Si, esta vez lo traje dos días despues de mi actualización :D!!! el siguiente tal vez sea para la proxima semana, tengo que concentrarme en actualizarlos todos =w=...En fin.
Espero que lo disfruten tambien este ^^!!
WARING: Este capítulo continene escenas lemmon. Si le disgusta, pare cuando comienze la zona 'OoOoOoOoO'
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Capítulo 2: Unbelievable
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Una suave y amplia sonrisa se asomaba por entre sus labios mientras se paseaba por la inmensidad del bosque, caminando en dirección hacia donde el sol comenzaba a presentar sus primeros indicios de vida en aquella nueva mañana.
Deslizando los dedos por sus cabellos anaranjados, los peinó con ligereza, para acomodarse posteriormente el traje de cuero negro que vestía sobre su prodigiosa y delicada figura. Su cola felpuda, de combinación con sus cabellos, se meneaba al compás de sus caderas al caminar; mostrándose satisfecha y alegre de haber traído consigo a ser tan especial.
-N-Nami-san…-la dulce, tímida y melodiosa voz detrás suyo captó su atención, parando sus orejas en señal de alerta y volviéndose a ver a su cercana y preciosa amiga, quien se mostraba indecisa y confusa, por alguna razón en especial-¿estás segura de que será correcto ir a su casa a estas horas del día? Digo…es que…bueno, muchos son seres nocturnos y la luz les afecta, así que pensé que tal vez…que tal vez es mejor que volvamos más tarde.
-Tranquila, Vivi-animó la felina mientras se volvía a la chica que compartía su naturaleza, tomándole de la mano y captando su atención lo suficiente como para que distrajera su vista del suelo y la centrara en las orbes de la mayor-Si te sirve de consuelo, Sanji no está en casa, por lo que a ese tonto no se le ocurrirá salir precipitadamente de su cuarto para saludarte aunque perciba tu aroma; y Franky y Robin están en su habitación; además, las cortinas, que poseen un considerable grosor, están cerradas; no hay manera de que algún rayo de sol lastime a nuestros vampiros. Además, todos los demás somos seres que podemos vivir en un ambiente tanto diurno como nocturno.
Esto alentó a la minina menor, quien asintió sin mayores protestas y se dejó guiar por la mano que le jalaba. Vivi era una bella y joven doncella. De piel pálida como la de un vampiro, poseedora de una larga cabellera celeste que rozaba con facilidad sus glúteos; atractivas orejitas y cola que combinaban con el tono de sus cabellos; envidiables ojos marrones que se tornaban dorados al contraerse, labios rojos, jugosos y suaves, de remarcadas pero finas curvas, una envidia para demasiadas mujeres, considerada como la más hermosa…claro, después de la famosa Nami.
Ambas eran grandes y muy unidas amigas desde hacía años, pero para una princesa de su linaje como lo era Vivi, le prohibían el contacto con personas de otras manadas, más si se trataban de gatas callejeras como la pelirroja.
No fue sino hasta la aparición del cachorro de lobo, Luffy, que su mundo se expandió. No solo creó amistad con Nami, sino que también con una serie de especies con las que jamás creyó congeniar…claro, se había vuelto algo rebelde, puesto que no podía tratar con ellos sino escapaba de su palacio; pero valía la pena, les tenía un profundo cariño, en especial a la persona que tomaba de su muñeca en esos precisos instantes.
-Nami-san…-comenzó la chica, pero sus palabras fueron detenidas por un par de dedos que se posaron sobre sus labios precipitadamente.
-Tenemos demasiado tiempo de conocernos, Vivi. Llámame solamente Nami-corrigió la pelirroja, sonriéndole con mimo, a lo que la gatita asintió obediente y contenta; aunque apenada-¿Qué es lo que ocurre?
-¿Crees…que los chicos se alegren de verme para la celebración de Halloween de ésta noche?
-¡Por supuesto!-afirmó sin titubeos, dándole ánimos a la peli azul-todos te hemos extrañado bastante; se que se regocijarán de que pases un Halloween con nosotros, más porque es el primero al que asistes.
Esto, más una sonrisa de la felina, fueron suficientes para alentar a la menor en su encrucijada. Se sonrieron mutuamente, apretando la mano de la otra para continuar con su camino. La mansión se levantaba justo delante de sus ojos, pero lo que les extrañaba es que de ella salieran tres de los miembros de la manada.
Extrañadas, apresuraron el paso, haciendo que tanto el narizón hechicero como el pequeño reno parlante y el esqueleto con Afro se volvieran hacia ellas, soltando un alarido de sorpresa que las obligó a detener sus pasos, siendo embestidas por un ataque de abrazos por parte de los demás.
-¡Nami! ¡Ya regresaste!-exclamó Usopp después de que se separara de ellas-¡Qué sorpresa que hayas traído a Vivi-chan contigo!
-Es un gusto para mí el verlos también a ustedes, Usopp-kun, Chopper-kun, Brook-san-saludó propiamente la minina, con la alegría reflejada en sus facciones.
-¡NO! ¡Lo es para nosotros Vivi!-Chopper le había jalado de las ropas para que la joven le pusiera atención, haciéndole agrandar su sonrisa. Pero lo que le extrañó es ver al esqueleto estático, volviéndose a verle con preocupación.
-Brook-san… ¿Le sucede algo?
-Vivi-chan-empezó solemnemente el más alto del grupo, dando un paso hacia delante, adaptando una pose de caballero-¿Me dejas ver tus pant-?-eso fue suficiente para que saliera volando por los aires con cuatro marcas de garras gravadas en su cráneo, causando que los otros dos gritaran y corrieran horrorizados por la mirada intimidante de Nami, quien se había antepuesto a una muy roja Vivi.
-¿Cuántas veces tengo qué decirte que no, Brook?-reprendió, pese a que no fuese a ella a quien le habían formulado la pregunta.
-¡YOHOHOHO~¡ Gomen, Gomen; perdí la cabeza-se excusó mientras desprendía su cabeza de su cuello, asustando, extrañamente a los otros dos mientras seguía riendo, sacando un suspiro resignado de Nami y unas pequeñas risitas de los labios de Vivi.
-Ah…desde temprano y ya con todo esto…de todas maneras, ¿Qué es lo que hacen fuera a estas horas del día? acaba de amanecer. ¿No se supone que deberían estar durmiendo?
-Es porque ayer fue luna llena-explicó el renito, recobrando la compostura-íbamos a buscar a Zoro, ya que no sabemos qué tan lejos pudo haber llegado esta vez.
-Es cierto…-secundó la peli azul, rozando su mentón con un dedo-Zoro-san y Luffy-kun recuperaron su verdadera forma ayer, ¿cierto…? Pero ¿Por qué sólo van por Zoro-san?
-Luffy está en una cita-interrumpió la pelirroja sin darle mayor importancia-con suerte lo veremos esta noche. Si es así, lo mejor será que les ayudemos, si Zoro se levanta de mal humor, lo más probable es que no puedan o quieran enfrentarse a él.
-¡GRACIAS NAMI!-exclamaron los tres al unísono mientras se abrazaban a las piernas de la mujer gato; ésta no hacía más que sacudirse y reprenderlos para sacárselos de encima; mientras que la menor reía, agradeciendo que desde temprano, la diversión comenzara.
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Un gruñido provino de entre sus labios mientras se retorcía entre las sábanas de la cama, largando un perezoso y sonoro bostezo a la par que se espabilaba por completo, intentando abrir sus ojos para reconocer el sitio en el cual estaba. Aunque ciertamente se sintió extraño; comúnmente, durante su etapa completamente convertida, jamás terminaba dentro de un edificio, mucho menor todo acurrucado y cómodo…era obvio que no resultaba ser una cueva de las montañas pero…¿Entonces?
'¿Mi habitación?'-cuestionó para sus adentros, apretando los ojos y parpadeando mientras se acostumbraba a la oscuridad del cuarto. Pero no…no le resultaba conocido. Había un enorme y elegante candelabro sobre su cabeza, con tapices tan caros que era fácil reconocer su costo con echarles un pequeño vistazo.
Al ladear la cabeza a su izquierda, encontró más cosas antiguas, refinadas y caras dispersas ordenadamente por el enorme espacio, junto con sus ropas desgarradas y hechas gi…Un momento…¡¿A quién le pertenecían el otro par de cosas que estaban distribuidas por el suelo, junto a las suyas?! ¡¡Y no parecían precisamente las de una dama!!
Intentó colocarse de pie, pero un dolor punzante le caló desde la parte baja de su espalda hasta cualquier nervio o pelo en la parte más recóndita de su figura. Eso definitivamente no le daba un buen augurio, jamás le había dolido esa sección y no había razón o manera por la cual lo hiciera en esos momentos. ¿Por qué no recordaba nada…? ¿Qué fue todo aquello que no podía traer de vuelta a su memoria?
En un esfuerzo por pararse de la cama, apoyó su mano sobre algo suave y frío, que se contrarrestaba a la textura de sus ásperas y cálidas manos, al igual que a las finas mantas de seda que cubrían lo que restaba de su desnudez. Paró sus orejas alerta, girándose sin miramientos hacia donde provenía aquella sensación, abriendo los ojos ampliamente por la sorpresa y retrocediendo al punto de caer de la cama, pero aun con el sonido del impacto, aquella persona no despertó.
Pero…no era tan sólo una persona: ¡Era un hombre! Y encima, ¡estaba completamente impregnado del aroma dulce y empalagoso de un vampiro!
Pero con ello no acabaron sus sorpresas…
Al haberse desplomado en el piso, jaló consigo aquellas mantas, sólo para descubrir que ese hombre atractivo, de piel marmolea, blanca, fría y cabellos negros estaba igualmente desnudo, con gotitas de un líquido transparente derramadas no muy lejos, mismas que se acumulaban en su vientre y…y…
Tragó duro, con el rostro rojo y el corazón palpitándole mucho más veloz que en cualquier otra situación ocurrida en su vida. Se inclinó lo suficiente como para que su cabeza quedara entre sus piernas, viendo como el mismo líquido que permanecía en su vientre y en la cama estaba seco y pegado en sus muslos, en cantidades muchos mayores…Eso no le gustaba. Definitivamente era algo que no debió haber pasado, que no recordaba…
-¿C-Cómo…?-murmuró, retrocediendo un par de pasos, sin despegar sus ojos, nuevamente oscuros como la noche, del cuerpo que reposaba cómodamente sobre su lecho-¿Cómo es que llegué a terminar aquí…? ¿Cómo fue que todo…?
Las palabras murieron en su garganta cuando una serie de imágenes pasaron por sus ojos tan rápidas como la luz. Todo en él se coloreó de rojo al haberlo traído a su cabeza…no podía creerlo. Sería más fácil de digerir si estuviese seguro de que fue obligado por ese hombre pero…pero en sus recuerdos, no parecía estar en contra de ello; más bien había actuado como un manso gatito, a pesar de que fuese su fase de lobo completo la que se adueñó de su cuerpo y mente.
Sin más, tomó sus prendas presuroso y salió de la habitación sin importarle que el ruido llegase a despertar a su acompañante o a los que vivieran en esa enorme casa. Salió de aquella casa, desnudo, sin nada más en su cabeza que lo que había hecho anoche…por más que intentaba sacarlas, insistían en quedarse; pero…¿en realidad estaba seguro que quería alejarlas…?
-¡¿CÓMO PUDO HABERME GUSTADO QUE UN HOMBRE ME HICIERA ESO?!-exclamó a todo pulmón, corriendo por entre la maleza, con la ropa entre las manos y reluciendo tan sólo sus caninas orejas de la cabeza. Todos los demás indicios de su transformación habían quedado atrás junto con la noche de luna llena.
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-¿Hn…?-era extraño que se escuchara un escándalo por la mansión a esas horas de la mañana. Sabía que Juraquile no era el causante de los mismos pero, ¿entonces?
-¿Qué ocurre, Shanks…?-la voz somnolienta de Luffy captó toda la atención del vampiro pelirrojo, el cual sonrió mientras le acariciaba la cabeza constantemente, haciendo un intento porque el chico regresara a dormir a su regazo, lo cual funcionaba efectiva y fácilmente-Ah…-bostezó, acunándose nuevamente en el regazo fresco de su amante.
-No es nada, Luffy-murmuró a su oído, recibiendo como respuesta una sonrisa complacida del chico, quien se rendía al sueño, tomando entre sus manos el collar de oro blanco grueso que le había obsequiado el vástago por la ocasión, pendiendo del mismo, un curioso dije hecho de zafiro; durmiéndose en segundos.
Shanks rió por lo bajo al ver lo fácil que era hacer feliz a Luffy. El menor no tenía gustos demasiado rebuscados o quisquillosos, siempre le había dicho que mientras fuese él quien se lo obsequiara, lo haría feliz. Pero esa baratija no era su verdadero obsequio, ese se lo daría una vez que la oscuridad haya caído de nuevo y los envolviese con su manto.
No pasaría de ese día. Estaba seguro.
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-¡UF! Parece que esto nos va a llevar más tiempo de lo que teníamos planeado-el hechicero alzó en su mano un pañuelo, retirando cualquier rastro de fluidos corporales de su frente ante el cansancio que la tarea le acarreaba. Llevaban más de tres horas buscando al lucano mayor, pero no había rastros de su paradero. Los únicos indicios hallados fueron unos cuantos desastres, pero parecían haber sido ocasionados a comienzos de la noche-¿Creen que será mejor esperar a que él vuelva a casa? Digo, Zoro no es ningún niño.
-Sí, pero conociéndolo, no despertará por sí mismo hasta dentro de uno o dos días-intervino Chopper, retirando su sombrero rosado de su cabeza, buscando abanicarse con él para airearse un poco. A pesar de ser otoño, aquella mañana resultó ser demasiado calurosa-No habría problema que fuera otro día, pero…
-Hoy es noche de brujas-a completó Brook, investigando detrás de otro arbusto, estando no muy lejos de él la pequeña Vivi-Y encima, Vivi-chan ha venido a visitarnos a todos. El que Zoro-kun no esté la pondría a ella muy triste, ¿no creen? Y aunque a Zoro le falte caballerosidad, es de los hombres que no le gusta hacer sentir mal a una mujer que él aprecia.
A pesar de que su figura no lo mostrara, el esqueleto sonrió antes de lanzar su típica y graciosa carcajada, siendo secundado por los demás, que recuperaron la compostura para continuar con la búsqueda.
Silenciosamente, la peli azul los miró agradecida, ayudándolos en su tarea hasta caer en cuenta de lo estática que estaba la pelirroja.
-¿Ocurre algo?, ¿Nami?-Vivi se acercó a la felina, de cuyos ojos contraídos y orejas en alto daban indicios de que se mantenía alerta, sin apartar su mirada del frente, en un punto específico, por donde grandes estruendos comenzaban a hacer mella en el ambiente-¡¿Qué es eso?!
-¡Usopp, Chopper, Brook!-exclamó, a lo que los tres se volvieron a ella, poniéndose alertas ante su reacción física-allí viene…Vivi, apártate-
La joven asintió, obedeciendo sin rechistar, dejando que los cuatro se colocaran en una posición estratégica mientras que los árboles, a la distancia, estaban siendo partidos en miles de pedazos. No entendió hasta que el objetivo estuvo lo suficientemente cerca como para que su nariz pudiere captar el indiscutible aroma que despedían los hombres lobo.
Pero… ¿no había quedado atrás el momento de locura del lucano la noche anterior?
Como ráfaga de viento, una figura se aproximaba hacia donde todos ellos que, al pasar a su costado, comenzó a ser frenada, primeramente, por una figura semi humana y peluda de nariz azul; para secundarle, estaba Brook, quien había ocupado su común acompañante, el bastón, para cerrarle el paso a la diestra; en su izquierda, Usopp había ocupado su báculo con extraña construcción de resortera; y, en la reta guardia, las garras de Nami se habían anclado a la carne del alborotador lucano y espadachín.
A pesar de que sus fasos fueran cortados, seguía moviéndose inquieto, cual poseso, apretando los ojos e intentando lanzarles zarpazos. Pero, a pesar de ello, ninguno se alejó. Tal vez no era esa su actitud de siempre, pero varias veces, cuando lo recogían tras su noche salvaje, adoptaba comportamientos similares.
-¡Suéltenme!-dictaminó sin desear separar sus párpados, con las mejillas adoptando un color carmesí curioso, del que los que le detenían por el frente se dieron cuenta, poseía-Tú… ¡Maldita gata! ¡Diles que me suelten!-mas, en respuesta, las garras se enterraron más en su carne, haciéndole volverse hacia atrás con su vista alterada, encontrando la apacible figura de la pelirroja.
-Tranquilízate, Zoro-murmuró, entre un pedido y una orden, ocasionando que poco a poco los músculos del lobo se relajaran, dándole la oportunidad a los demás de dejarlo en libertad-¿Qué es lo que te ocurre, Idiota? Nunca te portas así antes de que nosotros lleguemos a patearte el trasero para levantarte-desencajando sus uñas y manos del torso moreno, cruzándose de brazos, dejando que algunos pequeños chorritos de sangre mancharan las ropas mal puestas de su portador-¿Pasó algo?
-No-la rápida y severa respuesta les hizo dudar, en especial a la suspicaz felina, que se había cruzado de brazos tras sacudir de sus manos la sangre del espadachín-No me pasa nada en lo absoluto. No tienes porque meterte en mis asuntos, Nami.
Aunque no para todos, al menos para ella quedaba en claro que algo estaba perturbando a Zoro…pero, ¿qué fue lo suficientemente impresionante o terrible como para que alguien como ese lobo se alterase a tales grados?
Tanto Vivi como Usopp, Chopper y Brook miraban intercalada y curiosamente a los que sostenían la conversación. Es cierto que Zoro se estaba comportando extraño, pero el por qué seguía siendo un misterio que solo podía ser descubierto entrando en la mente del dueño.
Las miradas de su 'manada' comenzaban a alterar más sus pobres nervios, si es que aún quedaban algunos en paz. Con una de sus amplias manos, abarcó su rostro, cubriéndolo de cualquier intento del resto por verle. Estaba rojo, por completo; con una mirada incrédula, avergonzada y rabiosa a la vez. Lo había recordado todo…todo lo que pasó esa noche, con el hombre al que se encontró a su lado cuando abrió los ojos.
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Comparada con la común frialdad de la habitación, grandes olas de calor la sumergían en aquellos instantes, gracias a las dos figuras tendidas sobre la cama, inmersas en un contacto apasionado y duradero. Los fornidos y desesperados brazos del moreno encerraban con posesión la perfecta figura del hombre sobre de él, rodeándole el cuello y tomando su nuca para jalarlo hacia abajo, a lo que el mayor tampoco parecía mostrar ni una pizca de oposición en ello.
Sus labios estaban humedecidos y carmesíes ante la intensidad y el tiempo de la actividad, las húmedas lenguas iban y venían dentro de la cavidad del otro, inmersos dentro de una guerra que ninguno deseaba perder, y de la que Mihawk acaparaba mayor terreno. Lamía con inusual deseo la mandíbula del lobo, repasaba sus largos y atractivos colmillos, parecidos a los propios durante la transformación ajena, tanteando su paladar, jugueteando con su lengua, provocando que el moreno sufriera de exquisitos espasmos debajo de su cuerpo.
Lentamente se apartó del lobo, quien jadeaba y jalaba aire desesperadamente, a causa de la durabilidad del contacto; en cambio, él no necesitaba respirar, por lo que su porte de elegancia y nata sensualidad seguía en pie.
Mientras que su acompañante alimentaba sus pulmones con grandes bocanadas de aire, él no perdía el tiempo. Su rostro se escondió en la curvatura de aquel exquisito y moreno cuello, consintiendo a besos la clavícula de donde anteriormente había sustraído algo de sangre. Besos, mordidas, lamida, una tras otra; moviendo sus amplias manos por el torso caliente y moreno, atraído ante la extensa cicatriz que atravesaba su pecho desde uno de sus hombros hasta el costado contrario.
Los suspiros y jadeos de Zoro era todo lo que lograba escucharse en el cuarto, además del rechinido de la cama ante todos sus movimientos. Las manos expertas del oji dorado se concentraban en memorizar cada línea de su cuerpo, delineando los músculos de sus pectorales, de sus brazos…
Pero lo que más pareció llamarle la atención en aquel extenso torso fueron los alzados y excitados pezones, que se ponían cada vez más y más duros cuando deslizaba sus dedos por ellos. Fue tanto su entretenimiento con ellos que desplazó sus labios hasta la misma sección, mordisqueándolos, asomando su lengua para probarlos, succionándolos como si de sangre se tratara; trayendo como consecuencia gemidos sonoros y constantes de la boca del lobo.
Tanta era la distracción de Zoro que no cayó en cuenta de donde estaban sus manos o que era lo que hacían hasta que sus pantalones, o lo que quedaba de ellos, fueron a parar fuera de su cuerpo, acumulado con el resto de las prendas de ambos, dispersas en el suelo. Su erección, palpitante y gruesa era frotada con tortuosa lentitud con la de su captor; podía sentir como es que ésta aparentaba ser más amplia que la suya…ignorando su parte consiente en donde terminaría por entrar.
Sus carnes fueron masturbadas al mismo ritmo y tiempo, por una sola de las manos amplias de Mihawk, mordisqueando la sensible oreja, tanteando con impaciencia el pequeño agujerito virgen hasta el momento.
Pese a que la esencia del lucano fuera esparcida entre los vientres de ambos poco después de haberle comenzado a masturbar, él seguía sin correrse…tenía la idea de que lo haría solo después de haber desvirginado aquel cuerpo, al menos, por la parte trasera.
Sin previo aviso le dio la vuelta, dejándole apoyado en sus cuatro extremidades, como al tipo de criatura en la que estaba convertido durante esa noche. Incapaz de saber su situación, dejando atrás su razón, el espadachín se inclinó hacia delante, dejando su trasero al vista y disposición del vampiro, quien le tomó de las caderas y dirigió su erección al pequeño orificio, penetrándolo sin previo aviso, lenta y cuidadosamente; aunque no por ello le fuese a restar el dolor que le causaba. El peli verde gruñó ante el dolor, apretando su cola a la pierna del oji dorado y bajando las orejas mientras hundía las garras en las tersas sábanas. En un comienzo, fue todo lo que su cuerpo lograba asimilar, pero cuando Mihawk comenzó a moverse, poco a poco su piel se expandió y se abría paso deseoso del invasor, inclusive ayudándole a hundirse más y más en sus entrañas…
Descontrolados por el goce, su pequeño y lento vals se fue transformando a una estruendosa y cambiante sinfonía, donde las embestidas iban y venían a ritmos inhumanos por momentos, y dulces o considerados en otros. Tras varias experimentaciones de posiciones, ambos terminaron desplomados entre las sábanas. Sucios, sudados y cansados, entrelazando sus dedos con el que estaba a su costado, permaneciendo abrazados para compartir la calidez y frialdad que les caracterizaba a cada uno, hasta convertir sus temperaturas en una 'humana'. A pesar de que todo había sido placer por placer, una conexión se había formado…una que no les permitiría quedarse conformes con una sola ocasión, o con la simple pertenencia del cuerpo del otro.
-Hacía tiempo que no hacía esto-una voz varonil y exquisitamente elegante penetró por sus oídos, haciéndole estremecer a pesar de que 'todo' había acabado-menos el escuchar el palpitar de alguien sin que deba de matarla.
El cuerpo de Zoro se acunó en los brazos del vampiro, cerrando sus ojos sin poder aguantar el sopor que se adueñaba de sus ojos, cómodo pese a que la figura que le tomaba fuera tan fría como una piedra. No quería pensar en nada, pero le fue imposible asimilar lo bien que cabía en esa 'cuna' hecha para él.
-¿Cómo te llamas?-la voz somnolienta alertó a Mihawk, quien hasta entonces no había logrado escuchar palabra alguna del lobo. Sonrió, sin saber la razón por la cual la hizo, preparándose para dormir, ante el próximo amanecer.
-Juraquile Mihawk, ¿y el tuyo?
-Zoro…Roro…-antes de terminar, quedó profundamente dormido, pero fue lo suficiente como para que el vampiro mostrase una de aquellas extrañas e inusuales sonrisas en sus labios, despejando sus cabellos del rostro moreno, mientras se daba cuenta de que la cabellera ajena regresaba a ser corta y su cola se perdía en alguna parte de su cuerpo.
-Entonces, descansa. Zoro…-No fue mucho después de aquel suave arrullo que él terminó rendido ante el sueño y el cansancio, no teniendo la intención de levantarse hasta que llegase de nuevo la noche. ¿Quién lo creería…? A pesar de ser un hombre lobo, la experiencia sexual que compartieron fue mucho más grata de lo que había experimentado con cientos de mujeres en el pasado.
Vaya ironía…
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Tan sólo recordarlo le estaba alterando. No tanto porque tuviese sexo con un vampiro; sino por haberlo disfrutado…y por pensar, en esos momentos de conciencia, que deseaba experimentar sus caricias una vez más…sin el efecto de su frenesí o de la mordida que seguía marcada en su cuello…
CONTINUARÁ….
