¡Hola!

Empiezo con un gracias a todos los que se han dado una vuelta por esta historia. Revisando los stats alegro mi mañana!, pero como siempre menciono (algo repetitivamente…jejeje) es ¡No se olviden de dejar un review!

Y volviendo a la historia, les comentaré que está planeada para que los personajes descubran sus emociones y sentimientos de manera cuerda y sensata. No quiero que se vea muy forzado.

Además es un trío…! (me encanta esta malévola posibilidad) donde se debe luchar por alcanzar lo que se desea!

Oh yeah!.

He dicho!

Besos por montón y disfruten el cap.

Gise


CAPITULO 3. PROVOCANDO A LA SERPIENTE

– ¡Harry!. Que susto me pegaste –se llevó la mano al pecho. Había aparecido de improviso, dándole un sobresalto.

– Es que te demorabas mucho Por eso salí a buscarte. Se que pediste que te dejara sola un momento, pero la verdad… quiero disculparme. Lo arruiné todo, no debí hablarte en ese tono –Se acercó a ella despacio, como temiendo que lo rechazara–. Por favor perdóname.

Hermione lo observó aún ofuscada por su encuentro con Malfoy. Pero recordó la escenita que el moreno le había montado en el salón.

– No es la primera vez que sucede – pensó mortificada–. Me hace sentir incómoda, como si hiciera algo malo. – Por eso prefiero quedarme en casa, aunque trate de demostrarme que es por temor a que Harry le suceda algo peligroso. Se ha vuelto muy posesivo. Hasta deja de salir o simplemente se queda en casa para que no salgamos.

Pero de seguro es que no quiere perderte, porque te ama…, una vocecita sugería en el fondo de su cabeza.

Respiró hondo para componer el semblante.

Es demasiado impulsivo y dominante, pero es un buen hombre….

Harry vio el cambio de expresión de la joven. Se aproximó aún más y la rodeó con sus brazos.

– Sabes que a veces soy muy tonto ¿cierto? –le besaba la frente con suavidad, bajando con pequeños besos a su paso hacia la adorable boca que ya la esperaba ligeramente entreabierta.

– No eres tonto Harry, eres un perfecto troll –y se dejó besar.

Harry la rodeó con sus brazos. Emitió un gruñido al sentir la espalda de Hermione contra su palma. Por fin aquel vestido se congraciaba con él. Ahondó en el beso, hasta hacerlo apremiante.

Hermione sintió de pronto el frío contacto con uno de los pilares de la entrada. Harry la había reclinado contra el helado cemento sin darse cuenta. Eso bastó para que el cerebro de la chica entrara en acción.

Harry... pueden vernos…, logró apenas murmurar.

Se separaron concientes del lugar y del momento donde se encontraban. Harry sentía como si hubiese corrido una carrera, su amplio tórax subía y bajaba rápidamente. Hermione estaba sofocada y tenía los labios ligeramente hinchados. Las puntas de sus pechos se erguían bajo la fina tela.

– Creo que mejor entramos al salón. De seguro estarán buscándote con histerismo –sonrió Hermione tratando de serenarse.

– Tienes razón. Además esto lo podemos continuar en casa…–le miro fogoso.

– Aún no cantes victoria, T-r-o-l-l , la noche aún es larga… –sonrió de nuevo. –Pero ya entremos por favor que está haciendo frío aquí afuera.

– Vale entremos. Pero por favor, asegúrame que no volverás a bailar con Justin otra vez… Dame el gusto Hermione… no quiero verte en brazos de otro.

Hermione dejó de sonreír en el acto. Chasqueó la lengua con fastidio …empezamos de nuevo.., pero finalmente terminó murmurando cansinamente.

– Está bien Harry, está bien… no bailaré con Justin de nuevo.

– ¿Ni con nadie más..? – se aventuró a interrogar.

– No tientes a la suerte Harry…. No lo hagas… – concluyó inflexible.

– Bueno, sólo era una sugerencia… –Le miró nervioso. Le tomó de la mano y la condujo hacia el interior del Castillo.


Caminaron en silencio hasta la entrada del Salón. Aún tomados de la mano se dirigieron directo hacia la mesa donde se encontraban Fred y George junto a Oliver Wood, Michael Corner y Dean Thomas. Harry se unió de inmediato a la plática. Y obviamente el tema central era…

¡¡ Oh nooo, Quidditch!!…

Harry no soltaba la mano de Hermione como si supiera el tedio que empezaba a inundarla. Ella nunca había entendido lo maravilloso que era ese deporte. Siempre fue incomprensible para él como es que Hermione no le emocionaba todo lo relacionado con Quidditch.

– Oliver, supimos que El Puddlemere United esta negociando tu pase a la selección Polaca por dos temporadas –George le golpeaba el hombro con jocosidad.

– A lo mejor y logras desterrar a su cazador. Corren los rumores que Ladislaw Zamojski acude a los partidos directo desde el geriátrico –secundó Fred–. Ahora lo conocen como el capitán Agua tibia. –continuó con inocencia mal llevada.

Dean y Oliver lanzaron una carcajada sonora al mismo tiempo, pues ambos ya habían escuchado aquel chascarrillo antes. Harry lo había mencionado en una reunión hace meses.

Michael dirigió una mirada cómplice, movió la cabeza a ambos lados esbozando una sonrisa condescendiente y lanzó un codazo a Fred.

Hermione quien, a duras penas, trataba de seguir el hilo de la conversación, quedó desconcertada con aquella broma. No la entendía.

– Harry… ¿Cuál es el chiste?

– No me digas que no lo has escuchado, Hermione… – interrumpía George fingiendo sorpresa.

– ¿No puedo creer que no se lo hayas contado Harry. Si fue una buena muestra de tu ingenio oculto? –terciaba Fred con candidez.

Harry trataba de hacer contacto visual con Fred y George. No quería que le explicaran aquella bromita a la chica. Ella no solía entender ese tipo de bromas. En vano negaba lo más imperceptiblemente posible con la cabeza y con los labios sin emitir sonido.

No se lo digan… no se lo digan

– Pues Capitán Agua Tibia … "Agua tibia"….tibia…, que está a punto de ENFRIARSE… –y miró a la chica esperando su reacción. Aunque la cara de despiste que aún tenía Hermione le cortó la efervescencia.

– ¿?

– Hermione… Agua tibia… por viejo, veterano, añejo, A PUNTO DE ESTAR F-R-I-O… helado, estirar la pata, ver a la pelona, difunto, inerte, extinto, C-A-D-A-V-E-R –deletreó George con énfasis.

– ¿Recuerdan aquella jugada contra la selección Irlandesa en los mundiales de hace tres años? –interrumpió Harry diligente–. Oliver tú… tú hiciste un descenso en picado y describiste….

Hermione puso los ojos en blanco.

¡Hombres !

¡Quidditch!

La conversación continuó amena para todos, menos para Hermione que sentía perder el sentido de la realidad. Sólo escuchaba bludgers, quaffles, pases, aros, goles por momentos. Para colmo le dolían los pies producto de los tacones que llevaba puestos y de aquel baile con Justin y obviamente por que se encontraba parada desde hace mas de tres cuartos de hora. Y es que nadie estaba sentado. Desde que llegaron encontraron a todos de pie, explicando al detalle, con ademanes, actitudes y gesticulaciones; jugadas completas y nuevas tácticas.

Trató de escabullirse por un instante para respirar algo que no fuera Quidditch, pero Harry al sentir que ella aflojaba la mano de entre las suyas, la había sujetado del talle, atrayéndola hacia sí. Con afecto le plantó un beso en la sien, cuidando de susurrarle bajito un pronto nos vamos, que hizo que la chica se resignara a permanecer por un período extra de tiempo.

Empezó a desviar la mirada hacia el Gran Comedor. Reconocía algunas caras conocidas e incluso saludó con un movimiento de cabeza a algunos. Había mucha gente desconocida y uno que otro brioso que le había sostenido la mirada con pretensión. Pero realmente no esperaba ver a aquella persona. Llegaba aparentemente de los exteriores. Se había detenido en medio de la puerta principal del Gran Comedor. Miraba hacia un punto opuesto al de ella. Y justo en ese instante se estaba pasando la mano por el cabello, despeinándolo con gesto sugestivo.

Hermione le miró con atención disimulada. Después de todo, en el invernadero, las cosas sucedieron tan rápido que ni siquiera pasó por su mente observar detalle alguno sobre Malfoy. Ahora lo veía con curiosidad creciente. Había cambiado. Y mucho.

Obvio, ya no es un crío; ahora ya es un… un…. Hombre.

Habían pasado casi 10 años desde la última vez que se vieron. No recordaba una fecha ni un lugar exacto, sólo que él había huido junto a Snape después de la muerte de Dumbledore. Supuso que la curiosidad por contemplarlo ahora, se debía a que tenía en la mente la imagen de un Malfoy de 17 años, arrogante, petulante, engreído y ahora pues veía a una persona completamente distinta.

Estaba de traje. Un frac de esos que sólo se ven en fiestas de sociedad que publican las revistas. Llevaba una camisa blanca, de punto con cuello rígido, con una sobria corbata gris que hacía juego con sus ojos. El pantalón descendía en caída perfecta por sus largas piernas hasta dos impecables zapatos igualmente negros. Levantó la mirada y continuó con la observación. Se detuvo en su rostro. Sus facciones se habían tornado enérgicas y varoniles. La mandíbula aún persistía angulosa, pero ahora estaba más recia. A simple vista se veía más robusto y musculoso que en su edad adolescente. Y a pesar de la distancia pudo verificar también, a pesar de no detenerse mucho en la contemplación de sus labios, que la expresión ruda y envanecida que siempre tuvo, no había variado. Pero lo que más le causó irritación, fue admitir nuevamente y ahora con razones de peso, aquella conclusión a la que su mente había llegado hace muchos minutos atrás, a la salida del invernadero.

Parvati tenía razón…

Continuaba sumida en su reflexión, cuando se percató que Draco la estaba observando también. Tenía una mueca indescifrable en el rostro. Hermione desvió la vista inmediatamente sintiéndose una estúpida por dejarse pillar. Se dedicó a no perder de vista a la ponchera…

Bueno que rayos, es guapo, es varonil¿Y qué?. No por eso deja de ser un imbécil de carta mayor, conjeturó con acaloramiento. Después de todo, el hecho que reconozca que él es… es atractivo, no tiene trascendencia ni repercusión alguna.

– ¡Hermione me estás oyendo! – protestó Harry, sacudiendo ligeramente su cintura.

– ¿Qué?...¿Cómo?

Harry la miró inquisitivo. Se había percatado minutos antes que ella, tenía puestos los cinco sentidos en algún punto en el salón. Pero a pesar de que vio en rededor, no ubicó a Justin.

Mierda, me estoy volviendo paranoico

Seguramente ella estabaechando un vistazo a sus conocidos y él ya se comportaba como un obseso-compulsivo. Por si las dudas, observó una vez más hacia donde había estado mirando la joven y no pudo ver a ningún hombre por quien Hermione, se podía quedar abstraída. Divisó a lo lejos a Kingsley a Malfoy y a Neville.

Bahh, definitivamente estoy paranoico., concluyó con una mueca.


–– ¡Hermione!, vengo a rescatarte –vociferaba alegremente Lavender mirando a la joven y sus acompañantes–. No puedo creer que tengan a la pobre de Hermione escuchando por casi toda la noche, sobre escobas y bludgers –les reconvino haciendo gestos. Desde mi mesa estoy observando a mi amiga, poco más y quedarse dormida parada, a causa de su interesante charla.

– ¿Bueno y de qué se supone que hablemos? – de la última tendencia en túnicas para bautizos o ¿10 maneras de decir NO a Voldy y no morir en el intento? – alegó George.

– Aunque podríamos disertar sobre no mezclar carbohidratos y proteínas en nuestra dieta. Tema infaltable en las reuniones masculinas.—replicó Fred.

– Casi tan importante como ¿Qué cocinaré el jueves?, o ¿me realizaré la depilación brasileña este verano?– continuó George sarcástico.

– Ustedes son imposibles –bufó Lavender mirando a Fred y George – Pero, como no tengo intención de quedarme y mucho menos dejar a Hermione hartándose con sus conversaciones desbordantes de testosterona, vengo a llevarla conmigo y con el resto de chicas. Así que ustedes continúen que ya regresamos–. Y no esperó respuesta alguna, ni de Harry y menos de Hermione. Se limitó a asirla del brazo y avanzar lejos de ahí.

Al salir por el umbral del Salón, no pudo evitar fijarse en la pareja que estaba discutiendo cerca de un rincón particularmente solitario y de manera muy disimulada. Ella tenía un gesto de hastío y mal humor en el bello rostro. Él estaba rojo de ira.

Los miró por escasos segundos, pero tuvo que apresurar el paso después que él volteara y le lanzara una mirada furibunda por encima del hombro.

Como si me encantara mirarte, imbécil…, apretó los puños, levantó la cabeza orgullosa y continuó avanzando flanqueada por Lavender, quien había observado también la pelea.


– ¿A que no saben a quienes vimos discutiendo y riñendo en el pasillo? –hablaba Lavender emocionada al grupito de chicas frente a ella.

Hermione hubiese imaginado que Lavander la conduciría a la biblioteca, dormitorios, aula vacía o hasta la lechucería, pero había errado completamente y ahora se encontraba en un baño del segundo piso. Parvati, Romilda, Padma y la propia Lavender, formaban un círculo en medio de la pileta y farfullaban con vivacidad.

– Pero¿en serio no pudiste oír qué le decía?. – demandaba Parvati con impaciencia.

– De seguro Cho estaba haciéndole una escenita de celos – Romilda aseveraba maliciosamente.

– De verdad Hermi¿no llegaste a escuchar ni siquiera un cachito de la discusión? – volvió a preguntar Parvati esperanzada.

Hermione cerró los ojos con tedio. Estaba igual de aburrida en aquel baño como lo había estado con Harry y su Quidditch. No podía entender que de interesante tenía el adivinar y analizar los motivos por los que Malfoy y Cho habían discutido. Y menos le gustaba sentirse presionada a participar en dicho pasatiempo. Estaba a punto de estallar cuando las puertas se abrieron de golpe.

Era Cho. Se detuvo un momento en el umbral y registró con la mirada a las mujeres que estaban dentro y que se habían quedado mudas de improviso. Irrumpió con la cabeza erguida y con pavoneo. Nadie podría afirmar que ella había estado en una discusión familiar minutos antes.

– ¡Ho..ola Cho, querida! –se apresuró a acudir hacia ella Parvati. Se besaron en las dos mejillas, casi sin tocarse.

– Justo hablábamos de lo maravillosa que te ves y de tu feliz matrimonio – aseveró Romilda.

Cho les dedicó una sonrisa deferente pero llena de frialdad. Se dirigió hacia el lavabo y procedió a retocarse el maquillaje en silencio. Las demás, sólo atinaron a lanzarse miradas cómplices. Hermione no podía dejar de sentirse incómoda, como si la hubiesen pillado haciendo algo indecoroso. Pasados unos cuantos segundos, Cho se despidió de ellas con un ademán y salió de aquel tocador.

– ¿Vieron cómo nos miraba? – habló Parvati, apenas instantes después de haberse cerrado la puerta.

– Lo que sucede es que, a la señora ésta se le han subido los humos. Como ahora su maridito esta pudriéndose en dinero, creerá que todas debemos tirarnos al piso cada vez que hace su aparición –aseveró con dejo mordaz Romilda.

– Seguro no le gusta la idea de que su esposo quiera establecerse por aquí. Además he escuchado voladas en el Ministerio que Draco nos ha visitado mucho, a lo mejor y quiere un puesto allí, o sea que lo veremos seguido por los pasillos –Chocando las manos con Lavender y con un gritito de excitación, Parvati continuaba con el tema.

Oh Dios… y tengo que soportar a éstas dos en la oficina.., se quejaba mentalmente Hermione.

– Hermione, no has dicho absolutamente nada hasta ahora – amonestaba Parvati con indulgencia–. De seguro tienes miedo que le contemos a Harry…Pero te aseguramos que no le diremos nada de nada. Vamos estamos en confianza…

– Honestamente hablando ¿no te parece un maravilloso espécimen en lo que se ha convertido Draco Malfoy?. Acéptalo Hermione, se ha puesto terriblemente guapo.

Eso fue más de lo que Hermione podría soportar. Chasqueó la lengua con fuerza, dio media vuelta y se dirigió hacia la salida.

– Pero Hermione admítelo...¿acaso no estoy en lo cierto?

Hermione se detuvo un instante en el umbral, al parecer indecisa si contestar o no. Pero después de segundos, reanudó su marcha sin haber proferido palabra.

pero nunca dejará de ser una serpiente confirmó mentalmente.


Al salir de aquel lugar hastiada del interrogatorio al que fue sometida, Hermione se encontraba con el ánimo irritado. No quería sabe nada más de Malfoy, Cho ni de Romilda y su bandada de urracas. Ella había ido para pasar una buena noche y ahora se veía envuelta en chismes de callejón. Decidió que no volvería a unirse a aquel grupito, al menos no esa noche. Pero no había avanzado ni tres pasos cuando casi se da de bruces contra Harry. El estaba cruzado de brazos en un recodo del pasillo. Ella se alegró de encontrarlo y ya iba a abrazarlo para contarle cómo se había sentido allí adentro pero el gesto de impaciencia la detuvo en seco.

– ¿Dónde te habías metido? Llevo horas buscándote…

Rayos… lo que me faltaba

– …Te estuve esperando por mucho rato en la mesa de Griffyndor y no llegabas. ¿Qué estuviste haciendo?

– ¡Que se supone que uno hace en un baño, Harry! – explotó–. ¡O tengo que describirte exactamente como doblo el papel sanitario!. ¡O a lo mejor piensas que tengo un affaire con una estatua…o hasta una relación lésbica con Myrtle la llorona! –continuó completamente fuera de sí.

Harry la miró avergonzado. Volvía a meter la pata, por segunda vez en la noche.

Mierda… por que seré tan animal

– Hermione lo siento…. No fue mi intención ofenderte. Sólo que te demorabas mucho y no sabía donde habías ido, por eso tenía la intranquilidad de–

– Harry estoy dentro del castillo. Aquí no me a ocurrir nada malo –trató de serenarse–. Mc Gonagall y Kingsley se han ocupado que todo este bajo control. Y quiero pensar que ese es el motivo y no tus insufribles celos –respondió mirándolo con disgusto.

– Entiende amor… es que no llegabas y pensé que a lo mejor habías vuelto a salir y … –no terminó la frase, porque estaba inspeccionándola en ese instante con la mirada–. ¿Dónde está el chal que tenías puesto? –le soltó de improviso.

Oh rayos…

Se movió incómoda. No quería mentirle a Harry, no tenía esa costumbre y tampoco había sentido la necesidad de hacerlo jamás, pero intuía que si le contaba el encuentro con Malfoy, le daría pie a que se inflamara aún más e hiciera una escena allí mismo. Mucha gente había acudido a la reunión especialmente para cruzar unas palabras con él y no deseaba arruinar todo con más problemas. Decidió rápidamente que no referiría nada del encuentro, al menos en ese momento. Mas tarde en casa, le revelaría todo con detalles. Después de todo, no había nada incorrecto en aquel encuentro; más bien, fue insoportable para ella.

– Harry yo–

Pero no termino la frase. Y es que al echar un vistazo por encima del hombro de Harry, se percató que no estaban solos. Él los observaba con una mueca burlona y con su estola en la mano.

– Hermione, te pregunté sobre algo y aún no me has respondido.. ¿Dónde está tu ... – pero no pudo terminar de articular la palabra porque escuchó pasos detrás de él.

Draco había llegado hacia el lugar, cuidándose previamente de introducir en el bolsillo del traje la prenda. Se detuvo a cierta distancia de ellos y con una sonrisa en el rostro habló:

– ¿Problemas en el paraíso, Potter?

Harry lo miró rígido. No le había visto en muchos años y habían sucedido muchas cosas en la vida de ambos, y supuso que todo estaría olvidado. Pero una pequeña punzada ante esa voz que arrastraba las palabras, le indicó que era imposible un borrón y cuenta nueva concluyente para aquella antipatía mutua que les había identificado. Aunque era un hombre maduro para reconocer que no había ya, rencor o rabia, resentimiento u hostilidad; pero si el sabor de cierta incomodidad ante su presencia. Nunca serían grandes amigos eso era innegable; pero era lo suficientemente adulto para aceptar una relación cordial con un condiscípulo.

– Ninguno en realidad.

Ambos se miraron por unos segundos. Finalmente Harry le tendió la mano. Draco la estrechó con fuerza y asintió impasible.

– ¿Qué es lo que te trae de nuevo a Londres, Malfoy? –inquirió Harry, más por tema de conversación, que por interés real.

– Digamos que una alianza estratégica y comercial con la comunidad mágica.

– ¿Con la comunidad mágica¿Con quién exactamente? – inquirió nuevamente Harry.

– Bueno Potter, temo que esa es información reservada. El ministro y yo, así lo juzgamos pertinente.

– ¿Acaso estás haciendo negocios con Kingsley? – refutó algo disgustado.

Kingsley Shacklebolt era el actual Ministro de Magia y era muy amigo de Harry. Ambos se veían seguido cuando había nueva información relativa a Voldemort y los mortífagos. Inclusive el acudía al despacho del Ministro varias veces al mes. Ahora se daba con la sorpresa que Malfoy estaba tratando personalmente con él. Y Kingsley no le había comentado absolutamente nada.

– Como te acabo de indicar, Potter; ese es un asunto privado entre el Ministro y yo – advirtió altanero.

– Seguramente son los mismos negocios que trataba tu padre con Fudge en una época. ¿No estarás pasando información para Voldemort nuevamente. – señaló Harry impasible.

Draco lo miró de hito en hito. Sus mejillas se colorearon ligeramente por un intervalo de tiempo relativamente corto, estaba a punto de responder cuando una voz le distrajo.

– Será mejor que nos vayamos Harry. Estarán preguntando por nosotros en el Salón.

Hermione no había intervenido porque sentía que Harry debía hacerse un juicio sobre Malfoy sin intrusiones de ningún tipo, pero la conversación estaba derivando hacia un terreno peligroso y no era buena idea ir destapando viejas rencillas justo en esa ocasión.

– Primer punto, Potter: Mi padre es descendiente de una familia de gran raigambre y como tal es un gran señor, y no tengo porqué cuestionar sus actividades y decisiones; así no las comparta. Segundo Punto: Aunque no tengo porqué explicar ni aclarar mis acciones pasadas, que ya fueron esclarecidas en su debido momento, te refrescaré la memoria un poco… ¿El mismo Dumbledore no dejó una botella con sus memorias…?

Mierda, juró Harry por lo bajo. Dumbledore había aclarado todo lo ocurrido en la torre de Astronomía sobre su muerte. Draco no la había causado. El sólo se vio forzado, a riesgo de perder a su familia si no lo hacía, a tramar un plan para acabar con el ex Director. Pero llegado el momento no lo había hecho. No era un asesino. Sólo fue en aquel entonces, un adolescente confundido y asustado.

Harry le miró ácido,

– No será en realidad, que el que trabaja para el señor oscuro eres tú. Digo, si ya han pasado casi 10 años y han sido… prácticamente improductivas las acciones que has realizado para vencerle.

Hermione no podía creer que Draco llegará tan bajo. Apretó los puños con furia y se paró frente a él, cortando a Harry que iba a responder en ese instante.

– ¡Cómo te atreves a objetar los esfuerzos de Harry y de su integridad!. Si no fuera por él, muchas personas, familias completas estarían destruidas o hasta muertas. Él es el hombre más interesado en que Voldemort sea derrotado. ¡ASÍ QUE NO TE ATREVAS A CUESTIONAR SUS ACCIONES!

La chica estaba fuera de sí. Se había ubicado frente a Malfoy, estaba roja por la ira contenida. Le miraba con los puños cerrados, como si en cualquier momento fuera a pegarle un puñetazo

– No te había felicitado Potter – habló sin dejar de mirar a Hermione intensamente –. No sabía que habías conseguido como bodyguard a una leona en celo.

Harry no pudo evitar una fugaz expresión cómplice. Tardíamente captó la mirada de exasperación de Hermione sobre él. La joven había volteado el rostro segundos antes.

Fue más de lo que ella pudo aguantar.

– Saben qué, si desean, continúen comportándose como dos críos majaderos. PERO YO NO ME QUEDARE A ESCUCHAR SUS SANDECES.

Dio media vuelta con ímpetu y se alejó del lugar dejando a aquellos dos hombres sin palabras. Después de un instante ambos se estudiaron inquisitivamente.

– Creo que en vez de felicitarte, debo compadecerte. No me imagino tener como amiga a una persona tan furibunda – Draco rompió el incómodo silencio con voz neutra.

– No necesito tus conmiseraciones Malfoy, ya que no me importa lo que pienses. Y ella no es mi amiga, es mi mujer.

Draco se movió ligeramente. No lo había imaginado… aunque sonaba lógico. Sus ojos se dilataron, pero se esforzó por volver a la normalidad.

– En realidad no me importa Potter, sólo estaba haciendo conversación. Tu vida personal me tiene sin cuidado. Y vuelvo a recordarte que las cosas del pasado, deben seguir en el pasado.

Giró con elegancia dejando a Harry parado en medio del pasadizo. Con altivez enrumbó hacia el salón.

Imbécil siseó Harry por lo bajo.


Hermione avanzaba dando grandes trancos que amenazaban con destrozar el vestido. Aún tenía los puños apretados por la rabia contenida.

¡Hombres!

Rumiaba de tanto en tanto, ofuscada por la indignación, una sarta de calificativos dirigidos alternadamente a Harry y a Draco. Camino por unos minutos hasta que finalmente se calmó. Se sentó cerca de la escalera del vestíbulo, recostándose levemente en la fría pared. Cerró los ojos con cansancio.

Malfoy volvía a lograr que se sintiera exasperada y furiosa. Tenía un no se qué que conseguía ponerla en ese estado de conmoción y alteración. Sentía lava corriendo por sus venas producto de la cólera.

Compararme con una leona en celo… ¡en celo!

Engreído petulante, cree que puede mirarme de esa manera como si nada…

Y encima, odiaba que la vieran como un anexo, un accesorio de Harry. Soy una persona con una vida completa. Pero todos se empeñaban más que en preguntar como iba su relación con Harry, si sabía de los planes de Harry, si se sentía dichosa de compartir su vida con Harry. Todo giraba en torno a Harry.

Comprendía lo que hacía Harry, es más ella misma estaba muy orgullosa y esa fue una de las razones por las que empezó a fijarse en él. Pero no podía evitar sentirse desvalorizada. Aún a pesar de su éxito profesional, percibía que las personas no reparaban ya en ella, más que para compararla con su pareja.

Bueno tampoco es para quejarme

Vivir al lado de Harry era, en balance, satisfactorio. Aunque a veces le desesperaba su desconfianza. En cierto modo le disculpaba, por el simple hecho de vivir en una situación tan tensa y angustiante.

Suele ser tan dulce en ocasiones…

Suspiró. Se levantó de golpe. Había tomado una decisión. Nada iba a impedir que esa, sea una noche agradable y memorable para ambos. Nada ni nadie haría que ellos discutieran más. Avanzó con una sonrisa en el rostro.

No discutiremos más.

Caminó dispuesta por el corredor. Debía encontrarlo para hacer lo que había decidido. Recorrió unos metros cuando escuchó el eco de su risa. Un poco extrañada continuó su camino. Se contuvo cuando lo divisó a lo lejos. No estaba solo.

Estaba departiendo vivazmente con Cho Chang en medio del corredor. Ella jugaba con un listón de su cabello negro. Harry tenía las manos en los bolsillos del pantalón.

Harry y Cho interrumpieron su conversación en el acto. Los dos miraban a Hermione atentamente. Cho se mostraba algo malhumorada y Harry empezó a ponerse del color de las grosellas. Levantó la mano y se alisó el cabello rebelde en gesto inconciente.

– Hermione… yo… nosotros…estábamos…

Hermione analizó y sopesó la situación rápidamente. Era obvio que se sentía algo fastidiada al encontrarlos solos y muy divertidos, pero tenía que aceptar que, a pesar de todo, no era nada incorrecto ni estaban en alguna situación comprometedora. Sólo estaban conversando.

Al menos eso parece...

También razonaba que la única manera de lograr que Harry dejara sus temores e inseguridades para con ella, era justamente demostrarle como hacerlo. Tenía que enseñarle que confiaba en él tanto como le gustaría que él confiara en ella.

Tomó una bocanada de aire, esto no será nada fácil, y se acercó a ellos con una sonrisa en el rostro.

– ¡Hola!, veo que están conversando de las mil maravillas. Me alegra que estén divirtiéndose sanamente –puso especial cuidado en esta palabra–. ¿Qué les parece si los dejo por un instante para que continúen charlando, mientras voy por unas bebidas?.

Harry la miraba entre incrédulo y confuso.

La mirada de Cho era indescifrable.

Ya había avanzado unos pasos, cuando de pronto Hermione regresó hacia ellos. Y sin más tomó a Harry de las solapas del traje, le atrajo hacia ella y le besó sonoramente.

Sólo por si acaso

Y nuevamente se dirigió hacia el Gran Comedor por las bebidas prometidas.


Anduvo satisfecha consigo misma por la manera como había manejado aquella situación. Hubiera sido fácil para ella, hacer una escena de película de cuarta a Harry, con llanto incluido, para cobrarse en algo la trastada que había cometido él cuando la vio bailar con Justin. Pero ella no era una persona vengativa. Le gustaba analizar las situaciones y obrar según la razón. No solía ser visceral en estas realidades. Siempre primaba su buen juicio.

Cruzó el Salón de baile, con elegancia, esquivando algunas parejas y rechazando algunas solicitudes para danzar. Llegó finalmente a la barra de bebidas. Y tal como lo había supuesto, Percy se encontraba empollando cerca de la ponchera. Se situó por un lado de la mesa, donde el hermano de Ron no la viera y decidió esperar un poco, con la esperanza que se alejara sin verla.

Su mirada vagó por la pista de baile, cuando divisó a lo lejos a un hombre de cabellos rubios ubicado de espaldas a ella. Estaba enroscado literalmente con una joven, amparados en la semi-oscuridad de esa parte del lugar. Hermione desvió la mirada, pero la sospecha que fuera la persona que estaba pensando la hizo volver a posar la vista en aquel punto. Como no divisaba bien el rostro de aquel hombre, avanzó un par de pasos para tener mejor visión, pero no logró gran diferencia. Lo que si pudo observar es a Percy, quien se había movido de la barra al parecer disparado con la misión de ir a llenar de nuevo el vaso de algún personaje del Ministerio presente esa noche. Se acercó y procedió a llenar tres copas con el líquido de la ponchera. Terminada la tarea, recorrió con cuidado extremo el salón. Cuando cruzó el umbral, la curiosidad la hizo voltear para continuar con la tarea. Lo divisaba a lo lejos pero no estaba segura… Quería saber si era….

– ¡Eh!

Hermione pegó un brinco y por poco las copas caen al piso. Se le había erizado la piel al oír aquella desagradable voz a sus espaldas. Dio la vuelta iracunda, lista para reclamar.

– ¿Qué pasa Granger¿te confundiste?

Draco le miraba burlón.

– ¿A que te refieres? – espetó enojada. Avanzó hacia una mesita del corredor y puso las copas allí. Giró.

– No soy yo, obviamente.

– Explícate –exigió mirándole fijamente–. No todos vivimos en tu mundo imaginario, Malfoy.

– Creo que finalmente compadezco a Potter, aunque suene a utopía.

– Bien, ya es oficial, eres un idiota –Avanzó unos cuantos pasos, alejándose de él. No iba a quedarse escuchando sus boberías.

– ¿Huyes?. ¿Es que tienes miedo que Potter se de cuenta de tu vergonzoso comportamiento?

Hermione viró y le miró largamente. Estaba prevenida a escuchar cualquier necedad. Tantos años de práctica habían dejado huella. Pero ¿Qué era todo eso?

– ¿Se puede saber de que hablas?

– Verás, primero dejas tus ropas diseminadas por cualquier rincón –léase te la quitas por donde sea. Segundo, no puedes dejar de contemplar lo que no está a tu nivel–. Rió suavemente entre dientes.

– ¡Que rayos estás diciendo! – apretó los dientes con furia.

– Bien Granger, estoy consciente que soy irresistible, pero soy un hombre casado y obviamente no de tu altura así que….

Hermione entornó los ojos con cólera contenida, lívida e incapaz de articular palabra.

– Que se ha creído este estúpido vani– pero no terminó el pensamiento, porque de pronto apareció el recuerdo del rostro de Draco, burlón, parado en el umbral pillándola observándole y hace unos instantes…

Oh no…. Nooo

– ¡Eres un imbécil de mierda! – le espetó con rabia. Estaba a punto de marcharse cuando Draco volvió a la carga.

– Ah.. me olvidaba. –sacó algo del bolsillo del traje. El liviano chal de Hermione esta entre sus pálidos dedos, apenas sujeto, como si el rubio evitara mancharse–. Me temo que mi elfina quedaría libre si le obsequio esta prenda para uso personal –y sacudió el chal con ironía. Aunque pensaba usarlo para lustrar mis zapatos…

Hermione avanzó hacia él con la mandíbula y puños apretados y una mirada asesina en los ojos. Casi le arrancó la prenda de los dedos.

– Muérete, Malfoy. De ser posible, de manera lenta y dolorosa.

– Un gracias sería necesario aquí, Granger –le cortó– . Tú entiendes, etiqueta, curso básico. Bueno, eso sería pedir peras al olmo… Aunque podrías limpiar tú misma mis zapatos como pago. Después de todo, acabo de ahorrarte otra escenita de celos como la del corredor del segundo piso, de tu… de tu... compromiso.

Mierda… no me salió la otra palabra.

Hermione le dedicó una mirada fija, escrutadora. Y luego se llevó las manos a la cintura con gesto triunfante.

– ¿Quién decías que observaba a quién, Malfoy?

Drago arrugó la frente.

– Yo no espío a nadie, Granger. Por interesante que pueda parecer la vida de Potter y la tuya, me importan un rábano. Aunque por ello no deje de notar que el elegido tiene problemas hasta para mantener quieta y sin chistar a su propiedad – terminó burlón.

¿Su propiedad?

– Dime Granger¿no pudiste esperar a que Potter se fuera para retozar en medio del Salón con el don nadie de Finch-Fletchley?.

– Yo no estaba retozando como lo insinúas; él es mi amigo y no hay nada anormal ni enfermo en bailar.

– Pues sólo Potter puede estar tan tranquilo mientras su "compromiso" Mierda¡¿que no puedo decir la otra palabra?!, coquetea abiertamente con otro.

– Ya te dije que no estaba coqueteando con nadie… y ultimadamente¡No es de tu competencia lo que yo haga! –soltó enojada–. No soy un objeto o un animalito para que me vigilen o controlen –se irguió todo lo que pudo y apoyó los brazos en sus caderas. Todo su cuerpo parecía erizado por la agitación.

– …difiero totalmente de ésa última frase, sigo creyendo que eres una leona en celo –se apoyó contra la columna, feliz por que observaba como Hermione apretaba los puños y volvía a enrojecer. Pero se inquietó al ver el cambio en su expresión. Se había tornado enigmática en un segundo.

– Y tú… ¿supongo que vigilas muy bien a tu esposa, cierto?. Digo, sabes bien que está haciendo en este instante… –le lanzó una mirada angelical.

– Por supuesto que sé donde se encuentra y que hace mi mujer, Granger. No soy como el elegido– Mintió con seguridad, aunque no tenía idea de a donde había ido Cho.

– ¡Eso es genial! –se dirigió hacia la mesita y tomó las copas de licor–. Entonces entrégale esto por mí –puso en sus manos una de las bebidas y avanzó por el corredor.

Draco la miró con rabia.

– No sé a que juega, pero me va a escuchar –siseó con fuerza y avanzó detrás de ella.

Metros mas adelante, casi termina derramando la bebida ante lo que vio. Cho y Harry estaban riendo despreocupados.

Hermione que también acababa de llegar, le devolvía la mirada gélida, pero con una sonrisa triunfante.

Aún no termino contigo sangresucia... vas a suplicarme que te deje en paz…

Cambió el semblante inmediatamente y se aproximó al grupo.


Draco amenaza con actuar…..

En cuanto a Cho?... que tanto cuchichea con Harry?

Y sobre todo, a Hermione le molestan demasiado las pullas de Draco…

Mas en el próximo cap.

Una vez más gracias a los que leyeron y aún mayores para los que dejaron un review, son lo max!

(¿creen que estoy haciendo muy largos los caps?, lo creen?)