Holass!

Capítulo interesante, que me obligó a levantar un poquito la calificación. Léanlo con tranquilidad…

Besos!

Gise


CAPÍTULO 17 – SEGUNDA, PRIMERA VEZ

– Entonces Harry y tú después de desayunar bajaron por la entrada a las mazmorras ¿cierto?

Ron respondía a duras penas ya que en ese instante atacaba un exquisito puré de batatas dulces con marshmellows. Ambos estaban solos en el gran comedor, pues Harry estaba aprovechando aquel tiempo para caminar junto al lago con Ginny, ocasión ideal para los planes de Hermione.

- See

– Creo que en aquella ocasión me contaste que los corredores parecían laberintos… y...¿Cómo cuantos pisos bajaron para llegar al muro de piedra? Supongo que gracias a tu perspicacia no se perdieron Harry y tú, ¿verdad? Porque estabas bien orientado ¿no?... – Hermione, con su tenedor, jugaba involuntariamente con los vegetales de su plato.

– ¡pof supuefto! – se apresuró a responder, Ron – y eban cuafro – respondió Ron con brillo en los ojos, al sentirse halagado por el comentario.

– …Era el segundo corredor de la derecha después de esos cuatro pisos ¿si?, y luego esta el trecho de muro descubierto y lleno de humedad que es la puerta de entrada a la sala común de Slytherin ¿correcto?

Ron levantó el rostro de su plato por un instante y miró a Hermione con cierta extrañeza. Ella captó la mirada en un segundo y se apresuró a comentar con la mayor naturalidad que pudo hallar, a pesar del nerviosismo que la llenaba por dentro.

– Siempre me ha gustado escuchar tus historias, Ron. La manera como describes los detalles, hacen que casi me imagine estar allí… eso es tan… tan apasionante.

A Ron casi le da un ataque de tos al pasar un gran bolo de puré de improviso. No podía creer que Hermione estuviera allí junto a él interesada en escuchar sus aventuras. No era a Harry a quien había buscado para recordar aquella ocasión en que bebieron poción multijugos e ingresaron a la mismísima sala común de los Slytherins para averiguar si Malfoy era el real heredero de Salazar Slytherin. Irguió el pecho, ya con la mente lejos de cualquier suspicacia que hubiese podido formarse y limpiándose con la servilleta continuó, ahora sí, con los más ínfimos detalles, contando aquel episodio.

Hermione escuchó atentamente el relato de Ron, luchando por no sacar su libreta y apuntarlo todo para evitar que algún detalle se escapara. De vez en cuando, una sonrisa de éxito aparecía en su rostro, al comprobar que la primera parte de su plan iba en buen camino. Pero se borraba luego, al experimentar el sentimiento de culpa que le provocaba aquel brillo inusual en los ojos de Ron cuando, justamente ella sonreía.

Terminado el almuerzo, Hermione como pudo, se despidió de Ron, argumentando que se había olvidado un libro en la sala común ante el descontento evidente del pelirrojo. Corrió a la sala común, pero no para recoger algún libro, sino una cajita que le había llegado hacía unas horas en el correo de la mañana. La metió en la mochila y salió presurosa para llegar antes de la primera clase que tenían esa tarde. Aún había tiempo antes de que empezara la hora de Pociones. A Hermione le preocupaba que el profesor Slughorn hubiese salido ya de su despacho, pero se alegró de escuchar el ruido de la puerta ante su primera llamada. Slughorn con un gran puro en la mano le sonrió desde el umbral.

– Señorita Granger – murmuró – La clase empezará en media hora… pero seguramente usted está impaciente por saber algo extra y eso la trae hasta aquí ¿me equivoco?

Hermione sonrió mentalmente agradecida por la excelente excusa que el mismo Slughorn le estaba brindando. Olvidando los buenos modales, entró al despacho sin esperar ser invitada. Necesitaba todo el tiempo posible.

- Bueno, sólo quería preguntarle si era posible echarle unas cuantas gotas de néctar de la flor de la pasión a una poción multijugos para darle buen sabor...

El viejo la miró con ligera desilusión. Esa idea era algo común en el círculo de aprendices de pociones tratar de mejorar el sabor. Sólo los magos expertos sabían que, justamente el mal sabor de la fórmula de la poción multijugos, era uno de los requisitos para que esta funcionase. Aunque no estaba totalmente probado.

Hermione se percató rápidamente de que su excusa empezaba a echar agua y se apresuró a acotar mientras procedía a extraer la cajita de su mochila.

– Lo que sucede es que estoy haciendo una investigación personal de los errores más comunes en la preparación de pociones avanzadas y como mejorar el sabor de esa poción siempre es un ideal para los estudiantes, usted sabe, algo como una guía básica….

Slughorn carraspeó contento de comprobar que la joven no era una estudiante más, y que podría eventualmente obtener algún puesto importante o hacerse de una buena reputación en un futuro cercano y, obviamente, él deseaba tenerla en su círculo.

– Me parece excelente que se dedique a la investigación, señorita Granger… pero no veo la necesidad de venir hasta aquí para hablar del tema, hubiésemos podido hablar en clase.

– Sólo quería aprovechar para solicitarle una muestra de poción multijugos de su habilidosa colección personal – Hermione hizo énfasis en la palabra – para darle mayor realce a mi ensayo. Su nombre estaría sin lugar a dudas en la portada como el mentor y co-autor de esa investigación. Quisiera presentarla a la feria de jóvenes talentos de la magia, que organiza la asociación de ex alumnos de Hogwarts. Estoy segura que seré la ganadora… son 800 galeones… pero la feria es dentro de dos semanas y me tomaría un mes preparar la poción…. Comprenda profesor, sólo me interesa el conocimiento, los galeones podría usted, tener la amabilidad de aceptarlos para, no sé, alguna donación o para otras investigaciones personales….

Slughorn no tenía conocimiento de ninguna feria de talentos, pero la sola mención de 800 galeones en sus bolsillos hizo que sus pupilas se dilataran. Si alguien podía ganar aquella competencia, esa era Hermione Granger. Después de todo era la mejor en clase, junto a Harry, quien ahora por cierto, estaba siendo un completo desastre en la preparación de pociones y todo por sus hormonas juveniles al estar saliendo con una chica. Quizás con la señorita Granger había una posibilidad de…

– Profesor… – Hermione se apresuró a rematar su pedido – necesitaría dos o tres botellas para ensayo y error, usted entiende, siempre es bueno contrastar. Y a propósito – alzó la mano con la cajita sobre ella hacia Slughorn –mis padres saben del encomiable esfuerzo que hace al enseñar aquí en Hogwarts y le envían esta pequeña muestra de su agradecimiento.

La cajita de piñas confitadas, que casi le habían costado la propina de un mes completo a Hermione, estaba ahora abierta y siendo degustada por un Slughorn que sonreía feliz ante el detalle.

– Dígale a sus padres, que no se hubiesen molestado en este detalle… aunque no me ofendería si lo volviesen a hacer – esbozó una sonrisa pícara – siempre me han gustado estos antojitos.

Hermione asintió con una sonrisa afectada. Se estaba acabando la cajita y aún no le manifestaba si le entregaría las botellitas con poción. Necesitaba al menos tres horas para descubrir la verdad con Draco. Se arriesgó a ser descortés…

– Profesor Slughorn… usted cree que pueda entregarme las botellas… para tener tiempo de ir a guardarlas a mi sala común. Porqué lógicamente es una gran responsabilidad y no puedo tenerlas por allí y exponerlas a que algún estudiante les de un mal uso, muy distinto a mejorar el conocimiento mágico. Además de mantener mi investigación en el más perfecto secreto…

El viejo profesor se limpió los dedos llenos de almíbar con un elegante pañuelo de seda que sacó de su túnica y asintió ante el comentario. Definitivamente aquella chica era de confiar para entregarle la poción. Así estuviese quebrantando algunas reglas, ya que el manejo de pociones avanzadas debía limitarse únicamente a las clases, pero volvieron a su mente los 800 galeones y muchas cajitas más de piñas confitadas y avanzó con paso decidido hasta un armario detrás de su escritorio. Con la varita pronunció un conjuro y las pequeñas puertas de madera negra se abrieron dejando a la vista muchas botellas conteniendo distintas clases de pociones.

Hermione pudo divisar, por los colores a simple vista, pociones de Amortentia, Veritaserum, Curahipo, crece huesos, Euforia en incluso un pequeño frasquito de Felix Felicis, pero no divisaba la poción multijugos y su conocido aspecto de barro espeso y oscuro.

– Me temo que tengo esta única botella en la actualidad, lista para ser combinada con algo de la persona en que se quiera convertir. Pero tengo un caldero preparándose desde hace unas semanas y estará listo en cinco días, podría darle las tres botellas que necesita para esa fecha.

– ¡No! – Hermione gritó inconciente y Slughorn le dedicó una mirada dudosa– Digo… no, no se preocupe… puedo ir avanzando con esa botella – y alargó su mano esperanzada hacia la botella que tenía su profesor en la mano – para no demorar mi investigación…

– Pero esta botella está ya hace algunas semanas aquí, y me temo que puede estar un poco añeja. No creo que pueda serle muy útil.

Hermione temblaba por dentro ante la posibilidad de que sus planes se vieran derrumbados justo al final, bajó la mano lentamente, casi derrotada... Pero de pronto su mente ágil intervino:

– Pierda cuidado, profesor. Lamento haberlo importunado con mi pedido. Yo sólo necesitaba las pociones para un experimento y nada más. Bien, no deseo molestarlo más – hizo el ademán de retirarse – me parece recordar que el profesor Snape tiene algunas botellas de poción multijugos que podría brindarme…

Como despertando de un sueño, Slughorn dio un brinco y se apresuró a cortarle la retirada a Hermione. Se dio cuenta que la poción no era para transformarse si no sólo para probar la teoría de cambiarle el sabor y si la poción no funcionaba en convertir en otro, todo el tiempo correcto, a quien lo bebiera, no era de cuidado. Era un ensayo y nadie bebería de aquella botella, nada más que para probar su sabor.

– ¡Oh vamos!, señorita Granger…. No importunemos a mi buen amigo Severus en algo tan banal como esto. Aquí tiene la botella y regrese en unos días por las otras dos – le entregó a Hermione el frasco quien la recibió con una gran sonrisa – y ya sabe, mantengamos esto en, un perfil bajo, para evitar, digo, para que sea una grata sorpresa cuando usted gane ¿me entendió?.

– Por supuesto, profesor, por supuesto.

Y dando media vuelta, Hermione Granger salió con el corazón tamborileando de alegría dispuesta a llevar a cabo la segunda y la más importante parte de su plan.

oooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooooo

Necesitaba corroborar la intuición del porqué había recambiado nuevamente Draco con ella. Bueno, tampoco esperaba que ahora él corriera por allí pregonando que ambos se habían besado, no tenía que usar su lógica para ello si no el sentido común, pero tampoco era para que la odiara ahora de una manera aún más encarnizada. Recordaba su mirada brutal y llena de resentimiento en el pasillo e incluso días después aún podía vislumbrar los cardenales sobre la blanca piel de su muñeca. Y lo de Parkinson, aquella conversación sobre ser la novia de Ron y haber salido de sus habitaciones…

De solo pensarlo se me eriza todo el cuerpo, aunque aún me da rabia que esos rumores circulen así sin más…

Hermione blanqueó los ojos y resopló con furia pero continuó caminando. Después tendría tiempo para arreglar aquel asunto. Ahora sólo le interesaba probar lo que sospechaba.

y si realmente sólo estaba celoso al saber que yo estuve con Ron…

Un calorcito delicioso recorrió a Hermione haciéndola trastabillar, pero se recompuso y continuó la marcha hacia el gran comedor. Luego tendría una hora exactamente para comprobar si aquello que imaginaba era cierto o simplemente Draco no quería saber nada de ella, porque seguía considerándola una sangresucia

Tal vez y ese beso no significó nada para él, sólo fue algo del momento ya que estaba muy triste y presionado. El Draco de mi futuro me llegó a amar después de conocerme bien, de interactuar juntos, de familiarizarnos; en cambio éste no sabe como soy realmente, ni cuales son mis intenciones, para él debe ser extraño, siempre nos tuvimos un aborrecimiento mutuo y de pronto me planto frente a él y lo abrazo con sentimiento. Debes ser algo muy confuso…

Llegó al umbral del gran comedor y sigilosamente sacó una botellita de poción para dormir. Estaba orgullosa de sus conocimientos. No era una simple poción para dormitar, había experimentado mucho con ella en esos años vividos y había logrado que surtiera efecto no en el instante en que uno la ingería, sino cuando después de beberla, en las 24 horas siguientes, escuchaba una palabra específica de quien la preparó y se la dio de beber.

Pero no se me ocurre que puede comer o beber la idiota de Parkinson…. Con eso de cuidarse de las calorías, creo que a las justas come una lechuga en la cena… Ah!! chocolates bajos en grasa, eso no puede fallar, aunque dudo que existan, esa cerebro de pollito se lo creerá… pero como hago para hacerlos llegar a su mesa?

Tenía que causar una distracción para hacer llegar a su mesa y colocar los bombones, pero con decenas de estudiantes ávidos por vengar el ataque a un miembro de su casa, era una misión suicida. De pronto dio un par de saltitos de alegría. Utilizaría el punto débil de la morocha: el mismísimo Draco. Se apresuró en correr nuevamente hacia la lechucería para envolver el paquete de golosinas. Le costó persuadir a una lechuza, casi tuvo que acicalarles las plumas por 10 minutos para convencerla de llevar el paquete a esas horas en que la mayoría de animales estaba durmiendo. Con rapidez, garabateó una nota imitando la letra de Draco –gracias a Dios sus memorandums en la oficina me hicieron aprender su estilo- donde le daba las gracias por ser tan linda con él y en vista de que aún no salía de su sala común por sus heridas, quería hacerle llegar aquel presente. Tuvo que aguantar la arcada que le dio escribir semejante disparate, pero necesitaba asegurarse que ella comiera los bombones.

Se acercó nuevamente al gran comedor con la mayor soltura posible y se ubicó junto a Harry y Ron quienes inmediatamente la miraron aún resentidos. Ella no había querido ahondar en el tema de Parkinson, sólo se limitó a decir que defendió a Harry de un ataque de la morocha y nada más, pero por lo menos Harry, intuía que no era todo el problema, aunque no pudo decir nada más por la negativa de continuar hablando de Hermione.

Con el rabillo del ojo observó a la lechuza descender por el amplio ventanal y dejar caer suavemente el paquete sobre la mesa de slytherin, frente a Pansy Parkinson. Esta abrió con avidez el pergamino y soltó, segundos después un gritito de felicidad. Con agilidad de desenvolvió el paquete y para tranquilidad de Hermione probó unos cuantos bombones y tal como sospechó no invitó a ninguno de sus compañeros presentes en la mesa.

Regresó la atención a su mesa. A pesar de no tener nada de hambre por la emoción se obligó a comer, ya que necesitaría fuerzas para mantenerse alerta. Después de todo, cualquier cosa podría salir mal. Podría no encontrar la puerta de ingreso a Slytherin, o alguien podía descubrir a la verdadera Parkinson, o llegar a la mismísima puerta y no poder ingresar ya que no conocía la contraseña y la peor de todas estas suposiciones: Que Draco Malfoy la descubriera.

– Chicos, esta noche iré a la biblioteca porque tengo una redacción de Aritmancia que se me había traspapelado. No me esperen despiertos que quizás demore un poquito…

Harry y Ron la miraron algo extrañados de toda la explicación, pero al no tener sospecha alguna, asintieron con un gesto y continuaron con la cena. A Hermione, aquel jugoso bistec sobre su plato le sabía de pronto a suela de zapato por lo que estaba a punto de hacer y de ocultar a sus amigos.

oooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooooo

No fue difícil, contrario a lo que pensó, encerrar a Parkinson en un baño del segundo piso y poner el letrerito de "fuera de servicio". La chica había ido a retocar su maquillaje apenas terminó de cenar, seguramente con la intención de encontrarse en su sala común con Draco. Hermione esperó pacientemente que las demás chicas salieran del baño y para su suerte, la morocha se quedó sola segundos después. Le bastó decir "venganza" para que Pansy cayera como desmayada sobre el lavabo. Luego, Hermione la arrastró hacia uno de los cubículos más alejados, la sentó como pudo sobre el retrete y procedió a efectuar un encantamiento desilusionador. Si alguien, de curiosidad lograba abrir el cubículo, sólo vería un retrete vacío.

Terminó por quitarle la capa con los colores verde y plata de Slytherin salió hacia los lavabos y se la puso ya que ambas eran de la misma estatura –aunque yo tengo más pechos que esta tabla – sonrió traviesa mientras volcaba en un vaso grande la poción extraída de la botella de su túnica. Una especie de barro lodoso burbujeó pesadamente dentro del vaso. Para cuando le agregó el cabello de la morocha, bien guardado en una bolsa, producto del soberano jalón que tenía bien merecido aquella muchacha; la pócima emitió un intenso pitido, arrojó espuma y se había transformado en una amarillo completamente asqueroso. Hermione bebió un par de sorbos y tuvo que contener la arcada que amenazaba con explotar.

Creo que debería tomar en serio lo de esa investigación para mejorar el sabor….

No pudiendo aguantar más, corrió al retrete más próximo y arrojó el contenido de su cena sobre el piso. Con ironía pensó que la vida suele cobrarse las ofensas sin que uno se lo proponga. No se había percatado que aquel cubículo era justamente donde había dejado a Parkinson. Sus lustrosos zapatos estaban ahora… manchados.

Pero no pudo continuar con su alegría porque según recordaba y experimentaba ahora mismo, la transformación con poción multijugos no era pan comido. Se le encogió el estómago y empezó un ardor que fue extendiéndose por todo se cuerpo. Parecía que le habían aventado un cubo de cera caliente sobre ella. La incomodidad finalmente empezó a menguar y pudo ver en el espejo del baño desaparecer sus rizos castaños a la vez que se acortaban, laceaban y adquirían una tonalidad azabache. De pronto su brassier le quedaba pequeñito, como si se hubiese desinflado.

Rayos, mejor me despojo de él porque pareciera que me puse el brassier de mi madre…

Metió todas sus cosas dentro de una mochila y la dejó detrás de una estatua en un rincón. Sincronizó su reloj de pulsera. 1 hora era lo que daba la pócima. Salió presurosa rumbo a las mazmorras con el alma pendiendo de un hilo.

No tardó ni cinco minutos en llegar, lo que resultó exasperante fue los otros 15 minutos que tuvo que esperar que alguien asomara por el recodo del pasillo. Se inclinó como si estuviera a punto de atarse los cordones para disimular su estadía solitaria frente al muro húmedo a la par que el corazón repiqueteaba asustado.

– ¡Zabinni! – gritó con voz chillona – que bueno que te encuentro.

El muchacho que venía con un grupo de slytherins flanqueándolo se sorprendió ante la efusividad de su compañera. Acababan de verse en la cena y no entendía el porqué de su extraño júbilo.

Inmediatamente Hermione corrió hacia él y se coló dentro del grupo de chicos con el mayor desparpajo. Estos la miraron algo extrañados pero, como conocían el carácter cambiante de Pansy, continuaron su camino.

– ¡Cabeza de serpiente!

Entraron todos juntos a través del agujero que se abrió en la pared. Hermione avanzó unos cuantos pasos y quedó boquiabierta por la diferencia entre su sala y la de ellos. Era una sala larga, semi-subterránea con los muros y el techo de piedra basta. Los muebles de cuero negro elegantísimos pero algo recargados, los costosos adornos de cristal dispersos por las mesas, las lámparas de color verdoso colgadas del techo mediante cadenas, los retratos de varios personajes sobre las paredes de piedra pulida junto a los blasones encuadrados en ribetes de oro representando a las familias de sangre pura cuyos miembros pertenecieron a aquella casa. Los enormes, y a la vista, selectos tapizones verde y plata mullidos bajo sus pies y bajo la repisa labrada, la gran chimenea con maderos al rojo vivo crepitando bulliciosamente encuadrando aquella aristocrática estancia. Por espacio de varios minutos, Hermione se deslumbró ante tanta magnificencia.

– ¿Qué te ocurre, Pansy? Las lechugas de tu cena te quitaron las fuerzas para entrar

Hermione emitió una sonrisa tonta – obvio, después de todo es su sonrisa, no la mía– y se acercó disimulada hacia la chimenea. Con la mirada recorrió el lugar pero no pudo divisar la rubia cabellera por ningún lado. Disimuladamente miró el reloj y se espantó del tiempo que había transcurrido. Tenía que actuar.

– ¿Sabes donde está Draco, Zabinni?

– ¿Zabinni?, de cuando acá me llamas por mi apellido – el chico la miró de pies a cabeza.

– Es que estoy – Hermione pasó saliva algo asustada y tratando de pensar en una excusa – estoy aún preocupada por D..Draco. Quisiera verlo por que no bajó a cenar…

– Claro, seguramente va a bajar, con todas las exquisiteces que le han suministrado. Se suponía que el cuarto principal era para el premio anual de la casa y ya vez, él está instalado allí bien cómodo, sólo y con servicio personal, mientras los demás debemos continuar nuestra vida normal…

Hermione dio un respingo de alegría. Estaba sólo en un cuarto, así sería más fácil poder conversar con él sin la mirada de extraños. Disimuladamente se alejó de Zabinni. Pero no sabía donde quedaba aquel cuarto…, inmediatamente ideó una solución. Se acercó hacia un alumno de primero que jugaba ajedrez mágico con otro y le entregó un pergamino en blanco que llevaba en el bolsillo.

– Llévaselo a Draco Malfoy en el dormitorio del premio anual – ordenó despectiva para no despertar sospechas.

El niño bufó indignado pero se levantó para cumplir con la orden de la prefecta de Slytherin. Hermione avanzó disimulada detrás de él por la escalera de caracol y lo detuvo apenas para evitar que el niño tocara la puerta. Le arranchó el pergamino y le murmuró unas gracias, que dejó aun más enojado al pequeño.

Con el corazón martillando lentamente y la boca seca, Hermione dio un pequeño golpe y giró el pomo de la puerta con lentitud. Ya era de noche y había transcurrido como media hora desde que tomó la poción, pero eso se borró de la mente de Hermione. Empujó la pesada puerta que emitió un chirrido seco y tuvo que enfocar la vista para acostumbrarla a la semi penumbra de la habitación.

Draco se encontraba sentado frente a su escritorio escribiendo un pergamino y no se percató del ingreso de Hermione. Ella se quedó parada en el umbral observándolo embelezada y con la sensación de mariposas volando dentro de su estómago. Con el rabillo del ojo observó la amplia estancia, con una pequeña chimenea, una gran cama de edredón negro revestido con tapices bordados en hilos dorados, un recargado travesaño con serpientes, un espejo gigante y una cómoda alta de madera negra. Él estaba inclinado con la luz de la lánguida lámpara apenas irradiándolo. El cabello lacio se esparcía liberado sobre su pálida frente, el perfil de su nariz perfecta, su mandíbula afilada precedida de aquellos pómulos que aún no se hacían escarpados como ella recordaba. Sus labios suaves y apacibles empalidecidos ante aquella mortecina luz, apenas entreabiertos. Sus hombros caídos en actitud pasiva, su camisa blanca perfecta y sólo su pálida mano rasgando el papel con determinación.

No pudo aguantar más, llevaba días soñando con él, tratando de adivinar sus pensamientos y anhelando fundirse en un abrazo eterno. Sin importarle nada tiró la mochila a un lado, corrió hacia él con premura y trató torpemente de abrazarlo. Draco inmediatamente se incorporó sobresaltado ante la aparición súbita de Pansy. Ella apenas puede contener las lágrimas al verlo aún demacrado y ojeroso y con sus movimientos lentos.

- Que haces aquí, insistí muy claro hace un par de noches en que no deseaba recibir a nadie – Draco habló finalmente con un dejo de hastío en la voz y volvió a sentarse.

– Yo solo quería saber como seguías… – murmuró la falsa Pansy.

– Ya me cansé de repetirle a todos que estoy igual, el sucio hechizo de Potter no es suficiente para sacarme del camino así que deja de interrogarme – mojó la pluma en el tintero dispuesto a continuar.

– Necesitaba tanto verte… – le salió casi como un ruego.

Draco detuvo su tarea por un breve instante como meditando algo. Abrió el cajón y tomó la carta que escribía y la guardó bajo llave.

– Bueno ya que estás aquí… ¿tienes alguna novedad que contar?

Ella lo miró pensativa, y un halo de esperanza la inundó. Seguramente quería saber algo sobre sus amigos y, al menos disimuladamente, sobre ella. Se acercó a él con la sonrisa sin poder resistir su emoción.

– Her.. Granger estuvo preguntando de nuevo por ti en la enfermería… parece que está muy preocu–

– ¡Te especifiqué bien claro que no quería saber nada de esa sangresucia ni de sus malditos amigos! – Dio un puñetazo a la mesa con rabia –¡Te pedí que me informaras si veías al viejo en la cena o si otra vez se ha ausentado nuevamente y tú me traes chismes de la noviecita de la comadreja!-

– ¡Pero ella no es su novia! – Hermione habló desesperada.

– ¿Ah no? Tú me anunciaste que ella lo era. No te contó la propia novia engañada del pobretón que la sangresucia salió junto a él de sus habitaciones y agregaste algunos detalles más… O es que sólo se mete entre sus sabanas y nada más… – Draco refutó con dejo de fastidio en la voz

– Creo.. creo que hubo un malentendido… ella no …dicen que ella sólo estaba conversando… – la supuesta Pansy daba pasos cortos por la habitación nerviosa. Se acercó hacia el escritorio esperanzada de convencer a Draco sobre aquella equivocación.

– Si… seguramente como tú también lo haz hecho algunas veces conmigo ¿no Pansy? – Draco le dedicó una mirada sardónica.

Hermione sintió de pronto que sus extrañas se convertían en plomo. El y Parkinson… bueno, era algo que hubiese esperado de él, aunque nunca confirmado directamente de sus labios.

– Solo digo que las cosas no son siempre lo que parecen – Trató de ignorar el lacerante dolor en su pecho – Si solamente buscas el lado malo o negativo pues la imaginación puede dar para mucho…

– ¿Que demonios te ocurre, Pansy? Ahora te volviste su defensora o algo por el estilo. Si mal no recuerdo tú eras la más interesada en regar aquella historia por todo el colegio. La señorita perfecta que resultó siendo una completa zorra.

La conmoción que le causó escuchar aquel insulto hizo que Hermione volcara el tintero que estaba sobre la mesa de madera y gotas de tinta salpicaron la pulcra camisa de Draco.

- ¡Demonios! Era la última camisa limpia

La intención de Hermione era sólo hablar con él para tratar de averiguar porque había vuelto a odiarla y ahora ya lo tenía claro. Pero lejos de sentirse feliz por comprobar que sólo estaba celoso, o al menos eso entendía, sentía un nudo en la garganta, como si estuviese decepcionándose de su comportamiento nuevamente.

Debo ser razonable…un beso no lo iba a volver loco por mí de la noche a la mañana…

Draco continuaba rezongando mientras buscaba en el cajón la varita que le habían prestado hasta que su madre le enviara una nueva hecha especialmente para él. Odiaba aquella varita usada tanto como odiaba en ese instante a Potter por haberle hecho perder su preciada varita de espino.

Hermione recordó de pronto lo que había traído y aún con el corazón encogido caminó hacia la mochila para hurgar en su contenido. Sin mirarlo a los ojos, le entregó la camisa olvidada y la varita de espino.

– ¡Mi varita!

Por primera vez en días, Draco sonrió. – ¡Juraba que no volvería a verla! – pasaba los dedos por la negra madera, reconociéndola – la estrenaré nuevamente con una perfecta maldición sobre el imbécil de Potter.

Hermione suspiró abatida y giró dándole la espalda. El era así en ese instante y debía pasar muchas pruebas para lograr entender sus errores y salir de ellos. Volteó lentamente para despedirse pero sintió de pronto que se quedaba sin aire. Draco se había quitado la camisa para colocarse la que ella le había traído. Su tórax desnudo dejaba ver claramente las grandes cicatrices tenues, pero aún visibles sobre su piel. Ella despertó y fue conciente del porqué se encontraba allí. A pesar de todo, Draco siempre sería arrogante, vanidoso y engreído; pero igual ella lo amaba y lo amaría con todos sus defectos. Lamentablemente para ella, Draco se había metido dentro de su piel y su alma y no podía mostrarse impasible ante lo que le sucediera. Recordó su rostro bañando en sangre y su cuerpo casi exánime después de la maldición de Harry. Aquel sentimiento fue más fuerte que su razón.

– Draco…

Avanzó hacia él con determinación y tomó las manos de Draco que empezaban a abotonar la nueva camisa y las detuvo. Clavó sus ojos en él por unos segundos antes de bajar hacia las cicatrices. Draco estaba sorprendido por aquel raro comportamiento por lo que no atinó a hacer nada. Lentamente Hermione recorrió con los dedos las sutiles cicatrices y fue subiendo por su tórax desnudo, acariciando con las yemas de los dedos aquella blanca piel hasta llegar a su cuello. Deseó que todo fuese diferente, pero era conciente que no podía, o no debía cambiar nada. Entrelazó sus manos por detrás de la nuca y descansó la mejilla en su hombro. Lo abrazó con decisión, igual que la primera vez en el baño.

Draco estaba tieso. Ya había tenido intimidad con Pansy, pero aquel comportamiento no era usual en ella. Se sentía diferente siendo abrazado de ese modo. Aquella sensación inexplicable le era conocida, pero no podía adivinar el porqué.

De repente Pansy alzó el rostro y se acercó aún más hacia él para besarlo. Al inicio, Draco realizó un movimiento involuntario para alejarla, porque hacía días que ya no deseaba nada con ella, aunque no identificaba una razón, sus besos y caricias ya no sabían igual, sólo estaban llenos de aquella anómala sensación de vacío, como si estuviese besando algo inanimado sin calor ni emoción, pero la urgencia con que Pansy buscaba sus labios, y el recuerdo de su varita recuperada hizo que simplemente se dejara llevar por aquel beso, para él, nuevamente carente de pasión.

O al menos eso creyó al inicio, pero conforme trascurrieron los segundos ese beso fue tornándose diferente… demasiado profundo. Draco abrió ligeramente los párpados para tratar de enfocar bien a quien besaba porque en su mente algo no encajaba. El flequillo negro y lacio enmarcando las cejas pobladas y que coronaban los párpados cerrados y bordeados por largas pestañas oscuras, pesadas, llenas de maquillaje. La nariz recta y que terminaba en una puntita pequeña. Era ella… pero aunque sonara descabellado no parecía ser la Pansy de siempre, aunque fuesen los mismos los labios delgados de siempre los que estaba besando…… volvió a cerrar los ojos cuando sintió que ella desordenaba su lacio cabello con sus toques y que acariciaba su mejilla de forma especial, haciendo círculos con el pulgar…. De la misma forma, como lo hizo una chica, una sola vez….

– ¡Quien demonios eres!

Draco la aprisionó de las muñecas y la alejó de él, sacudiéndola.

Hermione abrió los ojos sorprendida. Lo miró asustada sin atinar a responder…

Draco despegó los labios nuevamente para gritar pero quedó completamente mudo ante la nueva visión. Pansy estaba cambiando ante sus ojos. No podía despegar la vista de aquello. Los negros y lacios cabellos comenzaron a ondularse mientras iban girando hasta formar una melena castaña ensortijada. El iris oscuro empezó a decolorarse y a adoptar un color almendrado. Los labios delgados se volvieron increíblemente carnosos e hidratados. No necesitó ver más. Lo sabía.

– ¡Como te atreviste a venir aquí sangresucia inmunda!

Draco estaba como loco. Sus pupilas dilatadas y el rictus en el rostro le conferían un aspecto asesino. Zarandeaba a Hermione, ahora completamente transformada, para hacerla hablar, pero la joven estaba tan asustada que no lograba articular palabra.

– ¡Querías burlarte de mi! – le soltó las manos para sujetarla firmemente de los hombros – para eso hiciste toda esta comedia.

– ¡Noo! Te juro que esa no era mi intención – Ella temblaba mientras hablaba entrecortado, asustada por primera vez de la reacción del muchacho.

– ¡Debería despedazarte! – En la sien de Draco, una vena palpitó. Con furia arrojó a Hermione hacia atrás. Ella dio un traspié y chocó contra la dura madera de la cómoda negra.

– …sólo deseaba verte… eso es todo… pero no querías que me acercará a ti…

– ¡¿Por qué debería dejar acercarse a mí, a una zorra como tú?! – gritó fuera de sí.

– ¡No vuelvas a llamarme de ese modo! – Hermione se acercó a él sintiéndose vejada. Tampoco iba a permitir que la insultara – Todo lo que inventó Pansy es mentira ¡Yo nunca he tenido nada con Ron!

– ¡No mientas ni menciones al perdedor frente a mí! – Draco también se acercó a ella y se paró en posición de ataque. No iba a permitirle que le engañara de nuevo – ¡Sé que te acostaste con él! – espetó furioso – ¡Tú estás enamorada de él!

– ¡No seas estúpido! – Hermione le miró altiva y desafiante – ¡Como podría acostarme con Ron si no siento nada por él!

– ¡Vuelves a mentir! – bramó frenético – ¡Tu te revolcaste con él. Estás enamorada de ese perdedor! – volvió a aferrarla por los hombros con brusquedad.

– ¡No puedo estar enamorada de Ron porque estoy enamorada de…– ! – replicó exaltada, aunque cayó justo a tiempo. Se soltó como pudo y giró dándole la espalda. Se estaba volviendo loca. ¡Estuvo a punto de gritarle que lo amaba!, no podía llegar a ese extremo. No ahora.

Draco se quedó helado. Por un fugaz momento supuso algo increíble dentro de su mente. Pero no podía ser cierto. No debía ser cierto. Era irónico e inverosímil.

Debía aclararlo en ese instante. Ella no volvería a engañarlo otra vez con sus mentiras.

– ¡De quien estás enamorada! – La tomó del brazo y la giró con violencia – ¡Exijo que me lo digas!

– ¡Suéltame! – Hermione luchó para liberarse pero Draco la atajó con más fuerza.

– ¡Dime quien es ese imbécil! – la tomó por los hombros y la movió hacia él con ímpetu. Clavó sus ojos grises profundos en los agitados castaños – ¡Quién es!

Hermione presa de la adrenalina lo miró desafiante.

– ¡Eres tú, estúpido agresivo! – Gritó frenética - ¡Tú!

Draco se quedó de pronto paralizado mirando a Hermione sin pestañear.

Hermione no esperó más, él había aflojado su abrazo y caminó hacia la puerta de salida. Tenía que escapar de allí.

Salió de su confusión apenas para darle el alcance y volverla a sujetar de un brazo. Era mentira. Lo que dijo era una gran mentira. La sangre volvió a burbujear en sus venas. Se estaba burlando de él.

– ¡Mientes, sangresucia! – la sacudió una vez más – ¡Mentirosa!

Y contrario a lo que esperaba Hermione, la soltó pero sólo para tomarla de la nuca y apresarla por la cintura y adosarla a él. Hermione sintió los labios calientes urgidos por devorarla. Como si se sintiera atormentado y quisiera descargar todo esa angustia y desesperación en su boca. Como si quisiera hacerle pagar por hacerlo sentir de ese modo.

– No… – Hermione empujaba a Draco para liberarse, pero su propio cuerpo luchaba por continuar con aquella tortura.

– Voy a probar que mientes – y atacaba ahora su cuello, con besos y pequeñas mordidas que Hermione encontró deliciosamente dolorosas.

Draco deslizaba sus manos con desesperación por la espalda de Hermione, trazando sendas a su paso que erizaban la piel de la chica. Sintió como él iba avanzando con ella hacia atrás y trató infructuosamente de detenerlo, pero el calor y la humedad de los labios de Draco sobre su piel hacían imposible que reuniera la suficiente fuerza para lograrlo. De pronto ambos cayeron sobre la mullida cama negra.

– Draco…detente…

Pero la voz apenas era un murmullo ahogado por su respiración entrecortada. Las manos de Draco se habían deslizado ya debajo de la blusa y la había abierto de un tirón. Hermione se sintió desfallecer ante el ronco gemido que Draco emitió al comprobar que ella no llevaba brassier.

Era una locura, su mente sabía que todo aquello era un arrebato, pero las caricias de Draco borraban todo pensamiento razonable de su cabeza. Ella no hubiese deseado que fuese así, pero ya no estaba en posición de cambiar las cosas. Su cuerpo se derretía y se abrazaba de fiebre al sentir el tórax desnudo sobre su propio pecho descubierto, sentía el delicioso peso sobre ella y las pequeñas mordidas furiosas que él le aplicaba para acallar sus protestas.

Cuando las ávidas manos de Draco empezaron a hurgar por debajo de la pequeña falda, una repentina evocación, como un sonido de advertencia tintineó en su mente. Enseguida recordó…

– ¡Draco espera!... debo decirte algo….

Pero Draco volvió a atacar sus labios con vehemencia, devorándola literalmente con el ardor que lo consumía.

– Draco… yo soy… yo-

– No te dejaré mentir más – Draco acalló sus palabras. Acercó su rostro hacia ella para hundirse con fuerza en lo más hondo de su boca. Su lengua se movía diestra y sensualmente en el interior de ella, como si quisiera revelar lo que seguía. Finalmente se amoldó naturalmente a ella pero con rudeza, liberando un gruñido ronco

Hermione sólo se abrazó aún más fuerte a él cuando sintió como rasgaba la prenda debajo de su falda y la aventaba lejos. Gimió y escondió su rostro en el blanco cuello. Con urgencia desmedida, Draco le separó los muslos con la mano. Esbozó una sonrisa de triunfo… Había llegado el momento de probar que ella era una tramposa…

Como en cámara lenta, Draco recordaría siempre aquellos instantes de su vida. Aquel abrazo desesperado y atemorizado que Hermione le había aplicado. Su total desconcierto al sentir la barrera natural de aquel tibio y perfecto cuerpo. Su desorbitado deseo que no le permitió detenerse a tiempo, solo recordaría haberla estrechado a él para dar el empujón definitivo y hundirse en ella.

Sólo segundos después, cuando advirtió que ella disminuía la presión con la que hundía las uñas en su espalda y exhalaba quedo, Draco se detuvo y con lentitud se incorporó un poco sobre ella para contemplarla. Hermione dejó caer los brazos hacia los lados y sostuvo aquella mirada.

– Tú no mentías… eres virgen…

– Lo era.

Hermione murmuró aquella aclaración y calló. Finalmente ladeó el rostro para alejar la visión de aquellos ojos grises sin luz o quizás para evitar, en vano, que él viera sus inminentes lágrimas deslizarse hacia, las ahora, manchadas sábanas.


Draco se ha dejado llevar por el extremo sur de su cuerpo….

Hombres!! Jajajaja

Hermione tuvo su segunda, primera vez… si podemos llamarla de esa manera. Pero, ¿y cómo fue la primera?, ¿Cómo reaccionará Draco ante tal metedura de pata?

Paciencia y a esperar el siguiente capítulo!!

No dejen de dejar sus reviews para aumentar el ánimo de esta escritora de fics!!

Abrazos miles

Gise.