Holass:

Capítulo basado igualmente en capítulos de HP and the half blood Prince. (porsia, todos los personajes aquí usados son de propiedad de JK Rowling y de la WB y sólo son usados para diversión de la autora y de sus ocasionales lectores sin fines de lucro y ni para ganarse algún sencillo!)

He tratado de ser fiel al libro, incluyendo diálogos o situaciones probables dentro de él, para continuar con el hilo de mi historia, así que no se sorprendan si encuentran algún pequeño diálogo igual.

Y una vez más espero que disfruten la lectura, dejen un review y la pasen bien!.

Besos.

Gise.


– ¿Qué hacías ahí con esa?

La pregunta efectuada por Lavender aún daba vueltas en la cabeza de Hermione y hacía que no conciliara el sueño con facilidad. Se entremezclaba con las sensaciones que aún conservaba en la piel. Daba vueltas en la cama, recordando aquellos dos actos tan opuestos entre sí. La noche anterior el beso con Draco y esa misma noche lo ocurrido con Ron. Lavender Brown, la novia oficial de Ron, los había visto aparecer juntos por la escalera de los dormitorios de los chicos. A los dos más no a Harry que iba envuelto en la capa invisible. Ron intentó hablar pero los gritos de Lavender no cesaban. Hermione harta de tanto barullo y suponiendo que sólo sería una pelea más entre ellos dos, en silencio y a pesar de las miradas de sus compañeros que todavía se encontraban en la sala común, se dirigió a su dormitorio.

Temprano por la mañana cuando bajaba a desayunar, notó que algunas personas de su casa la miraban disimuladamente y hasta emitían pequeñas sonrisas de complicidad. Hermione no entendía el porqué y tampoco tenía ganas de averiguarlo. Aunque debía reconocer que la desconcertó encontrarse a Pansy Parkinson y su grupito de amigas saliendo del baño junto a una Lavender que pasó junto a ella sin siquiera mirarla. Las demás hicieron un círculo y empezaron a mirarla fijamente como si estuviesen evaluándola. Ella levantó la barbilla dispuesta a no dejarse intimidar, pero solo consiguió que el grupito pasara por su lado, riera sonoramente y murmurara con ironía:

– Tan mosquita muerta que parecía….

Ella se quedó extrañada por aquel comentario sin pies ni cabeza. Sabía lo tonta que podía ser Parkinson así que no le dedicó un momento más a aquellas estupideces y se dirigió a desayunar. Tenía la esperanza de ver a Draco. No se había visto desde aquel perfecto beso en los baños, porque ella tuvo que ir el día anterior, junto a muchos estudiantes, a examinarse en Aparición. Draco y Harry por no haber cumplido diecisiete aún se quedaron con Slughorn para una clase extra. Ahora tendría la oportunidad de verlo nuevamente….

Cuando llegó al comedor, lo primero que hizo fue divisar a Draco ubicado en su mesa. Aún tenía el semblante cansado y su palidez habitual se veía incrementada, pero notó, al encontrar su mirada por escasos segundos, que aquellos ojos grises, del color del acero poseían ahora una pequeña chispa de luz que los iluminaba haciéndolos verse como mercurio fundido y burbujeante. Pero a pesar de querer mantener el contacto visual, Draco desvió la mirada inmediatamente pues en ese instante llegaba a su lado Pansy, quien lo tomó con posesividad del brazo, se acurrucó más hacia él y poniendo una mano cerca de su oído empezó a relatarle algo, al parecer sumamente interesante.

– ¡Apura Hermione¡ – apremió Harry detrás suyo, mientras le daba un pequeño empujón para que despejara la entrada – tengo mucho que contarles y no creo que alcance todo el desayuno para hacerlo. ¡Vamos!

Hermione no pudo ya volver a mirar hacia la mesa de los Slytherins. Harry empezó con su relato y ella no quería parecer descortés volviendo el rostro a cada instante.

Terminaron de desayunar y se dirigieron a la clase de encantamiento. Harry, todavía cansado pero satisfecho continuaba explicando lo sucedido con Dumbledore y la obtención del recuerdo de Slughorn. Hermione volvía a sentirse feliz por él. Estaba orgullosa de Harry nuevamente y obvio, todavía tenía en la memoria los labios de Draco. Todo eso bastaba para sentirse dichosa. Su mente y su cuerpo así lo expresaban.

– ¡Uau! – exclamó Ron embelesado, mientras agitaba distraídamente su varita apuntando al techo sin prestar la menor atención–. ¡Uau! Vas a ir con Dumbledore para destruir…¡Uau!

– Ron, estás provocando que nieve – le advirtió Hermione con paciencia y le desvió la varita para que dejara de apuntar al techo, del que empezaban a caer unos gruesos y blancos copos. Lavender Brown, que tenía los ojos enrojecidos, fulminó con la mirada a Hermione desde una mesa cercana, y ésta soltó de inmediato el brazo de Ron.

– ¡Oh vaya! – se asombró el muchacho y se miró los hombros – los siento…Ahora parece que todos tenemos una caspa horrible. – Sacudió la nieve falsa que Hermione tenía en el hombro y Lavender rompió a llorar. Ron puso cara de sentirse tremendamente culpable y le dio la espalda – Es que anoche terminamos cuando me vio salir del dormitorio con Hermione – le explicó a Harry por lo bajo–. Como a ti no podía verte porque llevabas puesta la capa, creyó que habíamos estado solos.

– Bueno, pero no te importa que se haya acabado, ¿no?

– No – admitió Ron – Fue muy desagradable cuando se puso a gritarme, pero al menos no tuve que cortar yo.

– Cobarde – dijo Hermione

Ella esbozó una sonrisa cuando mentalmente repasó la conversación. Aun tenía en la memoria aquella escena. Recordó haberse sentido contenta de que Ron terminara de una buena vez con Lavender, por que en ese entonces, ella estaba prendada de Ron. Ahora sólo lo veía como un recuerdo agradable y sólo eso. Continuó la conversación hablando sobre Ginny y Dean, porque así debía ser, Harry debía enterarse de ese rompimiento.

– Ahí viene Flitwick – previno Ron al ver acercarse al menudo maestro de Encantamientos hacia ellos.

En esa clase, ambos debían convertir el vinagre en vino. Tenían pequeñas copas de cristal con vinagre blanco que debían convertir en exquisito vino. Hermione se veía tentada a tomar un par de sorbos de su frasco de cristal que estaba casi lleno de líquido rojo oscuro, pero debía contenerse porque aún era una adolescente y sus amigos se espantarían si la veían tomar aquel licor.

Pero no lo soy realmente, aún a pesar de estar en mi cuerpo de adolescente. Quisiera tomar dos copas de vino bien frías, junto a la chimenea o tomar un baño de burbujas con esencias deliciosas… junto a Draco… y hacer el amor en el tibio líquido perfumado. Quisiera volver a sentir su piel sobre la mía, tener nuevamente su sabor en mi boca y su fuerza dentro de mí. Un simple beso no es suficiente…. Necesito tener más de él…

– ¿Pasa algo, Hermione? – Ron la sacudió del brazo, despertándola de aquel ensueño – Tus mejillas están encendidas… pareces mi hermana gemela… ¿Necesitas ir a la enfermería?

Ella se sobresaltó al sentir el brazo de Ron sobre ella. Negó con la cabeza riendo. Debía calmar a sus hormonas o terminaría delatándose ante sus amigos.

– No te preocupes, Ron. No tengo nada, pero gracias por la preocupación – Y en un gesto por demás fraternal, alzó su mano con dirección al rostro de Ron y le tocó la mejilla.

¡¡Crash!!

– Sr. Malfoy…¿ se encuentra usted bien?

El profesor Flitwick se acercó lo más rápido que pudo hacia la mesa donde se encontraba Draco, Pansy y otros Slytherins.

– ¡Por Merlín! – chillaba Pansy dramática – ¡Está sangrando!

Draco con una mueca de fastidio y una vena palpitándole en la sien trataba infructuosamente de esconder la cortada de su mano. Aún tenía en su diestra los restos de la copa de cristal que había explotado por la presión inconciente aplicada en ella.

– No es nada – mascullaba furioso y negándose a ser, por primera vez, el centro de atención de la clase.

– Será mejor que vaya a la enfermería a que Madame Pomfrey le aplique un ungüento.

Flitwick habló con autoridad y Draco a regañadientes tuvo que levantarse e irse del aula, ante los murmullos de los demás, los chillidos de Pansy y la intensa mirada, que no quiso corresponder, de Hermione Granger.

ooooooooOOOOOOOoooooooo

Hermione no entendía, los días siguientes, que había sucedido con Draco. Aparentemente se había esfumado de Hogwarts. Apenas lo veía en clase y era el último en llegar y el primero en salir. No hacía contacto visual con ella y tampoco se acercaba al trío para molestar como hacía antes. Esto reforzaba la teoría de Harry de que Malfoy estaba haciendo algo peligroso que demandaba toda su atención, cosa que no era del todo errada, por lo que desaparecía misteriosamente, no les daba cara, estaba en extremo insociable y sus notas estaban por los suelos. Ella aunque sabía que algo de cierto tenía toda aquella teoría, intuía que había algo más que fastidiaba o preocupaba a Draco. Resultaba imposible creer que después de lo ocurrido hacía días en el baño con los dos, él se mostrara tan distante, tan esquivo. No se habían vuelto a ver a solas, quizás sí en algún cruce en un pasillo, cuando ella estaba con Ron y Harry, y él simplemente desviaba el rumbo o fingía que no había nadie en el pasillo y no les dirigía la mirada, alzando la barbilla con arrogancia.

Sólo una vez, estando ella caminando con Ginny por el pasillo hacia la biblioteca, cruzaron sus caminos. Ginny iba rabiosa despotricando contra Dean y Seamus que no dejaban de hablar mal de Harry y sus supuestos amigos privilegiados en quidditch y contra Lavender. Por ello la instaba a tomar cartas en el asunto. A Ginny le habían llegado también rumores maliciosos sobre Hermione, aunque nadie se lo decía de frente porque conocían la devoción hacia su amiga y el carácter fuerte de la pelirroja, por lo que, por casi media hora ésta trataba de convencer a Hermione de actuar. Fue en ese momento que se cruzaron con Draco, evidentemente más delgado que lo habitual, con las manos en los bolsillos del pantalón, abstraído, sólo, y mirando las baldosas de piedra del piso mientras avanzaba, golpeó a Ginny accidentalmente en el hombro al cruzarse. Hermione todavía recordaba aquella extraña escena:

– ¡Ten más cuidado, Malfoy! O necesitas que te arregle los ojos con un hechizo para que veas bien…

Ginny giró con rapidez e interceptó a Draco que aparentemente no se había dado cuenta de aquel encuentro y la miraba sorprendido. Hermione permaneció en su lugar también extrañada por la actitud neutral de Draco.

– Es que no vas a decir nada – Ginny le miraba amenazante esperando que Draco reaccionara como siempre con insultos o su repetida prepotencia y ella estaría lista para desfogar su cólera.

Draco inexpresivo le dedicó una mirada evaluadora a la pelirroja. El casi le llevaba dos palmos de estatura pero allí la tenía, frente a él, con los brazos sobre las caderas y mirándolo furibunda. Aún con las manos en los bolsillos, bordeó a Ginny y continuó su camino mientras le contestaba con desgano:

– No tengo tiempo para sandeces, Weasley…

– Sandeces son las que tú haces, Malfoy. Hay que ver lo pésimo que estás jugando últimamente con el equipo de Slytherin. Si continúas así, terminarán echándote a pesar del dinero de tu padre…

– ¡Basta, Ginny. No le digas esas cosas! – Hermione corrió para detener a su amiga. La rabia la hacía hablar de esa manera, y ella no podía permitir que le dieran un motivo más a Draco para sentirse infeliz.

– Dile a tu nueva hermanita que no necesito que me defiendan.

Draco espetó fríamente pero con ligero matiz de resentimiento mientras miraba fijo a Ginny sin dedicarle una mirada a Hermione. Les dio la espalda con parsimonia y continuó su camino.

– Espera…. ¿Qué te sucede?

Hermione corrió detrás de él. Actuó sin pensar, sus sentimientos la ganaron. No le importó que Ginny estuviera allí y pudiera encontrar por demás extraño el repentino interés de Hermione en el estado anímico de Draco. No comprendía el porqué de sus palabras. Sólo alcanzó a apoyar las yemas de los dedos en el hombro de Draco cuando este repentinamente estalló.

– ¡No te atrevas a dirigirme la palabra ni a tocarme, sangresucia!. Estás escuchando… ¡Me entendiste!

Draco había girado y ahora la miraba cuan alto era con un gesto de desprecio infinito. Contrario a lo que decía, había ceñido fuertemente la muñeca de Hermione y la alejaba de él como si el contacto de aquella pequeña mano sobre él lo lastimara. Sus ojos parecían dos pozos oscuros y carentes de vida, únicamente llenos de repulsión y enfado.

– ¡Quítale las manos de encima, Malfoy! – Ginny inmediatamente saltó a defender a su amiga, pero Draco aún mantenía firmemente sujetada a Hermione como esperando que ella explicara algo, contradictoriamente a lo que decía querer.

– ¿Qué está ocurriendo aquí?

La profesora Sprout caminaba hacia ellos con un cuenco lleno de brotes de hiedras rojas y se sorprendió de contemplar aquella escena.

– Profesora Sprout, Malfoy estaba agredie–

Pero Hermione se adelantó hacia la profesora, al notar como Draco aflojaba la presión sobre su muñeca y la liberaba. Había visto un papel caerse del bolsillo de Draco y disimuladamente lo había pisado para ocultarlo. Creía saber lo que estaba ocurriendo y lo que menos quería era que le sumaran un castigo más. Por eso cortó la diatriba de Ginny de un porrazo.

– No sucede nada, profesora. Sólo un pequeño malentendido. Eso es todo. Nosotras estábamos por irnos a la biblioteca.

Con disimulo se inclinó para recoger su mochila y recogió aquel doblado pliego de papel y jaló a una demudada Ginny que no podía creer lo que había ocurrido. Ambas partieron a la carrera antes de que la profesora Sprout reaccionara. La siguiente media hora, Hermione tuvo que emplear su inteligencia y su poder de persuasión con Ginny para hacerle creer que lo que menos deseaba era darle una preocupación más a Harry y también a Ron, que sí se enteraban de aquel asunto, irían a buscar a Malfoy para vengarse, por lo que ella había tratado de minimizar la situación. Gracias a sus años trabajando con diplomáticos de diferentes países había logrado tener el suficiente autocontrol y poder de convencimiento y aquello le sirvió en esa oportunidad. La otra media hora, la dedicó a repasar al pedazo de papel con una gota de sangre que se le había caído a Draco del bolsillo. Y aunque entendía que su conmoción se debía a aquel nuevo envío de los mortífagos, no entendía el nuevo encono hacia ella. No después del encuentro entre ellos. Eso no sonaba lógico.

"…Dile a tu nueva hermanita que no necesito que me defiendan…"

"…No te atrevas a dirigirme la palabra ni a tocarme, sangresucia…"

¿Qué ocurría? ¿Por qué dijo todo aquello? No tenía sentido, no después de lo sucedido con ambos. Algo más debía estar pasando pero por más que se rompía el cráneo pensándolo, no daba con la razón. Enterró la cabeza en los libros rendida.

Aquel suceso había logrado confundirla mucho. Casi no prestaba atención a las clases preocupada por el estado de Draco. Y obviamente por su propia necesidad de él. Su mente y su propio cuerpo lo reclamaban. Era un dolor casi físico el verlo y no poder tocarlo ni acercarse a él para acariciarle el cabello y pasar la yema de sus dedos por sus labios y besarlos y saborearlos con delectación. Quería sentir los fuertes brazos ciñéndose a su espalda o apresando sus caderas con posesividad y aquel consabido jalón hacia la pelvis firme de él. Pero nada de eso ocurriría. Porqué aparentemente él la despreciaba nuevamente y con más fuerza que lo usual. Debía hablar con él nuevamente, pero la obsesión de Harry y su demasiado útil mapa del merodeador evitaban que ella pudiera acercarse a Draco. Dejó pasar los días en espera de una buena oportunidad. Y aquella oportunidad llegó, pero fue de lejos lo que menos deseaba Hermione.

Unos días antes del partido, Harry bajó a cenar solo desde la sala común, pues Ron había corrido a un baño cercano a vomitar una vez más y Hermione había dicho que iba a ver a la profesora Vector para comentarle sobre un supuesto error cometido en su última redacción de Aritmancia. Nada más lejos de la verdad, ya que lo que ella buscaba era encontrar a Draco a solas, aprovechando la cena de Harry que no podría mirar el mapa del merodeador sobre la mesa del gran comedor.

Pero no contó con que Harry estaría, más que por costumbre, dando una vuelta por el pasillo del séptimo piso mientras consultaba justamente el mapa del merodeador. Harry, como no veía a Malfoy por ningún sitio, dedujo que estaría dentro de la Sala de los Menesteres, pero de pronto descubrió el puntito "Malfoy" en un baño de hombres del piso inferior. Y no estaba con Crabbe y Goyle, sino con Myrtle la llorona.

Hermione aún caminaba por los pasillos tratando infructuosamente de encontrarse con Draco. Ya había bajado al gran comedor y verificado que Draco no estaba allí. Se había cruzado con Ron, que casi la tira al piso en su apremio por llegar al baño y vomitar, una vez más, por los nervios del partido. La chica caminaba sin rumbo por los pisos inferiores del castillo pensando que encontraría, si la suerte le acompañaba, vagabundeando a Draco, hasta que en su cerebro los pequeños cabos, como engranajes de una máquina, empezaban a conectarse y a funcionar.

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– Ella… yo le creí y ella… solo se burlaba de mí… maldita sang…

– Tranquilo…. – modulaba la voz incorpórea – cálmate para que hablemos…

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Harry bajando a cenar solo, días antes del partido. Ron vomitando como loco por los pasillos…. La redacción de Aritmancia de la profesora Vector…. Algo conectaba a estos hechos… algo había sucedido en esa noche... Hermione caminaba sin rumbo, pensando en todos aquellos eventos.

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– No puedo calmarme… yo me descubrí ante ella… yo…. – pero su voz se vio apagada por un estremecimiento.

– Pero dime que te pasa… no te entiendo…

– Y ahora me siento más solo que nunca…. y mi madre…. La gota de sangre….no puedo hacerlo…

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El cerebro de Hermione, como una perfecta máquina de engranajes aceitada y puesta a funcionar comenzaba a hilar los hechos. Era el día. Aquel era ese día

Oh Dios mío…

¡SECTUSEMPRA!

Hermione corrió hacia las escaleras, lívida de terror.

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Harry bajó como un rayo la escalinata de mármol y recorrió el primer pasillo que encontró en el piso de abajo. Al llegar al baño, pegó la oreja a la puerta. No oyó nada de modo que la abrió con cautela.

Draco Malfoy estaba de pie, de espaldas a la puerta, agarrado con ambas manos de la pila y con su rubia cabeza agachada.

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– No llores…. – canturreaba Myrtle la llorona desde sus cubículo – No llores… vamos, dime que te pasa… Yo puedo ayudarte…

– Nadie puede ayudarme – se lamentó Malfoy, sacudido por fuertes temblores –No puedo hacerlo, no puedo… no saldrá bien… Pero si no lo hago pronto… él me matará….

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Las piernas de Hermione casi no respondían ante tamaño esfuerzo. Subía los escalones prácticamente de tres en tres. Debía apurarse, tenía que evitarlo. No le importaba en que cambiaran las cosas, no podía permitir a Harry lastimar a Draco. Pero algo le decía que no llegaría a tiempo.

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Harry se quedó paralizado al darse cuenta de que Malfoy estaba llorando de verdad: las lágrimas le resbalaban por el pálido rostro y caían en la sucia pila. Malfoy emitió un grito ahogado y tragó saliva. Entonces, con un brusco estremecimiento, levantó la cabeza se miró en el resquebrajado espejo y a sus espaldas vio a Harry mirándolo de hito en hito desde la puerta.

Malfoy se dio la vuelta y lo apuntó con su varita. Harry sacó la suya rápidamente. El maleficio de Malfoy le pasó rozando e hizo pedazos una lámpara que había en la pared. Harry se lanzó hacia un lado, pensó "levicorpus" y agitó la varita, pero Draco bloqueó el embrujo y se preparó de nuevo para….

Hubo un fuerte estallido y el cubo que estaba detrás de Harry explotó. El muchacho intentó echar la maldición de las piernas unidas, que rebotó en la pared, detrás de la oreja de Draco y destrozó la cisterna adonde había subido Myrtle que gritó a voz de cuello.

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– ¡Profesor Snape! – chilló Hermione frenética, sintiendo que el corazón se le salía del pecho y con la respiración entrecortada por el esfuerzo, pero repentinamente alentada de encontrar en el recodo del pasillo a su viejo maestro. El debía salvar a Draco como recordaba, era su única esperanza

– Draco…en el sexto piso… ¡De prisa!

No supo bien si fue su aterrorizado semblante, su trémula voz o su desesperación evidente lo que hizo que Snape tomara enserio su aviso. El profesor no esperó una explicación mejor y subió los escalones aún más rápido que Hermione quien se quedó relegada pisos más abajo tratando de respirar mientras se presionaba el costado del cuerpo para calmar el flato que le dolía con cada inspiración.

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Salía agua por todas partes y Harry resbaló al tiempo que Malfoy con la cara contorsionada, gritaba:

¡Crucia…!

¡¡ Sectusempra!! – bramó Harry desde el suelo agitando la varita como un desaforado.

De la cara y el pecho de Draco empezó a salir sangre a chorros, como si lo hubieran cortado con una espada invisible. El chico dio unos pasos hacia atrás, se tambaleó y se desplomó en el encharcado suelo con un fuerte chapoteo. La varita se le cayó de la mano derecha, flácida.

– No – dijo Harry con voz ahogada.

Resbalando y tambaleándose también, se puso de pie y se lanzó hacia Malfoy, que tenía la cara roja y con las manos se palpaba el pecho, empapado en sangre.

Yo no puedo morir ahora… mi familia…mi madre…. Her…Hermione… no…

– No…Yo no…

Harry no entendió lo que balbuceaba Malfoy y se arrodilló a su lado. Malfoy temblaba de forma descontrolada en medio de un charco de sangre. Myrtle soltó un aullido ensordecedor.

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Cuando al fin Hermione llegó, Snape estaba efectuando la contramaldición final a Draco y lo incorporó hasta sentarlo. Ella se escondió detrás de la estatua junto a la puerta para que nadie la viera.

– Tengo que llevarte a la enfermería. Quizá te queden cicatrices, pero si tomas díctamo inmediatamente tal vez te libres hasta de eso. Vamos…

Lo ayudó a llegar hasta la puerta y se dio la vuelta para decir con voz colérica:

– Y tú, Potter… espérame aquí.

A Hermione le bastaron ese par de segundos que Snape dio la vuelta para acercarse un poco más y ver a Draco. Las lágrimas le bañaban el rostro al contemplar la cara demacrada de Draco, salpicado aún con gotas de su propia sangre, del pecho empapado de agua y sangre y la camisa pegada como una segunda piel. A pesar de su cuidado, Draco sintió su presencia y giró hacia ella. Por un segundo sus miradas se encontraron.

Snape tomó a Draco del antebrazo y lo sujetó con firmeza para ayudarlo a caminar. Draco sentía las piernas de gelatina y temía desmayarse en cualquier instante. Las imágenes del enfrentamiento volvían a su mente de manera confusa y se enredaban con unos extraños ojos castaños arrasados en lágrimas. Trató de pensar pero la falta de sangre incluso le dificultaba encanillar una simple oración en su mente. Desistió y sólo se dejó llevar hacia la enfermería como un muñeco de trapo, ajeno a las murmuraciones de las personas al pasar que exclamaban horrorizadas o se tapaban el rostro al verlo en ese estado. Los minutos siguientes solo fue conciente que lo estaban obligando a bebe algún extraño líquido caliente que lo abrasaba y segundos después perdió finalmente el conocimiento.

Hermione con el mayor sigilo y tratando de mantener la calma a pesar del gran dolor de ver a Draco herido por su mejor amigo, fue siguiendo a Snape y a Draco hasta la enfermería. Quería aprovechar que seguramente el incidente aún no había sido divulgado por lo que no habrían Slytherins pugnando por entrar al lugar. Espero paciente que Snape saliera y trató de entrar. Pero a pesar de los reiterados pedidos, argumentos, súplicas de su parte, Madame Pomfrey no cedió y más aún por resultarle extraño que una Griffyndor, especialmente ella que tantas veces había sido humillada por el joven Malfoy, exigiera verlo. De nada le valió los argumentos ni su poder de convencimiento esa vez, tuvo que retirarse con el corazón encogido, solo mitigado por el hecho de saber que Draco sobreviviría, como ella lo recordaba de aquel terrible incidente.

Minutos más tarde, calculando que Harry ya habría regresado de la sala común y de la sala de los menesteres donde ocultó el libro de pociones del príncipe mestizo y presentado nuevamente donde Snape para su castigo, esperó detrás de la estatua junto a la puerta otra vez. Todo ocurrió como Harry le había contado en su pasado. Snape abandonó victorioso aquel baño dejando a Harry demudado con el castigo sabatino y sus nulas posibilidades de volver a jugar con el equipo de quidditch. Minutos después, Harry también abandonó el lugar.

Fue ese momento en que Hermione aprovechó para entrar. Sabía lo que venía a hacer y no tenía mucho tiempo. Harry, Ron y ella comentarían aquel episodio dentro de poco en la sala común. Buscó con la mirada y tanteó el suelo mojado de sangre y agua, aún derramando grandes lágrimas, hasta que la encontró. La varita de espino de Draco Malfoy se divisaba en el fondo de un charco. Se apresuró en tomarla y salir corriendo hacia su sala común.

Al día siguiente ya todo el colegio estaba enterado tanto por el lado de Myrtle la llorona como por parte de Pansy Parkinson que si había obtenido el permiso para visitar a Malfoy en la enfermería y ahora se encargaba de vilipendiar a Harry por todo el colegio. Hermione ardía en deseos de ir, pero también suponía que aquella enfermería estaría llena de Slytherins que verían con muy malos ojos el que ella quisiera ver a Draco.

Pasaron dos semanas. Dos lentas y tortuosas semanas antes de que Hermione pudiera asomarse por la enfermería sin sospecha alguna. El incidente ya estaba algo olvidado, en gran medida por el partido final de quidditch y la obtención de la copa de plata por los Gryffindors y obviamente por la nueva pareja de moda de Hogwarts: Harry Potter y Ginny Weasley. Ambos estaban más relajados y Harry había olvidado casi por completo continuar con el seguimiento de Draco. Esta era la oportunidad que Hermione estaba esperando.

– ¿Él dijo exactamente eso, Madame Pomfrey?... tal vez usted escuchó mal…

– Por supuesto que no escuché mal, señorita Granger. Pero creo que ahora si estoy escuchando mal… de otro modo no entiendo cual es su interés en venir a cada hora del día a preguntar e intentar ver al señor Malfoy, digo ¿acaso ustedes pues… no se llevaban?

– Ehh…. Yo…

– Le vuelvo a repetir que el señor Malfoy se niega a recibir cualquier visita, salvo la de la señorita Parkinson y obviamente en vista de lo ocurrido y con toda razón, de cualquier alumno de Griffyndor. Aunque me extraña que especialmente enfatizara vuestro nombre…

– Es que yo…

– Bueno ya, no interrumpa más mis labores y regrese a sus clases – Madame Pomfrey avanzó hacia una repisa empujándola suavemente a un lado con la mano.

– Pero madame…

La enfermera suspiró cansada. Todos los días desde que Draco Malfoy estaba allí, aquel diálogo sin sentido se había repetido. Sabía que aquella insistente señorita no se iría a menos que ella le diera algún alcance de la evolución del muchacho. Dejó la botella de poción que había tomado de nuevo en la repisa y volteó cansinamente.

– El señor Malfoy saldrá el día de mañana por la tarde, es todo lo que le diré. Puede intentar hablar con él cuando salga de la enfermería. Y ahora – puso cara de enfado – será mejor que vuelva a sus clases o tendré que avisarle a la profesora MacGonagall.

Hermione le dedicó una sonrisa de agradecimiento y sin que madame Pomfrey lo esperase, la castaña se lanzó hacia ella, le dio un beso en la mejilla y salió casi saltando por el corredor de la enfermería, tan feliz como no recordaba hace mucho.

Oooooooooo000000000oooooooo

Aunque estaba acostumbrada a la nueva relación de Harry con Ginny, por momentos aún le resultaba algo incómodo verlos juntos tan íntimamente. Quizás aún tenía en la mente y, tampoco podía negarlo en el cuerpo también, la sensación de los besos y las caricias que Harry le había prodigado en aquellos meses en que vivieron juntos. No era exactamente celos, porque estaba muy clara respecto a ello. Ella estaba enamorada de Draco y no podía concebir a otro hombre más que a él, pero tampoco podía evitar aquella pizca de apocamiento que sentía cuando los veía así como ahora.

Acababa de entrar por el hueco del retrato y contempló en un sillón alejado, junto a la ventana a Harry y a Ginny besándose apasionadamente, lejos de la vista de los curiosos. Pero ello avanzó sigilosamente hasta allá y a pesar de tener al mismo tiempo la sensación de huir, se quedó contemplándolos por unos instantes.

La mano de Ginny restregaba el sedoso y negro cabello de Harry, despeinándolo con cada caricia. Hermione recordó como le gustaba acariciar aquella melena rebelde, justo donde su remolino hacía alborotar sus negros cabellos y el sonido que Harry emitía cuando ella los halaba juguetona. La mano de Harry acariciaba con sendos movimientos circulares la espalda de Ginny, arrugando la blusa y trataba de adherirla aún más a él. Hermione recordó como Harry siempre hacía estos movimientos sobre su espalda minutos antes de deslizar su mano bajo su ropa y pasar a liberar su sujetador.

Sacudió la cabeza con fuerza, como negándose a continuar con aquellos pensamientos. Debía aceptar que Harry era parte de su pasado, porque ella así lo eligió al escoger a Draco. Trató de darle más fuerza a aquel sentimiento de felicidad que sentía por el simple hecho de ver a Harry y a Ginny, sus mejores amigos, que se amaban y eran felices y no tanto a su viejo sentimiento de posesividad o costumbre. Ella era una mujer sensata y a pesar de sus hormonas revueltas de adolescente no dejaría que esos sentimientos tuviesen tanta importancia. Ellos eran sus amigos y estaban felices así. Ella amaba a Draco y no había espacio para ningún sentimiento carnal más que para él.

– ¿Se te ofrece algo, Hermione?

Hermione dio un respingo, Ginny y Harry la miraban sorprendidos de encontrarse con ella frente a frente.

– Nada, sólo quería decirles que hacen una linda pareja y que me alegro que por fin estén juntos.

Esta vez sus pensamientos y palabras fueron correctamente sinceros. Y le alegró comprobarlo.

– Hey! Que hacen aquí tan solitos – Ron llegaba mordisqueando una empanada. Avanzó hacia ellos y se sentó en la alfombra junto al sillón.

Ginny bajó del sillón, tomó el profeta que había junto a la mesa y con gracia se sentó en el suelo de la sala común, con la espalda apoyada en las piernas de Harry. Con un gesto hizo que Hermione se sentara frente a ella.

Los siguientes minutos, Hermione recordó aquella conversación con agrado. El colacuerno húngaro tatuado en el pecho claro y lampiño de Harry y el micropuff en alguna parte secreta de Ron. Realmente Dumbledore tenía razón. Aquello no era más que otra oportunidad que le daba la vida para hacer las cosas mejor y disfrutar nuevamente aquellos momentos juntos, con sus amigos que había perdido, Ron y Ginny. Por ello tenía bien en claro que debía hacer algo al respecto. En esa realidad, debía evitar que Ron muriese por defenderla y también debía hacer que Harry dejara a Ginny para evitar hacerla blanco de los mortífagos por su relación con él. Su trabajo era hacerle meditar sobre los peligros a Harry indirectamente, para que él mismo tomara la decisión de dejarla, al menos hasta que, Voldemort fuese derrotado. Eso aseguraría que ella se mantuviese con vida.

– …Pero siempre que no se aficionen a besarse en público.

– ¡Si serás hipócrita! ¿Y qué me dices de Lavender y tú, que se paseaban el día revolcándose por todas partes como un par de anguilas? – protestó Ginny.

Hermione sonrió nuevamente. Le encantaba estar allí, compartiendo aquellos momentos felices. Porque en unos años sería más difícil sonreír. Pero ahora, lo disfrutaba con beneplácito. Y mañana aún más, porque Draco saldría de la enfermería y podría por fin verlo.

ooooooooOOOOOOOOOOOoooooooooooo

Después de haber casi empujado su almuerzo, Hermione corría hacia la enfermería para ver a Draco. Se aseguró de convencer a sus amigos que iba hacia la biblioteca por un dato importante. Llevaba en la mochila la varita de espino de Draco. La había acariciado tantas noches que sabía incluso donde quedaban las pequeñas imperfecciones de la madera. Se imaginaba los largos y fuertes dedos ciñéndose en torno a esa varita y anhelaba en secreto sentir lo mismo. Aquellos dedos recorriendo su cuerpo… Apuró el paso, ya casi daban las tres.

– Lo lamento, señorita Granger, pero como le repito, el señor Malfoy se sentía mucho mejor esta mañana y me pidió que autorizara su salida lo más pronto posible.

– …pero

– Y como le repito también – la enfermera adoptó un tono impaciente – le mencioné como me pidió, que usted vendría, pero igualmente decidió irse con su amiga, la señorita Parkinson después del desayuno. Ahora señorita Granger, despeje la entrada a la enfermería.

– pero…

– Señorita Granger…. – madame Pomfrey empezaba a arrugar el ceño – porqué no se retira de una… – y de pronto pareció recordar algo – Creo que si podría hacer algo por el joven Malfoy… él dejó esta camisa limpia olvidada dentro del cajón del velador ¿podría usted hacerla llegar?

Hermione la miró como si le estuviesen entregando una condecoración oficial. Y tuvo que suavizar la expresión ante la cara de suspicacia que adoptó la enfermera. Partió veloz imaginando como haría para alcanzarle aquella prenda a Draco.

No había caminado ni medio piso, cuando observó que venía hacia ella Pansy Parkinson. Ambas se detuvieron y se observaron por espacio de algunos segundos. Los ojos de Hermione parecían castañas al fuego mientras que los negros azulados de Pansy parecían brea caliente y efervescente. Ambas giraron lentamente como evaluándose.

– Ya que estás aquí, quiero aclarar algo contigo, Granger. ¿Por qué te interesaba tanto ver a Draco mientras estaba en la enfermería?

Hermione se desconcertó por espacio de algunos segundos. La pregunta le había cogido por sorpresa. Seguramente madame Pomfrey debió haber comentado algo y ella pudo escucharla. Inmediatamente volvió a controlarse y adoptar la postura desafiante. No tenía porqué darle explicaciones a nadie y mucho menos a ella.

– Eso no te incumbe, Parkinson, ¿no estarás celosa?

Aquella frase brotó de sus labios sin pensar. Fue lo que su corazón y no su mente pensaba. Se arrepintió al segundo de haberlo dicho. Ella podría sospechar… aunque si fuese así ¿Qué rayos le importaba a ella en ese instante?

– ¿Celosa, yo? Ja! – Pansy esbozó una carcajada que no sonó muy convincente – una chica como yo, celosa de una sangres-

Hermione no la dejó terminar. Sólo le perdonaba a Draco aquel insidioso insulto por ser él, pero jamás lo aguantaría de otro ser humano. Ya estaba con la varita apuntándole muy cerca.

Pansy se puso lívida de terror. Sabía lo buena que era Granger y no deseaba en lo más mínimo arriesgarse a que la lastimara. Retrocedió unos pasos y carraspeó antes de preguntar nuevamente:

– ¿Porqué intentaste verlo?... ¿o querías hacerle algo?

Hermione bajó la varita y la guardó en el bolsillo de la túnica. Debía serenarse. Ella no actuaba por instinto y eso exactamente estaba haciendo. Sopesó la pregunta de la morena.

Si pues, es obvio que la gente piense eso… después de todo ¿qué interés se supone que podría tener en él?

– Ehh… bien yo sólo quería asegurarme que se recuperara. Harry nunca quiso lastimarlo en verdad, él no conocía que tan dañina era esa maldición… jamás la hubiera aplicado si lo hubiese sabido.

– Si claro, ahora nos quieren hacer creer que Potter es un santo, incapaz de la peor bajeza. ¡Draco pudo haber muerto!

Ahora era Pansy la que tenía la situación bajo su control. Hermione había empequeñecido ante tal pensamiento y Pansy asumió que se debía a que era la verdad.

– Harry no quería matarlo… sólo se equivocó al utilizar ese estúpido hechizo…

– Y se supone que crea también que tú vienes a verlo para ver como sigue su salud ¿no?. Seguramente quieren terminar su obra…

– ¡No! – saltó inmediatamente con las mejillas encendidas – ¡Yo jamás le haría daño!

– Draco mencionó que le pareció verte justo después del ataque. Pero a pesar de que me ha prohibido que lo cuente al profesor Snape, no sé porqué tonto motivo, yo también estoy de acuerdo en que tuviste parte activa de aquella infamia contra mi Draco. El mismo me aseguró que tú y el pobretón de Weasley, tu novio, seguramente estaban coludidos con Potter.

– ¡Nadie esta coludido con nadie! – chilló Hermione empezando a perder nuevamente la paciencia – ni yo, ni tampoco Ro… espera… – la castaña reparó en un detalle – ¿mi novio?

– ¿Qué, ya no lo es…. también lo cambiaste a él tan rápido?

– ¿novio? ¿cambiar?, explícate porqué estás hablando tonterías

– Conmigo no tienes que hacerte la santa e inmaculada virgen. Ya me encargué que todos se enteraran la clase de chica que realmente eres. Hasta el mismo Draco estuvo de acuerdo conmigo…

– ¿Draco?...estuvo de acuerdo… ¿De que demonios hablas, Parkinson?

– Primero Potter, siempre tratando de que nadie se diera cuenta y luego lo dejas por el perdedor de Weasley, incluso sabiendo que estaba con una de las chicas de tu casa. Yo sabía que tipo de chica eras, pero hasta el mismísimo Draco le sorprendió enterarse por mí, de que te revolcabas con el pobretón. Mira que salir del dormitorio de Weasley con toda la desfachatez del mundo frente a Lavender. Tan correcta que fingías ser y no eres más que una zorr–

¡Plaf , plaf!

El rostro de Pansy giró violentamente de un lado y otro y sus mejillas empezaron a palpitar y adoptar un feo color grosella oscuro.

– Voy a mat…..

– ¡Ayyyy… auxilio!

Hermione empezó la carrera dispuesta a ahorcar literalmente con sus propias manos a aquella estúpida mientras que Pansy corría asustada de la reacción inusitada de Hermione. Sólo logró sujetar por escasos segundos la cabellera azabache de la morena y jalarla, pero tuvo que soltarla y observar como se escabullía disparada por un recodo del pasillo, mientras que ella era sujetada de ambos brazos por Harry y por Ron que aparecieron para salvar inconcientemente a la joven slytherin de su palpitante ira.

Todo el trayecto hacia su sala común lo hizo en el más encarnizado silencio, a pesar de las súplicas, indirectas y amenazas de sus amigas por saber que había ocurrido. Sólo iba forjando en su astuto cerebro las trazas iniciales de su siguiente plan. Esta vez no se conformaría con poco. Iría a ganador. Una sonrisa sutil se formó en sus rosados labios. Una sonrisa que fue acompañada del brillo rojizo centelleante en sus ojos castaños por unos segundos cuando contempló su mano derecha y observó feliz algunos cabellos negros enredados entre sus dedos.


Imaginarme a Draco empapado en sangre, a las justas conciente, deprimido y realmente sensible me parte el corazón…snif snif pero me encantó conocer su lado vulnerable, su lado humano. Y no entiendo como es que los productores de la película sobre HP estén pensando seriamente en no incluir la escena del SECTUSEMPRA en la peli!! Eso sería un abuso. Ya de plano dicen que no incluirán en HP6 a Myrtle la llorona y eso afectaría esta escena. Ojalá sólo sea un rumor y a pesar de no estar incluida Myrtle, igual filmen esta importante escena. Ahí se puede comprobar claramente que Draco Malfoy no es un vil asesino y muestran su lado humano y la preocupación por su familia….grrrr! ojalá nomás no dejen pasar esto por temor a hacer parecer a Harry como malo al atacar y lastimar a Draco.

Y volviendo al fic..: ¿Qué tramará Hermione?...ummmmm , capítulo muy interesante el siguiente…. No dejen de visitar esta historia!.

Nos leemos!