Holas!

Estoy algo atareada en estas semanas y me demoraré un poquitín en actualizar, pero no creo que sea mucho, y es que esta historia me tiene encantada!

Asi que disfrútenla mucho!

Besos

Gise


Draco se acercó con la mano crispada sobre la copa que traía. Lanzaba miradas de soslayo cargadas de odio a Hermione, pero era consciente que no podía enfrentar abiertamente a Harry Potter. Después de todo, él estaba bien visto en el Ministerio y no deseaba que sus negocios se vieran afectados por algún altercado sin sentido. Ya se encargaría de hablar en privado con Cho.

La sangresucia es tema aparte…

Con movimientos ágiles, como si se deslizara una pantera, Draco llegó hasta ellos. Se hizo un silencio incómodo para todos, que fue roto por Cho al cabo de pocos segundos. Ella se acercó a Draco diligente.

– Querido... yo… te estaba buscando y encontré a Harry…y me detuve un rato –y a la par que hablaba se frotaba contra él y le daba un beso en los labios.

Hermione desvió la vista involuntariamente.

– Nos encontramos otra vez, Potter.

Harry asintió incómodo. Ni siquiera había recordado que Cho ahora era esposa de Draco. Ella ni siquiera había hecho mención alguna en la conversación de hace instantes. Sólo se limitó a contarle de sus viajes innumerables y su tren de vida. Y a echarle una que otra mirada sugerente.

Iba a contestar, pero lo detuvo la visión de alguien que se acercaba a ellos por el corredor.

– ¡Kingsley! –Harry levantó la voz al divisarlo.

El nuevo Ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt, avanzó hacia ellos con una sonrisa en su rostro moreno. Su calva brillaba bajo las velas que flotaban en el pasillo. Al llegar, tomó las manos de Hermione y luego de Cho; y se las llevó a los labios, en un claro saludo galante. Estrechó luego las manos de aquellos hombres que le miraban atentos.

Harry se dirigió a él inmediatamente y empezaron a charlar. No habían hablado desde aquella vez en el Ministerio, al día siguiente de su llegada. Y aunque lograron platicar, comentar y discutir sobre todo lo relacionado con su viaje y Voldemort, no habían podido abordar otros temas más ligeros. Le gustaba conversar con Kingsley, porque desde la muerte de Sirius, Dumbledore y Lupín hace muchos años atrás, sentía un enorme respeto y cariño hacia él.

Mientras tanto, Cho, quien estaba colgada prácticamente del brazo de su esposo, no hacía nada más que bostezar disimuladamente o lanzar una que otra mirada lánguida y aburrida. Se movía por momentos, al compás de la música.

¡Porqué no se la lleva a bailar y punto!

Hermione le observaba molesta. Tampoco es que la conversación de Harry y el Ministro fuera la par de divertida, pero tampoco era para ir haciendo gestitos de cansancio o hastío. ¿Por qué entonces Malfoy simplemente, no asía a su esposa y se la llevaba a rastras de allí, si fuera posible?.

No podía ver en ese instante el rostro de Draco, porque cuando lo intentó segundos atrás, él le había devuelto una mirada desdeñosa. Ella se limitó a no volver a mirarlo. Algo en su interior le indicó que era mejor no hacer contacto visual por el momento.

Kingsley interrumpió su conversación disimuladamente. Hermione creyó distinguirle una mirada de reojo sobre Cho y luego un brillo en los ojos, pero no analizó sobre ello; se limitó a pasar su brazo por el de Harry y acercarse a él. Instintivamente Harry liberó su brazo y tomándola del talle la aferró contra él.

Hermione sintió que, frente a ella, le miraban con intensidad, pero no levantó la mirada para confirmar quién exactamente…

– Draco, se que este no es el momento apropiado, ya que estamos todos aquí para disfrutar de un pequeño respiro de nuestra agitada y convulsa vida, producto de esta guerra. Pero desearía que me dedicaras unos momentos al final de la velada. Estoy partiendo en un viaje relámpago, hoy mismo y no quisiera irme sin conversar algo contigo. Y eso también va para ti, Hermione –le dirigió una mirada afable–. Se que debería ser en la oficina pero en vista de este viaje intempestivo no podré hacerlo como lo había planeado.

Draco asintió rápidamente. A Hermione le sorprendió que Kingsley pidiera hablar con Draco a la par de querer hablar con ella ese día. Harry no pudo evitar una punzada de desazón al sentirse excluido. Aunque no tuviese ni idea de que quería tratar Kinsgley con Malfoy, igual se sentía desplazado. Lo de Hermione era previsible, después de todo, ella era ahora la Directora del Departamento de Cooperación Mágica Internacional.

Kingsley reparó en este detalle y casi comprendiendo la reacción de Harry se digirió a él de inmediato.

– Harry –le habló con tono conciliador –. Me gustaría poder hablar contigo el mismo día de mi llegada, que estimo será en un par de días a lo sumo. Quiero confiarte también a ti sobre este gran acontecimiento que está desarrollando el Ministerio. Tú eres una parte importante del mundo mágico y me gustaría contar con tu aprobación, si es que aceptas, claro está.

– Por supuesto que acepto –advirtió vehemente.

– Gracias por la confianza, aún sin saber de que se trata, Harry –le palmeó la espalda con satisfacción–. Es un asunto que dará mucha felicidad y entusiasmo en la comunidad que tanto lo necesita, después de tantos años de inseguridad, desasosiego, sobresal –dejó de hablar algo sorprendido. Cho estaba murmurando algo a Draco con evidente fastidio.

– Mil disculpas querida señora –se apresuró a acotar, dirigiéndose a Cho Chang–. Me he excedido esta noche. Como dije, esta es una noche de festividad, después de muchas lunas y no es justo que la tenga apresada en una conversación poco interesante. Usted desea disfrutar de la noche y de la música y no soy quien para quitarle ese derecho –sonrió galante.

– Es que deseo bailar desde que llegué, pero mi esposo y sus negocios…

Draco se tornó aún más ceñudo e ignoró las palabras de Cho.

– Ministro, yo contaba con robar unos pequeños minutos de su tiempo, en este instante. Necesito vuestra confirmación sobre un asunto en particular para despacharlo vía lechuza hoy mismo…

Kingsley dudó un instante al mirar a Cho, que continuaba haciendo pucheros. Finalmente se dirigió con decisión hacia Harry.

– Abusando de tu caballerosidad, Harry… podrías acompañar a esta bella dama al salón y salvarle de mi aburrida disertación por unos instantes. Por supuesto –y miró a Hermione y a Draco alternadamente–. Si sus respectivas parejas lo permiten. Así puedo adelantar algunas palabras con ustedes también. Y sonrió al ver el movimiento afirmativo de todos.

Harry asintió acorralado. No le disgustaba el hecho de bailar con Cho, pero no quería enfadar a Hermione, y a juzgar por su rostro no la estaba pasando muy bien. Y, tema aparte era Malfoy, que parecía haberse tragado una cucaracha. Extendió la mano para tomar la que le estaba ofreciendo una radiante Cho en ese instante y se dirigió con ella al salón.

No quiero estar cerca de este presuntuoso…

Hermione trataba de evitar delatarse visualmente.

Mierda, otra vez con la sangresucia y para colmo de males el elegido me birla la mujer

Siseaba Draco por lo bajo.

Kingsley carraspeó ruidosamente y arrugó la frente –esto no será fácil–. Confirmó en algo las palabras de Snape al mirar el descontento en ambos. Debía hacer algo para que las cosas fueran más espontáneas, más naturales. No le gustaba para nada esa expresión en sus caras. Cualquiera diría que les desagradaba estar cerca. Tenía que hacer algo…

Hermione dirigió la vista hacia el corredor por donde Harry se había dirigido al Salón. Ahora que lo pensaba, no le resultaba del todo cómodo que hubiese asentido tan presto a bailar con Cho.

Bueno tampoco es que sea un delito…

Igual se sentía algo fastidiada, pero no podía afirmar que fuesen celos. Ella nunca había sido muy celosa. Al menos no con Harry. Hasta con Ron lo había sido aún más. Recordó incluso a las aves proyectiles que le envió a Ron. Sonrió inconsciente.

Kingsley la observó y supuso que las cosas estaban mejorando. Escuchó con atención y notó que la melodía estaba cerca de llegar al final.

Bueno amigos –y extendió los brazos alrededor de ellos, empujándolos ligeramente para iniciar la marcha–. Deseo hablar contigo Hermione algunos asuntos importantes y también contigo Draco, diría que, dentro de una media hora –continuaron empujándolos sutilmente por el corredor mientras hablaban –les espero en el despacho de la Directora. Sólo a ustedes dos. Debo enviar una lechuza antes de partir y mi deber me obliga a hacerlo de inmediato –habían llegado al umbral del salón–. Siento dejarlos solos por un instante.

Draco asintió cortés e hizo el ademán de retirarse. Kingsley lo notó en el acto. No podía dejar pasar la oportunidad.

Espera, Draco –le habló de pronto–. ¿No dejarás a esta bella señorita aquí sola y parada sin bailar hasta mi regreso, verdad?. Confió en que un caballero como tú, no dejaría a una dama hermosa sin compañía y menos sin un baile.

Draco abrió y cerró la boca como un pez fuera del agua, incapaz de pronunciar palabra. Su razón y sus sentimientos arraigados libraban una batalla encarnizada dentro de él. Odiaba que lo obligaran a realizar cosas que no deseaba. Pero Kingsley era el Ministro...

– Por supuesto, Kingsley – contestó inexpresivo.

Hermione abrió la boca inmediatamente para protestar pero Kingsley literalmente la empujó con la mayor delicadeza hacia Draco y los apremió a avanzar por el salón hacia la pista de baile.

– Que conste que sólo lo hago por que Kingsley es el Ministro y no me conviene estar de malas pulgas con él –siseó entre dientes mientras caminaba a lado de la joven. Ni siquiera le había tomado de la mano.

– No creas que esto es el paraíso para mí –refutó Hermione de inmediato–. Si no fuera porque Kingsley es mi jefe...

Draco abrió mucho los ojos.

– ¿Tú …trabajas en el Ministerio? –logró articular apenas por la sorpresa.

– Si lo hago y qué –respondió con altivez–. Pero y tú¿Qué trato tienes con el ministerio?

Pero aunque Draco estaba listo para responder no pudo hacerlo porque la música llegaba al final, preludio de una nueva melodía. Y si sumábamos a eso que desde el umbral Kingsley les dedicaba una mirada apremiante, era inaplazable empezar. Pero no por ello podía dejar de sentir que la sangre hervía en sus venas, jamás le gustó que le obligaran a hacer lo que no deseaba. Y estaba seguro que una de las últimas cosas que deseaba sobre la tierra era bailar

Con la sangresucia. Aunque se haya vestido así...

Dirigió su mano con decisión y tomó la mano de Hermione, quien a regañadientes la asió. No pudo dejar de pensar que estaba muy cálida a pesar de estar ella muy descubierta.

Se percató que nunca le había visto vestida de esa manera. Obviamente si no contaba el baile del Torneo de los Tres Magos. Recordaba que la veía siempre con Potter y la comadreja como si fuera un chico más. Sin nada visiblemente femenino ni con grandes atributos…como ahora. Lanzó una mirada de soslayo y pudo observar que el vestido se acoplaba naturalmente a su cuerpo. Notó las caderas redondeadas y las piernas torneadas ceñirse contra la suave tela, conforme ella iba caminando hacia el centro de la pista. Subió la vista por un instante pero rápidamente la desvió hacia el vacío. La visión del cuello y hombros casi desnudos le había inquietado y el subir y bajar respiratorio de sus pechos…

– Auch!, No es necesario que me rompas la mano para que te siga –Hermione liberó su mano decida, ante la repentina presión que le había aplicado.

Llegaron al centro de la pista, junto con varias parejas que igualmente estaban listas para empezar la nueva melodía. Aunque Hermione se había detenido cerca del borde de ella, Draco la había jalado hacia el mismo centro. Su orgullo le indicaba que si él bailaba, debía ser el centro de atención, aún a pesar de su adjudicada pareja.

Frunció los labios y volvió a tomarla de la mano. Debían empezar a bailar, se escuchaban ya los primeros acordes. Notó que Hermione no levantaba la cabeza, parecía querer memorizar las baldosas del suelo y para colmo, estaba ubicada casi a 2 metros de él…. Con fastidio, le dio un pequeño jalón hacia él hasta dejarla a prudente distancia para bailar y levantó la mano libre para tocar su espalda…

¡Que mierda!

Su palma se había posado sobre la espalda desnuda de Hermione. No había reparado en aquel escote, aunque recordaba fugazmente haberlo visto cuando ella le dio la espalda en el corredor, pero su rabia en ese instante había borrado aquella imagen. Quitó la mano como si le quemara…

– Te recuerdo que a mi tampoco me agrada este contacto… –exclamó Hermione sin levantar la vista.

Draco no necesitó verla directamente para adivinar su estado. Divisaba claramente desde su posición, las mejillas ruborizadas de la chica. Sin saber porqué exactamente, esbozó una sonrisa triunfal.

– …pero ya que estamos obligados, en medio de la pista y con los ojos puestos sobre nosotros, te sugiero que comencemos este martirio, suplicio o tortura para acabar y alejarme cuanto antes. Me enferma estar cerca de ti.

Frunció el ceño inmediatamente, borrando el gesto anterior. Masculló entre dientes y se obligó a colocar su palma sobre aquella suave piel. Sintió un tenue estremecimiento en ella y los músculos tensos ante el contacto de su mano. Exhaló con energía.

La música había comenzado a sonar y las parejas se movían al unísono. Draco se apresuró en iniciar el baile. Con pequeños pasos al inicio para determinar, como siempre lo hacía, que tanta soltura tenía su pareja al danzar. Luego continuaría aumentando la intensidad.

Demasiadas fiestas de sociedad junto a Cho, musitó mentalmente.

Aflojó un poco la tensión de su cuerpo al notar que, muy a su pesar, Hermione le seguía el ritmo con naturalidad y hasta diría que, con gracia y elegancia.

Obviamente porque soy un gran bailarín

Bailaron imperturbables por algunos minutos. En uno momento dado, Hermione creyó divisar a Harry entre la multitud de parejas en la pista. Giró la cabeza con decisión y sin querer el movimiento de su cabello dejó una estela perfumada a su paso.

Draco cerró los ojos por una milésima de segundo y aspiró aquel aroma con atrevimiento. Pero de inmediato los abrió horrorizado ante aquella muestra de liviandad de su parte. Se sintió furioso y desquiciado por partes iguales. Y se lo debía a ella. Era culpa de ella. Sabía que era una malísima decisión aquel baile. En su mente se formó súbitamente, la idea infantil de humillar a Hermione. Le haría tambalear y luego le soltaría para que cayera o se desplomara. Daba igual. Estaría feliz de regodearse con ese percance.

Empezó a realizar un giro inesperado. Hermione, que ya casi se había relajado por completo, gracias a que imaginaba que su pareja de baile era Harry y no Draco; sintió de pronto que el salón daba vueltas vivamente. Involuntariamente su cuerpo se lanzó hacia delante. Sus manos liberadas, segundos antes, se asieron con apremio a las solapas del elegante traje de Malfoy y se presionó contra él.

– ¡Qué diablos se supone que estás haciendo, Granger! – siseó con furia contenida, a la par que tomándola de las muñecas le apartaba con una mueca de aversión, cuidándose de no ser demasiado evidente–. ¡Creo que dejé bien en claro que soy un hombre comprometido!

Hermione no salía de su estupor. Definitivamente estaba desquiciado o paranoico. ¿Qué es lo que estaba suponiendo?. Tomó la decisión en el acto.

– ¡Me voy!. ¡No tengo porqué soportar un minuto más al lado de un imbécil arrogante que cree firmemente que si el sol sale, es exclusivamente para alumbrarle!. ¡Tu ego y tú pueden continuar bailando solos sin ningún problema! –apenas lograba contener la voz. Era conciente que algunas parejas habían volteado a mirarles, pero no le importó. Estaba a punto de dar media vuelta y marcharse cuando sintió los dedos de Draco crisparse alrededor de su mano.

Y es que Draco, a pesar de concebir la idea de dejarla ir y acabar aquel suplicio, tenía muy en claro que no iba ser motivo de comidilla ni de murmuraciones. Era insostenible que la gente pensara que era una pésima pareja de baile o que le dejaran plantado a mitad de una canción. Eso era aún pero que compartir unos minutos más con ella.

– Será mejor que –le apretó la mano con decisión a la par que le halaba hacia él – te comportes como una dama–. Hizo una pausa y recapituló – o al menos intenta comportarte como tal y no como una leona encrespada. Terminaremos este baile quieras o no –hizo el ademán de iniciar nuevamente.

– Voy a irme ahora mismo, Malfoy¿me escuchaste o te quedaste sordo momentáneamente? – levantó por primera vez el rostro mirándole con resolución. Se irguió en toda su extensión, aunque con todo y zapatos de tacón apenas le llegaba a la barbilla. Él continuaba mirando hacia la multitud, ni siquiera se dignaba a mirarla en ese momento.

Ella intentó nuevamente liberar su mano, tiró con decisión; pero Draco apretó aún más los dedos entorno a ella.

– Terminaremos este baile así tenga que arrastrarte por toda la zona. No me arriesgaré a ser parte de algún escándalo por tu causa –Siseó con voz gélida, como si escupiera cada palabra. Bajó la vista hacia ella. Sus ojos grises se habían tornado oscuros, penetrantes e insondables. –Está claro –terminó con tono irrefutable.

Hermione sintió un chispazo eléctrico recorriendo su espalda. Por alguna razón inexplicable era incapaz de apartar la mirada de aquellos ojos.

Grises…no sabía que tenía ese color de ojos…

Se obligó a voltear el rostro. No le gustaba aquella sensación extraña que experimentaba en ese instante. Se mordió el labio incapaz de refutarle. Decidió continuar con aquel odioso baile.

Ninguno de los dos volvió a dirigirse la palabra. Como autómatas, bailaron con destreza natural sin cruzar la mirada para nada. Apenas terminó la música, Hermione salió disparada hacia la mesa de Griffyndor dejando a Draco quieto en medio del salón.

ooooooooooooooOOOOOOoooooooooooooo

– ¿Te sucede algo, Hermione? – Harry le miraba inquisitivo. Hacía pocos minutos que había llegado a la mesa de Griffyndor después de dos bailes seguidos con Cho–. Te juro que no quise bailar otra vez, pero ella insistió mucho y la verdad yo… no sabía como decirle no.

– Harry no has hecho nada malo – volvió a la realidad–. Un baile con una amiga…– Harry levantó las cejas – bueno, con tu ex, no tiene por que ser una infidelidad o una traición. Yo confío en ti y no veo nada incorrecto en lo que has hecho. ¿Acaso no te divertiste?

– Ee eh bueno sí… pero no mucho – musitó.

Hermione sonrió ante la aclaración. Ella era feliz si las personas que amaba lo eran. Tampoco era cosa de volverse loca de celos por algo tan insignificante como un baile. – Tú al menos te divertiste, en cambio yo…

– Otra vez lo siento, Hermione, no debí dejarte parada, sola; esperándome.

– No estuve parada. Kingsley prácticamente me obligó a bailar con Malfoy – Hermione cruzó los brazos encima de la mesa y enterró su rostro en ellos en claro gesto de fastidio.

– ¡¿Cómo?!,¡¿bailaste con Malfoy¡Pero no quedamos en que no bailarías con na–

Hermione levantó la cabeza. La mirada que le dedicó a Harry fue motivo suficiente para contener a Harry. Tragó saliva y a duras penas continuó con voz neutra, carente de emoción.

– ¿ …y te divertiste bailando con él?. – articuló cuidadoso.

– Harry, estamos hablando de Malfoy. Draco Malfoy¿recuerdas?. Aquel que me agredía y humillaba cada vez que podía. Y que por lo visto, no ha cambiado un ápice.

Harry le acarició el cabello ensortijado con ternura – No te preocupes, no dejaré que vuelvas a bailar con él de nuevo y mucho menos toleraré que se te acerque o te mortifique de algún modo.

– No creo que sea posible, al menos esta noche – miró su reloj de pulsera – Kingsley pidió que me reuniera con él en el despacho de la Directora McGonagall dentro de unos minutos. Y también se lo pidió a él.

– Entonces será mejor que vayamos de una vez.

No creo que se pueda, Harry – se movió incómoda en su sitio. Pidió expresamente que vaya sola – creo que tú tienes cita el día lunes con él… verdad?.

Harry no pudo dejar de sentir una pequeña punzada de fastidio, aunque no lo dejo notar. Ambos se miraron contrariados y un incómodo silencio los envolvió.

ooooooooooooOOOOOOooooooooo

Draco avanzaba hacia el despacho de McGonagall veloz como pantera. Aún estaba alterado por el dichoso baile con Hermione. Le molestaba que hubiese salido literalmente corriendo de su lado, apenas terminó la música. No es que esperara una reverencia o un cumplido de su parte, pero la etiqueta al menos obligaba una cortés despedida. Le enfurecía que ni siquiera se había dignado a mirarle. Y para colmo de males, Cho había vuelto a bailar con Harry, y él se había tenido que retirar hacia un lado del salón para que nadie observara que estaba esperando por ella. Volvió a su mente la imagen de Hermione realmente escapando de su lado al terminar el baile.

Ni siquiera volteó – resopló con fiereza.

Al doblar una esquina, ensimismado en sus pensamientos, casi se estrelló con Hermione, quien también avanzaba presurosa. Detuvo la marcha con prontitud y evitó el choque. Ambos se observaron de hito en hito, sin pronunciar palabra. Continuaron avanzando hacia el despacho, separados, casi pegados a sus respectivos extremos del corredor. Llegaron a la gárgola de piedra que vigilaba la entrada del despacho de McGonagall.

Magnus liber

La gárgola cobró vida y se apartó hacia un lado y la pared que tenía detrás se abrió dejando ver una escalera de piedra que se movía continuamente hacia arriba, como una escalera mecánica de caracol. Hermione se apresuró a subir y Draco lo hizo dos escalones más abajo. Ambos miraban hacia puntos equidistantes. La pared se cerró tras de ellos con un ruido sordo y empezaron a ascender describiendo círculos hasta que llegaron a la brillante puerta de roble en la que sobresalía la aldaba en forma de grifo.

Draco se adelantó a grandes pasos y con la intención de tomar aquella aldaba. Obviamente a él tendría que atenderle primero el Ministro.

Ella puede esperar sentada

Pero no contaba que Hermione había resuelto lo mismo. Ella también había extendido su brazo decidida a llegar primero hacia el picaporte y anunciar su presencia.

La mano de ella se ciñó en el frío metal segundos antes que la mano de Draco intentara hacer lo mismo. El envolvió sin querer la mano de Hermione bajo la suya.

– Quita tu mano de la mía, Malfoy – siseó furiosa y alterada. No le gustaba para nada ese contacto.

– Deja tú la aldaba, que debo llamar primero – bufó enojado, pero sin quitar la mano.

– Yo llegué antes, por si no lo has notado – replicó.

– Eso me tiene sin cuidado; a quien atenderá en primer lugar será a la persona más importante… y obviamente sabemos de quien estamos hablando…

–…. Aún no has soltado mi mano, Malfoy – protestó Hermione, demasiado incómoda para continuar discutiendo. Draco estaba junto a ella, lado a lado. Hasta llegaba a ella la varonil fragancia que usaba esa noche. Le hablaba sin mirarle, consciente de su cercanía. No le gustaba sentir el contacto de su mano aprisionándole. Ambas manos se moldeaban perfectamente. Su pequeña mano se acoplaba bajo la palma de Draco con naturalidad. Estaba cálida. Creyó notar una ligera presión, como si él deseara estrecharla aún más.

Como si no deseara soltarse.

Era estúpido pensar en cosas como esa. Debía cortar aquella unión.

Veo que empiezan a relacionarse – una voz a sus espaldas los hizo saltar. Kingsley avanzó hacia ellos con rapidez – deseo hablar con ustedes lo más pronto posible porque ya estoy algo retrasado con mi viaje.

Ambos liberaron sus manos velozmente y se situaron a cada extremo de la puerta de roble, poniendo distancia entre ellos. Hermione estaba contrariada, después de todo, Kingsley era el Ministro y no quería que observara los jaleos con Malfoy. Eso podría restarle autoridad ante cualquiera y distorsionaría su reputación de ecuanimidad y equilibrio que siempre solía presentar ante todos.

– Señor Ministro, vine aquí como solicitó – Draco se acercó veloz – así que en cuanto entremos al despacho, podremos empezar nuestra reunión... solos.

– Tengo la certeza de que Kingsley – e hizo énfasis en el nombre de pila del Ministro, derecho ganado en todos esos años de vivencia con él – querrá primero hablar conmigo, después de todo, ambos tenemos una relación amical y laboral muy cercana. – le dirigió a Malfoy una mirada altiva.

– No estaría tan seguro de esa apreciac–

– Quieren por favor empezar a tratarse con mejores modales y con más disposición – expresó Kingsley exasperado. Tomó la aldaba entre sus dedos y llamó tres veces–. Después de todo, eso les facilitará su trabajo.

Ambos le miraron inquisitivamente. ¿De que se suponía que estaba hablando?

– Me temo que no le he entendido bien… – exclamó Draco extrañado. ¿Qué tenía que ver Granger con su evento?

– ¿Qué trabajo? – pronunció Hermione recelosa.

Su nuevo trabajo. Ambos tendrán una misión en común desde ahora. Trabajarán más que juntos.

– ¡¡¿Cómo?!! – gritaron al unísono.

– Entremos al despacho para explicarles mejor.

Hermione se quedó sin habla, incapaz de pronunciar siquiera una queja, sólo siguió a Kingsley como autómata.

Draco marchó tras ellos dos, no sin antes maldecir por lo bajo.

Mierda, esto no puede estar ocurriendo.


Wow!, ambos deberán trabajar muy…muy cerquita a partir de ahora!! Woooowww!

Me encanta!!!

Esa relación odio-atracción que hay entre ellos….