Muchas gracias a todos aquellos que leen estas líneas, se los agradezco de corazón. En expecial a la bella Shadir y a Atelier-sama, cuyas amables palabras son tan gratificantes, gracias pues sus palabras me alientan a seguir escribiendo y a tratar de ser cada vez mejor.

Muchas gracias a todos. nos estamos leyendo!!!


What if…? Poseidón se levanta!

por Aither

Decisiones

Capítulo V

La decisión del santo cuyos ojos fueron puros alguna vez

Castillo de Hades, Alemania

Dokho dirigía el grupo de valientes caballeros que descendían silenciosos la escalinata en espiral que conducía al mundo de las tinieblas.

Los tiempos eran aciagos como nunca antes. Esta vez eran dos los dioses que se habían levantado amenazando con destruir a la humanidad… ahora se veían forzados a dividir sus fuerzas. Fuerzas que, desde los tiempos del mito, nunca antes habían estado tan menguadas.

Por un lado un contingente de santos de bronce y plata, dirigidos por tan sólo tres santos de oro, habían permanecido en el Santuario para protegerlo de los embates del terrible Poseidón.

Mientras tanto ellos, apenas cuatro santos de bronce y uno de oro, se adentraban a los dominios de la muerte, donde Hades y sus 108 espectros aguardaban. Athena y Shaka ya se habían adentrado en ese fatídico reino.

Sabían bien que estaban entrando a la boca del lobo, tierras temibles donde Hades es el señor absoluto de las voluntades del hombre. El octavo sentido, como les había explicado momentos antes Dokho, era su única esperanza de entrar al lugar sin perder su voluntad.

Sabían bien que era una tarea casi imposible, sin embargo, ese no era el motivo de su silencio.

Momentos antes de comenzar a descender, los 5 habían sentido el cosmos de Ikki despedirse antes de explotar y desaparecer por completo. Todos entendían lo que eso significaba, y lamentaron la pérdida de su compañero, de su hermano.

"Ikki" –musitó Shun con voz ahogada.

Pero Shun no lloró la pérdida de su hermano, ni siquiera pronunció palabras en su nombre. Se había encerrado a si mismo en un mutismo absoluto, sus pupilas dilatadas le daban una apariencia sombría nunca antes vista en el santo de Andrómeda. Se limitaba a caminar con la cabeza baja a prudente distancia de sus compañeros…

Y no soltaba el pendiente de su pecho.

Seiya se permitió rezagarse de sus compañeros, en un intento por caminar a la par de Shun. Deseaba transmitirle los sentimientos de simpatía que hasta el momento ninguno de los otros había tenido el valor de expresar.

De pronto una sensación horripilante se apoderó de él, una opresión en el pecho tan caótica y avasalladora que hizo que sus piernas flaquearan por un instante. Volteó a ver a Shun y la visión le llenó de terror, un terror absoluto e irracional.

El Shun que tenía frente a él ya no poseía esa mirada desvalida de hace momentos. Su mirada era ahora fría y sombría, sus cabellos se habían teñido de rojo y de él emanaba una poderosa fuerza preternatural.

Tan rápido como había llegado, la sensación desapareció. Sus piernas volvieron a responderle, volteó a ver a Shun cuyos cabellos habían vuelto a ser verdes y su mirada no era atemorizante, sino conciliadora. Seiya estaba apunto de preguntar qué era lo que había pasado, pero la voz de Dokho le hizo olvidarlo.

-¡El castillo se derrumba! –gritó Dokho mirando con susto los enormes bloques de piedra que se precipitaban sobre ellos, las escaleras a sus pies amenazaban con resquebrajarse en cualquier momento.

-¡Debemos saltar! –apresuró Shiryu y el resto de caballeros asintieron.

-No olviden que deben despertar el octavo sentido –recalcó Dokho con urgencia. – O no serán más que almas sin voluntad en las tierras de Hades.

-¡Por Athena! –gritó Dokho arrojándose al vacío.

-¡Por Athena! –gritaron los demás en respuesta mientras seguían sus pasos.

Shun vio a los demás saltar y luego bajó la mirada al pendiente con forma de estrella que aun llevaba en su mano. "Por Athena", exclamó con una voz que no era la suya y con una sonrisa maliciosa se arrojó tras sus compañeros.

Entrada del Santuario, Grecia

-Shaina –exclamó Mu con pesar acercándose al cráter que se había formado ahí, donde diese su última batalla. Milo caminaba atrás de él; en respetuoso silencio bajó la mirada a la vez que retiraba el casco de su cabeza. Aiolia había vuelto al lugar donde reposaba Marin.

-Shaina, en verdad eras apoteótica… –continuó Mu al ver a su compañera caída. – Nosotros, que deberíamos ser los más fuertes entre los caballeros y no…

-¿Los más fuertes entre los caballeros? –exclamó con burla una voz surgida de donde momentos antes apareciera la sacerdotisa del mar. – Entonces de verdad que Athena no tiene ninguna oportunidad.

Ante estas palabras Mu y Milo se pusieron rápidamente en guardia. Aiolia alcanzándolos a la velocidad del relámpago.

-¿Quién eres¡Muéstrate! –ordenó Aiolia comenzando a elevar su cosmos, pero una melodía a sus espaldas lo obligó a desistir.

La música inundaba el lugar, y rápidamente se convirtió en todo lo que podía abarcar la mente de los caballeros, lo único que existía para ellos. Una figura de cabellos lilas y armadura de un naranja brillante salió de entre las sombras.

-Guarda tus modales, caballero –exclamó el shogun marina – pues te diriges a un dios.

Se hizo presente un poderoso cosmos. Grandioso, equiparable quizá únicamente al de Athena misma. Profundo e impredecible como las olas de mar. Sus voluntades comenzaron a flaquear, producto seguramente de la melodía demoníaca de Sorrento, y sin que pudieran evitarlo colocaron una rodilla en el piso y bajaron la mirada.

Frente a ellos ascendía una figura radiante, su cosmos iluminando la vasta noche. Llevaba en la mano un tridente, y tras de él, cientos, probablemente miles de guerreros marchaban con fiereza en la mirada.

-Se dirigen al grandioso Poseidón –terminó el hombre de la flauta.

2nda Prisión del Infierno, Hades

"Algo anda mal aquí" –pensó Seiya mirando a su compañero.

Su mente regresó al castillo en Alemania. Se habían arrojado todos juntos por el pasadizo que conecta la vida y la muerte. Entonces¿por qué no habían caído todos juntos?

Cuando despertó, sólo Shun se encontraba cerca, frente a ellos un enorme lago rojo como la sangre -que se asemejaba más a un pequeño mar- invadía todo el panorama.

Shun lo despertó con una sonrisa de alivio al verlo despertar. Seiya aun no se recuperaba por completo, pero Shun insistía que había encontrado una forma de cruzar el lago.

En la orilla se encontraba una pequeña barca, un espectro aguardaba pacientemente.

-Él ha prometido llevarnos, Seiya –exclamó Shun con candidez y Seiya casi pudo recordar al Shun de antaño, sin embargo todo intento posterior de iniciar una conversación fue en vano. Shun había vuelto a caer en el mutismo de antes y el extraño barquero estaba poco dispuesto a hablar -o estaba demasiado asustado para hacerlo- mucho menos a decirle qué es lo que había hecho Shun para que accediera a transportarlos.

Ahora se encontraban en la segunda prisión del infierno, un enorme edificio abarcaba el lugar. Se trataba de un tribunal donde eran juzgadas las almas de los muertos. El hombre en el púlpito, quien tenía cierta fascinación por el silencio, los había tomado por muertos y ahora los buscaba en un enorme libro que definiría su tormento en orden de sus pecados.

-¡He dicho que soy Seiya, el santo de Pegaso! –gritó Seiya tan fuerte como pudo. – ¡Y él es mi compañero, Shun de Andrómeda¡Hemos venido a salvar a Athena y derrotar a Hades!

-Ya veo –fue toda respuesta de Lune. Su látigo silbó y recorrió la enorme distancia entre el tribunal y la puerta a una velocidad sorprendente, atrapando al guardia que había entrado gritando algo sobre los caballeros de Athena.

La escena que siguió sólo puede ser catalogada como perturbadora. El látigo había regresado a mano de su dueño -quien seguía hablando con indiferencia sobre la importancia del silencio- a la vez que el desafortunado guardia caía en gruesas rebanadas.

-Sus pecados no pueden aparecer en el archivo, ya que ustedes aun no están muertos –prosiguió el espectro sin mostrar el menor remordimiento por la muerte de su compañero. – De acuerdo… entonces aun sin que hayan muerto, haré que me muestren sus pecados, y después los enviaré al infierno que merecen.

-¡Reincarnation! –El cosmos del espectro brilló por toda la sala, absorbiéndolo en la más absoluta oscuridad. Acto seguido, las escenas de todos los pecados que Seiya hubiese cometido en vida comenzaron a fluir frente a sus ojos. Seiya se sentía abrumado por el gran peso de sus actos malvados que ahora lo golpeaban de pronto.

-Pero tu pecado más grande –volvió a escuchar la voz del espectro mientras luchaba inútilmente por liberarse del poderoso ken – es haber lastimado a un sinnúmero de personas.

Seiya pudo sentir las muertes de todos aquellos a los que se había enfrentado como si fuera la propia. Su corazón y su alma amenazaban con quebrarse por el dolor y el arrepentimiento.

-¡Serás enviado al primer valle de la sexta prisión! –gritó nuevamente el espectro del Balrog y el brillo oscuro de su cosmos se distorsionó formando nuevas dimensiones y realidades que clamaban por tragarse al santo de pegaso. Seiya no pudo resistirse a la imbatible fuerza y fue absorbido por la extraña dimensión.

-¡Shun! –gritó el santo de pegaso viendo que la cadena de Andrómeda se precipitaba hacia él. Sólo faltaban escasos metros para que pudiera alcanzarlo, pero bajo él comenzaba a vislumbrar los ardientes lagos de sangre a los que había sido condenado.

Extendió sus brazos en un intentó por alcanzar la cadena. Casi podía tocarla cuando una poderosa sensación se apoderó de él, era la misma sensación que había sentido en el palacio de Hades momentos ante de que el palacio se derrumbara.

La cadena se detuvo de golpe y Seiya pudo ver como la única esperanza de escapar de su prisión regresaba con su dueño al tribunal silencioso. Sólo que Seiya sabía que no se trataba de Shun, sino aquél ser de mirada sombría y cabellos rojizos que se había apoderado del cuerpo de su amigo.

Seiya se sumergió en el inmenso mar de sangre, saliendo rápidamente a flote. Elevó su cosmos, pero la sangre a su alrededor drenaba rápidamente sus energías. Cuerpos quemados, calados hasta los huesos por el calor comenzaron a aferrarse a él.

-¡Basta¡Aléjense de mi! –gritó Seiya a la vez que los alejaba de sí con sus meteoros, pero tan pronto como se libraba de algunos, otros ocupaban su lugar. El calor infernal comenzaba a atravesar la protección de su armadura.

-¡Athena! –gritó Seiya por última vez antes de ser arrastrado hacia lo profundo del mar por los muertos.

1era Prisión, Hades

Lune había bajado la enorme escalinata del tribunal y ahora se encontraba arrodillado frente a Shun, quien mostraba cabellos rojizos y ojos carentes de piedad.

Una figura encapuchada surgió de detrás del tribunal, acercándose a donde se encontraba Shun, hace una reverencia a modo de saludo y acto seguido se le acerca para murmurar algo a los oídos del dios.

-¡Sea bienvenido de nuevo, mi señor! –saludó Lune con voz portentosa.

-Lune –habló Shun con una voz neutra que irradiaba autoridad –aun hay caballeros rondando por el Hades, alista a mis guerreros, no quiero que ninguno viva para ver el gran eclipse.

-Como usted ordene, mi señor –respondió Lune.

Shun comenzó a caminar con el andar de un rey mientras salía del tribunal silencioso, el misterioso encapuchado le seguía. Lune le dedicó una mirada repleta de odio y desconfianza al encapuchado que seguía al dios de los muertos.

-Te estaré vigilando –murmuró Lune dirigiéndose al encapuchado cuando este se encontraba a una considerable distancia, sin embargo la mirada amenazadora que este le devolvió le hizo suponer que le había escuchado.

Un escalofrío recorrió su espalda y Lune comenzó a sudar. Intentó salir del recinto para cumplir las órdenes de su señor, pero sus piernas no respondían, tal era el terror que infundía el encapuchado.