Muchas gracias a todos por leer. Aquí les dejo el sexto capítulo, espero que sea de su agrado.


What if…? Poseidón se levanta!

por Aither

Decisiones

Capítulo VI

La decisión de aquél que controla las estrellas

Explanada de Aries, Grecia

Mu, Aiolia y Milo se retorcían con dolor, sus manos fuertemente presionadas contra sus oídos en un vano intento por detener la infernal melodía. Poseidón hace tiempo que se había marchado, subiendo las doce casas, mientras el grueso de su ejército aguardaba ahí, esperando una oportunidad para rematar a los guardianes dorados.

-¡Ustedes no son dignos de ser llamados los más poderosos entre los caballeros! –se escuchó la voz de Sorrento sobre la dulce melodía. Los marinas más cercanos aprovecharon para acercarse a los dorados y comenzaron a patearlos.

-¡Basta! –rugió Aiolia deteniendo la bota de uno de sus atacantes, su mirada denotando la fiereza del león cuando está a punto de saltar sobre su presa. –¡No soportaré más esta humillación!

Aiolia se incorporó lentamente, ignorando el dolor que le producía la terrible sinfonía, su cosmos elevándose al infinito.

-¡Lightning Plasma! –su poderoso cosmos brilló como las estrellas que le dan nombre y un majestuoso león se dibujó a su espalda. Los rayos de luz avanzaron como estrellas fugaces destrozando a más de una decena de marinas.

-Increíble –expresó Sorrento con voz neutra sin abandonar su melodía. – Ahora que te has liberado de mi ken no puedo permitir que continúen con vida. ¡Death End S…

Pero Sorrento no pudo terminar de proclamar su técnica. Una serie de destellos carmesíes se dirigían hacia él como relámpagos. Sorrento tuvo que separar la flauta de sus labios para poder trazar un círculo en el aire que detuvo la Scarlet Needle de Milo.

-¿Qué? –Sorrento no podía creer lo que veía, el ataque de Milo, si bien incapaz de traspasar su poderosa defensa, había logrado crear una serie de cuarteaduras a lo largo de ella.

-¡Stardust Revolution! –gritó Mu y un sinnúmero de destellos dorados salieron de su mano impactando la barrera. Sorrento intentó aumentar su cosmos pero fue inútil, la técnica del carnero dorado terminó de destruirla y su golpe le impactó de lleno.

-¡Lo logramos! –celebró Milo.

-Espera –respondió Mu. Sorrento había sido despedido hacia atrás, pero extendiendo sus alas, había logrado incorporarse y aterrizaba de pie. Ni él ni su armadura presentaban daño alguno, la flauta nuevamente amenazadora sobre sus labios.

-Se equivocan si creen que pueden vencerme –respondió Sorrento como si adivinara la cuestión en la mente de los caballeros. – Desde el momento que empezaron a escuchar mi melodía su cosmos se ha reducido considerablemente. No podrán ganarme así ataquen los tres al mismo tiempo.

-¡Eso ya lo veremos! –responde Aiolia elevando nuevamente su cosmos, Milo y Mu le imitan al instante a la vez que rodean al shogun marina.

-¡Mueran ahora santos de Athena! –grita Sorrento comenzando a tocar su melodía nuevamente. – ¡Death End Symphony!

-¡Starlight Extinction! –exclama una voz desconocida. Incontables destellos se dirigen hacia Sorrento quien interrumpe su melodía para evadir el poderoso ataque. Sus alas se extienden y se aleja del lugar tan rápido como puede, pero es alcanzado por la explosión, que lo arroja estrellándolo en el piso. La duda aparece en su rostro, pues los destellos que casi le dan muerte no eran dorados, sino púrpuras.

-Yo me haré cargo de esta basura –exclama el recién llegado avanzando con paso firme hacia donde se encuentra tirado el shogun. – Ustedes encárguense del resto de los marinas.

-¡Maestro! –exclama Mu con júbilo en la voz.

Palacio Giudecca, Hades

Shun, ahora controlado por el alma maligna de Hades, se encontraba sentado en el elegante trono en lo más alto y profundo de Giudecca. A su lado se encuentra el extraño enmascarado que le recibiera en el tribunal silencioso y frente a él, la temible Pandora, dirigente de las huestes de Hades.

-¿Estás seguro? –pregunta Hades con su tono inflexible de voz al enmascarado, que momentos antes le murmuraba palabras que Pandora no alcanzó a oír.

-Completamente, mi señor. –responde el encapuchado haciendo una reverencia.

-Pandora, retírate –ordena Hades.

-Como desee –responde Pandora haciendo una profunda reverencia y saliendo del lugar. No puede evitar dirigirle una mirada fugaz al encapuchado. – "Ese hombre no traerá más que tragedia" –piensa Pandora mientras se dirige a la puerta. Está a punto de llegar a ella cuando decide regresar con su señor y extenderle sus sospechas, pero un crujido a su espalda la detiene. Voltea sólo para ver como haces de luz dorada resquebrajan la pesada puerta del templo del señor de los muertos.

Hubo una explosión, un destello cegador y el cuerpo de uno de los kyoto atravesó el pasillo central como un bólido antes de caer pesadamente al piso. Tras él avanza un hombre de largos cabellos dorados, sus ojos son de un azul profundo y un poderoso cosmos le delata como el responsable de la muerte de Aiacos. No por nada es llamado el hombre más cercano a dios.

Tras él atraviesa la puerta un hombre de tez trigueña y cabellos rojizos. Su imponente armadura está ataviada por 12 poderosas armas, cada una capaz de desgarrar las estrellas mismas. Lleva arrastrando en sus manos a quien en vida fuera Minos, uno de los kyoto del Hades, protegido de Gryphon.

Cerrando la comitiva, atraviesa una hermosa mujer, de largos cabellos lilas. Está ataviada únicamente con un sencillo vestido blanco que se pierde fácilmente en su piel nívea. Su poderoso, absoluto cosmos, irradia una pureza y calidez que reconforta el alma tanto de aliados como de enemigos.

-Hades –exclama Shaka. – Hemos venido por tu vida.

Explanada de Aries, Grecia

Shion se abalanzó contra Sorrento, quien se puso en guardia al instante, pero cuando estaba a poco de alcanzar al shogun, desapareció. Apareció tras de él momentos después, Sorrento se gira casi al instante atacando con su flauta, pero Shion vuelve a desaparecer cuando está a punto de tocarlo.

-¡No seas cobarde, caballero de Athena! –espeta el shogun marino al aire. – ¿Por qué no me atacas de frente?

-¿Cobarde? –el shogun de Sirene escucha la voz de Shion a escasos centímetros tras de él y esto le eriza la piel. –Eres tú quien ataca desde las sombras para debilitar a su enemigo. –Sorrento se gira para atacar, pero el que fuese Patriarca le recibe con un puñetazo en el rostro que lo hace caer.

-¿Por qué no enfrentaste a Mu y a los otros de frente? Usas tu melodía para disminuir el cosmos de tus enemigos para que cuando tengas que enfrentarlos estén demasiado débiles como para representar una amenaza –Sorrento se pone de pie –. Te atreviste a ofender a la orden dorada del Santuario. Ahora te mostrare cuál es la verdadera fuerza de un santo dorado.

Las manos de Shion comienzan a adquirir un brillo purpúreo que se incrementa más a cada momento. -¡Stardust Revolution! –grita el antiguo santo de Aries. Sorrento se deslumbra por la intensidad del ataque de Shion, debe cubrir sus ojos con el brazo para soportar el desgarrador brillo que ha dejado de ser púrpura, para convertirse en dorado.

Sorrento se prepara para recibir el ataque, un ataque que no llega… como si el cosmos de Shion se hubiera desvanecido en el aire. Cuando logra enfocar la vista puede ver a Shion con una rodilla en el piso, tratando de detener con su mano la sangre que mana de su boca.

"¡Maldición!" –piensa el santo de Aries – "la vida que Hades me dio está llegando a su fin."

-Un despliegue impresionante de poder –menciona Sorrento con auténtico respeto en la voz – pero tal parece que no tienes fuerzas para continuar.

-No trates de escapar de nuestra pelea – Shion le advierte al shogun, poniéndose de pie con dificultad.

-No pienso contenerme.

-Tampoco yo.

La mirada de Sorrento se intensificó, al igual que su cosmos. De manera pausada, como si se tratara del ritmo de una melodía, la imagen de Sorrento se replicó alrededor de Shion. Shion pasea su mirada a través de ellos, buscando localizar al verdadero. Ninguno se mueve, ninguno muestra afán de atacar.

De pronto Shion se voltea rápidamente, su brazo extendido con fuerza, como si detuviera un puño invisible con su mano desnuda. Ahí, donde no parecía haber nada comenzó a materializarse el shogun.

-Necesitarás más que esos trucos para vencerme –exclama Shion antes de arrojar a Sorrento, estrellándolo contra un pilar.

Sorrento se levanta, su armadura comienza a presentar algunas quebraduras. Intenta llevarse la flauta a los labios, pero una fuerza se lo impide.

-Soy el mayor experto en el uso de la telequinesis en todo el Santuario –dice Shion respondiendo a la pregunta no expresada del general, pero sus fuerzas vuelven a fallarle una vez más, liberando la flauta de su prisión psiónica. El guardián del Atlántico Sur aprovecha la oportunidad para entonar su mortal melodía una vez más.

-¡Argh! –exclama Shion mientras presiona sus oídos sin que esto logre mitigar el dolor. En otra ocasión sus formidables defensas mentales quizás serían suficientes para bloquear el ataque enemigo, pero no ahora, no cuando el sólo mantenerse con vida requiere de toda la concentración de la que es capaz.

-¡Crystal Wall! –alcanza a susurrar y el extraordinario muro etéreo se forma frente a él, sin embargo la melodía continua resonando en su cabeza.

-Mi melodía llega directamente a tu cerebro –toca el turno de responder a Sorrento –una vez que la escuchas, no existe defensa alguna contra ella. Permite que las hadas te lleven al mundo de la muerte

Shion comienza a perder la cordura, su cerebro se destroza por la sinfonía de Sorrento. "Una oportunidad" –piensa Shion extendiendo su mano hacia el muro dorado que aun brilla frente a él. Al tocarlo un ligero resplandor surge de su mano y el muro se quiebra al instante, cada uno de sus fragmentos saliendo disparado hacia donde se encontraba el shogun, como proyectiles cristalinos.

-¿Qué? –Sorrento traza un círculo en el aire con su flauta creando nuevamente su barrera. Los fragmentos del muro de cristal se estrellan contra él, desapareciendo en el acto, pero cuando el último de los fragmentos se hubiese desvanecido, una fuerza mucho mas mortal le impacta, destruyendo la barrera.

El puño de Shion, aun brillando con su dorado cosmos, atravesó la barrera y se estrelló contra el rostro del shogun. Sorrento es arrojado hacia atrás perdiendo su flauta en el proceso. Antes de caer logra tomar el brazo del guerrero ateniense y aprovechando su propio impulso lo lanza hacia atrás.

Incorporándose a una velocidad imposible, Sorrento se lanza contra Shion. Su majestuoso cosmos demuestra que no necesita de su flauta para ser un rival de cuidado. Shion recibe el golpe en el vientre y un chorro de sangre escapa de su boca. Un segundo golpe, esta vez colocado en el rostro, hace que Shion caiga de espaldas.

Sorrento vuelve a avanzar hacia él, pero algo lo detiene. Se encuentra rodeado por un elaborado diseño de finos hilos cristalinos.

-¿Crees que esto me detendrá? –la Crystal Net de Shion se desvanece ante el contacto del poderoso cosmos del shogun.

-No podré mantener esta vida por mucho tiempo más –exclamó el santo de Aries poniéndose de pie sin que Sorrento pudiera definir si se dirigía a él o a sí mismo. – ¿Te parece si acabamos esto de una vez? –terminó con una sonrisa.

Sorrento sólo asintió y Shion le regresó su flauta con sus habilidades telequinéticas. Ambos comenzaron a elevar su cosmos a niveles inconmensurables.

-¡Starlight Extinction! –gritó Shion, su cosmos dorado brillando como si de un pequeño sol se tratara.

-¡Death End Climax! –exclamó Sorrento, la más mortal de sus melodías fluyendo de su flauta. Entonces lo vio, una infinidad de destellos dorados surgía de las manos del carnero dorado, como si todas las estrellas descendieran del firmamento. El espectáculo frente a sus ojos era maravilloso, hipnótico, más hermoso que cualquier melodía, y así sabiéndose vencido, dejó de tocar.

La mente de Sorrento voló hacia Julián Solo, el hombre de negocios de férrea voluntad pero noble corazón que sin querer había caído presa del eterno juego de los dioses. El hombre cuya alma había sido condenada con la muerte de Thetys, la dulce sirena que en otro tiempo, que en otra situación, Julián hubiera sabido amar.

Y en ese momento, al recordar a Julián y la bondad del cosmos de Athena, la diosa que se sacrificaría gustosa por el bien de la humanidad, Sorrento sonrió.

-Quizás es mejor así…

-¡Maestro! –gritó Mu al sentir la explosión del cosmos de Shion, corriendo a toda velocidad a donde se desarrollaba la pelea. Al llegar ahí, pudo ver a Shion, su rostro en calma lo recibía con una sonrisa aunque su cuerpo comenzaba a convertirse en polvo de estrellas.

-Te has convertido en un gran hombre, Mu –exclamó Shion colocando la mano sobre su hombro. – Estoy muy orgulloso de ti.

-Maestro…

-Lamento no poder ayudarles a derrotar a Poseidón, pero mi tiempo en este mundo ha terminado. Vayan ahora a la cámara del Patriarca –ordena mirando a Milo y Aiolia que llegan al lugar –y protejan a Athena y a su Santuario.

-Maestro, yo… –intenta decir Mu.

-¡Ahora! –ordena Shion en un tono que no deja lugar a replicas. – ¡Tengan cuidado! algunos marinas ya se encuentran en las doce casas.

Aiolia toma a Mu y junto a Milo se dirigen a la calzada zodiacal. Shion sonríe al verlos alejarse. "Lo siento, Mu" –piensa Shion –"no deseaba que me vieras partir. Es probable que nos encontremos muy pronto, y entonces podremos platicar… en el paraíso de Athena"

Cuando Mu y los otros se han perdido de vista, Shion voltea al inicio de la escalinata, donde cientos de marinas intentan penetrar la barrera cristalina que Shion colocó al inicio de la pelea. Con un gesto de su mano, el portentoso muro desaparece, permitiendo la entrada de los guerreros que como avalancha se dirigen en su contra.

-No podré contra todos ustedes… –Shion los recibe con una sonrisa al ver como su cuerpo se vuelve cada vez más etéreo e intangible, fundiéndose en hermosos destellos. –¡Pero me llevaré a cuantos pueda conmigo! –amenaza Shion y su cosmos se eleva en caóticos patrones. Los rostros de los marina son iluminados con horror por el majestuoso cosmos del carnero dorado. Intentan retroceder, se avientan unos a otros buscando abrirse camino, pero es demasiado tarde ya.

-¡Starlight Extinction! –lo voz de Shion resuena atronadora en la vastedad de la noche, una exclamación de esperanza que resonará por siempre en los muros del hogar que protegió con su vida.

Un destello, un último rastro de cosmos, desciende para posarse en la mano de Mu que la mira incrédulo. Las lágrimas amenazan con brotar de sus ojos, pero recuerda las últimas palabras de su maestro y con un suave suspiro continúa su ascenso.

-Entiendo –se dice a sí mismo permitiendo que el diminuto destello regrese a las profundidades de la bóveda celeste, donde brillará por siempre.