Capítulo 4: Atentado
Harry llegó avisado por Lucius sólo un minuto antes que los sanadores, que llegaron con rapidez, pues Lucius no se había atrevido a mover a Draco por miedo a hacerle daño a él o al feto.
- ¿Qué pasó?
Le preguntó Harry a Lucius, mientras se arrodillaba junto a Draco tomándole el pulso. Justo en esos momentos Draco gimió suavemente y abrió sus plateados ojos.
- ¿Qué...?
Comenzó a preguntar aturdido, tratando de incorporarse, el rubio menor. Pero Lucius y Harry lo aguantaron impidiéndoselo.
- No te muevas, tuviste un accidente y hasta que no sepamos tu estado estás en riesgo de perder al bebé.
Dijo Lucius sin ningún tacto pero con sinceridad.
- Y tú también te podrías hacer daño, quieto que a lo mejor tienes algo roto amor.
Le dijo Harry preocupado apartándole el cabello rubio platinado del rostro.
Y aunque las palabras de Lucius aterraron a Draco por su bebé, las palabras de Harry, incomprensible y estúpidamente, lo hicieron sentir mejor al entender que estaba preocupado por él.
Draco fue a decir algo pero justo en esos momentos llegaron los parasanadores (N/A: Paramédicos para los muggles).
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Draco miró con fastidio y con hastío tanto a su padre como a su marido.
- Ya basta, quiero salir de este lugar - Se quejó con un encantador puchero - Yo estoy bien y el bebé también, y sólo tengo un maldito chichón en la cabeza y un moretón en el antebrazo - añadió el rubio tratando de levantarse.
Pero Lucius Malfoy y Harry Potter juntos no eran un equipo difícil de vencer, eran un equipo imposible de vencer.
- No vas a ningún lado, Draco Lucius Malfoy.
Le advirtió Lucius con una mirada que daba a entender que aunque lo tuviera que atar a la cama definitivamente, Draco no iba a abandonar esa noche el hospital.
- Ron y los demás sanadores dijeron que no te podían dar el alta hasta que Blaise, que es quien atiende tu embarazo, dé el visto bueno.
Trató de hacerlo razonar Harry.
Draco se cruzó de brazos enfurruñado, pero sabiendo que estaba vencido se rindió con elegancia, o sea, con una mirada fulminante arropándose hasta el cuello, mientras Harry y Lucius intercambiaban una mirada de triunfo haciendo a Draco bufar.
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- Ya, tranquilo, anda a beberte algo a la cafetería - Le sonrió Ronald Weasley, el pelirrojo de ojos azules que era su mejor amigo. Ron era sanador general y a insistencia de Harry había revisado a Draco, dándole algo para que descansara tranquilamente sin afectar al bebé - cuando el sanador Zabini venga mañana temprano, lo revisará y se podrá ir a casa, ya le avisaron - Le informó Ron divertido por la actitud de gallina clueca de su mejor amigo.
Al final Harry asintió, y como Draco no iba a despertar esa noche, decidió acompañar a Ron a la cafetería. Ya hacía un rato que Lucius también se había retirado. Así que dejaron el paciente en paz y marcharon.
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En cuanto recibió el mensaje, Blaise decidió que no esperaría hasta el otro día, así que saliendo de la cama se vistió y partió a San Mungo.
Se presentó en recepción, donde le indicaron la habitación de Draco Potter. Caminó por los pasillos hasta llegar a ella, llevó la mano a la perilla y con su innata elegancia, abrió la puerta en silencio. Pero lo que sus ojos vieron lo hicieron quedar en shock: un encapuchado de negro con un cuchillo plateado brillando por el reflejo de la luz, se acercaba a un inmóvil y dormido Draco.
Blaise no analizó, no pensó, sólo se lanzó sobre el extraño cuando este levantaba el cuchillo sobre el cuerpo de Draco.
Blaise y el extraño cayeron al suelo forcejeando por el arma, forcejeaban ambos con todas sus fuerzas, pero la hoja de la cuchilla apuntaba hacia el cuerpo de Blaise, por lo que el extraño se abalanzó sobre el cuerpo de este, provocando con el impulso que la hoja se enterrara en su hombro.
El moreno Slytherin gritó debido al dolor, y retrocedió un paso soltando el cuchillo, cosa que aprovechó el extraño para sacarle la cuchilla del hombro y clavársela en el estómago, fue entonces que Blaise entendió que el cuchillo estaba envenenado. Blaise cayó de rodillas al suelo, llevándose la mano al estómago, el cual sangraba abundantemente, cayó al suelo como un peso muerto.
Vio con impotencia cómo el extraño lo ignoraba y se volvía a acercar al cuerpo de Draco. El extraño levantó el cuchillo, Blaise hizo acopio de todas sus fuerzas y se abalanzó sobre los pies del extraño, que -sólo entonces se dio cuenta- era mujer.
Esta cayó al suelo y se abalanzó furiosa sobre él. La primera puñalada la sintió Blaise cerca del corazón, la segunda en las costillas, la tercera en un muslo, el cuchillo en aquellas crueles manos se levantó una cuarta vez y...
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Ron había terminado su turno, pero en vista de que no había podido convencer a Harry de que se fuera a descansar como Lucius, decidió acompañarlo de vuelta a la habitación de Draco, donde el moreno ojiverde se iba a quedar.
Platicaban mientras caminaban con calma. Llegaron a la puerta de la habitación de Draco, entraron descuidadamente pero la situación que los recibió nunca la hubiesen esperado.
Draco dormía, por la poción que le había dado Ron, ajeno a todo en su cama, mientras una encapuchada estaba sobre el cuerpo de un sanador apuñalándolo.
Harry y Ron reaccionaron a la vez.
- ¡Expeliarmus!
Exclamó Ron.
- Petrificus Totalus.
Exclamó Harry.
La encapuchada cayó tiesa como una tabla a un lado, y Harry y Ron se acercaron corriendo.
- Zabini - Exclamó Ron al reconocer al sanador experto en embarazos masculinos. Se inclinó sobre él y respiró tranquilo al ver que seguía vivo, aunque con varias puñaladas en su cuerpo.
Harry revisaba a Draco desesperado de que no tuviera ninguna herida.
Zabini abrió los ojos y miró al pelirrojo sobre él.
- Quería... matar a Draco - Jadeó, le costaba respirar y mucho más hablar - La cu--chilla estaba envenenada - Su voz se ahogaba.
Ron corrió a la puerta gritando por ayuda y aurores. Volvió donde Zabini, arrancándole la bata blanca y la camisa del mismo color que portaba.
- No hables más Zabini, resiste, la ayuda ya llega.
- Ya es tarde - Susurró Zabini.
- No, aún no es tarde. Nunca es tarde.
Gritó Ron desesperado, mientras la habitación se llenaba de sanadores y aurores.
Los aurores se llevaron a la encapuchada. Los sanadores subieron a Blaise a una camilla, luchando por su vida, para llevarlo a quirófano con Ron, quien a pesar de haber terminado su turno era el que estaba fungiendo de sanador jefe.
Dos sanadores quedaron en el cuarto de Draco, uno revisando que todo estuviera bien con Draco y otro atendiendo a Harry, a quien habían tenido que aturdir para que no matara a la encapuchada al oír las palabras de Blaise antes de tan siquiera saber quién era.
Continuará...
