Holass

¿Apuesto que el capítulo anterior los dejó con ganas de más? Pues aquí la continuación de aquel encuentro…

Aunque demoré un poquito en actualizar por que la vida se me ha complicado ligeramente en cuanto a tiempo y sucesos, pero como siempre digo, escribir es mi desahogo, mi espacio personal, mi catarsis y la mejor manera de sobre llevar todo. (Hasta he dejado de lado mi pobrecito blog y casi ni posteo por allá)

Bueno, saquen su recipiente de pop corn y su limonada bien heladita (aquí en mi lindo país hace calorcito ya) o en su defecto su chocolatito caliente con extra marshmellows y sumérjanse en la lectura., porque hay algunas revelaciones!!

Enjoy!

Gise.


¡¿Qué rayos se supone que estoy haciendo?!

Aquella pregunta emergió casi simultáneamente en la mente de Draco y Hermione, aunque sólo había transcurrido escasos 10 segundos. Estaban ahí, parados en medio de un corredor, ambos iluminados por una luz tenue y circundante, a la vista de cualquiera que pasara por allí, tan juntos que hasta sentían el aliento cálido del otro y sus aromas se entremezclaban sin poder remediarlo.

Segundos antes, Draco había tenido a Hermione delicadamente tomada del mentón y con la vista fija en su boca. Luchó una tenaz batalla contra el irrefrenable, pero inconcebible deseo, de rozar sus dedos por los labios sonrosados y húmedos de ella. Ahora tenía la garganta seca, como si sus fluidos hubiesen huido hacia otra parte de su cuerpo, fuera de control.

Hermione en el mismo lapso de tiempo, había contemplado el rostro de Draco con atención creciente. Su razón y juicio habían sido aplastados por una inconsciencia voluntaria. Sus ojos habían recorrido con expectación cada parte de aquel pálido rostro. Aún conservaba la sensación totalmente desconocida para ella, que casi la obligaba a abandonarse a todo lo demás y sólo concentrarse en contemplar los ojos grises entornados y fijos peligrosamente en su boca, la nariz recta y perfecta y los labios delgados ligeramente entreabiertos.

Pero el ruido de pasos acercándose al corredor hizo que en la mente de cada uno emergiera sin aviso aquella específica pregunta. Ambos se separaron inmediatamente dando un paso hacia atrás con energía. Milésimas de segundos después la figura de Víktor Krum aparecía por el ángulo del pasillo.

– ¿Sucede algo? – interrogó Víktor circunspecto.

– No.

– Nada.

Víktor volvió a mirarlos. Se detuvo en Hermione, quien tenía las mejillas encendidas, los labios entreabiertos, respirando a través de ellos como si hubiese corrido un maratón. Sus dedos estaban crispados a su bolso, casi clavando sus cuidadas uñas sobre aquel accesorio. Su cuerpo se veía tan rígido que cuando alzó su mano para tocarle el brazo en un gesto de preocupación natural, ella dio un traspié, nerviosa y agitada.

Draco estaba impasible. Todos estos años había aprendido a dominar sus emociones casi a la perfección. Podía aparentar frialdad e insensibilidad cuando alguna situación lo ameritaba. Odiaba expresar sus sentimientos frente a los demás. Sentía que eso lo disminuía y por ello se cuidaba de mantenerlos a raya. Sólo le preocupaba el hecho de que esto no parecía suceder cuando se trataba de Granger. La observó disimulado, reparando en los mismos detalles que Krum. Sólo que él tenía la ventaja de saber que era lo que había causado aquel estado en Hermione. Aquel conocimiento le había llegado de pronto al observarla. Su pálido rostro fue surcado por una velada sonrisa de supremacía.

– ¿Seguro te sientes bien, Herrmione? – Volvió a hablarle Víktor – estás un poco agitada. Si prefierres, podemos cancelarr la cena…

Hermione tenía un amasijo de sensaciones y pensamientos dentro de su cabeza. Necesitaba aclararse y tranquilizarse un poco si deseaba salir. Con un ligero temblor en la mano, tomó su reloj pulsera y lo observó. Faltaban aún minutos para las nueve de la noche. Sin mirar a ninguno se abrió paso entre ellos rápidamente.

– Voy un momento al tocador – habló en un susurro y desapareció de vista.

Víktor miró a Draco, receloso. Podría estar equivocado…

– ¿De que hablaban Herrmione y tú?

Draco enarcó una ceja

– No quiero parecer mal educado contigo Víktor, pero creo que no es de tu incumbencia.

Víktor no se amilanó y continuó

– Recuerrdo bien que en Hogwarts, solías ser bien descortés con Potter y con su grupo, ella incluida.

Draco elevó la vista recordando aquellas épocas.

– De eso ya más de 10 años, Víktor. Las puyas estudiantiles estarían fuera de lugar en este contexto.

– ¿Porqué entonces Herrmione estaba tan nerviosa?

Draco se encogió de hombros y sonrió de lado.

– Tú estás casado…aún – soltó de improviso, Víktor.

Draco dejó de sonreír y le devolvió una mirada impasible.

– No veo la razón de tu comentario – respondió adoptando una postura cautelosa.

– Sentí la necesidad de recordártelo, sólo eso – concluyó Krum ceñudo.

Y un silencio incómodo se formó entre ellos por unos segundos.

– Bueno, ya que no irrás a la cena – rompió la tensión algún tiempo después – será mejor que vaya a buscar a Hermione para irrnos.– Hizo el ademán de retirarse.

– Creo que he cambiado de parecer – contestó Draco altivo.

– ¿Cómo… irrás…? – Krum se detuvo en el acto.

– En realidad no quería ir, pero Gran… Hermione insistió.

Nunca había pronunciado aquel nombre en toda su vida, jamás. Para él siempre había sido una mas del montón que orbitaba a Potter en Hogwarts por lo que no tenía una identidad propia e independiente. Sólo era la sangresucia Granger y creyó que siempre lo sería. Sólo que ahora no le pareció apropiado llamarla por su apellido frente a otros.

Hermione…

Volvió a pronunciar mentalmente aquel nombre. Definitivamente sus despreciables padres debían estar locos para llamarla con ese extraño nombre. Hasta sonaba ridículo incluso dentro de su cabeza. Esa debía ser la razón por la que en ese instante lo repetía una y otra vez.

– Tenías pendiente unos negocios, sino me equivoco – le cortó Víktor – mejorr atiéndelos como habías planeado y no los abandones por una trrivial cena.

– Puedo posponerlos si lo deseo – respondió con frialdad.

Definitivamente algo estaba tramando Draco. Víktor lo había conocido en Hogwarts y no se había llevado una muy buena impresión de él. Sobre todo le disgustaba sus métodos para conseguir lo que quería. Había sido testigo presencial de todas las injurias que él lanzaba sobre Potter y sus amigos, incluida la misma Hermione. Sin embargo, cuando volvió a verlo a lo largo de los últimos años, lo notó cambiado. Aún en ese instante, debía ser honesto y reconocer que el Malfoy de ahora, era muy distinto al que conoció en Hogwarts.

Sólo que ahora empezaba a notar algunas detalles que pasaron inadvertidos en las últimas horas. Recordó la perota de Draco, para convencerlo de que volviera a amistarse con Hermione. Según él motivado por su deseo genuino de que el Torneo sea un éxito. Pero recordó también que había mencionado muchas veces que toda la culpa de aquel alejamiento de Hermione fue de Potter. Todo su rostro se había congestionado cuando hablaba del famoso Potter. Lo había pintado como una persona ruin y a Hermione como a una inexperta mujer.

Sabía también que Draco por fin se había separado de su esposa. Cuando habló con Hermione no había querido ahondar en detalles sobre la vida de Draco, obviamente por lealtad, pero ciertamente él mismo Draco le había contado que su matrimonio era una farsa. Al principio de él, había hecho todo lo posible para que funcionara, pero se había dado cuenta de que eso nunca pasaría, según sus propias palabras, "esta condenado al fracaso". Draco le había jurado que sólo seguía al lado de Cho por su hijo, que era el más grande logro de su existencia. Y ahora él estaba libre.

Le había contado, hace mucho, más en confianza y entre hombres, que no era un santo ni un beato para mantener una fidelidad a algo que sólo era apariencia. Se cuidaba de ser discreto y sobre todo, jamás, según sus palabras textuales, mezclaría sentimientos y deseo sexual en la misma mujer. Hasta que su hijo creciera, él sólo tendría aventuras de una noche y eso sería lo más lejos que una mujer podría llegar a aspirar con él.

Y ahora Víktor cuestionaba la actitud de Draco para con Hermione. Había captado un par de miradas en la escalera que le hicieron pensar en algo más por un segundo, pero que fueron borradas por la incredulidad. Pero ahora era distinto, las cosas estaban en definitiva apuntando en otro sentido. Cuando dobló el pasillo, los encontró en actitud velada. Era un hombre adulto para saber que allí había ocurrido algo o estuvo a punto de ocurrir, sin necesidad de haber observado algo más comprometedor. No iba a permitir que lastimaran a Hermione. La quería mucho para dejar que alguien se burlara de ella.

– Draco, somos amigos, pero me veo en la obligación de decirte… – se plantó frente a él irguiéndose en toda su magnitud, viéndose imponente y amenazador. Su rostro había adoptado una actitud tenebrosa – que si tus intenciones para con ella no son honorrables o indecorosas, yo personalm–

– Yo liarme con la sangresucia de Granger– le cortó fastidiado, moviéndose como una pantera, sin amedrentarse ante la mirada amenazante de Krum al escuchar aquel insulto – debes estar complemente loco o enfermo si piensas que una persona de mi casta y nobleza va a enredarse con alguien de su condición. Jamás un sangre limpia como yo, terminaría mezclado con alguien como ella.

– ¡Tampoco es para que la insultes! – bramó también alterado Víktor

– ¡Tú me estás insultando al sugerir esa estúpida posibilidad! – respondió Draco con algo de color en el rostro usualmente pálido. – No me gusta estar cerca de ella, sólo trabajamos juntos y eso es todo. Estamos juntos aquí por una imposición y no por propio deseo. Por mí fuera, pediría que no formara parte de este proyecto, así yo trabajaría sólo, pero el ministro de mi país, piensa que ella es importante, por lo que tengo que aguantar su presencia y bregar diariamente en la oficina y en todo lugar, con sus aires de sabelotodo, autócrata y mandamás – tomó aire y concluyó un poco más moderado – Supongo que ahora te queda claro que de ningún modo me rebajaría a tener algo con ella.

Víktor lo estudió por un instante. Aparentemente no había cambiado. Seguía siendo arrogante e imbécil, dándole importancia a aquel líquido que corría por las venas y no a la verdadera esencia de las personas. No deseaba tener amistad con alguien que pensara así.

Draco pareció haber leído sus pensamientos porque se apresuró en acotar:

– Víktor – varió el tono de su voz y le miró gravemente, – Tú has sido un gran amigo para mí. Nos recibiste en tu casa, a mi pequeño Lucius y a mí, para evitar rumores insidiosos que pudieron haber afectado a mi hijo si nos íbamos a otro lugar. Y has sido muy discreto con mi situación matrimonial. Sólo tú sabías que entre Cho y yo las cosas no iban más. Incluso te he contado ahora que, finalmente tomé la decisión, de acabar con esa farsa. No suelo ser muy expresivo ni abierto con los demás, – carraspeó un poco incómodo – pero contigo ha sido distinto. Te considero un amigo y no quiero que esa situación cambie – concluyó decidido.

– No aceptaría jamás la amistad de alguien que insultara o lastimara de algún modo a una persona que aprecio mucho – articuló Víktor hosco.

– No estoy interesado en la sangr… , en Granger, si esa es tu preocupación – acotó Draco circunspecto. –Además¿no sabías que anda liada con el "Elegido" de Potter?. Dudo mucho que, siendo la perfección y corrección personificada, se atreva a tener un affaire… aún tratándose de alguien que ni en sus mejores sueños pueda aspirar a alcanzar.

– Me pareció ver todo lo contrarrio hace un par de minutos.

Draco bufó displicente.

– Te doy mi palabra, y estoy seguro que es suficiente, de que no ocurrió nada de lo que te imaginas.

Porque nos interrumpiste

Aquel pensamiento irrumpió irreflexivamente en la mente de Draco e hizo que este respirará sobresaltado.

– ¿Sucede algo? – inquirió Víktor receloso.

– Mi reunión… – Draco se aclaró la garganta – ya casi es la hora.

– Supongo entonces, que no irrás a la cena.

Draco evaluó la situación. Lo que menos necesitaba es hacerse de un enemigo más, y debía reconocer que la amistad de Víktor Krum era importante para él. Granger era un tema aparte. Su reciente poder sobre ella descubierto apenas unos minutos antes, le abrían una gama de posibilidades de diversión infinitas y deseaba ponerlas en práctica. Sopesó ambas realidades y calculó que con Granger habrían muchas más ocasiones para distraerse a costa de ella. Necesitaba estar en buenos términos con Víktor.

– Creo que te sentirías más cómodo en tu papel de brioso caballero con armadura, si yo no fuera a esa cena ¿verdad Víktor? – le habló sarcástico.

– Eso no es cierrto, Draco. Sólo no quiero que vayas a lastimarrla – le refutó inmediatamente.

– Vale, si te hace respirar más tranquilo el hecho de que no me acerque a ella, tómalo entonces como una deferencia de mi parte – sonrió burlón – te juro que no me quita el sueño verle una vez más el cuerpo, como al parecer a ti sí… – puntualizó malicioso.

– ¡Ella sólo es mi amiga y nada más! – aclaró Krum algo nervioso.

– Ya. Así que no la has observado para nada ¿eh?. El hecho de que estés casado no te quita la hombría ni te obstruye la vista – señaló tratando de exasperarlo. – Tú que hasta fuiste a ese baile con ella y la llevaste a dar unos paseítos a la luz de la luna… me sorprende que no te hayas dado cuenta como ha madurado

Los dos se quedaron de repente, en silencio y momentáneamente abstraídos.

Víktor Krum tratando de tapar en su mente la figura de Hermione bajando la escalera con imágenes de Anastasia, a mil por segundo.

Draco nuevamente con la sensación de sequedad en la garganta, mirando a la nada, sólo concentrado en el recuerdo de aquellos labios húmedos y entreabiertos, a los que le siguió el lento recorrido mental de la silueta de Hermione con aquel vestido claro que dejaba sus hombros al descubierto y se ceñía sensualmente a las curvas de su cuerpo. Sintió las entrañas revoloteando.

Una pizca de cordura se elevó dentro del rubio. ¿Cómo era posible que su cuerpo lo traicionara de aquella necia manera?. Obviamente tenía que reconocer lo irreconocible. Granger no le era totalmente desagradable ni insufrible. Pero de allí que su cuerpo reaccionara de esa manera, descontrolada e instintiva ya era preocupante. No era la primera vez que una mujer despertaba aquella carnal sensación que lo embargaba en ese instante. El deseo sexual hacia una mujer era algo de los más conocido por él. Pero de allí a dejarse dominar por esa sensación, jamás. Siempre había logrado controlar sus apetitos a voluntad, permitiéndose algunas ocasiones en los años anteriores dejarse llevar, pero controladamente. Siempre era dueño del escenario y del contexto, nunca un espectador pasivo. El decidía el cuando, el como y el donde.

Sólo se sentía fastidiado por aquel interés inconcebible hacia la sangresucia. Saboreó la palabra mentalmente y la repitió para convencerse de la poca cosa que ella era. Sin embargo, como hombre que era, no podía negar lo obvio en ese instante. Ella no le era indiferente.

Rostro agradable, buenas piernas, deseables pechos y que más da! Cualquier mujer los tiene…

Y aunque continuaba tratando de buscar algún punto negativo en ella, repasando su figura y recordando a regañadientes sus conversaciones; más sofocante se iba haciendo el ambiente en torno a él. Finalmente decidió que, esta sería como tantas otras veces, donde dominaría sus deseos a voluntad. De ningún modo se permitiría la mínima posibilidad de algo con ella. Hasta el siquiera pensarlo le era indigno. Eso definitivamente era inconcebible, absurdo y ridículo. Siempre fue un hombre centrado que dominó siempre sus pasiones y apetencias, mejor que otros; eso lo distinguía de los demás a su criterio, y esta vez no tendría que ser distinto. Aquel absurdo deseo de su cuerpo quedaría sepultado bajo su juicio.

Sólo es una sangresucia impura y ese es el único pensamiento que me bastará por ahora.

– Será mejor que vayas a encontrarte con tu inmaculada damisela, Víktor. Debe estar bajo la torre, o al pie de una escalera, esperando que la defiendas del depravado Dragón – Draco quebró de pronto el silencio entre ellos, satisfecho de su autocontrol.

Terminó de hablar y se acercó, levantando su palma y golpeando el brazo derecho de Krum a la par que le estrechaba la mano fuertemente, pero con estima. Ambos esbozaron una sonrisa.

– Ahhh, déjame recordarte algo. Tú también estás casado…aún – puntualizó nuevamente Draco con suspicacia.

Víktor negó con la cabeza aún sonriendo. Avanzó unos cuantos pasos lejos de Draco y repentinamente volteó a contestar:

– Yo sólo tengo ojos para mi Anastasia. Ella es la única mujerr en mi vida. Y realmente espero que algún día también puedas decirr lo mismo de alguna dama.

– Me temo que aún no he conocido a la mujer que haga ese milagro – respondió Draco sonriendo de lado y metiendo las manos en los bolsillos. Se alejó igualmente.

Al menos eso creo…, pensó, borrando de inmediato la sonrisa aviesa del rostro; movió la cabeza para ahuyentar esa idea y continuó caminando en dirección contraria a la de Víktor Krum.

– ¡Hermione! Acércate un instante por favor – llamaba efusivo Kingsley al ver aparecerla por el corredor. A su lado Madame Maxime dictaba algunas frases a una vuelapluma que flotaba junto a ella.

Ella se aproximó algo contrariada, ya que deseaba un pequeño tiempo sola para esclarecer que había pasado en el pasadizo con Draco. Su corazón aún tamborileaba fuera de ritmo, aunque ya estaba aquietándose regresando a la normalidad. Sus mejillas encendidas se habían ya difuminado en su totalidad y el ligero temblor general iba menguando. Pero en proporción inversa a todos sus síntomas físicos, su mente se veía incrementada por un lleno total de preguntas y cuestionamientos sobre su comportamiento.

Y tenían que llamarla justo ahora.

– Hermione, necesito hacerte unas preguntas antes de partir. Madame Maxime me solicitó revisar el punto número 4 de la lista de pedidos para….

Una pequeña conferencia de unos 10 minutos entre los tres hizo que Hermione olvidara sus preocupaciones de ese instante. Era muy cierto que hasta ese instante de su vida, no había dejado que sus problemas personales interfirieran con su trabajo. Tenía muy claras sus prioridades y cuando se trataba de su carrera no había nada ni nadie que se interpusiera en ellas. Estaba ya sosegada aunque muy despierta. Por momentos volvía a su mente aquel suceso entre Draco y ella, pero decidió que esa noche no meditaría el trasfondo de aquel incómodo asunto. Se daría una tregua mental, volviendo a la misma relación llena de displicencia con él. Tendría tiempo suficiente en su habitación al final de la noche, para profundizar aquel pesado tema. Mientras tanto todo seguiría normal con él. Incluso en la cena que les esperaba.

Víktor se acercó hacia el grupo interesado por la plática. Intercambiaron opiniones por un par de minutos más hasta que Kingsley consultó el gran reloj de arena que estaba colocado encima de un gran pilar junto a la escalera y mencionó su compromiso. Se despidió cortésmente de Madame Maxime, quien se retiró dando un gran bostezo por una de las grandes puertas laterales.

– Será mejor que nos apuremos, ya llevamos casi un cuarto de hora de retraso – apuntó Kingsley impaciente.

– Es verdad, apurrémonos para tenerr más tiempo para nuestra sobremesa. Ya estamos todos listos, así que avancemos – Víktor hizo el ademán de caminar pero la mirada de Hermione lo detuvo.

– No irá con nosotros… – miró hacia un punto indefinido tras el hombro de Víktor – no esperaremos a…

– Draco no irrá con nosotros. Sé que se animó, pero a última hora decidió finalmente que no podía librarrse del compromiso – interrumpió Víktor algo impaciente.

– Es una lástima que suceda. Me hubiese gustado tener a todo mi equipo junto – habló el ministro apenado.

Ambos caminaron hacia la salida de aquel colegio charlando. Al menos lo hacían Víktor y Kingsley porque Hermione se encontraba muy callada. Así lo notó el mismo Víktor, pero se guardó de hacer un comentario al respecto.

Cuando ya iba a llegar a la salida, los tres se detuvieron un instante al contemplar en una de los recibidores cercanos a una figura conocida quien discutía con otra algo ofuscadamente.

– ¿Ese no es Draco? – habló por fin, Kingsley – Y¿Ese no es Langlois, el asistente del Ministro Francés?

Los tres se acercaron hacia los dos hombres quienes al verlos suspendieron su plática. Después de las presentaciones obligatorias, Kingsley preguntó a Draco si no había cambiado de parecer, porque según Hermione, le había asegurado que iría.

– Lamentablemente no podré, ya que me encuentro justo concluyendo detalles para mi encuentro con el Ministro Francés – Draco miró a Langlois fijamente.

– Como le vuelvo a reiterar Monsieur Malfoy, el ministro le ruega mil disculpas por el impase, pero no podrá atenderlo ahora como usted había solicitado. Ya que Madame Maxime lo ha requerido de urgencia a su despacho – carraspeó inquieto.

– Como te decía hace un momento Langlois, preferiría hablarlo personalmente con el Ministro… – Draco apenas podía contener la irritación de su voz.

Monsieur Malfoy, vuelvo a insistir que es imposible. Pero como le hice mención, Monsieur Renoir lo espera mañana muy temprano para un petit déjeuner en la terraza y le brindará las disculpas del caso por el imprevisto de esta noche – respondió el joven mago, algo nervioso por la intensa mirada de prepotencia que le dedicaba Malfoy en ese instante. – Ahora si me disculpan, debo ir a continuar con mis obligaciones, excusez-moi – Dedicó a todos una inclinación de cabeza, dio media vuelta y partió casi disparado del grupo, dejando a Draco con la boca abierta a punto de refutar.

– Bueno Draco, entonces… ¿nos vamos? – concluyó Kingsley sin poder ocultar su expresión de regocijo.

Draco los miró a todos, impasible por un pequeño intervalo de tiempo. Habiendo ya recobrado la compostura, levantó los hombros y los dejó caer para finalmente asentir con la cabeza sin proferir palabra.

¡Que diantre!, necesito un trago urgente esta noche

Los cuatro avanzaron hacia la salida en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos.


Cuando salieron directo del ascensor evanescente, se cuidaron de ser discretos al caminar por las instalaciones del Palacio Chaillot. Los diferentes museos que había allí, diariamente atraían a mucha gente ansiosa de conocerlos. Ellos lograron pasar inadvertidos, aunque no descuidaron su seguridad, por la gran cantidad de turistas dispersos. Bajaron alertas las escaleras con dirección a las puertas principales cuando contemplaron desde sus lugares la entrada al gran Théatre National Chaillot. Sus dos pilares con curvas sinuosas y asimétricas; dejaron a Hermione asombrada.

– Miren, están presentando El anillo del Nibelungo, podríamos entrar un segundito a mirar… – dijo Hermione que ya empezaba a dar saltitos de alegría.

– Hermione, apurémonos… estoy realmente hambriento. Después a nuestro regreso podríamos cada uno quizás, dar una vuelta por ahí, pero ahora… apresurémonos – habló Kingsley tomando a Hermione por los hombros y girándola en dirección contraria al Teatro.

Ambos avanzaron presurosos por los Jardines del Trocadero, hacia donde les esperaba el automóvil mágico oficial enviado por Madame Maxime. Hermione se retrasó un poco admirando los Jardines y sus famosas fuentes. Ella estaba emocionadísima de estar nuevamente en París. Se le hacía tan hermosa esa ciudad, tanto que le parecía la primera vez que estaba allí. Tenía un brillo en los ojos y suspiraba ante tanta belleza. Contemplada extasiada la Torre Eiffel. Su cabello ondeaba suavemente con la brisa nocturna.

– Te podría prestar mi pañuelo para que enjugues tus lágrimas de felicidad si no fuera porque lo dejarías inmundo – Draco se acercó por detrás, susurrando cerca de ella.

– Me tienen sin cuidado tus estupideces esta noche – contestó Hermione fríamente a la vez que se apartaba de él.

Así que has decidido comportarte como si nada ¿eh?, pensó exasperada, perfecto entonces, aquí no pasó nada.

– Supongo que terminada la cena irás a recorrer las grandes tiendas de París, de shopping, a gastar los pocos galeones que consigue Potter, como salvador del mundo – habló Draco arrastrando las palabras con tono malicioso. Estiró el brazo hacia adelante, haciéndole señas para que avanzara.

– No me gusta ir de shopping, ni despilfarro el dinero de Harry – refutó con los puños apretados y avanzando furiosa – Compro lo necesario y me valgo de lo que gano con mi trabajo para ello. Y además sería una completa superficial e insensata si desperdiciara mi reducido tiempo en ir de compras en lugar de aprovecharlo para recorrer Paris y admirar su esencia – continuó caminando con la frente en alto.

Draco se quedó quieto por un instante, mirando la silueta de Hermione avanzar hacia donde se encontraban los otros dos. Las veces que había estado en París con distintas mujeres de su entorno, incluyendo a Cho, lo habían arrastrado prácticamente a las grandes tiendas mágicas e incluso a las muggles, y habían arrasado con todo sin detenerse a admirar nada, salvo el menú de un restaurant elegante. Y ahora ella salía con ese comportamiento por demás extraño…

– Ahh se trataba de tu sueldo – caminó hasta quedar a escasos pasos detrás de ella –esa era la razón de tu desabrido vestuario diario en la oficina. Y yo que le echaba, toda la culpa a tu mal gusto, después de todo, esta el referente de tu adorado Potter.

Hermione frunció el rostro, sin dignarse a voltear.

– Harry es un gran hombre y muy apuesto, pero obviamente no espero que lo admitas – exclamó vehemente.

Draco se rió suavemente entre dientes

– Permíteme refutar tu afirmación; gran hombre…, difícil ya que a las justas pasa del metro y medio; y apuesto… bueno si tu ideal de alguien atractivo es una cabeza rajada, cuatro ojos, cuerpo enclenque y con un amasijo de cabellos erizados…

Hermione apretó los dientes y le lanzó una mirada furibunda por encima del hombro.

– Y según tú, un hombre atractivo, maravilloso es…. ¿alguien como tú? – rebatió con perfecto tono irónico.

Draco enarcó una ceja y sonrió con arrogancia.

– Te advierto Granger, las declaraciones de amor antes de cenar, perturban mi apetito. Reprime tus apetencias que, aunque me encuentres guapo y encantador, estoy fuera de tu alcance. Tendrás que satisfacerte con la poca cosa que es Potter.

Hermione detuvo la marcha y dio la vuelta tan inesperadamente que Draco casi choca con ella, se quedó parado a escasos centímetros de ella. Bajó el rostro aún con la sonrisa vanidosa, seguro de que ella retrocedería y saldría furiosa de allí. Pero ella no se movió, elevó el rostro y posó la vista sobre él. Sus ojos almendrados tenían un extraño brillo, casi osado, atrevido. Sus facciones encerraban una expresión desconocida hasta ese momento para él. Hermione elevó su mano derecha y lo tomó del brazo atrayéndolo aún más hacia ella. Él bajo el rostro desconcertado por aquel comportamiento extraño, un calor inexplicable emprendió su loca carrera por su cuerpo ante el contacto. Ella estaba demasiado cerca de su rostro, pero antes de que Draco hiciera un movimiento involuntario, ella había ladeado el suyo y ahora tenía sus labios a escasos milímetros de la oreja de Malfoy. Podía claramente escuchar su respiración y sentir su aliento tibio. Con un tono afectado y apasionado Hermione pronunció:

– Harry es todo un hombre. Estoy más que satisfecha con élsi me dejo entender…

Soltó el brazo de Draco y le dedicó una sonrisa triunfal, para luego dar media vuelta y continuar con su camino.

Draco caminó detrás de ella sin hacer ningún comentario, sólo sus ojos parecían estar a punto de quemar cualquier cosa a su paso.

Metros más allá, Hermione llegó por fin al final del largo camino.

– Miren el vehículo está aparcado cerca de esa explanada - exclamó emocionada.

Kingsley avanzó presuroso y sacó la varita con discreción. Draco y Víktor se colocaron delante de él, cubriendo con sus cuerpos cualquier visión exterior. Y con la varita apuntado dentro de sus trajes. Hermione se quedó un poco alejada pero con la varita empuñada debajo de su pequeño chal, expectante.

– Listo. No hay problema. Subamos.

Hermione avanzó hacia la puerta posterior para subir, cuando contempló divertida, junto a Kingsley quien no evito la sonora carcajada que salió de su boca, a los dos hombres parados frente a ella agarrados por un instante de la mano. Ambos habían tratado de abrir la portezuela de la limosina a la vez, como gesto de cortesía hacia Hermione, resultando en un apretón de manos forzoso entre ellos. Pero, a pesar del aparente rubor en las mejillas pálidas de Draco y el tono magenta de Víktor, ninguno soltaba el manubrio.

– Jóvenes, será mejor que dejen a este viejo, el placer de la atención a nuestra única dama presente – Kingsley se adelantó hacia ellos, quienes inmediatamente se soltaron y dieron paso a Hermione. Esta al pasar le sonrió divertida a Krum, gesto que no pasó desapercibido por Draco y que hizo que tirara la portezuela con una creciente furia contenida.

Llegaron después de unos minutos de recorrido cruzaron el Arco del Triunfo con dirección al barrio de Montmartre. Subiendo el camino divisaron la monumental Basílica del Sagrado Corazón que dominaba desde lo alto toda la colina. La limosina se detuvo frente la entrada a una gran calle adoquinada, llena de cafés, restaurantes, glorietas y teatrillos, donde mucha gente caminaba deslizándose alegremente, por las serpenteantes aceras, contagiada por la delicia de la noche iluminada por la luna llena. Bajaron del auto y siguiendo a Víktor, que llevaba la delantera guiándolos entre la gente, arribaron a una pequeña glorieta algo abandonada, en medio de un parque descuidado, que no hacía juego con los negocios alrededor suyo, casi escondida entre dos grandes árboles frondosos que la ocultaban. Subieron los escalones de mármol y tomaron asiento en las frías bancas de mármol.

– Bienvenue a L'Auberge du Village. ¿Tienen reservación?

La voz melodiosa había salido del interior del gran pilar junto a ellos. Víktor tocó con la punta de la varita la columna y automáticamente un "Merci" se escuchó a través del frío mármol. Al instante la glorieta dio un giro completo y una pequeña sacudida vertical antes de detenerse por completo. Hermione se levantó y contempló extasiada el acogedor restaurant que tenía ahora frente a ella. Las mesas ubicadas en torno a la glorieta estaban llenas de magos departiendo alegremente, unos cenando gustosamente, otros disfrutando de la lectura, y algunas parejas de enamorados, ubicadas en la parte más alejada, sentados bajo la luz de la luna, contemplándose extasiados. Las vuelaplumas sobrevolaban por doquier anotando los pedidos, mientras muchos jóvenes mesoneros enfundados en largas túnicas negras de gala y con charolas flotando sobre ellos recorrían el lugar atendiendo a los clientes.

– Este local es prropiedad de un amigo búlgaro, que rradica aquí desde hace casi una década. Si mal no recuerdo trabajó como infiltrado en mi país, para la Orden del Fénix– empezó la charla Víktor, siguiendo a la curvilínea anfitriona que los recibió al llegar y que no despegaba los ojos de Draco – ya he venido algunas veces porr aquí y el servicio es excelente.

– ¿No será de casualidad, el hijo de Obalonsk, el ex ministro búlgaro de magia? – interrumpió animado Kingsley – Tengo muchos años sin verlo. Supe que vino a radicar aquí, pero no sabía que había puesto este negocio – continuó hablando mientras avanzaban hacia su mesa.

– Efectivamente, es Dimitri Obalonsk. Lo conocí hace muchos años, en mi país, aunque recién me contó de la Orden hasta hace un par de meses – Llegaron a la mesa y Víktor despidió a la anfitriona con un gesto cortés de cabeza, mientras continuaba la plática con Kingsley.

En ese instante, Hermione se encontraba a la derecha de Víktor participando de la conversación. Draco que estaba detrás de ellos se adelantó hasta llegar a su lado y procedió a retirar la silla para que ella se sentara entre él y Víktor. La atractiva anfitriona les brindó una amplia sonrisa cortés a todos y procedió a retirarse, pero a pesar, de estar más cerca de Kingsley el camino de retorno, inesperadamente rodeó la mesa y se movió decidida hacia donde se encontraba Draco sin despegar la mirada de él, segura que los demás miembros de la mesa no la observaban enfrascados en la conversación. Cuando llegó a su lado, y sin detenerse, acarició sutilmente mientras continuaba su camino, la base de la espalda de Draco con una de sus delicadas manos, en un contacto que trató de ser de lo más circunstancial. Avanzó dos pasos antes de voltear y musitar con un brillo nada ingenuo en los ojos:

À bientôt, Monsieur (Hasta pronto, señor)

Draco que la había estado observando disimuladamente, esbozó una sonrisa presuntuosa ante el contacto inesperado, más para sí, que para la joven anfitriona. Ni siquiera le había parecido bonita.

Tenía todavía ambas manos sobre el respaldo de la silla que había retirado para Hermione cuando de pronto sintió un soberano empujón sobre ésta.

– Permiso – Hermione se irguió altiva – pero no voy a sentarme, ni siquiera medio centímetro cerca de ti ni de tus hormonas – espetó entre dientes lo más sutil que pudo para que los demás no la escucharan, apenas conteniendo la indignación. Avanzó presurosa, ante la sorpresa de Víktor y la mirada glacial de Draco y fue a sentarse frente a ellos, junto a Kingsley.

– …Es el clima – murmuró malhumorada – allí sentía mucho…demasiado calor, para mi gusto. – terminó de explicar ante la mirada de incomprensión de todos. Menos, por supuesto, de Draco que rumiaba ya en la mente su próxima revancha.


Ayyy mi Draco, para variar, anda encandilando a cuanta mujer pase por su camino. Es que es taaaaan cute! Jjajjajaja.

¿Y que me dicen de la revelación de Draco?, Aceptó por fin que Hermione no le es indiferente!! Yeah!, pero, las cosas no son tan fáciles no?, después de todo, hay demasiadas cosas entre ellos que los separan, comenzando obviamente por ellos mismos.

.y Víktor… siempre me lo he imaginado muy caballeroso y aún algo enamorado de Hermione, pero como es un buen chico, sabe muy bien como son las cosas…. O quizás haga que no…?, que dices eh?