Un agradecimiento muy especial a Shadir, cuyos reviews me hacen muy feliz. Muchas gracias linda, me siento honrado de contar con una lectora como vos.
Y muchas gracias a todos aquellos que se toman el tiempo de leer este fic.
Les deseo un feliz año llenó de esperanza, que su hogar se colme de bendiciones y se cumplan todos sus propósitos.
Saludos
What if…¡Poseidón se levanta!
por Aither
Decisiones
Capítulo 2
La decisión de aquél que controla el oleaje.
Cámara de Poseidón, Templo submarino
-¿Creíste que sería divertido? –preguntó Poseidón mientras miraba fríamente al prisionero.
Kanon de Géminis yacía postrado a sus pies. Las escamas de Seadragon que minutos antes había portado le habían abandonado en el momento en que Sorrento le encaró -y Kanon sospechaba que bien pudo incluso haberlo guiado hacia él-.
Se encontraba encadenado, aunque la suave música de Sorrento bastaba para impedir sus movimientos. Grandes heridas surcaban su cuerpo si bien no había nada lo suficientemente grave como para arrebatarle la vida. No, ese honor le correspondía a lord Poseidón.
-¡Maldito! –respondió Kanon con arrogancia a la vez que intentaba ponerse de pie, pero uno de los marinas que detenía su cadena, un guerrero de bajo rango, le propinó un golpe en el estómago que le hizo volver a caer.
-¿Yo? –rió Poseidón y Kanon se sintió abrumado por la grandeza de este nuevo ser –. ¿Acaso no fuiste tú el despreciado por su propio hermano? Has traído la vergüenza y la desgracia a todo aquél que se ha cruzado en tu camino. ¡Incluyéndome a mí! – El mar mismo se estremeció ante sus palabras – Esa es una afrenta que no suelo perdonar.
-Júrame lealtad, Kanon de Géminis –ofreció Poseidón y tal oferta sorprendió tanto a Kanon como a Sorrento –. Ayúdame a destruir el Santuario.
-S…Sí –apresuró a decir Kanon quien, aunque sólo algunos minutos antes estaba buscando redención, alcanzó a ver en esta oferta una nueva oportunidad de consolidar sus planes.
-¡Basura! –acusó Poseidón invocando su cosmos. Bastó tan sólo un pensamiento fugaz de su mente traicionera para que Kanon recuperara la furia del señor de los mares –. Aún ahora buscas la manera de aprovecharte de la situación. ¡De hacerte con el poder!
Kanon vio con terror la inmensa cosmoenergía que Poseidón había convocado en su contra. ¿Cómo había adivinado sus pensamientos¿Cómo había previsto su nueva traición?
Intentó moverse, pero sus músculos no le respondían. La melodía de Sirene aun resonando en sus oídos.
"Una sola oportunidad... mi única oportunidad" –pensó Kanon cuando la inmensa bola de energía alcanzaba su indefenso cuerpo.
-Araya... shiki –fue lo único que alcanzó a murmurar antes de que su cuerpo fuera completamente destruido.
Poseidón miró complacido la mancha humeante que se había formado en el piso donde antes estuviera Kanon.
-No sé como pude haberme dejado engañar por semejante basura, sólo mi sacerdotisa conoce el momento exacto de mi despertar... mi sacerdotisa –exclamó Poseidón como quien acaba de reparar en algo – ¡Sorrento!
-¿Sí, mi lord?
-La familia Nascimento ha practicado el culto a Poseidón desde los tiempos del mito. Cuando mi despertar está cerca, la última de sus descendientes es la encargada de venir a este templo y liberarme de mi sueño. Encuéntrala –ordenó Poseidón –. ¡Encuentra a mi sacerdotisa y tráela ante mí!
-Así será.
-Sorrento –lo detiene Poseidón cuando está a punto de partir –. No te será difícil encontrarla, ella ya debe saber que estoy aquí.
Santuario, Grecia
Athena aguardaba ansiosa en la cámara del Patriarca mientras con su cálida cosmoenergía confortaba el espíritu de sus guerreros. Siempre supo que la batalla contra Hades sería difícil y sangrienta, pero nunca imaginó que serían sus propios caballeros quienes vendrían a asestar el primer golpe.
Deathmask, Aphrodite, Camus, Shura, Saga, incluso el antiguo patriarca Shion… todos ellos habían regresado del mundo de los muertos sirviendo a un nuevo dios. Hoy, después de tantos años, nuevamente caminaban por el Santuario, esta vez buscando clamar la cabeza de Athena.
Deathmask y Aphrodite habían sido detenidos en la casa de Aries por Mu, pero Aldebaran había pagado el último precio al enfrentarse a un espectro en la casa de Tauro.
Mientras tanto, Shion había permanecido en Aries, entablando una pareja batalla contra Dokho, el ahora rejuvenecido santo de Libra. Por el poder que ambos contrincantes poseían, Athena dudaba que alguno de los dos pudiese alzarse con la victoria.
En otra parte, Saga, Camus y Shura habían atravesado la casa de Géminis sin que nadie los detuviera. En cáncer, Shaka había intentado detenerlos mediante el uso de ilusiones, pero el enfrentamiento había terminando con la desaparición de todos los cosmos combatientes. Ni siquiera Athena conocía el destino de aquellos cuatro.
¿De verdad eso era todo lo que quedaba de su alguna vez gloriosa orden¿Serían Mu, Aiolia y Milo suficientes para derrotar a Hades y sus 108 espectros? Athena dio un suspiro recuperando el valor mientras volvía a concentrar su cosmos en sus caballeros restantes.
Templo submarino
Sorrento, el único shogun marina sobreviviente, relataba a Poseidón un informe detallado del estado de sus tropas. Seguido a la resurrección de Poseidón, alrededor de media centena de hombres y mujeres de todo el mundo habían acudido al templo a reclamar las escamas por las que habían entrenado tantos años en el anonimato.
Si bien estas escamas no eran tan poderosas como las de los 7 shogun marinos, los ponían al nivel de los santos de bronce y de plata del Santuario ateniense.
Familias enteras se apresuraban a adorar a su dios. El culto al emperador de los mares aun tenía fuerza en el mundo.
Hoy su devoción era finalmente respondida. Había llegado el día prometido en el que el mundo sería purificado de la maldad humana.
-¿Qué hay de la sacerdotisa? –preguntó Poseidón.
-Lady Vane ha partido a buscar un... – Sorrento no supo como continuar la frase. Se sentía intimidado ante la majestuosidad del nuevo dios, y al mismo tiempo no pudo evitar cierta congoja al recordar a Julián Solo, el generoso hombre acosado por sus culpas cuya razón se había extinguido junto a la vida de Thetys. Sorrento dudaba que Julián hubiera tenido tiempo de amar a la sirena, pero sin duda sabía que no le hubiera sido difícil llegar a amarla.
No hubo necesidad de buscar a la misteriosa sacerdotisa. Apenas Sorrento se preparaba para marcharse cuando la insolente mujer había aparecido ante sus puertas. Lo cierto es que, si bien la sacerdotisa había sido indispensable para reunir al ejército marino, a Sorrento no le agradaba en lo más mínimo
-Bueno, ella dijo que debía buscar un… un juguete, mi señor –terminó Sorrento algo apenado por las palabras que acababa de transmitir.
Existían también los soldados nacidos de criaturas marinas cuya devoción les había llevado a pedir una forma humana para poder ayudarlo en la batalla. Por supuesto que Poseidón podía tener tantos guerreros como criaturas tiene el mar, pero ¿Qué clase de dios irresponsable sería si transformaba a todo ser marino en soldado?
Aquello no le había impedido hacerse de una fuerza considerable. Poseidón salió del balcón de su palacio y contempló a su ejército. Encabezando las filas se encontraban sus marinas. Tras de ellas, miles de soldados extendían las filas hasta el horizonte.
-¡Muerte a los enemigos de Poseidón! –gritó uno de sus generales al percatarse de la presencia de su señor, y el clamor se extendió por todo el ejército que vitoreaba ahora al emperador marino. Poseidón miró complacido a sus fuerzas.
-Es hora de marchar al Santuario
Palacio Valhalla, Asegard
-¡Deténganla! –gritó una voz por fuera de la sala del trono donde Hilda y Flare aguardaban. La princesa de rubios cabellos se encontraba resguardada tras su hermana mayor, quien no dejaba de dirigir oraciones al señor de Asegard, Odin.
-¡Que no alcance las puertas! –gritó otra voz. El ruido de la batalla se hacia más intenso, más cercano.
Asegard no se encontraba en uno de sus mejores momentos. La batalla contra el Santuario había aniquilado por competo a los God Warriors, la guardia de guerreros elite de Asegard. Sin embargo eso no explicaba como una sola persona había logrado abrirse paso a través de las defensas del palacio, encontrándose ahora a escasos metros de la cámara del trono.
La puerta crujió y Flare emitió un sonido ahogado. Hilda maldijo por la bajo, incapaz de mantener más tiempo la fe en su dios cuando sus hombres eran masacrados frente a su puerta.
Avanzó con paso decidido hacia una pared y tomó las espadas y el escudo que se encontraban colgados. Extendió una de las espadas a Flare.
-Quédate atrás del trono –ordenó Hilda a su hermana pequeña –. No importa lo que escuches, no salgas.
Y sin embargo, la princesa asegardiana entendió en estas palabras una despedida silenciosa más que una orden. Hilda se dirigió a la puerta, pero esta fue despedida hacia atrás antes de que Hilda pudiera alcanzarla.
Las astillas volaron por todo el cuarto. Hilda tuvo que esconderse tras el escudo para protegerse de la mortal ráfaga. A sus pies yacía el responsable de la destrucción de la enorme puerta; uno de sus valientes soldados, su cráneo completamente destrozado por el feroz impacto.
-¡Lady Hilda de Polaris!- exclamó la autora del ataque haciendo una reverencia burlona al entrar al cuarto. Se trataba de una mujer trigueña de largos cabellos rizados. En sus ojos color de mar se apreciaba la profundidad del océano. Vestía únicamente un sencillo vestido aguamarina, extraña vestimenta en las llanuras congeladas de Asegard.
-¿Quién eres tú? –preguntó Hilda extendiendo la espada en actitud desafiante –. ¿A qué has venido?
-Mi nombre es Vane Nascimento –exclamó la recién llegada, exagerando aun más su burlesca postura – alta sacerdotisa de Poseidón.
-¿Poseidón?
-Mi señor se prepara para una guerra y desea contar con los servicios de Asegard en su campaña.
-Decidle a vuestro señor que Asegard aun resiente las pérdidas sufridas la última vez que le prestamos nuestros servicios. No hay más nada en Asegard que podamos ofrecerle.
-No pongo en duda la debilidad de sus tierras, mi señora –Vane se pone de pie mirando con desprecio el cuerpo del guerrero caída a los pies de Hilda –pero no son sus patéticos soldados lo que estamos buscando.
-¡Cómo te atreves! –acusa Hilda furiosa –. Estos hombres murieron valientemente protegiendo su nación y su hogar, y serán acogidos por el gran Odín en la morada de los héroes. ¡No tienes derecho a manchar su memoria de esa manera!
-Me disculpo señora –Vane haciendo una nueva reverencia, aun más exagerada que la primera –no buscaba ofenderla a vos ni a vuestros guerreros. Si me disculpa, tomaré lo que he venido a buscar y me iré.
-¿Lo que has venido a buscar?- preguntó Hilda, pero la intriga rápidamente desapareció de su rostro al entender lo que la extraña buscaba.
-¡Jamás! –prohibió la valquiria aprestándose para la batalla –. ¡Es el mayor tesoro que Odin nos legó a nosotros, su pueblo! Hasta el último hombre de Asegard morirá antes de que Poseidón ponga sus sucias manos sobre ella.
-Temía que dijera eso, avatar de Odin –una mirada malévola se dibujó en el rostro de la sacerdotisa mientras su cosmos color de mar inundaba la sala.
