CAP 21 . EL DRAGON LLEGA A LA TORRE
Holass:
Un capítulo de acción!!. Normalmente no me gusta escribir sobre escaramuzas y luchas, pero he de ser franca que en este capítulo si me encantó hacerlo. Además es importantísimo para que entiendan la evolución de Draco como personaje en esta historia.
No puedo adelantar más, y aunque no es un capítulo romántico, es vital en la historia y espero que también lo disfruten.
(ya saben está basado en el capítulo 27 de HP6 "La torre alcanzada por el rayo")
Enjoy it!
Gise.
PD. Algunas frases y/o pequeños diálogos son de HP6 y fueron utilizados para uso no comercial, ni para beneficio propio, sólo con afán de divertir y entretener unos momentos a los lectores en esta página. Así que, señores de Warner Bross y/o Sra. Rowling… por favor no me enjuicien o embarguen los pocos bienes que tengo….
Digo, no?
CAPÍTULO 21 – EL DRAGON LLEGA A LA TORRE
Un paso adelante, otro másatrás, estaba avanzando, definitivamente caminaba hacia algún lugar, ya que las paredes laterales se deslizaban a ambos lados con ella. Pero no tenía la certeza de estar haciéndolo, porque su mente nebulosa y vacía no registraba pensamiento alguno. Simplemente continuaba obedeciendo aquella orden imperiosa y punzante que él había rugido. Era el adiós. Aquella certeza indiscutible laceró su corazón todavía más. No volvería a verlo, tal y como había sucedido en su realidad. Volvería a encontrarse con él dentro de diez años. Diez largos y solitarios años sin su presencia. Tendría que aguantar saberlo casado y con un hijo, tendría que amarlo en silencio, sola, sin dejar entrar a nadie en su corazón. Diez años sin verlo, porque había huido hacia alguna parte del planeta y luego aparecido casado con Cho.
¿Para que había regresado ella entonces?, ¿Cuál era esa oportunidad de volver a hacer las cosas que mencionó Dumbledore, si todo iba a ser igual? No lo entendía. Quizás se trataba de evitar los hechos más relevantes para ella, como la muerte de Ginny y Ron… pero ¿Y que ocurría con Draco, no podía ayudarlo también? O tendría que ayudarse él mismo para madurar…
No sabía cuanto tiempo había estado caminando por el castillo, ni que clases había perdido cuando repentinamente chocó contra un estudiante que iba corriendo en sentido contrario.
– Yo… yo lo lamento – se disculpó mientras le tendía una mano a Jimmy Peakes que ahora estaba en el suelo.
– No, el que lo lamenta soy yo – exclamó el chico algo cohibido al tiempo que sacudía su túnica y se incorporaba – . Estoy algo apurado. Voy al despacho de Dumbledore para insistir sobre la creación del torneo inter colegios de clubes de gobstons. Ojalá y esta vez me reciba, porque siempre está ocupado o simplemente no se encuentra en Hogwarts…
Y sacudiendo nuevamente lasu túnica, volvió a correr hacia el final del pasadizo.
Jimmy Peakes…. Peakes…. Ese nombre…
Hermione hurgó en su memoria… ¡Claro! Era el chico que minutos más tarde le entregaría a Harry un pergamino escrito por Dumbledore. Ellos dos irían a buscar el Horrocrux, el guardapelo en medio de la vasija llena de veneno que Dumbledore bebería. Todo estaba ocurriendo según lo recordaba. Debía apresurarse para llegar donde sus amigos. Si las cosas debían mantenerse exactas, ella debería estar allí cuando entregasen ese rollo de pergamino. Así tuviese que esconder su dolor, se avecinaban tiempos violentos para sus amigos y ella debía ser un apoyo y no un estorbo. Iría hacia el lugar, se sentaría a esperar en la sala común el regreso de Harry de la entrevista con Dumbledore, esperaría la entrega del mapa del merodeador por Harry además de su botella de Felix Felicis y la triste advertencia de vigilar a Draco y a Severus Snape.
Se limpió una lágrima al saber que dentro de unas horas, ella tendría que enfrentarse, varita en mano, a la persona que amaba. Aquel sentimiento hizo que su corazón se encogiera de pena.
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Draco soltó un grito de júbilo que retumbó entre el montón de estanterías empolvadas y llenas de objetos escondidos por generaciones de alumnos. Lo había conseguido. Al fin ese armario de pesadilla estaba reparado. Un sentimiento de orgullo y jactancia inevitable empezó a subirle por el cuerpo casi como sangre caliente devolviéndole en algo el color. Él había logrado abrir un camino para que los mortífagos ingresaran a Hogwarts. Había conseguido lo que nadie en miles de años. Sólo y sin ayuda. de nadie. Ahora ninguno se atrevería a cuestionar su capacidad ni su valía. Incluso su madre tendría que aceptar que ya no era un crío. Volvió a gritar de satisfacción.
¿Quién hay ahí?
El grito sorprendido quebró el silencio del amplio pabellón consiguiendo que Draco se sobresaltara.
¿Cómo demonios entró alguien aquí?
Nadie sabe en que se convierte esta sala…
A menos que….
¡ELLA!
La adrenalina empezó a fluir por todo su cuerpo y sus músculos se tensaron ante el inminente esfuerzo. Debía salir de allí a como diera lugar. No podía perder más tiempo en discusiones sin sentido que lo único que lograrían sería atrasarlo y peligrar la vida de su padre. Calculó la salida en línea recta a él y con un movimiento rápido extrajo del bolsillo de la túnica una alforja con un extraño polvo y lo arrojó hacia el lugar de donde provino la voz.
Debo recordar escribir una nota de agradecimiento a los fenómenos Weasel…. – se burló mentalmente – Este polvo peruano es excelente…
Volvió a escuchar ruidos como vidrios estrellándose contra el duro suelo y el miedo volvió a envolverlo. Tal vez ella no estaba sola y sus estúpidos amigos habían venido con ella a detenerlo. Sin perder más tiempopensarlo esta vez, corrió como un loco hacia donde creía estaba la salida. Con el corazón a punto de estallar y la adrenalina dominando su sistema, se impulsó hacia delante con fuerza sin importarle ya nada.
Un golpe sordo y un lamento fue todo lo que Draco alcanzó a percibir antes de conseguir salir de la sala. El hombro derecho empezó a latirle por la fuerza del porrazo pero no le importóafectó. Sólo corrió y corrió sin importarle las miradas que generaba a su paso. Sólo se detuvo cuando pudo recostarse tras la puerta de su habitación en la sala común de Slytherin.
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Ron y Hermione estaban sentados en la sala común. Hermione aparentemente interesada en la charla de Ron, pero interiormente con el alma pendiendo de un hilo ante el preludio de lo que venía. Harry hizo su aparición de pronto por el hueco del retrato. Se acerc
– ¿Qué quería Dumbledore? –preguntó Hermione–. ¿Estás bien? – añadió preocupada.
– Sí, estoy bien – contestó Harry, pero pasó a su lado sin detenerse.
Está empezando… ¡Oh no! – rezó mentalmente la chica.
– No puedo entretenerme – explicó Harry jadeando después de regresar de su dormitorio donde había tomado el mapa del merodeador y la botella de Felix Felice–. Dumbledore cree que he venido a buscar sólo mi capa invisible. Escuchen….
Les explicó rápidamente a donde iba y porqué. Sin hacer caso de los gritos de Hermione ni las atolondradas preguntas de Ron.
– ¿Entienden lo que esto significa? – concluyó atropelladamente–. Dumbledore no estará en el colegio esta noche, de modo que Malfoy va a tener vía libre para llevar a cabo lo que está tramando. ¡No escúchenme! – suspiró con énfasis al ver que sus amigos trataban de interrumpirlo– . Sé que era Malfoy el que gritaba de alegría en la Sala de los Menesteres. Toma.
Y tal como lo recordaba Hermione les entregó la botellita dorada les conminó a llamar al resto del ED y a proteger a Ginny. Luego salió disparado por el hueco del retrato y se dirigió hacia el vestíbulo.
– ¿Crees que haya algo de razón en lo que dijo? – preguntó Ron visiblemente incómodo.
– Sólo sé que es nuestro amigo y confía en nosotros. Venga Ron, debemos empezar a actuar…
Y con la sensación de un nudo apretando su garganta, Hermione se dirigió con Ron hacia el dormitorio para empezar a ejecutar las disposiciones dadas por Harry.
Harry y Dumbledore traspasaron las verjas de Hogwarts y llegaron al desierto camino de Hogsmeade, que estaba en penumbra. La oscuridad se incrementaba a medida que caminaban y cuando llegaron a la calle principal ya era de noche. En las ventanas de las casas que había encima de las tiendas titilaban las luces y al acercarse a Las Tres Escobas oyeron fuertes gritos:
– ¡Y no vuelvas a entrar! – bramó la señora Rosmerta, que en ese momento echaba de su local a un mago cochambroso–. ¡Ah, hola Albus! Qué tarde vienes….
– Buenas noches, Rosmerta, buenas noches. Discúlpame, pero voy a Cabeza de Puerco… Espero que no te ofendas, pero esta noche prefiero un ambiente más tranquilo. Y diciendo esto Dumbledore, con Harry escondido bajo la capa, desaparecieron al doblar la esquina del callejón.
Rosmerta miró hacia donde el anciano profesor había girado y con un rictus en el rostro entró hacia su local. Caminó como autómata hacia la parte trasera de la barra, se inclinó con sutileza pero segundos más tarde empezó a buscar frenéticamente algo entre los cacharros y vasos que había allí. Al fin la encontró. Dentro de una cajita de plata, reposando en el fondo, apenas con un ligero brillo, una moneda dorada, un galeón mágico esperaba tranquilamente el toque de la varita de la mujer para calentarse y cambiar de numeración al igual que su otro par que se encontraba en los terrenos del castillo, en el bolsillo de un joven estudiante de la casa de Slytherin.
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Draco llegó jadeando a su dormitorio y tiró la puerta sin importar los murmullos que había a su alrededor. Poco le importaba que pensaran sus compañeros. El miedo volvía a ceñirlo, recorriendo su cuerpo con lentitud y cerrando su garganta de a pocos. En cualquier momento vendrían a buscarlo… ella lo descubrió todo y ya debía haberlo entregado a Dumbledore. ¿Qué le ocurría ahora? Lo expulsarían o tal vez… tal vez lo mandarían a Azkaban junto a su padre.
Aquella posibilidad lo aterró. No se sentía lo suficientemente fuerte como su padre. No soportaría el encierro ni a los dementores… se volvería loco en cuestión de días…. O tal vez hasta le aplicarían aquel espantoso beso…
Ella no sería capaz… un dejo de cordura irrumpió en su mente pero… ¿quién más sabía que estaba allí dentro?
Una nausea enorme lo envolvió e hizo que se recostara sobre el lecho. Había estado tan cerca de lograr su objetivo y ella lo había truncado. No sabía que sentir. La odiaba tanto como también la anhelaba. Se aborrecía por sentir aquello tan ambivalente y se odiaba más por siquiera pensarlo. Hermione Granger lo había traicionado y era lo único que debería interesarle. Sólo le quedaba esperar el llamado a su puerta y que Dumbledore en persona, junto a su estúpida cuadrilla de remolones vinieran por él.
Un hecho cortó el filo de sus pensamientos: una súbita quemazón se irradió en el bolsillo trasero del costoso pantalón de lanilla. El galeón que le había dado a la señora Rosmerta y cuyo fin era mantenerlo al tanto de las andanzas del viejo Dumbledore estaba caliente. Con premura procedió a extraer la moneda y la contempló atónito por varios segundos.
No comprendo… si ella me delató; entonces porqué Dumbledore abandona Hogwarts… ¿No sería lo lógico suponer que debería quedarse e interrogarme?
Se levantó de la cama como un resorte: Si el viejo sospecha de mí, ¿por qué abandona el castillo?... a menos que…
Draco ahogó las ganas de gritar. No debían haberle creído a ella, ni una sola palabra.
El plan debía seguir su curso. Por lo que volvió a salir sin importar cuestionamientos ni llamados de sus compañeros. Debía apresurarse en llegar nuevamente a la Sala de los Menesteres y comunicarse con los mortífagos.
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– "…Travesura realizada…"
Ron cerró el mapa del merodeador frustrado de no encontrar a Malfoy en ninguna parte del castillo. Tal y como había supuesto Harry todo hacía indicar que Draco estaría en la Sala de los Menesteres, invisible hasta para el efectivo mapa.
– Ron… tal vez Drac…Malfoy no está exactamente en la Sala…
– Creo que Harry tiene algo de razón en todo esto, Hermione. No creo que Malfoy sea un… bueno un mortífago, pero de que trama algo, no hay duda. ¡No perdamos tiempo y vayamos hacia allá!
– Pero yo creo…
– ¡Rayos, Hermione! – intervino Ginny exasperada – Si Harry piensa que Malfoy trae algo entre manos, es mejor que salgamos de dudas. Y si te molesta tanto vigilarlo – le lanzó una mirada suspicaz – Ron, Neville y yo iremos a montar guardia en el pasadizo, mientras Luna y tú vigilaran a Snape, tal como pidió Harry.
– Bueno… yo….
– ¡Démonos prisa! – apremió Ginny y miró a Neville que tenía el semblante algo pálido pero la varita firmemente sujeta entre sus dedos – No debemos perder un minuto más en palabrerías ¡Andando!
Hermione observó como sus tres amigos desaparecían por el corredor con la mayor rapidez. El conocido nudo en la garganta volvió a fastidiarla. Luna desde su rincón por primera vez hacía contacto visual con ella. Sus grandes ojos azules como platos brillaron unos instantes.
– Yo tampoco creo que Malfoy sea completamente malo. Me figuro que su comportamiento sólo es una coraza exterior como los escregutos de Hagrid.
Y al igual que ellos, suelen quemarte si te acercas demasiado….
Hermione volteó para evitar que sus pensamientos pudiesen vislumbrarse en su mirada. Era suficiente con las exactitudes de Luna como para arriesgarse a que ella adivinara también lo que acontecía en su alma.
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Cuando Draco apareció en Borgin y Burkes, causó un pequeño revuelo entre las personas allí presentes. Borgin, Amycus, Gibbon y un mago con el cabello rojo que podría fácilmente ser confundido con uno de los Weasley. Ninguno daba crédito a sus ojos. El muchacho había conseguido salir del castillo. Con celeridad lo tomaron del brazo y en un revuelo de capas desaparecieron para finalmente aparecer en la mansión de los Malfoy.
– ¡Madre! – Draco gritaba eufórico mientras subía la imponente escalera que dominaba el vestíbulo principal. Emocionado por verla y comunicarle que pronto acabaría aquella pesadilla recorría los pasillos de su mansión como un enajenado. Pateó algunos elfos en el camino pero no le importó. Debía contarle como lo había logrado.
– Si estás buscando a Narcisa, me temo que pierdes el tiempo, joven Malfoy – Alecto irrumpió en el invernadero donde Draco había entrado a buscar a su madre – Ella y tu adorada tía Bella salieron muy temprano el día de hoy. Creo que a visitar a tu padre… ¿tú entiendes no muchacho?, casi una despedida. Sabes que en Azkaban son muy estrictos y hay manera de comunicarse con ellas. Y como no podemos esperarlas…..
Draco empuñó la varita bajo la túnica. Odiaba a aquella achaparrada mujer pero no podía hacer nada al respecto. Su madre le había advertido lo peligroso que sería enfrentarse a algún miembro de la pandilla y él no era ningún estúpido para desafiar a un mortífago con experiencia, aún a pesar de llevarle casi tres palmos a la mujer. Le dio una mirada de soslayo cargada de arrogancia, tal como su madre hacía y salió sin decir nada rumbo a la estancia, donde Amycus empezaba a hacer planes para tomar el colegio.
Estúpido niñato… pero ya se les acabará el engreimiento a toda la familia cuando éste mocoso falle
Alecto siguió los pasos de Malfoy aún rumiando por el camino.
– ¡No debemos molestar al Señor Tenebroso hasta que este imberbe cumpla con la misión! – gritaba con los ojos inyectados Gibbon, el mago pelirrojo – Nos dijo bien claro que el muchacho debe actuar sólo; nosotros seremos su protección y ¡eso es todo!
– ¡Pero jamás conseguirá desarmar y matar a Dumbledore! – replicaba furiosa Alecto – ¡Es sólo un presuntuoso crío, debemos dejarlo aquí e ir nosotros solos a Hogwarts!
– Igual no debemos desobedecer las órdenes del amo – terció desde un rincón un mago corpulento de rubios cabellos – las órdenes fueron ir con el muchacho y conseguir atrapar al viejo.
– ¡Claro que soy capaz de enfrentar a Dumbledore! – Draco apretó los dientes y se adelantó hacia los mortífagos en discusión – El señor tenebroso me encomendó esta misión y la cumpliré y mi padre saldrá en libertad. ¡No me arriesgaré a que algo salga mal!
– Calma, calma, muchacho – Desde el otro extremo de la estancia, Amycus, el mortífago a cargo, mordía una pajita y esbozaba una sonrisa siniestra–. Nada puede salir mal. Es más, he conseguido alguna ayudita extra…digo, para estar seguros. ¿No es así, Fenrir?
– Por supuesto, amigo Amycus.
Draco sintió un escalofrío subirle por la espina dorsal. Esa voz parecía una especie de rugido y provenía de un tipo alto y delgado de abundante cabello canoso terminado en sendas patillas a los lados de la surcada cara. Se acercó hacia él con movimientos ágiles, como un lobo al acecho y le puso la mano al hombro a la par que sonreía gustoso. Draco sintió náuseas al comprobar los dientes afilados y el intenso hedor, una mezcla de mugre, sudor y sangre que despedía. Sus largas y amarillentas uñas se ciñeron en torno al hombro y le apretaron considerablemente.
En un ínfimo espacio de tiempo, Draco tuvo conciencia de la vaguedad de sus pensamientos. Ilusamente creyó que todo se trataba de pararse frente al viejo, pero ahora allí, junto a aquel despreciable semi-humano, se dio contra la realidad. No sólo su padre y él corrían peligro. Aquellos mortífagos y en especial Grayback sólo deseaban sangre, querían matar a quien se enfrentara a ellos o simplemente matar por diversión. Y en Hogwarts estaban sus compañeros. ¿Cómo es que no lo había analizado ni considerado? – tragó saliva ruidosamente – ¿Cuántos debían morir para que su padre y su familia se salvaran? Tal vez, hasta mordiera a alguien de su propia casa… Se imaginó a Pansy o a Blaise heridos o mordidos… y de pronto la imagen de Hermione, en el suelo y con el cuello desgarrado bajo las garras de Grayback hizo que se apartara de un brinco del hombre lobo.
– Tranquilo muchacho…. Nadie quiere robarte el crédito por lo que has hecho – Amycus apenas podía refrenar la sorna en su tono – Fenrir se enteró que había una incursión a su viejo colegio y simplemente quiere pasar a dejar sus saludos. Vamos, no seas tan melindroso con eso y mejor apurémonos en ir al lugar.
– Yo… creo… creo que debemos respetar el plan inicial… sólo los cinco…
– Y perderme el placer de visitar mi alma mater – Greyback rió dejando ver sus afilados dientes–. Al señor Tenebroso no le molestará que me haya colado para echar una… garrita.
– No perdamos más el tiempo y vayamos a Hogwarts – cortó de pronto Amycus – Draco, tu debes subir a la torre más alta y poner el cebo para que el viejo regrese de su visita al bar. Supongo que sabrás hacer nuestra marca en el cielo ¿o me equivoco?
– ¡Claro que sé como hacer la marca tenebrosa! – Draco cerró los puños indignado, pero igual de aterrorizado de contemplar aquella posibilidad.
– Entonces, debemos apresurarnos. Toma – le entregó a Draco una bolsita llena de polvo peruano de la oscuridad y la reseca mano de la gloria – Tú irás por delante para despejar el camino. Nosotros te seguiremos… para protegerte, claro está…
Draco ceñía su varita bajo la túnica pero no por eso podía dejar de temblar. Se estremeció de pensar que ellos podían notar su nerviosismo y su pánico y que lo dejaran allí. No podía permitir eso. Si lo hacían, no habría futuro para él ni para su familia. Eso era seguro. Lord Voldemort jamás le perdonaría tal cobardía. Exhaló finalmente y con la resolución marcada en su cabeza, caminó hacia su batalla personal con el miedo.
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– ¡No puedo seguir con esta duda!... ¡Debemos marcharnos, Luna y averiguar que está sucediendo arriba!... Si al menos tuviese el mapa del merodeador…
Hermione rondaba como loca el pasillo junto a la puerta del despacho de Severus Snape.
– ¿Porqué mejor no jugamos a contar hydipuks voladores? Así podíamos matar el tiempo – Luna respondió con los ojos enormes pero cándidos.
– Ya casi es media noche – Hermione la cortó sin miramientos – y aún no tenemos noticias de ellos… sería mejor que yo fue–
Pero un pequeño tumulto venía hacia ellas. El profesor Flitwick bajaba corriendo a las mazmorras gritando que había mortífagos en el castillo. Pasó a lado de ambas sin siquiera notar su presencia y entró hecho una pequeña tromba en el despacho del profesor Snape.
¡Demonios! Había olvidado que Flitwick venía hacia aquí… y si mal no recuerdo, Snape lo atacará.
No había terminado de pensarlo cuando escuchó el consabido golpe y vio a Snape salir alterado del despacho. Ella intentó cortarle el paso, pero Snape murmuró algo de un desmayo y que se necesita atención urgente. Luna la acercó a ella y la tomó del brazo jalándola al interior del recinto. Hermione intentó liberarse para correr detrás de Snape, pero el contemplar a su pobre profesor sangrando de la cabeza al haberse golpeado con la punta del escritorio al caer, fue motivo suficiente para quedarse a curarlo y luego intentar llegar hasta donde se encontraban sus amigos… y Draco.
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– ¡AHORA!
Draco fue empujado literalmente a través de la puerta de la Sala de los Menesteres. Con torpeza a causa del excesivo temblor, lanzó hacia el cielo el polvo peruano que le habían suministrado y todo quedó sumido en la más absoluta oscuridad. Escuchaba voces conocidas y trató infructuosamente de adivinar si ella estaría allí.
Estoy loco….estoy a punto de morir….y sigo pensando en esa traicionera sangresucia
Oía claramente los hechizos que lanzaban los amigos de Potter, Lumus, incendio… pero sabía que aquel polvo lograría detener los avances, al menos hasta que no se le acabara. Sintió de pronto una mano sobre su nuca que lo conminaba a seguir, alzó la mano de la gloria para ver quien era. Amycus le miraba con ojos desquiciados.
– ¡Muévete niño, debes apurarte y poner la marca!
Corrieron con dirección a la torre de Astronomía, se escuchaban los pasos y los gritos de la guardia de Dumbledore detrás de ellos. Intentó tirar más polvo, pero su alforja estaba vacía. Casi petrificado vio como su ex – profesor de DCAO, Remus Lupín, su prima Nimphadora, los Weasley y Longbotom empezaron a atacarlos. Los embrujos pasaban rozando los cuerpos y empezó la batalla.
Draco estaba completamente extraviado. Veía pasar todo como si fuese una pesadilla o un sueño en absoluto ajeno a él. Veía los rostros distorsionados por el ímpetu de la defensa y también por la perversidad y el placer de la agresión, empero no hacía ningún movimiento para pertenecer a aquella lucha. Tenía su varita de espino sujeta en la mano, pero al contrario de todos, no estaba en posición de ataque. Parecía que simplemente era un espectador ocasional.
– ¡Maldita sea, Malfoy! – vociferó Gibbon tratándose de hacerse oír entre el fragor de la lucha, a la par que se agachaba para esquivar un rayo de luz roja – ¡Tienes que ir a la torre a poner la marca!
El yelmo de una estatua aterrizó a los pies de Draco e hizo que éste ladeara un poco el rostro. Fue suficiente para su suerte. Una maldición pasó rozando apenas unos centímetros de su cabeza y arrancó un pedazo de muro justo detrás de él. El polvillo hizo que el chico empezara a toser incontrolablemente.
Gibbon observó la escena y maldijo a viva voz. Justo lo que temía estaba ocurriendo; que Malfoy se acobardara y no hiciera lo que estaba planeado. Con furia, avanzó hacia la escalera para hacer el trabajo por su cuenta. Luego, cuando bajara, se encargaría de cobrárselas al chico. Tal vez podría lanzarle una maldición y decir que había sido lanzada por las huestes del viejo.. Cuando pasó a su lado, le dio un puñetazo en el rostro que dobló en dos a Draco y lo hizo hincarse en el lugar.
Ni siquiera había logrado ponerse de pie cuando contempló a Gibbon bajando la escalera con el rostro desfigurado por la euforia. El mortífago había logrado conjurar la temida calavera verde fosforescente y puesto en marcha el cebo para que Dumbledore regresara al colegio. Al descender corrió junto a Draco y le fulminó con una patada directo al estómago. Los ojos se le salieron de las órbitas ante aquel brutal golpe y volvió a enterrar la cabeza en el suelo sin poder ver nada a su alrededor. Pero para suerte de Draco, aquel rostro alterado por el paroxismo se congeló en el aire. El mortífago no había avanzado ni diez pasos, cuando frente al derrumbado Draco, Gibbon caía muerto producto de una de las maldiciones de su propio bando; del mago rubio que luchaba en el rellano. Cayó con la sonrisa deformada por la maldición junto a la escalera.
– ¡Levántate mocoso estúpido y haz tu trabajo!
Draco sintió que lo estrujaban del cuello de la túnica y lo jalaban con furia. Aún con el dolor en las tripas se incorporó como pudo y tratando de enfocar el panorama con los ojos aún vidriosos por el golpe en su rostro y tratando de ver a la persona que le daba aquella orden. Alecto tenía los ojos inyectados en sangre y lo miraba con tal furia que Draco supuso que lo mataría allí mismo.
– ¡Sube a la torre y espera al anciano! – Alecto miraba hacia todos lados tratando de esquivar los rayos pero sin dejar de amenazar a Draco – ¡O me encargaré de contarle a nuestro amo que te acobardaste e hiciste que el plan fallara!
No había opción para él, debía continuar. Apretó los puños, con el pavor aún circundando su cuerpo. Debía enfrentar al viejo para salvar a su padre. No debía pensar en nada más.
Con un gruñido de valor avanzó por la escalera, varita en mano, dispuesto a enfrentarse a sus propios miedos.
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– ¡Draco!
Hermione corría hacia el lugar exacto donde había divisado la cabellera rubia del muchacho. Como una autómata, sin importarle su seguridad, se precipitaba hacia la escalera de la torre de astronomía para alcanzarlo. No sabía porqué o para qué, sólo necesitaba estar a su lado.
– ¡Hermione cuidado!
Sintió de pronto un golpe y terminó sentada junto a un pedazo de muro derribado. La cabeza le daba vueltas producto del porrazo que recibió. Entrecerró los ojos para enfocar y contempló horrorizada a Neville en el suelo con un enorme corte en la cabeza y la túnica bañada en sangre. El chico había logrado salvarla de una maldición pero no había podido esquivarla del todo.
Estúpida inconciente – se recriminaba Hermione mentalmente mientras hacía movimientos con su varita, tratando de cerrar la herida de Neville. Había logrado arrastrar al muchacho debajo de una pequeña mesa y conjuraba velozmente un hechizo aprendido. Para suerte la herida no era de consideración y Neville se levantó en el acto para continuar luchando. Pero sirvió para hacer reflexionar a Hermione. Se engujó las lágrimas del rostro con ímpetu y se levantó. Varita en mano empezó a luchar. Ahora lo importante era defender a sus amigos.
Ten mucho cuidado, Draco…
Fue el último pensamiento que le dedicó antes de volcarse completamente a la protección de sus compañeros.
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– ¿Opciones?, ¿Qué opciones? – gritó Draco Malfoy – Tengo mi varita y estoy a punto de matarlo…
– Amigo mío, no tiene sentido que sigamos fingiendo. Si pensaras matarme lo habrías hecho en cuanto me desarmaste, en lugar de entablar una agradable conversación sobre los métodos de que dispones para hacerlo.
– ¡Yo no tengo opciones! – dijo Malfoy que se había puesto tan pálido como Dumbledore – ¡Tengo que liquidarlo!, ¡Si no lo hago, él me matará! Y ¡Matará a mi familia!
Draco trataba de controlar infructuosamente el temblor y la nausea que recorría todo su ser. Tenía la camisa empapada de sudor frío pegada al pecho y a la espalda y sentía que en cualquier momento dejaría caer la varita y empezaría a sufrir una convulsión. No podía despegar la vista de aquellos ojos azules, tan extrañamente cálidos, que lo miraban inmutables. No había miedo ni terror en ellos a pesar de saberse a punto de morir, sólo había humanidad en ellos…
– Me hago cargo de lo comprometido de tu posición. ¿Por qué, si no, crees que no te enfrenté antes? Porque sabía que lord Voldemort te mataría si se daba cuenta de que yo sospechaba de ti. – Malfoy hizo una mueca de dolor al escuchar el nombre de Voldemort – No me atreví a hablar contigo de la misión que sabía que te habían asignado, por si él utilizaba la Legeremencia contra ti – continuó Dumbledore- Pero ahora por fin, podemos hablar sin necesidad de andarnos con tapujos… Todavía no has cometido ningún crimen, ni le has causado ningún daño irreparable a nadie, aunque has tenido suerte de que tus víctimas indirectas hayan sobrevivido… Yo puedo ayudarte, Draco.
¡Que demonios ocurre!... ¿Qué es todo esto? – El sudor frío recorría la espalda de Draco y el temblor iba en aumento – Este viejo me está ofreciendo ayuda…. ¿Cómo es posible?...después de lo que he hecho… estando aquí parado, frente a él, con la varita apuntándole… ¿me ofrece su ayuda?...
– …soy yo el que tiene la varita… Su suerte está en mis manos…
– No, Draco – corrigió Dumbledore – Soy yo el que tiene tu suerte en las manos.
Yo sólo quería que reconocieran mi talento y mi valor, deseaba sentirme parte de algo extraordinario, del grupo que liderara el mundo mágico… pero ellos… él… – tragó saliva – Mis padres pueden morir y ¡dijo que me mataría si fallaba! – La sien empezó a palpitarle dolorosamente – ¿Valió la pena tanta lealtad hacia ellos?... y los que se supone debo despreciar, me tienden la mano…y a mi familia también. ¿Puede haber algo de verdad en todo esto…?
Malfoy no respondió. Tenía la boca entreabierta y la mano seguía temblándole. A Harry, que estaba escondido presenciando toda la escena, le pareció que bajaba un poco la varita…
Lo siguiente que sucedió, Draco lo recordaría como una serie de cuadros móviles poco más o menos sin sonidos y en cámara lenta. Y fue justamente a raíz de aquel hecho irreal, aún para él. Ser testigo de aquel asesinato. Algo para lo que, aunque él lo creyera, no estaba preparado. Ver la muerte cara a cara.
Snape…. Snape lo….mató… Dumbledore está muerto
Fue una especie de shock eléctrico. Las palabras implorantes del anciano aún le taladraban el cerebro y la presión sobre su pecho era intensa. Estaba rogando por su vida y Snape lo había asesinado sin contemplación alguna. La nausea volvió a subir a su garganta. Sin aviso sintió los dedos fríos de su maestro como garras sobre su nuca y fue literalmente empujado por la puerta delante de Alecto y Amycus.
Saltó los peldaños de la escalera de caracol con ímpetu. En realidad no huía por miedo a ser capturado, huía de toda aquella vileza e ignominia. Quería dejar atrás toda aquella miseria humana. Todo le daba vueltas y el vómito era casi inminente. El oscuro pasillo estaba invadido por una nube de polvo pues se había derrumbado una parte del techo. Era difícil distinguir a las personas que estaban luchando, pero por alguna extraña razón su mirada se dirigió a un punto específico del lugar.
Allí estaba ella. Su cabello castaño rebelde ahora era de color cenizo y una masa desordenada de rizos sin control. Tenía arañones en su rostro y la túnica raída. Le pareció notar que tenía el labio inferior cortado…
Debo ir hacia allá…
Aquel pensamiento dominó por un instante su atribulada mente. Hizo el intento de correr pero un jalón en la túnica le contuvo. Snape volvía a empujarlo, cual marioneta, y lo lanzaba fuera del pasillo. Continuó su marcha sólo para levantar el rostro sobresaltado ante la explosión. Severus Snape había lanzado un hechizo bomba hacia la gran puerta de roble y la había destrozado. El frío de la noche golpeó a Draco con fuerza en el rostro y una ráfaga helada de viento de los exteriores de Hogwarts congeló sus pulmones.
Un rayo incandescente cruzó entre ambos y golpeó con estrépito un enorme jarrón de piedra de la entrada. Con rapidez, Snape tomó a Draco de la camisa e hizo que se encorvara para continuar con su huída a través de los jardines exteriores.
Draco sólo escuchaba los gritos incisivos de Snape pidiéndole que corriera. ¿Es que estaba tratando de salvarlo?... ¿Pero si él no tenía compasión por nadie?... pero su sentido de autoprotección se impuso. Corrió maquinalmente, sin voltear ni pensar en nada. Suponía que tendría mucho tiempo para pensar en lo ocurrido. Suponía que lo peor había pasado…
Pero lamentablemente para él, sólo lo suponía…
Esta es mi versión sobre lo que ocurrió en la torre de Astronomía. ¡Que hago pues! Sigo pensando que Draco no es un mal chico…
Y Hermione… aún con la pregunta en la mente…
Porque después de todo ¿para qué volvió?
No dejen de visitar la historia y dejar sus reviews!
Y gracias especiales a todos los que han dejado comentarios tan supers! Y palabras tan halagadoras!! Caray! Hacen que me sonroje jejejeje.
Pronto prontito llegando al final!
Un súper beso.
Gise.
