Holass:
Mil disculpas por la demora pero este año empezó como una tromba para mí. Ya estoy retomando mi curso normal, así que amenazo con capítulos más seguidos.
Besos y disfruten el capitulo ( y por supuesto, no se olviden de dejar un review!)
Gise.
CAP 12 – CUMPLIENDO UNA PROMESA
Kingsley Shacklebolt se aclaró la garganta, incómodo y enlazó sus manos detrás de la espalda. Dio una ojeada concienzuda al borde del mirador, sin detener su mirada en las dos personas que estaban con él, para evitar aún más desconciertos. Ninguno hablaba, sólo se limitaban a observar, esperando que alguno de ellos promoviera una conversación circunstancial para terminar con aquel silencio embarazoso.
Draco y Hermione se habían separado inmediatamente apenas escucharon a Kingsley. Como dos críos atrapados haciendo travesuras, ambos saltaron hacia atrás sin miramientos, tratando de poner la máxima distancia sin que pareciera demasiado forzado. Ella ruborizada a más no poder se alisaba el vestido una y otra vez, aplicando todo el dominio de sí misma del que era posible, para no delatar su estado de azoramiento. Él con la sangre fría aprendida a lo largo de varios años, aunque todavía luchando por controlar el ritmo normal de su respiración, se limitaba a juguetear con un galeón entre sus dedos, intentando verse indiferente.
– Lamento haber interrumpido, pero necesitaba encontrarlos para el importante anuncio de Madame Maxime – Kingsley finalmente habló rompiendo el difícil momento, pero con un tono desalentado en la voz.
Hermione lo notó en el acto, al igual que Draco. Ambos cruzaron la mirada por unos segundos, dándose cuenta de la situación. Ella se adelantó decidida hacia Kingsley. Después de todo, él era una persona muy importante en su vida, un buen amigo y una figura de autoridad a quien emular. Draco también se aproximó a él.
– Kingsley escúchame…. Yo…Draco…, nosotros… sólo estábamos….
– Hermione, Draco – miró a ambos determinado – ustedes son dos personas adultas, maduras y responsables para tomar cualquier decisión en sus vidas. Y creo que en este momento, libres los dos. Por lo tanto, no tienen nada que explicar o justificar – concluyó neutral.
– Pero Kingsley… por favor…– rogó Hermione.
– Señor ministro yo quisiera… – Draco trató de mantener un trato formal al dirigirse a él.
– Escúchenme bien los dos – Kingsley Shacklebolt los interrumpió de pronto, exhalando con flexibilidad – seré sincero con ustedes, en vista del aprecio que les tengo. Realmente me han sorprendido porque jamás imaginé que dos personas tan distintas y opuestas como ustedes dos podrían llegar a una situación semejante. No los juzgo porque no es mi naturaleza hacerlo, pero deben entender que esto genera un escenario totalmente nuevo…
– Te aseguro que esto no cambiará nada. Todo seguirá como siempre, Kingsley. – Draco vehemente se apresuró a interrumpirlo.
Hermione sintió una pequeña punzada dentro de ella al escucharlo, pero inmediatamente su lógica entró en acción.
– Somos dos personas adultas, como lo mencionaste. Esto no influirá ni alterará en nada la preparación del Torneo, Kingsley. Te doy mi palabra.
– No es el torneo lo que solamente me preocupa, les soy sincero – acotó el ministro – no quisiera que nadie saliera perjudicado, es todo. Pero bueno – caminó hacia la puerta resuelto y cambió el tono de improviso, sonando más trivial – no está en mis manos cambiar, hacer o decir nada, así que dejemos a un lado, al menos por esta noche, esta inesperado momento y retomemos nuestro curso normal. Hay una celebración inminente, y es gracias a ustedes, por lo que nos corresponde estar presentes. Debemos irnos – concluyó saliendo de aquel mirador y conminándolos a seguirlo.
Draco y Hermione se dirigieron una última mirada de soslayo, dirigiéndose segundos después hacia la terraza y a las celebraciones por su victoria pero con un nudo en la garganta.
ooooooooOOOOOOOOOOoooooooooooo
– Esta reunión está tan animada que no me caería mal bailar un poco – Draco la miraba divertido con su vaso multicolor con sombreritos que le había alcanzado Hermione minutos antes.
Llevaban ya una hora allí disfrutando de la recepción. Recién había terminado la participación del comité de aprobación del Torneo de los Tres Magos, donde les dieron oficialmente la noticia. Muchos se habían acercado a saludarlos y a felicitarlos por haber logrado tamaño porcentaje de aprobación final de sus propuestas y ellos se sentían nuevamente embargados por la emoción.
– Vale, pero termina tu cóctel en el acto porque quiero ir a traer dos más. Están deliciosos – Hermione le devolvía la mirada, complacida de pasarla bien sin habérselo propuesto – porque, aunque dijiste que primero muerto a que te vean con pajillas y cocoteritos de colores en la mano, veo que ya casi acabaste tu bebida.
– Si esto llega a oídos de mi familia seguro me desheredan por ordinario. No hay charm en tomar algo que parece un concentrado de papagayo. Solo me falta ponerme una camisa floreada, unos pantalones blancos de algodón remangados a media pantorrilla y estar descalzo para perder por completo mi fortuna y mi buen gusto.
– Deja de quejarte tanto que nada debería empañar esta sensación de éxito. ¡Rayos! No podré dormir tranquila esta noche...
– Seguro por lo que pasó en el mirador¿cierto?
Draco se acercó un poco a ella y la miró curioso. No habían tocado el tema para nada, como si no hubiese existido un mirador y un beso impetuoso entre los dos. Y aunque él aún no decidía que paso tomar y menos había pensado en las repercusiones por ello, no pudo evitar aquella impulsiva frase.
Hermione sabía que tarde o temprano debían tocar aquel incidente. No era una adolescente que se escondería luego de un hecho tan importante o tratara de ocultarse o negarlo, sabía que tenía que enfrentar el hecho y agradeció que él diera el primer paso. Tampoco es que hubiera tenido mucho tiempo para pensar, por lo que decidió que sólo lo trataría a grandes rasgos, sin hacer de ello una exageración.
– Me parece que está de más decir que fue algo accidental, inusitado, descabellado e inadecuado entre dos personas tan diametralmente opuestas como nosotros, hostiles casi toda la vida en Hogwarts, compañeros de trabajo, eehhh y me olvidaba… un pura sangre y una, como era…
– Ya, ya… sé a lo que te refieres – le atajó de pronto – No es necesario que te insultes, Granger; aunque me cause una extraña sensación placentera oírte hablar así – esbozó una media sonrisa.
– Cuando asumí la jefatura de DCMI todos pensaron que me habían regalado el puesto gracias a Harry, por mi relación con él – Hermione adoptó una postura seria – que mi trabajo, dedicación y esfuerzo no era suficiente. Más interesante e importante les resultó mi vida personal que mis logros y me ha costado, y me sigue costando, bastante mantener mi reputación de buena profesional responsable y comprometida con mi trabajo. ¿Tienes idea de las habladurías que tendría para lidiar si alguien se enterara de lo que pasó? Y eso sólo en la parte profesional, porque si hablamos de mi entorno personal…
– Te entiendo perfectamente, Granger. Probablemente me hiervan en aceite, sin reticencias de tipo alguno esta vez, si se enterasen que volví a ser el villano y que soy el culpable de los cuernos que ostenta Potter – Draco proyectó una sonrisa burlona.
– Malfoy…
– Vale, vale – Draco volvió a adoptar el tono casual ante la mirada reprobatoria de Hermione – No creas que no he reparado en ello. Me ha costado mucho llegar hasta aquí, ya que todo el mundo se empeña en recordar mi pasado y mis acciones adolescentes, no es fácil volver a empezar y ganarse la confianza de las personas. Y no deseo que me vuelvan a ver como el malo de la película.
– Estamos claros entonces y de manera concluyen, por unanimidad, que ese hecho fortuito e irreflexivo nunca más volverá a ocurrir entre los dos. Jamás. Nunca. De ningún modo cruzaremos la línea, ni iremos más allá, ni perderemos la cabeza por…
– Aunque tu última frase suene como dicha por Casi Decapitado, el fantasma de tu casa – Draco le cortó sin poder ahogar del todo una carcajada – creo que entendí la idea. No "mas allá". Comprendido.
– No hay nada más que decir, entonces…
– Solo quiero dejar sentado que para ser una santurrona e ingenua sabelotodo, tu comportamiento es absolutamente opuesto a tu sobrenombre escolar. Aún tengo los labios sensibles y extenuados… – y sin dejar de mirarla se pasó los dedos pálidos por ellos.
Hermione le dedicó una mirada complacida de reojo, aún a pesar de sus reservas y giró el rostro al no poder evitar la sonrisa presuntuosa que enmarcaba su sonrojado rostro, mientras jugueteaba con su nuevo collar.
Vanidosa ¿yo? …. ¿a estas alturas?
Se aclaró la garganta y volteó dispuesta a finiquitar ese asunto y continuar su vida ecuánime y normal
– Bien, quedará entre los dos, bajo llave y para siempre, ese b…. aquel be… – Hermione balbuceaba sofocada sin poder terminar la frase.
– Si te refieres al beso del mirador – le soltó un vistazo cómplice, entonces desde ahora " Lo-que-no-debe-ser-nombrado", quedará bajo llave.
Hermione rió de buen grado, con su sonrisa fresca y grácil, negando con la cabeza y los mechones de su cabello agitándose perfectamente al compás. Draco la miró extasiado, con una mezcla de sentimientos que hicieron que apartara la vista inmediatamente para no delatarse. El trato estaba cerrado y él no iba a romperlo.
– Solo una última aclaración para finalizar, ahora sí y para siempre – Hermione le buscó la mirada y habló profundamente – Odio que me obliguen. No me gusta hacer nada a la fuerza. Me gusta tener el control por lo que no me agrada que me fuercen, yo decido si tengo que dar el sí.
No supo por qué lo dijo o con qué propósito, sólo sintió que debía poner las cosas al fresco de una vez. Aunque se sintió incómoda al hacerlo, tomó aire al terminar y se quedó más tranquila por la aclaración.
– Jamás necesité forzar a una mujer… hasta ahora. – Draco se expresó con una sinceridad aplastante – De verdad no sé lo que me pasó. – Pero inmediatamente se dio cuenta del desliz y adoptó inmediatamente un tono y postura diferente. Se acercó a ella como una pantera, ágil y sigiloso, apenas quedando a unos centímetros de distancia de su rostro. Habló quedó, ligeramente por encima del ruido de su alrededor y con una mirada insondable que transfiguraba sus ojos grises al color del mercurio líquido, brillante.
– Te prometo, que jamás, haré algo en contra de tu voluntad; sólo si tú me lo pides.
– ¡¡Herrmione!!
El grito inesperado cortó aquella plática de improviso e hizo que ambos se separaran en el acto. Anastasia se acercaba hacia ellos, jalando a Viktor del brazo, ella con una sonrisa encantadora en el rostro y él, que los había estado observando desde lejos, con la expresión de estar comiendo piedras calientes.
– Herrmione, tienes que escucharrme, estoy emocionadísima, Madame Maxime me ha invitado, junto con otras damas distinguidas a contemplarr la colección de joyas de la emperratriz Marria Antonieta dentro de unos momentos. Tú sabes, la brruja más conocida de su época. Esa que todos crreen que decapitaron pero que se fue a vivirr a Amérrica. ¿Tú nos acompañarrás? – preguntó con las mejillas arreboladas.
– La verdad yo…
– Me temo que no sería conveniente en esta ocasión. – Draco se adelantó unos pasos y habló interrumpiendo a Hermione–. Debemos estar presentes en la reunión para absolver cualquier consulta de los presentes o simplemente para recibir las felicitaciones personales de la concurrencia. ¿No te parece, Hermione?
¿Hermione?...
La sola mención de su nombre de los labios de Draco y aquel tono impositivo del inicio, hizo que a Hermione se le erizara el vello de la nuca. ¿Desde cuando él la llamaba tan personalmente? Ella se adelantó también para observarlo, todavía sorprendida, pero él no le dio cara, ya que miraba despreocupado hacia las personas presentes mientras le daba el último sorbo a su colorida bebida con una sonrisa disimulada.
– Que lástima – murmuró decepcionada Anastasia por unos segundos, para luego volver a su estado eufórico del comienzo – Drraco – la joven mujer volteó y se dirigió a él – ¿Puedo encarrgarte a mi adorrado Vicktor? No dejes que ninguna admirradora se le acerque mientras yo no estoy, por favor– Y dándole un beso a su esposo partió directo hacia la puerta de entrada a la terraza.
La siguiente media hora, Hermione no dejó de bailar. Víktor, el que nunca bailaba por timidez o por circunspección, parecía de pronto la reencarnación de Gene Kelly. No había perdido ninguna pieza y Hermione a esas alturas estaba exhausta. Apenas Anastasia desapareció por entre los grandes ventanales él prácticamente la arrastró hacia la pequeña e improvisada pista de baile y se dedicó en cuerpo y alma a no dejar pasar ninguna canción.
Hermione al inicio estaba feliz de poder divertirse un poco, pero conforme iban pasando los minutos le pareció extraña la actitud de Víktor. No dejaba de lanzarle furibundas, aunque de lo más veladas, miradas a Draco y parecía rumiar algo. A ella a las justas le había contestado con monosílabos las preguntas triviales que formuló. Pero lo que definitivamente desesperó a Hermione fue el pequeño hecho que dio pie a todo.
Ella había estado casi la mayor parte del tiempo mirando a Víktor o a los presentes mientras bailaba, negándose a posar los ojos en el ex –Slytherin. Pero sentía una extrema curiosidad por saber que hacía y lograba apenas con el rabillo del ojo, verlo aún plantado en el mismo lugar, con una nueva bebida de pajitas y gajos de frutas aparentemente esperando… o tal vez, esperándola. Este pensamiento impresionante hizo que volteara y girara la cabeza simuladamente para no perderlo de vista los primeros minutos, hasta que, de improviso en una de sus observaciones, ambas miradas finalmente se encontraron. Sólo fue unas milésimas de segundo, pero lograron que Hermione vibrara sutilmente, se aclarara la garganta y desviara la mirada de inmediato. Casi como un juego entre los dos, ella dirigía la mirada y se encontraba cada cierto tiempo con la de Draco, sin revelar ni demostrar nada, sólo logrando que carraspeara, vibrara, sudara y se acalorara.
Había acabado una de las canciones y Hermione se dispuso definitivamente a descansar y tal vez, sólo tal vez, a bailar una pieza con Draco. Bajó la mano lentamente del hombro de Víktor e hizo el ademán de avanzar, para que él la siguiera. Pero la mano de Víktor aún enlazada con la suya la sujetó enérgica y jalándola con autoridad la conminó a seguirlo. Hermione avanzó sorprendida detrás de su amigo hasta unos pequeños arbustos medio escondidos lejos de la pista. Giró la cabeza antes de desaparecer por los arbolitos y vio los ojos de Draco directamente sobre los suyos, oscuros y para sorpresa suya, con el gesto adusto.
– ¡Que te ocurre, Víktor¿Puedo saber porqué me jalaste de esa manera hasta aquí?
Hermione estaba algo fastidiada, no entendía la reacción de Víktor, aunque intuía, por el simple hecho de ser una mujer, por donde caminaban las cosas. Él se limitó a pasear de un lado a otro como fiera enjaulada mientras guardaba silencio.
– Víktor…. Estoy esperando una respuesta – Hermione estaba frente a él, cruzada de brazos y mirándole como si de pronto hubiera perdido el juicio.
Finalmente Víktor Krum habló.
Un torrente de palabras brotó de sus labios. Desde un me he dado cuenta de que tú y él, y he notado que, y tengo la sospecha que, hasta el me preocupa que, y no te conviene, y me parece que. Hermione le escuchó pacientemente, por momentos molesta, por momentos enternecida y halagada y por otros preocupada hasta que terminó de hablar. Con mucho equilibrio, como si le explicara los hechos de la vida a un niño, le señaló que ella no pensaba tener nada con Draco – obviamente se cuidó de no revelar nada de lo ocurrido en el mirador – y que ya era grandecita para tomar sus propias decisiones. Le agradeció la preocupación para con ella, pero le recordó con mucho tino que la relación que tuvieron hacía ya mucho tiempo atrás había acabado y que la única preocupación real que él debería tener debería ser para con su esposa.
Víktor empezó a ponerse de mil colores mientras Hermione hablaba dándose cuenta de la metida de pata cometida. Pero es que ella había sido alguien tan especial en su vida y primero el pelirrojo se la había arrebatado sin siquiera estar con ella y luego la cercanía de Harry y ahora Draco. Se reprendió interiormente por tamaña estupidez, porque sabía muy bien que no tenía derecho alguno sobre ella y que no podía, aunque creyera que estaba equivocada, imponerle su criterio.
Criterio por lo demás subjetivo pensó, ya que se daba cuenta que Draco no era ya más aquel chico insustancial y dominador y cabía la posibilidad de que tuviera buenas intenciones.
Que metedura de pata…
Víktor miraba los cerámicos del piso con detenimiento, mientras expresaba las más sinceras disculpas a Hermione y su promesa de no volver a hacer un papelón igual. Ella lo escuchó pacientemente y ya con la cólera y fastidio evaporados de su ser y ahora completamente halagada de que aún él la considerara una persona especial en su vida digna de cuidado.
– Ya detente que me harás sonrojar – Hermione le daba unos pequeños golpecitos en el brazo musculoso a la vez que continuaba – mejor olvidemos todo y regresemos a la fiesta.
– Creo que tienes toda la razón del mundo, Herrmione. Además, allá me esperra la mas herrmosa mujer del mundo, y la única para mí; mi adorada Anastasia – y sin malicia alguna levantó su brazo y le acarició el cabello en un gesto fraternal.
– ¡Oh! Madame Krum¿No le dije que sí encontraríamos a su esposo y su amiga? Casi pagecían …escondidos ¿verdad?
Gabrielle Delacour estaba parada cerca del acceso a los arbustos, con una sonrisa que trataba de ser cándida, hablándole a una demudada Anastasia.
– Creo que los dejagé para que convegsen libremente.
Y dio media vuelta, con su exquisito vestido de pequeños pliegues por doquier y de color blanco suave ondeando con el movimiento de su dueña y regresó a su lugar. Hermione pudo jurar que la escuchó canturrear regocijada.
Anastasia los miraba con gesto taciturno, con las manos moviéndose sin decidirse a actuar. Parecía estar sopesando la situación, evaluando finalmente que hacer.
Hermione miró a ambos, avergonzada por causar, sin ninguna intención, pero de igual forma un problema entre aquella linda pareja. Se adelantó de pronto para explicar, esclarecer y demostrarle a Anastasia que nada malo había ocurrido allí y muchas otras cosas más; pero Víktor se había adelantado aún más y tomó de las manos a su esposa, viéndola directo a los hermosos ojos celestes y sin despegar la vista, se dirigió a Hermione:
– Déjanos solos, Herrmione. Mi esposa y yo necesitamos hablarr. No te preocupes, ve sin cuidado.
– Pero Víktor… Anastasia…yo quisiera… – Hermione miraba a ambos con gesto suplicante. Deseaba arreglar la situación, no se perdonaría que ellos se disgustaran.
– Regresa al baile, amiga. Preciso reafirmarle algo a mi bella Anastasia – Víktor habló despacio, aún sin despegar los ojos de su esposa, que ahora lo miraba atenta.
Hermione les dio un último vistazo y supo de pronto que todo estaría bien. Se alejó con el corazón más liviano porque aquella opresión que sentía se había alejado. Pero aún así decidió no ir a la fiesta en ese momento, necesitaba estar a solas un momento para meditar todo lo ocurrido. Caminó bordeando la terraza por detrás de los setos, para que nadie la viera, dando una gran vuelta hasta llegar al extremo opuesto de ella, al mirador donde estuvo con Draco. Entró y se recostó sobre la columna de mármol mientras rezongaba furiosa, recordando el rostro de Gabrielle.
Casi lo consigues, cretina insidiosa…
Celos. Que poderosos, traicioneros y engañosos podían llegar a ser. Vio en retrospectiva lo que causaban. Primero Harry, luego Víktor, pasando por una celosa sin juicio como Gabrielle y hasta Anastasia segundos antes. Tenía la certeza que los celos en una pareja eran hasta cierto punto, normales. Un indicativo de que la persona cerca nuestro nos interesa tanto que tememos perderla. Pero al punto de hacer escenas, interpretar algo completamente inocente y trastocarlo… ya era una exageración. ¿Acaso no decían que los celos en realidad son simplemente la inseguridad disfrazada o una bajísima autoestima¿Por eso es qué actuaban los celosos así?
¿Tan poca cosa creen ser, para pensar que los cambiarán por cualquiera y en cualquier momento?
Hermione negó con la cabeza alejando aquellos pensamientos. No deseaba ya más complicarse la existencia. Ahora estaba feliz por que había demostrado su valía profesional y eso la llenaba no solo de felicidad sino de orgullo propio. Dio un vistazo sin pensar al mirador, divisó el bolso olvidado y de pronto se coló el recuerdo de aquel beso perturbador entre Draco y ella.
Instintivamente se llevó una mano hacia los labios, acariciándolos y tratando de revivir aquella sensación placentera que le produjo su primer contacto. Cerró los ojos y evocó la conmoción nítida, casi como si estuviera allí. Comenzó a recordar.
Los labios de Draco estaban calientes, húmedos y con una urgencia demandante. Al primer contacto, le había resultado extraño sentir otra textura y proporción cerca de su boca. Se había acostumbrado tanto a los labios delgados de Harry, que el contraste con aquellos labios la hizo paralizarse unos segundos. Draco poseía unos labios de un color rojo muy claro, casi rosa, y no eran para nada delgados. Eran carnosos y pulposos; suaves al contacto e intensamente apetecibles después. Provocaba morderlos, halarlos suavemente con los dientes o tal vez probar su resistencia y sabor. Y eso fue lo que ella había hecho, los había mordido, atacado y bebido con apasionamiento pero también con moderación, sin cruzar la línea invisible, tratando de castigarlo, por que también él la castigaba con aquellos labios y con su lengua experta y deliciosa.
Un gemido involuntario la sacó de sus reminiscencias e hizo que se incorporara. Debía volver a la reunión. No se vería bien que estuviera ausente, siendo una de las principales responsables del proyecto. Sonrío ante aquella idea y cogiendo el bolso de mano salió decidida hacia la terraza.
Minutos más tarde Hermione aún no se reponía del sobresalto. Estaba inmóvil cerca de una mesita desocupada de la terraza, lívida, mirando a Draco sin pestañear. Él se encontraba en ese instante, en la improvisada pista, bailando, demasiado atractivo y animado; junto a una deslumbrante Gabrielle. Ambos giraban sin parar por todo el espacio libre alrededor de ellos, riendo y conversando sonoramente. El cabello largo y deslumbrante de ella se movía al compás de sus caderas y le confería un aire sensual.
Hermione intentó sobreponerse y caminó hacia un grupo cercano. Trató con todas sus fuerzas de olvidarse de la escena pero la sangre que bullía en sus venas y la sensación de tirones dentro de su estómago no lo permitía. La conversación era interesante y ella se esforzaba por prestarle toda su atención al locutor pero era imposible, su cabeza giraba y giraba hacia la pista. Bufó fastidiada por la sensación tan estúpida dentro de ella. Sensación irracional e incongruente pues no la unía nada a Draco, él era libre ahora y Gabrielle aparentemente no tenía compromiso; así que ella no tenía porqué sentir nada al respecto, ellos eran independientes. Pero a pesar de su fría lógica, Hermione apretó la servilleta de papel de su bebida hasta hacerla una minúscula bolita, imaginando por un instante que era el cuello de Gabrielle. Sus acompañantes la miraron desconcertados y ella tuvo que improvisar un repentino dolor de cabeza. Se sentía furiosa con ella misma por dejarse dominar por aquella sensación.
Estúpidos celos…
Se despidió de todos arguyendo que el dolor de cabeza era insoportable y deseaba descansar. Pero solo deseaba poner la mayor distancia entre ella y Draco. Mañana temprano debían partir a Londres y entraría en vigencia sus dos semanas de descanso vacacional. Así al menos no tendría que verle la cara por ese tiempo. Avanzó unos cuantos pasos, bordeando la pequeña pista de baile, tratando de no mirar, cuando sintió que la tomaban de la mano y la atraían hasta girarla.
Draco la miraba divertido. A regañadientes aceptó que le encantaba aquellas líneas que se formaban sobre la pequeña nariz de Hermione cuando estaba furiosa. Y le llenaba de suficiencia el saber el motivo exacto de aquella cólera. La acercó un poco más a él y le pidió que bailaran.
Si las miradas mataran, hubiera caído muerto en ese instante. Hermione se soltó furiosa pero tratando de mantener las apariencias, sin dejar de traspasarlo con la mirada.
– Mejor baila con tu nueva amiguita…. No sé porqué la dejaste si estabas más que encantado con ella…
Por toda respuesta, Draco volvió a tomarla de la mano y la arrastró hacia la pista. Pasó su mano por el talle de Hermione y detuvo sus palabras.
– Bailaremos antes de que te vayas¿entendido?
Hermione decidió no hacer una escena y se limitó a seguirle la corriente. Estiró su brazo lo más que pudo para mantenerse alejada de él y comenzaron a bailar. Draco esbozó una media sonrisa ante aquel comportamiento y con un giro repentino rompió aquella distancia y ciñó su cintura con mayor presión al acercarla más a él.
– ¡Que rayos se supone que haces! – levantó la mirada y le clavó sus ojos castaños que parecían crepitar furiosos.
El la miró aún sonriendo y de una manera sensual que hizo que Hermione tragara saliva, al sentir de pronto la garganta seca.
– Según tus propias palabras, nunca habrá nada entre nosotros, jamás; ni iremos más allá, ni perderemos la cabeza, así que no veo nada de malo en que tenga una "amiguita" como la llamaste. Por lo que sería bueno que dejaras de estar celosa.
Hermione dio un respingo ante aquella frase. Se odiaba por ser tan transparente. Levantó la barbilla y fijó sus ojos en él. Quería hacerlo polvo y aún más ahora que continuaba mirándola de esa manera que hacía que mariposas revolotearan dentro de ella.
Draco la vio desviar la mirada y por un segundo una sombra de pasmo brilló en sus ojos cuando vio que ella sacaba la varita. Pero ella no lo miraba ya a él, sino a Gabrielle, quien avanzaba contoneando las caderas y desplegando el hermoso cabello plateado bordeando la piscina, hacia donde se encontraban Víktor y su esposa bailando.
– No les malograrás la noche otra vez – murmuró Hermione frunciendo el ceño, impetuosa.
Y ante el asombro de Draco, apuntó la varita y pronunciando un hechizo no verbal la dirigió hacia la ondulante mujer por segunda vez en el día.
Mientras todo el mundo corría a sacar a una ridiculizada Gabrielle de la piscina, Hermione aprovechó la confusión de Draco para retirarse a su habitación, aún sin haber calmado sus demonios.
oooooooooOOOOOOOOOOoooooooooooo
Después de escapar prácticamente de la recepción, Hermione subió a su habitación y decidió tomar aquel baño relajante que había estado posponiendo. Giró la varita y apareció velas perfumadas por toda la habitación, bajó un poco la intensidad de la luz, puso música suave, echó diferentes tipos de sales a la bañera que al mezclarse despedían un aroma encantador y dando un último movimiento a la varita agitó el agua hasta formar unas perfectas y esponjosas burbujas.
Con tranquilidad salió del baño para servirse una copa de vino blanco. Quería relajarse al máximo. Caminó hacia el pequeño bar en una esquina de la gran habitación y tomó una botella. Agitó la varita nuevamente para enfriar la bebida a la temperatura correcta y la dejó sobre la mesa para poder abrir la botella. Con la copa en una mano y la botella en la otra se dirigió hacia el exquisito baño. Se despojó del blanco albornoz y se sumergió en la refrescante agua perfumada.
Pensó que aquel baño lograría relajarla pero no pudo estar más equivocada, y no por sus pensamientos en sí. La habían interrumpido ya quince veces. Alumnas de Beauxbatons que venían solas y hasta en grupitos bulliciosos le entregaban toda suerte de cartas, regalitos, sobres perfumados para Harry, Víktor y hasta para el mismísimo Draco. Hermione se había negado al inicio a recibirlas pero al ver las candorosas caritas en la mayoría de casos cedió y prometió ver, en lo posible, que llegaran a las manos correctas
Las últimas cuatro veces, ya ni siquiera intentó levantarse, cubrirse con un albornoz o toalla y abrir la puerta, porque estaba exhausta y por la obvia razón de no tener más toallas de baño secas o al menos no goteando agua como la pila que tenía junto a la bañera, solo se limitó a gritar desde su posición y las niñas, seguramente ya con la noticia vox pópuli que ella estaba recibiendo los regalos, entraban y se limitaban a dejar los encargos sobre la mesa y salían disparadas.
Cuando volvió a sentir el golpeteo en la puerta y una voz por decimosexta vez, hizo una pequeña pataleta en el agua mojando aún más las baldosas del baño y gritó exasperada:
– ¡¡¡Adelante, la puerta está abierta!!!!
Se sumergió bajo el agua por unos segundos frustrada por que no aún no conseguía tener el baño relajante que deseaba y emergió a la superficie cuando se le acabó el aire. Calculó que las chicas debían haberse marchado porque escuchó el sonido fuerte de la puerta.
Se levantó rezongando por que las burbujas se habían disuelto, el vino estaba caliente, las velas se habían consumido, no tenía más toallas de baño secas, su varita estaba lejos de ella y no se había tranquilizado ni un ápice. Con fastidio creciente examinó el estante frente a ella y encontró dos toallas de mano en el fondo de uno de los cajones, bordadas con las iniciales del colegio.
– Genial, con esto no podré secarme totalmente….
Tomó una de ellas, se secó como pudo y terminó anudándola a modo de faldita a su cintura dejando el resto del cuerpo al natural. Exprimió de sus cabellos el exceso de humedad y con la otra toalla procedió a friccionarse los rizos rebeldes. Se colocó las sandalias de baño y avanzó hacia la habitación con la toalla sobre su cabeza, frotándose todavía el cabello.
Draco había tocado la puerta de Hermione dispuesto a hacer las pases con ella. Se había regocijado al descubrirla celosa y divertido al verla desquitarse de Gabrielle. Por lo que no deseaba que la camaradería entre ellos cambiara y como ella se había ido furiosa, necesitaba apaciguarla.
Entró al escuchar su voz y su orden de que entrara. Caminó sigiloso hacia el centro de la habitación esperando encontrarla. Al no hacerlo, supuso que estaría en el baño maquillándose o adornándose para verlo. Volteó hacia la mesita y divisó las cartas y cajas adornadas. Tomó una de ellas y arrugó el ceño al leer el nombre de Harry Potter en el destinatario. Escuchó el sonido de la cerradura de la otra habitación y los pasos de Hermione.
- Estaba a punto de irme por la demora…–
Pero no terminó de hablar porque al girar vio a Hermione frente a él. La carta que estaba en sus dedos se deslizó como una hoja seca hasta llegar a la alfombra. De pronto el corazón le martillaba lento y pesado en el pecho, como si un contrapeso inexplicable se hubiese asentado en él, estaba haciendo un gran esfuerzo para respirar. Se lamió el labio inferior, sintiendo una incomprensible sequedad en la garganta y la boca, quiso hablar pero las palabras fueron ahogadas por el grito de Hermione.
Ella aún mojada con gotas de agua corriendo por su piel, con el cabello húmedo y revuelto había salido despreocupada hacia su habitación. No se percató de nada porque todavía continuaba frotando su cabello con energía. Con los brazos en el aire, sujetando la toalla húmeda sobre ella y sus pechos redondos erguidos se había petrificado al escuchar aquella voz tan conocida últimamente. Por espacio de varios segundos ambos se miraron sin hacer ni decir nada. Él con los brazos extendidos, laxos, con la boca abierta y una expresión intensa en el rostro. Ella sin poder moverse, con gotas de agua chorreando por sus redondeados pechos desnudos con la toalla aún sobre la cabeza. Cuando la sorpresa inicial pasó, Hermione intentó cubrirse con la pequeña toalla a la par que gritaba sofocada:
– ¡¿Qué haces aquí¡¿Cómo entraste?!
Pero él seguía petrificado en el mismo lugar, aún respirando pesadamente sin atinar a actuar.
– ¡Deja de mirarme y vete ahora mismo! – Hermione estaba a punto de llorar.
El sentido común por fin envolvió a Draco. Con determinación tomó su varita e hizo aparecer una gran toalla suave y mullida. Con movimientos ágiles se dirigió hacia ella, como una pantera a su presa. Hermione de pronto tembló, dándose cuenta que el frío no era el motivo. Se abrazó aún más, tratando de taparse, pero sin moverse del lugar. Tenía algo de miedo, pero la mirada que Draco le dedicó mientras avanzaba hacia ella, sus ojos grises ahora obscuros y abrasados y la ausencia de malicia en ellos ahuyentó ese sentimiento. Draco con movimientos calculados, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para no delatar aquel extraño sentimiento que lo abrasaba, pasó la gran toalla sobre los hombros de ella y la cubrió.
Hermione estaba paralizada, sólo abrió la boca para intentar gritar nuevamente para que él se fuera, pero nada salió de su boca. Un intenso rubor empezó a subirle al rostro, enrojeciendo sus mejillas al sentir la proximidad de Draco y un violento calor recorrió su cuerpo. Él volvió a mirarla apremiado tratando de que adivinara la conmoción en que se encontraba.
– Hermione…
– Márchate… Draco… por favor…
Fue una súplica poderosa de parte de ella. La miró otra vez sorprendido, como sopesando que decir, tratando de luchar, de que entendiera lo que él estaba sintiendo, tratando de dominar aquel deseo que se iba acrecentando en él. Podía ver claramente el intenso rubor en sus mejillas y el temblor de su cuerpo aún a pesar de los intentos que hacía por cubrir su turbada desnudez.
Por fin decidió. Se alejó de ella con gran esfuerzo y enrumbó hacia la salida. Titubeó un instante y se detuvo junto a la pequeña mesa de la habitación.
– Te escuché decir que entrara… no sabía que esto pasaría – pasó saliva aún con la boca seca y respirando pesadamente – no tienes porque asustarte…….Te prometí que nada pasaría si es que tú no lo pedías y sé cumplir mis promesas.
Continuó su marcha hacia la salida. Tomó el pomo de la puerta y lo giró. La puerta se abrió un par de milímetros cuando habló sin voltear.
– Y no tienes nada porque ruborizarte. Tienes el cuerpo más hermoso y deseable que he visto en toda mi vida.
Draco finalmente cerró la puerta al salir con un golpe seco. Se recostó sobre ella para tomar aliento pegando la nuca en la irregular madera tallada, cerrando los ojos por unos instantes tratando en vano de normalizar su respiración.
Introdujo su mano sin mayor disimulo dentro del costoso pantalón para acomodar su erguida virilidad que empezaba a no dejarlo caminar con normalidad. Mientras se dirigía a su dormitorio, lanzó una maldición pensando que esa noche volvería a saltarse doce años en el tiempo, hasta su adolescencia y a los placeres solitarios en su sala común, en las noches acaloradas y hormonales, para conseguir doblegar y aplacar el deseo imperioso que descollaba en su cuerpo, gracias a la imagen de Hermione que no podía quitarse de la mente.
Wow!! Draco travieso jajajajaja.No le vendría mal un baño con agua extra fría jajajja. (naa, no me hagan caso, es que el calor aquí en mi linda tierra esta bien fuerte)
No se olviden de dejarme un recuerdito!! Nos vemos.
