Holass:
Aquí un capítulo muy interesante….
Draco con mil cuestionamientos en la cabeza…
Hermione con mil sentimientos en el corazón…
Harry con mil preocupaciones en la mente…
Y Ron…
Bueno, Ron con una sola de cada una, pues…
(jajajajaja) ahora las fanáticas de Ron me crucifican….
Y para agregar, este y los siguientes capítulos están basados en situaciones descritas en el libro HP y el príncipe mestizo (horrorosa traducción, por supuesto), así que, saquen el libro del estante y denle un nuevo vistazo.
(A propósito… ya vieron los avances de la filmación del mismo libro… OMG!!)
Bueno, no distraigo más. Dejo aquí las gracias por su fiel lectura, los lindos reviews y todo lo demás. Gracias, gracias.
Enjoy it!!
Gise.
CAPITULO 15: CIÑENDO A LA SERPIENTE
Pasaron algunas semanas en las que Hermione no pudo acercarse a Draco. La llegada de las celebraciones navideñas, al día siguiente de la fiesta, impidieron cualquier contacto entre ellos. Por más que trató infructuosamente de buscarlo, muy temprano, la mañana que debía irse donde sus padres, al parecer él ya había partido a su mansión.
Me hubiese gustado desearle una Feliz Navidad…
Pero ese pensamiento fue completamente desechado, ¿acaso alguien podría pasar una buena navidad sabiendo que podrían matarte o matar a tu familia en cualquier instante?
Hermione no pudo evitar llorar cuando compartía la cena navideña frente al agradable calor y el consolador crepitar de la gran chimenea de su hogar. Le mintió a su madre, diciendo que no era más que la emoción de estar en casa. Pero lo real era, que hubiese dado todo por estar en ese instante junto a él.
Días después de año nuevo, Harry se acercó a ella para contarle, una vez más, las sospechas que tenía acerca de Draco Malfoy. Cada vez que eso ocurría, tenía que hacerse la juiciosa, reflexiva y sobre todo indiferente, para que Harry primero, desistiera de la idea y segundo para que no sospechara el motivo por el cual, ella estaba empeñada en hacerle creer a Harry que Malfoy no era un mortífago ni estaba planeando nada malo.
En esa semana, tuvieron una clase de Pociones que Hermione recordaba perfectamente. Debían probar la Tercera Ley de Golpalott. Y aunque se moría de ganas por ser la persona que cogiera el bezoar y así ganarle a Harry, sabía que no podía hacerlo pues Harry, gracias a esta idea, utilizaría aquella piedra para salvar a Ron.
"…El antídoto para el veneno confeccionado con diversos componentes es igual a algo más que la suma de los antídotos de cada uno de sus diversos componentes…"
Pero lo decidió apenas ingresó en la mazmorra. Tal vez no podía tomar la piedra y mostrársela a Slughorn, pero tenía la capacidad para vencer a Harry de igual a igual. Si el tenía la ayuda del príncipe mestizo ella tenía más experiencia que aquella vez. Era más rápida haciendo pociones y si tenía que volver a pasar por ese episodio, lo haría saliendo ganadora.
Hermione no esperó más. Se levantó y fue directo a la mesa de Slughorn a coger la ampolleta con el veneno. Los demás la imitaron. Encendió el fuego bajo su caldero y empezó a trabajar febrilmente, concentrada sólo en su antídoto sin mirar alrededor.
Pero alguien la observaba desde el otro extremo del salón. Situado junto al armario del material, se encontraba Draco Malfoy detrás de su caldero. No la había visto desde la noche de la fiesta de Slughorn y ahora la contemplaba de forma distinta a la habitual.
Seguramente me buscará la conversación...
Ja! como si yo pretendiera responderle…
Si ella intenta hablarme, se llevará una sorpresa
Draco hizo una mueca sardónica y empezó a preparar su antídoto. Vio a Hermione acercarse hacia el armario y tomar algunas botellas. El levantó la barbilla tan alto como pudo, dispuesto a ignorarla, aunque aparentemente, ella no supo que estaba allí, pues tomó presurosa los preparados y regresó a su lugar.
Cada una de las doce veces siguientes en que Hermione se acercó hacia el armario Draco juró que esa sería la ocasión en que ella intentaría comunicarse de algún modo con él. Pero no sucedió nada. Ella parecía tan concentrada en su poción que se limitaba a recoger algún ingrediente y retornar a la preparación. Para ese entonces, Draco estaba con un humor inexplicablemente funesto y revolvía su caldero, cuya poción parecía a algo entre vómito y pus de bulbotubérculo.
Hermione agitaba con entusiasmo su varita encima del caldero mientras veía que su poción estaba marchando por buen camino. Sus conjuros no verbales ayudaban a que nadie pudiese copiarla. Levantó el rostro por un instante y vio a Harry ir hacia el armario de material y rebuscar en él.
– ¡Demonios! – se movió agitada – ¡Va a tomar el bezoar!
Con el rostro perlado de sudor, la nariz manchada de hollín, corrió hacia el último ingrediente de su poción. Si lograba echar un poco de esencia de belladona su poción quedaría terminada. Abrió el armario y con frenesí buscó la botella.
– ¡Maldición donde esta la botella de belladona!
Apartó cuernos de unicornio, marañas de hierbas secas y botellas de varios colores y no la encontró.
– ¿Buscas esto, Granger?
Draco agitaba la botella morada entre los dedos. La mueca mordaz de su rostro se iba ensanchando conforme Hermione le devolvía la mirada.
– Dame la botella, Malfoy. Necesito urgente ese ingrediente.
– Pues lastimosamente para ti, yo tomé la última botella. Y está demás decir que me niego a compartirla.
– Sólo quiero un par de gotas, te la devolveré en seguida… – Hermione giró el rostro. Slughorn empezaba a levantarse de su sitio. Hermione se frotó las manos, nerviosa. Estaba a punto de ganar… no podía estar sucediendo eso ahora…
– No quiero.
– ¡Rayos, Malfoy! Dame la botella.
– No.
Si tenía que arrebatarle la botella, lo haría. Esta vez no perdería. Amparada en la semipenumbra de la mazmorra producto de los vapores de los calderos, se abalanzó hacia Draco sin pensar.
– ¡No me toques, sangresucia!
Pero a ella no le importó como la llamaban. Si tenía que tumbarlo para obtener la botella, eso sucedería. Con la sorpresa de su lado, empujó a Draco contra la esquina del aula, sitiándolo. Le jaló de la túnica con un brazo y con la otra bregaba por alcanzar la botella que ahora él tenía en alto. Con cada movimiento, su cuerpo se friccionaba y restregaba contra él. Su cabello rozaba el pálido rostro, ahora con algo de color, sus mejillas estaban cerca de la barbilla puntiaguda y sus pechos se aplastaban contra el tórax de Draco.
La primera impresión de Draco fue susto. Hermione tenía la cara roja y expresión decidida y se había lanzado hacia él, sin importarle nada. Pero ella ahora, estaba retorciéndose encima de él, tratando infructuosamente de tomar la botellita de entre sus dedos. Sin embargo él ya no sentía miedo y tampoco asco, que sería su respuesta lógica ante el contacto con una impura.
Más bien era una sensación que nada tenía que ver con la repugnancia o repulsión… todo lo contrario.
– ¡Tiempo! – Exclamó Slughorn con tono cordial–.¡Vamos a ver que tal lo han hecho! ¿Qué puedes enseñarme, Blaise?
La interrupción de Slughorn y la conmoción de aquella revelación hicieron que Draco aflojara la presión de la mano por escasos segundos que bastaron a Hermione para tomar la botella y salir disparada hacia su poción. Pero aunque trató de echarla en la ampolla no pudo hacer nada. Era demasiado tarde.
Minutos después Slughorn felicitaba a Harry por su picardía mientras que Hermione estaba a punto de estallar. Tratando de serenarse, emprendió el camino de regreso hacia el armario para guardar los ingredientes sobrantes.
– Te ofrecería mi pañuelo para enjugar tus lágrimas, si no fuera porque lo echarías a perder.
Hermione dio un respingo ante aquella frase. Draco se había acercado silencioso a ella y la miraba con gesto burlón. La cólera volvió a bullir dentro de ella. Hermione cerró los puños y contó mentalmente hasta tres. La sonrisa de Draco se ensanchó.
– ¿Porqué te comportas como un imbécil? – le espetó, cortante.
– Sólo digo la verdad, Granger. Además de sangresucia, eres una perdedora. Yo que tú, me tomaría el veneno de la ampolla de una vez.
– ¿Por qué te gusta hacerme esto? – resopló sombría.
- ¿Hacerte?- Draco dio un paso hacia ella y sonrió con malicia- ¿Yo hacerte?...¿Qué insinúas exactamente, Granger?
Hermione no respondió, pero el rubor de su rostro habló por si solo. El tono que él había empleado le había erizado el vello de la nuca. ¿Qué significaba aquello?... Tal vez estaba admitiendo algo… Debía averiguarlo.
– ¿Qué quieres decir? – se aproximó aún más a él, sintiendo la conocida sensación de su corazón latiendo más deprisa de lo normal. Estaba a escasos centímetros, hasta podía sentir su perfume a través de todos los olores de la mazmorra. Clavó sus ojos castaños en los grises que la contemplaban indescifrables.
Draco se puso lívido. Las cosas se estaban saliendo de control.
– Se puede saber qué haces, Granger- dijo, ronco dando un traspiés – No te acerques más. Por si no lo has notado, me asquea tenerte cerca.
Hermione se había puesto roja de la ira y le miraba con los puños cerrados, como si en cualquier momento fuera a pegarle un puñetazo. Retrocedió en el acto.
– Así esta mejor, no soportaba tu hedor.
Draco acompañó la frase con una mueca sardónica. Fue suficiente para ella. Tomó lo primero que tenía a la mano. El cuenco con raíces iba directo hacia Draco, quien saltó hacia atrás para esquivarlo. Pero esa sonrisa victoriosa se le borró de inmediato a Draco, cuando el cuenco descendió con fuerza hacia su propio caldero y salpicó parte de la hedionda poción hacia él. La sustancia, similar al vómito de gato le escurría ahora por la fina túnica.
Hermione dio la vuelta, aún con los puños apretados, y empezó a guardar sus cosas para irse del salón. Divisó a Harry levantar la mirada y observar a Malfoy con regocijo al verlo manchado de vómito y malhumorado. Sintió su mirada en ella, pero todavía seguía enfadada por haber perdido y más aún, por lo ocurrido con Draco.
Estúpido niñato…. Estúpido niñato repetía mentalmente mientras salía del salón.
oooooooooOOOOOOOOoooooooooooo
Las semanas siguientes le sirvieron a Hermione para olvidar aquel incidente. El envenenamiento de Ron volvió a sumirla en aquel sentimiento de pérdida que sufrió cuando, en su realidad, Ron había muerto. Aunque sabía que las cosas saldrían bien, el ver a su amigo a punto de morir, fue demasiado para ella. Aprovechó todo lo que pudo para visitarlo, para hacerle compañía, desistiendo por esos días, de continuar con la idea de acercarse a Draco.
Y aunque se cruzó con Malfoy varias veces, no hizo intento alguno por hacer contacto ni aproximarse. Su prioridad en ese instante era Ron. Así tuviera que esquivar a Lavender para pasar el mayor tiempo con él. Un par de veces notó que él la miraba extrañado cunado estaba junto a Ron, pero en cuanto ella levantaba la mirada, él volvía a poner aquella mueca de desprecio o desviaba la mirada arrogantemente. Ella sólo se limitaba a suspirar y dejar caer los hombros con resignación.
Pero cuando Harry le contó que había mandado a Kreacher y a Dobby a seguir a Malfoy, volvió a preocuparse por él y era consciente además de que no podría provocar un encuentro entre ellos , porque Harry aprovechaba cada momento para revisar el mapa del merodeador. Sería por demás raro intentar explicar a Harry que hacia con Draco. Hermione empezó nuevamente con la tarea de acercarse a Draco. Tenía que haber un momento adecuado.
Llegó el partido entre Hufflepuff vs. Gryffindors. Hermione estaba ya ubicada en el estadio con Ginny cuando recordó que Harry se había chocado con Malfoy en esa ocasión. Esa era su oportunidad, iría a verlo. Harry estaría en el partido y no podría utilizar el mapa del merodeador.
Lo buscó con la mirada entre el gentío. Ataviado con su túnica negra, algo más pálido de lo habitual lo divisó buscando a alguien en el campo. Cuando Draco vio a Goyle y a Crabbe se dirigió hacia ellos con largos pasos, intercambiaron algunas palabras y luego los tres se fueron con dirección a los vestidores.
Seguramente ahí tomaran la poción multijugos para transformarse en chicas
Instantes después, Hermione que no se perdía detalle, observó como Draco caminaba junto a dos chicas que ponían morritos. Ella aguantó la risa al contemplar a Crabe y a Goyle vestidos así. Levantó el libro que tenía en las manos para tapar la sonrisa que ya no podía evitar. Murmurando una disculpa a Ginny salió siguiendo a Malfoy lo más cuidadosamente posible.
Se detuvo detrás de unos setos a la entrada del colegio cuando divisó a Harry cruzarse con Malfoy. Ambos discutieron muy fuerte, tal y como Harry le había contado en su pasado. Malfoy apartó a Harry de un empujón y prosiguió su camino junto a las dos muchachas. Ella se escondió aún más, cuando Harry paso a su lado refunfuñando y apenas lo perdió de vista, salió y apresuró la marcha si quería encontrarse con Draco. Las supuestas chicas y él siguieron hacia el interior del castillo. Los tres empezaron a subir los escalones cuando de improviso Pansy se apareció furiosa; Con los puños apretados miraba a Draco y a las dos chicas que no conocía.
– Que significa esto Draco – se plantó frente a él, con las manos en las caderas – Que haces con éstas paseando sólo. Me dijiste que no irías al partido conmigo porque te sentías indispuesto y ahora te encuentro con estas estúpidas. Acaso no saben quien soy yo.
Draco sabía que Pansy le haría una escena y no podía retrasar más su camino hacia la sala de los menesteres. Tenía que hacer algo drástico para que ella no hiciera un escándalo allí mismo. Con una mueca despidió a las dos chicas que subieron por la escalera. Con gesto sombrío se acercó hacia Pansy, la tomó de la cintura y la atrajo hacia él con decisión. La besó acallando las protestas de la joven.
– Saben que eres mi novia, Pansy. Ahora ve al partido que te alcanzaré en unos minutos–. Mintió.
Hermione estaba detrás de una columna observando perpleja. Nunca lo había confirmado, pero era obvio que algo hubo entre Draco y Pansy, siempre hubo rumores que ellos dos salían juntos. Pero una cosa era confirmarlo y aún mas doloroso verlo. Porque aún en su mente y en su piel, Draco era suyo. Lo sentía suyo y le dolía verlo besarse con otra. Como odiaba a Pansy…
– Cariñito…. Vamos al partido… nos sentaremos juntos tomados de la mano…
Pansy enlazó los brazos en el cuello de Malfoy y se dispuso a besarlo nuevamente.
¡Crash!
Hermione cerró con fuerza el libro que tenía en las manos y Draco y Pansy se separaron sobresaltados.
– Besarse dentro del colegio es una falta que merece 10 puntos menos.
Con el libro firmemente sujeto a su mano, Hermione salió detrás de la columna y se plantó frente a ellos. Por breves segundos Draco y ella se miraron mutuamente, los dos luchaban por sostener la mirada.
– No es de tu competencia lo que hagamos, Granger. Además no puedes quitarnos nada, somos prefectos al igual que tú.
Pansy habló y rompió aquel contacto visual. Deshizo el abrazo a Malfoy, pero deslizó su mano por el brazo de él hasta llegar a su mano. La sujetó con fuerza y la enlazó con pretensión.
Hermione siguió el curso de aquella acción y su semblante se hizo aún más sombrío. Draco no perdió este detalle.
– No soy estúpida como tú, Pansy – replicó ácidamente – pero creo que a la profesora McGonagall le encantará saber que dos prefectos están quebrantando las reglas, adema–
– Vete Pansy, yo arreglaré esto.
De improviso Draco habló con ese tono característico de quien está obligado a ordenar y a que se le obedezca. Pansy lo conocía y supo que debía marcharse. Haciendo morritos, quiso darle un beso nuevamente, pero Draco ladeó el rostro en el momento preciso y ella se tuvo que conformar con un beso en la mejilla. Salió aún rezongando hasta perderse de vista.
– Por lo visto se ha convertido en deporte nacional el seguirme. Primero el capitán elegido me pisa los talones y ahora tú, te has convertido en un perro faldero… o quizás debería decir en una perr–
– Cierra la boca, Malfoy – masculló Hermione apretando las mandíbulas.
No volvería a permitirle que la humillara. Comprendía que no sería fácil interactuar con ese Malfoy, y le estaba costando mantenerse indiferente a sus insultos. La herían sobremanera. Todo eso aunado a la imagen de Pansy y él besándose.
– Ya le dije al imbécil de Potter que no se meta en mis asuntos. En cuanto a ti, sangresucia…
– Cierra la boca, Malfoy… ciérrala ahora mismo
Hermione cerró los puños y apretó los dientes con fuerza.
– Sólo digo la verdad, eres una sangresucia inm–
- ¡No vuelvas a llamarme así, me oyes! Hermione finalmente explotó.
La cólera mezclada con el desencanto la inundaban por igual. ¿Cómo hacerle entender que la estaba lastimando con sus palabras? Ella sólo quería ayudarlo y él la trataba peor que basura. Avanzó hacia él impulsiva. Ahora tenía la varita a escasos centímetros del cuello de Malfoy.
Draco se quedó paralizado. Ella jamás había reaccionado así ante sus insultos, se había amargado, fastidiado, ofendido o hasta lo había ignorado, pero ella ahora lo miraba como si él la estuviera hiriendo profundamente. Aquellos ojos castaños se estaban humedeciendo para horror suyo.
– Yo…. Eh…
No sabía que decir. Y menos aún con la varita tan cerca de su cuello. Su frente se perló de sudor. Hermione reparó en ese detalle. Para su sorpresa, ella, sin mediar palabra, bajó la varita lentamente, guardándola dentro de la túnica y desvió la mirada. Lanzó un suspiro y sin decir nada giró, dándole la espalda, caminando con languidez hacia la salida.
Draco se pasó las dos manos por el lacio cabello mientras daba pasos cortos. ¡Que rayos estaba sucediendo ahí! Ese comportamiento no era normal ¡Ella debería irse furiosa y rezongando!. Luchó interiormente contra el impulso que ganaba terreno dentro de él. Segundo después corría tras ella
– ¡Que demonios ocurre! – habló moviendo las manos a escasos pasos detrás de ella.
Pero Hermione no volteó, continuando su marcha.
– ¡No te atrevas a dejarme con la palabra en la boca, Granger! – desgañitó él, apresurando el paso tras ella.
– Déjame sola, Draco… murmuró inconsciente
¡Mierda! Otra vez…
Ya no pudo contenerse. Acortó la distancia entre ellos y haciendo a un lado sus prejuicios la tomó del brazo y la giró violentamente. Esperaba que ella reaccionara de algún modo, gritando, empujando o insultándolo. Pero no estaba preparado para aquello. Cuando levantó el rostro hacia él, le contemplaba con los ojos castaños húmedos y con aquella sombra de desconsuelo en ellos.
La soltó en el acto. Intuía que era el culpable. La había insultado muchas veces, siempre había sido así. ¿Cuál era la diferencia ahora? no podía afirmar a ciencia cierta la causa. ¿Por qué quería ella llorar entonces? Volvió a pasarse la mano por la cabellera. ¡¿Por qué mierda tenía que importarle el motivo?!
Aquellos ojos castaños nublados… ¿Por qué demonios tenía aquel nudo en su garganta?
– Granger…
– Déjalo así.
Hermione giró nuevamente y continuó su marcha hacia la escalinata de la entrada. El partido ya había empezado y alguien podría notar su ausencia. Se limpió las incipientes lágrimas con el dorso de la mano y apuró el recorrido.
Las cosas no podrían ser tan fáciles… pensó mientras se abría camino por las gradas.
Cuando Hermione se perdió de vista, aún Draco Malfoy se encontraba en la gran puerta de roble de la entrada observando. Tenía las manos en los bolsillos y los ojos grises se habían tornado insondables. En su mente abundaban mil cuestionamientos y explicaciones para lo ocurrido. Pero el que más trataba de alejar de su cabeza era el más fuerte de todos: Quería que ella lo mirara de otra manera, tal vez con odio con rencor, como siempre… pero no como hace algunos segundos, no a punto de llorar. Porque por alguna absurda y desconocida razón, sentía que no podía permitirlo.
Sacudió la cabeza como si pudiera ahuyentar aquellos estúpidos pensamientos. Ahora tenía algo más importante en que pensar. La imagen de su madre junto a los mortífagos, sola en su casa, hizo que palideciera. Tenía que apurarse en reparar aquel viejo armario evanescente. Su vida y la de su familia dependían de eso. Dio media vuelta y se encaminó a la sala de los menesteres dispuesto a continuar su auto impuesta misión.
oooooooooooOOOOOOOOooooooooooo
El clima empezó a mejorar, más no los ánimos de Hermione. Ella se sentía sola, con todos esos sentimientos encontrados dentro suyo sin poder confiar en nadie, teniendo que pasar por todo aquello nuevamente. Con la sensación de amar y odiar a Draco al mismo tiempo. Deseaba tanto ayudarlo, pero también quería alejarse de él para no salir nuevamente lastimada.
Una mañana los tres amigos caminaron hacia el gran salón para desayunar. Se sentaron cansados a pesar de estar comenzando el día. Las tareas eran aún mas largas y las clases extenuantes. Hermione se ubicó frente a la mesa de los Slytherin. No podía evitarlo. Necesitaba saber de él. Aunque sólo fuese verlo de lejos.
Por eso cuando Harry empezó a contarle sobre lo ocurrido en el baño de hombres y Myrtle, Hermione se puso alerta. Casi había olvidado que Draco aún seguía presionado por los mortífagos. Debía tratar de llegar a él.
– Myrtle dice que este chico es sensible, que se siente solo, que no tiene a nadie con quien hablar…
– …Y que llora como una niñita – Ron interrumpió a Harry, mientras llenaba el plato con gachas de avena.
– No hables de esa manera, Ron. No sabes por lo que pueda estar pasando M… digo, el chico ese.
– A mi me suena a inventos de Myrtle, ¿Quién en su sano juicio iría a llorarle a un fantasma porque se siente solo? – refutó Ron.
– ¿Quién podrá ser? – Harry habló casi para si mismo.
Hermione conocía a Harry perfectamente y si lo dejaba meditar aquello, podría llegar a descubrir a Draco. Debía evitarlo.
– Aunque parezca increíble, concuerdo con Ron. Deben ser inventos de Myrtle. Harry, será mejor concentrarte en el recuerdo de Slughorn y olvidar lo demás.
Harry hizo un gesto de fastidio disimulado. Desechó la idea inmediatamente de su mente. Hermione tenía razón una vez más, conseguir ese recuerdo debía ser su prioridad. Hundió la mirada en su cuenco de cereales y no dijo nada más.
Hermione lo observó y supo que al menos, Draco estaría a salvo de ser molestado por ahora. Con alivio se incorporó de su asiento y tomó la jarrita de crema.
Muchas lechuzas habían estado entregando las habituales correspondencias a los alumnos mientras ellos conversaban. Y ella no había visto a Draco tampoco mientras hablaba con sus amigos. Mas cuando lo hizo, vio a Draco abriendo el sobre que acababa de recibir de la extraña lechuza que ahora salía por una de las ventanas rápidamente.
– ¡Despierta, Hermione! Me estás echando crema sobre la cabeza.
El grito de Ron y las risas a su alrededor la sacaron de la angustia que le provocó ver a Draco palidecer ante la lectura de la carta recibida. Debía ser algo muy malo. Ni siquiera terminó su desayuno y salió disparado del gran comedor con el semblante demacrado.
Oh Dios… pobre Draco….
– ¡La crema, Hermione!
– Lo lamento, Ron… ¡Fregotigo!...¡Fregotega!
Hermione apenas podía contener las lágrimas. Agitaba la varita pero el hechizo no funcionaba.
– ¡Fregotego!
Harry movió la varita y limpió a Ron que tenía en ese instante las orejas coloradas. Hermione se disculpó como pudo, tomó sus cosas y desapareció.
Pero por más que buscó no pudo encontrar a Draco por ningún lugar. Supuso que estaría dentro de la sala de los menesteres y trató incluso de faltar a las clases de Encantamientos y Transformaciones, pero tenía la esperanza de verlo allí.
Efectivamente Draco fue a ambas clases, pero lejos de tranquilizar a Hermione, logró preocuparla más. Draco estaba totalmente abstraído. Ni siquiera se burló de Ron cuando éste convirtió su cabello en algodón de azúcar.
Esta noche lo seguiré. No dejaré que pase esto solo.
Hermione guardó sus libros decidida y se dirigió sin pérdida de tiempo a su sala común.
oooooooooOOOOOOOOoooooooooo
Draco sentía que no podía más, estaba aterrado. El miedo de perder a su madre o a su padre, hizo que casi vomitara sobre el lavabo. Como pudo se roció agua en el rostro. Sacó el impoluto pañuelo blanco del bolsillo y se secó. Cuando volvió a guardarlo sintió la carta recibida en la mañana. Otra amenaza más. Estaba dejando pasar demasiado tiempo.
Recordó que al inicio, le pareció magnifica la idea de ser el elegido por el Señor Tenebroso para aquella tarea, pensando tontamente que era porque lo consideraban prometedor. Ahora no estaba seguro de ello. Su misión era cada vez más difícil y las amenazas iban en aumento. La presión venía de todas partes, de Snape intentando saber cual era su misión, de su madre y padre que le rogaba cuidarse y de los profesores que lo apremiaban con insulsas tareas, de los mortífagos y sus veladas cartas de amenazas, del acoso de Potter. Estaba cansado, necesitaba desahogarse y un fantasma como Myrtle solo era un remedo de amistad.
Y ahora, ni siquiera ese estúpido fantasma está…
Volvió a ver el pergamino. Sin una palabra escrita, sólo una pequeña gota de sangre…. Y si se trataba de su madre… si la habían herido… no tenía a quien acudir sin hacerlos peligrar. No podía confiar en nadie.
Me siento tan solo…
Su cuerpo volvió a estremecerse por el dolor que le causaba el pensamiento de ser el responsable de la seguridad de sus padres. En que estúpido momento se le había ocurrido ser parte activa de toda aquella ilusión de poder, de superioridad. No era lo que él creía que eran. Podían matarlo. La imagen de su madre se formó en su mente y los ojos se le humedecieron de repente.
Sintió los pasos en el corredor, fuera del baño y se limpió el rostro con el dorso de la mano. Metió la mano en la túnica y ciñó su varita, alerta por si necesitara usarla. Por el viejo espejo divisó la puerta abriéndose lentamente. Aquella persona se quedó parada en el umbral, con las manos relajadas hacia los lados y mirándolo…
– Tú…
Draco apoyó las dos manos sobre el lavabo y bajó la cabeza. No tenía fuerzas para discutir.
– Márchate.
Hermione ignoró la orden. Caminó hacia él. A medio camino se detuvo.
– Márchate, Granger.
– No me iré. Algo te sucede…
– No te metas en mis asuntos. Sólo márchate – Draco hablaba casi imperceptible.
– No necesitas estar solo. Me interesa lo que te sucede – Hermione avanzó unos pasos más.
– ¡Mentira! A nadie le interesa lo que me pase – el temblor en su voz se hacía cada vez más evidente.
– Estás equivocado, Draco. Te ocurre algo malo y no me interesa saber que es. Únicamente quiero que sientas que no estas solo.
– ¿Por qué haces esto, Granger?... ¿Qué esperas de mí?
Draco se estremeció sin poder evitarlo. Otra vez las malditas lágrimas querían escapar. Era por la forma en que ella pronunciaba su nombre, aquel sonido que no era lástima, sino que casi parecía preocupación o hasta ¿cariño?
Hermione no soportó verlo más así. Acortó la distancia entre ellos de un solo paso y lo abrazó por detrás. Automáticamente Draco intentó separarse asustado por aquel contacto. Se hizo a un lado sin dejar de mirarla. ¿Qué ocurría?. Tuvo que apoyarse contra el mármol del lavabo.
– No necesitas estar sólo, Draco. Yo estoy contigo ahora…
Volvió a acercarse a él, sin dejar de mirarlo. Despacio, fijando sus ojos castaños en los ojos grises húmedos. Tratando de que él lea la verdad de sus sentimientos. Lentamente levantó los brazos y lo ciñó en un fuerte abrazo.
Draco luchó sin fuerzas por deshacer aquella absurda muestra de cariño, pero la tibieza de su piel, el aroma a manzanas de su cabello que le hacía cosquillas la nariz, la sensación de desahogo, de dulzura que ella irradiaba terminó por vencerlo. Sin pensarlo ni razonarlo más, rodeó con sus brazos la espalda de Hermione y la atrajo aún más a él, enterrando su cabeza en el suave hombro y dejó que sus lágrimas se deslizaran silenciosas. Ya no se cuestionaba nada. Necesitaba tanto aquel abrazo. No quería pensar en nada, solo estaba sumido en aquella deliciosa sensación de bálsamo y cariño que ella le brindaba sin preguntas ni cuestionamientos. Solo calidez e intimidad.
Segundos…. O tal vez minutos después, ella aflojó la presión de sus brazos y los deslizó hacia su pecho. Draco temió que ella pudiera sentir el loco martillar de su corazón bajo sus palmas. Se irguió frente a él contemplándolo profundamente en silencio, con las mejillas sonrosadas, los labios entreabiertos… como si esperara algo…
Él miró sus labios…
No iba a besarla
Definitivamente no.
No debía
No podía recordar exactamente el motivo
Pero… no debía besarla…
No debía
No…
Inclinó su cabeza hacia la de ella, perdiéndose en la deliciosa sensación que lo vencía finalmente. Sintió los labios de Hermione bajo los suyos y los acarició antes de tomar posesión total de ellos. Apresó el labio inferior de Hermione entre los suyos. Dirigió una de sus manos hacia la estrecha cintura y la ciñó con decisión para atraerla aún más a él. La otra subió al rostro de Hermione para luego hundirla en su encrespado cabello. Hasta ese instante no había sabido las ganas que tenía de tocar esa mata alborotada de cabello, de enredar los dedos o simplemente aspirar su aroma.
Lo más extraño de todo era que ella le correspondía. Sentía como abría sus labios a él, como se dejaba explorar sin reticencias, ávida de más. Sonriendo mentalmente, Draco ladeó el rostro sobre ella para adentrarse en su boca. La sensación era dulcemente embriagadora. Draco estaba extasiado de poder introducirse dentro de la boca de ella, Hermione se sentía desfallecer al sentirle dentro de su boca. Ambas lenguas jugando entre ellas, acariciándose finalmente.
Draco tenía una sensación extraña como si estuviera dentro de una fantasía o sumido en una especie de delirio. Sus ojos grises estaban cerrados pero hubiera jurado que todo giraba a su alrededor, todo menos ella. Lo único real era ella. Ella que estaba en sus brazos, besándolo, suspirando, emitiendo aquellos deliciosos sonidos guturales; ella que desordenaba su lacio cabello con sus toques y que acariciaba su mejilla de forma especial, haciendo círculos con el pulgar. La sensación de pertenencia era desconocida para él. Sabía que ella estaba disfrutando que él la besara y se sentía orgulloso de causarlo. Tal vez ese fue el motivo para acercarla más él con justo derecho, o quizás sólo para cerciorarse de que ese beso no acabara nunca.
En ese espacio de tiempo, no existió para él preocupaciones, tensiones, ni distintas casas, ni clases sociales, ni mucho menos la sangre que corría por las venas. Solo contaba las sensaciones, los sonidos, los sabores, el exquisito calor que ella emanaba. Cuando al fin se separaron, ambos estaban agitados, respirando entrecortados, pero completamente satisfechos.
– Yo…
– No digas nada. No pongamos nombres ni tratemos de entender que sucedió… sólo ocurrió y ya.
Hermione aún seguía con los brazos enlazados al cuello de Draco y habló con sinceridad. No quería torturar aún más a Draco con cuestionamientos. Si las cosas tenían que ocurrir, sería naturalmente.
– Granger…
– ¿Todavía soy Granger?
Draco esbozó una lenta sonrisa de lado al contemplar el mohín de la chica. Definitivamente esto se estaba saliendo de lo normal. Separó los labios para hablar cuando se escuchó a lo lejos el ruido de la cañería.
¡Myrtle! – dijeron los dos al unísono.
– Será mejor que te vayas – Draco habló con firmeza, segundos después – no conviene que nos vea.
– ¿Estarás bien? – Hermione le miró ansiosa.
Draco se quedó en silencio, como sopesando lo que podía o debía responder.
– Ahora estoy mejor…
El ruido del agua saliendo de los retretes apuró a Hermione. Se alejó de él con rapidez, aun con la sonrisa de felicidad en el rostro. Caminó hacia la puerta sintiéndose la persona más feliz de la tierra. Por eso no escuchó el resto de la frase murmurada por Draco:
–…gracias a ti, Hermione.
Ohhhh! Draco se atrevió a besar a Hermione. Pobrecito, después de todo necesitaba algo de cariño a gritos. ¿Cómo se estaría sintiendo, no?, todo presionado, solitario, asustado… snif snif…
Pero nuestra querida Hermione ya lo consoló… ejem ejem…
Y obviamente, que Hermione, a pesar de estar en su cuerpo de adolescente inmaculada… no lo es. Ella en su mente es una mujer madura…. Y no siente ni tiene las mismas… digamos, necesidades de una adolescente… ejem ejemm… ¿Se conformará con sólo un….beso?
Mucho más en el próximo capítulo…. Acercándose al final….
Como siempre, muchas gracias por los reviews y nuevamente fastidiando para que sigan dejándolos!! Yeah!
Un besote.
Gise.
PD. (sorry, pero debe hacerme propaganda….jejejjeejeje) he publicado un fic corto (one shot) un Dramione, llamado "Fantasía o Realidad". Los invito a que se den una vuelta por ahí y pasen un momento agradable. No se decepcionarán.
