Holasss!
Gracias again, por los comentarios y sus visitas. Me divierte mucho escribir esta historia porque amo literalmente hablando a esta parejita. Me fascinan. Y he tratado de darle un enfoque algo más maduro a los personajes porque obviamente se desenvuelven 10 años después del colegio, y ya sus problemas pues tienen que ver mas con sentimientos y actitudes marcadas y fuertes.
Estoy tratando en lo posible de no incluir spoiler alguno del 7mo libro, porque aún no ha sido publicado en español,…pero sólo diré que me siento contenta de que las cosas hayan resultado como me las imaginé yeyeye.
Bueno, sin más preámbulos otro capítulo a vuestra disposición:
CAP 6. :LA DECISION DEL DRAGON
– Harry, no te esperaba – habló Hermione con más aplomo.
– No te dije que los encontraríamos así… toda mi vida es esto, trabajo, trabajo, trabajo. Draco no sabe hacer otra cosa. Y ahora que trabajan juntos, tú también sufrirás esta cruz que llevo por estar casada con un adicto al trabajo – Cho se dirigía a Harry que aún continuaba a su lado.
Ambos se habían encontrado en la entrada del Ministerio. Cho trató de retener a Harry iniciando una conversación ahí mismo, pero él estaba desesperado por saber si Hermione se encontraba ahí. Le asaltaba la incertidumbre por comprobar que realmente estaba trabajando y no en otro lugar. Tomó delicadamente a Cho del brazo, gesto que ella interpretó como galante, y le jaló hacia el elevador para llevarla a la oficina de Hermione. Según Cho, Draco también se había tardado demasiado y ella daba por sentado que él se encontraba en esos instantes trabajando como siempre, ya que cuando tenía en mente un nuevo proyecto se empecinaba en abocarse en él y no disfrutaba de la vida. Por ejemplo ahora, ellos tenían un compromiso de antemano y obviamente ella no faltaría así tuviese que llevar a Draco a rastras.
– Porque yo soy una mujer bien casada con uno de los hombres más ricos de nuestra comunidad y obviamente todos deben conocerlo, después de todo, nos instalaremos definitivamente por aquí y tengo que integrarme en este nuevo círculo social. No sabes el esfuerzo que conlleva ir haciendo amistades, de reuniones de té, de cenas, de galas benéficas, de partidos de polo. Y eso lo he hecho en cada país que visitamos. Tú entiendes Harry, hay que codearse con lo mejor de lo mejor – hablaba y hablaba Cho sin parar por varios pisos.
Al fin llegaron al piso correcto y los dos avanzaron hacia aquella oficina. Harry se detuvo un instante y Cho sorprendida lo conminó a avanzar.
– Te alcanzó en un segundo, Cho – le habló cortés.
Ella continuó avanzando hacia la oficina, pero Harry dio una pequeña vuelta por las oficinas y pasillos para comprobar si había alguien por ahí… aunque no lo pensaba abiertamente, la imagen de Justín flotaba en su mente. Al comprobar que no había nadie por allí, avanzó hacia el DCMI
Harry miró a Draco fijamente y éste le devolvió la mirada altanero como siempre, al parecer ninguno quería ser el primero en saludar. Harry finalmente cedió al comprender que acababa de llegar y movió la cabeza hacia arriba.
– Buenas noches – dijo finalmente.
Draco asintió sin dejar de mirarle con arrogancia.
Hermione jugaba nerviosa con la tela de su blusa, a pesar de que sólo estaba trabajando se sentía desorientada y abochornada por lo ocurrido con Draco, aunque intuía que la turbación que sentía y ese agitación que surgió en ella cuando enredó sus dedos en los rubios cabellos de él, se debía al hecho que sólo había tenido contacto tan cercano con un hombre en su vida. Y ese era Harry.
Víctor Krum, fue un flirteo adolescente, y con las justas llegaron a un par de besos furtivos y nada más. Luego de eso, a pesar que vivió por mucho tiempo ilusionada por Ron, nunca pudo concretarse esa unión y luego los años, la cercanía y la amistad con Harry terminaron uniéndolos. El había sido y seguía siendo el primer hombre en su vida. El único a quien ella había tocado, deseado y amado. Y aunque, en aquel contacto con Draco no hubo malicia, ni sentimiento alguno de su parte, más bien un deseo genuino de ayudar, la turbación que sintió por ello le causaba el nerviosismo de ese instante.
Harry avanzó hacia Hermione y le dio un beso discreto en los labios. Alzó el rostro y rodeó la oficina con la vista. Se acercó hacia el escritorio donde estaban aún los platos y cogió una copa de vino, la única vacía, pues Hermione sólo había bebido agua helada, y la alzó.
– ¿Estaban celebrando algo? – preguntó dirigiendo la mirada hacia Draco.
Draco esbozó una sonrisa burlona. Sabía exactamente el porqué del fastidio de Harry. Y eso le divertía.
Como si yo quisiera enredarme con la sangres–
Pero, aunque quiso terminar el insulto, como tantas veces atrás, en esa ocasión se le quedó en la garganta. Aunque de todas formas, nada cambiaba el hecho que Potter sentía peligrar a su mujer…
...MIERDA!, no me acordé…
Y es que aunque él lo sabía, ya que el mismísimo Potter se lo había comentado en el baile en Hogwarts ni siquiera se le había pasado nuevamente por la cabeza. Todas esas semanas en que estaba trabajando en el Ministerio no les había visto juntos. Incluso haciendo memoria de las pocas veces que Granger había estado cerca de su escritorio hablando con alguno de sus asistentes, jamás había mencionado al Elegido. Supuso que lo suyo era sólo un flirteo y nada más.
– ¿Y bien? – volvió a inquirir Harry
– Harry, estábamos cenando algo. No habíamos almorzado porque mañana tenemos una presentación muy importante y las horas se pasaron volando, por eso Malfoy trajo algo para comer aquí. Mañana les mostraremos los avances de la planeación del Torneo a los representantes de Beaubexton y de Durmstrang. Kingsley nos pidió que lo tuviésemos listo para a las 8.00. Así que, no estábamos celebrando nada – respondió exasperada. Le molestaba que Harry se comportara de esa manera, haciéndola parecer culpable o desleal.
– Al menos aún no…– acotó Draco mordaz.
– ¿Cómo dices? – Harry apretó los puños fieramente.
Hermione giró hacia Draco, mirándole como si hubiera perdido el juicio.
– ….celebraremos cuando la presentación sea un éxito. Después de todo, Kingsley me comentó temprano que habrá un pequeño cóctel terminado el evento – continuó con aire de suficiencia.
Hermione se quedó mirando a Draco sin pestañear. Nadie le había comentado nada de aquel cóctel.
– Darling¿podríamos irnos ya?. O llegaremos tarde a la reunión que ofrecen Theodore y Mellisa Wilkshire-Darth. Me prometiste que esta vez si me llevarías… lo prometiste – Cho había avanzado hasta quedar junto a Draco y estaba literalmente colgada de su brazo. Le hablaba con una mezcla de súplica y reclamación en la voz.
Draco avanzó con ella hacia un lado apartado del lugar. Se notaba a leguas que estaban discutiendo. El se pasaba la mano por la cabeza en franco gesto de frustración. Ella hacía morritos como niña pequeña, tenía las manos cruzadas sobre el pecho y movía con furia uno de sus pies enfundado en un tacón altísimo. El hermoso vestido verde agua se tensaba ante cada impetuosa sacudida.
– ¿Por qué no me mandaste una lechuza diciendo que demorarías?. Creía que estabas en otro lugar… – espetó Harry visiblemente molesto.
Hermione le dirigió una mirada fría. Ahora él era el ofendido…
– Harry, mañana tengo una reunión muy importante, la primera de muchas. Demostraré… bueno demostraremos, lo que hemos desarrollado en estas semanas
Lo que hicimos cada uno por nuestra cuenta y juntamos hace unas pocas horas…
– Recién me enteré hoy de esa reunión y francamente las horas se pasaron volando. Lamento no haber enviado una lechuza – le tomó la mano, pero sintió que él aún estaba renuente – No fue mi intención preocuparte. Pero aún nos falta perfeccionar algunos detalles y Malfoy sugirió que tomáramos algún alimento… Sabes, estaba a punto de comerme las uñas del hambre… – esbozó una sonrisa que quedó congelada al contemplar la fría expresión de Harry.
– ¿Quieres decir que aún no han terminado? – Espetó Harry disgustado – Mira la hora que es¿pretendes quedarte hasta quien sabe que hora con él, sola, aquí?
Hermione miró de reojo hacia donde se encontraba Draco. Al igual que ella, estaba en medio de una discusión.
Por Dios… sólo estamos trabajando… no es justo
– Harry, vamos, porqué no me ayudas un poco, con tu experiencia podríamos agregar algunas cosas más. Yo se que tienes muy buenas ideas, no por nada has enfrentado tantos peligros. ¿Por qué no nos sentamos y vemos juntos algunos datos, por ejemplo estábamos viendo con Malfoy la posibilidad de…
– Dejémoslo así, Hermione, ya te dije que no estoy de acuerdo en que te arriesgues a organizar el torneo. –le cortó malhumorado.
Le dolió tanto oírle expresarse de esa manera. Cada vez más se iba acumulando en su alma aquel desosiego y tristeza. Le lastimaba aquella indiferencia que él demostraba. ¿Acaso no entendía que todo aquello le hacía feliz?. ¿Porqué entonces no le apoyaba?. Pena y disgusto se mezclaban en su alma en aquel momento. Iba a abrir la boca para responder no de muy buena manera a Harry, cuando de improviso Draco se acercó a ellos. Venía con Cho aún colgada de su brazo. Tenía una expresión hastiada en el rostro.
– Granger – tomó aire y volvió a recuperar ese aire de suficiencia que siempre tenía – dejaremos para mañana los últimos detalles. Con una hora antes de anticipación aquí en la oficina, terminaremos. Debo retirarme ahora. Un compromiso – sus ojos se desviaron por un segundo hacia Cho y luego los blanqueó – ineludible me espera esta noche. Mañana a primera hora estaré aquí. Espero que tú también…. puedas – Miró a Harry de soslayo.
Hermione en otras circunstancias le hubiese gritado de todo, desde irresponsable, inconsciente, descuidado hasta negligente, pero debía ser consciente que, con Harry y Cho allí parados como dementores volando alrededor suyo, no hubieran podido avanzar nada. Asintió rendida.
– Pero Hermione¿mañana saldrás también temprano?, No te parece que–
– No-te-atrevas-a-decir-nada-mas – Hermione dio media vuelta hacia Harry y le siseó despacio, cuidándose que nadie la viera. Le lanzó una mirada asesina al hacerlo.
Draco desapareció por la puerta de salida junto a su esposa. Antes de salir se detuvo en el umbral y giró el rostro. Hermione aún seguía discutiendo con Harry y no pudo percatarse de este detalle.
¡RIINNNNGGGGG!
– ¡Madre Santa! Es tardísimo!... – gritaba eufórica Hermione. Acababa de aventarle un manotazo al despertador que cayó y se hizo añicos – ¡Harry son las 6.00 y aún no me he duchado, cambiado, arreglado y todavía faltan las últimos arreglos de la exposición¡No se suponía que pondrías el despertador a las 5.00 am!
Harry abrió lánguidamente los ojos y cogió sus gafas de la mesa de noche – Pensé que dijiste 6.00 am – bostezó al hablar.
– Te dije bien claro 5.00 am. ,¡Me hubieras dejado programar la bendita alarma por mi misma! – corría hacia la ducha veloz.
– Siempre tienes problemas con ese despertador, aunque creo que por fin se acabaron – le dirigió una mirada triste a los circuitos, cables y chips regados en el piso. Tomó su varita y con un hechizo limpió el desorden – si me das un minuto puedo acompañarte – lo decía, pero había vuelto a meterse bajo las sábanas.
– Harry no te olvides que hoy debes ir a la Madriguera. Bill quedó contigo la semana pasada para una reunión con la Orden. Y recuerda pasar por Hagrid, ya sabes que desde lo de Fang, anda medio sensible – la voz de Hermione se oía apenas bajo el ruido del grifo abierto.
Terminó de arreglarse. Sólo un poco de maquillaje, muy sutil, ya que ella no era de aplicarse cantidades industriales como Parvati o Romilda. Se había puesto un traje sastre claro, entallado que realzaba las curvas de su cuerpo aunque no con mal gusto, una blusa de seda transparente y zapatos de tacón bajo. Supuso que la ocasión lo ameritaría. Se cubrió con la túnica obligada.
– ¿Tienes que ir con esa blusa, porqué mejor no te cambias y podríamos aprovechar ese tiempo? – sugirió Harry a su lado. Se había levantado y ya tenía una taza de café en la mano. Iba descalzo y con el cabello oscuro revuelto. Avanzó hacia ella sólo vistiendo el pantalón del pijama. Su torso atlético le confería un aire salvaje. Se apoyó con un brazo a la esquina de un repostero y con el otro se llevó la taza a los labios.
Hermione le miró imperturbable. El sabía muy bien como le gustaba verlo así, de ese modo. Le encantaba ver y tocar su duro torso. Le agradaba pasar los dedos por aquella musculatura abdominal definida y por los bíceps de sus brazos. Pero también sabía que Harry aprovechaba esta ventaja sobre ella. Y esta vez no le daría el gusto.
– De veras lo siento, Harry – le hizo a un lado delicadamente, mientras avanzaba hacia la chimenea – pero tengo el tiempo justo para ir a la oficina – hoy no podré aparecerme porque vengo haciéndolo ya muy seguido, así que tendré que ir con los polvos flu y sabes que eso puede demorar un poco, por la cantidad de gente que va al Ministerio.
– Hermione¿porqué tienes que arriesgarte organizando el Torneo?. Deja todo de una buena vez… -
– Harry, por favor, ahora no necesito recriminaciones ni reclamos. Necesito tu respaldo y tu confianza –se acercó a él y le tomó de la mano. Con la otra le acarició la mejilla con cariño.
El cogió su mano, se la llevó a los labios y depositó un beso tierno en ella. – Deja todo Hermione, hazlo por mí –habló demandante.
Ella suspiró devastada. Se alejó de él rápidamente, porque no quería llorar frente a él, y las lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos castaños. Caminó hacia la chimenea de la sala.
– ¿Y la blusa? – bufó harry decepcionado -¿No te la cambiarás por lo menos?
– La blusa esta bien y punto.
– Pero está muy transparente… casi se te ven los–
Pero la mirada que le lanzó Hermione bastó para callarlo. Ella cogió un puñado de polvos del macetero sobre el aparador y gritando "Ministerio de Magia" desapareció entre llamas verdes.
– …aun creo que esa blusa es demasiado transparente – bufó Harry y volvió a hundirse en su cama.
– ¡Maldición! – gritaba eufórica Hermione. Corría hacia el ascensor, con papeles en la mano, su varita y un vaso grande de café recién comprado, desesperada al verlo a punto de cerrar sus puertas. Ya casi eran las 7.00 y lo que menos deseaba era llegar y encontrar a Malfoy ya en la oficina. Se imaginaba todas las cosas despectivas que diría al verla llegar tarde.
¡FINITUM!
Las puertas del chirriante ascensor de metal se detuvieron en el acto y ella pudo llegar e ingresar a tiempo. Guardó la varita en el bolsillo con cuidado de no verter el vaso de capuccino caliente que tenía en la mano y giró inmediatamente para indicar el piso correspondiente y al recostarse contra el frío metal grande fue su sorpresa al encontrar a Draco también allí dentro.
Aparentemente, él ni siquiera se había percatado de su presencia. Estaba ligeramente recostado contra la esquina posterior del ascensor, con los brazos sobre el pecho y la cabeza ligeramente ladeada y apoyada en el ángulo izquierdo del elevador. El flequillo ocultaba parcialmente sus ojos. Tenía la misma ropa del día anterior.
Hermione se acercó con disimulo. Iba a despertarlo, pero al llegar a su lado y verlo así, con los ojos cerrados, respirando tranquilo, con aquel semblante apacible, pacífico, tan agradable… tan distinto a como solía exhibirse siempre, no lo hizo. Se acercó aún más y le observó con detenimiento, con una curiosidad que nunca había sentido jamás por él. A pesar de que tuvo que levantar bien el rostro, ya que él, a pesar de estar un poco encorvado, le llevaba casi una cabeza de altura.
Sus cabellos eran muy rubios, casi platinados. Ayer los había tenido enredados entre sus dedos, y un ligero cosquilleo en su estómago surgió a la par de ese recuerdo, pero ahora los observaba con mayor atención. Estaba ligeramente despeinado. Algunos mechones le ocultaban la frente pálida, liberada de esa típica línea que siempre se le marcaba, cuando ostentaba aquellos gestos de arrogancia o de maldad y le conferían ahora un aire afable. Sus ojos cerrados estaban enmarcados por pestañas muy claras, casi del mismo color de las cejas que los precedían. Tenía una nariz recta, de tamaño y forma perfecta, cuyas ventanas se movían sutilmente con la respiración y terminaba en una punta algo respingada.
Con la que siempre apunta hacia arriba cuando camina…
Sus mandíbulas ahora eran mucho más anchas que como las recordaba de adolescente. Era obvio pues le había dejado de ver cuando ambos estaban aún en el colegio y ahora él ya frisaba casi los 28 años. Pero aún conservaba el mentón anguloso. Su piel era blanquecina pero el recuerdo del día anterior donde lo vio teñirse de un rojo encendido cuando se cayó de la silla, le arrancó una sonrisa muda. Se acercó aún más al notar la tenue sombra sobre la piel de las mejillas y la barbilla puntiaguda. Le asombró darse cuenta de esa incipiente barba castaña en su rostro. Habría creído que nunca se afeitaba. Seguía sin entender a que se debía aquella súbita curiosidad. Y tampoco entendía porqué aún no dirigía la mirada en aquella parte del rostro de Draco que aún le faltaba explorar…
Pero que camisa tan bonita tiene…
Había bajado la vista y trataba de mantener la atención entre la solapa del saco y su camisa suelta, con los dos primeros botones abiertos hasta que la curiosidad y expectación finalmente le vencieron. Volvió a elevar la mirada lentamente…
Sonrosados, delgados… aunque el inferior es algo mas grueso… carnoso…
– Si continúas contemplándome, terminarás mojando el piso, Granger – le soltó Draco de improviso, esbozando una mueca burlona.
Hermione dio un respingo y retrocedió en el acto.
- ¿Qu eé ? – logró balbucear apenas, roja de vergüenza. Retrocedió y ahora estaba literalmente pegada a la pared opuesta del ascensor.
Draco se irguió, estirando los brazos nada elegante e inmediatamente tapándose la boca para ahogar un bostezo. No hizo el intento siquiera de acercarse a ella. Continuó en su esquina, ahora con los brazos nuevamente cruzados sobre el pecho, observándola con una mueca en el rostro.
– Café – habló Draco.
– ¿Eh?
Hermione continuaba emulando a un tomate y monosilábica en extremo. Sentía que sus mejillas ardían y el corazón le tamborileaba como en un concierto. Por primera vez, ella no sabía que decir o que hacer. Trataba de buscar una salida lógica o una excusa decente para justificar su comportamiento pero su mente estaba bloqueada. Y sentía furiosa con ella misma y este sentimiento se mezclaba con el aturdimiento y azoramiento interno por aquella frase que él le había soltado. Bajó la vista incapaz de continuar mirando aquellos ojos grises burlones.
Draco le observó extrañado ahora. ¿Por qué ella estaba tan turbada?. Le veía claramente azorada, adherida prácticamente a la esquina contraria del elevador, tratando de poner la máxima distancia de él. Había visto sus ojos color avellana, brillantes y titilantes con las pupilas dilatadas observándolo abstraída, como si le gustara hacerlo
Obviamente eso es imposible…
Y ahora esta frente a él, como una niña pequeña atrapada en plena travesura. Sus mejillas redondeadas estaban encendidas, su respiración agitada, su cabello castaño y revoltoso enmarcaba el rostro casi oculto donde sus ojos estaban clavados en el suelo. No era ni la sombra de la mujer con la que había alternado esas semanas. Fuerte, comunicativa, elocuente y de decisiones rápidas, que ponía la cuota de equilibrio y energía sobre su equipo de trabajo. A veces la observaba desde su escritorio, de reojo, dirigiendo a sus compañeros con decisión, capacidad e inteligencia. Y en algún momento incluso, creyó advertir un sentimiento de respeto hacia ella, obviamente causado por la poca costumbre de ver mujeres como ella. La mayoría de su círculo sólo vivía para divertirse y para ser la extensión de su pretendiente, novio o marido de turno. Pero ahora ella estaba frente a él, paralizada, de una pieza, balbuceando. Y si se mantenía así, la presentación sería un asco. No podía arriesgar sus negocios.
Recompuso el semblante, borrando aquella sonrisa burlona y adoptó la mayor expresión de impasibilidad que pudo.
– Café, Granger. Lo derramarás sobre el piso si no tienes cuidado y lo mojarás – continuó con tono neutro –Y aunque no es mi costumbre, y en general no es una costumbre nada distinguida¿Te queda un poco que pueda ser consumido por mí?. Normalmente bebo dos tazas en el desayuno, pero aún no he desayunado….
Hermione alzó el rostro desconcertada. Ya no tenía aquel gesto burlón y parecía no querer mencionar lo anterior. Sus ojos grises no denotaban ningún gesto malicioso o sarcástico. Hasta parecían sinceros.
– Bu uueno, aún no tomaba nada…
– Que bueno, así no tendré que vacunarme…
La mirada asesina de Hermione lo dejó a medio camino y con la mano extendida en el aire.
Carajo! Ya metí la pata….
– No funciono muy bien por las mañanas, y menos con el estómago vacío. Así que no soy conciente de mis actos o palabras –trató de que su voz sonara normal y hasta esbozó una mueca parecida a una sonrisa.
Hermione aún le miraba ceñuda. Estaba acostumbrada a sus insultos, pero odiaba que le tomara desprevenida. Decidió no responder, después de todo, debían trabajar rápido. Miró su reloj y vio con horror que ya casi eran las 7 am, tenían una hora para terminar. Le entregó el café con rudeza sin decirle nada, justo cuando la puerta del elevador se abría. Salió presurosa directo a su oficina.
Draco le siguió, limpiándose con el blanquísimo pañuelo la mancha de café de la manga del saco y maldiciendo por lo bajo.
Armaron la presentación casi de inmediato. A Hermione le desconcertaba la facilidad que tenía para trabajar con Malfoy a diferencia de su interacción social con él. Cuando se sumergían en aquel mundo, todo era distinto. Ambos eran dedicados, vehementes, apasionados. Las ideas saltaban con naturalidad. La experiencia de Malfoy ganada en sus viajes, sus conocimientos, ingenio, talento, lograban que todo se encaminara como ella lo deseaba. Ella se sentía bien de poder opinar, expresar sus ideas, sin censura, sin temor. Hasta notaba que a él también le agradaba, obviamente hasta cierto punto y por imposición, trabajar con ella.
Draco se sentó teatralmente en la silla contigua a la de Hermione y exhaló ruidosamente.
– ¡Por fin esta listo!. Y creo que quedó bien…
– ¿Crees¡Por supuesto que ha quedado bien!, aunque… todavía podemos cambiar una de las opciones para la segunda prueba… no crees que podríamos cambiar a la monstruosa Escila, no creo que al calamar gigante le guste mucho su compañía… - se sentó junto a él y le miró ansiosa.
– Granger, te vengo repitiendo que si escogen a Escila, podremos manejarla sin contratiempo alguno. Conozco a muchos magos sicilianos que con una buena paga la traerían y la mantendrían a raya en el lago.
– Pero Malfoy… aún dudo mucho que sea fácil manejar a un monstruo marino de doce pies y seis largos cuellos, cada uno con una cabeza con tres hileras de dientes…
- Ya tranquilízate que todo estará bajo control, así lo hemos planeado ¿no? – Draco colocó una mano sobre la de ella. Fue un gesto involuntario para serenarla. Pero debió haber un error, porque vio que ella abrió los ojos con sorpresa, retiró su mano como si aquel contacto en lugar de calmarla, le había hecho el efecto contrario. Se levantó y murmuró algo de traer más café mientras salía de la oficina.
Mujeres… murmuró mientras volvía a repasar mentalmente la elección de Escila como opción para la segunda prueba.
Hermione regresó con dos tazas de café humeante recién hecho. Normalmente Lavender le traía el café por las mañanas directo a la oficina, pero aún no había llegado nadie. Todo estaba tan silencioso. Avanzó hasta su oficina, la única dentro de aquel departamento que tenía privacidad, ya que todos los demás trabajaban en escritorios separados por paneles de vidrio. Entró y encontró a Malfoy aún ordenando papeles.
– Te traje un café… -le habló ya mas calmada. Le había incomodado que Draco le tocara. No le gustaba para nada aquella clase de contactos con él. Algo en su interior le decía que era peligroso. Aunque trató de encontrar una razón de peso, racional de su comportamiento, no pudo deducir nada y sólo se limitó a pensar que simplemente no debía y punto.
Draco recibió la taza sin agradecerle y la bebió de inmediato. Hizo una mueca de desagrado cuando lo probó.
– ¿No tenían más azúcar? – habló molesto.
– Si quieres azúcar, hay una solución muy sencilla para eso – replicó ofendida Hermione.
– ¿Cuál?,¿que corras a traerla? – inquirió mordaz.
– Ja, ja, que gracioso eres – Hermione le hizo una mueca-. Si quieres azúcar, agita tu varita y trae el azucarero para acá. Yo no soy tu sirviente.
– Sólo quería ver cuan rápida eres, Granger. Hace un rato saliste corriendo, sólo quise comprobar si podrías mejorar tu marca personal – esbozó una sonrisa burlona.
Hermione apretó los puños pero no dijo nada. Se volteó y fue directo hacia el pequeño baño dentro de su oficina. Quería darse un retoque antes de la presentación. Se observó en el espejo y comprobó el prolijo estado de su traje. Y esto hizo que reparara en un detalle.
– ¿Supongo que habrás traído ropa extra para la presentación? – se dirigió a Draco con tono autoritario –No pensarás ir con esa ropa toda desliñada, cierto?
Draco brincó de su asiento y abrió los ojos horrorizado. No había reparado en ese detalle. Ni siquiera había podido ir a cambiarse porque Cho le había prácticamente obligado a quedarse hasta la madrugada en aquella estúpida velada. Y luego al llegar a casa se había producido aquel hecho tan importante en su vida…y salió de ahí con lo que tenía puesto.
Demonios! No puedo ir vestido así…
– VOY A CAMBIARME EN ESTE INSTANTE! – gritó eufórico
– Yo también saldré. Tengo que hacer algo importante. Nos encontraremos en la oficina de Kingsley a las 8.00 en punto –le cortó Hermione imperiosa.
Draco asintió y dando un giro desapareció en el acto.
– Ojalá y no se demore, aún faltan 20 minutos. Iré a mandarle una lechuza a Harry contándole que terminamos a tiempo.
Aunque ni siquiera me deseo suerte…
Ese pensamiento se le clavó dolorosamente en el alma. Últimamente nada de lo que hacía parecía complacer o gustar a Harry. Y ella sentía por momentos que no quería vivir tratando de buscar la manera de agradarle a alguien o comportándose de una manera distinta para hacer feliz a otro. Solo quería ser ella misma… Aquella decisión en su mente se iba acercando cada día más y más….
Hermione salió de la oficina y avanzó hacia la lechucería del Ministerio. Esta quedaba sólo a un piso, así que no demoraría ni cinco minutos.
Apenas unos segundos de la salida de Hermione, Draco volvió a la oficina. No había reparado en un detalle. No podía volver a casa. Había por fin dejado a Cho. Se había separado de ella.
Todos esos años de convivencia con ella, habían sido tan malos…. Cuando se encontró con ella años atrás, quizás la nostalgia de tantos años fuera de su país, de sus raíces. Había huido de todo lo malo que hizo, de los caminos errados que había tomado en su vida. Se arrepintió de haber actuado contra Dumbledore. Se dio cuenta de la persona que era aquel viejo decrépito como solía llamarlo. El le ofreció ayuda, le tendió la mano a pesar de que pensaba matarlo. Ese pensamiento lo había corroído por años. Por eso huyo. Y había logrado curar en algo sus heridas, y la vio a ella. Tan solícita, tan amorosa con él. Se enredó con ella al comienzo como un pasatiempo, y creyó por algunos meses que la amaba, para luego darse cuenta que sólo era un capricho, un desahogo. Pero cuando decidió dejarla, ella le dio la noticia de su embarazo. ¿Qué podía hacer¿acaso podría comportarse como el Malfoy de aquella época adolescente?. No podía dejarla con un bebé. Y decidió casarse con ella. Valió la pena sólo para ver a su hijo crecer. Era lo único bueno que tenía en su vida. Lo más puro y lo verdadero. El único cariño sincero y desinteresado que su corazón albergaba. Con su hijo era otro. Ante él, y sólo ante él se permitía ser tal y como era. Pero para todos seguía siendo arrogante e insensible. Pero ya no podía mantener la farsa de ese matrimonio. Ella era tan vacía, tan irrazonable, inclusive por momentos sentía que no tenía un sentimiento fuerte para con su hijo.
Y por fin tomó la decisión que tantas veces había dejado de lado. Justo por eso. Porque a pesar que ella sabía que Lucius estaba algo resfriado, no había querido rechazar aquella invitación. Discutieron en la terraza de esa mansión, porque él quería irse para estar con su hijo y ella se empecinaba en quedarse a bailar y beber aún más, como si no fuese suficiente que salieran todos los fines de semana. La llevó a pesar de sus protestas a Malfoy Manor y allí ocurrió. Ella lloró, prometió una vez más que cambiaría, como tantas veces en las que él le planteaba la separación, pero por primera vez él se mantuvo firme. No regresaría con ella. Ella lo amenazó con no dejarlo ver a su hijo nunca más. Aunque le doliera en el alma, sabía que Lucius amaba a su madre y un niño tan pequeño no podría estar separado de su madre y tuvo que dejarlo con ella. Le amenazó con dejarla sin un centavo si se oponía a que lo viera y recién allí ella cedió, no sin antes jurarle que nunca lo dejaría en paz.
Llamó a Heyda e hizo que su elfina trajera un traje nuevo y sus artículos de limpieza. Se cambiaría allí e iría donde Kingsley. Se metió en el pequeño baño, se aseo, rasuró, y procedió a sacarse el pantalón arrugado. Renegando por no poder darse un baño completo. Con rapidez se cambió el bóxer, las medias se puso el nuevo pantalón gris y se acordonó los zapatos impecables. Con la varita desapareció todo aquello ropa mientras se la iba despojando. Se quitó la camisa y lo demás y se lavó la rubia cabeza en aquel incómodo lavabo. Se irguió y salió del baño con dirección al respaldo de la silla donde se encontraba su camisa limpia. Con una toalla verde con sus iniciales procedió a secársela con movimientos enérgicos. Su pecho desnudo tenía algunas gotitas de agua que habían escurrido y que ahora resbalaban por la musculatura firme que tenía. Tenía un gimnasio enorme en su casa y le gustaba todos los días hacer pesas y ejercicios para mantenerse en forma. Sus brazos, elevados, aferrados a la toalla se movían impetuosos sobre su cabeza y hacían que sus bíceps se tensaran denotando la fuerza en ellos. Sus pectorales abultados se movían rítmicos ante las sacudidas. Los abdominales marcados se dibujaban claramente en él, sin una pizca de grasa, sólidos y recios. Cualquier mujer habría quedado extasiada ante esa visión…
Y fue lo que le sucedió a Hermione. Había regresado a la oficina por su pequeño bolso de mano, olvidado sobre su escritorio. Abrió la puerta y quedó parada en el umbral, petrificada.
Sus ojos recorrieron el cuerpo de Draco como si tuvieran vida propia. Quiso correr y salir de ahí, pero no lo consiguió, sus piernas no le obedecían, su cerebro estaba congelado, sólo procesando aquella imagen que tenía en frente. No podía evitar dejar de verlo, estaba como hipnotizada. Siguió como autómata el recorrido de aquellas gotas de agua que resbalaban por aquel torso desnudo, poderoso. El corazón le latía frenéticamente dentro del pecho y sentía su respiración agitada. Pero lo peor era la profunda sensación placentera que se había adueñado de ella. Ella no podía estar allí, una luz en su mente comenzó a ganar fuerza, era su razón que le gritaba que se fuera. La imagen de Harry se formó claramente dentro de cabeza. La cordura regresó a ella. Dio media vuelta y salió huyendo de aquel lugar, rogando que Draco no se hubiese dado cuenta de su presencia.
Draco dejó la toalla a un lado y pasó ambas manos por su cabellera alisándola un poco. Tomó su camisa y procedió a vestirse. Y aunque sus movimientos continuaron tan naturales como antes, sus ojos desplegaban destellos abrasadores y una sonrisa sensual le iluminó el pálido rostro, haciéndole ver aún más varonil y guapo de lo que era.
Siiiii, porque Draco (el de los libros y el de las pelas, ya pues aunque no tengan los mismos ojos…jejjej) estan relindos!
Como para comérselos enteritos jajajajajajajaja.
(Vesta depravada…jajajajajajaj)
Besos y hasta un nuevo cap.
(una cosita más…si tienen un novio posesivo y machista….. métanle un zape de mi parte ya? ;)
