Después de una larga e injustificada ausencia (injustificada por que la verdad no tengo excusa, hace meses que tengo esta capítulo listo, pero simpre pasaba una cosa u otra que me impedía venir a publicar... U.Uuu lo siento), pero espero que les agrade.
Este capítulo fue modificado de su versión original para hacer las peleas más impactantes, espero haberlo logrado, y en el próximo capítulo se viene por fin el final.
Muchas gracias a todos los que continuan leyendo, en especial a Atelier-sama y a Shadir, cuyos reviews me hacen muy feliz y me dan ánimos para seguir escribiendo. Muchas gracias lindas!! (Un pequeño mensaje para Shadir al final .)
What if…? ¡Poseidón se levanta!
por Aither
Decisiones
Capítulo VII
La decisión de los guerreros de sangre ardiente
Giudecca
Athena se encuentra arrodillada frente a Hades, ante la mirada atónita de Shaka y Dokho que no pueden creer las palabras de su diosa.
-Te suplico por favor que detengas el máximo eclipse, que no conviertas a la Tierra en un mundo de oscuridad. A cambio te entregaré mi vida.
El encapuchado, que no se ha apartado del costado de Hades se acerca respetuosamente y le susurra algo al oído, algo que el resto de los presentes no alcanza a escuchar. Hades asiente brevemente y el encapuchado se pierde tras las cortinas del templo de Giudecca.
-¡Athena, no lo hagas! –suplica Shaka.
-¡Athena! –secunda Dokho.
-¡Basta! –ordena Hades, su poderosa voluntad imponiéndose en el amplio salón. –Se hará como deseas, Athena. A cambio de tu vida detendré el máximo eclipse –en ese momento voltea a ver a Dokho y a Shaka. –Se que sientes especial apego por estos humanos –a ninguno de los presentes se le escapó el desprecio en la voz del lord oscuro. –Así que como un favor especial le perdonaré la vida a tus santos siempre y cuando no vuelvan a levantar su puño en mi contra. ¿Aceptas?
-¿Qué hay de Shun? –preguntó Athena desafiante.
-¿Mi vasija? –Hades la mira consternado. – No hay nada que hacer por él.
-¿A qué te refieres?
-El alma de este hombre fue desgarrada en el momento en que su hermano murió. Después de eso, el shock de haber sido posesionado por mí fue demasiado grande –Athena baja la mirada con pesar –ahora mi alma es lo único que mantiene con vida a este cuerpo.
Hades extiende una de sus manos y la lanza de Pandora, que se encontraba clavada en el piso, sale disparada hacia él.
-¡Entrégame tu vida ahora, Athena! –grita Hades dirigiendo la lanza al pecho de la diosa, pero la lanza choca primero con un escudo dorado.
-¡Dokho! –grita Athena aterrada al notar que la lanza atravesó el escudo y se introdujo en el cuerpo del santo de libra.
-Athena, no puedes sucumbir ante Hades, nosotros…
-¡Dokho! –grita nuevamente Athena, mientras puede sentir el alma de su guerrero más antiguo extinguirse en un respiro.
-¡Pagarás por esto! –amenazó Shaka con furia a la vez que eleva su cosmos. Está a punto de avanzar hacia Hades, pero antes de que pueda acercarse más una colosal figura aparece frente a él, bloqueando su paso.
Se trata de un hombre alto y corpulento. Una suave túnica cubre una elaborada armadura cuyo casco alado enmarca un bello rostro de cabellos y ojos plateados.
-Si das un paso más, morirás –exclamó la portentosa figura, su estridente voz un canto que invita a la muerte. Shaka puede observar que tras el trono de Hades, el encapuchado ha regresado. Junto a él se encuentra un hombre que es idéntico a aquel que le detiene el paso, pero sus ojos y cabellos tienen una tonalidad dorada.
-Athena, ellos son mis sirvientes más leales, aquellos que me han acompañado desde los tiempos del mito –exclama Hades presentando a los recién llegados. –Los dioses gemelos de la muerte y el sueño eterno, Thanatos e Hypnos.
Explanada de la estatua de Athena, Santuario
-¿De verdad creían que tres insignificantes santos de oro podrían derrotarme a mi, uno de los tres dioses regentes? –exclama la figura de Poseidón al posar su mirada sobre los cuerpos caídos de Mu, Milo y Aiolia.
La explanada no es ahora más que un montón de ruinas. Piedras y pilares fueron arrancados de sus cimientos por la portentosa batalla que ahí se desarrolló. Incluso la armadura del señor de los mares muestra los estragos causados por las técnicas de los santos dorados que ahora yacen a sus pies.
Extiende su mano, y su tridente vuela rápidamente hacia él. Está a punto de enterrarlo contra alguno de los guerreros caídos cuando un poderoso cosmos surge de la calzada zodiacal.
-¿Qué? –de varias de las casas zodiacales, haces luminosos se abren camino en el cielo nocturno en dirección hacia el poniente.
Giudecca, Hades
El hombre encapuchado se arrodilla frente a Hades extendiéndole una bella espada recta que presenta inscripciones de lenguajes olvidados en la filosa hoja.
-Esta es la espada que sólo el emperador del reino de los muertos puede portar –exclama Hades blandiendo la espada. – La espada capaz de desgarrar no sólo el cuerpo, sino también el alma de aquél que es alcanzado por su filo. ¿Estás lista para morir, Athena?
-Primero debes detener el máximo eclipse –exclamó Athena y hasta los mismos dioses de la muerte y el sueño se sorprendieron de la determinación en sus ojos.
-¡Alto! –Shaka intenta llegar hacia Athena, pero es detenido por el dios de cabellos plateados que rige sobre la muerte.
-Te advertí que no avanzaras más –exclamó elevando su mano, concentrando una gran cantidad de energía en ella. Una esfera de violenta cosmoenergía se formó, y rápidamente es descargada contra el desprevenido santo de Virgo. Shaka se encuentra a punto de ser impactado, pero algo detiene el mortífero ataque.
-¡Aldebarán! –gritó Athena sorprendida al ver al santo de Tauro, vistiendo su armadura y deteniendo la sorprendente energía con sus manos desnudas.
-¡Argh! –grita Aldebarán, sus músculos contrayéndose por el desgarrante esfuerzo. Sus pies crean surcos en el piso al momento que es arrastrado por la poderosa cosmoenergía. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, logra cambiar el balance en su cuerpo y con un vigor sobrehumano logra despedir la energía hacia arriba, estrellándola contra el techo del lugar.
-¡No estás sólo, Shaka! –exclamó Aldebarán con una abierta sonrisa tan característica del santo de Tauro.
-Todos hemos venido a ayudar –Shura apareciendo detrás de un pilar. Aphrodite y Deathmask flanquean cada uno de los lados de la puerta principal del recinto.
-¡Athena! –acusa Hades. – ¿Qué traición es esta?
-Caballeros, dejen de pelear –ordena Athena.
-Lo siento, Athena –contesta Saga saliendo de detrás de otro pilar –pero esa es una orden que no podemos cumplir.
-¡Diamond Dust! –el aire congelante de Camus se dirige hacia Thanatos quien lo repele con la palma de su mano.
-¡Caballeros! –convoca Aiolos apareciendo en el dintel sobre la entrada del templo, la tenue luz del mundo de las tinieblas demarcando su silueta. – Si morimos hoy, ¡Lo haremos juntos!
Cuarta prisión, Meikai
-¡Howling Inferno! –exclama el espectro cuya armadura recuerda a un perro salido de los infiernos. El poderoso cosmos había impactado de lleno a Shiryu y a Hyoga quienes ahora caían pesadamente sobre una barca.
-Les dije que no podrían contra mí, Phlegyas de Licaón –se burló el espectro subiendo a la balsa para rematar a sus oponentes. –Eso les enseñará a no desafiar al gran dios Hades.
Giudecca, Hades
La portentosa masa de Aldebarán se convirtió en un mortal ariete humano mientras se lanzaba contra el dios de la muerte, quien fue arrastrado varios metros antes de lograr detener la embestida del santo de Tauro. El dios de la muerte se creía vencedor hasta que vio la sonrisa en el rostro de Aldebarán.
-¡Great Horn! –la poderosa cosmoenergía del protector de Tauro se acumuló en tan sólo una fracción de segundo. De las manos del guerrero, las cuales se encontraban apoyadas en el cuerpo del dios, surgieron infinidad de rayos luminosos que lo arrojaron hacia atrás.
Antes de que tuviera tiempo de siquiera reaccionar, un nuevo ataque ya se dirigía contra él.
-¡Excalibur! – esta vez fue el santo de capricornio quien atacó, pero el temible dios ni siquiera se inmutó. Extendió su mano deteniendo la mortal estocado con tan sólo sus dedos índice y pulgar.
-Jamás podrán derrotarme con estos ataques tan insignificantes –se burló el dios de la muerte antes de que su expresión cambiara por una de sorpresa; sin que se diera cuenta de cuándo, el ataque de Shura había hecho un corte limpio en su tiara, que ahora caía al piso mientras un hilillo de sangre recorría su frente.
Shura no le dio tiempo de reaccionar, aprovechando que Thanatos aun sostenía su mano, separó sus pies del suelo, utilizando al dios como punto de apoyo y en un veloz movimiento escabulló sus pies bajo las axilas del dios.
-¡Jumping Stone! – gritó el santo de capricornio realizando un improbable giro en el aire que arrojó al dios en un rápido ascenso.
El dios se elevó en el cielo y cerca estuvo de estrellarse con el techo del palacio, pero instantes antes de llegar sus alas se extendieron y con una voltereta, el dios se incorporó con una mueca de hastío en su rostro.
Descendió con parsimoniosa lentitud hacia donde Shura le esperaba, como un anuncio de muerte que se cierne desde los cielos. El dios no notó las ligeras cuarteaduras que el roce de su pie había provocado en el suelo bajo él.
-¡Titan's Nova(1)! –gritó Aldebaran a sus espaldas, y en ese momento el suelo se quebró bajo sus pies. Enormes bloques de roca se desprendieron del piso, elevándose alrededor del dios, estrellándose entre ellas y arrojando amenazadores fragmentos cuál mortales bólidos. El dios rápidamente se vio rodeado por la inesquivable avalancha de roca.
Cuando el polvo se disipó, no quedaba señal alguna del dios.
No había pasado mucho tiempo antes de que una potente luz comenzara a filtrarse por los pedazos de roca, iluminando la habitación con una espectral luz y un potente cosmos que ahora inundaba el lugar. Las rocas salieron arrojadas hacia todas direcciones y en medio del lugar se encontraba aquél que rige sobre la muerte. Sus ojos denotaban una locura y sed de sangre que antes no había estado ahí.
El dios comenzó a avanzar con decisión en la mirada, concentró su cosmos y con una velocidad imposible de seguir se dirigió hacia Shura donde le propinó un tremendo golpe que lo mandó a volar sin que el guardián de capricornio pudiera hacer nada por defenderse.
El resto de los santos dorados se acercaron a donde el dios se encontraba, pero una devastadora explosión de cosmos los mandó a volar. Thanatos retomó entonces su acecho hacia Shura que ya comenzaba a levantarse. Corrió hacia él, listo para golpearlo, pero su puño se encontraba a escasos centímetro de tocar al santo cuando una nueva fuerza le impidió continuar.
-Pero ¿qué? – Thanatos miró al centenar de cadáveres que habían surgido de la nada y que ahora se aferraban a todo su cuerpo impidiéndole el más mínimo movimiento.
-¡Seikishiki Kendochourai (2)! –murmuró Deathmask quien tenía un dedo elevado hacia el cielo mientras una risa siniestra se apreciaba en su rostro. El dios de los muertos incrementó la fuerza en sus movimientos, librándose de algunos de los cadáveres que le aprisionaban, pero por cada uno que repelía, varios más tomaban su lugar.
-¡Seikishiki Konsouha (3)! –gritó el protector de la cuarta casa del zodiaco y en ese instante los cadáveres que tan febrilmente se aferraban al emperador de la muerte brillaron por un momento antes de explotar, destruyendo junto consigo una buena parte del palacio.
Thanatos se encontraba en el centro de un área repleta de escombros de destrucción, su armadura, humeante por la explosión presentaba, ya series quebraduras. Su mirada se encontraba completamente perdida.
Un destello blanco como la nieve atravesó el espacio para introducirse en el pecho de Thanatos.
-Bloody Rose –exclamó Aphrodite con satisfacción, pero poco duró su sonrisa al notar que la rosa blanca que debería clamar la sangre del dios se marchitaba velozmente.
-¡Insolentes! –gritó el dios expandiendo su cosmos, todos los santos pudieron sentir la temible aura de muerte que lo rodeaba. – ¡Se atreven a herirme! ¡Soy el dios que decide sobre la vida y la muerte! ¡Ustedes no tiene oportunidad contra mí!
De las manos del dios comenzaron a surgir esferas de energía que se esparcieron por todo el lugar. Los caballeros comenzaron a correr en todas direcciones buscando evitarlas, pero a cada segundo que pasaba el número de esferas se incrementaba.
-Esto no está funcionando –grita Shura. – Debemos pensar en algo.
Contra toda esperanza de evitar las mortales esferas, Shaka se colocó en posición de loto y comenzó a expandir su cosmos a niveles insospechados, sus azules ojos brillaban con una intensidad casi divina al mismo tiempo que su cuerpo comenzaba a levitar levemente.
El poderoso cosmos del hombre más cercano a dios no pasó desapercibido para el resto de los santos, quienes aun sin entender su estrategia, se colocaron rápidamente a su alrededor para protegerlo.
No por nada eran hermanos de batalla.
-¡Kan! –dice Shaka invocando su técnica, la cual crea una cúpula protectora que bloquea las mortales esferas del dios. La tensión que le provoca detener el ataque de Thanatos se hace evidente en su rostro, un hilillo de sangre comienza a surgir de su nariz al tiempo que la cúpula comienza a quebrarse.
-¡Om!- gritó Shaka y su cosmos se elevó aun más, la barrera que cubría a la orden dorada brilló como el Sol en el firmamento y las esferas de muerte fueron disparadas de regreso al dios que las había forjado. La explosión resultante fue, si es que es posible, aun más grande que la provocada por la técnica de Deathmask.
-Deja de estar jugando, hermano – apresura Hypnos. –Termina con ellos de una vez.
Thanatos observó a sus contrincantes, el odio visible en su mirada. De improviso, el dios desaparece para aparecer instantes después en donde los santos se encuentran congregados. Su puño cargado de cosmos se estrella en el vientre de Camus, destruyendo una buena parte de su armadura. Deathmask intenta contraatacar, pero su golpe es desviado de una patada.
-¡Excalibur! –grita Shura pero su estoque es detenido por el dios, quien desvía la legendaria espada con el dorso de sus manos. Colocando su mano en forma de espada, Thanatos la sumerge en el pecho de Shura quien comienza a gritar de dolor. Antes de que el resto de los caballeros puedan reaccionar, Thanatos ha apresado el rostro de Shaka con su gigantesca mano libre.
Ambos caballeros intentan zafarse desesperadamente mientras sienten que su cosmos, su vida misma está siendo absorbida por el dios. El resto de los caballeros no pueden hacer nada ya que cada que intentan algo el dios utiliza a Shura y Shaka como escudos.
Los cuerpos de los protegidos de Virgo y Capricornio comienzan a demacrarse hasta los huesos, el aire se convertía en fuego en sus pulmones, sus cosmos incapaces de librarlos del mortal abrazo.
-¡Excalibur! –grita Shura provocando una severa herida en diagonal que va del rostro al torso del dios.
-¡Ten Bu Hou Rin! –el cosmos de Shaka se expande en torno al dios que inmediatamente pierde el sentido de la vista, pero antes de que Shaka pueda arrebatarle otro de sus sentidos, él y Shura ya han sido completamente consumidos por el devorador de vida.
Thanatos se tambalea hacia atrás, por el dolor que le provocan las heridas infringidas. Inmisericordemente arroja los cuerpos ahora inertes de los santos caídos a la vez que puede sentir -sus ojos incapacitados para seguir viendo- la sangre que mana de sus heridas.
-¡Cómo se atreven a hacerle esto a un dios! –grita completamente enfurecido por la ira y el dolor. Jamás en su milenaria exitencia había sido herido, y ahora estos miserables mortales lo habían marcado para siempre.
-¡Basta! –suplica Athena tomando su báculo, comienza a descender las escaleras de piedra para dirigirse al campo de batalla cuando un movimiento a sus espaldas la hace volverse de improviso.
Es demasiado tarde, Athena no pudo hacer nada para defenderse del ataque del señor de los muertos, quien había utilizado su espada para atravesar el corazón de la diosa cuando esta se encontraba desprevenida.
-Shun... –murmura la de los ojos de lechuza antes de rodar escaleras abajo. Sabía bien que no quedaba nada del alguna vez caballero de Andrómeda en el cuerpo que le arrebatara la vida, pero eso no hacia menos doloroso el saberse asesinada por aquél que considerase su amigo.
-El Gran Eclipse no ocurrirá, Athena –exclama Hades con satisfacción al ver el cadáver de su sobrina en el piso – a cambio he tomado tu vida como habíamos pactado.
"¡Athena!" gritaron unos "¡Maldito!" acusaron otros, pero todos vertían lágrimas de sus ojos. La reacción no se hizo esperar, sus dorados cosmos comenzaron a brillar como las estrellas de las que toman sus nombres, pero antes de que pudieran atacar al traicionero dios, Thanatos se había interpuesto nuevamente en su camino.
Algo había cambiado en el dios gemelo. Su cosmos, ahora más tétrico y violento, oscilaba de manera caótica a su alrededor, mientras la sangre seguía manando de su cuerpo. Los caballeros comenzaron a atacar al dios, pero este ya no hacia caso al dolor de su cuerpo. Se arrojó completamente enloquecido contra ellos recibiendo sus técnicas, que desgarraban su armadura y su piel. Nada de eso importaba, ¡quería venganza!
Rosales enteros surgieron del piso, enroscando sus tallos en los pies del dios. Enterrando sus envenenadas espinas, se retorcían a su alrededor haciendo brotar su sangre, pero la furia del dios era tal que haciendo caso omiso del dolor las arrancó del suelo con su paso.
Un muro de hielo, eterno como el cristal se irguió ante a él, pero el dios arremetió enfurecido, casi destruyendo su propio cuerpo en el proceso. Los fragmentos volaron como proyectiles hacia los santos dorados que apenas y pudieron defenderse.
Thanatos se abalanzó contra Deathmask, lo tiró al piso y ahí comenzó a golpearlo repetidamente mientras que el resto de los caballeros lo atacaban en un intento por separarlo del santo de cáncer.
Todo fue inútil.
El dios se levantó sólo cuando la vida del caballero le había abandonado.
Nunca antes había parecido más un dios de la muerte. Su armadura completamente destrozada, su cuerpo denotaba profundas heridas y moretones, la sangre no dejaba de manar de sus heridas. Era imposible pensar que alguien pudiera seguir respirando en tan lamentable estado.
Nuevamente se abalanzó en busca de la presa más cercana, pero un halo luminoso se clavó en su pecho antes de que pudiera alcanzar a Saga. Una de las flechas de Sagitario había atravesado su corazón.
Thanatos miró incrédulo la flecha que ahora surgía de su pecho. Intentó amenazar nuevamente a los santos, pero una bocanada de sangre fue lo único que brotó de sus labios. No obstante comenzó a reunir su cosmoenergía una vez más.
-¡Atomic Thunder Attack! –Aiolos dirigió su técnica hacia la flecha que sobresalía del pecho del dios. Esta funcionó como pararrayos dirigiendo el temible ken al interior de su cuerpo. El grito de muerte de Thanatos fue tan desgarrador como las miles de vidas que había arrebatado.
Los santos restantes estaban a punto de comenzar a celebrar cuando el cuerpo de Aldebarán cayó pesadamente sobre el piso.
-Eternal Drowsiness –murmuró Hypnos mientras caminaba hacia ellos con parsimoniosa elegancia. –¿Cómo pudiste dejarte vencer por semejante basura, hermano? –espetó con desprecio al cuerpo ya sin vida de su gemelo.
-¿Qué le has hecho a Aldebarán? –exigió saber Saga.
-Sólo lo he sumido en un pacífico sueño, un sueño del que nunca despertará.
-¡Maldito! –gritó Saga atacando. El resto le siguió, pero Hypnos sólo tuvo que levantar sus brazos para que todos fueran despedidos hacia el techo, contra el que chocaron aparatosamente. Saga, Aiolos y Camus caen creando profundos cráteres en el piso, pero Aphrodite desciende lentamente, sostenido por una brisa rojiza de dulce aroma.
-¡Piranha Rose! –las poderosas rosas negras que todo lo destruyen se precipitan contra Hypnos, pero este las rechaza con su cosmos. Las rosas son esparcidas, pero en vez de caer en el piso buscan prenderse del cuerpo de Hypnos, donde comienzan a expandirse, sus tallos esparciéndose rápidamente, enroscándose en el cuerpo del dios del sueño.
-Tus inútiles rosas no podrán contra mí –amenaza Hypnos aunque cada vez le es más difícil mover su cuerpo. Su cosmos vuelve a encenderse y las rosas, hasta hace unos momentos completamente abiertas comienzan a cerrar sus capullos, como si entraran en un agradable sueño; pero antes de que pueda terminar de hacerlo, una mortífera lluvia de rosas blancas bombardea su cuerpo.
Las rosas se han arraigado no sólo en su corazón, sino en todo su cuerpo. Hypnos puede sentir como sus tallos se adentran atravesando músculo y piel, echando raíces, buscando extraer hasta la última gota de su sangre.
Un silbido corta el aire y la flecha de Aiolos se dirige inclemente hacia el pecho del inmovilizado dios. Un brillo aparece en sus ojos y la flecha gira en el aire antes de regresar de vuelta a quien la lanzó. La flecha se clava en el pecho de Aiollos quien se tambalea hacia atrás.
La presencia del dios se esparce por el lugar, el cosmos de Hypnos abarcándolo todo. Un cosmos tan pacífico y reconfortante, Aphrodite no puede evitar desear sucumbir ante ese sueño tan confortable, y conforme sus ojos se van cerrando, las ataduras que detienen al temible Hypnos en forma de rosas, se van aflojando, hasta que finalmente caen al piso, al igual que el santo de Piscis.
-¡Deténganse, santos de Athena! –exclama el señor del inframundo sin levantarse de su trono. Athena dio su vida para que ustedes y su asquerosa estirpe pueda seguir viviendo. En el nombre de la memoria de mi sobrina les ordeno que se marchen de mis dominios.
-¡No te atrevas a invocar la memoria de Athena! –contesta Aiolos furioso.
-¡Aurora Execution! –gritó Camus dirigiendo su ataque a Hypnos quien ya comenzaba su camino de regreso a los eliseos.
Hypnos se da la vuelta y detiene el ataque con sus manos, sin embargo el frío es demasiado intenso, más allá del cero absoluto, su armadura comienza a perder pedazos que estallan por el frío tan intenso.
-Que sea como ustedes quieran –les dice Hades a los caballeros que se niegan a dejar la batalla – Athena, intenté cumplir con mi palabra.
"Ugh" –piensa Hypnos al sentirse mareado, entendiendo que el veneno de las rosas de Aphrodite habían hecho mella en su voluntad divina. Esto fue suficiente para que el ataque de Camus le impactara con mayor fuerza.
-Aiolos, lo de hace 13 años… –comienza Saga.
-Olvídalo, tenemos una misión que cumplir.
-¿Confías en mi? –pregunta Saga, Aiolos le extiende una mano que este estrecha en señal de amistad. Aiolos intenta zafarse, pero Saga lo tiene fuertemente sujetado, mientras que con la otra mano le ha arrebatado su arco y su flecha.
-¡Another Dimension! –grita Saga a la vez que suelta a Aiolos, quien se ve absorbido por la distorsión dimensional.
Campo de Asfódelos, Meikai
Los campos de Asfódelos son las únicas tierras en todo el Meikai capaces de sostener la vida. En ningún otra parte de este mundo infernal pueden brotar las bellas flores que cubren el suelo e inundan el aire con su dulce aroma. En un mundo de muerte y desolación, este lugar se ha convertido en un oasis de belleza.
Hoy, por primera desde que el santo de plata, Orfeo, hiciera de este su hogar, la bella melodía de su lira no canta para confortar a su amada. En su lugar un llanto, triste y amargo, inunda la atmósfera.
Es el llanto de un caballero que no pudo estar ahí para proteger a su diosa, una diosa que jamás conoció, pero cuyo cálido cosmos irradiaba como un Sol en esas tierras sin esperanza.
-Debes ir –le concede dulcemente la mujer cuyo cuerpo esta convertido en piedra hasta los hombros. – Quizá aun haya algo que puedas hacer, quizá...
-¡No! –le interrumpió Orfeo secando sus lágrimas. – Prometí que me quedaría aquí contigo y que tocaría para ti por toda la eternidad.
-Orfeo, yo no…
Pero Orfeo no le permite terminar. El sonido de su lira comienza a fluir por el aire como sólo el más hábil intérprete podría lograrlo. Pero la melodía que surge el día de hoy, es diferente. Orfeo jamás le había dedicado a Eurídice una canción tan triste como esa.
Y es por que esa melodía no está dedicada a Eurídice. Se trata de un réquiem para Athena.
Giudecca, Hades
Hypnos ya presenta serias quemaduras por el intenso frío con el que es atacado. – ¡Basta! –Grita el dios del sueño y haciendo acopio de todas sus fuerzas, eleva nuevamente su cosmos concentrándolo en Camus. –¡Muere! – Grita nuevamente elevando sus manos y el poderoso cosmos impacta al santo de acuario, elevándolo por los cielos, destruyendo metal y carne por igual.
Una brecha dimensional se abre a las espaldas del dios del sueño y de ese hueco aparece Aiolos completamente sorprendido.
-¡Infinity Break (4)! –grita Aiolos comprendiendo de pronto la ventaja estratégica que Saga le ha dado. Hypnos se voltea rápidamente pero el devastador relámpago ha traspasado sus debilitadas defensas. Intenta oponer resistencia elevando su cosmos, pero de pronto un dolor punzante, atraviesa su pecho; el amargo sabor de la sangre llena su garganta.
Cuando Hypnos baja la mirada, puede ver la punta de una flecha dorada sobresalir de su pecho, cuando voltea puede ver a Saga con el arco de Sagitario en sus manos. Hypnos está atónito. Intenta avanzar, vuelve a concentrar su cosmos, pero Saga se arroja hacia él negándole la oportunidad de recuperarse de la impresión.
El Santo de géminis rodea con sus brazos a Hypnos y antes de que este pueda reaccionar eleva su cosmos. Hades mismo se sorprende por el nivel que este alcanza.
-¡Galactian Explosion! –grita Saga, mientras una explosión enceguecedora ilumina el lugar, paredes y techo del templo son completamente destruidos por la terrible explosión.
"Lo siento, Aiollos" alcanza a escuchar en su cosmos el santo de Sagitario, lo que reconoce como la despedida de su hermano de géminis.
Notas del Autor.
(1) Titan's Nova: Ataque usado por Rasgado, santo dorado de tauro en la guerra sagrada anterior, según Lost Canvas. Ya que los santos dorados de aquella época son similares físicamente a los actuales, además de usar las mismas técnicas (más algunas otras) y de que todo indica que los santos dorados actuales son las reencarnaciones de los planteados en esta saga, me he tomado la libertad de asignar esta técnica al santo de tauro actual. Se trata de una versión aún más poderosa del Great Horne, capaz de desgarrar la tierra y utilizarla en contra del enemigo (A mi me recuerda a uno de los summons de Final Fantasy IV, excelente juego, por cierto)
(2) Seikishiki Kendochourai. Este ataque fue creado por mi y utilizado por primera vez en mi historia titulada "La Historia de un Muchacho". "Seikishiki", al igual que el resto de los ataques de Deathmask, hace referencia al cúmulo de estrellas que habitan la galaxia contenida en cáncer. "Kendochourai" significa "volver al ataque con energías renovadas tras haber sufrido una derrota/resurgir de sus cenizas para poner manos a la obra con nuevos bríos". En realidad el ataque provoca a los muertos para regresar de su descanso y ayudarlo en sus ambiciones, de manera muy similar a la vez en que los moribundos atacaron a Deathmask en Yomotsu, durante la batalla de las doce casas.
(3) Otra técnica nacida del Lost Canvas. En la cual Deathmask convierte a las almas en pena en un explosivo altamente destructivo.
(4) "Infinity Break" es una técnica usada por Aiolos en el episodio G. En está técnica surgen de su puño centenares (o algo así, la verdad es que no las he contado) de flechas que se dirigen al enemigo desde todas direcciones
Mensaje para Shadir:
Si, lo que mencionas acerca de Shaina y los otros cambiandose al bando de Artemisa a mi tampoco me gustó, como bien mencionas tú, Jabu clamaba amar y seguir a Saori a todas partes pero a la primera oportunidad le dió la espalda, eso me pareció muy extraño.
A mi me gusta pensar que en realidad no traicionaron a Athena, sino que estaban esperando poder ayudar de alguna forma (muy similar a Saga en la película de Abel, que si bien no se rebeló abiertamente contra Abel, como Shura y Camus, espero a Seiya para poder ayudarlo a despertar su máximo cosmos). De hecho yo apoyo la teoría de que Shaina arrojó a Seiya al barranco a sabiendas de que ahí era donde se encontraba su armadura (después de todo, ¿qué otra cosa podría haber estado haciendo ahí)?
En fin, uno más de los misterios que jamás serán contestados de Overture.
Saludos y mcuhas gracias por leer!!
