Saludos a todos!!
Muchas gracias a todos los que se detienen a leer estas páginas. Debo admitir que este dragón disfruta mucho escribir. De la misma manera me causa gran alegría poder leer los trabajos de otros, y me gusta pensar que mis escritos podrían llegar a darle a otros lectores la alegría que los suyos me dan.
Antes de comenzar, me gustaría dar un pequeño agradecimineto a Shadir cuyos comentarios son un verdadero aliciente para este humilde escritor. ¡Muchas gracias!. Espero de verdad que disfruten esta capítulo, el cual debo admitir es mi favorito de este fic. ¡Nos estamos leyendo!
What if…? Poseidon se levanta!
por Aither
Decisiones
Capítulo IV
La decisión de aquellos que aman
Explanada de Aries, Grecia.
-Debes de haber sido muy importante para esa mujer –exclamó lasciva una bella mujer que subía a paso lento la escalinata. Su sonora carcajada, atronadora como el oleaje, resonó en las doce casas.
-¿A que te refieres? –desafió Aiolia molesto. Su dorado cosmos iluminó la noche cuando aun sostenía a Marin en sus brazos.
-Hubieras muerto si ella no se interpone en el camino de mi guerrero –respondió Vane como quien señala lo obvio. Sus ojos, profundos como el océano, reflejaban una divertida malicia.
-¿Así que recibiste la herida en mi lugar? –preguntó Aiolia con dulzura al cuerpo sin vida de Marin –. Gracias.
Con cuidado coloca el cuerpo sobre el piso. Tiernamente cierra sus ojos -esos bellos ojos que observó por única vez- y se levanta rozando las manos de la guerrera, que ahora se encuentran entrelazadas sobre su pecho.
Como un león a punto de atacar, se gira encarando a la mujer, y su majestuoso comos ilumina la oscura explanada.
-¡Pagarás por esto! –se lanza al ataque con una ferocidad digna del león dorado, pero antes de que pudiera alcanzar a la mujer el misterioso espadachín se interpone en su camino. Está a punto de atacarlo, pero un muro etéreo, aparecido de la nada, se lo impide.
-¿Por qué me detienes, Mu? –estalla en cólera Aiolia golpeando inútilmente el Crystal Wall de su amigo.
-Observa bien –le espeta el santo de Aries apareciendo a su lado.
Se trataba de una armadura que refulgía en la noche como el hielo más puro. Empuñaba una brillante espada en el brazo derecho, pero esto no fue lo que impactó al santo de Leo. La armadura, aunque tomando la forma que debería de tener al enfundar a alguien, estaba vacía.
-Mi nombre es Vane, alta sacerdotisa de Poseidón –se presentó la mujer subiendo unos cuantos escalones más, ahora mostrándose por completo –. Si quieren jugar conmigo, primero tendrán que enfrentarse a mi juguete.
Como si le hubiese sido dada una orden, la armadura cristalina se abalanzó contra los santos extendiendo una estocada horizontal con su espada.
Mu reaccionó rápidamente y se teletransportó junto con Aiolia a varios metros sobre el suelo. Bajo ellos, la estela cortante avanzó a una velocidad sorprendente, atravesó el Crystal Wall de Mu como si no existiera y prosiguió su camino hasta estrellarse con las escalinatas que llegaban al templo de Aries.
-¿Acaso esa es… –preguntó Aiolia sorprendido por la ferocidad del ataque.
-Es la armadura de un dios –fue toda la respuesta que recibió de Mu.
Castillo de Hades, Alemania
Radamanthys miraba con desagrado a los caballeros que yacían a sus pies. Ratas insolentes que se habían atrevido a manchar las tierras de Hades con su apestosa sangre.
Tomó al más cercano de sus cabellos castaños y lo arrastró. Con lentitud, como si saborease cada paso, se dirigió al borde de la terraza donde espectrales llamas verdes se elevaron ante él, clamando por la nueva víctima que se les ofrecía.
Lo arrojó y una sonrisa se dibujó en sus labios al verlo perderse dentro del abismo. De pronto una blanca cadena atravesó el espacio y se precipitó suicida contra las llamas.
-¡Insolente! –recriminó Radamanthys encarando al santo de armadura magenta. Se disponía a cortar su cadena cuando dos puños se precipitaron en su contra. Los llamados cisne y dragón también habían despertado.
Radamanthys detuvo sus puños con una mano cada uno, y elevando su cosmos les dirigió una descarga oscura que los mandó a volar. Se volvió hacia Andrómeda, pero ya era demasiado tarde, Pegaso se encontraba a resguardo.
-¿Qué acaso nunca mueren? –preguntó Radamanthys verdaderamente fastidiado.
-¡Excalibur! –gritó el santo del dragón a sus espaldas y Radamanthys tuvo que saltar para evitar su ataque.
-¡Shun! –gritó Shiryu aprovechando la distracción de Radamanthys –. ¡Llévate a Seiya! Yo me haré cargo de él.
-Es demasiado poderoso –contestó Hyoga –no podrás tú solo contra él.
-Estoy de acuerdo –replicó una voz que el espectro no había escuchado hasta ahora, un violento cosmos inundando el lugar –. Es por eso que seré yo quien se encargue de él.
Explanada de Aries, Grecia
-¡Scarlet Needle! –atacó Milo. Sus agujas estrellaron contra la armadura de Odin sin provocarle daño alguno. La poderosa armadura contraatacó con una nueva estocada que alcanzó a rasgar la hombrera derecha de Scorpio.
-¡A un lado Milo! –ordenó Aiolia –. ¡Lightning Plasma!
La armadura clavó la espada en el piso y luego la elevó en corte vertical. La tremenda lluvia de rocas que elevó con este simple movimiento fue suficiente para detener el ataque de Aiolia y enterrar a los santos dorados dentro del gigantesco alud.
Antes de que el polvo lograra asentarse, una figura surgió de él. Corrió hacia la armadura y cuando se encontraba a escasos metros saltó por encima, dando un giró en el aire se posicionó tras de ella y antes de que pudiera reaccionar concentró su cosmos.
-¡Stardust Revolution! –atacó Mu.
El potente ataque fue resistido sólo con una de las manos de la armadura, aunque a poco estaba siendo arrastrada hacia atrás. Tomando su espada lanzó una nueva estocada que partió en dos el ataque del santo de Aries. Mu elevó su Crystal Wall frente a él, pero nuevamente fue inútil ante la espada Balmung. Mu fue despedido hacia atrás, su armadura ahora mostrando varias rasgaduras.
Mu sonrió, pues era ser arrastrado de esta manera lo que había estado buscando. Su objetivo siempre fue lograr acercarse a la mujer llamada Vane. Mu se había percatado de que era esta mujer quien controlaba la armadura. No sólo eso, sino que también se las arreglaba para bloquear sus habilidades mentales, por lo que no podía hacer uso de su teletransportación.
Ahora se encontraba a su alcance y no había nadie que le detuviera el paso. Corrió hacia ella, quien se maldijo a si misma por haberse confiado tanto.
La armadura de Odin intentó darle alcance a Mu, pero Milo y Aiolia se interpusieron en su camino.
La armadura clavó una vez más la espada en el piso y al instante la tierra comenzó a quebrarse, formando dos enormes círculos que rodearon a los santos dorados. Antes de que pudieran reaccionar un torrente de rocas surgidas del piso mismo los elevaba por los cielos.
Mu reconoció la técnica por los relatos de Athena y los santos de bronce. Se trataba de la Odin Sword(1), técnica usada por el fallecido Sigfried y que parecía le había sido legada por su dios. Lamentó no poder ayudar a sus hermanos, pero había que detener a la sacerdotisa antes de que la verdadera amenaza llegara.
Siguió corriendo hacia ella, y cuando estaba apunto de alcanzarla, su risa mordaz se formó nuevamente en el rostro de la sacerdotisa; elevó su mano frente a ella y apretó su puño con fuerza, como si intentara estrangular a invisible ser.
Mu pudo sentir una fuerza invisible -la misma fuerza que le impedía teletransportarse- alrededor de su cuello. Tenía la forma de una mano, una mano femenina de fuerza descomunal que había detenido en seco su carrera y que ahora lo elevaba por los cielos.
-¿No pensarías que estaba indefensa¿O si? –preguntó la sacerdotisa con su zalamería habitual.
Castillo de Hades, Alemania
-Debes estar ansioso por morir –exclamó el Kyoto mirando amenazadoramente al recién llegado. Ikki se limitó a mirarlo con ese aire de autosuficiencia que le era tan característico.
-No creas que has ganado nada, sólo les has comprado unos minutos más de vida. En cuanto termine contigo les daré alcance y los aniquilaré a todos.
-¿Vas a hablar todo el día? –respondió Ikki con fastidio, apenas dignándose a mirarlo por encima del hombro, lo que logró enfurecer al Wyvern.
El cosmos de Ikki se elevó a su alrededor como si fueran las llamas mismas del infierno. Ikki se arrojó contra Radamanthys quien no tuvo problemas para detener su ataque. Se disponía a contraatacar cuando el fénix desapareció frente a él.
-¿Qué? –Radamanthys extrañado.
-¡Hou Yoku Ten Shou!(2) –Ikki se encontraba ahora por encima del Kyoto. Antes de ser consumido por las llamas, Radamanthys tuvo la impresión de que el ave de inmortal se precipitaba hacia él.
Ikki observó complacido el tornado de llamas que se había formado donde momentos antes se encontraba Radamanthys.
-No ha quedado nada de él –se dijo a sí mismo girándose para entrar al palacio, pero una figura violácea bloqueaba la entrada.
-No tienes oportunidad contra mí –exclamó el espectro mientras miraba a Ikki con algo que parecía ser lástima. Ikki saltó hacia atrás recuperando su pose de batalla.
-Este castillo está protegido por el cosmos del señor Hades –continuó Radamanthys ignorando el cosmos creciente de su enemigo –a excepción de nosotros los espectros, los santos que entren a este lugar verán disminuido drásticamente su cosmos.
-¿Qué? –Ikki comprendió que esa era la razón por la que sentía su cuerpo tan pesado.
-Los otros caballeros contaban con la protección de Athena y podían hacer uso libre de su cosmos. Pero con ese ataque me has demostrado que tu diosa no te considera digno de su bendición. Me sorprende que puedas moverte siquiera. ¡Prepárate a morir, Fénix!
"Maldición" –pensó Ikki poniéndose en guardia, sabiéndose en problemas… esperando lo peor.
Explanada de Aries, Santuario
Mu nunca antes había estado tan conciente de todo su cuerpo. Podía sentir cada uno de sus latidos -cada vez más lentos- el aire que abandonaba sus pulmones, ese espectral escalofrío que se expandía lentamente por su cuerpo.
Comenzó a perder la conciencia mientras se aferraba inútilmente a la razón. La sacerdotisa no sólo le había negado sus poderes telequinéticos y sus habilidades de transportación. Ahora también clamaba su vida.
"Thunder Claw(3)" creyó escuchar en la lejanía, casi como si fuera un sueño. Entonces pudo sentir como disminuía la presión en su garganta, un sopló de aire glorioso se abrió paso hasta sus pulmones y fue capaz de abrir los ojos.
Shaina había aparecido tras la sacerdotisa y la había atacado. Al parecer ella lo notó momentos antes y logró detener el ataque, que aun se debatía entre ellas. Mu elevó su cosmos y convocó su técnica.
-¡Starlight Extinction! –clamó Mu, pero su ataque no resultó como él esperaba. Los rayos de luz parecían haber chocado contra un muro invisible a escasos centímetros de la sacerdotisa (que ahora le daba la espalda, encarando a Shaina). Incapaces de seguir hacia delante, los haces se aglomeraron en la barrera, impulsando a Mu hacia atrás y liberándolo del agarre en su garganta.
Si bien su ataque no logró alcanzar a la sacerdotisa, al parecer consumió lo suficiente de su cosmos para que su defensa contra Shaina menguara y su ataque pudiera pasar. El mortífero ataque carmesí alcanzó a la sacerdotisa que sintió como si fuera desgarrada por los colmillos de una cobra.
Salió disparada hacia atrás, pero dando una vuelta en el aire logró incorporarse. Se mantuvo erguida, a varios metros del piso.
-¡Pagarás por esto! –amenazó la sacerdotisa remplazando su tono burlón por uno rabioso, a la vez que se limpiaba un hilillo de sangre que corría por su boca.
-¿Fuiste tú quien mató a Marin? –preguntó Shaina ignorando su comentario.
La sacerdotisa no respondió, pero extendió su mano hacia ella, tal como lo había hecho con Mu, y Shaina comenzó a flotar en el aire, luchando inútilmente por liberarse de la presión en su garganta.
Mu corrió hacia ella, tratando de auxiliarla, pero la armadura divina de Odin ya bloqueaba su camino. Las estocadas comenzaron a aparecer una tras otra a una velocidad impresionante, cada una más certera, más mortal que la anterior.
Shaina podía sentir como la presión en su cuello se hacia cada vez menor. Sus ojos se abrieron bajo su máscara carente de toda emoción y notó el esfuerzo en el rostro de la sacerdotisa.
El escaso aire que le llegaba a los pulmones le permitía seguir el flujo de la batalla. Milo y Aiollia se habían unido a Mu en la batalla, los tres esforzándose por pasar la armadura y llegar en su auxilio.
Entonces lo comprendió. No importa que tan fuerte fuera la sacerdotisa. Imponer su voluntad sobre la conciencia de una armadura divina debía suponer un esfuerzo supremo para una persona. Al mismo tiempo bloqueaba los poderes de Mu y peleaba contra ella.
La amazona de ofiuco elevó su cosmos, y para su sorpresa logró liberarse del agarre. Corrió hacia la sacerdotisa preparando sus garras. Un aura carmín elevándose a su alrededor.
Sus manos, rápidas como truenos, comenzaron a descargar una serie de golpes que la sacerdotisa apenas y podía detener. Vane desapareció de pronto, como si se hubiera convertido en una nube de niebla, y apareció tras de ella.
Shaina alcanzó a girar, pero un relámpago surgió de los dedos de la sacerdotisa golpeándola en el rostro, haciéndola retroceder.
Apoyando una mano en el suelo, Shaina logró detener su caída y de una voltereta caer de pie, nuevamente en guardia. Su máscara y corona cayeron al piso.
La sacerdotisa elevó sus manos y una serie de relámpagos descendieron del cielo. Shaina se movía a una velocidad preternatural, esquivando los poderosos ataques. Su cosmos carmín elevándose de nuevo, más grande y más hermoso que nunca. Shaina nunca supo que un borde dorado comenzaba a adornarlo.
La guerrera alcanzó a Vane y su lluvia de golpes comenzó de nuevo. Vane se sintió atemorizada por primera vez ante el ataque implacable de la amazona de Ophiucus, cada uno más difícil de contener que el anterior.
-¡Casi la tenemos! –gritó Shaina a Mu y los otros –. ¡Sigan presionando!
-¿Qué te hace pensar eso? –preguntó la sacerdotisa con una seguridad que no sentía. –No eres lo suficientemente fuerte para ganarme
-No tengo que serlo –respondió Shaina complacida –. No cuando te enfrentas a 5 de nosotros.
-¡Serás idiota¡Ustedes sólo son cuatro! –respondió la sacerdotisa. Un hueco apareció en la defensa de Shaina. Sin perder más tiempo atacó con su mano extendida, atravesando el vientre de Shaina.
Shaina abrió los ojos en señal de dolor. La sacerdotisa la giró en el aire estrellándola en el piso. Un relámpago bajó del cielo estrellándose en la mano libre de Vane como si fuera un pararrayos. Utilizando su propio cuerpo como conductor introdujo la implacable descarga eléctrica en el cuerpo de la amazona.
Vane ya saboreaba la victoria hasta que intentó sacar su mano del torso de la amazona. Algo la detenía, un cosmos que no era el de Shaina
-Te olvidas de alguien –contestó la amazona poniéndose de pie. Avanzó con dolor hacia la sacerdotisa, aunque en el proceso se enterraba más y más el brazo en su cuerpo. –Te olvidas de Marin.
La sacerdotisa abrió aun más los ojos y gritó asustada al notar el cosmos de Shaina. Ya no era su cosmos nada más, podía sentir el aura de la amazona del águila a su lado. Trató desesperadamente de liberar su brazo, pero le era imposible, el cosmos de las amazonas opacaban al suyo.
-¡Ayuda! –gritó la sacerdotisa desesperada. La armadura de Odin intentó reaccionar, pero era demasiado tarde.
Shaina sonrío, y la sacerdotisa tuvo la sensación de que no le sonreía a ella, ni sonreía por su derrota que parecía imposible. De alguna forma, la sacerdotisa sabía que esa sonrisa estaba dirigida a Marin.
Hubo una explosión cegadora, y la armadura de Odin cayó sin vida, antes de formarse nuevamente y regresar a Asegard.
Castillo de Hades, Alemania
Ikki cayó nuevamente al suelo, su armadura casi completamente resquebrajada por los incesantes ataques. Radamanthys pisó la cabeza de Ikki enterrándola en el piso de roca.
-Pensé que me divertirías un poco –se burló Radamanthys enterrando el rostro del fénix aun más. Vuelve a levantar su pie, pero cuando lo deja caer las manos de Ikki lo detienen.
El cosmos del fénix se vuelve a elevar como violentas llamas, y con ella la armadura del fénix vuelve a formarse. Radamanthys observa este suceso sin el mayor interés. Se aleja un poco, permitiendo que Ikki se incorpore.
-¿Te levantas de nuevo? –pregunta Radamanthys. – ¿Qué acaso no te cansas de sufrir?
-No puedo dejarme vencer ahora, Radamanthys. No ahora que sé cómo vencerte –diciendo esto, Ikki vuelve a elevar su cosmos, más alto de lo que jamás antes había llegado.
-Ya te dije que el señor Hades protege estas tierras¿acaso crees que puedes superar el poder de un dios?
Ikki no responde, pero su cosmos sigue incrementándose. Cada vez más poderoso, cada vez más violento. La decisión en su rostro, la confianza de aquél que no teme a la muerte impactan al dragón de los avernos y por un momento, Radamanthys tiene la impresión de que quizá, sólo quizá, el fénix podría superar la barrera de Hades.
-¡Hou Yoku Ten Shou! –grita Ikki y las llamas comienzan a rodear a Radamanthys, quien se recrimina a sí mismo por haber desconfiado de la barrera de su señor, el poder del ataque es tan mísero que no vale la pena detenerlo.
-¡Hou Gen Ma Ken(4)! –vuelve a gritar el fénix sin que Radamanthys pueda ver su posición a través de las llamas que le rodean. ¡El primer ataque fue sólo una distracción!
Un rayo rojizo, delgado como una aguja se precipita a su cabeza. El ataque lo toma desprevenido y por un momento, sólo por un momento, el ataque mental de fénix destruye su concentración, encerrándolo en su mente.
Ikki sabe que su ilusión no afectará al juez de los avernos, no con su cosmos tan disminuido, pero ese momento de distracción es todo lo que necesitaba. Invocando su cosmos dirige un golpe al piso y este se fractura, precipitándose al abismo.
Radamanthys recupera la conciencia, sólo para ver como cede el piso bajo sus pies. Se encuentra demasiado cerca de la orilla y comienza a caer hacia las llamas espectrales que claman por su existencia.
Las alas del Wyvern se extienden, pero antes de que estas puedan emprender el vuelo, Ikki se ha abalanzado contra él como ariete humano, su cosmos completamente incendiado.
El impulso horizontal que Ikki les diera los lleva a alejarse de las llamas verdes bajo ellos. Sin embargo, ambos guerreros se precipitan como una estrella fugaz contra una de las montañas cercanas.
Radamanthys eleva su cosmos y logra liberarse del abrazo del fénix. Desciende lentamente mientras que Ikki crea un pequeño cráter con su caída.
-Esto se acabó, fénix –Radamanthys se acerca a donde se encuentra tirado el fénix, su semblante demuestra una furia infernal. Concentra su cosmos en el puño y golpea el piso, pero Ikki ya no se encuentra ahí.
-¿Qué? –Radamanthys se sorprende al notar a Ikki, quien ahora se encuentra frente a él.
-¡Hou Yoku Ten Shou! –Ataca Ikki, Radamanthys intenta detener su golpe, pero es lanzado hacia atrás. Su casco es completamente destruido por el feroz ataque. Cuando se levanta, Ikki camina hacia él con paso decidido.
Radamanthys se incorpora rápidamente y le lanza un puñetazo, pero Ikki nuevamente ha desaparecido para aparecer tras de él.
-Esta velocidad, este poder… ¿cómo?
-Sabía que no podría derrotarte en el castillo –respondió Ikki como si leyera sus pensamientos – es por eso que te he sacado de él.
Radamanthys por primera vez se percató de donde se encontraba, se había dejado guiar por su propia furia y eso había provocado que cayera en la trampa del fénix
-¡No necesito de la barrera de Hades para derrotarte! –exclamó Radamanthys furioso. – ¡Greatest Caution!
Ikki recibió de lleno las ondas del ataque de Radamanthys, cayendo pesadamente en el piso con su armadura completamente destruida.
-Ya ni siquiera tienes fuerzas para evitar mi ataque –dice tomando a Ikki de los cabellos y levantándolo para que su rostro quede a su altura.
-Te equivocas –sonríe Ikki elevando su cosmos– es sólo que no quería malgastar mi cosmos esquivando tu mísero ataque.
En ese momento Ikki se libera del agarre del sorprendido Radamanthys y se coloca atrás de él, sujetándolo. Su cosmos elevándose infinitamente.
-¿Qué haces? –pregunta Radamanthys asustado –si sigues con esto los dos moriremos.
- Que así sea entonces, pero no permitiré que sigas con vida para que lastimes a mi hermano, ni a mis amigos.
Se conoce al fénix como el ave inmortal, pues cuando está próximo a morir, eleva el vuelo, incendiándose a sí mismo para después resurgir de sus cenizas.
¿Acaso realmente es inmortal¿Acaso podrá resurgir de sus cenizas eternamente?
Quizá sus milagrosos renacimientos no son eternos, quizá llega un momento en el que el fénix decide que su tiempo en esta tierra ha terminado, y es entonces cuando al morir brilla más intenso y más hermoso que nunca.
Lo cierto es que cualquiera que hubiera contemplado hoy la majestuosa estela roja que se eleva por los cielos, no hubiera dudado que se trata del último vuelo del fénix, que regresa a las estrellas…
Que se funde con el infinito.
Notas del Autor.
(1) Odin Sword. Espada Odin
(2) Hou Yoku Ten Shou. Mejor conocido como "Aleteo de fénix" o algo así.
(3) Thunder Claw. Se trata de la técnica de Shaina, aquí traducida como "¡A mi, cobra!"
(4) Hou Gen Ma Ken. Puño diabólico
