Holass!
Gracias por los reviews!. Es un verdadero placer recibirlos!. Y también ver los stats y comprobar cuanta gente cae por aquí!. So cute:
Creo que este mundo no está hecho de buenas y malas personas, o como decía sabiamente mi querido Sirius, de buenas personas y mortífagos; por lo que todos tenemos dentro nuestro luz y obscuridad, y lo que nos define finalmente son nuestras acciones. ¿Draco es completamente malo¿Harry es siempre un pan de Dios¿Hermione siempre actuará correcta y parametradamente?.
Estos personajes son humanos y como tales, susceptibles a cometer errores, quizás no encaminados por la maldad, si no llevados por el espíritu humano, inestable, indeciso, vehemente e impulsivo que nos rige.
Como dije, no hay buenos ni malos, sólo seres humanos.
Así que, por favor no linchen a ninguno en el camino jejejeje. (conforme vayan leyendo, me entenderán)
Besos por montón.
Gise.
– Bienvenido Harry, me alegra que llegues temprano – Molly le abrazó a la par que le daba un sonoro beso en la mejilla. Se quedó en el recibidor colocando su capa en la percha de la entrada, mientras Harry avanzaba hacia dentro de la colorida casa. – ¿Hagrid no vino contigo, cielo?
– Me pidió que lo disculparas y que te dijera que pasaría por aquí a las 6.00, ya que su nueva mascota lo tiene algo ocupado – respondió Harry mientras se quitaba la capa.
– ¿Y que es ahora su nueva mascota? – interrumpió Fred dándole un palmazo en la espalda a Harry como saludo.
– Gracias al cielo, esta vez nada de acromántulas o perros de tres cabezas o dragones; sólo una inofensiva cría de fénix – replicó Harry sobándose el lado izquierdo.
– Ni tan inofensiva, si estás del lado del-que-no-debe-ser-nombrado – conjeturó George que acababa de salir de la cocina, con un pedazo de tarta de melaza en la mano – Al menos eso es lo que le pareció a tu amigo el basilisco.
– Bueno, bueno, dejen a Harry que se relaje antes de empezar la reunión. Y por cierto ¿Dónde está Hermione?, pensé que ella también vendría…
– Ella está en la presentación de sus avances del Torneo. Mandé una lechuza avisando a media mañana – respondió con voz neutral.
– Ahhh, es cierto. Entonces¿No vendrá a cenar tampoco? – inquirió nuevamente la Sra. Molly.
– No… en realidad no lo sé – dijo Harry incómodo.
– Ya deja de interrogar a Harry, Molly. Si Hermione se desocupa, de seguro manda una lechuza avisándonos si vendrá o a que hora llegará. Sin embargo, dudo mucho que lo haga. Las reuniones para los preparativos del Torneo siempre han sido largas y tediosas. La última vez, Ludo Bagman y Barty Crouch estuvieron encerrados casi dos semanas en Bulgaria, en los previos.
– ¡Dos semanas! – Harry levantó un poco la voz, desconcertado.
– Tranquilo Harry, ni que no pudieras estar lejos de ella dos semanas– habló George bromeando.
– Bastante deporte, mucha agua fría y una que otra cosilla pueden ayudarte… – le susurró Fred, con diversión pero cuidándose que su madre no lo notara.
– ¿Bulgaria? – continuó Harry, dándose cuenta recién de ese detalle.
– Tú sabes Harry, las reuniones no siempre serán aquí. Los colegios participantes exigen que éstas sean distribuidas entre todos.
– ¿No te dijo ella a donde iría? – La Sra. Weasley se dirigió a Harry extrañada.
– No. No lo hizo – respondió escueto.
– Pero eso no está bien. Una pareja debe contarse todo. TODO. No entiendo como Hermione no ha confiado en ti para decirte–
– Molly por favor – intervino el Sr. Weasley flemático. – Kingsley es muy celoso con la seguridad y tal vez debe querer que sea un secreto.
– Pero estamos hablando de Harry, querido, de Harry. ¿Acaso Hermione piensa que, Harry va a ir corriendo a develar donde será la reunión? – arremetió Molly.
– Kingsley y Hermione tendrán sus razones para hacerlo. No debemos juzgarlos. Probablemente Kingsley mismo hablará con Harry sobre ello – Arthur miró a Harry tratando de reconocer alguna alteración en él.
Harry se quedó silencioso. No sabía que tomaría tanto tiempo y menos en otro país. Le molestaba no saber donde estaba Hermione y mucho más con quién. Se sentó en un sillón apartado para esperar a que llegaran los demás y empezar la reunión.
Bill, Fleur y sus hijos llegaron al poco tiempo y se sentaron igualmente a charlar un poco antes de su reunión. Fleur hablaba de sus niños, de su hermana Gabrielle y de sus padres con la Sra. Molly en la cocina mirando de reojo a sus hijos en el patio trasero a través de la ventana, mientras que los demás estaban en la sala junto al fuego tomando un aperitivo. Bill estaba exponiendo sus avances en la misión que le encomendaron, pero Arthur le indicó que esperaran a Hagrid, Charlie y Percy para empezar la reunión, ya que Charlie tenía una información importantísima sobre el-que-no-debe-ser-nombrado y sus posibles escondites.
La tarde transcurrió íntegra para la reunión. Todos reunidos exponiendo las informaciones obtenidas, conjeturando, calculando, decidiendo actos y acciones en pro de la ubicación y destrucción de Voldemort que no se dieron cuenta de lo avanzado de la hora. Empezaba a anochecer y pequeñas mariposas nocturnas inundaban la sala, atraídas por las luces de la velas. Hacía un poco de frío y Fleur se dirigió hacia la puerta trasera y procedió a cerrarla. Sus hijos estaban un tanto somnolientos, apretujados en el gran sofá, esperando la deliciosa cena que había preparado su abuela.
– ¿Tardará mucho la geunión?
– Lo dudo. Yo salí porque ya estaban terminando pequeños detalles y quise adelantar en algo la cena. Ya es un poco tarde. – Molly caminó tras de Fleur que estaba sentada en un silla frente a una vitrina de roble y realizó una floritura con la varita y los platos salieron volando en medio del comedor y fueron ubicándose diligentemente en su respectiva ubicación.
– Menos mal, estoy un poco hambrienta, sería capaz de comerme un filete entego. Este bebé ha heredado el sentido gastronómico de su padre – Se acarició el vientre con ternura mientras se levantaba y agitaba la varita obteniendo cisnes perfectos con las servilletas.
– La cena se servirá en 20 minutos. ¡Apresúrense allí! – gritó Molly con autoridad.
El primero en salir fue George con varios rollos de pergamino en la mano. Percy traía entre sus manos una vasija de piedra poco profunda, tallada con runas y otros símbolos. Fleur la vio destellar, con tonalidad plateada.
– Pegcy, debegías dejar tu pensadero aquí y no estaglo moviendo tanto, puede quebrarse – habló de pronto.
– Déjame decirte que soy extremadamente cuidadoso en estos casos, nada escapa de mis dedos. Algunas de mis cualidades son la agilidad y la prevención. Esto pensadero tiene muchos de mis más importantes pensamientos e ideas para que pueda quedarse en un solo sitio. Por eso es que constantemente me mudo de apartamento para evitar que alguien lo obtenga o robe.
– Y yo que creía que era porque nadie te soportaba, hermanito. Te debo una disculpa – terció Fred aparentando seriedad.
– Debo pedirte perdón también hermano, suponía que lo hacías porque intentabas ocultarte del nuevo novio de Penélope Clearwater – intervino George – dicen que te la tiene jurada por tus cartitas a su novia.
Percy carraspeó inquieto y dejó el pensadero a un lado de la vitrina.
– No entiendo como es que aún no maduran con la edad que tienen – les contestó malhumorado a ambos. Francamente, dejan mucho que desear con su comportamiento. La Orden del Fénix es una organización seria que…
– Harry querido, porque mejor no vas a recostarte unos minutos a la habitación de arriba. La cena aún no está lista y es mejor que te relajes un rato – Molly lo empujó suavemente de la espalda hasta llevarlo a las escaleras. Lo dejó allí y volteó hacia el bullicio tras ella. – ¡Y ustedes tres ya dejen de discutir!
Harry subió las escaleras con lentitud. Estaba realmente cansado por la reunión y aún tenía en la cabeza lo de Hermione. Le fastidiaba no saber donde estaba y con quien. Recordó que Malfoy también estaría allí y se puso de peor humor.
Hasta ese idiota esta con ella
Iba a entrar a la habitación señalada por Molly, pero siguió caminando por el pasadizo hasta el último dormitorio. Empujó la puerta con suavidad y penetró en el, acostumbrándose a la semipenumbra del cuarto. Encendió una lámpara después de un tiempo corto y contuvo el aliento.
Era el cuarto de Ginny. Muchas veces entró en el, e inconciente se había dirigido hacia allá. Todo estaba como ella lo había dejado muchísimos años antes. Las repisas aún contenían sus viejas muñecas, sus libros, cuadros, espejos estaban inmaculados y sobre la cama estaban dispuestos cojines y algunos animales de peluche que Harry le había regalado. Caminó despacio examinando con cautela. Tomó una fotografía que había en la mesa de noche entre sus manos y se sentó en la cama vacía.
Desde aquel marco de madera, Ginny y él mismo sonreían felices. Estaban abrazados justo bajo la sombra del roble del patio trasero. Era el día de la pedida de mano de Ginny. Harry recordó lo nervioso que había estado ese día. Hermione le había llevado a un lado y hablado tranquilamente logrando que se serenara e hiciera casi todo correctamente. Sonrió débilmente cuando volvió a vislumbrar el rostro de la pelirroja riendo feliz ante el torrente de palabras que salieron de su boca cuando intentó pedirle la mano de ella a Arthur Weasley. Nadie había entendido ni una sola sílaba.
Aun me haces tanta falta, Ginny…
Pasó un dedo por el vidrio, acariciando el contorno del cabello rojo de su ex prometida. Cerró los ojos un instante y aspiró con fuerza. Trataba de recordar como se sentían los labios de ella, el sabor de su piel, el olor de su perfume. Le abrumó de pronto la sensación dentro de su alma, de certeza, de convicción de no haber amado jamás a nadie como a ella. Por un instante, rogó poder regresar en el tiempo para estar a su lado.
…Pero ahora está Hermione
La voz en su cabeza lo asaltó de improviso, sacándole de aquella sensación de lesión en el alma. Ahora estaba Hermione y no había duda que él la amaba, quizás no tanto como amó a Ginny y no de la misma manera, pero lo hacía. Ellos habían estado juntos incondicionalmente por tanto tiempo, que había sido una lógica culminación que terminaran unidos. Solo le asustaba a veces ese sentimiento de pertenencia, de posesión tan fuerte hacia ella. Con Ginny jamás había tratado de aprisionarla o subordinarla a sus deseos o convicciones – tampoco ella lo hubiese permitido –especuló. Ahora que lo analizaba, nunca había tratado tan férreamente de intervenir en la vida de alguien por tratar de protegerlo, como lo hacía con Hermione. Sabía que su relación no estaba marchando sobre ruedas. Sentía que la estaba perdiendo. Y no deseaba sentirse extraviado, perdido, solitario. Y si terminaban, ella se iría de su lado, sería incómoda una relación amical después de una fallida relación amorosa. Tenía un embrollo mental en ese instante. Hace un par de meses atrás le pareció tan fácil y sencillo empezar aquella relación y ahora…
¿Fue la decisión correcta?, se cuestionó.
La voz de la sra. Weasley se escuchó un piso abajo. Dejó el cuadro en la repisa y se levantó de la cama dirigiéndose hacia la puerta. Apagó la luz y cruzó el umbral. Se detuvo justo un instante y giró para darle un vistazo final a la habitación.
La verdad es que nunca podré dejar de amarte, Ginny
Cerró la puerta y descendió por las escaleras hacia el bullicio del comedor.
– Pásame los filetes antes que Bill termine empujándoselos todos de un tirón – elevó la voz George sobre la mesa.
– Mi adorado esposo necesita toda la energía extra que pueda. Trabaja incansable para la Ogden. – saltó Fleur de inmediato, sirviéndole a Bill tres filetes más en el plato
– Yo también trabajo para la Orden y no por eso me zampo una res entera en la cena – terció Fred.
Hagrid resopló ruborizado y procedió a devolver cuatro filetes a la fuente disimuladamente.
– ¿Alguien desea más puré de papás? – habló Harry tratando de desviar la conversación.
– Por cierto Harry, se han incrementado las ventas en un 20 en la tienda gracias a ti. Las máscaras y disfraces muggles han logrado superar las expectativas de demanda – Fred servía dos grandes cucharadas de puré sobre su carne.
– Es gracioso comprobar como a la gente le gusta vestirse como cartero, bombero o cajero de banco – añadió George – Aunque no lo hacen muy vistosamente, ya saben, por la contienda.
– Me sorprendió ver a Malfoy hace un par de semanas con su hijo en brazos en nuestra tienda. Ya me habían dicho los chicos que despachan que varias veces ha entrado, pero hasta ese momento no lo había visto de cerca – habló George con la boca un poco llena.
– Se veía raro con un sombrero de vaquero al igual que su pequeño. Y mátense, estaba sonriendo… – agregó Fred burlón.
– Aún no entiendo, Harry el porqué se llaman vaqueros…juro que no he visto a ninguno montado sobre una vaca, en las películas que nos enseñaste anteriormente en tu casa – intervino Percy reflexivo.
Fred, George y Harry reprimieron una carcajada y la charla continuó transcurriendo amenamente. Afuera la luna estaba bañando el patio trasero con su luz fría. Era algo tarde, cerca de las 10.30 de la noche, la sobremesa se había extendido bastante, pero estaban tan relajados que aún permanecían en el comedor. En un momento dado llamas verdes salieron de la chimenea y una lechuza apareció de improviso dentro de ellas. Extendió sus alas y se dirigió hacia Fleur. Se posó junto a ella, extenuada y le entregó una carta. Antes de alzar el vuelo, bebió agradecida del platito que Fleur le llevó al pico.
Ayudada por su esposo, a causa de su avanzado estado de gestación, se dirigió hacia la sala a leer su carta.
– Larga distancia – aseveró la sra. Weasley sin dirigirse a alguien es especial.
– Explícame de nuevo Fred ¿Cómo es eso de que Malfoy estaba con sombrero de vaquero? – Harry recordó de pronto la conversación interrumpida.
– Estaba jugando dentro de la tienda con su hijo como otras tantas veces. Suena extraño, pero se comportaba como todo un padre cariñoso, o quien sabe mis ojos me engañaban como consecuencia de la falta de sueño. Debo recordar dormir la mona y no trabajar al mismo tiempo – Fred casi habló para sí.
– Ambos tenían pistolas de juguete en sus manos y correas al cinto– añadió George.
– Son esa especie de armas que usan los aurores muggles ¿no?... los "pocresías" estoy seguro… – intervino el sr. Weasley orgulloso de sus conocimientos del tema.
– Malfoy la tenía sujeta al revés, con el cañón apuntándose a si mismo, el muy idiota. Lástima que sean de plástico nada más. Aún pienso que debiste dejarme transformarla en una real… – George suspiró desconsolado mirando a su hermano.
– Lo hice por los dos. No hay nada más tedioso que trapear y limpiar el suelo de la tienda un viernes por la tarde…. – Respondió Fred convencido
– ¿Y hablaron con él¿Qué les dijo? – continuó preguntando Harry.
– En cuanto salimos de la trastienda nos divisó inmediatamente. La sonrisa de su rostro se borró, se quitó el sombrero y guardó el juguete en el acto. Se acercó hacia el mostrador con esa cara de estar oliendo mierda, seguramente auto-olfateándose; a las justas nos dirigió un saludo, pagó veloz y se retiró presto.
Harry trató de visualizar a Draco sonriendo pero no pudo hacerlo. Logró hacerlo pero era una mueca sardónica, la que siempre utilizaba cuando se burlaba de alguien, no con una sonrisa franca. Hizo memoria de pronto y volvió a preguntar;
– Y que hay de Cho. ¿Ella también se comportó así con ustedes?
– Cho no estaba con ellos. Es más, casi todos los fines de semana Malfoy va a la tienda y los chicos del mostrador me han informado que siempre va con su hijo. Sólo los dos.
– No obstante, creo recordar que una vez si los vimos juntos, Fred – habló George haciendo memoria.
– Cierto… los vimos salir caminado a ambos, un sábado, de ese nueva taberna pomposa que está frente al local de Madame Malkin – confirmó Fred.
– Pero yo no diría "caminando" porque prácticamente Malfoy arrastraba con el mayor disimulo, obviamente infructuoso, a su esposa del brazo. Creo Harry, que para ser las 4 de la tarde, Cho estaba demasiado "animada", para ese horario.
– Bueno, que puedes esperar después de todo. Debe ser imprescindible tener algo más que sólo sangre corriendo por tus venas, para soportar besar y tocar a Malfoy – agregó Fred haciendo un gesto de asco.
Harry, Fred, George y Charlie rieron de buena gana. El sr. Weasley, Percy y Hagrid se limitaron a esbozar una sonrisa. La sra. Weasley en cambio estaba absorta mirando hacia la sala. Harry lo notó y disimuladamente miró hacia allá también, en ese instante, se encontró con los ojos color cielo de Fleur y de Bill, ambos miraron hacia otro lugar rápidamente.
La charla continuó un poco más, hasta que de a pocos se fueron despidiendo. Charlie fue el primero en alejarse, tenía que curar a un dragón a primera hora y no quería desvelarse. Percy mencionó algo acerca de una investigación ministerial y se retiró con su infaltable pensadero en las manos. Fred y George salieron rumbo a un pub, ya que tenían cita con unas mellizas irlandesas que estaban de visita en Londres.
Hagrid estaba junto al fuego bebiendo de una jarra de vidrio, un vaso normal en su caso, una copa de pisco quebranta con Harry a su lado, conversando amenamente sobre su nuevo fénix. Y conforme fueron avanzando los minutos, él no podía dejar de notar que Bill y Fleur lo miraban de soslayo de cuando en cuando.
– Van a decirme de una vez que es lo que pasa – Harry se levantó del sillón y fue hacia donde estaban Bill y Fleur.
– No..No pasa nada Hagy – alcanzó a decir algo nerviosa.
– Hace rato ustedes dos leen esa carta y me miran disimulado. No hay que ser adivino para darse cuenta que algo sobre mí se menciona en ella – continuó Harry firme.
– ¿Qué es lo que sucede, muchachos? – Molly salía de la cocina con una copa de whisky de fuego para Harry y contempló intrigada la escena.
– Sucede que Fleur ha recibido una carta que aparentemente tiene que ver conmigo porque entre ella y Bill no me han quitado el ojo en toda la noche.
Bill se levantó y algo nervioso intentó hablar, pero Fleur le tomó el brazo y negó con la cabeza.
– Rayos! Díganme de que se trata. ¿Acaso es algo relacionado con Voldemort? – inquirió Harry nervioso.
Fleur dio un respingo sobre su asiento y replicó.
– No Hagy, no se trata de nada sobre el-que-no-debe-ser-nombrado.
– Entonces, de que se trata, quien te escribió esa carta, que dice!
Bill y Fleur se miraron mutuamente como evaluando la situación. Molly se acercó a Fleur y la urgió para que dijera quien era el autor de la carta y que decía en ella.
Fleur estaba en un gran dilema. Aquella era su familia y sus amigos y no quería causar un malentendido entre ellos. ¿Habría algo de verdad en lo que decía la carta?, después de todo, la que le escribía aquellas líneas era su hermana y ella la conocía bien, no era una persona baja o ruin. Si bien solía ser muy impetuosa y arrebatada, podría darse el caso que estuviera interpretando mal las cosas. Miró a su esposo nuevamente y este asintió con la cabeza.
– Es una carta de mi hermana Gabguielle. Ella estuvo en la misma geunión que Hermione…
– ¿Tu hermana con Hermione? – habló Harry intrigado.
– Ella es asistente personal de Madame Maxime. Ambas están en la presentación de los avances del torneo… con Hermione. Eso es lo que me cuenta en esta carta – respondió Fleur visiblemente incómoda.
– ¡Perfecto¿Puedo leer a carta? – Harry estiró el brazo para recibir la misiva, pero Fleur negó con la cabeza.
– No creo que sea conveniente que la leas, Harry, quiero evitar un malentendido – agregó presurosa.
– Déjame a mí leerla, Fleur – habló Molly con tono decidido – saben muy bien que quiero lo mejor para Harry y no quisiera que tuviese alguna disgusto.
Fleur miró indecisa a su suegra y a Bill alternadamente. No sabía que hacer. Si era cierto, podrían enfadarse con ella por no haber comunicado nada y si fuera un malentendido, que era lo más probable, la mortificación que esto conllevaría también la alcanzaría, hasta podrían pensar mal de su hermana menor.
– Harry escúchame antes de que leas la carta – debes saber que mi cuñada es aún muy joven e irreflexiva, y seguramente se trata de un tergiversación de los hechos. No sobredimensiones los hechos ni saques conclusiones hasta escuchar a tu mujer. Yo creo firmemente que sólo se trata de una confusión, y espero que sea sólo eso – miró a su esposa intensamente – sé que todo se aclarará y no habrá ningún acto impulsivo que lamentar de ambas partes. – le entregó la carta a Harry.
El Sr. Weasley y Hagrid se miraron gravemente. No tenían idea de lo que estaba sucediendo pero intuían que era algo grave. Vieron la expresión de Harry endurecerse conforme iba leyendo la carta. Al terminar Harry tenía una expresión sombría en el rostro. Extendió la mano y le entregó la carta a Arthur Weasley.
Los esposos Weasley, junto a Hagrid tomaron el pergamino y conformen fueron leyendo se lanzaban miradas circunspectas entre ellos. Finalmente Arthur habló con voz firme.
– Hermione es una gran mujer, decente, recta y sin tacha de ninguna clase. No tengo la mínima duda de que todo es una muy desagradable tergiversación de una situación por lo más común y simple. Jamás dudaría de ella, y espero que ninguno de ustedes – y dirigió su mirada específicamente en Harry – se atreva a pensar lo contrario.
– Estoy de acuerdo contigo totalmente, Arthur. Hermione sería la última persona sobre la tierra que haría algo semejante – aseveró con firmeza Hagrid.
– Yo también creo que se trata de una confusión, una mala traducción de los hechos. Hermione tiene todo mi respaldo en este asunto. Debes escucharla Harry, no actúes con ímpetu mal dirigido, ni te dejes dominar por sentimiento negativo alguno – agregó Bill.
– Estamos hablando de Hermione, me oyes Harry. De Hermione Granger. Piensa muy bien que harás. No hagas algo que después lamentes. Contrólate y piensa antes de actuar. Mañana solucionarás esto, ahora ya son casi las 11.00…. ¿Me estás oyendo Harry? – Hagrid avanzó hacia Harry quien había dado media vuelta y se dirigía hacia el perchero de la entrada.
Sin responder, ni opinar ni dirigirse a nadie a pesar de los requerimientos de Bill, Hagrid y Arthur, cogió su capa invisible y con un movimiento combinado de capa y varita, desapareció en el aire.
– Hermione y Viktor Krum…. No puedo creer que ella fuese capaz…
– Molly… ¡BASTA!
El grito de Arthur Weasley resonó en la habitación y por primera vez en mucho tiempo, la señora Weasley bajó la cabeza y obedientemente hizo silencio. Solo el canto de los grillos, en el patio trasero, se filtraba débilmente a través de la única ventana abierta de aquella habitación, rompiendo la quietud de aquel grupo, que se miraba incómodamente a las caras sin atinar a hacer o decir algo más.
– ¿Te encuentras bien, Hermione? – inquirió Kingsley visiblemente preocupado. Se había acercado a ella al escuchar el sonido de la copa estrellándose en el piso pulido de la habitación. Varias miradas estaban dirigidas a ellos en ese instante.
– Estoy bien, Kingsley. No te preocupes. Sólo se me resbaló la copa de entre los dedos. Tú sabes la tensión… No fue mi intención crear un lío de esto – automáticamente movió la varita y volvió a reparar la copa dejándola sobre una de las mesas.
– Creo que sería bueno retirarnos. Madame Maxime lo ha hecho hace 1 hora y para ser honesto ya empiezo a tener hambre de nuevo – Kingsley se frotó el estómago y le guiñó el ojo disimuladamente.
– ¿Hermione estás bien?. Me dijerron que tuviste un contratiempo – preguntó Víktor con tono preocupado. Acababa de salir de la habitación lateral y dirigido presto hacia allí.
– Sólo se me cayó una copa… sólo eso… es que me puse algo nerviosa.
– ¿Puedo preguntar el motivo?
Hermione tuvo un pequeño temblor al escuchar aquélla voz detrás de ella. Draco se había acercado hacia ellos sutilmente y escuchado la conversación. Se situó frente a Hermione con su copa en la mano, mirándola expectante. Ella le sostuvo la mirada haciendo un gran esfuerzo a pesar de la gran conmoción dentro de ella. Como odiaba últimamente que lograra ponerla en ese estado de manera tan fácil.
– Ella está algo estresada. Bueno en realidad yo también lo estoy. Este día ha sido agotador. Y por cierto ¿Ya se acabaron los canapés?. Necesito tener algo más en el estómago que sólo champaña – dijo Kingsley animado.
– Ahorra que lo menciona, también tengo un poco de hambre. Son casi las 8.30 y aún no hemos cenado. ¿Qué les parrece si vamos a comerr fuera?. Quisiera mirar un poco de Parris. Aunque sólo un poco porque le prometí a mi bella Anastasia que vendrría con ella en otra ocasión y lo harríamos juntos – Víktor hablaba sonriente.
– Ummm, bueno es un poco arriesgado salir así sin más… – aseveró Kingsley meditabundo.
– Yo conozco a un mago búlgaro que tiene un pequeño café aquí en Parris. Podríamos ir en un vehículo oficial de aquí, para más segurridad. Creo que sé quien me lo puede proporcionar. – replicó Víktor perseverante.
– Bien, entonces creo que podríamos hacerlo con mucha reserva. No está mal que podamos relajarnos y compartir una noche amena entre nosotros. Una comida gourmet, una buena conversación, unas copitas de vino blanco, quizás sólo una copa – aclaró – ya llevo la delantera con la champaña de hace un instante. ¿Entonces… a que hora nos encontramos para irnos? – preguntó dirigiéndose a Hermione.
Hermione se quedó pensativa. No estaba segura si Harry le disgustaría que ella fuera a comer con ellos. A lo mejor y le parecía mal que saliera tan tarde. ¿Qué opinaría Harry?...
– ¿Estás pensando pedirle permiso a alguien? – exclamó Draco con tono inocente.
Kingsley esbozó una sonrisa mientras negaba con la cabeza divertido.
– Las cosas que se te ocurren, Draco. Hermione pidiendo permiso para salir a cenar – continuó Kingsley aún riendo. – Bueno dime Hermione, a que hora estarás lista. Asumo que irás a engalanarte un poco. Mi esposa siempre se toma su tiempo antes de salir a cualquier lugar. Sólo no demores mucho que el hambre me devora.
Hermione se sintió de pronto entre la espada y la pared. Cuando le contará a Harry en casa, sabía muy bien que sería una pelea más, pero también sabía que no estaba haciendo algo incorrecto, además le daba rabia que Draco haya lanzado esa pregunta tan insidiosa.
Qué diantre, sólo es una simple cena…
– En media hora les parece bien – contestó segura de si misma – estoy hambrienta. – Miró a Draco con expresión triunfante.
– ¿Tú también irás, no Draco? – preguntó Kingsley cortésmente.
– No creo que pueda.
– Oh vamos Draco!, como que no irrás, dijiste que me hablarrías sobre como convenciste a las Furrias – acometió Krum de repente.
– De verdad tengo un asunto pendiente con alguien prestigioso – respondió dándose importancia.
– ¡Demonios Draco! Deja tu asunto y vayamos a cenar todos juntos – continuó Víktor.
Hermione miraba a Víktor tratando de evitar que siguiera insistiendo. Si él no quería ir, era lo mejor que podía ocurrirle a ella. Draco sólo la fastidiaría y deseaba cenar tranquila.
– Víktor, no insistas. Seguramente Malf – se detuvo y corrigió. No le parecía correcto llamarlo por su apellido frente a los demás, a regañadientes lo hizo. – Draco, debe tener asuntos muy importantes y no debemos importunarlo pidiéndole que los deje para que venga con nosotros – lo miró altiva.
Draco le devolvió la mirada impasible.
– Si decides cambiar de opinión, estaremos al pie de la escalera principal a las 9.00 pm – habló Kingsley rompiendo la mirada entre ambos – Mientras tanto yo iré descansar un poco. – Se separó del grupo y avanzó hacia la puerta entreabierta y desapareció.
– Es Gabrielle, debo decirle algo, un momento Hermione – Víktor corrió hacia la joven que había ingresado al salón en ese instante.
Draco y Hermione se quedaron de pie, solos, observándose mutuamente. Ninguno de los dos bajaba la mirada.
– Supongo que no insistirás para que los acompañe – le interrogó Draco aún mirándola fijamente.
– No lo haré – respondió concisa
– ¿Quieres que vaya? – Draco preguntó inexpresivo.
– No.
Draco levantó su copa, como brindando con ella y bebió tranquilamente.
– Como quieras – terminó su copa y la desapareció – Jamás impondría mi presencia donde no me desean. Buenas noches.– Dio media vuelta y avanzó rumbo a la salida.
Hermione sintió de pronto una punzada de fastidio al ver como Draco desaparecía de la habitación.
– Está todo listo – Víktor se acercaba hacia ella junto a Gabrielle – Esta herrmosa niña – se cuidó de acentuar la palabra claramente – nos facilitará un automóvil para poder irrnos a celebrar esta noche.
Hermione asintió inalterable. Aún tenía aquel extraño sinsabor envolviéndola. Por eso no notó la mirada hostil que Gabrielle le estaba dedicando en ese preciso instante.
– Entonces Gabrielle – continuó Víktor sin mirarla de frente – ¿la limusina nos esperará a las 9.00 a la salida del Palacio Chaillot?
– Exacto – respondió escueta – Por cierto, estas son las llaves de sus habitaciones. Están ubicadas en el ala sur en los pisos superiores. Allí encontrarán todo lo que necesiten para hacer su estancia confortable en nuestro Colegio. Si necesitan algo más, sólo invóquenlo a la piedra transfiguradora que está en sus aposentos y les será proporcionado.
Les entregó las llaves y se retiró pisando fuerte. Sabía a donde se iba a dirigir inmediatamente. Subiría a su cuarto y escribiría una carta para contarle a su hermana que su intachable amiga Hermione Granger iba a salir a divertirse sola con Víktor, le mencionaría las veces que vio el rostro de admiración de ella cuando miraba al ex jugador, y sus pláticas solos en los rincones. Seguramente ya se habían puesto de acuerdo para engañar a sus respectivas parejas. No existía otra explicación para su comportamiento.
– Y mi querida Fleg pensando que Hermione era una mujer correcta. Ya sabía yo, que si estuvo una vez con Víktor intentaría volver a tener algo con él. Por que es tan varonil, con esa mirada lánguida que tiene y ese cuerpo musculoso, su edad lo hace ver aún más apetecible… – Gabrielle iba sumida en sus especulaciones rumbo a su dormitorio.
– ¿Nos vemos a las nueve, en la escalera? – Habló Víktor contento de que todo estuviese saliendo de maravillas – Lástima que Draco no pueda acompañarrnos,– acotó poniéndose serio – segurramente está aún indispuesto por la última pelea con su esposa.
– ¿Pelea? – Hermione lo miró sorprendida.
– Me contó algo hace unas horas. Al parrecer eso ya no va más. Lástima, es triste que los matrrimonios pasen por estas cosas.– concluyó Víktor – Entonces ¿a las nueve?.
– Eehhh… siii… – respondió Hermione interrumpida en sus pensamientos – a las nueve – Se despidió de Krum y avanzó como autómata hacia la escalera principal.
– Vamos Parvati, si no fuera importante no te lo pediría – volvió a insistir Harry.
– No se Harry… mi jefe me pidió que no le dijera a nadie donde sería la reunión – hablaba nerviosa Parvati Patil.
Harry había ido su casa para tratar de sacarle la información para ir donde Hermione estaba. Sabía que estaba en Beauxbatons pero no sabía como llegar allá. Y le sacaría la información a Parvati cueste lo que le cueste. Necesitaba confirmar lo que decía aquella carta.
– Se que Kingsley está en Paris en el colegio Beauxbatons, él mismo me lo dijo – mintió sintiéndose mal por ello – Pero necesito hablar con él urgente, y una lechuza demoraría un par de horas en llegar.
– Lo sé Harry… pero es que mi jefe me pidió… – trataba de explicar la mujer.
– Amiga – musitó – soy yo, Harry Potter ¿Acaso crees que podría hacer algún daño o utilizar la información que me des para dársela a un mortífago o a Voldemort? – Harry sonrió como divertido, aunque por dentro estaba enrevesado en sus sentimientos.
Parvati lo miró evaluándolo y finalmente sonrió coqueta.
– Que tonta soy Harry, claro que no harías nada de eso. Ven pasa un ratito, mientras te tomas una copa de whisky de fuego iré a buscar la clave para el ascensor evanescente.
Harry entró al departamento con una sensación de contrariedad. No le gustaba mentir y menos por algo como aquello. Pero requería confirmar o desmentir aquella injuriosa carta. Se sentó en el sofá pequeño de la sala de estar y mientras agitaba su varita para hacer volar hacia él la botella de whisky y un vaso con hielo, meditaba en todo lo sucedido.
Ella sabía que no quería que hablara con él. Y no me hizo caso
Bueno tampoco es un delito y no soy su papá para ordenarle – otra vocecilla en su cabeza refutaba.
Seguramente por eso no me dijo a donde iba
Pero Arthur dijo que probablemente era por seguridad – volvió a la carga la vocecilla.
Demonios! … y si vuelve a ilusionarse con él. Ya una vez lo estuvo
Pero ella no haría nada incorrecto – afirmó la voz con firmeza
Los dos solos, en París, a media luz, con unas copas de más…
Pero es Hermione! – retumbó aquella voz en su cerebro
Víktor puede estar tramando algo
Ella no se dejaría deslumbrar por el – afirmó la voz nuevamente
Pero con él estaría segura, no tendría que estar en constante peligro, a lo mejor y ya se cansó de esta situación angustiante… o de mí. Debo hablarle y exigirle que me diga que rayos está haciendo con él.
¿Por qué tengo que ser tan impulsivo?. Se que debo serenarme…pero me hierve la sangre de pensar que está con él. ¿Y si pasó ya pasó algo…? – pensó Harry con indignación
– Aquí está el sobre, Harry. Me demoré un poco porque no me acordaba donde lo había dejado – Parvati avanzó hacia él y estiró su brazo para alcanzarle el papel. – Harry me oyes… ¡Harry!
Harry se sobresaltó un poco. Había estado tan concentrado en sus pensamientos que había hasta olvidado donde se encontraba.
– ¿Te ocurre algo, Harry? – Parvati lo miró preocupada.
– No me pasa nada. – respondió sucinto.
– Te ves extraño, pareciera que algo te molesta. ¿Está todo bien? – Volvió a preguntarle – Creo que te animaría saber que Hermione está también con Kingsley. A lo mejor y pueden verse por un momento. Nada más no le digas a mi jefe que te lo conté.
– No lo haré, no te preocupes.
– Hermione debe estar muy feliz allá. Una vez me comentó que deseaba mucho viajar y visitar Paris. No será un viaje de placer, ya que van a lo del Torneo, pero al menos algo se divertirá – afirmó sin malicia.
– De seguro que ya se está divirtiendo – exclamó con un dejo de ironía en la voz.
Parvati no lo notó, aunque le extraño ver los ojos verdes de Harry obscurecerse peligrosamente.
Hermione entró a la habitación y no pudo evitar una exclamación ahogada. El cuarto era bellísimo. Pensó encontrarse con una habitación antigua y recargada, pero ésta estaba decorada con mobiliario moderno donde predominaban los colores cálidos por doquier. Una gran cama dominaba la habitación. Era enteramente blanca con muchos cojines níveos y mullidos puestos prolijamente sobre ella. Avanzó admirando la clara alfombra bajo sus pies y los exquisitos jarrones por doquier rebosantes de flores fragantes y preciosas. Se dirigió directo hacia un grueso perchero de madera pulida. Allí estaba su capa de viaje colgada prolijamente. Con la mirada buscó la puerta de clóset, caminó hasta allí y abrió con expectación.
Nada. Absolutamente vacío. El cuarto era de regulares dimensiones y se veía aún más por la ausencia de cosas en él. Los estantes, las perchas, los colgadores, los cajones y todo estaba desierto, sin nada en ellos. En las paredes había enormes espejos de cuerpo entero que le devolvían su imagen por doquier.
¡Rayos! Y ahora que me pongo
De pronto recordó que Gabrielle les había dicho sobre la piedra transfiguradora en la habitación. Buscó y con rapidez la tomó entre sus manos. Era una pequeña piedra sin forma aparente de color azul cielo que reposaba sobre un gran cáliz plateado. Estaba tibia al tacto. Hermione se concentró, arrugando ligeramente el ceño y pidió mentalmente:
– Necesito ropa para ir a cenar, calzado y cosas para arreglarme.
Inmediatamente el amplio closet se llenó de indumentaria. Diferentes vestidos, zapatos, carteras, bolsos, chales, capas, paraguas; aparecieron en los lugares vacíos.
Hermione miró el reloj de pulsera. Debía apurarse si quería estar a tiempo para la cena. Avanzó decidida hacia el baño y entró. Otra exclamación de sorpresa salió de sus labios. Aquel lugar era impresionante. Un gran jacuzzi y todos los demás accesorios eran de tonalidades rojo sangre y negro. Parecía que había entrado a una habitación distinta al resto del cuarto en general. Se dirigió directo hacia la ducha y abrió el grifo.
Después probaré el jacuzzi, por ahora sólo alcanza el tiempo para una ducha.
Se desnudó con agilidad y entró al refrescante y revitalizante chorro de agua fría. Se sentía tan despierta ahora con aquel baño que su mente empezó a reflexionar sobre lo ocurrido ese día. Todo había resultado tan bien, que ni planeándolo hubiese salido mejor. Se alegró por lo excelente que salió el primer día de avances y por haber vuelto a retomar la amistad con Víktor. Tenía una gran sonrisa en el rostro húmedo cuando de pronto su sonrisa fue diluyéndose lentamente.
Malfoy lo hizo posible
Aquella sensación de desasosiego que había sentido después de ver a Draco alejarse volvía a envolverla. De pronto sintió aversión hacia si misma. Tenía muy en claro que Malfoy era una continua molestia para ella, con sus aires de petulancia y sus frases insidiosas, pero debía reconocer, según lo que Víktor le había confesado, que fue gracias a él que ellos volvieron a amistarse. No obstante, ella lo había despachado sin más, sin tener siquiera la cortesía de insistirle para que cenara con ellos. Y le había dicho en su pelada cara, que no quería que fuera. Y encima de todo, él estaba pasando un mal momento.
¡Demonios! No debí hacerlo
¿Por qué últimamente Draco Malfoy conseguía hacerla pasar de sentimientos tan opuestos en una milésima de segundo?. A veces lo odiaba tanto y otras…
Sacudió la cabeza tratando de cortar aquel pensamiento. Gotas de agua salpicaron la mayólica española del baño y discurrieron hasta unirse al agua que fluía y desparecía por el desfogue de la ducha.
Cogió unos frascos de las repisas superiores y leyó con detenimiento: "Poción alisadora". Hizo un movimiento con los hombros y procedió a aplicársela en el cabello húmedo.
– Puede que funcione…aunque sea un poco...
Minutos más tarde mientras se friccionaba la impecable toalla blanca sobre su cuerpo, iba pensando en que debía remediar aquel desatino. Aunque no le gustara mucho, siempre se había caracterizado por hacer lo correcto y ésta vez no sería la excepción. A grandes pasos llegó hacia el closet y suspiró rendida al admirar la gran cantidad de ropa que había colgada allí. No quería demorar y hacer esperar a sus amigos. Así que cerrando los ojos giró la percha circular donde colgaban aquellas prendas y estiró un brazo para coger cualquiera al azar. Los abrió y vio lo que había obtenido. Elevó los ojos al cielo refunfuñando mientras procedía a vestirse con rapidez.
Debí haberlo adivinado….tenía que ser un vestido…
Era un vestido claro de seda, suave pero firme que se amoldaba a su figura y terminaba asimétricamente unos centímetros por arriba de sus rodillas, pero que iba descendiendo un poco en línea diagonal hacia el lado izquierdo de su pierna, cubriéndola ligeramente y dejando ver parte de su muslo derecho. La parte superior dejaba sus hombros expuestos pues presentaba unos delicados puntitos brillantes incrustados en los tirantes que anudó por detrás de su cuello delgado.
Era un vestido formal aunque no demasiado elegante, muy fresco, agradeció mentalmente Hermione que ya empezaba acalorarse con el clima de ese país. Tomó unas sandalias de tacón bajo de los estantes y un bolso de mano que completó el atuendo. Se sintió un poco extraña porque ella no era de usar muchos vestidos, estaba más cómoda en ropa casual o trajes sastres para el trabajo, pero debía reconocer, al mirarse por todos los ángulos gracias a los espejos del lugar, que el vestido le asentaba muy bien, dejando apreciar las curvas de su cuerpo de manera natural sin exagerar. Sus piernas torneadas se delineaban bajo la tela del vestido y al caminar se apreciarían aún más, dándole un aspecto sexy aún sin ella saberlo.
Se dirigió al tocador veloz, volviendo a mirar la hora en su reloj y procedió a sentarse. Lamentó por un instante no haber podido empacar sus efectos personales, pero se le borró la idea al admirar la maravillosa cantidad de esencias, lociones, cremas, perfumes, maquillaje y joyería que había sobre el tocador.
Terminó de maquillarse sólo un poco y comprobó mirándose al gran espejo, que el cabello, como lo había supuesto en la ducha, no se le había alisado totalmente. No estaba alborotado como siempre ni tampoco muy lacio, ahora presentaba unas pequeñas ondas largas, suaves y bien formadas que le conferían un aspecto diferente pero muy favorecedor. Pasó un cepillo por su cabello y ubicó por allí dos pequeñas peinetas plateadas y procedió a ponérselas en ambos lados de la cabeza. Se levantó veloz para recoger el bolso de la cama. Antes de salir, volvió al tocador para elegir el perfume que usaría. Eran tantos que no sabía cual elegir. Aspiró el aroma de algunos y finalmente se decidió por una exquisita esencia de uno de ellos: Givenchy
No sabía que Hubert de Givenchy también era un mago – pensó.
Cerró la puerta con delicadeza y caminó por el pasadizo decorado con grandes cuadros de magos y brujas como en Hogwarts, animada por la inminente velada y algo intranquila por lo que debía hacer respecto a Malfoy. Llego a la escalera y pudo divisar desde allí a Kingsley conversando con Madame Maxime cerca del corredor y a Víktor Krum impecable y correctamente vestido al pie de la escalera mirándola sonriente. Bajó el primer tramo con determinación hasta que llegó al rellano de la escalera. Hizo un alto para mirar su reloj y comprobar que estaba a tiempo para el encuentro. Y de pronto lo sintió. Aquella sensación de ser observada que le erizaba el vello de la nuca. Mucho antes de levantar la mirada, sabía de antemano quien la contemplaba.
Caminando desde una puerta lateral venía Draco. Estaba impecable y muy elegante en un traje Armani. Su cabello ligeramente despeinado le daba un toque salvaje. Tenía un vaso de whisky en la mano y la otra dentro del bolsillo del pantalón. Se detuvo al instante, pasos antes de la escalera, sin dejar de observar a Hermione en lo alto.
Hermione sintió la boca seca de pronto ante la mirada sostenida de Draco. Nunca se había turbado tan rápidamente y supuso que se debía a aquella contemplación tan intensa. El la observaba insondable, inmóvil como si estuviese intentado grabarse su imagen indisolublemente. Ella sintió la sangre subir hacia sus mejillas y un ligero estremecimiento general, pero lo que verdaderamente la asustó fue sentir aquel extraño calor en su vientre.
– Me alegrro que hayas decidido acompañarnos, Draco – habló Víktor rompiendo de pronto aquel enlace.
– Temo que no he cambiado de parecer – respondió avanzando hacia él.
Hermione mientras tanto, se apresuró a bajar los escalones restantes con rapidez y tomando una bocanada de aire, como si quisiera aspirar valentía del ambiente, se acercó a los dos hombres que conversaban.
– Serré un hombre envidiado esta noche – Víktor le tomó de la mano mientras la besaba galantemente, examinándola satisfecho – Hermione, estás preciosa ¿No estás de acuerrdo conmigo Draco? – soltó de pronto.
Draco no esperaba una pregunta de ese calibre. Y aunque sabía de antemano la respuesta, preferiría ser despellejado vivo antes de responder.
– ¿No se les hace tarde para su paseo? – repreguntó saltándose toda la educación y el buen gusto.
– Tú… – balbuceó Hermione sin mirarlo – tú de verdad no puedes venir?
Draco enarcó las cejas por una milésima de segundo. Carraspeó sutilmente y volvió a recobrar el aplomo, después de beber un sorbo de su vaso y desaparecerlo.
– No – contestó escueto.
– No te pongas exquisito, Draco y acompáñanos a dar una vuelta – le palmeó con diversión Víktor – Allá en mi mansión también te negabas a salir. Recuerrdo que–
Pero Krum fue interrumpido por la voz estridente de Madame Maxime que lo llamaba haciéndole señas desde el otro extremo del salón. Víktor se disculpó y avanzó hacia donde estaba Olympe y Kingsley.
– ¿No puedes posponer tu cita para otra ocasión? – continuó Hermione.
– No.
– Todos podríamos pasarla bien. Cenar, charlar un rato, respirar aire fresco…
– ¿Estás rogando que te acompañe, Granger? – Draco tenía una mueca sardónica en el rostro.
Hermione apretó los puños inconcientemente. Sabía que no sería sencillo, y es que él lograba siempre exaltarla con sus expresiones…
– No estoy rogando nada, Malfoy. Sólo estoy siendo cortés – tomó aire y habló – Quisiera que vinieras con nosotros – terminó la frase exhalando y ya más calmada.
– Creo que algo anda mal en tu cabezota de sabelotodo, Granger. Hace media hora no querías que fuera. Al parecer te incomodaría mi presencia. Y ahora ¿es todo lo contrario¿Mueres por mi compañía? – Puntualizó mordaz – deberías hacerte un chequeo urgente en San Mungo.
– ¿Por qué tienes que ser tan idiota y arrogante? – Hermione habló sin poder contenerse, lanzándole una mirada asesina.
– Sabes una cosa, es verdadera felicidad llevarte a ese estado de irritación constante – replicó con un brillo sarcástico en los ojos.
– Porque no me facilitas las cosas… – resopló rendida.
– ¿Porqué tendría que hacer algo por ti? – Contestó de inmediato – Sería un imbécil si lo hiciera.
– ¿Quiere decir que nunca harías algo para mi beneficio?. ¿Nada para que yo me sintiera mejor? – inquirió persistente.
– Eso es obvio.
– ¿Estás seguro? – arremetió Hermione mirándole fijamente a los ojos.
– Ehhh …Si.
– ¿Completamente seguro?
– Ehh…
Draco no pudo aguantar la mirada de escrutinio de Hermione y desvió la vista hacia su vaso.
Carajo, porqué será tan preguntona
Era imposible que ella supiera algo. Le había hecho jurar a Víktor que no diría nada. No es que se hubiese vuelto loco y abogado por ella. Sólo lo había hecho para evitar que la presentación se vaya al tacho. De eso estaba seguro… o al menos ésa era la razón que se había estado machacando mentalmente para auto convencerse de esa acción. A lo mejor y sólo se estaba imaginando que ella sabía algo.
Hermione seguía con la vista fija en él. Se dio cuenta de su nada sutil desconcierto y una sensación de complacencia la embargó.
– ¿Irás? – se acercó un poco a él y le buscó la mirada.
– ¿Quieres que vaya?
Volvió a formularle la misma pregunta de hace media hora. Lo hizo sin pensar, sólo salió de sus labios involuntariamente. Pero esta vez su voz sonaba distinta, sin que él pudiera evitarlo. Era mas grave, casi ronca como una especie de gruñido. Sus ojos estaban inmovilizados en aquellos ojos marrones titilantes.
Aquella mirada y el timbre de su voz, la había hecho sobrecogerse sin razón aparente. No podía articular palabra alguna presa, de aquella sensación extraña. Los segundos corrían inalterables y ella seguía sin habla.
– Sabes qué, se hace tarde para mi reunión – contestó Draco furioso, automáticamente dio la vuelta y avanzó hacia la puerta lateral.
Hermione que hiciste... ¡Rayos! Así no debía salir… ya metí la pata...
Se quedó en una pieza observando como Draco se alejaba de ella. En su cabeza se agolpaban los pensamientos descontrolados. Así no lo había planeado. Ella debía devolver el gesto de atención de Draco y lo había arruinado todo. A pesar de que pelearan sin motivo o que se ofendieran o insultaran, porque no se llevaban bien, sabía que lo correcto era hacer algo en retribución a su ayuda con Víktor. Lo había pensado y supuso que todo era parte de su idea de que ella estuviera anímicamente bien para que la presentación no fuese un fiasco. Pero aunque no lo reconociera, algo en su interior anhelaba que ese no haya sido el único motivo…
Sin pensarlo mucho, caminó detrás de él. Debía convencerlo de acompañarlos y hacer que la velada fuera agradable para ambos. Al menos así sentiría que, en algo pagaba su ayuda. El ya había avanzado un largo trecho, dando la vuelta al pasillo y a ella le daba vergüenza llamarlo en voz alta. Aspirando hondo y con toda la elegancia que pudo, empezó a correr hacia él.
– Espera por favor
Hermione llegó a él, jadeante y con las mejillas encendidas. Le sujetó, ciñendo su mano delgada en torno a su brazo, sintiendo bajo su palma la fina tela del traje y el fuerte bíceps tensándose ante el inesperado contacto. El giró brusco y ella lo soltó de inmediato.
– No te vayas…
– ¿Qué demonios quieres, Granger? – Draco la miraba ofuscado.
– No he respondido... – le habló mirándole ansiosa.
– ¿Cómo?
– Tú última pregunta. No me dejaste responder…
Draco le miró impasible, al parecer deliberando su próxima acción
– Entonces, tú esperas que yo vue–
– Pregúntame otra vez – Hermione le cortó de pronto.
Quizás había llegado demasiado lejos, pero ya no había marcha atrás. No pudo continuar mirándolo de frente y volteó ligeramente el rostro hacia la derecha, fijando la vista en un jarrón antiguo del pasillo y sujetando su bolso de mano como si fuera un salvavidas.
Draco la observó detenidamente. Estaba parada algunos pasos frente a él, con las mejillas arreboladas. Azorada e inquieta, estrujando inconciente su bolso de mano. La gran araña de cristal antiguo sobre ellos irradiaba una luz tenue pero acogedora que los envolvía lánguidamente. Sin embargo, pudo advertir en ella, aún viéndola de perfil, aquella acción que hizo que un calor inexplicable le recorriera el cuerpo y que hiciera que respirara agitado.
Hermione inconciente de lo que estaba provocando, se humedecía los labios resecos con la punta de la lengua con nerviosismo, mordiendo de paso su labio inferior en un gesto simple e inocente.
Draco había pensado como contestarle de la forma más hiriente posible, dejándola plantada allí con sus buenas y nobles intenciones, pero no pudo contenerse, todo en su mente se borró de improviso y se dejó llevar.
Acortó la distancia entre ellos de un paso. Estaba tan cerca de ella que su perfume lo embriagaba. Sin pensar ni cuestionarse ya nada, levantó su mano pálida hacia aquel rostro. La tomó del mentón con suavidad levantando su rostro sonrojado hasta quedar frente a frente.
– ¿Quieres que vaya? – pronunció lenta y profundamente.
– Si – respondió Hermione en un susurro ahogado.
Woowwww!
Me ha encantado hacer este capítulo!! Aún me tamborilea el corazón, porque acabo de terminar de escribirlo. Ufff le di mil vueltas a la parte final… imaginando dentro de mi mente, la luz que los bañaba, sus figuras en medio del lugar, sus ojos, sus respiraciones, sus sentimientos… woo! Como me encanta escribir!!! Jejejejeje
(discúlpen pero casi es medio día y sólo tengo dos cafés y una tostada con mermelada por desayuno jajajaja, ahorita parto para comer algo jajaja)Sobre el vestido y el perfume… porque tanto detalle, es que justo fui a un Matri el último sábado y pues me puse a describir el mío jajajaja, (que falta de imaginación), aunque me encantaría tener una piedrita de esas, para aparecer todo lo que quisiera jejeje.
Bueno ya!, basta con mis tonterías, y espero que les haya gustado el Cap.
Y les dejo de tarea, que esta noche sueñen, y con más detalle, a Draco vestido en un Armani, con el pelo revuelto y una vaso de whisky en la mano frente a su puerta!
Jajajjja
(Definitivamente, debo tomar café descafeinado para la próxima!)
Saludos
Gise
