Holass!
Aquí con un nuevo capítulo. No tuve mucho tiempo en estos días (y tampoco creo que tendré…)porque tengo un familiar algo enfermito y estamos de cabeza por aquí…
Escribir se hace una catarsis necesaria para mí, libero mi alma y emociones cuando escribo. Cada frase o palabra me sirve para respirar y tomar fuerza para seguir adelante.
Este capítulo anda medio largo, pero no quería partirlo (aunque si tuve que obviar algunos detalles) Ya me desquitaré en el sgte capítulo describiendo lugares!! Jejeje
Y como siempre, no los distraigo más, solo los agradecimientos de siempre por sus bellos comentarios y por las nuevas suscripciones a historia favorita o autor favorito hacia mi persona! Gracias totales!
Gise.
Casi sin aliento, Hermione llegó por fin al despacho del Kingsley. Las imágenes seguían bombardeando su cabeza muy a su pesar. Ella deseaba borrarlas, pero volvían una y otra vez. Y cada que las dejaba inundar su mente, su juicio y cordura se iban por el retrete.
– Basta ya!, es suficiente –se reprendió mentalmente, mientras se sujetaba con una mano el flato, ya que estaba sin aliento al correr tan deprisa – soy una mujer adulta y no puedo ponerme en este estado por haberle visto el torso a un hombre. Ni que hubiese estado desnudo….
Pero ante esta nueva idea, su mente empezó a formar nuevas imágenes aún más inquietantes, que hicieron que diera un respingo a la par que tomaba una sonora bocanada de aire. Su lógica le aguijoneaba enterrada en alguna parte de su razón, tratando de salir a flote y borrar aquellos cuadros perturbadores que iban apareciendo con mayor desvergüenza en ella. Negó con la cabeza tratando de ahuyentar sus pensamientos, como si fuesen avispas que le atacaran y que deseara repeler. Bufó ruidosamente al comprobar como algo tan estúpido, según ella, la estaba llevando a ese estado de efervescencia.
– Necesitas agua fría, Granger.
Aquella voz que arrastraba las palabras, de una forma tan particular, la sacó de sus tribulaciones imaginarias.
– ¿Qué quieres decir? – respondió sorprendida. Draco había llegado al pasillo.
Trató de que su voz sonara uniforme, aunque no lo logró por completo y es que por dentro se sentía aterrada ante la posibilidad de que él le hubiese visto en la oficina minutos antes y estuviera burlándose de ella al encontrarla así como estaba ahora. Se obligó a calmarse y serenarse. Su cuerpo fue relajándose apremiado por su prudencia y razón. Más aún por que odiaba aquella mueca de descaro que tenía Draco en el rostro. No iba a permitirle tomar ventaja de aquel incidente. Le daba rabia verlo así, con ese aire de envanecimiento. Se encontraba situado a varios pasos de ella, apoyado en un hombro, contra el cuadro de un viejo mago, que maldecía y mostraba los puños. Una de sus largas piernas estaba cruzada, apoyada sobre la punta del costoso y brillante zapato negro contra la alfombra del pasillo. Y aunque ya habían pasado algunos segundos, no había vuelto a decir nada más, sólo se limitaba a mirarla mordazmente. Se movió ligeramente, pero sólo fue para introducir las manos en los bolsillos del pantalón.
– Pregunté algo, Malfoy… – la voz y la actitud de Hermione habían recuperado el aplomo perdido. Se irguió y avanzó decidida hasta situarse a escasos pasos de él. No le permitiría tener ventaja sobre ella. Puso ambas manos sobre sus caderas, desafiante y continuó hablando–. …Y cuando lo hago, espero respuestas claras. Tradúcete, que odio usar Legeremencia sobre las personas. Si tienes algo que decir, hazlo ya. No tengo tiempo para juegos.
Draco le observó inquisitivamente. Borró automáticamente la sonrisa aviesa de su rostro ante la actitud que ella estaba ofreciendo. El tono de su voz y su expresión le hacía intuir que no debía juguetear con ella, al menos no en esa ocasión. Avanzó hacia ella, deteniéndose frente a frente. Bajó el rostro para observarla aún más. Sin control, clavó la mirada en la boca de Hermione.
Frunce los labios deliciosamente cuando se impacienta…
Aquel pensamiento emergió de improviso en su mente. Palideció horrorizado dando un traspié. Un escalofrío recorrió su columna vertebral. No podía pensar de esa manera. ¿Acaso estaba desesperado o completamente loco?, se trataba de Granger, de la sangresu–
Mierda, ni siquiera puedo terminar de insultarla
Puso distancia rápidamente entre ellos. Adelantó unos pasos y le dio le espalda. Pasó su mano por la cabellera rubia despeinándola un poco. Necesitaba serenarse un poco antes de verla nuevamente. Pero ella le había seguido obstinada por obtener una respuesta, aunque más que nada por tratarse de una lucha de fuerzas. Su mente buscaba una excusa velozmente pero se trababa porque oía detrás de él la respiración agitada de ella. Sin voltear aún, respondió intentando poner una voz neutral.
– Agua fría…
Piensa Draco…piensa…
– ¡Agua fría en tu baño! – Respondió triunfante – Te informo que el grifo de tu micro baño se ha malogrado y sólo sale mucha agua caliente. Casi termino hervido… – se alegró de recuperar seguridad–. ¿No se supone que, si eres la "jefa" deberías tener unas buenas instalaciones?. En Malfoy Manor el baño de los elfos es más grande que toda tu oficina incluso, y elementalmente tiene más accesorios y mecanismos.– Giró nuevamente y quedó frente a ella.
Hermione le observó evaluadora. Podía comprobar fácilmente su versión en segundos… El continuaba impasible. Aunque divisaba un casi imperceptible brillo en sus ojos grises. Iba a responder cuando pasos acercándose hacia ellos interrumpieron la conversación.
– Buenos días. Me alegró que ya estén aquí. ¿Están listos para el viaje?. Será un fin de semana muy fructífero. – exclamó alegremente el ministro.
– ¿Viaje¿Fin de semana?– repitieron en coro Draco y Hermione.
– Siento no haberles comunicado antes, para que puedan hacer arreglos, pero ustedes saben, la seguridad ante todo – le dio una palmada a Draco en la espalda, pero ni siquiera por eso logro sacarlo de su asombro – Bien, si ya están listos, nos iremos en cuanto toquemos el traslador en mi oficina.
– ¿A dónde iremos, Sr. Ministro? – inquirió Draco interesado.
– A Paris.
Hermione brinco inconciente y una sonrisa de felicidad alumbró su rostro. París, Había mucho que no iba para allá. Fue un verano con sus padres, pero no pudo apreciarlo con toda magnitud. Quizás si se comunicaba con Harry le convencería de acompañarla, podrían dar maravillosos paseos por las calles de Paris.
– No, me temo que no podemos llevar acompañantes – respondió Kingsley dirigiéndose a Draco, quien se mostró contrariado. Había llevado a un costado al ministro e interrogado discretamente.
Ella se sorprendió ante la actitud de Malfoy. Un cierto desagrado la invadió por un intervalo de tiempo, sin poder explicar a ciencia cierta el porqué. Avanzó aún con esa sensación hacia la puerta entreabierta del despacho de Kingsley. Aquel despacho era mucho más grande y espacioso que el suyo y tenía varios objetos extraños y maravillosos aún para Hermione que estaba habituada a ellos. Se dirigió hacia una esquina donde había pequeñas peceras repartidas entre varias repisas. Trató de fijar su atención en los peces brillantes y ágiles que brincaban desde una pecera, describiendo círculos, espirales y curvas en el aire. Ni siquiera el ¡plop! ostentoso cuando desaparecían después de sus piruetas ni las minúsculas gotas de agua que salpicaban al descender en otra pecera, lograron alejar ese sinsabor que sentía. Más aún porque Draco no entró al despacho con ellos. Ella apenas logró escuchar que él le decía a Kingsley que había olvidado algunos apuntes y que debía hacer algo muy importante.
Seguro va a avisarle a Cho que no puede ir con ella
Curvó los labios a un lado y resopló fastidiada. Giro la cabeza y miró hacia la puerta aún abierta y le vio alejarse apresurado por el pasillo.
¿Acaso no se da cuenta que se trata de un viaje de trabajo y no un paseíto amoroso?. Pufff, como odio el poco profesionalismo en las personas… apuesto a que piensa aprovechar el viaje para pasear por las calles de Montmartre y–
– ¡Hermione! – habló Kingsley sorprendido. Había estado dirigiéndose a la joven y ella parecía aprisionada en sus pensamientos sin darse cuenta de nada ni mucho menos responderle.
Ella dio un pequeño respingo y posó la vista sobre el hombre moreno frente a ella. Se avergonzó un poco de su actitud y le ofreció una disculpa sincera a Kingsley. Hablo algo acerca de estar repasando informes y anotaciones, aunque no estaba muy segura de lo que decía porqué aún tenía en la mente la imagen de Cho y Draco enlazados en un café de París.
– ¡Listo! Podemos irnos en cuanto crea conveniente Sr. Ministro – interrumpió Draco de pronto. Respiraba algo agitado por la carrera. Tenía entre sus manos todos los apuntes para la reunión. Entró al despacho con una sonrisa en el rostro.
Hermione aún continuaba ceñuda sin explicación…
– Bueno, entonces tomemos este sacapuntas y vayamos directo a París – Kingsley avanzó hacia un estante y procedió a colocar el artefacto sobre la mesa de su escritorio-. ¿Doy por sentado que no fuiste a decirle a tu esposa donde será la reunión, verdad Draco? – Interrogó Kingsley algo preocupado por la seguridad-. Nadie debe saber a donde vamos ni por cuanto tiempo estaremos – concluyó mirándoles gravemente.
Hermione asintió solemnemente.
Draco le miró imperturbable.
– Por supuesto – le respondió conciso.
Kingsley le dirigió una mirada evaluadora. Necesitaba asegurarse que nadie supiera sobre aquella reunión. Sólo ellos tres, además de su secretaria Parvati, quien hacía las coordinaciones, sabían del lugar y hora de aquella presentación. Continuó examinando a Draco.
– Si mandé una lechuza, pero sólo para avisar que no estaría presente el fin de semana. Ningún dato más.
Kingsley quedó satisfecho con la respuesta. Levantó su varita y tocó el sacapuntas.
– PORTUS – habló mientras el aparato despedía un destello azulado.
Las tres personas posaron su dedo índice sobre el lustroso sacapuntas de plata sobre el escritorio. Kingsley empezó la cuenta regresiva.
… 10 – 9…
Hermione no quería mirarle. Pero a regañadientes e incómoda aún por la cercanía de Draco a su lado, y preocupada por la seguridad de aquel viaje, o al menos eso pensaba ella, le habló disimuladamente, mirándole todavía malhumorada.
– ¿Seguro no se te escapó a donde vamos¿No creo que estés planeando un fin de semana romántico? . Porque vamos a trabajar… – habló apenas conteniendo su irritación.
…8 – 7…
Los ojos de Draco, se habían entornado y despedían un extraño brillo metálico y provocaron que Hermione desviara la vista al no poder sostener esa mirada. El rostro pálido aún fijo en ella estaba inexpresivo. Sólo sus ojos parecían destellar desconcertados.
…6 – 5…
– Le avisé a mi hijo que no podría pasar por él este fin de semana, Granger. Solo eso – contesto reservado.
…4 – 3…
– ahhh… artículo Hermione apocada
…2…
– ¿Estás contenta ahora? – arremetió Draco velozmente.
…1…
Un tirón hacia atrás la envolvió rápidamente e interrumpió cualquier palabra posible. Obviamente Hermione tenía muy en claro que jamás le habría respondido, así hubiese tenido el tiempo suficiente para hacerlo. Simplemente cerró los ojos y dejó que las sensaciones de movimiento y ascensión del traslador se entremezclaran con una inequívoca sensación de satisfacción.
oooooooOOOOOooooooooo
Llegaron a un edificio imponente. Alto con grandes muros decorados con exquisitas pinturas extensas en los techos abovados de cada torre. Era el Palacio Chaillot. Hermione pudo divisar desde uno de las amplias ventanas la famosa Torre Eiffel y señaló emocionada hacia ella.
– Después podrán, aunque francamente dudo de ello, dar un pequeño paseo por Paris, si desean. Pero deberán ser muy discretos y sobre todo cautelosos con ello. Ahora debemos apresurarnos porque Madam Maxime nos está esperando – habló Kingsley mientras caminaban hacia una gran portón a escasos pasos de donde habían aparecido. Una turista japonesa, que avanzaba en sentido contrario a ellos, tomó una foto de improviso cautivada por la túnica morada de Kingsley y su bombín decorado. Kingsley rezongó y se apresuró a lanzarle un hechizo disimulado a la cámara cuando la señora se alejaba del lugar.
– Turistas – quieren fotografiar todo y a todos… – bufó Kingsley mientras los conducía hacia un elevador ubicado al fondo de aquella amplia sala.
EN REPARACION.
– ¿Esta es la entrada a Beauxbaton? - Preguntó extrañada Hermione, que miraba el cartel colocado en medio del ascensor que llamaba Kingsley.
– Realmente este elevador sólo es un vehículo evanescente puesto a nuestra disposición por ahora. Tú más que nadie debes saber que la ubicación de los grandes colegios de Europa es muy celosa y circunspecta. Cumplirá su cometido en este día, de llevarnos hasta las instalaciones de Colegio Beauxbaton – contestó Kingsley
Los tres entraron con disimulo en el elevador y se acomodaron lo mejor que pudieron al ser un elevador de servicio. El Ministro abrió un sobre escrito con una serie de números que fue digitando sobre el panel electrónico. Al terminar, el sobre ardió en llamas y con un traqueteo sintieron moverse aún a pesar de que sus cuerpos no mostraban señal alguna de desplazamiento. Las puertas se abrieron y un luminoso y esplendoroso sol les inundó de pronto. El calor era sofocante. Ellos acostumbrados al frío de Londres notaron la diferencia en seguida.
Habían llegado finalmente al hermoso Colegio Beauxbaton. Se erigía sobre una amplia arboleda, rodeada de jardines con caídas de agua y fuentes llenas de fragantes e inmensos lirios de colores. Madame Maxime los recibió con reserva dirigiéndose a Kingsley primeramente, e intercambiaron preguntas secretas, al cabo de unos segundos, la gran mujer les habló en tono más cordial invitándoles a seguirla al interior donde se llevaría a cabo las presentaciones preliminares. Kingsley Shacklebolt y Olimpe Maxime avanzaron charlando alegremente llevando la delantera, dejando a Draco y a Hermione varios metros por detrás.
Al pasar por entre los corredores del Colegio, muchas chicas asomaban las cabezas por los ventanales, atisbaban desde los salones o se agrupaban y silbaban y murmuraban en un francés rapidísimo frases y grititos exultantes y sofocados, al ver pasar a Draco. Algunas de ellas incluso, llegaron hasta cruzarse y guiñarle un ojo atrevidamente y con descaro.
Hermione no necesitó de su conocimiento del idioma para darse cuenta que significaban aquellas palabras ahogadas y susurrantes. Le causó algo de gracia contemplar aquella escena, y es que recordó algunas ocurridas hace muchos años con la llegada de Viktor Krum al colegio Hogwarts para el último Torneo de los Tres Magos.
Observó de reojo a Draco y notó que tenía el rostro rígido, adusto. Parecía incómodo con aquella muestra de efervescencia adolescente.
– ¿Qué sucede Malfoy, juraría que te gustaba ser el centro de atención en todo lugar?, sobre todo si se trata de "atención femenina" – soltó Hermione burlona.
– Hasta en tu mundo me mandarían derecho a la cárcel con sólo acercarme a estos morrales de hormonas y feromonas púberes femeninas, Granger, además…
– …."Eres un hombre comprometido"…– interrumpió de pronto Hermione. Aquel entendimiento de la real situación le había golpeado de pronto y sin previo aviso. Se detuvo por un instante y le buscó la mirada –me lo has repetido muchas veces – bajó la vista avergonzada como sopesando aquella incómoda conversación.– De verdad te debo una disculpa, creo que mi comentario fue de muy mal gusto. Tú estás casado con Cho, tienes un matrimonio… feliz…, y no debería andar soltando comentarios como ese. Mucho menos debí interrogarte antes, sobre tus planes para este viaje con tu esposa. Lo lamento sinceramente.
De improviso Hermione había tomado conciencia de la situación de Draco. El estaba casado. Vivía con su esposa y su hijo. Tenía una familia, no sabía si feliz, pero era una familia al fin y al cabo. Aunque se extrañara de no verle en ese momento con su alianza de matrimonio en el dedo, donde ahora sólo había una línea más clara y pálida que la piel de los contornos. Ella no debía volver a perderse en sus pensamientos, y menos motivar cualquier mínima o ínfima situación embarazosa entre ellos. Jamás se perdonaría causar problema alguno en una relación.
Levantó la vista y vio que él le miraba como evaluando la situación. Parecía querer hablarle, en su semblante se reflejaba la indecisión y la duda y hasta llegó a abrir la boca, pero finalmente se limitó a elevar los hombros y dejarlos caer a la vez que respondía
– Ok. Granger, disculpa aceptada.
Avanzaron el último corredor en silencio. Llegaron a una antesala con amplias vidrieras talladas, dos sillones de dos cuerpos, mullidos de fieltro blanquísimo, suave y una alfombra de color ocre con grandes caballos alados bordados en oro. Ambos tomaron asiento, en sillones separados, casi alejados, esperando a que alguien viniese por ellos. Pasaron 20 minutos y sólo se escuchaba el ruido de los gorriones en el jardín contiguo. Un haz de luz natural se filtraba en el sillón donde se encontraba Hermione y le daba de lleno en el rostro, cegándola. Incómoda probó mil posiciones, pero en todas ellas el fulgurante sol la estaba literalmente quemando. El calor era sofocante. Pero no quería sentarse junto a él.
– Demonios Granger, el que sea casado no quiere decir que no pueda estar cerca de una mujer. Levántate de allí que terminarás emulando a los colores de tu ex - casa. Aquí hay suficiente espacio para los dos – dirigió la mirada hacia el asiento vació en el sillón que ocupaba, mientras se levantaba y se sacaba diligentemente el saco, colocándolo en el brazo del mueble – el tono autoritario en la voz volvió a apoderarse de él.
Hermione evaluó la situación, dándose perfecta cuenta de lo infantil de su comportamiento. Con todo el aplomo que fue capaz de reunir, se levantó y se dirigió hacia Draco quien había tomado asiento nuevamente. Dirigió la mirada hacia él, pero rápidamente la desvió hacia el extremo opuesto.
Linda camisa…
Pasaron otros diez minutos más y para ese entonces, Draco estaba ya furioso. Se había levantado, paseado, y vuelto a sentar y nada. No entendía el porqué de aquella demora. No le gustaba que lo trataran de esa manera, sin consideración alguna. Tamborileaba frenéticamente con los dedos, sobre la pequeña mesa junto al sillón.
– Deja de hacer eso, que me estás causando jaqueca, Malfoy. – urgió Hermione fastidiada.
El la ignoró y continuó con su tarea. Hermione iba a refutar, cuando él la cortó de pronto.
– Quisiera saber quien vendrá por Durmstrang. Después del asesinato de Karkarov, el viejo Yaroslav se quedó de Director. Me refirieron que ya está demasiado viejo incluso para salir del propio Instituto Durmstrang. Nombró a Víktor Krum como asistente personal, hace unos meses. Dime Granger¿tú no fuiste amiga personal, muy personal de Krum?– puntualizó mordazmente la última frase–. Así que debe haberte contado de su nombramiento y si vendrá él en representación de Yaroslav – hizo una pausa como evaluando sus palabras.– aunque de seguro Potter ya te lo habría contado. ¿Sabes si vendrá por Durmstrang para evaluar los avances?. Por mis múltiples ocupaciones no he sabido de él desde hace un año.
Hermione abrió los ojos con sorpresa, no sabía que habían nombrado a Víktor como asistente del Director. Se mordió el labio y volteó el rostro sin responder. Le daba vergüenza reconocer que había dejado de escribirse con Viktor… a causa de Harry.
Desde la muerte de Ron empezó a bajar la frecuencia de sus misivas con Viktor, sentía que lo hacía por una especia de "respeto" hacia su memoria; pero luego al cabo de algunos meses, retomó aquel vínculo amical, al darse cuenta de lo insensato de su proceder. Inclusive se volvieron más frecuentes que antes. Ya para ese entonces Ginny había muerto y ella pasaba mucho tiempo con Harry tratando de consolarlo. A él no le hacía mucha gracia, al igual que a Ron, en su momento, que ella se carteara con Krum, pero como no había nada más que amistad, Hermione no le hacía mucho caso. Para cuando empezó la relación con Harry y más aún cuando se mudaron juntos, aquella amistad sincera entre ella y Viktor, disgustaba abiertamente a Harry. Insistía en que cortara de una buena vez con aquella camaradería, basándose en el argumento que cualquiera podría interceptar sus cartas y ubicarla para dañarla.
Al inicio Hermione quiso evitar discusiones con Harry y espació las misivas, aún ante el desconcierto e insistencia de Viktor, que no entendía su proceder. La instigaba a no dejarse abrumar ni perturbar con las reclamaciones de Harry porque aquella era una amistad sincera. Incluso Viktor solía mandarle pergaminos larguísimos narrándole sobre sus planes con Anastasia, su novia y sus aspiraciones profesionales. Pero pudo más el deseo de Hermione de hacer más llevadera la relación con Harry y al poco tiempo dejó de cartearse con Viktor. Hacía meses que no sabía nada de él, y eso también le afligía.
– Granger, espero una respuesta – habló impaciente.
– La verdad, no lo sé. Ya no tengo mucha comunicación con Viktor últimamente… – contestó aún mirando por el ventanal.
– Era de esperarse – replicó Draco irónico – Un ex -jugador internacional de Quidditch y Delegado de asuntos externos de su país, no podía mantener una familiaridad trivial con cualquier… persona – terminó mirándola con arrogancia.
– Para tu información, Sr. Presuntuoso, él ha estado siempre en comunicación conmigo por todos estos años. Tenemos una excelente relación amical– refutó dirigiéndole una mirada fría.
– Obvio, tan excelente, que no estabas ni enterada de su designación. Hace 4 meses que sucedió – contestó sarcástico.
– Bueno, he… he espaciado un poco la correspondencia en los últimos 6 meses… Harry creyó conveniente hacerlo… por nuestra seguridad… – terminó la frase y desvió la mirada nuevamente hacia los ventanales, se movió en el asiento.
Draco posó la vista en ella. Su voz tenía un inequívoco tono de agotamiento y hastío y la postura que había adoptado en ese instante mostraba una clara resignación de su parte. Como si algo le abrumara.
Definitivamente ella era muy complicada. Recordaba que en el colegio era la amiguita de Potter y Weasley, mandona e impetuosa. Aún recordaba la bofetada que le propinó en tercer año, además de varias escenas donde ella siempre había tomado el control. Por eso la aborrecía por aquellas épocas.
En el trabajo, aquellos caracteres no habían distado mucho, seguía con la manía de ordenar, disponer y decidir sobre todo. Era muy vehemente e irreprimible. Le había observado en varias ocasiones, – obviamente de pura casualidad – se dijo; demostrando su temple. Cuando estuvieron a punto de posponer la anulación de la Ley anti-hombres lobo, se asombró de la fuerza y tenacidad con que rebatía los argumentos de un grupo de Magos del Wizengamot que habían llegado a su escritorio para darle la noticia. Ella se opuso rotundamente y con decisión logró que la reunión y la posterior admisión de una nueva Ley Pro-hombres lobo fuese aceptada.
Pero cuando se trataba de su vida personal, cambiaba por completo. Era una mujer totalmente distinta cuando se hallaba junto a Potter. Su personalidad desaparecía por completo, se evaporaba. Sólo se convertía en una extensión de Potter. Total y estúpidamente controlada por él.
Supongo que debe estar muerta de amor por él, que llega a esos extremos
– Un poco de control sobre tu vida no te haría daño, Granger –habló finalmente, haciendo que Hermione diera un respingo y volteara sorprendida por aquella palabras.– ¿O acaso sucede, que te gusta, que tú misma dejas que Potter decida con quien hablarás, quienes serán tus amistades o hasta incluso el largo de tu falda? – terminó sin poder refrenar la sorna en su tono.
Hermione le lanzó una mirada glacial. Se levantó y avanzó un par de pasos para poner distancia entre ellos. Le dio la espalda y se abrazó inconciente. No le daría el lujo de responder una provocación tan directa. A pesar de que intuía que había algo de razón en sus palabras…
– ¿Te sientes cómoda, convirtiéndote en otra persona cuando estás junto a él? – volvió a inquirir Draco.
Volteó inmediatamente agitada por aquellas palabras que reflejaban aquello que nunca había querido admitir. Aquel pensamiento que siempre la acosaba y flotaba por su mente, pero que nunca había dejado que tomara forma. Se quedó mirando a Draco sin pestañar, por unos segundos. ¿Por qué tenía que ser justo él quien le dijera esas cosas?
– Ese no es asunto tuyo, Malfoy – Le espetó fríamente, cuando logró dominarse.
– Entonces, no lo niegas – contra atacó punzante.
Ella quería rebatir, contradecir, desmentir aquella infamia, pero los argumentos necesarios no venían a su mente. Ésta se encontraba atestada de razones que apoyaban aquella hiriente afirmación. Sentía su sangre bullir por sus venas, sus mejillas se encendieron. Un extraño calor se apoderaba de todo su cuerpo.
Ambos se sostuvieron la mirada por un corto intervalo de tiempo, sin embargo ninguno de ellos se observaba realmente.
Draco la contemplaba absorto en sus pensamientos. Sabía que había dado en el blanco y sus deducciones con respecto a ella habían acertado. Estaba completamente avasallada por Potter. No obstante, había concluido también, que ella no aparentaba ser, como esas personas de carácter débil muy dependientes y sin voluntad propia a quien se las maneja o manipula. Como consecuencia, no entendía cómo era posible que aquello sucediera.
A menos que sólo sea algo transitorio… algo que tarde o temprano, estallará irremediablemente…
Una sonrisa disimulada apareció en su pálido rostro.
Hermione en cambio, luchaba por refutar en su mente aquella desagradable afirmación. De pronto su estómago se había vuelto de piedra. Una languidez extrema le embargaba por completo. Volvió a abrazarse inconciente, sin dejar de mirar a Draco. Aquella declaración había logrado hacerla sentir vulnerable, vacilante. Estaba sintiendo la conocida sensación de tristeza y desazón que la embargaba cada vez que los problemas con Harry se desencadenaban. Como odiaba sentirse así. Sabía en el fondo que no era lo correcto, pero una pequeña y secreta esperanza que todo cambiaría, algún día, la alentaba a continuar con su relación… Pero igual los cuestionamientos volvían a su mente ¿Porqué diablos tenía que sentirse así?. ¿Acaso el amor dolía tanto¿Era normal vivir con una pena constante en el alma… incurablemente?
El ruido de pasos acercándose hacia ellos los sacó de aquellas reflexiones.
– Los espegan en el auditógium pringcipal.
Una hermosa muchacha de hermosos cabellos rubios casi platinados que despedían pequeños destellos conforme el sol llegaba hacia ellos, les interrumpió. Tendría unos 22 años. Era alta y esbelta, tenía unos ojos celestes como el cielo claro y estaba vestida con un perfecto traje sastre entallado de color maíz, que hacía que sus curvas resaltaran aún más. La pequeña falda dejaba ver sus espigadas piernas. Había entrado al vestíbulo y le dirigía una mirada impaciente a Hermione. Su brazo delgado y blanquísimo señalaba hacia una puerta lateral.
– Pog ciegto, es un placerg vegte otra vez, Hegmione – habló la joven.
– ¿Gabrielle?…. ¿Eres tú? – Hermione abrió los ojos sorprendida. Hacía mucho que no veía a la hermana pequeña de Fleur.
– Soy yo – respondió algo exasperada – pog supuesto no siemprge segía petit, vegdad?. Ahoga trabajo con Madame Maxime para la participación de Beauxbaton en el Torneo de los Tres Magos.
Hermione asintió incómoda. No recordaba que aquella niña fuese tan poco amable. Giró hacia Draco para presentarle a la muchacha. La costumbre así lo indicaba. Pero se detuvo instantáneamente. Draco ya estaba levantado y miraba embelesado, casi como hipnotizado a la joven mujer. Tenía la boca ligeramente entreabierta y los ojos clavados en Gabrielle quien le devolvía una sonrisa vanidosa, mientras movía ligeramente la cabellera rubia haciéndola relampaguear brillos dorados.
– Draco ella es Gabrielle Delacour. Gabrielle, él es el Señor Draco Malfoy, co partícipe del Torneo de los Tres Magos.
Ella le dedicó una sonrisa impresionante a Draco y él sólo atinó a reír a la par que levantaba su mano y la pasaba por su cabellera rubia nervioso. Gabrielle avanzó hacia la puerta lateral, con movimientos exquisitos y sensuales equilibrados, y les conminó a seguirla.
Hermione avanzó decidida hacia el sillón y cogió el saco de Draco indignada. Se dirigió hacia él y sin remordimiento alguno, ciñó la prenda con ambas manos y la lanzó contra su abdomen, dejándolo sin aire.
– Toma tu saco – habló entre dientes
Draco jadeó sorprendido por aquel asalto. Abrió los ojos y miró a Hermione sin pestañar, tratando de normalizar sus emociones.
¿Qué mierda pasó?, apenas podía pensar.
– Su abuela es una veela, idiota. – Hermione pareció haberle leído el pensamiento.– Y por cierto, "cierra la boca¿No te das cuenta que estás haciendo el ridículo?". Enfríate y camina de una vez – masculló apretando las mandíbulas, furiosa. Cogió sus apuntes y avanzó decidida hacia la puerta por donde había desaparecido Gabrielle.
Draco soltó una maldición de asombro, mirando alternadamente hacia la puerta por donde había desaparecido Gabrielle y a la espalda de Hermione que marchaba veloz hacia allá. Bufó sonoramente mientras avanzaba aún tocando su estómago. No pudo evitar que una sonrisa sensual curvara su rostro al volver a visualizar la expresión y el tonito que había empleado Hermione segundos antes.
oooooooooOOOOOOoooooooooo
Llegaron al auditorio principal de la escuela, acondicionada especialmente para aquella reunión. Había una gran mesa de madera labrada ovalada con una gran silla, casi del tamaño de un trono, en la cabecera. Madame Maxime los recibió educadamente y les invitó a tomar asiento. Cada uno de ellos tenía su nombre flotando sobre las sillas. Hermione buscó el suyo y lo divisó casi frente a Kingsley, y para horror suyo, junto a Draco. Ya iba a jalar su silla para sentarse cuando la voz de Draco junto a ella la asustó.
– Espera, Granger – soltó autoritario.
Y para sorpresa de Hermione tomó la silla y la retiró para que ella pudiera tomar asiento. Ella le miró anonadada y por un instante no supo que hacer. Pero luego comprendió y sólo atinó a sentarse en silencio. El le acercó la silla y aprovechó para aproximarse a ella. Con disimulo bajó el rostro hacia su oído y susurró.
– Se dice "gracias". Y empieza a acostumbrarte a convivir con un caballero.
Hermione no supo si aquellas palabras, el olor de su perfume o el aliento cálido de Draco sobre su oreja eran los causantes de que su corazón estuviera palpitando desbocado en ese instante.
– Disculpen el retraso, no volverrá a ocurrir.
Viktor Krum hizo su entrada minutos más tarde y tomó asiento junto a Kingsley. Hermione le observó sorprendida pero feliz. Al fin podría hablar con él y aclarar todo. Una sonrisa iluminó su rostro sonrosado. Le dirigió una mirada anhelante. Viktor no volteaba pero ella podía observarlo abiertamente desde su posición. Su rostro tenía una expresión aún más adusta que antes. Su nariz aguileña destacaba igual, aunque también el bigote y la barba que le conferían una expresión todavía más seria. Procedió a quitarse el grueso abrigo de piel y se ubicó ágilmente. Aún conservaba su físico, si bien más desarrollado y la presteza como buen ex jugador internacional. Miró hacia Madame Maxime y le hizo una venia con la cabeza.
Hermione intentó hacer contacto visual con Viktor. Deseaba tanto hablar con él. Se imaginaba ya hablando con él sobre su nombramiento y ella le contaría sobre su designación como Directora del DCMI y como organizadora del Torneo. Pero a pesar de sus esfuerzos, Viktor no le dirigía la mirada.
Seguramente no se dio cuenta que estoy aquí
Unos cuantos magos más hicieron su aparición, miembros importantes de los ministerios de Francia y Bulgaria. En cuanto todos estuvieron ubicados correctamente, Madame Maxime se levantó, lo que causó exclamaciones en algunos presentes, y dirigiéndose hacia ellos dio por iniciada aquella reunión.
Casi a la mitad de aquella reunión, Madame Maxime se excusó con los presentes por que debía salir un momento de la sala. La mayoría aprovechó para conversar sobre otros temas más triviales. Hermione observó que Gabrielle se había acercado a Víktor y conversaba animosamente. Le dolió saber que ella podía estar haciendo eso en ese instante, pero por su estúpida decisión de cortar con él, ahora lo lamentaba. Se odió por dejarse convencer por Harry. Debió mantenerse fuerte y hacer prevalecer su punto de vista. Aunque ya era demasiado tarde.
– Oye Krum – el mago a la derecha de Draco habló fuertemente, haciéndose oír por sobre los demás – supe que te casaste hace unas semanas. Déjame darte mis más sinceras felicitaciones. Anastasia y tú hacen una linda pareja.
Todos empezaron a acercarse a él y a estrecharle la mano o a palmearle la espalda en señal de amistad. El recibía feliz aquellas muestras de afecto. Gabrielle le miraba desde su sitio con expresión fastidiada.
Hermione parecía también clavada a su asiento. Se había quedado de una sola pieza al escuchar la noticia. Tenía la boca ligeramente entreabierta.
Se casó…y no me comunicó nada…
– "Cierra la boca. ¿No te das cuenta que estás haciendo el ridículo?" – le habló Draco disimulado, simulando el tono de voz y con las mismas palabras que empleó Hermione en el vestíbulo para con él.
Ella le dirigió una mirada gélida. El se levantó burlón y avanzó hacia Krum para presentarle sus cumplidos.
Rabia y frustración llenaron su alma.
¿Por qué dejé que eso pasara?. ¡Soy una estúpida!
Pero lo tengo bien merecido por dejarme convencer…
Nunca debí cortar una amistad sana y sincera…
Una vez más le pesó estar tomando decisiones incorrectas en su vida.
Después de casi cinco horas de exposiciones, debates, confrontaciones entre los miembros de la reunión, Madame Maxime los invitó a tomar un receso para que almorzar. Un gran buffet con arreglos de frutas de estación, bebidas, y fuentes de platos exquisitos los esperaba en el salón contiguo. Hermione siguió afanosa tratando de encontrar la mirada de Krum, pero éste se levanto impertérrito y se dirigió hacia la puerta. Ella se levantó veloz y le llamó delicadamente. O no escuchó su nombre o no lo quiso hacer, porque continuó su avance desapareciendo del auditorio. Hermione se levantó de su asiento como autómata para ir hacia la otra habitación. Draco la observó.
– Hey Granger, me temo que …–
Pero, a pesar de que iba a burlarse de aquel desaire, no terminó el ataque. Y es que al encontrarse su mirada con la de ella, advirtió el brillo de las lágrimas que amenazaban salir en aquellos ojos marrones. Sintió de pronto algo extraño en el pecho, como una opresión inexplicable, sin razón aparente. Sólo tenía la certeza absoluta que no deseaba que aquello sucediera.
Ella giró el rostro y continuó caminando hacia la otra habitación. Draco permaneció por unos segundos sobre su asiento tratando de asimilar aquella extraña sensación.
Hermione consiguió serenarse. Se limpió con discreción las incipientes lágrimas de sus ojos. Avanzó hacia una de las mesas colocadas a lo largo del salón y procedió a servirse algo del buffet, no tenía hambre, pero sabía que debía comer algo para continuar. Deliberadamente se había colocado en la mesa más distante de la que se encontraba Víktor. No deseaba para nada imponerle su presencia. Si él no deseaba volverla a tratar, ella no le molestaría más. Aún a pesar de que deseara todo lo contrario. Continuó con su tarea, alejada de todos los demás.
– ¿Te ocurre algo, Granger? – inquirió Draco detrás de ella. Había llegado silencioso y procedía a llenar su plato al igual que Hermione.
– Nada que pueda interesarte – respondió escueta.
– En realidad no me interesa, sólo estoy viendo la lógica en todo esto. Si algo te fastidia o molesta, no puedes concentrarte, por ende la presentación sería un asco y lógicamente, eso para mí sería inaceptable.
– La presentación saldrá bien. Nunca permito que mis sentimientos interfieran con mi trabajo.
Draco dirigió su mirada hacia ella intensamente. Entornó los ojos inconciente.
– Vuelve a intentar usar legeremencia sobre mí y juro que te arrepentirás, Malfoy – le espetó.
– No necesito usar legeremencia para saber que te sucede. Sólo utilizaré la sensatez. Veamos, estabas feliz de que tu amiguito Krum viniera a la reunión, casi saltas de la emoción cuando entro, luego él no te dirigió la mirada, por más que te esforzaste para que te viera, casi te desmayas de la impresión cuando te enteraste que se casó y luego lo llamaste y obviamente él ni siquiera te hizo caso. Lo que indica que estas despechada porque tuviste un affaire con él últimamente y odias su matrimonio; aún más porque él no quiere ni verte porque se casó. Estoy en lo correcto¿cierto?
Hermione volteó indignada. ¿Cómo se atrevía a insinuar aquello?
– Eres-un-reverendo-idiota-de-carta-mayor – replicó entre dientes.
– ¿Acaso no acerté? – le observaba divertido.
Hermione tomó aire y procuró serenarse, después de todo no podía hacer una escena allí. Se irguió lo más que pudo, fijando sus ojos marrones sobre los grises de él.
– Ni estoy despechada, ni tuve un affaire con él ni odio que se haya casado. Estoy feliz de que así sea. Porque él está feliz ya que se lo merece. Es un buen hombre y sé que le espera una vida hermosa al lado de Anastasia que es una persona cariñosa y le ama profundamente. No podría desearle a Víktor nada más que cosas buenas porque…. Porque es mi amigo, aunque ahora esté molesto y decepcionado conmigo.
Terminó la frase con un matiz entristecido. No podía ocultar que aquella situación le afectaba. Ella había llegado estimar a Víktor muchísimo. El había sido el primer chico al que había besado y dedicado su afecto abiertamente. El se había portado como un caballero con ella y en todos estos años, como un auténtico amigo. Y ella había tirado su amistad al tacho por complacer a Harry en beneficio de una relación que no marchaba del todo bien…
Draco continuó observándola y a pesar suyo, volvió a sentir aquella sensación de opresión en el pecho. Era muy parecida a la que advertía cuando su hijo se golpeaba y corría llorando para que él le consolara, o cuando a media noche despertaba y aparecía apresurado en el cuarto de su hijo, dispuesto a calmarlo y reconfortarlo tras una pesadilla.
¡Maldición¿Porqué rayos me siento así?
– ¿Sabes qué?, tienes razón, esto no me interesa – dejó su plato bruscamente sobre una esquina de la mesa, malhumorado.– Voy a conversar con algunas personas importantes en lugar de estar escuchando historias dignas de novelita rosa –Le dio la espalda alejándose de ella rápidamente, a la par que la dejaba atónita por aquel arrebato.
– Mademosille Granger, es un placer conocerla. Soy el sub-secretario del Despacho Ministerial de Francia. Me informaron que usted había logrado aprobar la ley pro-hombres lobo y me encantaría robarle unos minutos para que me señalara con mayor profundidad algunos puntos que me gustaría aplicar en una ley aquí también…
El viejo mago, vestido con una túnica color añil, sobria y de perfecta caída, se había acercado a ella ceremoniosamente y dirigido la palabra cortés.
– Claro… sería un placer – contestó Hermione algo sorprendida, pero complacida de poder ayudar.
Empezaron a charlar animadamente y poco a poco Hermione fue soltándose y hasta olvidándose de su desilusión con Víktor. No obstante, no podía dejar de observar que Draco estaba en ese mismo instante, hablando con él. Se les veía por momentos muy serios y por otros riendo como si fuesen amigos de toda la vida. Pero lo que realmente le extrañó, fue captar por momentos la mirada de ambos disimuladamente sobre ella mientras conversaban. Levantó los hombros y los dejó caer frustrada. No quería ya pensar en nada con respecto a aquellos dos. Continuó el diálogo con el viejo mago francés.
– Señoges, Madame Maxime les solicita que pasen nuevamente al augditogio paga continuag con la prgesentación – Gabrielle se dirigió hacia la puerta lateral y la abrió para dejar ingresar a los miembros de la reunión. Cuando Víktor ingresó, ella sujetó su brazo y entró con él. Todos volvieron a sus asientos y reanudaron el diálogo.
– No podemos darnos el lujo de contratar a 50 magos para que vigilen sólo la tercera prueba – exclamaba intolerante el viejo mago francés minutos después.– Tendríamos un déficit en nuestras arcas.
– La seguridad nunca está de más, Sr. Montagne. No sólo vigilarán que las Furias no traspasen el límite de sus poderes, si no que también se encargarán de la seguridad extra de los estudiantes espectadores y de los tres campeones – interrumpió Hermione.
– Eso esta bien, pero 50! Es demasiado. Mejor podemos elegir la opción del Cíclope que no sería tan engorroso – replicó el viejo.
– Pero no sería una buena prueba. Fácilmente aplicando un hechizo en el único y muy grande ojo, acabaría la prueba. Por eso consideramos al cíclope como una distracción para llegar a las furias y no como centro de la prueba – intervino Draco presuroso.
– Tenga en cuenta que los participantes, al igual que en el torneo anterior, serán mayores de 17 y tienen mucho conocimiento en hechizos reductores y de bloqueo. Un cíclope les demoraría sólo 10 seg en desarmar. – refutó Hermione.
– Pero llevar a las Tres Furias… no me convence… Tisífore, Megera y Alecto nunca han tenido buen carácter. No creo que quieran participar. En el torno del año 1540, se les pidió su colaboración y se negaron rotundamente a exhibir su figura ante el público – contra atacó Montagne.
– Bueno, es que esas terrribles diosas tienen un aspecto horrible, su cabellerra forrmada por serrpientes retorrcidas y con los ojos brotándoles sangre, no se les puede considerrar herrmosas no? – intervino Víktor de improviso. – Pero Draco me comentó momentos atrás que tenía un contacto que había hecho algunas coorrdinaciones prrevias con ellas.
– ¿Es correcto, Sr. Malfoy? – inquirió Madame Maxime.
– Si Madame, es correcto. Mi contacto les ha ofrecido algunos beneficios extras, que correrían de mi parte, y lo más importante, es que se les ha asegurado que sólo las verán los participantes al torneo y los supervisores. Hasta el último momento ellas aceptaron tomar poción multigujos.
– Insisto que puede ser demasiado riesgoso – volvió a la carga el viejo mago.
– Nosotros no descuidaremos la seguridad del Torneo por nada, Sr. Montagne. Tanto de los alumnos como de los visitantes. Jamás permitiría que un alumno salga lastimado – habló nuevamente Hermione.
– En eso estoy de acuerrdo totalmente. Herrmione es una perrsona sensata, precavida y prudente. Y no crreo que haya propuesto una prrueba de la kual no esté 100 segurra que pueda serr controlada – Viktor Krum se había levantado de su asiento y la miraba con expresión afectiva – Estoy en lo cierrto ¿verdad Herrmione?
– Claro… – Hermione le miraba boquiabierta.
Víktor le dedicó una amplia sonrisa.
– Cierra-la-boca-o-se-te-caerá-la-baba – le susurró Draco socarrón, sin que nadie lo notara.
Hermione le hizo una mueca y se volteó dándole la espalda parcialmente, aunque pudo notar por el rabillo del ojo que el sonreía de lo más relajado.
Transcurrió así toda la tarde, entre peroratas, discursos, discusiones y pequeños enfrentamientos. Casi estaba anocheciendo, sin embargo ese primer día de conversaciones había resultado fructífero en todo sentido para Hermione y Draco. Se había aprobado casi todo el programa propuesto por ellos e incluso habían recibido muy buenas valoraciones a su trabajo. Y algo muy importante para Hermione, fue que Víktor había vuelto a dirigirle la palabra, con afecto y con una expresión alegre. Había intervenido muchas veces para apoyar a Hermione en algunos temas y otros tantos para lanzar un comentario elogioso para con ella.
Hermione estaba radiante. No podían las cosas estar sucediendo mejor para ella. Esperaba con ansias terminar aquella reunión para hablar con Víktor y disculparse por haber dejado de escribirle. No le diría nada sobre Harry, tampoco quería que él lo viera con malos ojos, porque no deseaba que la gente pensara mal de su pareja. Sólo se excusaría y le prometería que volverían a escribirse como siempre. Incluso si a Harry no le gustara su decisión, esta vez ella no cedería. Volvería a cartearse con Víktor y él le contará sobre sus proyectos, su nueva vida, sus futuros hijos… Estaba tan contenta que hasta sus ojos irradiaban brillantes.
Y de pronto giró el rostro y le pareció divisar a Draco por un brevísimo instante, mirándola abstraído como si estuviese fascinado o hechizado. Pero no pudo confirmarlo porque él se incorporó de un salto en su asiento y volteó el rostro veloz hacia el mago de su derecha para preguntarle algo sobre el color de ojos de los cíclopes
Horas más tarde se dio por finalizada la reunión y Madame Maxime les rogó que esperaran un par de minutos para una pequeña ronda con Champaña para celebrar aquel avance en los preparativos. Se reunieron en pequeños grupos y Hermione, con alegría, vio como Víktor se acercaba a ella con dos copas en la mano.
Hablaron por espacio de media hora, ambos, casi atropelladamente, contándose hechos de sus vidas, como si hubiesen sido años los que no sabían uno nada del otro. Hermione casi lloró de alegría mezclada con pena, cuando Víktor le relataba como había sido su boda con Anastasia, a la par que le hacía prometer a Hermione que iría a su mansión a conocerla.
– Bueno…. No se sí pueda ir…. – acotó descorazonada.
– Herrmione… otra vez…. – le interrumpió entornado los ojos, tratando de parecer molesto.
– Prometo que haré el intento¿vale? – le sonrió.
– Está bien. Pero de verrdad, trata de ir. La rremodelación quedó maravillosa. Está aún mejorr que antes, y de eso puede darrte referencias Drraco.
– ¿Draco? – inquirió Hermione.
– Si, él estuvo en mi mansión el año pasado con su hijo. Tú sabes que nosotrros hicimos amistad desde Hogwarts, aunque fue muy distinta en ese entonces…
– ¿Cómo que distinta? – preguntó Hermione curiosa.
– Bueno, antes él erra… no sé… un poco..
– ¿arrogante, irónico y presumido?
Víktor asintió y rió junto a Hermione.
– Pero el año pasado, que fue con el pequeño Lucius, me di cuenta que no erra el mismo Draco Malfoy de antes. Es otra perrsona.
Hermione miraba a Víktor sin poder creer en sus palabras. De seguro que Malfoy se había mostrado distinto para conseguir algo de él. Obviamente esa era la razón. Porque… ¿Draco cambiado…? Eso era imposible.
– Se quedó con Lucius casi por trres meses. Mis sobrinos estaban encantados con el pequeño.
– ¿Y Cho, que te pareció, también está cambiada no? – habló Hermione mientras bebía de su copa.
– ¿Cho?. Ella no fue. Sólo Drraco y su hijo – respondió Víktor escueto.
La curiosidad de Hermione aumentó aún más. Aunque ella nunca había sido una chismosa, se moría de ganas de preguntarle algo más a Víktor. Luchó contra esto hasta que no aguantó más y volvió a inquirirle.
– ¿Y por que no estuvieron juntos¿El te comentó el motivo o algo al respecto? – habló disimulando su empeño por enterarse. Su semblante despreocupado le ayudaba, aunque por dentro mil mariposas revoloteaban en su estómago.
Víktor la evaluó por un instante. El no era indiscreto y sabía que Hermione tampoco. Jamás le contaría a alguien detalles íntimos de otra persona, si bien Draco nunca le había pedido que guardara el secreto o algo parecido. Así que determinó que no estaría siendo desleal o revelador si conversaba con ella.
– El no me comentó nada directamente, pero no se necesita serr adivino parra notarr que su matrrimonio no estaba marrchando bien.
– Ahhh
– Mirra Herrmione, no sé si hago bien contándote esto, pero quien sabe tu puedas hablarr con la esposa de Drraco. Ella fue tu compañerra de colegio, y a lo mejorr puedas tratarr de mejorrar las cosas entre ellos. Me gustarría que ellos fuesen una familia feliz, como mi Anastasia y yo.
– ¿Pero de qué puedo hablar con Cho? – habló algo espantada Hermione.
– Aconséjala, hazle verr que el dinerro no es lo más importante en la vida. Es efímerro. Yo lo digo con experriencia. De niño no tenía dinerro y erra feliz con mi familia y ahora que lo tengo soy igual de feliz, y si me quedarra sin un centavo seguirría siéndolo. Pero ella parrece no darse cuenta que lo más imporrtante es la familia y no lo materrial…
– Pero… ¿por que lo dices? – Hermione se acercó más a Víktor para hablar sin ser escuchados. No se percató que Gabrielle le miraba furibunda.
– Un día, necesité entrrar a mi despacho parra un asunto imposterrgable y sobrre mi escritorrio encontré una carrta abierta de Cho. La lechuza llegaba cada semana puntual a la casa con una carrta. Se que no debí leerrla, pero sentí curriosidad por enterrarme el porrqué de su ausencia. Temí porr un instante que Drraco podría haberr rraptado a su hijo o algo porr el estilo.
– ¿Y?
– Y solo erran unas cuantas líneas donde solo le conminaban a mandarr un monto mayorr de dinerro para esa semana, y facturras pendientes de pago, muy exorbitantes por cierto, de varrios proveedores, como diseñadorres, bebidas, túnicas, serrvicios de cocina para eventos etc, metidas en el sobre.
– …Y no preguntó acerca de su hijo – Hermione preguntó cautelosa.
– Ni una sola línea lo mencionaba – Víktor respondió resoplando.
Ambos se miraron por un instante, cómplices de aquel secreto. Segundos después Gabrielle se acercó a ellos y dirigiéndose a Víktor Krum le pidió que la siguiera un momento para firmar unos papeles. El le habló sin mirarla de frente y le dijo que en 5 minutos iría. Ella se retiró algo incomodada sin decir ninguna palabra más.
– Es mejorr no mirrala de frente parra no hacerr el ridículo. Consejo de mi bella esposa Anastasia – rió Víktor.
Ella también rió de la ocurrencia y le conminó a que fuera a atender aquel asunto.
Antes de irse, Víktor la tomó de la mano mirándola a los ojos, feliz de que las cosas estuvieran nuevamente bien entre ellos.
– En rrealidad extrañaba hablarr contigo, Herrmione. A pesar de que Anastasia estuvo algo celosa los primeros meses que estuvo conmigo, se dio cuenta que no tenía porrqué. Tu erres mi mejorr amiga y siempre serrá así. Ahorra ella lo entiende y me comprrende.
– Fui algo estúpida por hacer lo que hice…
– Un poco… – contestó el risueño. Empezó a caminar hacia la puerta lateral.
– Espera Víktor – le atajó Hermione. – Aún no me has contado que te convenció para volver a hablarme…
Krum se detuvo de improviso y volteó lentamente. Parecía estar evaluando su respuesta.
– Para serrte honesto, no pensaba volverr a hablarte nunca más. Estaba entristecido y desencantado de tu actitud.
– ¿Entonces….?
– Se que me matarrá si se enterra que lo sabes, porr que me hizo jurrar que no te lo contarría jamás. Sólo evita que él lo sepa, porr favorr.
– ¿Qué?
– Él me convenció, hace unas horas, para que te diera una nueva oportunidad – Y señaló hacia un hombre dentro de un grupo de gente que conversaba cerca de una mesa del buffet. Luego camino hasta alejarse por la puerta lateral.
– ¿Qué él hizo qué…? – pudo articular Hermione mientras seguía con la vista fija en la espalda, que había sido señalada por Víktor Krum segundos antes.
Si él sintió aquella mirada o fue pura casualidad, Hermione no lo supo. Lo cierto fue, que él volteó despacio ajeno a la conversación previa, con su copa de champaña en la mano, y se quedó quieto observándola desde lejos. Pasó la mano por su cabellera, despeinándola.
Ella estaba conmocionada con aquella revelación. Su pupilas estaban dilatadas y sentía la sangre bullir hacia las mejillas a borbotones. Un intenso calor se desperdigó por sus brazos y piernas. Llevó su mano izquierda a los labios tratando de contener, todas las preguntas que amenazaban con salir.
¿Él?... ¿Pero… por qué?
Draco fijo su mirada sobre ella, intensamente. Sus ojos grises se habían tornado oscuros, profundos, impenetrables. Solo despedían por momentos unos reflejos metálicos que hicieron que a Hermione se le erizara el vello de la nuca, a pesar de la distancia entre ellos y aunque trató de desviar la vista y casi se obligó a ello, no pudo hacerlo. Estaba literalmente hipnotizada. Su copa de champaña resbaló sin control de la mano y el fuerte ¡crash! que resonó en el ambiente, rompió aquella peligrosa conexión.
Bien, capítulo algo revelador… ummm Hermione tiene bastantes deberes para la casa jaaajajaj, a pensar y cranear los motivos de Draco…
Y mi adorado Draco, anda demasiado pendiente de Hermione..ummmm ¿Qué pasará por su cabecita?
…Y Harry.??
Ta ta ta taaaaaa! En el prox. Capítulo algo MUY MUY IMPORTANTE y crucial en la historia!
Muajajajaja!
BTW
(No odian a Gabrielle…. Grrrr, alguna vez me he cruzado con una que otra Gabrielle en la vida… grrrr. Son para meterles un zape por resbalosas jajajaja)
Ya saben, dejen su comentario y háganme feliz!!
Gise
