CAPÍTULO III .- Advertencia.- Lime
Encuentros y enfrentamientos.
Casi no se percibía el ruido en la habitación. Mu gemía suavemente, trataba de no hacer demasiado ruido para no molestar a su maestro. Shion envestía contra su cuerpo con calma, manteniendo el control en todo momento, disfrutando pero procurando brindarle placer sin lastimarlo. Después de todo Mu seguía siendo su discípulo, lo había criado y aún debía protegerlo.
Lo mantenía algo agachado, apoyado sobre sus codos, con la cadera levantada para permitirle acariciarlo. Una de sus blancas manos enfrascada fuertemente alrededor de su intimidad y la otra tocando muy suavemente su frente.
Era un amante delicado, le gustaba dar placer a sus acompañantes y Mu era particularmente fácil para él, tenía los mismos puntos sensibles y sabía muy bien cómo moverse para hacerlo llegar al límite.
Mu trataba de seguir el ritmo, apenas moviendo un poco la cadera, procurando no contradecirlo. Le guardaba demasiada reverencia; irónico considerando que ahora él tenía un cuerpo mayor y más alto. Pero Mu no perdía el respeto hacia él y poco le molestaba guardarlo cuando sólo su maestro era capaz de hacerlo sentir así.
Todo su cuerpo se tensó por un momento antes de venirse y sentir, a su vez, a Shion terminar en su interior. Aún con la fuerte ola de emociones en todo el cuerpo, se dejó caer sobre las sábanas, separándose de él y buscando algo de descanso.
Al verlo moverse con trabajos Shion sonrió de lado, incorporándose y cubriéndose con un delgado manto de seda. Siempre lo dejaba exhausto, iban hasta el punto en que ya no podía resistir. Sentándose en la cama, se acomodó a su lado y tomó su mano. Nunca se permitía abrazarlo en esos momentos, y no porque no lo deseara, si no porque sabía que no podían crear un vínculo demasiado fuerte.
Lo miró caer dormido, casi de inmediato. Veló sus sueños, igual que cuando era pequeño. Lo había visto crecer, y siempre supo que sería un buen hombre. Pero sólo hasta su retorno, en la guerra de Hades, lo había visto realmente como a un hombre. Uno deseable. Uno que había querido y obtenido. Casi siempre obtenía lo que quería, casi.
Frustrado por sus propios pensamientos, salió de la cámara privada de su templo, hasta poder ver los costados del mismo; donde una delgada y no muy alta muralla de piedras lo separaba de las laderas allá abajo. Miró los otros templos, la mayoría estaban silenciosos y en penumbras. Casi todos sus caballeros estaban reunidos en el mismo, como camaradas, trataban de apoyarse unos a otros. Él había alejado a Mu de ahí, pues prefería consolarse sólo con él.
Siempre había estado ahí para el muchacho, le había enseñado todo lo que se le puede mostrar a un niño. Sabía que había hecho un buen trabajo y no se sentía culpable de estarlo utilizando para su placer personal. Mu sabía que no lo amaba. Sencillamente ambos querían al otro, ambos necesitaban alguien que acortara sus días y calentara sus noches.
En cierta forma, era justo, era lo que ambos querían y ambos estaban de acuerdo, aunque nunca hablaron de ello.
Quizá porque todo había sido rápido. Tenía doce horas de vida e invirtió media de ellas para acostarse con su discípulo; después de 13 años de no verlo, esa fue la primera idea que cruzó su mente. Y Mu lo había aceptado, nunca supo si fue por lealtad, deber o por condescendencia a un hombre destinado a la muerte. Ninguno lo supo. Daba lo mismo.
Aún con la mente divagando, Shion pudo oír sus pasos desde lejos, ni siquiera tuvo que preguntarse quién era. Los ecos del ruido de esa armadura sobre el duro suelo de mármol eran perfectamente conocidos por él, aun después de tanto.
Sonrió un momento, al imaginarlo a la brillante luz del sol, aunque ahora era la luna la que se alzaba sobre sus cabezas.
Despejó su mente al sentir su cosmos agresivo. Tubo frío, su cuerpo aún estaba cubierto por una fina capa de sudor después de la pasión experimentada y el delgado manto de seda no era suficiente para el frío que golpeaba la noche.
-Hola Su Majestad.
Sonó la voz algo ronca del caballero de libra a su espalda.
-Caballero.
Correspondió de forma fría sin voltear a verlo. Le gustaba más recordarlo que ver cómo era ahora.
Dohko apretó los puños a su espalda, le fastidiaba esa presunción, no le gustaba que quisiera imponerle una deuda. Le desagradaba sentir que le debía algo.
-La última vez que nos vimos me trataste mejor.
Comentó con un tono ambivalente, que mostraba una gran recriminación, pero que al fondo escondía algo de esperanza. Shion entonces se giró hacia él, con el semblante inexpresivo. Recordaba perfectamente cómo lo había encontrado. Mu y él ya habían terminado de colocarse la armadura y el sapuri. Y Dohko no había sospechado nada.
-La última vez que te vi, creí que sería la última; un buen final para nosotros.
Habían peleado aquella vez, casi hasta matarse. Athena les sirvió de pretexto, pero sabían a la perfección todo el dolor que se ocultaba detrás de cada golpe. Al llegar la hora final, se dieron una tregua y la idea de la muerte inminente de uno de ellos los había hecho fingir un perdón que en verdad deseaban ofrecer. Hubiera sido mejor terminar la historia ahí.
-No fue bueno en absoluto.
Rebatió acercándose a él, se veía imponente con tanto oro encima. Mas Shion siguió mirándolo hacia abajo.
-Tampoco fue un final.
Sonrió de manera sarcástica, antes de darse la vuelta nuevamente y mirar la tierra hacia abajo, dándole la espalda. Por eso no quería volver...
Ambos eran demasiado orgullosos para dar el primer paso de arrepentimiento. Ambos eran demasiado obstinados para aceptar su parte de culpa y eran demasiado fuertes como para buscar una manera racional de solucionar las cosas.
Después de todo, habían terminado en esa situación, precisamente por ser como eran, ambos tan parecidos, pero tan lejos uno del otro.
La mente de Shion le indicaba que no había perdón posible y Dohko estaban demasiado frustrado como para considerar otras opciones. Atacó primero, de una forma sutil.
-Acabas de tirártelo ¿no?
Shion sonrió ante la obvia muestra de celos. Una muestra de todo lo que se escondía ante el velo de la negación y que no tardaría demasiado en explotarles en el rostro.
-Por supuesto que sí.
-¡Tomas ventaja de lo mucho que te debe!
Proclamó violentamente, desesperado ante la calma y el completo descaro del otro.
-No hace falta. No necesito obligarlo a nada. Nunca he necesitado ese tipo de artimañas... a diferencia tuya.
Ahora fue Dohko quien se tensó, cuando Shion se giró de nuevo a verlo y se recargó sobre la muralla de piedra, permitiendo que la mayor parte de su pecho se mirara entre el manto ligeramente abierto.
-No tienes derecho a hablar de eso.
Murmuró apenas…
-Soy el patriarca.- Recalcó con una sonrisa cínica y autosuficiente –Tengo derecho a todo. Aunque no había sospechado que te gustaran las mujeres tan jóvenes…
Sus sonrisa se amplió, sabía dónde estaba golpeando. No demasiado fuerte, era más una defensa que un ataque.
-Sunrey no tiene nada que ver en esto.
Deseó retirarse, no estaba preparado para enfrentarlo, pero no tenía nada más que hacer. Respiró profundamente, manteniendo su dignidad tanto como era posible.
-Tú no decides eso.- Shion escogió cada palabra con cuidado, buscando presionar un poco más –Me pregunto que habrá sentido... No debió ser muy agradable pasar tantos años con un enano decrépito y púrpura que se decía su protector para tocarla por las noches.
Dohko dió un par de pasos hacia él, rompiendo la distancia al perder el control. La culpa aún estaba sobre él, sabía lo que había hecho. Pero estaba casi completamente solo encerrado entre esas malditas montañas y su única compañía tenía la piel demasiado tierna! ¿Qué más podía haber hecho?
-Tú no lo entenderías! No es comparable a todo lo que tú has hecho.
-Tienes razón- Aceptó Shion, encogiéndose de hombros, restándole toda importancia –Mu tenía veinte, ella quince. Él es un guerrero y ella era una campesina... Por supuesto que no es comparable.
Dohko le saltó encima, pero se detuvo antes de tocarlo, sólo arrinconándolo contra la piedra. Era su último intento de controlar sus instintos.
-¡Debiste quedarte muerto!
Le gritó a quemarropa. Shion sólo miró sus cejas, se negaba a ver directamente sus ojos, pero eso sólo hacía crecer la ilusión de mirarlo hacia abajo, de esa manera que Dohko tanto odiaba.
-Lo intente.
-Maestro, ¿todo bien?
La voz preocupada de Mu interrumpió las palabras que habían estado a punto de expresarse. Estaba algo lejos, a la entrada del templo, con una sábana colgada de su cintura y su mirada centelleante que no perdía detalle de los movimientos de los otros dos. Los estimaba a ambos y justo por eso estaba en medio, en un vano intento de evitar que se lastimaran.
-Sí, Mu vuelve adentro.
Ordenó con voz calmada, no había cambiado su expresión. Y no porque no le afectara lo sucedido, sino porque ya lo esperaba. Empujó a Dohko hacia atrás, sin tocarlo siquiera.
-No deberías preocuparte demasiado caballero de libra, llegará el tiempo en que deba volver a la tierra.
Con toda la elegancia que tenía, aprendida en años de protocolos, siguió su camino, hacia sus habitaciones. Sin dirigirle ninguna otra palabra, mas alcanzó a escuchar a Dohko murmurar.
-Te juro que será pronto, mucho más de lo que crees
