Capítulo 5: La espera

Lucius volvió al hospital nada más recibir la noticia. Se las tuvo que arreglar para detener a Harry diciéndole que tenía que quedarse y cuidar de Draco, pues lo que el ojiverde quería era matar a la tipa que se había atrevido a atentar contra su esposo y su hijo.

Y Lucius sabía que esta vez no lo podría tomar por sorpresa y aturdirlo.

Gracias a Merlín, en ese momento Draco empezaba a despertar, por lo que Harry se abalanzó sobre él preocupado, abrazándolo con ansiedad y olvidándose de sus ideas homicidas, para alivio de todos.

Draco sonrió al sentir ese cálido abrazo, parpadeó un par de veces y miró a Harry confundido pero contento.

- ¿Qué pasa?

Preguntó extrañado al ver lo angustiado y a la vez aliviado que se veía su marido.

Harry miró a Lucius inseguro de contarle a Draco. Draco notó el intercambio de miradas.

- ¿Qué pasa?

Repitió el rubio preocupado.

- Si no le decimos será peor.

Dijo el rubio mayor a su yerno. Harry asintió. Justo en ese momento llegó Remus Lupin a la habitación.

- ¿Están bien? - Preguntó el licántropo preocupado - Vine en cuanto me enteré.

Harry asintió, tranquilizándolo.

- Estamos bien… Y gracias a Blaise, mi esposo y mi hijo están vivos.

Dijo Harry abatido.

- ¿A Blaise? ¿Qué pasó?

Preguntó Draco sin entender nada. Harry y Lucius se miraron y empezaron a dar las explicaciones.

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Nada había logrado hacer que Draco se volviera a dormir y cuando trataron de ponerle un tranquilizante para que se durmiera, había maldecido a la enfermera.

Así que, por el bien de todo el servicio médico, se habían abstenido de tratar de dormirlo. Y en lugar de eso, lo había dejado quedarse sentado en la cama.

Los cuatro ocupantes de la habitación permanecían preocupados. Remus y Lucius rogaban al cielo que Blaise lograra salvarse.

Draco permanecía refugiado en los brazos de Harry, tratando de no llorar; si Blaise se moría por su culpa, Draco no lo soportaría.

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Ya cerca del amanecer un extenuado y ojeroso Ron apareció en la habitación de Draco, donde estaban todos.

Su bata estaba llena de sangre y Ron se veía realmente cansado. Todos se abalanzaron sobre él acribillándolo a preguntas.

- ¿Y Blaise?

- ¿La libró?

- ¿Se murió?

- ¿Está vivo?

Y preguntas por el estilo. Ron sonrió débilmente.

- Está delicado, pero estable, se recuperará.

Dijo el extenuado mago que se sentó para no caer redondo al piso. Draco soltó un grito de júbilo, Harry sonrió. Remus agradeció al cielo, Lucius también sonrió aliviado.

- Creo que debes ir a descansar, comadreja.

Comentó Draco sin malicia, quien no podía ocultar lo agradecido que le estaba al mago sanador por haber salvado a su mejor amigo. Ron sonrió débilmente por el viejo apodo.

- En cuanto me pueda sostener en pie, me voy a mi casa hurón.

Le replicó el pelirrojo. Rubio y pelirrojo se miraron y se sonrieron.

- Gracias.

Le dijo Draco. Ron asintió.

- No podía permitir que muriera.

Le respondió el pelirrojo.

- Te llevaré a tu casa, Ron.

Dijo Remus que veía cansado al pelirrojo. Ron asintió, pero en ese momento apareció William Weasley, quien venía en busca de Harry y Draco.

Harry se abalanzó sobre él. Draco lo miró expectante.

- ¿Quién era esa tipa?

Preguntó Harry lleno de rabia. Bill suspiró abatido.

- Tienen que ir a poner la denuncia al ministerio.

Dijo el pelirrojo.

- Yo lo haré, para que Harry se quede con Draco.

Se ofreció Lucius.

- ¿Quién fue?

Esta vez la pregunta fue de parte de Draco. Él también estaba furioso, no por el peligro que había corrido él, sino por el que había corrido su hijo y su mejor amigo.

- Hermione Granger.

Fue la respuesta de Bill. Dejando a más de uno en shock.

Continuará...