Holass!!
He tratado de actualizar lo más rápido que pude. Pero como verán es un largo capítulo y no quise cortarlo porque en verdad es súper importante y lo que todos esperaban!!!
Gracias especiales a los fieles lectores, y un abrazo a los nuevos!. Y aunque no mencione a cada uno, de aquí va un apapacho fuerte para ti ya?
Disfruten la lectura y no olviden dejar su constancia de haber leído estas locuras mías.
Nos vemos prontito.
Gise
CAPÍTULO 13 – LA CAPITULACION DE DRACO
Hermione llegó a su departamento, a la mañana siguiente, con un torrente de emociones apenas contenidas. El trayecto hacia el elevador evanescente junto a Kingsley y Draco, horas antes, había sido más que silencioso. Ambos se limitaron a hablar lo necesario y el ministro, al parecer perspicaz no hizo ningún intento por cambiar dicha situación. También había aprovechado para pedir a Kingsley el descanso vacacional que tanto aplazaba. Necesitaba un tiempo para pensar en todo lo sucedido. Esas dos semanas le vendrían como anillo al dedo.
Lo que más le sorprendió fue encontrar el departamento completamente distinto. Harry aprovechando la ausencia de Hermione había cumplido su palabra y ya no estaba más en el departamento. Cajones vacíos, cuadros ausentes, la esquina desocupada donde solía guardar su escoba, el cepillo de dientes faltante en el depósito y el lugar vacío en el lecho fue más de lo que Hermione creyó poder soportar. Aún sentía amor por Harry. Tal vez no un amor desbordante o sublime, pero si un cariño y una estima demasiado presentes para ignorarlos. Se tiró en la cama y por primera vez en horas, dejó que todos sus sentimientos fluyeran.
Los días siguientes fueron similares. Lloraba por todo y en los momentos más incomprensibles. Recordaba a Harry y aquellos recuerdos se mezclaban con la imagen de Draco irrumpiendo con fuerza en su cerebro. Se quedaba en cama tirada leyendo o mirando el techo sin decidir que hacer. Solo estaba claro en su mente que lo sucedido entre Draco y ella no podía tener futuro y debía quedarse así sin más.
Su madre llegó a los pocos días, preocupada cuando la escuchó por el teléfono y eso logró que al menos cambiara un poco su estado de ánimo. Conversaron largas horas sobre todo, desde el torneo, Harry y hasta Draco. Al principio, Hermione estaba renuente a hablar, sentía vergüenza de lo que pudiera pensar de ella. Pero su madre empezó a acariciarle el cabello, como solía hacerlo cuando era pequeña y la tomó de las mejillas para mirarla a los ojos.
– Tranquila Hermione. No se puede forzar al corazón a amar a alguien a pesar de todas sus virtudes o todo el agradecimiento del mundo. Harry encontrará finalmente la persona indicada. Y tú también disfrutarás del amor con la persona que tu corazón elija.
– No creo que eso pueda pasar jamás… – miró a su madre con los ojos arrasados en lágrimas y con el corazón latiéndole muy fuerte hasta el punto de hacer retumbar todo su ser.
– Aunque parezca no tener sentido ahora, verás que todo mejorará, Hermione. Debes ser fuerte y luchar por tu felicidad. Jamás reniegues ni te avergüences de tus sentimientos. Escucha a tu corazón Hermione, te dirá que es lo correcto.
– A veces la razón se opone a lo que dicta el corazón, mamá…
ooooooooooooOOOOOooooooooooooo
Había dado órdenes el primer día de su descanso que no le enviaran ninguna lechuza a menos que sea un tema de vida o muerte. Lavender estaba a cargo del departamento y tenía la consigna de ayudar a Draco en todo lo que éste solicitara. Deseaba desconectarse completamente así que partió con su madre la última semana a un viaje a las montañas. A su regreso, con el alma más tranquila y decidida a dejar descansar a su corazón, encontró sobre la mesa la invitación para el baby shower del bebé de Fleur. Se sentó en el sillón y cerró los ojos por un momento. Era obvio que Harry estaba invitado y lo que menos deseaba era encontrarse con él. Garabateó una excusa y mandó a su lechuza de regreso a la madriguera.
Aún no estoy preparada…
Con mucho autocontrol caminó hacia su oficina en el Ministerio. Deseaba aparentar una seguridad que estaba lejos de sentir. Pero debía demostrar que nada había cambiado. Miraría a Malfoy a los ojos y actuaría con la mayor indiferencia. Ante todo era una profesional competente y no dejaría que el torneo se viera afectado. Entro al departamento con el rostro impasible.
Aunque no le sirvió de mucho. Draco Malfoy no se encontraba allí.
Ya en su escritorio y con todos los progresos, memos, cartas de esas dos semanas, Hermione aún no podía salir del asombro. Draco había partido la semana anterior. Había solicitado directamente a Kingsley empezar los preparativos de la primera prueba. Se suponía que en ese instante debía estar en la isla de Creta coordinando lo necesario para la participación del Minotauro. Lavender le mencionó que había acordado con el ministro que aquello le tomaría entre uno y dos meses. De ahí partiría hacia Sicilia para empezar las coordinaciones referentes al monstruo marino Escila. Kingsley lo había comprometido formalmente a enviar semanalmente sus informes a la Directora del Departamento.
– Aunque te diré que aquello no le gustó mucho, Hermione – recalcó Lavender quien estaba poniendo al tanto a Hermione de todo lo ocurrido en la oficina – tú sabes como es de orgulloso, parecía como si lo que realmente deseaba era no tener contacto con la oficina.
O conmigo…
Hermione se levantó alejando aquel pensamiento.
– Bueno ya… empecemos a armar este proyecto. Necesito que me alcances los tomos I y II de la Ley para la regulación…
ooooooooooooOOOOOooooooooooooo
Tres meses habían transcurrido desde la última vez que Hermione vio a Draco. Aunque la comunicación entre ellos no se había cortado, se había vuelto en extremo formal e impersonal, ya que sólo se limitaba a unas cuantas lechuzas semanales, algunos informes, muestras, fotos que aparecían misteriosamente encima de su escritorio algunos lunes por la mañana pero con un lenguaje frío y neutral.
– No entiendo cómo hace para hacer llegar esto a mi escritorio – Hermione irritada sacudía una gruesa carpeta con avances frente a Kenneth Towler y a Patricia Stimpson, los miembros de su equipo – ¿o es que realmente no está en Italia y se encuentra aquí en Londres holgazaneando sin venir a la oficina? – dejó la carpeta sobre el escritorio y recorrió la oficina de aquí para allá – ¡Ustedes saben algo!
– Hay rumores de que viene los fines de semana a ver a su hijo – Lavender contestó mientras entraba a la oficina a la vez que hacía salir a los aterrorizados asistentes – aunque no está comprobado. Tu sabes desde que se separó de la creída de Cho Chang, ella y su hijo se fueron a vivir a la nueva mansión que esa bruja le saco al Dragoncito, además de todos los millones.
– Te he dicho mil veces que no lo llames así…
– Epa Hermione, pareciera que te afecta… – Lavender le dedicó una mirada perspicaz.
– No hables tonterías, Lavender – Hermione se detuvo en el acto y asumió una postura de defensa, aunque en el fondo su amiga estaba en lo correcto – sólo no es correcto referirte así a tu superior, eso es todo. Y ya ve a continuar con tu trabajo. Anda vamos!
Volvió a sentarse en su escritorio mientras observaba salir a Lavender y unirse al grupito en su sección para continuar con la plática. Iba a salir para llamarles la atención cuando bufó al comprobar que una de sus asistentes había dejado un ejemplar del Corazón de Bruja del mes sobre el escritorio. Mecánicamente empezó a hojearla casi sin interés cuando una fotografía en una de las páginas la hizo contener el aliento.
…Gala de Otoño en la mansión Portakus…
… el apuesto Draco Malfoy junto a su bella acompañante…
… una fantástica noche de lujos y finuras
… no dejaron de bailar en toda la noche
… parecía estar celebrando su reciente divorcio….
–…y es un padre amorosísimo y además un galanazo, obviamente. Imagínense venir todos los fines de semana para ver a su hijo, después de una semana llena de trabajo, de horribles y feos monstruos. Acaso no es un gran hombre, trabajador y súper cariñoso – Lavender continuaba su plática frente a los demás trabajadores.
Hermione que escuchó toda la conversación, sintió de pronto que sus entrañas empezaban a burbujear lava caliente. Con los dedos crispados aún en torno a la revista se adelantó hacia ellos y gritó fuera de sí.
– Draco Malfoy no es más que un arrogante, oportunista e insensible ser a quien no le importa nada ni nadie porque la única persona a la que ama es a él mismo. Es un vanidoso superficial y nunca cambiará, jamás se interesará realmente por alguna persona, a menos claro está, que sea como la rubia descerebrada de la fotografía…
– ¿…Y el color del bóxer que llevo puesto es….?. Vamos Granger, no te reprimas… continúa, porqué asumo que estas al corriente, ya que aparentemente sabes todo sobre mí.
Hermione giró con lentitud hacia la dirección donde provino aquella voz grave que arrastraba las palabras y que había logrado que enmudeciera de inmediato. Draco estaba parado frente a ella y la miraba detenidamente con una mueca burlona dejando ver sus dientes perfectos. Ambos se sostuvieron la mirada por unos minutos que parecieron eternos, cada uno empeñado en hacer que el otro bajara la mirada, derrotado.
Los demás sintieron la tensión y murmurando justificaciones partieron a sus secciones. Sólo Lavender se quedó observando aquel extraño comportamiento. Hermione aún con la mano sujeta firmemente sobre la revista en medio del departamento y Draco con los brazos cruzados en el pecho recostado sobre un escritorio, desde donde había escuchado toda la conversación, sin dejar de mirarla.
– Seguramente ambos desean poner al día sus asuntos… laborales. ¿Por qué mejor no comienzan avanzando con el presupuesto para la segunda prueba? Lo dejé sobre tu escritorio, Hermione – Lavender se acercó hacia ella y la sujetó levemente del brazo para hacerla avanzar. Hermione pareció volver a la realidad. Asintió con la cabeza y con voz neutral que trataba de esconder la conmoción que llevaba dentro se dirigió a Draco:
– Necesito hablarte ahora mismo. A mi oficina – Y sin esperar el asentimiento de Draco, enrumbó con paso decidido y se encerró en su oficina dando un portazo.
Draco se irguió y sacudió las solapas de su traje con parsimonia.
– Seguramente está en ese día del mes… –esbozó una sonrisa burlona y mientras le guiñaba un ojo a Lavender avanzó tranquilo hacia aquella oficina.
ooooooooooooOOOOOooooooooooooo
Las cosas siguieron su curso normal, aunque Draco y Hermione se volvieron aún más distantes. Desde su conversación aquel día las cosas tomaron ese cariz. Ella le había reclamado su poco interés en el Torneo, su larga ausencia y su falta de profesionalismo al estar divirtiéndose en cualquier fiesta, celebrando hasta su divorcio, en lugar de dedicarse 100 a sus deberes. El había contestado que en la vida no todo era trabajo, que él tenía una forma muy distinta de hacer negocios y las cenas, bailes, galas eran obligatorias para cerrar tratos importantes y que no necesariamente implicaban diversión. Incluso vociferó que podía quejarse de cualquier otra cosa menos de su competencia en el trabajo y por sobre todo, le prohibió tajantemente volver a referirse a su vida personal. Hermione rezongó pero no pudo decir nada para rebatir el último punto y tuvo que quedarse callada.
Un sábado por la mañana, Hermione se encontraba en su comedor, tomando un desayuno ligero y leyendo el profeta. Por eso le disgustó tanto recibir una lechuza aquella mañana. Era de Kingsley que le informaba de un error en el envío de las cajas conteniendo Boggarts, escondidas en un container comercial, para una de las pruebas y que por culpa de los magos estibadores habían terminado en la aduana muggle y estaban a punto de ser aforados por sospecha de contener narcóticos.
Se apareció en un segundo en la oficina y aunque le sorprendió un poco encontrar a Draco allí, la sorpresa posterior fue aún mayor. Sentado en uno de los escritorios se encontraba Lucius el pequeño hijo de Draco. Sus pies ni siquiera rozaban los cerámicos del piso, pero él estaba empeñado en trabajar con su padre. Junto a él se encontraba su niñera, la elfina Heyda tratando de pasar lo más desapercibida que podía.
Las horas pasaban y Draco bramaba furioso ante la incompetencia de algunos magos en Aduanas. Había desaparecido por momentos para solucionar algún impase urgente pero regresado en seguida a comprobar como se encontraba su hijo. Hermione trabajaba desde su escritorio, escribiendo cartas, trazando planes para solucionar aquel problema, pero no dejaba por ello de prestar atención a como interactuaba Draco con su hijo. Por momentos parecía estar observando a una persona completamente distinta a la que creía conocer.
– Hijito sé que ya llevamos bastante tiempo – apoyó su mano sobre la cabeza del pequeño – sólo ten un poquito más de paciencia, vale?, estoy tratando de terminar con todo esto lo más rápido que puedo –
– Pero papito, pometiste ver la pelea ente los gindylows y el calamal gigante…
– Lo prometí y cumpliré Lucius – y le desordenaba el pelo en señal de cariño – pero ten un poco de paciencia por favor. Se un buen hijo y sigue coloreando…
Draco se acercó a su hijo, cuidando de que Hermione no lo viera. Ella giró el rostro inmediatamente para evitar que se diera cuenta que había estado observando. Pero volvió el rostro justo para ver como él cerraba los ojos y depositaba un beso en la rubia cabeza del niño.
¿Una persona, sin una pizca siquiera de buenos sentimientos, actuaría de esa manera¿realmente es la persona insensible, despectiva y orgullosa que demuestra ser?
Hermione canceló el curso de sus pensamientos y se levantó diligente para agilizar el papeleo. Debía resolver el asunto. Se odiaría a si misma si aquel pequeñito se perdía de aquel paseo.
ooooooooOOOOOooooooooo
En el transcurso de la semana, la relación entre Draco y Hermione se hizo mucho más llevadera. Y se debió en gran medida a que Hermione había logrado solucionar el problema de los Boggarts en un tiempo récord. Ese día, con decisión se acercó a Draco para decirle que podía irse a casa, que ella se encargaría de solucionar todo. Él estaba a punto de vociferar, orgulloso por naturaleza, por la concesión; pero Hermione había levantado su mano colocándola sobre el fuerte hombro y con suavidad y sin dejarlo de mirar a los ojos grises le instó a confiar en ella para arreglar aquel embrollo. No había dicho nada acerca de la conversación que escuchó, pero al parecer fue un entendimiento mutuo. Lucius grito emocionado cuando su padre le dijo que podían irse y Hermione recibió un abrazo del pequeño, cuando Draco añadió que gracias a ella se irían temprano.
Un viernes por la tarde Hermione estaba sentada en su escritorio repasando una vez más la lectura de la invitación que tenía entre sus dedos. La última hija de Bill y Fleur había nacido hacía una semana y darían una pequeña fiesta en su honor.
¿Debo ir¿Será muy pronto?... de seguro Harry irá…
Todos comentaban su rompimiento. El no verlo llegar a buscarla al ministerio como antes, y las ausentes cartas que solía recibir de él, eran motivo suficiente para que se hicieran suposiciones sobre el fin de la pareja. Pero lo que más le dolía a Hermione era la falta que le hacía ir a la madriguera. Extrañaba las veladas y las cenas, aunque fueran un dolor de cabeza desde que empezó con Harry, igual se sentía parte de la familia. Por eso temía tanto ir. No sabía como habían tomado ellos aquella ruptura. Tampoco sabía mucho de Harry y lo entendía. Se habían visto hacía dos meses de manera casual en el ministerio cuando Harry fue a ver a Kingsley. No se habían vuelto a ver más. Apenas y hablaron incómodos. Aquello le dejó un vacío en el corazón.
¿Debo ir…?
Enterró su rostro en el escritorio y se abrazó tapándose aún con la invitación en la mano. No quería llorar y las lágrimas amenazaban con salir una vez más.
– ¿La preparación del torneo es demasiado para ti? Aún estás a tiempo de renunciar, Granger. Cultivar tu jardín en casa sería un buen pasatiempo.
Draco parado en el umbral de la oficina la miraba con una mueca sardónica en su rostro anguloso.
– ¿Qué? – levantó la cabeza y se quedó mirando a Draco sin pestañear por un instante.
– Admite que es demasiado para ti y ve a tu casa a hacer galletitas…
Hermione desvió el rostro y volvió a recostarse sobre sus brazos.
– Vete Malfoy. Hoy no estoy de humor.
Draco la observó con más detenimiento. Divisó el sobre e intuyó que aquel pedazo de pergamino era parte del misterio. Avanzó sigiloso hasta el escritorio, se lo arrebató y huyó hacia una esquina del lugar.
Hermione se levantó como un resorte, aunque fue demasiado tarde. Draco estaba leyendo el pergamino. Llegó a él y trató de arrebatárselo de las manos, pero él, como un chiquillo lo alejaba de ella.
– Así que, por esta sosa invitación, estás agonizando – Draco apenas pudo ahogar la carcajada.
Hermione finalmente logró arrancarle el sobre, le dio la espalda aún con el sonido de la risa de Draco retumbando en sus oídos.
– Te pedí que te fueras, no me obligues a usar mi varita, Malfoy – habló sin voltear.
– ¿Qué pasa, Granger, temes encontrarte con tu antiguo amor o te horroriza pensar que te repudien las comadrejas?
Maldito Malfoy siempre lograba dar en el clavo.
Hermione sabía que él no se contendría con sus insultos y ella era conciente de no poder detener las inminentes lágrimas. Debía huir de ahí. Pasó a su lado rumbo a la salida.
Draco corrió tras ella con la intención de regodearse un poco más de su triunfo, pero cuando la alcanzó y la giró hacia él, vio el brillo de las lágrimas en sus ojos. Sintió de pronto como si una espada le hubiera atravesado el pecho de lado a lado. Algo en su cerebro despertó ¿Es que acaso la había realmente lastimado con sus palabras¿Por eso lloraba ella? Descubrió con miedo que no soportaba ver esos ojos castaños empañados por las lágrimas y se sintió miserable. Prefería mil veces que lo miraran con odio pero no heridos como ahora. Tomó aire y pronunció:
– Deberías ir y terminar con tu incertidumbre de una vez. No eres una mala persona, Granger. No tienes de que sentirte mal.
– ¿De verdad lo crees? – Hermione levantó la vista y la fijó en los profundos ojos grises.
– Serían unos imbéciles si te hirieran – hizo una pausa y continuó – Además soy el único con ese derecho.
Y sin esperar una respuesta, le guiñó un ojo seductoramente y salió.
Hermione no pudo evitar morderse el labio inferior mientras sonreía sin saber el porqué.
ooooooOOOOOOOOOooooooo
Apenas diez minutos después de haber llegado a la madriguera, Hermione comprobó que sus temores se habían convertido en realidad. Aunque no en la magnitud que ella pensaba, pero si en alguna medida.
No es que le hayan tirado la puerta en la cara o despreciado, pero la frialdad con que la trataron se hacía palpable.
Bill, Fleur y Charlie la trataban con normalidad, pero para asombro suyo, los gemelos se mostraron distantes en sus respuestas y desaparecieron de la sala apenas ella llegó. Lo de Molly era algo que esperaba, así que su trato frío y apático no la sorprendió.
Aunque hubiese jurado que se alegraría porque ya no estamos juntos…
Arthur Weasley llegó una hora después y pudo notar la tensión del ambiente. Hermione no quiso imponer su presencia por más tiempo. Era la fiesta del bebé y lo que menos deseaba era general un mal ambiente. Harry aún no llegaba y prefirió retirarse. Se levantó y corrió a buscar su cartera y su abrigo, con los ojos húmedos. Arthur con delicadeza la alcanzó en la puerta y sugirió salir al patio trasero. Ella aceptó y se limpió las incipientes lágrimas con disimulo.
– Hermione, debes disculpar a algunos de la familia por su actitud. El ver a Harry apenado los hace actuar así.
– ¿Cómo esta él?
La pregunta le salió sin querer. Sabía que no tenía derecho de meterse en la vida de Harry. Arthur vio la genuina preocupación de hermione y sus mal enjugadas lágrimas.
– Estará bien, Hermione, sabrá salir adelante. Es lógico que se sienta entristecido por lo ocurrido.
– Yo… sr. Weasley…. Yo nunca quise…
– Vamos Hermione, no tienes que justificarte. Lo sucedido entre ustedes, es y será sólo entre ustedes. Igual sigo sintiendo, y todos los demás, el mismo respeto y cariño por ambos y eso nunca cambiará. ¿Me oyes? Y sobre los gemelos, sólo están ansiosos por el comportamiento de Harry y por eso actúan tan… tan, bueno, tan infantilmente. Pero se les pasará, ya verás. En cuanto a Molly…yo… bien…
– Costumbre es ley, Sr. Weasley – completó Hermione más tranquila de saber que no la odiaban. Y será mejor que entremos que empieza a correr algo de aire por aquí.
Casi habían terminado de cenar cuando Harry apareció. Se quitó la capa de viaje y avanzó hacia el comedor murmurando una disculpa por el retraso. De pronto su tono cambió y una sonrisa iluminó su rostro moreno. Había divisado a Hermione sentada junto a Fleur.
Hermione se sorprendió un poco al notar cómo había cambiado Harry en esos meses. Estaba un poco más delgado aunque su musculatura parecía haberse puesto aún más férrea. Estaba algo ojeroso, pero lo justificó cuando Harry les relató a todos lo difícil de la última misión. Estaban cada vez más cerca de atrapar a Voldemort. Harry casi saboreaba el triunfo.
Después de la obligatoria sobremesa, Hermione intentó una vez más la retirada, pero esta vez Harry la detuvo. Todos hicieron silencio de pronto.
– Sólo saldremos a conversar al patio…. – masculló Harry abochornado.
Hermione asintió y ambos salieron al fresco de la noche.
Hablaron trivialidades por varios minutos, incómodos sin saber porqué. Harry parecía querer decir algo y Hermione intuía que debía cambiar la conversación. Mordía nerviosa el lápiz con el que había anotado la nueva dirección de Harry.
– Sigues con esa extraña manía de morder la goma del lápiz – Harry se acercó a ella, demasiado cerca y levantó su mano para retirar el lápiz.
Hermione instintivamente retrocedió, pero el pequeño roble detrás suyo se lo impidió.
Harry tomó un mechón de cabello y lo acarició con ternura. Deslizó su mano con suavidad por el rostro de Hermione hasta llegar a los sonrosados labios de la joven.
Hermione de pronto no supo que hacer. Estaba hipnotizada por aquellos hermosos ojos verdes que conocía perfectamente. Pero en su interior algo indicaba que no estaba bien…
Segundos después lo supo. Cuando Harry posó sus labios demandantes todo le quedó claro. Cuando ella cerró los ojos para corresponder aquel beso, no pudo.
Porque no era Draco. No eran sus labios, ni su sabor ni aroma. No era él.
– Basta Harry…
– Hermione…
– Harry… debo irme...
Y corrió hacia el interior, tomó su cartera, se puso el abrigo con rapidez, murmuró una despedida y sin mirar a nadie se marchó.
– Felicitaciones, señor conquistador, por lo que hemos visto, la noche os ha sido propicia – George le palmeó la espalda en cuanto Harry ingresó al comedor.
– Hombre Harry, habías tenido más tentáculos que el calamar gigante por lo que pudimos ver – secundó Fred – parece que hay reconciliación a la vista…
– Vamos muchachos, no importunen a Harry con sus comentarios – Arthur no podía ocultar la sonrisa de complicidad que tenía a pesar de la llamada de atención.
– Estoy acostumbrado a sus comentarios – se apresuró a explicar Harry quien tenía una sonrisa aún mayor iluminándole el rostro – Por otro lado, faltan pocos días para su cumpleaños, puedo sorprenderla con una visita… y puede que las cosas marchen por ese camino.
– ¡¿Cómo?! – todos gritaron al unísono.
Y a pesar de su natural timidez, Harry sustrajo una pequeña cajita de terciopelo negro de su bolsillo y la abrió frente a todos.
El brillo del diamante centelleando desde la caja sólo podía compararse al brillo de felicidad en la mirada de Harry Potter.
oooooooooooOOOOOOOOOoooooooooooo
– ¿Volviste con el perdedor de Potter, Granger¿Otra vez el Elegido calienta tus sábanas?
– ¿Qué rayos te sucede, Malfoy? A que viene todo eso
– Toda la mañana has estado brincando de aquí para allá como gata con madeja nueva.
– Pues el motivo de mi alegría es sólo mío – replicó con sarcasmo --No tengo que darte explicaciones.
Draco iba a responder cuando entró de pronto Rose al despacho. Se disculpó por la interrupción y dejó unos cuantos papeles sobre el escritorio de Hermione.
– Srta. Granger, su mamá me pidió que le confirmara la hora que estaría en su casa mañana. Desea que esta vez el repartidor le entregue su regalo de cumpleaños en el día… – apurada, Rose dio media vuelta y salió.
– Tu cumpleaños…ummm – Draco puso cara de circunstancia – no sé que de bueno sea recordar que naciste, y para remate te hace alegrar…
– Que gracioso – Hermione le hizo una mueca – Sí pues, mañana es mi cumpleaños y por eso estoy feliz. ¿Algún problema en ello?, si quieres puedo darte una dispensa para que no te aparezcas mañana. Me harías el día de verdad. Sólo de imaginarme no verte el rostro en todo un día, sería mi regalo perfecto, Malfoy.
El rostro de Draco se puso rojo de la indignación pero no contestó. Dio media vuelta para marcharse. Aunque no avanzó ni dos pasos cuando se detuvo y regresó sobre sus pasos. Se paró frente al escritorio de Hermione, apoyó los brazos a ambos lados y se acercó peligrosamente a ella. Tan cerca que nublaba la vista.
– Entonces, no volviste con Potter…
Hermione quedó hipnotizada por aquella penetrante mirada. Los ojos grises burbujeaban literalmente frente a ella, como mercurio líquido. Expectantes, impacientes por una respuesta.
Ella pudo haber dicho cualquier frase ácida, mordaz o hiriente, pero apenas pudo murmurar en su asiento un ahogado…
–…no
Draco exhaló con disimulo y aunque trató de que su rostro se mantuviera impasible, la velada sonrisa de satisfacción que se formó en él, hizo que Hermione sonriera igualmente.
Pero toda la animosidad de Hermione se había borrado bien entrada la noche. Se encontraba trabajando infatigable, aún a pesar que casi todos se habían retirado, salvo Lavender, por pedido expreso de Hermione que necesitaba algo de ayuda con el papeleo. A última hora les llegó una lechuza con un caso importante que debían documentar. Una pelea entre unos magos irlandeses y un grupo de semigigantes londinenses que vivían pacíficamente en las montañas. Necesitaban argumentos para evitar que los últimos fueran ejecutados, como solicitaban los irlandeses, aún a pesar de que ellos ingresaron a la propiedad de los gigantes sin autorización y cazaron su ganado.
– Hermione, estoy muerta de cansancio… y mira, mañana es tu cumpleaños… ni siquiera por eso deberíamos parar e irnos a casa… – rogaba Lavender haciendo un mohín.
– Estoy es más importante que cualquier tonto cumpleaños. No te das cuenta que pueden condenar a esos pobres inocentes – contestaba fervientemente Hermione sin dejar de trabajar – Y aún estoy esperando el volumen sobre "Criaturas mágicas y sus posibles comportamientos bajo presión" que te solicité hace una hora.
– Es que lo entregué a Draco la semana pasada. Necesitaba información sobre el comportamiento del minotauro y creo que se le llevó a su departamento.
– ¡Que! – soltó Hermione confundida. ¡Pero Lavender, necesito ese libro y Malfoy se retiró hace horas!
– Ya, tampoco soy tan incompetente. Le mandé una lechuza apenas me pediste el libro pidiéndole que lo regrese.
– ¡Rayos Lavender! Conociéndolo, te apuesto la cena, que ni siquiera se ha levantado del sofá para buscar el bendito libro.
– Pues me gustaría ostras y vino blanco para la cena – interrumpió teatralmente Draco. Se acercó hacia Hermione y balanceó el libro frente a ella – Bien frío y de inmediato.
Hermione resopló con desdén, después de haberse repuesto del susto inicial. Tomó el libro y se alejó hacia el surtidor de agua.
– Lavender, ya has trabajado mucho esta noche. ¿Porqué mejor no vas a tu casa a tomar un delicioso baño de burbujas y a descansar. Esa belleza necesita que la mimes, cierto? – Draco estaba casi frente a ella, murmurando en un tono que hizo que Lavender se le erizara el vello de la nuca. Sonrió tontamente.
– Pero Draco… Hermione se molestará… aún no terminamos…
– Anda preciosa – y le dio un roce rápido en el mentón con sus dedos – yo me arreglaré con ella. Ve sin cuidado.
Lavender dudó por un instante. Era cierto que estaba cansada, y además tenía un compromiso previo más tarde, pero le intrigaba la insistencia con que Draco la estaba despidiendo. Ahí definitivamente ocurría algo.
Finalmente pudo más las ganas de terminar y el tono meloso de Draco. Se apresuró a coger su cartera, su sobretodo y salió disimulada del lugar.
– ¡Cómo que mandaste a Lavender a su casa¡Con que autoridad lo hiciste¡No te das cuenta que aún no terminó ese informe!
– Para estar a vísperas de tu cumpleaños, te has puesto de un humor…
– ¡No puedo estar de otra forma! Necesito terminar el…
– Si ya sé, el informe. Bien, dentro del libro que te acabo de entregar, hay una hoja escrita, donde están detallados todos los casos similares a la actualidad. Verás que he transcrito y documentado aquellos donde el Winzegamot ha establecido una pluralidad de sentencias concordes. "iuris prudentea". Jurisprudencia, Granger. Con eso tus grandes amigos, ganarán su caso.
Hermione se quedó de una pieza sin saber que decir. Él se había dado la molestia de investigar por ella. La había ayudado nuevamente.
– No tienes que hacer ningún homenaje o reverencia si no quieres, te–
No pudo hablar más. Hermione se había acercado a él, decidida, le había echado los brazos al cuello y entreabierto los labios sin dejar de mirarlo un solo instante.
Draco sintió los labios húmedos y fríos de Hermione de pronto, bajo los suyos y una sacudida lo recorrió. Segundos después su mente reaccionó y su cuerpo tomó la delantera. Besó los labios de Hermione con los suyos y los rozó suave y lentamente para hacerlos entrar en calor. Con diligencia, aprisionó el labio inferior entre los suyos, enredando una de sus manos entre el cabello alborotado. Deslizó la mano libre hacia la espalda de Hermione y la apretó contra sí al sentir el estremecimiento que la sacudió. Ella lanzó un gemido que fue ahogado por los labios de Draco. Él sonrió mentalmente al sentirse recompensado con aquella muestra de sumisión y se adentró en aquella boca sólo para él. Acarició todo el contorno exquisitamente y mordió sus labios con pasión. Con la punta de la lengua recorrió cada lugar dentro de su boca con ardor creciente. Cuando sus lenguas se encontraron una sensación de placer y embriaguez los envolvió por igual.
¡CRASH!
El fuerte sonido provino del pasillo. Ambos se separaron justo para divisar a Lavender entrando nuevamente a la oficina. Se había olvidado su varita en el cajón de su escritorio. Los miraba suspicaz, pero no hizo comentario alguno. Sólo mencionó que regresó porque se sentía culpable de dejar a Hermione con tanto trabajo y que estaba dispuesta a terminarlo. No se movería de allí hasta que las dos terminaran en trabajo. Agradeció a Draco haber traído el libro y se disculpó por la molestia de haberlo hecho venir hasta allí, con lo ocupada que era su vida. En pocas palabras, estaba despidiéndolo.
Draco con gesto hosco se retiró del lugar, dejando a una Hermione apenada y a una Lavender, peligrosamente perspicaz.
Horas después, Lavender, Parvati y Romilda bebían unos tragos y comentaban achispadas el último chisme traído por Lavender. Sólo la última aparentaba reír por fuera, por dentro se sentía injuriada por aquella noticia. Ella que había estado revoloteando a Draco y él se divertía con otra. Meditaba acerca de su próximo paso.
A medianoche en la nueva mansión de Cho Chang, una lechuza entró por su ventana, despertándola.
oooooooOOOOOOOOOOOooooooooooo
Temprano en la mañana, después de abrir las cartas y paquetes enviados por sus amigos, Hermione salió rumbo al Ministerio con una sonrisa en los labios. No era común en ella, pero sin preguntárselo mucho, había elegido un vestido casual que hacía resaltar sus formas y maquillado algo más marcado que lo habitual. Se sentía feliz por el simple hecho de ser su cumpleaños y por el beso fugaz compartido con Draco el día anterior. Era conciente que estaba mal, según sus planes, pero igual estaba contenta por ello.
Al llegar varios compañeros acudieron a la oficina a saludarla y casi toda la mañana se dedicó a ello. Asomaba la cabeza de cuando en cuando hacia el departamento, pero nada. Draco aún no se aparecía. Eso la entristeció un poco. En realidad mucho más de lo que ella misma quiso admitir.
Al mediodía, todos acordaron almorzar juntos para celebrar el cumpleaños. Había un restaurante discreto cerca al ministerio que habían reservado y obviamente resguardado por cualquier eventualidad. Irían los jefes de los departamentos del ministerio y varios empleados amigos de Hermione. Ella estaba emocionada aunque seguía asomando la cabeza fuera del escritorio en ocasiones. Cuando todos empezaron a ir hacia el local, Hermione trató de demorarse lo más que podía, pero al comprobar que ya el departamento estaba vacío, tomó su cartera y caminó hacia la salida.
– ¿Vas a algún lado? – Draco había aparecido de improviso frente a ella. Llevaba puesto un traje casual y se le veía algo cansado.
– Voy a almorzar – espetó molesta – y si me disculpas, hay gente esperando por mí. Porque me consideran y han tenido esa atención conmigo, no como otros que–
Pero sus reclamos se vieron acallados. Draco que la estaba mirando quejarse, divertido y sonriendo la había tomado del brazo y atraído hacia él con fuerza. Hermione se dejó llevar sin oponer resistencia.
– Feliz cumpleaños…
Fue lo último que escuchó Hermione, o más bien lo último que vio de los labios de Draco porque luego sus labios desaparecieron en los suyos. Aquel beso no era feroz, violento o demandante. Era otra clase de beso que hizo que Hermione se llenara de ternura. Era como si ambos pudieran adivinar lo que el otro deseaba. Draco la besaba suavemente, con una lentitud tortuosa, succionando, probando, despertando; empujando suavemente su boca contra la de ella y obligándola a abrirse enteramente a él. Cuando Draco finalmente liberó los labios de Hermione, ella protestó con un quejido gutural que a Draco se le antojo delicioso y que hizo que utilizara todo su autocontrol para mantener la cordura.
– Hermione espera…
– Ah? Ahora soy Hermione – bufó tratando de sonar molesta, aunque su rostro encendido y sus ojos brillantes mostraban lo contrario. Aún seguía acurrucada en los fuertes brazos de Draco sin dejar de mirarlo.
Draco rió dejando ver sus dientes perfectos. Levantó una mano y acarició la mejilla de Hermione.
– Debo irme. Mi hijo no sé sentía bien anoche. Cho me informó que estuvo con fiebre toda la noche y me llamó para que fuera a su casa. Aparentemente ya está mejor, hasta preparamos algunos dulces juntos. Pero la verdad… quisiera asegurarme que este realmente sólo es una gripe.
Hermione observó a Draco detenidamente, trató de descifrar aquel brillo febril y extraño en sus ojos. Nunca había visto aquel centelleo jamás en los ojos grises. En Hogwarts los había visto transformarse y fulgurar de odio, de cólera y hasta de desprecio por ella, pero jamás había visto esa mirada en él, y mucho menos dirigida a ella. Era como si aquellos ojos grises la confortaran, la hicieran sentir cálida y protegida.
– Claro que sí, tómate todo el día si quieres. No tengas cuidado con el trabajo. Puedo avanzar con tu parte–
– El trabajo me importa un cuerno en este momento – la atrajo aún más contra él – quería estar contigo en este día…
– ¿Qué es todo esto, Draco?
Hermione dejó salir, de pronto la interrogante que su corazón y su mente no habían podido responder. No quería hacer nada, no quería obligar a nada, pero necesitaba tanto una respuesta.
Draco bajó su rostro nuevamente, tan cerca que sentía el aliento caliente de Hermione sobre sus labios. Toda la noche estuvo dando vueltas en su cama por el beso en la noche anterior, pensando, calculando, reflexionando, urdiendo una respuesta a sus actos, a su creciente necesidad diaria de contemplarla, escucharla reír, de tenerla en sus brazos, saborear sus labios, de la imperiosa necesidad de hacerla suya.
– No lo pienses tanto...
Sin decirle nada más, se abalanzó sobre sus labios con necesidad creciente y los aprisionó. Esta vez el beso fue distinto. Draco la sujetó de las caderas y la atrajo hacia él con vehemencia. Pasó su otra mano por la nuca de Hermione y se hundió en su boca con tal pasión que ella sintió que caería si no la sujetaba. La fundió con su cuerpo, iniciando inconcientes, movimientos naturales tan antiguos como el tiempo. Hermione ahogó contra los labios de Draco un gemido al sentir su cuerpo reaccionando y acoplándose tan perfectamente al de él.
Voces en el corredor hicieron que ambos se separaran nerviosos. Era Rose que regresaba a la oficina a buscar a Hermione por que empezarían el agasajo. Hermione asintió y prometió ir en unos minutos. La joven dio media vuelta y salió del lugar.
– Es hora que me vaya, debo volver con mi hijo – Draco habló despacio.
– Claro, no hay problema. Entonces… nos veremos mañana, aquí en la oficina… – Hermione se separó unos pasos hacia la salida.
– Yo pensaba un poco más antes – Draco se acercó rápidamente a ella con grandes pasos – Pasaré por ti a las 9. Iremos a cenar.
– ¿Cómo¿A cenar?
– A menos que estés a dieta, no veo lo malo de eso – concluyó burlón.
Hermione miró su reloj y asintió con una sonrisa. Avanzó hacia la salida dispuesta a no hacer esperar más a sus compañeros. Lamentablemente la sonrisa se le congeló en el rostro. Cho Chang apareció en el umbral y los observó sin proferir palabra.
– Hola Cho – Hermione saludó cortés y continuó con su camino.
Ella sólo se limitó a hacerle un gesto con la cabeza y se acercó directo a Draco.
– Olvidaste los mazapanes que hizo Lucius. Me pidió que te los enviara y me asegurara de que probaras tu favorito – extrajo una caja plástica de su bolso y la abrió. Pequeñas macitas de colores estaban dispersas dentro de ella.
Hermione salió de la oficina y se dirigió al restaurante. Iba cavilando. Le extrañaba la presencia de Cho allí, nunca se apareció antes allí. Bueno, después de todo, ella y Draco siempre tendrían una relación por su hijo, así que no debía extrañarle que se vieran. Recién había entrado al local y ubicado en su lugar, cuando una lechuza se posó junto a ella. Desenrolló el pergamino y leyó.
"Eres diversión del momento. La realidad es otra, regresa y lo verás"
Arrugó el papel y lo hizo a un lado. Odiaba las bromas sin sentido y creía que era una más. Tomó la servilleta de tela y la colocó sobre su falda y se dispuso a almorzar. Todos reían y confraternizaban, pero a pesar que quiso, Hermione no podía olvidar aquellas palabras.
Sólo segundos después su mente terminó de encajar aquella frase y Hermione se excusó apenas con un hilo de voz y salió del recinto. Los presentes sorprendidos, aceptaron, con algo de consternación, el que la festejada no estuviera presente, la lechuza que les llegó apenas unos minutos después de que Hermione hubo salido, avisó que ella no regresaría.
– Debe ser estrés – aseguró Parvati a los demás – ¿no dicen que es la enfermedad del nuevo siglo?. Pobre Hermione, no debería abarcar tanto, seguro es demasiado para ella. Es lo mejor que se quede en su departamento a descansar… y a propósito….¡¿Quién dijo salud?¡
Hermione yacía bajó las mantas acurrucada, abrazando a su almohada y aparentemente inmóvil. Sólo el contínuo e incesante fluir de sus lágrimas silenciosas sobre su rostro le conferían algo de movimiento. Tenía los ojos abiertos pero abstraídos en una sola imagen en su mente. La imagen de Draco devorando, acariciando, frotándose con Cho, sobre un escritorio. Su rostro pálido ahora febril, su respiración agitada, sus manos… su manos recorriendo y estrujando el cuerpo de ella. Y los ojos rasgados de Cho dedicándole una mirada de triunfo.
Huyó de allí sin hacer ni decir nada. Después de todo, no había ya nada que decir. Garabateó una disculpa para sus amigos y la envió. Decidió tomar el autobús. Le importaba poco su seguridad. Necesitaba tomar aire. Ahora estaba allí, quieta sobre su cama, envuelta en su albornoz favorito, con el cabello aún húmedo del baño que tomó, sólo concentrada en el punzante dolor que laceraba su corazón. Ya no lo odiaba como al inicio, ahora se odiaba ella por haber sido tan crédula, por haber abierto su corazón para que él lo pisoteara hasta hacerlo polvo.
La luz del sol iluminaba la habitación donde Hermione yacía. Las cortinas abiertas dejaban filtrarse la luz brillante y el ruido del bullicioso Londres que contrastaba con su aparente letargo. Porque su mente seguía recordando y torturándose con aquella imagen que la perseguiría de por vida. Y aunque escuchó los fuertes golpes en la puerta, ni siquiera hizo el intento por levantarse. Hasta que escuchó su voz…
– Abre la puerta, Hermione. Tengo que hablarte…
Algo como una especie de rabia sorda y áspera iba subiendo por su garganta y le impidió hablar. Quería gritar, increpar, maldecir pero no pudo. Se hundió nuevamente entre las mullidas mantas sin dejar de llorar.
– No me iré de aquí hasta que me dejes entrar – volvió a golpear la puerta con tanta insistencia que la casa retumbó – Tumbaré la puerta si es preciso. Me conoces mejor que nadie, Granger, lo haré si no abres.
Caminó hacia la puerta, secándose el rostro con su albornoz. Le abriría la puerta y lo dejaría hablar un par de minutos, luego le conminaría a irse. No deseaba un escándalo en su puerta. Sus vecinos podrían sospechar. O al menos esa era su justificación aparente para dejarlo entrar. Dio una ojeada a la mirilla de la puerta, cerró los puños, apretó la mandíbula con fuerza por un instante. Inmediatamente después exhaló tratando de serenarse. Tomaría todo eso con absoluta calma y frialdad. Era una mujer adulta. Dejaría que él hable y luego, simplemente le invitaría a retirarse. Así de fácil. Abrió la puerta y lo dejó entrar.
– Hermione…
Draco apenas pudo murmurar aquel nombre.
A Hermione sólo le bastó verlo para perder el control. Se precipitó hacia él de pronto como una tromba, sus manos golpeaban el pecho con furia y amargura, con dolor y decepción. Su cuerpo se movía frenético, quería hacerle daño. Quería que sintiera como ella se desgarraba por dentro. Y él no se defendía, se dejaba golpear sin protegerse o alejarse, hasta que ella sintió que sus manos no daban más y se detuvo, aún sollozando aún moviéndose involuntariamente con los espasmos. Fue en ese instante cuando Draco la atrajo hacia él y la acunó en sus brazos a pesar de las iniciales protestas.
– Perdóname Hermione, debí ser más cuidadoso, no debí bajar la guardia.
Hermione retrocedió confusa. ¿Bajar la guardia…?
Draco habló despacio, sin soltarla, aún a pesar de que ella quiso alejarse. La miraba a los ojos tratando de que constatara la verdad en ellos. Le habló de sus sospechas de las represalias de Cho, de sus celos y del miedo de ella a que él volviera a casarse y dejara de darle una pensión. Del arreglo que hizo con su elfina Heyda para que cuide específicamente a Lucius de cualquier acto de Cho y hasta a él mismo. Incluso que la elfina ya había frustrado algunos torpes intentos de Cho para hacer que él volviera con ella.
– Pero justo hoy bajé la guardia. ¿Comprendes?, estaba tan agitado después de besarte que comí lo que me ofreció sin sospecha alguna.
Hermione se movió nerviosa. Recordar aquel beso, hace apenas unas horas la hizo turbarse. Bajó la mirada.
Draco levantó su mano y tomó inmediatamente su mentón y la obligó a verlo. Debía despegar cualquier duda de ella. Continuó hablando, relatando como su elfina, con órdenes de actuar si veía una situación igual, y viéndolo llegar de brazos de Cho, como embriagado y demasiado amoroso, aprovechó que ella iba a servir unos tragos y le dio inmediatamente a su amo la contra poción para la amortentia usada en los mazapanes de colores. Ya liberado del hechizo, hizo lo que debió hacer hace mucho tiempo. Hizo firmar los papeles de custodia total sobre Lucius so pena de no volverle a dar un solo centavo y lo consiguió.
– Pero lo más importante, es que le hice jurar que nunca intentaría nada contra mí y sobre todo que jamás se acercaría a ti.
– ¿A mí¿Pero que tengo que ver yo en todo esto? – Hermione exclamó sorprendida.
Draco calculó sus opciones. Jamás había expresado sus verdaderos sentimientos. Siempre los ocultó de los demás, temeroso de salir lastimado. Y ahora no sabía si callar o desviar de algún modo la pregunta como tantas veces. Pero algo en su interior intentaba por primera vez confiar en alguien, abrirse sin reservas y reconocer lo que sentía.
Sin embargo le acarició la mejilla con suavidad antes de abalanzarse sobre los labios de ella, reclamándolos con vehemencia. Empujando su boca contra la de ella, obligándola a abrirse a él. Para saborearla, para degustar su esencia, su sabor, para regodearse en aquella suave piel del interior de su boca. Enredó sus dedos en el húmedo cabello para no dejarla escapar. Su mano libre se movía con posesividad sobre su cintura y caderas, presionando la mullida tela del albornoz y estrechándola hacia su propio cuerpo con exigencia.
Hermione quería protestar, quería detenerlo allí mismo pero bastaba que él la tocara para que dejara de ser la eficiente, racional y lógica Hermione Granger para dejar todo atrás y convertirse en parte de él. Para desear más de él, para fusionarse a él. Cuando sintió la manos de Draco, hábiles pero delicadas deshaciendo el nudo del albornoz afloró la conocida sensación de su corazón latiendo más aprisa de lo normal y de aquella fiebre que recorría sus venas y hacía palpitar su vientre.
Draco abrió delicadamente el albornoz blanco y deslizó ambas manos y las posó con una urgencia apasionada, sobre la cintura de Hermione. Sintió bajo su palma la piel delicada y tibia. Entreabrió los labios para respirar hondamente, pues sentía que no tenía suficiente aire. Aquello le dio un segundo de cordura a Hermione. Precisaba respuestas, y no volvería a besarla para huir de una respuesta. Haciendo acopió de algo de voluntad, retrocedió unos cuantos pasos.
– Hermione…
– No. Necesito saber Draco. Necesito que me digas que es todo esto. – retrocedió un poco más y cruzó su albornoz ruborizada por su inicial desnudez.
Sabía que había llegado el momento. ¿Pero cómo desnudar su alma? Jamás pudo hacerlo. ¿Y si ella se burlaba de sus sentimientos y lo lastimaba?. Draco se movía nervioso sobre su sitio, como un animal enjaulado y a punto de ser sacrificado. Tenía una mano en la cintura y con la otra se desordenaba el cabello lacio con turbación. ¿Cómo admitir ante ella su rendición, su capitulación final?
Hermione suspiró rendida. Se abrazó inconciente, tratando de apaciguar la tristeza y desolación que la llenaba. Siempre sería el orgulloso y arrogante Draco Malfoy. Jamás cambiaría. Con decisión pasó junto a él y se dirigió hacia la puerta. La abrió y habló sin mirarlo.
– Márchate ahora. No quiero verte nunca más.
Draco, ágil como una pantera al acecho, se acercó a ella con tanto ímpetu, que Hermione retrocedió en el acto hacia la puerta y la cerró con su cuerpo. Nuevamente Draco intentó tomar sus labios con vehemencia, pero está vez, Hermione levantó sus manos, colocándolas sobre el pecho de él y lo detuvo a escasos centímetros de su boca. Draco la observó abrumado. Aquella mirada que ella le dedicó, aquellos ojos castaños taladrando los grises de él, con esa mezcla de desilusión y decisión hicieron que se le erizara el vello de la nuca y un sudor frío empapara su cuerpo. Sabía que había llegado el momento. O hablaba o la perdería para siempre.
– Vete Malfoy, ahora mismo – Hermione bramó empujándolo sin conseguirlo. Quería librarse de él, ya no quería tenerlo cerca – ¡Lárgate Malfoy¡LARGATE!
Hermione gimoteó. Ya no podía parar las lágrimas que brotaban de ella sin control, empujaba con vehemencia el pecho de Draco para liberarse, para huir de ahí y descargar su dolor. Él no sentía nada por ella, sólo era un simple gusto o un juego cruel para él. Debía alejarse de él para siempre. Volvió a golpear su tórax con resentimiento.
– ¡LARGATE!... ¡Lárgate¡Lárgate!... por favor… – Hermione suplicó finalmente y cayó vencida a sus pies. Ocultó su rostro entre sus manos y sollozó abiertamente sin poder contenerse.
– ¡No Hermione! – Draco inmediatamente se arrodilló junto a ella y tomó sus manos con las suyas, descubriendo el rostro anegado de Hermione. La miró con los ojos húmedos aún en contra de propia voluntad. Sin dejar de observarla, lentamente pronunció:
– Te amo, Hermione Granger.
ooooooooooooOOOOOOOOOooooooooooo
Draco se incorporó sobre su antebrazo izquierdo y la observó. Hermione yacía junto a él, en la mullida cama, con los ojos cerrados, las mejillas aún arreboladas, el cabello castaño desordenado sobre la almohada y parte de un brazo; y con la expresión tan encantadora que Draco deseó detener el tiempo para siempre.
Habían pasado varias horas desde que él llegó. La luna ya había salido e iluminaba la habitación de Hermione con tonalidades plateadas. Draco miraba fijamente, abstraído, el cuerpo desnudo de Hermione, a su lado, iluminado apenas por los rayos de luna. Era una visión demasiado perturbadora. Sus deseos volvían a despertar nuevamente. Se movió ligeramente hacia ella.
– Eres incansable ¿eh? – Hermione sonrió apasionada, sin moverse – Apenas puedo mover los músculos...
Draco la contempló extasiado y no pudo evitar el impulso de besar aquella sonrisa sólo para él.
– Tengo algo de hambre – murmuró Hermione en cuanto Draco liberó sus labios – no almorcé hoy… bueno ya sabes el motivo… – musitó con un dejo de tristeza.
Draco acalló sus protestas con un nuevo beso. No quería arruinar aquel perfecto momento.
– Te prometí una cena y cumpliré – pero mientras hablaba deslizó su mano sobre el vientre de Hermione con dirección a sus pechos y hundió el rostro en la curva de su cuello. Hermione gimió al sentir las pequeñas mordidas que recorrían su cuello y clavícula y la abrasada sensación de la palma de Draco ciñendo su seno.
– Mejor y comemos algo aquí… – hablaba ahogada – no creo que podamos salir de esta habitación… – con fuerza de voluntad se sentó en la cama y volteó para observar a Draco – puedo preparar algo ligero… como para recuperar fuerzas para… – pero enrojeció antes de terminar.
Draco se sintió orgulloso de causar aquel efecto en Hermione. Con presteza la tomó de la cintura y con un movimiento rápido la acomodó sobre él. Gruñó ronco al sentir el sensual cuerpo de Hermione sobre él, acoplándose perfectamente, despertando nuevamente en Draco todo su deseo.
Hermione empujó el pecho de Draco divertida y se sentó a horcajadas sobre él. Nada se le antojaba más que quedarse allí y continuar, pero era conciente que debía recuperar algo de energía con la comida o no tendría energía para… para continuar toda la noche. Enrojeció de pronto ante tal pensamiento.
– ¿Sabes que pasas de un color grosella a un ambarino en un par de segundos? – Me siento orgulloso de causar tal efecto – con las manos emprendió las caricias a los muslos de Hermione, subiendo con lentitud tortuosa nuevamente hacia sus pechos.
– Draco… – rogó Hermione – sólo me tomará un par de minutos preparar algo – habló con los ojos cerrados por el deseo que la inflamaba las caricias de Draco – prometo volver en un segundo.
– Vale – asintió Draco aparentando estar molesto – pero sólo un par de minutos…
Hermione tomó la camisa de Draco de la cabecera de su cama y se la colocó, todavía a horcajadas sobre él. Conforme lo hacía se movía disimulada, aparentando estar concentrada en la tarea. Draco la observaba divertido, siguiéndole el juego, hasta que ya no pudo continuar. Ella había logrado dejarlo listo nuevamente. De un impulso, invirtió los papeles y ahora Hermione se encontraba bajo su cuerpo, respirando agitada. Tenía las manos sobre la cabeza, sujetadas por Draco que la miraba victorioso.
– Draco – imploró ella con la voz pero sin hacer ningún movimiento – la comida…
Él se dejó caer pesadamente a su lado, torció los labios en una expresión de impaciencia que hizo que Hermione recordara como se comportaba en el colegio.
– Estas acostumbrado a hacer lo que quieres, Malfoy – Hermione le miró con aparentada indignación.
– Si. Debes empezar a habituarte ahora que estás conmigo, Granger – respondió con un brillo sexy en los ojos pero sin inmutarse.
– Eres un arrogante y vanidoso, Draco –le regañó mientras se colocaba las bragas y se abotonaba la elegante, pero arrugada camisa – Pero no siempre será así… – se acercó a él de repente y antes de que pudiera agarrarla nuevamente, le dio un rápido beso en los rosados labios.
Draco la observó salir de la habitación. Colocó sus manos bajo la cabeza y se deleitó con la imagen de Hermione, su cabello suelto y alborotado moviéndose al compás de su andar, sus largas y torneadas piernas y sus pies descalzos sobre el frío suelo. Le llenó de vanidad saber que ahora ella le pertenecía. La había empezado a desear hace mucho y ahora la tenía a su lado.
Recordó después de unos instantes el obsequio que había traído para ella. Aunque su idea inicial fue ir a una costosa joyería para comprarle un juego de collar y pulsera de diamantes, el incidente con Cho había frustrado sus planes. Antes de salir de su casa había tomado una bonita piedra que había conseguido en su último viaje a Creta. El mago que se la vendió, a un muy alto precio, le había asegurado que era mágica, y que había sido descubierta en el fondo de uno de los cráteres.
Se levantó con parsimonia, aún extenuado de hacer el amor con Hermione. Recordó su hermoso rostro, sus párpados cerrados, su respiración acompasada y aquella expresión de felicidad. Realmente la amaba y deseaba estar siempre con ella. ¿Como pudo no fijarse en ella cuando ambos iban a Hogwarts?
Estaba demasiado enfrascado en mi mismo para darme cuenta que ella existía. Fue necesario pasar por todo lo malo de mi vida para llegar a donde estoy ahora.
Dirigió una mirada de suficiencia al cuarto de Hermione. Se detuvo en la desordenada cama.
Pero ahora ya es mía.
Sonrió para si mismo, mientras se colocaba el bóxer y los pantalones para dirigirse hacia el living con el torso desnudo. Barrió con la mirada el lugar, hasta que divisó su fino saco gris sobre uno de los muebles. Lo levantó y extrajo la extraña piedra. Medía apenas unos ocho centímetros, con forma irregular, pero lo que resaltaba era sus colores cambiantes conforme uno lo giraba. Llamó a Hermione mientras escondía la piedra en un puño.
– No es exactamente el regalo perfecto, pero el mago que me la vendió, juró que tenía un extraño e inigualable poder, aunque ni él mismo sabía en qué consistía. Se que vales mucho más y prometo que te compensaré por ello – le entregó la piedra con cariño.
Hermione sintió tanta ternura que los ojos se le llenaron de lágrimas. Enlazó sus delgados brazos alrededor del fuerte tórax y hundió su rostro en el cuello de Draco a la par que depositaba pequeños besos.
– Gracias, pero no es necesario.
Draco la tomó de los hombros y la alejó un poco de él, para poder observarla.
– Claro que sí, tú mereces lo mejor, eres una gran mujer Hermione. Jamás imaginé que diría esto, pero, gracias al cielo llegaste a Hogwarts.
– Pero si hubieses podido, en ese tiempo, me habrías expulsado, Malfoy. ¿Recuerdas como me odiabas?
– Todavía sigo creyendo que los magos sangre limpia son los mejores, Granger.
Hermione le miró fríamente y trató de separarse.
– Yo sigo siendo una… una sangresucia para ti
– Tú eres diferente. No puedo mentirte y hacerte creer que toda mi educación, todo lo que mis padres me inculcaron se borró de mi mente en un instante. Pero soy honesto en decírtelo. Sé que estoy errado en muchas y necesito cambiar mi manera de pensar en algunas, y esa es una de las razones por las que me enamoré de ti – la sujetó más fuerte – tienes tanta bondad, sensibilidad, tanto ímpetu en lo que haces y en lo que crees, que me contagias ese espíritu de querer hacer bien las cosas. Cometí muchos errores en mi adolescencia, porque me sentía vacío e incomprendido, sin amigos como tú los tenías, con quien compartir mis inquietudes, mis desvelos o mi sufrimiento y soy conciente que actúe mal. Pero me sentía tan solo, Hermione. Si hubiese podido conocerte realmente como te conozco ahora, pequeña.
Verlo así, abatido, desnudando su alma ante ella, borró aquella sensación de zozobra en el corazón de Hermione. Se abrazó a él con ímpetu y buscó sus labios con brío.
– Nunca te alejes de mí, Hermione. Te amo demasiado para perderte.
– Ahora estamos juntos y para siempre. Te amo Draco, como jamás amé a nadie.
¡¡¡¡SORPRESA!!!!!
El bullicioso grupo que había entrado en tropel por la puerta del departamento de Hermione enmudeció de pronto al observar a Hermione Granger semi-desnuda y besando a Draco Malfoy. Arthur Weasley su esposa y la mayoría de sus hijos, petrificados en sus sitios, con los gorros de fiesta, pitos y serpentinas, aún observaban la escena boquiabiertos.
Sólo Harry Potter, quien encabezaba la comitiva avanzaba hacia ellos con el rostro desencajado por el torrente de ira que empezaba a brotar por sus poros y amenazante con la varita en la mano.
– Aleja tus inmundas manos de Hermione. ¡Ahora mismo!
OHHHH! Harry esta hecho un verdadero león (lógico no? Al pobre le va a salir caro el desembolso del anillo si no tenía plan de devolución jajajaja)
Como este es un fic con un rating no exclusivo para adultos, hay que hacer volar a la imaginación muchachas! Jajajaja. Así que no se puede ser tan explícita jejeje
Bueno, imperdible el siguiente capítulo que es el quiebre de la historia y que da origen al título del fic!
(y como nota aparte… no es so cute: Malfoy diciendo "te amo"…. Ahhhh)
Besos a todos, dejen su review y nos vemos en el prox capítulo!
