Segundo:
Lo peor de todo…
Las últimas veces en las que le hizo caso a sus espejismos-sueños-visiones-lo-que-fueran, estuvieron siempre en lo correcto, ¿por qué empezar a dudar ahora? Sonaba bastante incoherente hasta para él mismo. No creer en un Dios milagroso pero sí en fantasmas del pasado y alucinaciones de mujeres que, por algún motivo equis, querían ser poseídas sexual o no sexualmente por él. Y lo último, para rematar, el hecho de que se le apareciera su mejor amigo (representado por su subconsciente) admitiendo culpa…
No su culpa, si no la culpa de Wilson.
«No hay razón para que Wilson sienta culpa. Bien, en realidad si la hay: si no hubiese estado trabajando en ese momento, él habría muerto en el…»
No podía terminar su propia teoría, ni siquiera la voz del pensamiento era capaz de decir «autobús». Salía a fluir la pequeña satisfacción de lo afortunado que era por el hecho de que fue Amber quien murió y no Wilson. Una vida sin él no existía, no podía ser hipotéticamente imaginada.
—Estoy mal porque siento culpa…
—¿De qué sientes culpa, Wilson? —preguntó a la oscuridad de su habitación.
Y esta vez, nadie le respondió.
—James… —llamó como si llamara a un niño pequeño—. ¿De qué sientes culpa? —Silencio.
Era consciente de que su mente no tenía todas las respuestas. Debería buscarlas él.
…
—¿No ha venido? —preguntó tratando de aparentar indiferencia.
—No, y al parecer piensa tomarse varios días. Si la semana próxima no regresa, iré a visitarlo.
Acomodaba sus papeles con tranquilidad. No llegaba a comprender si él era el único afectado o si le parecía que a los demás ya no les importaba la situación de "el momento después". Cosa explicable, todos son así.
—Espero que lo supere o pronto lo veremos hablándole a cualquier mujer con cara de perra despiadada.
—¿Podrías demostrar al menos que te hace sentir mal? Tal vez no sea así, pero tienes algo de culpa, no es justo que Wilson se sienta mal y a ti no se te mueva ni una pestaña —regañó, molesta.
—Nadie lo obliga a sentirse culpable. ¿Por qué tengo que hacerme responsab…? —Se detuvo, era lo mismo que había escuchado, sólo que esta vez, por boca de otro ser real. —¿Dijiste que él se siente culpable?
—Sí, se siente mal, con remordimiento. Cuando alguien muere y no es por muerte natural nos sentimos culpables.
—¿Por qué crees que se siente culpable, Cuddy?
—¡No se! Tal vez porque no debió haber permitido que ella fuera a buscarte a ti.
—¿Y otra opción? —insistió.
—No se me ocurre ninguna que te haga inocente, House. Dale el gusto a tu amigo, si es que para ti realmente fue tu amigo. Ve a verlo y habla con él. Estoy segura que se va a sentir un poco mejor.
Y sin nada más que decir, Cuddy se retiró de la oficina, dejándolo solo.
Meditaba qué era lo que le causaba culpa: ¿la muerte de Amber o la razón misteriosa? Sentía vergüenza de sí mismo por dudar tanto. Él no era así. ¿Qué le estaba sucediendo?
Se recostó en el suelo alfombrado, mirando el techo sin prestarle atención.
«¿De qué me quería olvidar cuándo me embriagué?»
—Querías que me fuera de tu cabeza… y de otro lugar más. Adivina cuál…
«Él es libre de andar con quien se le dé la gana, no le veo sentido que yo quiera olvidar eso.»
Tenía las cuatro horas en su cabeza como si las acabara de revivir, un vaso de whisky, dos, tres… le pidieron sus llaves y las entregó. No podría volver a casa caminando. Tenía derecho a una llamada, que suerte que se sabía el número de Wilson de memoria. Atendió una voz de mujer, la perra despiadada ya se había apropiado de su casa. Él no estaba, iría ella. Que se tomara una copa o no se iría, se molestó, cedió, genial. Tomar el autobús para ir a casa… estornudó, pastillas para la gripe, el choque, ella asustada, él con cierto pánico y perdido por el alcohol. No se había escapado ningún detalle, pero sin embargo algo no concordaba. ¿Qué era?
—Te veré más tarde.
Se estaban besando.
Y esta vez le molestó en serio. Porque parecía que esta vez, la relación daba para durar mucho, mucho tiempo. Demasiado, para su gusto.
Y no era justo.
«Maldita perra… —pero no se lo podía hacer saber, entonces, mejor olvidarse y calmarse un poco— noche de tragos solo…»
Si al fin y al cabo, estaba solo.
…
—No tienes porque venir a verme. Si no fui a trabajar es porque quizá era yo quien no quería verte a ti —dijo con malicia. House arqueó una ceja, apunto de reír por semejante estupidez.
—Yo voy a verte si se me da la gana. Ni siquiera eres real, eres yo mismo. Eres la parte de mí que no se atreve a ir a verlo. Dime por qué —exigió. Wilson miró el suelo indeciso.
—Tienes miedo, de qué si se entera de cómo te sientes deje de hablarte. —Lo miró a los ojos con seriedad. House correspondió a la mirada, ignorando el fuerte dolor de cabeza que lo invadía. —Es mejor convencerte de que soy yo quien no quiere verte, que a creer que eres tú quien no puede ir. Hazlo fácil: no vayamos.
—Si no voy, estaré hablando contigo por el resto de mi vida. Y no es una opción que me resulte muy atrayente —resolvió House—. En el hospital empiezan a dudar de mi cordura.
—¿Qué es lo que tienes pensado preguntarme?
Era confuso, el Wilson que había creado hablaba en forma de "nosotros" y de "yo" como si fuera el real. Eso le causó algo cercano a la ternura.
—La razón de su culpa. Si llega a ser por lo de Amber… Nos guardaremos lo que hay para siempre —suspiró rendido—, pero si es otra cosa, diré lo que tengo para decir. Y tú sabes qué es, tú eres yo, tonto.
—No quiero que la única persona que me importa si me lastima o no… lo haga.
Podía decir que estaba charlando con su lado humano. Y el verdadero Wilson era lo que lo complementaba, lo que lo hacía reaccionar, lo que le hacía notar que podía equivocarse, la motivación de la búsqueda de errores. También era objeto de burlas, pero su actitud de chiquillo necesitaba molestar a las personas importantes.
—¿Lastimar? Descuida, el dolor físico opacará al sentimental. No notaremos la diferencia. Pero ahora estamos perturbados y eso, no hay dolor que lo opaque.
—Tú eres el jefe, se hará lo que consideres indicado —dijo finalmente mientras House se ponía de pie, tomaba sus llaves y se iba. La imagen se desvaneció sonriendo levemente—. Nos deseo suerte.
Durante el periodo de la ausencia Wilson y ahora, había pasado por una serie de locas alucinaciones. Charlas consigo mismo a través de las formas de sus amigos y etcétera. Decidió que era momento de encarar las cosas porque realmente cabía la posibilidad de que sus únicos amigos fueran sus propias alucinaciones, cosa que no soportaría por lo patético que sonaba. Tenía que recuperar a Wilson.
Si la situación llegaba a dar pie para decirle que sus sentimientos llegaban a ser de amistad-y-algo-más, lo haría, si no, como había dicho antes, se lo guardaría y nunca más saldría a la superficie.
Le parecía bastante extraño que sintiera algo tan profundo hacía otro ser humano. Y más que lograra admitirlo. No le daba vergüenza, para nada, jamás le importó lo que los demás pensaran de él. Solamente le preocupaba el hecho de que la no-aceptación implicara esas estupideces adolescentes como la ley del hielo. Si bien él era niño en algunas cosas, no llegaba a semejantes extremos como para tolerarlo de parte de otros.
Había llegado, avanzó el recorrido clásico y tocó el timbre. Esperó y finalmente lo vio. Se notaba aún la tristeza en sus ojos. Era malditamente sensible y eso era una de las cosas que le gustaba: esa sensibilidad lo transformaban en vulnerable, exquisito.
—¿Qué haces aquí? —preguntó apagado.
—Generalmente, solíamos saludarnos de otra forma. —House se adelantó, pero Wilson no reaccionó. —¿No vas a dejarme pasar?
Sacudió la cabeza y abrió la puerta del todo, desganado. Se sentó, parecía agotado, como si no hubiera dormido en toda la vida.
—¿Qué sucede? ¿A qué has venido?
—A ver cómo te sientes, ¿es un crimen?
—No ando de humor —advirtió cabizbajo—. ¿A qué has venido?
—Lo dije en serio. No has ido a trabajar en semanas. Sé que estás cosas no se pasan rápido, creo… —Rodó los ojos, pícaro, pero no consiguió sonsacarle ninguna expresión de las de siempre. —No tienes que sentir culpa por lo que le pasó a ella.
Esa era la estrategia: insinuar directamente que su remordimiento era por causa de Amber. Si lo negaba, averiguaría el verdadero origen, si no… se iría lo antes posible. Confiaba en que sería lo primero.
—No tuviste nada que ver, en todo caso, yo tengo responsabilidad, Wilson.
—Yo debería de haber estado en casa, pero… —House vio caer un par de lágrimas y se sintió terriblemente incómodo. Mas no pensaba parar.
—Pero, ¿qué?
—Te parecerá una locura pero… —Sonrió, ocultando el rostro mientras simulaba secarse los ojos. —Estoy mal por Amber. Desearía haber estado yo en el bus contigo y no ella. Es lo que tenía que pasar. No pude hacer nada por ella, lo intenté todo. Me desesperé, te pedí que te sometieras a algo peligroso… y no tenías porqué.
House se sorprendió, esperaba otras razones, nunca eaquella. Wilson seguía sin descubrir el rostro, rió.
—Me siento culpable porque casi mueres… sólo para… cumplir un capricho, House.
—Ese capricho era importante para ti. —Miró hacia a otro lado. —Además… lo hice porque estabas destruido, no me gusta cuando estás así. Es horroroso, eres mejor quejándote de mí o regañándome por cosas en las que nunca te haré caso.
Wilson volvió a sonreír descubriéndose pero mirando hacia abajo.
—Siento culpa… porque… Amber no me importaba tanto como tú creías. No podía volver a trabajar después de lo que te pedí. Si ni siquiera pude salvarla.
—¿Querías salvarla porque te sentías endeudado conmigo?
—Cuando pensé bien lo del accidente… —titubeó llorando— me dije: «es terrible, pero lo mejor de todo… lo mejor de todo…» y es que en un tipo de accidente así, no existe un "mejor de todo". Sin embargo no podía controlar lo que pensaba y no podía dejar de estar agradecido porque… lo mejor de todo… es que tú estás sano y salvo. ¡Qué estupidez! ¿Verdad?
—Te diré lo que es estúpido. Negar lo que crees o sientes. Tú no eres así… —Se puso de pie y lo golpeó sin haberlo pensado siquiera. —¿Qué demonios te carcome la cabeza?
—¡Ya te lo dije! Amber ha muerto. Si tuviera que elegir una y mil veces, prefiero perderla a ella que a ti. Lo peor de todo es cuánto llegaste a hacer para averiguar qué tenía —gritó.
—¿Y no te molestó la idea de creer que anduvimos juntos esa noche? ¿De qué quizá podríamos haber follado y tú ni enterado?
Eso no lo tenía planeado. Le costaba entender que estuviera aliviado por su bien estar, creía que lo odiaba más que a nadie en el mundo y resultaba todo lo contrario. Y eso lo hacía rabiar, no sabía por qué.
—Si hubiera sido así. No me duele la idea de pensar que tuviste algo con Amber… si no de que lo tienes con cualquier otra persona.
—¿Me atrevo a decir que son celos, Wilson? —Nada encajaba. Nada.
Wilson se dejó caer lentamente sobre el sofá.
—¡Hay algo en ti que me fascina y me está volviendo loco! —exclamó desesperado. Como si estuviera maldito y no tuviera solución alguna. House se dio una vaga idea de que sentir algo fuerte por alguien como él no debía ser muy grato, porque no tenía cara o actitud de asegurar una "felicidad". Lo más complicado es que esa locura comprometió a Amber, a quien ahora parecía no amar tanto como imaginaba—. ¡No quiero, House, no quiero que nada de ti me fascine! No quiero sentir algo así de profundo… no quiero sentirme aliviado por la muerte de Amber… —Negó con la cabeza, desconcertado.
House solamente se limitó a apoyar su mano sobre los cabellos castaños, haciendo un intento de caricias quizás.
—Shhh... —susurró.— Lo peor de todo es que no estás solo, Wilson…—dijo en voz baja—. Yo siempre quise… que pensaras de esa forma…
Notas finales: agradezco mucho sus comentarios, gracias por leer hasta final.
Saludo gigante.
