Holass
Holass!
Capítulo aún más interesante, que me sigue obligando a mantener en alto la calificación de este fic. No es explícito, pero algo algo hay…Léanlo con tranquilidad y con mucho juicio.
Era necesario en la trama….
Besos!
Gise
CAPÍTULO 18 – SIN NECESIDAD DE PALABRAS
Deseaba estar en otro lugar, en su sala común, quizás bajo el caliente edredón de plumas de su otrora departamento londinense, oculta totalmente y sólo rodeada de objetos inanimados. No quería verlo ni percibirlo. Tal vez si se quedaba quieta, él se dormiría o desaparecería… cualquier cosa era mejor que estar allí, entristecida y marchita a su lado.
Draco respiraba acompasado sin atreverse a realizar movimiento alguno. Había pasado un brazo bajo su cabeza y con la mano libre jugueteaba con la abierta hebilla del costoso pantalón escolar. Después de aquel irracional comportamiento suyo, por primera vez en su vida no sabía exactamente cómo reaccionar. Por donde mirara la situación era tragi-cómica: Ella confesando que sentía amor por él, en un episodio totalmente novelesco y él, que acaba de cometer la peor estupidez al haber continuado a pesar de darse de narices con su teoría acerca de ella.
Pero ¡demonios! como iba a saber que era cierto lo que ella me decía con tanta vehemencia; es para pensar que quería burlarse de mí. ¡Cómo diantre podría entrar en mi cabeza que ella realmente no es una mentirosa y que jamás hubo algo con la comadreja! Y si seguimos el curso lógico de los hechos… tampoco estaría mintiendo al decir que siente algo por mí. ¡Mierda! ¡Yo soy un Slytherin y ella una Griffyndor! Yo la he humillado y atacado por muchos años…y ahora todo resulta en esta incongruente situación… Yo soy un sangre pura y ella es una sangresucia… ¿o acaso ha cambiado algo?... ¿o he cambiado yo?
Draco volvió a exhalar cuidándose de no hacer mucho movimiento, como si pudiera romper aquella especie de tregua. Tenía mil preguntas en su mente pero no estaba seguro de querer las respuestas. Después del beso en el baño, prácticamente no había tenido tiempo para especular los motivos por lo que ocurrió, o al menos no había querido hacerlo e igual le sucedía en ese instante. Y sólo horas después había sobrevenido el enfrentamiento con Harry Potter y ello simplemente le sirvió de excusa para no seguir indagando en sus emociones y justificar aquel beso como una despreciable treta de parte de ella para burlarse.
Pero… ¿Y si no había sido un engaño?... Si ella realmente lo odiaba, entonces ¿porqué había correspondido a sus besos?... ¿porqué había dejado que él llegara tan lejos, donde no había llegado ningún chico más?... ¿que significaba todo aquello?
La cabeza empezaba a dolerle de tanto pensar… ella no se defendió, no luchó ni trató de huir…. Ella devolvía mis besos y caricias…es más, juraría que los disfrutaba… entonces ¿Qué indicaba ese comportamiento? – Draco ladeó levemente la cabeza y la observó de reojo –
Realmente…. ¿Está enamorada de mí?
Aquel pensamiento hizo que su mente se embrollara aún más. Porque ahora seguían sus actos… debía entender porqué él había actuado de esa forma, tan ilógica y carnal. Volvió a mirarla sutilmente... ¿qué estaría pasando por aquella alborotada cabecita?. Se sorprendió al emplear aquel diminutivo en ella….
¡Demonios, daría lo que fuera por dominar la legeremencia en este instante!
Pero lo que ella hubiese sentido o pensado antes, ahora debía irreversiblemente haber cambiado. Todo era diferente en este momento, ella estaba cerca, quizás arrepintiéndose de sentir algo por un bicho como él. No es que él fuera una persona considerada ni atenta ni tampoco era la primera vez que estaba con una chica virgen, pero era abismal la forma en que se había comportado, sin un ápice de delicadeza, ni tacto, ni…
¡Mierda! Pero que estoy pensando. Para comenzar… ¡Ni siquiera debí besarla!
Pero igual, seguía pulverizándose mentalmente por su conducta. Su padre le había enseñado a ser atento y caballero con las mujeres que quería conquistar y la técnica le había servido para tener a muchas, aún después de abandonarlas, detrás de él. Jamás se había dejado llevar por sus apetitos, y ahora siendo la primera vez, aquel amargo sabor en los labios y el nudo en el estómago empezaban a afectarle. Realmente no sabía que experimentaba por dentro. ¿Era por la misma situación en sí o… por ella? ¿Qué le pasaba? Era inconcebible siquiera pensar en alguna clase de nexo o conexión con ella, pero entonces, ¿porque se sentía miserable? ¿Por qué tenía esa opresión en el pecho al mirarla de reojo tan quieta junto a él? Tenía que averiguarlo. Resuelto, se incorporó como pudo y la observó
Hermione tembló ligeramente al sentir el intempestivo movimiento de Draco. Como pudo cubrió su parcial desnudez. Cruzó la blusa sobre su pecho en un intento de vestirse aunque aquella prenda no tuviese ya ningún botón, alisó su falda tratando de tapar sus muslos adoloridos. Aquella era su segunda primera vez. No lo había pensado hasta algunos segundos antes que ocurriera, ella era virgen en aquella realidad. Era lógico, era una adolescente cuya experiencia sexual solo se había limitado a un par de besos fugaces con Víktor Krum en su cuarto año. Tal vez su mente no era la de una jovencita, pero su cuerpo jamás había experimentado caricias algunas. Y le dolía no solo físicamente si no en el alma que las cosas ocurrieran de ese modo. No como ocurrió con Harry…
Con Ron jamás había concretado nada por su temprana muerte. En cuanto a Harry, enfrascado en su eterna lucha con Voldemort y vencido finalmente por el amor de Ginny jamás había sido considerado una posibilidad. A lo largo de esos años, ella había salido con algunos muchachos del ministerio, muy esporádicamente, pero sin llegar a una intimidad mayor a un simple beso.
Víktor Krum la visitaba los primeros años de la muerte de Ron con alguna frecuencia. Aprovechaba sus partidos de quidditch para dar una vuelta por Londres y verla. Hermione recordó con claridad aquella noche, después de una de sus salidas a cenar, donde el joven atleta la convenció para subir a su departamento a beber una copa más vino que había llevado para la ocasión. Ambos se sentaron en el cómodo sofá y charlaron mientras la botella iba consumiéndose. Fue una noche entretenida y casual, al menos esa impresión guardaba Hermione, pero sólo hasta que a Víktor volvió a intentar conquistarla nuevamente. Se había acercado como un felino a su presa de improviso y tomándola del talle la aproximó a él, besándola con pasión.
Ella no era una mojigata, ni una santurrona. Era una chica común y corriente con deseos naturales. Ambos estaban aún sin compromisos y ella simplemente se dejó llevar. Recordaba que besaba algo brusco, y la verdad no había cambiado mucho, pero igual la sensación de familiaridad, desde que fueron una pareja en el colegio, aún permanecía con ella, por lo que Hermione naturalmente se entregó a aquel beso.
Pero las cosas jamás podrían ser iguales a aquellos besos estudiantiles robados en el lago. Ambos eran jóvenes rebosantes de vida y fue una tontería de Hermione subestimar aquel hecho de la vida misma. Víktor profundizó el beso aún más, ávido por completar aquel apasionamiento del que estaba embargado. Esto tomó desprevenida a Hermione. No por que creyera en la virginidad como ideal hasta vestir de blanco como le habían machacado año tras año su familia muggle, si no porque ella deseaba que aquel acto tan sublime, tan inolvidable, fuera con la persona correcta, en el momento correcto y porque ella así lo deseaba. No producto de un arrebato pasional o por la acción de algún estimulante líquido. No deseaba hacerlo como una noche de excitación, si no quería hacerlo dentro de una relación mutua de cariño. Por eso lo alejó como pudo. No estaba en ella continuar aquella vez, y como su amigo, se lo confesó sin pudores. Víktor ante todo era un caballero y no la presionó ni mucho menos lo tomó como un desprecio. Le confesó incluso que justamente por pensamientos como ese, la consideraba una mujer incomparable.
Mucho tiempo después, las cosas sucedieron tan rápidamente que Hermione no se sorprendió en nada al iniciar una relación con Harry. Era la consumación natural de tantas noches de confidencias y compañías. Claro que había apasionamiento en ellos, pero en ese instante ella misma no se daba cuenta de la cantidad de matices que puede tener el deseo sexual.
Llevaban saliendo algunas semanas, aún sin confesarlo a persona alguna, para evitar sentirse presionados o sermoneados por su entorno y por la misma comunidad mágica que esperaba de Harry una mayor entrega en la lucha contra Voldemort, y para evitar que pudiesen hablar más de la cuenta, al estar ella trabajando en el ministerio de magia.
Habían caminado por los exteriores del Palacio de Saint James, e incluso se detuvieron algunos minutos para charlar con el fantasma de Carlos I. Eso los puso de mejor humor, obviamente también se debía a la agradable noche que estaban pasando. Harry la había invitado a cenar comida tailandesa en un elegante restaurant en Bangkok, y se pasaron la noche riendo porque habían calculado ligeramente mas al sur y terminaron apareciendo y cenando en la costa, en la bahía de Bangkok en un humilde pero acogedor restaurant muggle. Regresaron casi al terminar su cena y se dedicaron a caminar por Londres, ya que aquella noche estaba agradablemente templada y la luna iluminaba a la ciudad.
Fue una decisión calculada, como se suponía lo sería. La manifestó mientras caminaba de la mano con Harry, entre lagos y plantíos mirando el palacio en el parque de Saint James. No se sentía presionada de modo alguno, ni por Harry ni por su relación, simplemente lo decidió. Curiosidad, sentimiento o tal vez pasión, no lo supo en realidad. Tal vez cansancio… de dormir sola por las noches o imaginarse la agradable sensación de encontrar un cuerpo tibio junto a ella al despertar.
Harry por demás, era el hombre indicado, en el momento preciso en aquella realidad. Así lo entendió y se propuso en una fracción de segundo. Estaba analizado y perfectamente racionalizado. Jamás había tenido amigas muy cercanas para hablar sobre el tema desde el punto de vista sentimental y lo poco que escuchó de Parvati y Lavender, le habían sugerido que su manera de ver el asunto era la correcta. Recordó escuchar a Parvati comentar de lujuriosas y ardientes noches con algunos pretendientes y eso la llevó a formular aún más su teoría de que no debía llevarse por apetitos y deseos desbordados si no fijarse en la ecuanimidad y equilibrio de una relación perfecta.
Aquella proposición tomó a Harry por sorpresa. Era un hombre apasionado sin embargo no había encontrado junto a Hermione aquellos fuegos artificiales ni tampoco fuego en la sangre que lo abrasaba cuando solía estar junto a Ginny. Pensó que se debía al carácter reservado de Hermione y lo asumió tratando de controlar sus naturales deseos. Por eso, al escuchar de los labios de la joven que deseaba dormir con él, abrió los grandes ojos verdes y contempló a Hermione a través de sus gafas redondas sin atreverse a responder. Tosió, segundos después y carraspeó ligeramente. Finalmente la abrazó asintiendo complacido de hacer honor a su sobrenombre, el elegido.
Regresaron al departamento de Hermione aún tomados de la mano y nerviosos. Ella, porque al fin conocería lo tantas veces leído en los libros o imaginado. Harry, porque a pesar de no ser un inexperto, ya que había tenido muchos encuentros íntimos ocasionales después de Ginny, le abrumaba la sensación de responsabilidad de un paso como aquel. No se trataba de algo pasajero, con Hermione era llegar a un nivel de relación más allá, no solo se trataba de satisfacer los instintos naturales, ella buscaba compenetrarse más. Y sumado a eso estaba la excesiva familiaridad que había entre ambos, lo que generó aún más tensión entre ellos.
Harry tomó la iniciativa, con la determinada idea dentro de su cabeza que debía ser en extremo delicado y comprensivo. Todo lo contrario a su primera vez con Ginny, que fue un torrente de emociones, gritos y juramentos. Pero su error fue reflexionarla demasiado, basándose más en lo que debía hacer, en lugar de simplemente seguir sus sentimientos y su cuerpo.
Hermione hizo una pausa para ir a cambiarse al baño. Había comprado hacía unos días una linda bata de seda blanca con algo de encaje y procedió a desvestirse y colocarse la bella prenda. Cuando salió de la habitación, Harry estaba desnudo bajo las sábanas esperándola inquieto. Claro que estaba excitado y provocado por la situación, pero la presión de hacer las cosas correctamente lo intranquilizaron todavía más. Ella levantó las mantas y con lentitud se acomodó junto a él. Los ojos verdes como hierba se clavaron en los castaños, mientras iban oscureciéndose paulatinamente.
Aquel primer acto físico y espiritual para Hermione, fue como un paseo sobre el mar. Un océano hermoso, límpido, delicado, pero más que nada embarcarse y flotar sobre aguas apacibles, plácidas, confiables; con ligeras sacudidas, pero en general rodeado de sensibilidad y afecto….
No obstante, presentía que había faltado algo… y no sólo en aquella ocasión, sino en las incontables veces en que volvió a hacer el amor con Harry. Y lo había comprobado, semanas atrás, cuando aún estaba viviendo en la otra realidad, y había hecho el amor por primera vez con Draco. Ahí se había consumido literalmente de excitación y apasionamiento. Esa noche, comprobó que Draco se había metido bajo su piel indefectiblemente.
Con todo, era imposible no comparar ambas veces. Aquella vez con Draco fue simplemente maravillosa… jamás había llegado a tal punto de locura y enardecimiento unidos tan naturalmente al amor y al cariño. Había sido la combinación perfecta y lo que siempre, aún sin saberlo, había anhelado su corazón. Sólo que, tendida junto a Draco, semi-desnuda, con el corazón roto, muy a pesar de volver a comprobar que su cuerpo reaccionaba tan perfecto como aquella vez, era consciente que, a pesar de todo, él la había lastimado terriblemente.
Draco continuaba observándola en silencio tratando ilusoriamente de encontrar una respuesta sin hablar. Minutos transcurrieron hasta que Hermione giró el rostro paulatinamente. El corazón de Draco empezó a martillarle tan fuerte que creyó que ella podría llegar a oírlo. Los apagados ojos castaños se incrustaron finalmente en los grises…
Volvió a sentir el nudo en la garganta inexplicable para él, al contemplar aquel dolor en aquellos ojos sin brillo. Sin pensarlo, dirigió su mano hacia el aún arrebolado rostro y con el índice siguió la senda húmeda de una lágrima solitaria.
- Basta.
Hermione habló con voz hueca y se incorporó sobre el lecho. Era suficiente dolor para un día. Debía irse de aquel lugar.
No me hagas decir que lo siento
Draco trató en vano de pronunciar oralmente aquel pensamiento, pero sólo consiguió cerrar la boca varias veces sin hablar. Únicamente alzó el brazo para tomar la fría mano de Hermione y evitar que se levantara. Era difícil expresar sus sentimientos.
Hermione dudó por un segundo. No… no era suficiente para ella, era obvio que para Draco aquel gesto era mucho más de lo que jamás había ofrecido en su vida, pero ahora a ella no le bastaba con eso. Sacudió la cabeza, retiró la mano y se levantó de la cama mientras terminaba de ordenar su arrugado atuendo.
Draco se levantó como un rayo por el otro extremo de la cama. Nunca había tenido que disculparse por sus actos y creyó que jamás llegaría ese momento. Como pudo se acomodó la ropa y en esa pequeña fracción de segundo que le tomó arreglarse, cruzó por su mente tal vez murmurar alguna especie de seudo justificación, pero de pronto contempló a Hermione avanzar hacia la puerta de salida… definitivamente ella se estaba yendo del lugar.
Corrió detrás de Hermione, ahora ya no estaba pensando ni calculando alegato o movimiento alguno, sólo se estaba dejando llevar por alguna fuerza desconocida y aunque era nuevo y extraño para él, interiormente deseaba que fuera así. La alcanzó apenas algunos pasos antes de la puerta. Otra vez lo inundaba aquella sensación de ahogo en el pecho, el observar el cabello desaliñado, la blusa arrugada y la falda desordenada hizo que sus tripas se convirtieran en plomo. Impetuosamente la rodeó por detrás con sus fuertes brazos, pegando su pecho a la espalda de ella tal vez esperando que lo insultara o luchara por liberarse y acabar con aquel odioso silencio entre ellos. Pero ella permaneció quieta y callada una vez más.
Los cabellos castaños se entremezclaban con su lacios cabellos. Sentía el cuerpo tibio contra su propio cuerpo. Escondió la cabeza en aquella melena revoltosa y aspiró el encantador aroma que emanaba, siguió avanzando hasta acariciar con su rostro la suave mejilla de Hermione. De pronto ella empezó a temblar, ligeramente al inicio y luego su cuerpo fue presa de un inagotable sollozo. Draco no aflojó el abrazo, aunque asustado primeramente le horrorizó contemplar como Hermione se derrumbaba entre sus brazos.
Era demasiado para ella, simplemente no podía continuar más, el dolor era cruel, lacerante, su alma estaba rota en mil pedazos, su corazón se desbordaba de desilusión. Ya no pudo ocultar sus sentimientos y lloró como jamás pensó hacerlo en su vida, por su arrebatada pureza física y el fin de la sublimada ilusión femenina de la primera vez, por la decepción al conocer el lado salvaje y violento de Draco por comprobar fehacientemente que no significaba nada para él, que había sido un cuerpo para satisfacer sus ganas o simplemente un objeto al que él podía pisotear y humillar sin contemplación alguna. Su cuerpo se agitaba por los gemidos incontrolables, pero él no la soltaba…
Ambos cayeron sentados en el frío piso de piedra de la habitación. Draco continuaba rodeándola con sus recios brazos mientras la adhería a él, conciente que tal vez ella, llegaría a escuchar el tamborileo furioso de su corazón. Volvió a apoyar su cabeza junto a la de ella, pero se percató que esta vez intentaba alejarse. En su interior, sabía perfectamente que las cosas no debían terminar así…
Hermione…
Lentamente y con la mayor delicadeza que pudo, la volteó hasta hacerla quedar frente a él. Se contemplaron largamente sólo interrumpidos por el ligero crepitar del fuego en la pequeña chimenea de la habitación. Los ojos de Draco opuestos ahora a aquella luz irradiaban un insondable brillo metálico que Hermione no pudo descifrar pero que indescriptiblemente lograron atenuar su desconsuelo. La mecha de la lámpara sobre el escritorio finalmente se consumió y los sumergió en una semi penumbra agradable apenas iluminada ahora, por la incandescente y confortable chimenea. Los ojos grises de Draco brillaban aún más, mientras penetraban el inconciente de Hermione. Con un movimiento sutil, alzó el brazo directo hacia el rostro aún húmedo por las lágrimas y con el dorso de la mano las enjugó con suavidad.
Esta vez, ella no retrocedió. Lo observaba concentrada en sus ojos, empleando sus sentidos completos para descifrar aquella profunda pero centelleante mirada. Segundos después, rememoró el momento donde había visto aquel brillo poco más o menos igual al de ese instante. Fue el día en que Draco había capitulado. Aunque esa vez los ojos grises brillaban a través de la humedad. Horas antes de que ella desapareciera de esa realidad. El momento exacto cuando él le confesó que la amaba.
Hermione levantó su delgada mano y la posó sobre la varonil mano de Draco apretándola ligeramente sin dejar de mirarlo. Esa fue la señal que él había esperado silenciosamente. Con resolución, pero con la mayor sutileza posible, deslizó un brazo por la cintura de Hermione estrechándola, y con el otro bajo sus piernas, apenas con un poco de esfuerzo, la levantó y caminó de regreso al centro de la anochecida habitación.
La depositó en el lecho con suavidad sin dejar de mirarla. La mano de Draco tomó la de ella y la guió hasta su pecho, sobre el corazón. Hermione cerró los ojos sorprendida con el violento palpitar del corazón de Draco a través de la entreabierta camisa de seda. Con turbación, sintió la otra mano fuerte y cálida sobre su mejilla, y el aliento de él a escasos centímetros de sus labios. Abrió los ojos con languidez y encontró los ojos grises fijos en ella… como esperando una aprobación. Sólo le bastó un ligero movimiento vertical para dar inicio a todo.
Sintió como él se movía hacia delante, rozando con los labios delgados su cuello, subiendo hasta el lóbulo de su oreja para mordisquearlo con lentitud asfixiante. Segundos después, la besaba con moderación, con una sensualidad perezosa, como si se estuviese reprimiendo. Hermione comprobó como sus labios se ablandaban y cosquilleaban bajo el exquisito roce, pero anhelaba más. Tenía la certeza que él se estaba conteniendo por lo ocurrido minutos antes y se llenó de ternura por aquel súbito pensamiento. Tomo la iniciativa, levantó sus brazos y los enredó en el platinado cabello rubio mientras gemía inconciente y se adhería a él. Esta vez, sabía que sería diferente a su primera vez con Harry…. Quería pasión, arrebato, fiebre y excitación, y sabía que él se las brindaría como ya una vez lo hizo. Y se sentía cómoda porque en el fondo de su ser, intuía que así debía ser hacer por primera vez el amor.
Draco sonrío complacido por aquel indulto. Le estaban dando otra oportunidad…
Con vehemencia se posesionó de los rosados labios de la chica, dispuesto a darle tanto placer como fuese posible. Con desenvoltura penetró en la deliciosa boca entreabierta y emitió un sonido ronco al encontrarse y mezclarse ambas lenguas en movimientos sinuosos.
Las manos de Draco ahora viajaban libres por el cuerpo de Hermione, explorando y reclamando. Con habilidad, procedió a quitarse sus prendas y finalmente las de ella. Primero la arrugada blusa, y conforme se iba revelando la piel delicada, él la besaba depositaba ligeros besos sobre la tibieza de la carne. Ella ahogó un gemido cuando él mordió su hombro desnudo con delectación e inmediatamente la hábil lengua pasó sobre la marca sutil de sus dientes sobre su piel, compensando el daño provocado.
Hermione emitía gemidos guturales, desordenaba el lacio cabello con enardecimiento, se arqueaba de pasión ante las caricias que Draco le entregaba, como subsanándola por su anterior actuación.
Pero no sólo era algo físico, cada caricia estaba cargada de una ternura que derretía aún más a Hermione. Él siempre volvía de cada ataque febril a besarla con dulzura, en la frente, en los párpados que se cerraban de placer, en la pequeña nariz y terminaba en los labios completamente henchidos y sensibilizados. La obligaba a abrir los ojos con pequeñas mordidas al labio inferior, para que ella viera sus ojos grises y lo que quería decir en ellos.
Cuando finalmente Draco se colocó sobre ella, la miró para asegurarse que eso era lo que ella ansiaba. Se quedó quieto, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, para esperar una respuesta final. Cualquier rastro de decepción, vergüenza o duda desapareció de la mente y corazón de Hermione. Agradeció el gesto con una sonrisa y un asentimiento no verbal. Ahora estaba segura de lo que hacía: con la persona que ella amaba y de la manera que siempre idealizó.
Para Draco, aquella ratificación fue como la absolución final, se sintió indultado de una condena. Hermione le rodeó el cuello con sus delicados brazos y se aferró a él, pensando en sentir el lacerante dolor anterior, pero dispuesta a ello.
Pero él no deseaba cometer el mismo error esta vez. Volvió a atacar sus labios con pasión, hundiéndose dentro de su boca, saboreando, sorbiendo, apresando sus labios e introduciendo eróticamente su lengua dentro de ella. Como si fuese un preámbulo de lo que ocurriría.
El beso se profundizó aún más. Las respiraciones se hicieron entrecortadas. Hermione sintió que no podría aguantar más. Una combustión extrema empezó a recorrer su cuerpo desde su vientre y se irradiaba por todo su ser. Empezó a moverse rítmicamente, como recordaba mentalmente, aunque su cuerpo nunca lo hubiese experimentado.
Draco… por favor…
Es todo lo que él deseaba sentir. Volvió a besarla mientras que, con suavidad, se hundía finalmente dentro de ella. Con movimientos lentos, pero embriagadoramente sensuales hizo que Hermione olvidara completamente todo lo anterior y sólo grabara en su mente aquel celestial momento. La incomodidad inicial desapareció dando paso a una sensación de felicidad infinita. Los siguientes minutos fueron como un sueño hecho realidad. No hubo palabras, tan solo miradas, gemidos, gestos y caricias hasta que ambos llegaron a explotar en el más delicioso clímax y se vieran sumidos, minutos después, en un maravilloso adormecimiento placentero. Ella descansó finalmente sobre el pecho aún cubierto de tenues cicatrices rosadas, con sus músculos agotados pero satisfechos, mientras él, con la mente y cuerpo vencidos de satisfacción, la abrazaba con posesividad y la ceñía a su cuerpo.
No importaba que ocurriese, mañana o dentro de un mes o en un futuro. Todos aquellos supuestos se verían después. Ahora sólo contaba aquel momento que les había quedado grabado como metal caliente sobre la piel. Las palabras serían obligatorias después, por ahora, el descansado silencio era todo lo que ellos necesitaban para sentirse completos.
También yop, me quedé sin palabras….
Gracias por leer y no olviden dejarme un recuerdo de la visita!!
Gise.
