Capítulo 2: Noche de bodas
Harry y Draco marcharon de la fiesta tomando un trasladador con destino a su luna de miel, entre los vítores y parabienes de los invitados.
Al llegar al sitio que Harry había escogido para la luna de miel, Draco se impresionó.
Era una hermoso chalet de playa, frente al mar. El cielo plagado de estrellas, el chalet, la playa, todo parecía sacado de una postal.
- ¿Entramos?
Le preguntó Harry tendiéndole la mano. Deliberadamente Draco la ignoró y caminó a la par del moreno oji-verde. Harry sonrió por este gesto y lo pasó por alto.
Una vez dentro del chalet, Draco se dio cuenta de que era muy elegante, bonito y cómodo.
- ¿Nuestro equipaje?
Preguntó Draco volteándose hacia Harry.
- Ya está aquí. Fue enviado desde ayer y acomodado por los elfos.
Le dijo Harry, Draco asintió.
- ¿Dónde dormiré?
- Obviamente en la habitación.
Draco miró irritado al oji-verde por la bromita.
- ¿Dónde está mi habitación?
Preguntó Draco. Harry le señaló hacia arriba y Draco vio que había otro semi piso arriba, pero este era sólo la habitación, que no tenía puertas ni nada, se accedía a ella por las escaleras junto a la cocina.
Pero a Draco le extrañó algo.
- ¿Y tú dónde dormirás, Potter?
- ¿Dónde más, Draco? Pues contigo, querido.
- Ni en tus sueños.
Le soltó Draco. Harry lo miró estrechando los ojos peligrosamente.
- ¿Piensas incumplir tu parte del trato, Draco?
Draco pasó saliva, en la mirada de Harry había algo tan primitivo y peligroso que le erizó los cabellos de la nuca.
- No, claro que no, pero aún faltan siete días para la luna nueva, que es cuando los magos varones podemos quedar embarazados.
Le dijo Draco tratando de escucharse razonable. Harry sonrió de medio lado de forma muy Slytherin para el gusto de Draco.
- Pero Draco, nuestra relación no se trata sólo de concebir un hijo, creo que quedamos en que serías mi esposo y yo tu marido en todo el sentido de la palabra. Y eso incluye los deberes conyugales.
Draco, Slytherin como era al fin y al cabo, lo miró irritado.
- Mira Potter, ni sueñes que me acostaré contigo, ya suficiente tengo con que dentro de una semana tengamos que tener sexo.
Draco se sobresaltó, pues no sintió a Harry acercarse hasta que este ya lo tuvo agarrado del brazo.
- Suéltame animal.
Le ordenó Draco. Harry se lo echó al hombro como un saco de papas, para subir las escaleras.
- ¡Suéltame, troglodita, hombre de las cavernas!
Le gritó Draco gravemente herido en su orgullo.
- Con gusto te suelto.
Dijo Harry dejándolo caer sobre la cama.
- Eres un animal Potter.
Le insultó Draco, tratándose de parar de la cama, pero Harry se lo impidió, tomándolo de la barbilla, deteniéndolo sentado en la cama. Sus ojos se encontraron, esmeraldas contra plata fundida.
- Puede que sea un animal, Draco, pero vete acostumbrando porque este animal es tu marido, y eso es algo que no debes de olvidar.
Draco le sostuvo la mirada con desafío.
- No lo olvido, Potter, pero eso no te da derecho a comportarte conmigo como un bruto.
- Entonces entrégate a mí, cumpliendo tus deberes conyugales, y así será más fácil para ambos.
- El día que llueva para arriba y se suba para abajo.
Le prometió Draco con una mirada desafiante y decidida.
Harry empujó a Draco haciéndolo caer de espaldas contra la cama. Con una de sus manos sostuvo las dos de Draco contra la cama y sobre la cabeza de este, y con la otra le sostuvo la barbilla dándole un apasionado beso.
Un molesto Draco, nada dispuesto a colaborar, le mordió la lengua y lo siguiente que sintió fue una bofetada que le viró la cara a un lado.
- Ahora verás.
Le juró Harry subiéndose sobre él y echándole la cabeza a un lado para tener libre acceso a su cuello, lo tomó de la barbilla y empezó a lamer y mordisquearle el cuello, mientras debajo de él Draco se retorcía intentando escapar, dedicándole los más variados y diversos insultos, la mayoría recordándole a sus antepasados y no de forma muy agradable.
Harry era un experto amante al fin y al cabo, después de todo a sus treinta años ninguno de los dos era virgen, aunque el moreno era más experimentado que Draco, por lo cual mordió suave y sensualmente la unión entre el cuello y el hombro del rubio, arrancándole a este un involuntario gemido de placer.
- Te odio, maldito bastardo.
Le gritó Draco, dejando de pelear con él y, tomando entre sus manos la cabeza del pelinegro, lo besó con furia.
Harry le correspondió al beso, sin preocuparse de que el rubio lo fuera a morder otra vez, mientras recorría con sus manos el cuerpo de Draco. El cuerpo de Draco vibraba bajo sus manos, como un instrumento de música en las manos del mismo dios de la música, Apolo.
Draco no se quedó atrás en cuanto a caricias, sus manos recorrían la espalda del oji-verde arañándolo suavemente.
Harry bajó por el pecho del rubio, lamiendo, besando, chupando y mordiendo suavemente, hasta los pezones de este. Se detuvo un momento dándole especial atención a los sensibles botones, arrancándole gemidos de placer al rubio, luego siguió su camino bajando hasta el ombligo del rubio que se retorcía ahora presa del placer debajo de él.
Con sus manos separó los muslos de Draco, el cual no opuso resistencia alguna. Llevó sus dedos a la boca del rubio.
Draco, más acostumbrado a ser seme que uke (sólo había estado de uke una vez en su vida) tardó unos momentos en saber lo que Potter quería, y cuando se dio cuenta ya estaba lamiendo los dedos en su boca. Esos mismos dedos bajaron hasta su pequeño y apretado orificio.
Harry los introdujo suavemente, estirándolo y masajeándole la próstata, haciendo gritar de placer al rubio.
Harry subió hasta su boca, y ambos se fusionaron en un apasionado beso, cada uno tratando de llegar con su lengua a la tráquea del otro.
Los dedos de Harry siguieron torturando el interior de Draco, quien estaba al borde del orgasmo.
Cuando Harry sacó sus dedos del interior del rubio, este gimió frustrado y a punto estuvo de pegarle al oji-verde por sacar sus dedos de allí.
Pero rápidamente esos dedos fueron suplantados por el miembro grande y bien dotado del oji-verde, arrancándole al rubio un profundo gemido de satisfacción.
Se movieron al unísono, primero lentamente, luego más fuerte y rápido, hasta que se corrieron a la vez, Draco entre ambos, Harry en su interior.
Duraron unos segundos abrazados, fusionados, disfrutando del orgasmo. Luego Harry se dejo caer junto a Draco, ambos sudorosos, ambos con olor a sexo y saciados.
Ambos querían discutir nuevamente, pero estaban muy cansados y aletargados por los efectos del orgasmo, y sin más cayeron en los deliciosos brazos de Morfeo.
Continuará
