REALIDAD
Holass:
Capítulo que fragmenta la historia. ¿Cómo regresó Hermione a Hogwarts? Y más aún… que hará al respecto….
Nota:
Este capítulo se inspira y adquiere conceptos de la historia escrita por Isaac Asimov, escritor ruso nacionalizado norteamericano y su genial novela "El fin de la Eternidad".
Lo que me cautiva de este autor es su soberbia imaginación y bien plantados temas. Ya saben, Ciencia ficción de la buena y sobre todo extra recomendable. No dejen de tenerlo en su librería personal.
Abrazos y gracias por los comentarios pasados, presentes y futuros!
Enjoy it!
Gise.
CAPÍTULO 14 – REALIDAD
La reacción de Draco, inusitada hasta para el mismo, fue empujar a Hermione hacia un lado particularmente oscuro de la habitación, lejos de la línea de fuego y de las miradas indiscretas. Ver el rostro contorsionado de Potter y su varita en mano, hubiera sido razón suficiente para intentar, lógicamente, protegerse él mismo, pero por increíble que pareciera, Draco Malfoy había perdido aquellos segundos valiosos en que pudo coger su varita, en poner a salvo a Hermione.
– Tenías que divertirte con ella – habló Harry por fin – No has cambiado ni un ápice. Sigues siendo un mal nacido.
Había bajado la varita, aunque la tenía aún firmemente empuñada y atento.
Draco observó el cuadro. La mayoría de los Weasley todavía continuaban en el recibidor, apiñados, mudos de estupefacción. Aunque los gemelos, aquellos odiosos traidores a la sangre, se habían adelantado y flanqueaban a Harry, cada uno empuñando la varita y mirándolo con una mezcla de superioridad y resentimiento.
Si debía enfrentarse a Potter por ella, lo haría. Estaba cansado de perder, de ser el eterno villano. Lo que menos deseaba era alejarse de ella ahora que la sentía dentro de su propia piel. Que sentía su aroma a azucenas de su perfume y manzanas de sus cabellos atolondrados dentro de su mente y cuerpo. Aunque tampoco podía dejar pasar la oportunidad de enfrentarse finalmente al Elegido. Había pasado tanto entre ellos y en su entorno y jamás habían tenido la oportunidad de encararse y desafiarse mutuamente. Esta era la oportunidad. Si tenía que hacerlo, lo haría. Pero sería una pelea equitativa.
– Las cosas las resolveremos entre los dos, Potter. ¿Tan mísero eres que necesitas guardaespaldas para escudarte? – miró a los gemelos con desprecio.
– Nosotros estamos aquí para verificar que todo sea correcto, Malfoy – gruñó George inmediatamente sin dejar de apuntar con la varita.
– Sabemos que clase de bicho traicionero eres. Esta pelea será justa y nos aseguraremos de que así sea – secundó Fred.
Arthur Weasley hizo que Percy cogiera a su madre por los hombros en su lugar y se adelantó hacia Harry. Se situó a su lado y habló con calma.
– Harry, esta no es manera de solucionar las cosas…
– Pero… usted lo vio… – murmuró Harry, intentado que sólo Arthur lo escuchara – él se está aprovechando de ella… él solo la usa para llegar a mí… No puedo permitirlo.
Arthur giró la cabeza y vio a Draco aún parado en su lugar. Con el torso desnudo, las manos apretadas con tensión, el semblante sombrío, el pantalón costoso arrugado y descalzo. Y giró un poco más el cuello y vio a Hermione, aún en shock, turbada y azorada, pegada literalmente a la pared. Con sus cabellos desordenados y sueltos, abrazándose ella misma en un instinto autoprotector, su mirada perdida, su cuerpo sólo cubierto por la elegante camisa que le hacía falta a Draco. Definitivamente aquí nadie se estaba aprovechando de nadie. Sólo eran dos personas maduras, increíblemente opuestas, pero que simplemente tenían una relación adulta y sin coacciones.
– Escúchame Harry, deberías sentarte a… bueno intentar conversar con él, pero no de esta forma – trató de acercarse hacia él, pero Harry estaba tan ofuscado que inmediatamente retrocedió y levantó la varita. Murmullos en el recibidor cundieron de pronto.
– Sr. Weasley, será mejor que se haga a un lado. Puede salir lastimado y no deseo eso para nada.
Arthur Weasley vio la determinación de Harry en el rostro. Sabía que no podía pararlo. Pero tampoco sería justo en permitir que sus hijos intervinieran. Con rapidez, extrajo de la túnica la varita y dirigiéndose hacia sus hijos exclamó:
– ¡EXPELLIARMUS!
Las varitas de Fred y George, agarrados de sorpresa por su padre, salieron disparadas y terminaron lejos de ellos. Arthur inmediatamente corrió hacia allá y tomó las dos varitas entre sus manos.
– ¡Pero padre! – gritaron al unísono.
– Esta disputa es únicamente entre Harry y Malfoy. Ustedes no deben intervenir – Arthur caminó nuevamente hacia donde se encontraba su esposa.
– Recoge tu varita, Malfoy. No soy como tú que ataca a traición. Te doy la oportunidad de defenderte.
Draco con absoluta sangre fría y racionalizando la situación, se movió lento pero con movimientos firmes hacia el saco sobre el verde sofá. Dio la espalda a Harry y con parsimonia tomó la varita. Su mente estaba trabajando a mil por hora, calculando sus siguientes movimientos. Antes de voltear nuevamente, con el rabillo divisó a una atónita Hermione aún en la pared opuesta. Exhaló dispuesto a seguir su destino.
– Tanto te afecta darte cuenta que siempre estarás por debajo de mí, Potter – le dedicó una sonrisa mordaz. Ahora le tocaba a él sentirse victorioso – duele tanto darte cuenta que ella ahora es mía y que optó por el mejor en lugar del eterno perdedor.
– El único objetivo en tu vida es anhelar a ser como yo y tener lo que tengo, Malfoy. Eres un imbécil que sólo quieres molestarme – Harry apenas podía contener la furia dentro suyo.
– Para qué desearía ser un fenómeno andante. ¿Crees que me gustaría ser el bicho de circo y que todos pululen a mí alrededor para admirar mi cabeza rajada? – Draco empuño la varita con fuerza.
Hermione estaba en un estado tal que parecía narcotizada. Tenía a ambos frente a ella pero no atinaba a reaccionar. Solo estaba parada allí, con los brazos enlazados a su cuerpo, tratando de cubrirse lo más que podía con la camisa de Draco, aún envuelta en su fragancia, ese aroma varonil, mezcla de madera, roble y esencia de dragón que la había acompañado desde mucho antes. Desde sus tardes en la oficina, desde su viaje a París, desde sus recuerdos. Todavía tenía los labios húmedos e inflamados producto del roce y pequeños mordiscos del beso anterior y aquella piedra extraña, firmemente aprisionada entre sus dedos. Y preguntas dando vueltas en su cabeza:
¿Por qué deben ser así las cosas?
¿Qué puedo hacer para cambiarlas?
¡Qué puedo hacer…!
– Es ahora entonces, Malfoy, al fin tendremos esta pelea. Te arrepentirás de haber puesto tus manos en ella.
– Cuando quieras, Potter. Ella ahora es mi mujer y nada cambiará eso. Es hora de que entiendas que siempre serás el perdedor.
Fred avanzó dispuesto a apoyar a Harry. No tenía con qué atacar, solo asegurarse que todo fuera justo, después de todo, se trataba de Malfoy- Pero al acercarse, golpeó una de las mesitas junto al recibidor y accidentalmente tiró un jarrón con flores.
¡CRASH!
El estrépito de la porcelana contra el pulcro piso, fue como un detonador.
Draco apuntó con la varita inmediatamente. Harry se hizo a un lado con agilidad y el maleficio de Draco apenas le pasó rozando e hizo pedazos el reloj que había en la pared posterior. Con destreza se lanzó hacia un lado, agitó la varita, pero Draco bloqueó el embrujo y se preparó para nuevamente atacar.
-¡BASTA! – Gritó Hermione espantada saliendo del trance. No podía dejar de mirar a lo dos. Ambos tenían el rostro transformado por la furia y el rencor acumulado. Pero parecieron no escucharla. Volvió a quedarse quieta con mil pensamientos en su mente.
¿Por qué debían odiarse tanto?
Ya no eran niños y deberían haber dejado sus diferencias atrás.
Si tan solo no hubiese muerte Ginny… Harry no habría tenido que fijarse en ella…
Y si Draco hubiese entendido, no ahora, si no antes, que en lo que creía no era lo correcto… tal vez sería distinto…
Si tan solo pudiera cambiar lo de antes
¿Cómo quisiera poder arreglarlo todo…? Podría prevenir a Ginny, tratar de que Harry no se acerque a ella hasta que haya vencido a Voldermort... así estaría segura… y si pudiera, tan solo ayudar a Draco a no sentirse tan solo, tal vez las cosas no sucederían de este modo…
Hubo una fuerte detonación y la repisa detrás de Harry estalló en miles de trozos y una nube de polvillo fino de madera opacó aún más el ambiente. Los Weasley cubiertos tras los muebles empezaron a toser incontrolables. Harry intentó nuevamente echar una maldición, que rebotó en la pared detrás de la oreja de Draco y destrozó el televisor de plasma de Hermione, quien volvió a gritar asustada. El ambiente todavía seguía lleno de polvillo y salían chispas y humo fino del televisor que se mezclaban por todas partes. Fue en ese instante que Hermione avanzó decidida. Aún sin su varita, debía parar aquella locura.
– ¡BASTA! – gritó nuevamente, con las manos estiradas tratado de llegar hacia ellos.
¿Por qué deben ser así las cosas?
¿Qué puedo hacer para cambiarlas?
¡Qué puedo hacer…!
Pero fue demasiado tarde
– ¡¡Sectusempra!! – bramó Draco
– ¡¡Impedimenta!! – Harry gritó al unísono.
Llegó justo en el instante en que de ambas varitas salían los respectivos chorros de luz. Ambos corrientes se encontraron en el aire y colisionaron, pero describieron juntas una incomprensible curva atraídas inexplicablemente por algo en su mano. Una luz dorada, brillante e intensa, absorbió los dos rayos y en una explosión que sonó como una bala de cañón arrojó a todos los demás hacia atrás.
Toda la habitación en penumbra cambió y ahora estaba bañada en luz dorada. Y de repente cambió nuevamente. Miles de tonos multicolores llenaban el lugar y una especie de zumbido sordo taladraba los oídos de Hermione.
Ella no podía enfocar bien a los demás, por el humo denso que se había formado, las miles de luces, la sensación extraña de estar desvaneciéndose, y la constante quemazón, que iba en aumento, en su mano derecha. Entornó los ojos para divisar lo que lastimaba su mano y sólo pudo ver un torrente de colores que salían como cohetes multicolores de ella y que iban subiendo por su brazo y por el resto de su cuerpo provocándole una sensación fría y vacía en la piel.
– La piedra…
Pero lo que realmente la aterró fue la idea de no saber que había pasado con ellos. Si alguno estaría herido… No veía donde estaban… o si se encontraban…muertos. Una vez más, aquel pensamiento volvió a su mente:
¿Por qué deben ser así las cosas?
¿Qué puedo hacer para cambiarlas?
¡Qué puedo hacer…!
Fue el último pensamiento de Hermione. Instantes después caía en un vértigo de colores y destellos. Aquel zumbido había aumentado tanto que terminó por hacerle perder el conocimiento.
oooooooooOOOOOOooooooooo
Minutos, tal vez horas habían pasado; no podía decirlo con seguridad. Aún tenía el extraño zumbido dentro de su cabeza, aunque ya casi se había disipado. Definitivamente debió haberse desmayado.
– Miren… creo que está despertando…
Hermione sentía la superficie fría y dura bajo su cuerpo pero no abrió los ojos aún. Seguía algo aturdida. Tal vez esa era la razón por la que no reconoció la voz.
– ¿Estará bien señor… no deberíamos llevarla a la enfermería? – otra voz flotó en el ambiente.
– A los Gryffindors les encanta ser el centro de atención... ¿alguno más por desmayarse de la nada?
Aquella voz entró perfecta por sus oídos. Aunque no tan grave como la usual. Y llegó hacia ella el aroma a esencia de Dragón. En definitiva, se trataba de él. No estaba herido….¡No estaba herido!
Se incorporó como pudo, parpadeó tratando de enfocar, aún cegada por el resplandor de la pelea anterior y habló con emoción:
– ¿Te encuentras bien, Draco?
Inmediatamente terminó de hablar, Hermione supo que algo raro estaba sucediendo allí mismo. Un silencio sepulcral llenó el ambiente y de pronto murmullos y risitas cómplices volvieron a llenar aquel lugar.
– Hermione que te sucede… ¿te golpeaste la cabeza al caer?
La voz de Ron Weasley ahora sí llegó nítida hacia ella. Hermione abrió los ojos completamente y miró alrededor. Antes de volver a caer en la inconciencia nuevamente, pudo divisar a Draco Malfoy y su tan conocida pose arrogante y la mueca de desprecio dirigida a ella. Pero con una diferencia; era diez años menor y estaba vestido con el uniforme de Slytherin.
ooooooooooooOOOOOOOooooooooo
Cuando despertó horas más tarde en la enfermería de su antiguo colegio, Hermione estaba a punto del colapso. Infructuosamente trataba de hacerle entender a señora Pomfrey, que había viajado en el tiempo y que no debía estar allí, y que necesitaba ver a sus amigos, al profesor Dumbledore, a Draco Malfoy. Ella sólo se limitaba a pasarle un paño embebido con poción relajante por la cabellera para lograr que los vapores la tranquilizaran. Porque obviamente aquella chica había sufrido una severa contusión y no sabía lo que decía. Ella pidiendo hablar con su rival de años. En definitiva, la joven debía descansar.
Por ese motivo, cuando el profesor Dumbledore ingresó a la enfermería, la señora Pomfrey intentó por todos los medios hacerla dormir con una poción, pero no contaba con la tenacidad de Hermione que al escuchar la voz de Dumbledore, gritó tan fuerte que la enfermera tuvo que dar su autorización para que ella pudiera recibir la visita del director a esa hora.
– Profesor Dumbledore – Hermione intentó levantarse de la cama, pero éste lo impidió con un ademán de mano – profesor yo…
Y aunque le habían prohibido levantarse, de un brinco, salió de la cama y se abrazó al Director.
– Profesor Dumbledore… estoy tan feliz de verlo nuevamente – Hermione apenas podía contener la emoción de tenerlo frente a ella… vivo de nuevo.
– Srta. Granger – la tomó suavemente de los hombros y la alejó un poco para observarla – el cariño es mutuo, pero sólo hace unos días que me saludó muy calmada en el Gran Salón.
Hermione empezó a hablar atropelladamente. De la pelea de Harry y Draco, de la piedra extraña, de los colores multicolores y el extraño zumbido… que venía del futuro….
– Profesor Dumbledore… yo ya viví todo esto… yo vengo de casi doce años en el futuro…. Yo… yo he viajado en el tiempo para llegar aquí….
– Me temo que todos los giratiempos quedaron destruidos el año pasado, cuando incursionaron, valientemente, debo acotar, en el Ministerio de Magia. Por consiguiente, los viajes en el tiempo, ahora son imposibles, Srta. Granger.
Hermione intentó contarle a Dumbledore, como habían resultado las cosas en el futuro, pero Dumbledore inflexible le impidió hacerlo.
– Debo recordarle, como hice en una oportunidad cuando usted solicitó el giratiempo para uso escolar en su tercer año, que conocer el futuro suele traer demasiadas complicaciones. Por lo que no es recomendable.
– Pero profesor…. Tengo que volver a mi casa…. Necesito viajar en el tiempo nuevamente…
– Como vuelvo a mencionar, los viajes en el tiempo son imposibles ahora.
– Pero estoy aquí… – refutó Hermione.
– Srta. Granger… usted dice que ha viajado en el tiempo, calculo que, aproximadamente cuando tenía 27 o 28 años. ¿Es esta su imagen a esa edad? – apareció un espejo cuadrado frente a ella. Además debo indicarle que sus amigos me informaron que usted se encontraba haciendo una poción en su clase cuando sufrió un desmayo repentino. Después de eso la trajeron a la enfermería.
Hermione se observó atónita. Estaba vestida con el uniforme de Hogwarts, su cabello alborotado amarrado en una coleta, su rostro mas redondeado, más suave. Su cuerpo distinto… como cuando tenía 16.
– ¡Oh no..!... No entiendo…
– Si los viajes en el tiempo, ahora son imposibles por la destrucción total de los giratiempos, el simple hecho de que frente a mí tengo a la misma Srta. Granger y no haya otra en todo el colegio, concluye finalmente que, es insostenible que haya ocurrido tal suceso.
– No puede ser… yo he venido del futuro…
– Tengo algunas ideas respecto a este perturbador acontecimiento que ha ocurrido, Srta. Granger – jaló una silla y se sentó junto a la cama donde Hermione volvió a sentarse como atontada – Llegamos a la conclusión que, su experiencia no es un viaje en el tiempo, porque como usted misma ha experimentado anteriormente, la persona regresa a su pasado, pero como un visitante, como un observador, por lo que incluso puede verse así mismo e incluso cambiar su pasado y causar graves trastornos si llegaran a encontrarse frente a frente. Pero en su caso – Dumbledore cruzó las manos sobre el regazo y miró a Hermione con detenimiento – ha ocurrido un suceso por demás extraño. No tengo conocimiento de nada similar y no tengo el poder ni los conocimientos para revertirlo.
– Entonces… ¿que sucedió... que es?
– Un cambio de Realidad.
– ¿Cómo dice?... – Hermione intentó bajarse de la cama, pero Dumbledore se lo impidió.
– La concepción de La Realidad, bien… es un concepto aun no estudiado ni muy conocido, debo mencionar. Tiene que ver con el espacio y tiempo. Sostengo que en el tiempo, hay múltiples realidades coexistiendo, como si fueran mundos paralelos. La que conocemos como nuestra vida y las análogas a ella. Debe suponer que usted, señorita Granger, ha abandonado su realidad y retrocedido a un punto de su vida pasada, no como un observador, si no como un participante.
– No me es del todo claro profesor…
– Veamos, cuando utilizó el giratiempo, en su tercer año, usted regresó a un punto en su pasado e incluso pudo verse, obviamente sin ser vista por la Hermione Granger del pasado, y logró hacer que el hipogrifo de Hagrid no fuese decapitado, pero no alteró ni modificó ninguna de sus acciones pasadas, ya que podría correr el riesgo de alterar el futuro de donde usted vino. Cuando volvió a utilizar el giratiempo para volver, salió del pasado físicamente y regresó al mismo lugar de donde partió. Es correcto – preguntó.
– Si, lo es profesor
– Bueno, esta suposición de las realidades múltiples es enteramente mía, aunque debo ser honesto al decir que mis suposiciones son normalmente buenas, por lo que voy a tratar de exponerlo de la manera más entendible. Imaginemos que usted, hace 6 años atrás, no tomó en cuenta su carta de invitación a nuestro colegio y fue a un colegio muggle normal…
– Pero eso no puede haber ocurrido, porque si no yo no estuviera aquí conversando con usted.
– Una aseveración muy inteligente de su parte señorita Granger, para esta realidad, debo agregar. Porque para que usted, esté aquí conmigo, debió tomar la decisión de abrir esa carta y venir a Hogwarts.
Pero que pensaría si le dijera que existe otra realidad donde vive una Hermione Granger que, estudia en un colegio muggle en Londres y es una estudiante común tratando de ocultar su poder mágico.
– Eso no es posible…
– Es lo que cualquier persona sensata diría. No quiero ahondar en mis suposiciones tediosas sobre el tiempo-espacio-realidad, pero su presencia aquí ha terminado por afirmar mis ideas. Las realidades o las distintas posibilidades de la vida, existen al mismo tiempo y sin embargo nunca se han mezclado, o al menos hasta ahora.
- Pero profesor…
– Y en esa realidad donde usted estudia en un colegio muggle, hay otra realidad, para Hogwarts donde usted no existe y las cosas, obviamente pueden ser algo parecidas, digamos para el señor Potter y el señor Weasley, aunque supongo que diferentes a las que usted conoce. Creo que a lo largo de la historia hay puntos específicos de donde pueden formarse nuevas y distintas realidades que coexistirán sin que jamás sepan de su existencia. Siguiendo con el ejemplo anterior, puede que usted haya escogido venir a Hogwarts, pero que al elegir su lealtad con sus amigos, haya decidido que su seguridad era primero y no coparticiparía de las aventuras de ambos y se crearía una nueva realidad donde el Sr. Potter y el Sr. Weasley hubieran tenido, no las mismas, pero similares aventuras, obviamente sin usted. Y las dos realidades coexistirían juntas. Una donde son un trío de amigos verdaderos y otra donde sólo es un dueto. Ahora bien, lo que usted ha experimentando, y me ha tratado de explicar muy convincentemente, no es un viaje en el tiempo en sí, porque si fuese el caso, estaría con dos Hermione Granger frente a mí, una la de este tiempo y otra la que vino del futuro. En cambio tengo frente a mí a una sola, que conoce su futuro, pero que realmente es sólo su realidad.
– Quiere decir que cualquier hecho que haga aquí puede alterar mi futuro.
– Su futuro, como usted lo conoce, es una de las tantas realidades que pueden ocurrir a partir de ahora. Puede que usted haga las mismas cosas que hizo y tome las mismas determinaciones y puede que ese futuro continúe si no intacto, pues muy similar a como lo tiene en la mente, pero puede darse el hecho que cambie algo, que actué distinto y la realidad de donde vino desaparezca y de paso a una nueva futura realidad para usted, pero que será la continuación de nuestra vida normal para las personas que convivimos con usted.
– Entonces no podré volver a esa realidad –Hermione habló con voz trémula.
– Me temo que no conozco hechizo o instrumento mágico que pueda hacerlo. Al menos la piedra que la trajo hasta aquí, ya no existe como mencionó. Si intentamos regresarla a su realidad con una especie de giratiempo, tendríamos que sacarla físicamente de este tiempo. Creo que sus amigos no descansarían hasta encontrarla y cambiaría toda la historia como usted la conoce. Sin contar en que usted llegaría a una realidad donde usted no estuvo por años y de pronto aparecería nuevamente.
– Es un poco confuso… tengo un poco de dolor de cabeza. Estamos hablando de que todo lo que he vivido nunca ocurra y de tener que vivir otra vez mi propia vida.
– Asumo que es algo desconcertante entender que su vida como la conoció puede cambiar totalmente. O incluso desaparecer. Podría tratar de hacer las mismas elecciones para que sea algo similar a como lo recuerda o por lo menos no muy distinto.
– Odio esta situación…
– Algunas personas darían lo que fuera por tener una segunda oportunidad en la vida, señorita Granger, Piénselo un poco. Ah, y como le sugerí, desearía no enterarme de nada. La sugestión sobre lo que puede ocurrir, suele acarrear más problemas que bendiciones.
– Pero profesor… necesito decirle algo importante que ocurrirá…. – volvió a pensar en lo que sucedería con él en la torre de astronomía…
– Agradezco su preocupación, pero como le mencioné, es mejor que las cosas continúen su curso. – Se levantó y empezó a alejarse. Antes de cerrar la puerta de la enfermería habló: – Si la vida le ha dado una nueva oportunidad, medite el porqué. Luego, sería mejor que descansara para que mañana pueda ser visitada por sus amigos y en unos días, para regresar a sus clases habituales.
Y en la mente de Hermione de pronto se formó la imagen de Ron y de Ginny y su corazón empezó a latir desbocado.
– Oh Dios mío…
Se incorporó de pronto, como impulsada por un resorte, apenas conteniendo las ganas de llorar de felicidad. Mañana temprano correría a abrazar a sus amigos después de muchos años. Tal pensamiento hizo que se sumiera en un sueño por demás agitado.
ooooooooOOOOOOoooooooooo
Poco le faltó a Hermione, al día siguiente, para ponerse a llorar sobre el hombro de Ron y de Ginny. Cuando Ginny, Harry y Ron fueron a recogerla a la enfermería, ella saltó sobre la cama y se abalanzó sobre Ginny y la abrazó tan fuerte que la pelirroja creyó que Hermione había sufrido una contusión grave y estaba delirando. Ron por su parte, tuvo las manos a un lado, sin atreverse a abrazar a Hermione y tratando de esconder el color rojo de sus orejas con el cabello, luchando en vano por obtener aire, pese al abrazo asfixiante de ella.
Harry estaba desconcertado igual que los Ginny y Ron, pero sorprendido de que Hermione no hubiese hecho lo mismo con él. La observó y vio que ella desviaba la mirada cada vez que él quería hacer contacto ocular.
– ¿Qué es lo que te ocurre, Hermione? – Finalmente Harry se plantó delante de ella e hizo que lo mirara – ¿hice algo malo? No entiendo porqué me miras con el rabillo del ojo…
Hermione exhaló rendida. Ese Harry no tenía ni idea de que ella tenía ganas de matar al otro Harry, al necio adulto, por lo que había ocasionado en su vida. En cambio Harry, el que tenía frente a ella, era su mejor amigo y que en ese momento estaba aterrado con la posibilidad de haberle causado algo. En definitiva, sería una tonta si se dejaba llevar por sus confundidos sentimientos.
– Prométeme que nunca harás algo tonto, Harry… por favor promételo.
– Claro… – Harry le dedicó una mirada cómplice a Ron, porque en definitiva, Hermione aún estaba presa de su concusión cerebral y decía cosas extrañas – nunca las haré… – terminó de pronto, porque ella también se lanzó hacia él desapareciéndolo dentro de su abundante melena alborotada.
Los siguientes días para Hermione, fueron como un sueño. Se sentaba por horas en los ratos libres de sus amigos y hablaban y hablaban hasta que ellos abandonaban la enfermería exhaustos. El resto del tiempo, ella iba ideando la manera de acercarse a Draco. Había pensado muy bien lo que le había dicho Dumbledore: una segunda oportunidad. Quizá esa era la respuesta a sus plegarias.
¿Por qué deben ser así las cosas? … No deben resultar así necesariamente…
¿Qué puedo hacer para cambiarlas?... En eso estoy…
¡Qué puedo hacer…! …. Debo prevenir a Harry…. Debo hacer que aleje a Ginny para mantenerla a salvo… Debo hacer que Ron no continúe enamorado de mí… (menuda tarea…) y hacer más llevadera la transición de Draco.
Porque sabía bien que no podía hacer nada para salvar a Draco. No sin cambiarlo. El necesitaba pasar por todo aquello para transformarse en el ser humano del que ella se había enamorado. Sólo que no debía sentirse tan sólo cuando enfrentara todas aquellas pruebas que estaban por venir. Ella no debía cambiar las cosas tan diametralmente. Draco necesitaba, por él mismo, darse cuenta que, lo que aspiraba a ser, en lo que creía como verdad ciega, no eran más que patrañas y que sólo buscaban destruir, a cualquiera, incluso a lo que él más amaba. Su familia. Él era ahora, sólo un adolescente confundido, buscando la atención de la manera equivocada. Ella era conciente que no debía evitar lo que él estaba tramando contra Voldemort. Dumbledore se lo había prohibido y ella cumpliría. Aunque le costara mucho, lo haría.
Acomodó la almohada y recostó su cabeza en ella. Debía descansar. Mañana saldría de la enfermería y aún debía hacer unas cuantas cosas según el plan. Dentro unos días sería la fiesta de navidad de Slughorn y ella debía invitar al detestable de Cormac McLaggen y volver a pasar por aquella horrible fiesta.
oooooooooooOOOOOOOOoooooooooo
Hermione bajaba contenta hacia la clase de Transformaciones, según recordaba ese día empezarían con la transformación humana frente a espejos. Cambiarían el color de sus cejas. Obviamente nada podría salirle mal, ya que a lo largo de todos los años había logrado mejorar su técnica de transformarse. Aunque una sensación incómoda, casi como una punzada la tenía intranquila. Sabía que vería a Malfoy ese día, pues las clases eran conjuntas, y no sabía como iba a reaccionar al verlo otra vez. Tenía la certeza que debía comportarse fríamente, como siempre lo hizo con él, pero la incertidumbre de sus sentimientos la ponía nerviosa. Y si sumaba el hecho a que también recordaba haber llorado en aquella ocasión por maliciosa imitación que había hecho Ron.
Cuando dobló hacia el pasillo donde estaba el aula inmediatamente barrió con la mirada a los estudiantes. Ahí estaba él, recostado junto a la puerta, apoyando un pie en el muro de piedra y jugando con una pluma. Su rostro definitivamente estaba más pálido de lo habitual. Hermione disminuyó el paso y se dedicó a observarlo. El cabello le ocultaba en algo sus ojos, aunque podía divisar las ojeras que tenía. Su nariz recta, su mandíbula angulosa, aunque aparentemente sin la sombra de la barba que ella había logrado acariciar días antes en su cama. Sus labios mordisqueaban la pluma maquinalmente, como si sus pensamientos estuvieran en otro lugar.
Hermione caminó hacia él sin cuestionarse. Sentía el deseo de lanzarse hacia él y abrazarlo. De enterrar su rostro en su tibio cuello, de llenarle de besos cortos, de aspirar su esencia. Deseaba tanto acariciarle el cabello y susurrarle al oído que ella estaría con él, a pesar de todo, que jamás volvería a sentirse solo de nuevo. Pero su razón negó cada uno de aquellos actos inconcebibles para la Hermione de esa realidad. No podía hacer nada. Caminó despacio hacia la puerta y se detuvo.
– Hola Malfoy, la clase va empezar, ¿entras
Y entró presurosa al ver el desconcierto que Draco tenía en el rostro al levantarlo. Se sentó junto a Harry y no levantó la vista del pupitre. Con el rabillo del ojo lo vio entrar y situarse justo frente a ella. No necesitaba levantar la vista para saber que él la estaba observando, aunque no pudo adivinar que pasaba por aquella mente.
La profesora McGonagall apareció unos espejos en las paredes y desapareció las mesas del aula. Todos trabajaban en forma circular frente a sus respectivos espejos. Hermione disimuladamente cambió de lugar con Harry para que su espejo quedara justo frente al de Draco. Desde allí podía verlo con claridad. Obviamente Harry creyó que ella trataba de alejarse de Ron y Lavender. Empezaron a practicar cambiando sus cejas de color y ella lo logró en el primer intento, con lo que tuvo tiempo de atisbar lo que hacía Draco, pero Lavender al tratar infructuosamente de llamar la atención de Ron con jueguitos y empujones había hecho que Ron fuera alejando a Harry y a ella y ahora se encontraba frente a otro espejo donde no podía ver a Draco.
Enfurecida rió con crueldad ante el intento de Ron y su espectacular bigote en forma de manillar. Inmediatamente él empezó a dar saltitos en una acertada y maliciosa imitación de ella misma. Las risas de Lavender y Parvati hicieron que sus mejillas ardieran, pero eso no le afectó, era una mujer adulta para echarse a llorar por una niñería de esas. Sólo cuando giró el rostro y vio a Draco señalándola abiertamente, y burlándose de ella, con aquella mueca sarcástica deformando su rostro, no aguantó más. Acabó al borde de las lágrimas y, apenas sonó el timbre, salió corriendo del aula, dejando la mitad de sus cosas en el pupitre. Como era de esperarse, Harry recogió todo y la siguió.
En el baño de chicas, Hermione lloró sin poder aguantar. Definitivamente las hormonas adolescentes le estaban jugando una mala pasada. Las lágrimas salían si poder contenerlas. No sólo por la burla de Draco que le había dolido como un cuchillo clavado sin miramientos, por encontrarse allí, por que Draco aún era un estúpido arrogante y presuntuoso, por tener que fingir, por que Draco la odiaba, por tener que pasar todo aquello de nuevo. Tuvo que mentirle a Luna diciéndole que estaba así por Ron, tal y como ella lo recordaba. Salió y cogió los libros que Harry le había llevado y se retiró a la sala común. Debía calmarse, tenía que invitar a Cormac, según lo que había sucedido antes.
Mientras avanzaba hacia la sala común, recordó de pronto que Draco estaría allí, en la fiesta de Slughorn. No es que fuera invitado, había intentado ir a la sala de los menesteres y había sido pillado por Filch. Tuvo que mentir y terminó de una oreja en la fiesta. Tal vez había una ocasión de hablar a solas con él… Este pensamiento le compuso el rostro y tarareando una canción muggle caminó hacia su habitación.
Salió del baño y contempló su vestido. No era revelador, dada su edad, ni de alta costura, pero era de un hermoso color azul que contrastaba maravillosamente con su cabello castaño. Con un giro de varita lo entalló un poco. Quería verse espectacular esa noche. Aumentó el escote ligeramente, dejando bastante piel al descubierto, sin caer en lo vulgar. De pronto sintió una punzada de tristeza al recordar el collar que Draco le había regalado y que podría estar luciendo. Se acomodó el cabello en un pequeño moño, dejando algunos rizos sueltos, se calzó los tacones, se aplicó perfume de azucenas y con el mejor ánimo se dirigió hacia el vestíbulo.
Tuvo que tragar saliva y armarse de paciencia las dos horas que estuvo con Cormac. Creyó incluso que los recuerdos de esa noche estaban algo exagerados en ella, pero al volverlo a vivir, confirmó que esa noche, fue literalmente horrible. Cormac la había llevado con disimulo bajo el muérdago y tratado infructuosamente de besarla. Se había defendido como pudo del abrazo pulpuso del jugador, y por poco y no lo logra. Temió por un instante que el escote de su vestido fuera demasiado revelador y el causante de todo aquello. Ahora estaba escondida de él, esperando que fuera la hora apropiada para su plan.
– ¡Hermione!, ¡Hermione!
– ¡Harry!, ¡Por fin te encuentro¡ ¡Hola Luna!
– ¿Qué te ha pasado? – preguntó Harry, porque la veía muy despeinada, como si acabara de salir de un matorral del lazo del diablo.
– Verás, es que acabo de escaparme…. Bueno acabo de dejar a Cormac –se corrigió– . Debajo del muérdago – precisó, pues Harry seguía mirándola sin comprender.
Continuaron su conversación hasta ella vio con horror que Cormac McLaggen venía hacia ellos. Se esfumó deprisa para evitar que éste la encontrara. Salió por la puerta posterior del despacho sin que nadie lo notara.
– Bien, ya casi darán las diez. Draco debe estar en este instante camino al séptimo piso.
Caminó resuelta a cambiar ligeramente la realidad.
ooooooooOOOOOOOooooooo
– ¿Buscas algo, Malfoy?
Draco dio un respingo y apretó la varita veloz. La voz había salido de un recodo en el pasillo.
Mierda, quien puede ser a esta hora – Agudizó el oído.
– Soy Hermione Granger– avanzó unos cuantos pasos para que viera quien era – y no pienso atacarte. Baja la varita, por favor…
Ahí estaba otra vez esa modulación en su voz. Extraña. Como si le hablara a otra persona y no a él.
– Deja de sorprender a la gente y así evita que te puedan agujerear el… ¿el vestido?
Hermione había avanzado un par de pasos más y ahora estaba bajo una de las antorchas que iluminaban el pasillo. Aún con el cabello alborotado, se veía hermosa. Su vestido azul al moverse despedía pequeños reflejos plateados. Sus caderas ceñidas y el busto definido bajo la tela hicieron que Draco se quedara momentáneamente aturdido. Jamás había visto a Granger con ese tipo de ropa. Jamás hubiera imaginado que ella había madurado tanto….
– Salí a tomar aire. La fiesta de Slughorn está algo pesada. ¿Tú ibas para allá? – Hermione volvió a preguntar.
– No tengo porque dar explicaciones de lo que haga, Granger.
Dio media vuelta para continuar.
– Yo que tú, no iría por ese camino. Escuché a la señora Norris maullar por allá, por lo que supongo que Filch no anda muy lejos.
Draco maldijo por lo bajo. Debía estar en cama después de las 9.00 y a pesar de ser prefecto, Dumbledore había ordenado bien claro que nadie estuviera fuera de los pasillos. Sólo los invitados a la fiesta tenían el permiso.
– Necesitaba caminar un poco. ¿Me acompañas?
Cómo autómata dio la vuelta y la observó:
– ¿Te has vuelto completamente loca, Granger?. Jamás caminaría al lado tuyo – hizo una mueca de incredulidad.
– Te he observado últimamente – ignoró el agravio – estás más pálido de lo habitual. ¿Tienes problemas, Malfoy?, ¿Puedo ayudar?
Draco se acercó un poco, aún confuso.
– Número uno: A nadie le interesa sin tengo problemas. Número dos: Así los tuviese, primero me pegaría un tiro antes de acudir a uno de tu clase y número tres: Deja de observar lo que está fuera de tu alcance.
Hermione carraspeó incómoda, pero continuó decidida.
– Sólo estoy intentado hacer notar que estás cambiado. No haces tus deberes, peleas con tus amigos, estás ojeroso y desencajado… no hay que ser adivino para saber que algo te sucede…
– Si lo que intentas es vigilarme, como lo está haciendo el imbécil de Potter, pierdes el tiempo, Granger… ¿O te han mandado a que lo hagas?– preguntó de repente nervioso.
– Nadie me ha mandado a hacer nada. Además, para que tendría que vigilarte, ¿estás haciendo algo indebido? – Hermione le miró aparentando ingenuidad – Yo sólo quería caminar un rato, nada más...
Inmediatamente Draco salto asombrado… ¿y si ella sospechaba algo?… si es que arruinaba sus planes… él lo mataría…y mataría a sus padres… No podía arriesgarse. Necesitaba estar seguro cuanto sabía ella.
– También estaba tomando algo de aire… – masculló – y ya que no puedo librarme de ti, como es obvio, iremos en la misma dirección. Nada más.
Hermione asintió y no pudo ocultar el brillo en sus ojos ni la pequeña sonrisa en sus labios.
Draco una vez más desvió la vista desconcertado por el comportamiento de aquella muchacha.
Caminaron en silencio hasta llegar a un gran ventanal en la torre del séptimo piso. La luna llena iluminaba los pasillos escasamente iluminados con las antorchas.
– Siempre me ha serenado contemplar el firmamento y a la luna cuando tengo demasiadas cosas en el alma que no puedo confesar – Hermione se detuvo frente a la gran ventana abierta– Es casi como un bálsamo para la angustia…
– Seguro – Draco hizo una mueca – y luego pequeños duendes tocarán cítaras y hadas danzaran a tu alrededor para llevarse tus tristezas ¿no Granger?
Hermione ignoró el comentario y continuó
– El contemplar la inmensidad de las estrellas te hace pensar que tus problemas son tan pequeños en comparación, que te permite escapar de ellos por un instante y sentirte mejor. ¿Por que no lo intentas?
– Estás demente si piensas que voy a detenerme a contemplar estrellitas…
– ¡Rayos Dra… Malfoy! – se corrigió de inmediato – Porqué no solamente lo intentas y ya. Después puedes largarte si quieres. No tienes nada que perder.
Hermione subió a la cornisa interior de la gran ventana. Y aunque se le dificultó porque no podía manejarse bien con aquel vestido largo Draco no hizo el mínimo intento por ayudarla. Se sentó de lado y contempló el firmamento.
Por largos minutos Draco la ignoró. Observaba las columnas del pasadizo, el salitre en los muros, pequeños insectos que pululaban por los esquinas Pero a pesar de todo, no se iba. Debía ser honesto consigo y aceptar que estaba intrigado por aquella chica y su insólito comportamiento de esos días.
Toda su vida la había odiado, desde el momento que se enteró que era una sangresucia. Porque así debía ser, según sus padres. Caminó al muro frente a la ventana, se apoyó en él y cerró los ojos tratando de recordar.
Cierto, la había odiado desde que supo que era una sangre sucia, aunque no fue siempre así. Cuando la vio en el pasillo del expreso de Hogwarts, el primer año, luchando por subir su baúl al portaequipajes no le había parecido una impura ni alguien a quien detestar. Obviamente debido a que tenía la túnica negra sin ningún color de las casas todavía. Ese fue el único momento en que no la odio. Le había parecido una chica agradable e incluso pensó en presentarse. Cabía la posibilidad de que fuera una bruja extranjera, ya que el conocía a la mayoría de los hijos de la magos puros de la ciudad. Tal vez ella no recordaba que él entró y le ayudó a empujar el baúl ni que ella le dedicó una sonrisa de agradecimiento. Recordó que tenia los dientes incisivos grandes – aunque creo que ya no es así – cayó en la cuenta de pronto. Había cambiado en este tiempo.
Realmente ha cambiado mucho…
Con el rabillo del ojo la observó disimulado. Ella estaba de lado, absorta en sus pensamientos, mirando hacia la brillante luna. Estaba sentada sobre la cornisa interior, con la cabeza apoyada sobre el muro y los brazos abrazando sus largas piernas. El vestido largo que caía desordenado por la pared y su melena castaña despeinada le conferían un aire algo distinto a lo usual. No parecía la chica mandona y sabelotodo de siempre.
– ¿Pasaste por alguna pelea antes de venir? – Soltó de pronto.
Hermione giró el rostro sorprendida.
– ¿Eh?
Draco se limitó a señalarle desde su posición su cabello despeinado.
– Ah eso... Es una historia complicada – suspiró y volvió a girar el rostro hacia el firmamento mientras deshacía el moño y liberaba su cabellera. No tenía ganas de hablar sobre Cormac y sus odiosos avances bajo el muérdago.
– Creí que era la última moda entre los de tu clase – arguyó burlón.
– Vas a continuar con esa estupidez de la clase, Malfoy – giró irritada – No te has puesto a pensar, tú; por un momento, sin que influya dentro de ti lo que te han enseñado, sólo lo que sientes y piensas sobre el asunto.
– Por supuesto que sí. Acaso crees que soy un pelele.
Hermione lo ignoró y continuó
– Siempre habrá personas mejores y peores en el mundo, eso es un hecho consumado. Pero eso no lo determina su raza, sexo o condición, mucho menos la sangre o sus antepasados. Lo determinan sus habilidades, la voluntad para superarse y ser mejores cada día. Su valentía para enfrentar sus miedos o para reconocer que no son demasiado fuertes y pedir ayuda por ello. El valor de una persona no corre por sus venas; la bajeza, la maldad, la opresión, el chantaje son los que le restan su valor. Nuestros antepasados no nos convierten en seres superiores o inferiores al resto. Nuestros actos o elecciones nos definen.
– No sabes de lo que hablas. Tú sólo eres una sangre suc–
– Según tú lo soy – interrumpió Hermione. – Soy una orgullosa hija de muggles. Que está rodeada de amigos que darían la vida por mí sin pensar. Que están a mi lado sin condiciones y que desean mi bienestar. Que jamás me harían daño… a mí ni a mi familia – pronunció con cuidado. – Entiendo que creciste entre aquella idea de superioridad. Creyéndote mejor que otros sólo por tu pasado. Pero realmente, Malfoy, esas personas que crees lo mejor del mundo ¿hacen lo mismo, que mis amigos hacen por mí?. Ellos jamás te lastimarían… ¿Verdad?
Draco se acercó a grandes pasos hacia ella, con la furia en el rostro.
– ¡Cierra tu sucia boca, Granger! – furibundo le dedicó una mirada de odio. Sus palabras habían logrado revolverle el estómago y hacerle sentir vulnerable – ¡Tú no sabes nada!, me oyes, ¡No entiendes nada! – Golpeó el muro junto a ella con impotencia.
Hermione bajó como pudo y se acercó a él preocupada. Definitivamente estaba al borde el colapso. Las ojeras de su rostro estaban aún más marcadas.
El no retrocedió, pero continuó respirando agitadamente y con aquella mirada de cólera en todo el rostro.
– Te hice acompañarme aquí, porque he notado que algo te sucede. Estas demacrado, como atormentado… has cambiado…Y no pretendo averiguar el porqué – acotó de pronto al contemplar la cara de sorpresa de Draco – sólo pensé que tal vez… no sé… podría servirte un poco de compañía. Sin preguntas ni nada.
– ¿El golpe en pociones realmente te arruinó el cerebro, eh Granger?
– ¡No seas tan necio, sólo quiero ayudarte, Draco!
Draco Malfoy la miró estupefacto. Era la segunda vez esa semana que le escuchaba pronunciar su nombre de la nada. Nadie lo llamaba así, salvo sus padres, el profesor Snape y ocasionalmente Pansy. Ahora ella estaba parada frente a él y viéndolo directamente con aquella mirada que parecía preocupación. Definitivamente era raro escuchar su nombre saliendo de esa boca.
– Déjame ver tu mano – hizo el ademán de acercarse, pero Draco retrocedió instintivo.– Está sangrando un poco.
Hermione volvió a acercarse, decidida. Él era demasiado orgulloso para aceptar ayuda y menos viniendo de ella. Draco había levantado la mano herida y la sostenía junto al pecho.
– No creo que desees ir a la enfermería, porque tendrías que explicar que estabas haciendo cuando sucedió. Además parece – se inclinó un poco hacia la mano – que no se trata de un hueso roto si no de una cortada. Puedo curarla aquí.
– Bien sanadora Granger, cuanto le debo… – respondió irónico, pero al mover la mano, hizo un gesto de dolor involuntario.
Hermione tomó su varita decidida a curarlo, quisiera o no. Lo conocía bien, al menos al Malfoy adulto y sabía que debía emplear la firmeza con él.
– Déjate de sarcasmos y dame tu mano. No tenemos toda la noche. Filch está rondando los pasillos y si nos encuentra, tendríamos que inventar algo más por lo de esa herida.
Ella se había acercado aún más a él. Y le tomaba la mano ¿Qué rayos estaba sucediendo? La sangresucia se estaba comportando de una manera por demás extraña. Primero en el aula de pociones. Se sintió tan raro al escuchar su nombre de los labios de ella. Sin motivo aparente. Y ese tono de preocupación tan, tan…. jodidamente perturbador. En Transformaciones su saludo había logrado desconcertarlo completamente. Ahora estaba tan cerca de él, que podía sentir su perfume floral y un extraño olor como manzanas o algo así, surgiendo de su alborotada melena.
– ¡Episkeyo!
Draco sintió sobre la mano un intenso calor, otro completamente distinto y luego un frío agudo y de inmediato el dolor cesó. Retiró la mano como pudo y retrocedió algunos pasos.
– Ni pienses que voy a agradecerte, Granger – volvía a sentirse furioso.
– No tienes que agradecerme nada, Draco...
Allí estaba, otra vez su nombre y ese tono insoportable que volvía a perturbarlo. Y ahora sumado a aquel brillo en sus ojos castaños… ¿eran castaños?
¿Por que mierda me mira de esa manera?
– ¿No echarás un vistazo a las estrellas esta noche…? – Hermione habló despacio.
– ¡Claro que no!
Dio media vuelta, intranquilo. Necesitaba salir de allí inmediatamente. Dio largos pasos tratando de alejarse lo más rápido de ella y de esos odiosos ojos castaños. ¿Qué le estaba sucediendo? No entendía porqué estaba tan nervioso. Apretó el puño curado mientras corría literalmente por los pasillos sin rumbo fijo. Ella le había tocado. Nunca antes lo había hecho, salvo para golpearlo en tercer año. Pero esto era distinto. ¿Por qué? No lo adivinaba. Sólo había sentido esa primera quemazón cuando ella tomó su mano herida entre las suyas y sintió la calidez de aquella palma y la suavidad de sus finos dedos. Aquella quemazón que no tenía nada que ver con el hechizo sanador. ¿Qué significaba?...
Draco palideció y cortó la marcha abruptamente. No podía pensar en aquellas cosas. No debía. Elevó la vista hacia el cielo, presa de un violento sentimiento de vergüenza. Una sangresucia Eso es lo que ella era. Sólo una sangresucia. Tenía que borrar cualquier pensamiento similar. Reanudó el paso decidido. Pero sólo metros más allá, se vio infamemente apresado por una oreja por Argus Filch, quien lo llevó arrastrando hacia la fiesta de Slughorn, después de que dijera esa mentira, que había sido lo único que se le ocurrió, porque todavía tenía dando vuelta en la cabeza el infantil perfume de flores y la imagen de Hermione en ese estúpido vestido azul.
Draco está mareado por el comportamiento de Hermione. Después de todo, de un momento a otro, la persona que se supone te odia; te trate con amabilidad, hasta con cierta dulzura en la voz y te mire como si fueras un lindo cachorrito abandonado en medio de la calle, es para enloquecer a cualquiera.
Y si sumamos el hecho de que este Dragoncito se ha dado cuenta que su enemiga cambió no sólo de actitud si no más corpóreamente hablando…….ummmm, bien, el chico no es de piedra ¿eh?
Bien, gracias por todos los reviews, a las fieles lectoras y a las nuevas también. Es un gusto recibir palabras tan lindas que, a pesar de la tremeeeeenda gripe y faringitis que me tiene en cama tirada a punta de sopa de pollo y cajas apiladas de klennex, hacen que siga tecleando febrilmente (y esto es literal eh?... ) para complacerlas.
Un abrazo y pronto el siguiente capítulo
Un pequeño adelantito…( Aparece la ·!"·· de Pansy)
