irse ¿Por quién nos tomas, Lupin?.¿Por unos soplones? – Sirius dio un largo suspiro como resignándose a hacer algo a lo que no estaba acostumbrado – Me equivoqué Remus ¿Sí? Te pido perdón si es que te ofendí. Dije cosas que en verdad no pensaba. Yo… en verdad creo que eres un gran amigo y si de mi depende, tu no vas a dejar Hogwarts.

-Tengo que hacerlo.

-¡Te estoy diciendo que no somos soplones!.¿No es así, chicos? No vamos a decirle a nadie de lo que hemos hablado hoy.

-No es sólo por eso. Acaso me vas a decir que de verdad seguirías compartiendo pieza conmigo ahora que sabes lo que soy.

-¡Pues claro que sí!.Es decir ¿por qué no? La cosa ha funcionado bien hasta ahora.

-Es un hombre lobo – dijo Peter – Podría comernos en cualquier momento.

-¿Sí? Y tú podrías comernos también cada vez que tienes hambre, hambriento. Te he visto chuparle el codo a James cuando no queremos acompañarte a desayunar – dijo Sirius con impaciencia – Ahora caníbal, cierra el pico si no vas a decir algo para convencer a Remus de que se quede.

-Sirius tiene razón, Rem – dijo James – Te apoyaremos. No necesitas irte. Nosotros guardaremos el secreto. Todo será como siempre, sólo que ahora no tendrás que mentirnos.

Remus hizo una seudo sonrisa.

-¿De verdad?

-¡Pues claro! La única diferencia es que ahora nuestro estudioso amigo tiene, digamos que, un problema peludo de más. Es sólo un problema peludo. Pero no es un problema tan grande como para que no sigamos siendo amigos – James le tendió la mano - ¿Qué dices Remus? Olvidemos que alguna vez te gritamos y sigamos siendo los cuatro amigos que siempre hemos sido y que no dejaremos de ser.

Remus no dudó un segundo en estrechar la mano que tan noblemente le tendía el moreno.

Sirius fue más espontáneo y en vez de tenderle una mano, se abalanzó sobre Remus para darle un abrazo.

-Esto es genial – murmuró para que sólo él lo escuchara – de ahora en adelante seré amigo de un licántropo y tendrás que mostrarnos ese pasadizo del Sauce boxeador. ¿Dijiste que iba a Hogsmade?

Remus suspiró. En verdad que nada había cambiado.

Peter se veía más inseguro, pero bajo las miradas de Sirius y James no tuvo otra que tenderle la mano a Remus.

-¿No vas a comernos, cierto?

-No, mientras tenga chocolate. Así que ya sabes que no puedes comerte más el mío.

Peter asintió y no se atrevió a robar más chocolate, por lo menos durante una temporada.

Una vez todos prometieron taparse las espaldas mutuamente y amistad eterna y todas esas cosas que se prometen a los doce años, la puerta se abrió de un golpe.

-Están aquí, profesora – dijo David indicando a los amigos – Le insistí en que se apurara.

-No se preocupe – aseguró la profesora Mc Gonagall – Tendrá su castigo por hacernos perder el tiempo ¿En qué pensaba Potter? El partido debería haber comenzado hace diez minutos ¿Qué fue lo que ocurrió Poppy?

-Nada. Acabo de llegar, pero estoy de acuerdo con que se merecen un castigo por perturbar la tranquilidad de la enfermería.

-Muy bien – dijo la profesora usando su varita para reparar los lentes de James y curarle instantáneamente las heridas, hecho que molestó mucho a Pomfrey que se limitó a mirarla con desdén – Si no sale a jugar y marca unos cuantos puntos, lamentará haber quedado en Gryffindor ¿He sido lo suficientemente clara?

Pero no fue necesario que James lamentara nada. Los resultados del partido fueron 230 a favor de Gryffindor gracias a 100 puntos ganados por James. Y los resultados entre los amigos fueron que gracias a ese día pasaron algún día a llamarse los merodeadores y a ser los alumnos más revoltosos de la historia de Hogwarts.


Final asquerosamente cursi, lo se :) Este fue el regalito de Navidad eh?

Saiyury11----- ¡Comentarista nueva! No te preocupes para nada con las actualizaciones porque tarde o temprano llegan y como la mala hierba, cuesta que mueran o dejen de existir. Así que siempre vendrán. Lo bueno es que no agregaste a tu comentario un "continúalo pronto" porque eso sí que cuesta. Feliz navidad :)

Koumal Lupin-Nott------Hola chica. Que bueno que te haya gustado el capitulo. He pensado en hacer vomitar tambien uno que otro dia a los Slytherin. Creo que no han tenido suficiente castigo como para estar en un ff de los merodeadores y de sus bromas. Intentare remediar esa situación. James tiene el radar, pero no porque sea gay. Para mí es uno de los personajes más heterosexuales (más que Sirius 8-)) y el que haya adivinado la situación de Dumbledore para mí que es pura casualidad. Se te cayó Dumbly por eso?? Yo me digo a menudo "Cómo no me di cuenta antes" Porque las pistas están más que claras, por lo menos para mí. Gracias por tu rr y Feliz Navidad.

Carol----Hello. Me encantan tus alagadores rr.Y que te guste James tambien. Puedes comentar sobre él. En general estoy acostumbrada a gente babosa por los merodeadores (generalmente Sirius, es verdad) así que una por James, esta bien. Wouu, me alegra de que te hayas sentido en gloria porque haya aparecido tu nick en la historia, pero debo admitir (sí, porque no tengo la capacidad de mentir al escribir, sólo la de la mentira oral) que en realidad fue por la cancion de los Rolling. Aunque cabe la posibilidad de que mi mente haya relacionado las dos cosas y haya surgido el nombre, nunca se sabe xD. Muchas gracias por todos tus rr y feliz Navidad para tí tambien :)

Selu-Potter----Hey! Yo siempre vuelvo. O al menos hasta que ponga un fin al final de la pagina, pero eso no ha ocurrido aun. Tengo que agradecer el hecho de que hayas dejado un rr aun cuando te pegaste tan fuerte en la cabeza... no se si un dulce lo justifique, pero aun asi te lo agradezco. Yo a veces no dejo rr porque un personaje dijo algo que no me cayo bien xD. Igual prefiero las cosas saladas. Si te hubieras pegado por papas fritas... o por estar mirando a alguien... ya sabes, esas cosas que a veces pasan por ser un poco babosa. Feliz Navidad...

Y un buen año que se venga, por favor...