Holass!
Si bien dije al inicio de este fic que no tocaría Harry Potter and the deathly Hallows, la publicación ya hace bastante tiempo, en español, me permite enlazar la historia hasta la trama de este libro, sin caer en spoilers desagradables para los lectores.
Espero les guste el cap, que por la misma trama sigue en fase de lucha. Y como tarea pueden revisar algunos capítulos del libro para que no se pierdan (aunque creo que están bien comprensibles los sucesos desarrollados en este cap que se relacionan con hechos de HP7)
Bien, no les quito más el tiempo!!
Besos!
Gise
CAPÍTULO 22 – LA NUEVA REALIDAD
Narcissa recibió a su hijo en el umbral de la gran mansión. Su corazón había vuelto a palpitar al recibir el mensaje de Snape donde le comunicaba que Draco había sobrevivido y estaba sano y salvo. Le importó poco los demás recién llegados y el resultado final de aquella misión. Su lealtad no estaba ya más, al lado de un grupo de seguidores de un mago que deseaba gobernar el mundo mágico, ni que pregonaba la pureza de la sangre, ni siquiera de la oscura gloria y poder de Lord Voldemort. Su fidelidad y devoción nacía y volvía a sus entrañas, prorrumpía avasalladora tan antigua como la vida misma, naturaleza metida en sus venas, sentimiento imperioso y protector. Sólo le importaba el bienestar de su hijo. Ahora y siempre.
Llevó al trémulo muchacho, como una marioneta, hacia sus habitaciones. Intentó interrogarlo pero él seguía encogido en un silencio sepulcral y ella se limitó a dar un suspiro cargado de reproches para si misma y un pensamiento funesto para su esposo. Estúpidamente, habían querido lo mejor para Draco, la gloria y el reconocimiento y todo lo que habían conseguido era arrastrarlo con ellos a una pesadilla que, a leguas vista, recién empezaba.
– Hijo, toma un baño. Tu elfo acaba de prepararlo como te gusta. Después habrá tiempo de hablar… ahora relájate y luego te subiré algo para que cenes.
Draco fijó la vista en su madre por unos instantes. Contempló su otrora hermoso rostro, surcado por sombras oscuras en contraste con su usual palidez. Los ojos suplicantes…
-Lo siento, Draco. Esto no es lo que queríamos para ti. Jamás imaginé que llegaríamos a esto…
Lágrimas silenciosas empezaron a caer, pesadas y sin control por el ajado rostro. Draco contuvo el deseo impulsivo de reprocharle sus juicios y decisiones, pero se contuvo al sentir el sufrimiento de su madre. De nada valdrían los reproches. Todos los Malfoy tenían culpa por el imperdonable error de fingir que el mundo no era el mundo de unos asesinos y de procurar instalarse cómodamente en él.
– Nunca me perdonaré si te pasa algo, hijo mío.
Draco no respondió, se limitó a acercarse a su madre. Hacía mucho que no la abrazaba con tanta fuerza y desesperanza. Le hubiese gustado volver a ser un niño para escuchar palabras de ánimo y consuelo, pero aquellos tiempos jamás volverían. Se sentía de pronto convertido en un hombre a fuerza de la tragedia. Tenía que proteger a su madre y si eso implicaba vivir una mentira, lo haría sin dudar.
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Después del entierro, Hermione se dio cuenta que algo había cambiado en ella. Una especie de reflexión o una nueva energía. A diferencia de su otra realidad donde su manera de ver las cosas había sido completamente distinta. Allí había supuesto que lo mejor era quedarse en Hogwarts para prepararse lo mejor posible para enfrentar a Voldemort, logrando convencer a Harry en vez de ir a buscar los horrocruxes.
Pero esta vez, estaba actuando diferente porque pensaba diferente. Dumbledore le había dicho bien claro que uno no debía cambiar el pasado, porque alteraría el futuro como una reacción en cadena. Pero el caso indiscutible era que las cosas ya habían cambiado notoriamente. Ella nunca había estado enamorada de Draco en su época escolar ni había tenido intimidad con él. Ni tampoco Draco había vencido su arrogancia y mezclado con una sangresucia. Las cosas si habían cambiado. Y como dijo Dumbledore, ella no había vuelto a su pasado como espectadora viendo a su doble adolescente, ella había sido removida de una realidad distinta y llegado allí como única figura.
¡Ella estaba en otra realidad! No era la misma que había vivido, donde Harry, Ron y ella terminaron su sétimo año en Hogwarts y salieron a enfrentar a Voldemort con los conocimientos adquiridos. Donde intentaron buscar los horrocruxes demasiado tarde, cuando ya todo estaba bajo la influencia enmascarada de Lord Voldemort. Cierto que habían conseguido volver a tener el control del ministerio de Magia, pero en su realidad aún no atrapaban a Voldemort, Ginny y Ron estaban muertos y tampoco había tenido contacto alguno con Draco por diez años.
Esta vez sería distinto. Debía ser distinto. En esta nueva realidad para ella, percibía en su interior, como una lucecita intermitente en su cerebro, que debían iniciar la lucha contra Lord Voldemort ya mismo. No debían volver a Hogwarts. Debían seguir el deseo de Harry de buscar los horrocruxes. Ni siquiera en su otra realidad, se había sentido segura de su capacidad para enfrentar a Voldemort. Mucho menos ahora. Sabía que era una locura intentar ira a buscar algo que no tenían idea de donde se ocultaba, tres muchachos adolescentes, sin entrenamiento mágico superior, pero algo en ella le empujaba a seguir. Tal vez la idea de no permitir que el mago oscuro continuara torturando personas inocentes… como a Draco.
Imaginárselo sufriendo, era demasiado para ella. No importaba si lo volvería a ver en diez años o en veinte o jamás. No regresaría a su sétimo año en Hogwarts como lo había hecho una vez. Ahora intentaría un camino distinto. Y rezó mentalmente por que fuese el correcto.
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- ¡Mentiste a Lord Voldemort, Ollivander!
– ¡No! Juro que no lo hice… te lo suplico…
– ¡Tratabas de ayudar a Potter, de ayudarlo a escapar de mí!
– Juro que no… creía que otra varita funcionaría…
– ¡Mentiras!
– Por favor… te lo suplico
La mano blanca de dedos estilizados alzó la varita y cortó el aire con una ráfaga de luz cargada de cruel rabia. El anciano empezó a revolverse en el suelo, retorciéndose de agonía.
Draco todavía escuchaba los gritos de dolor del anciano aún a pesar de haberse encerrado en su habitación y de que sus mazmorras quedaban varios pisos más abajo. No necesitó ser adivino para comprender que el plan para capturar a Potter había fracasado. Y ahora que el señor tenebroso había trasladado su residencia habitual a la Mansión Malfoy, las torturas, gritos y demás eran cosa de todos los días, aunque no por eso se acostumbraba.
Cuando Voldemort se instaló allí permanentemente, tomó conciencia real de que había cruzado una frontera invisible. Días después flotaba sobre la ducha, exánime y debilitado apenas consciente de su propio cuerpo. Su padre lo había ayudado a desnudarse y lo había alzado para depositarlo en la gran tina con hierbas y sales medicinales. Apenas susurrante le había pedido a su padre dejarlo solo. Necesitaba la soledad
El agua mitigaba en algo el dolor de los músculos pero no el de su alma, partida en mil trozos y aplastada y dominada por el miedo. No había forma de despertar de esa pesadilla, no había palabras ni susurros reconfortantes, todo era oscuridad y confusión, donde no se sabía que podía venir el día de mañana. Estaba literalmente desecado, quemado. Compadecía cada momento de su vida. No estaba dispuesto a emprender nada por ella. No tenía deseos ni objetivos, no quería morir ni tampoco le gustaba vivir así. Era un estado peculiar y, a su modo, una mera subsistencia
Lo habían atrapado llevándole agua y pedazos de pan al viejo Ollivander. Ni siquiera supo porqué lo hizo. El jamás había sentido compasión por nadie. Pero quizás había cambiado algo en él lentamente desde hace unos meses y sintió el impulso de aliviar en algo el sufrimiento del viejo, abandonado a su suerte para morir de inanición lentamente en su fría mazmorra. Con su maestra, Charity Burbage, sólo pudo sentir el peor remordimiento posible después de su muerte, a pesar de saber que no estaba en sus manos salvarla; tal vez por eso se dirigió a las mazmorras a atenuar en algo la agonía de otro ser humano, sin pensar que le costaría lágrimas de sangre aquel pequeño acto de misericordia.
¿Qué sucedería con él, ahora?
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"…Los pasajeros para el vuelo 747 con destino a la ciudad de Sydney, Australia. Favor de abordar por la puerta 26…"
Hermione desde un rincón contemplaba la amplia sala del aeropuerto Internacional de Heathrow atestada de pasajeros bulliciosos. Parejas despidiéndose cariñosamente, niños corriendo por doquier felices de poder subir a un avión. Más allá una pareja de mediana edad, tomados de la mano, examinaban folletos de Australia con la sonrisa en los labios.
"…Ultima llamada para los pasajeros para el vuelo 747 con destino a la ciudad de Sydney, Australia. Favor de abordar por la puerta 26…"
La pareja enrumbó hacia los controles de abordaje donde una morena recepcionista recibió sus boletos.
– Señor y señora Wilkins, bienvenidos al vuelo 747 con destino a Sydney. Sírvanse tomar sus asientos de acuerdo al número asignado. Esperamos que su viaje sea placentero. Disfruten el vuelo.
Hermione se enjugó las lágrimas con disimulo y acomodó sus gafas negras mientras observaba a la pareja desaparecer por el hangar. Era muy duro para ella dar aquel paso. Quitarles la memoria a sus padres y borrar cualquier rastro de su existencia para preservar su integridad era un precio muy alto, pero que debía ser pagado. Quizás nunca volviera a verlos o tal vez no pudiera volver a recuperar aquella parte de su memoria. Pero en el peor de esos casos… ellos continuarían con vida y eso era lo único importante.
Dio media vuelta y enrumbó a la salida. Tenía que pasar a la madriguera. Se acercaba el cumpleaños de Harry y la boda de Fleur y Bill. Hizo una mueca como una sonrisa al darse cuenta que la vida continuaba a pesar de todo. Su mente flotó y los recuerdos de Draco volvieron a ella. Que lejano se le hacía aquellas horas de caricias y pasión entre ellos.
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--"…la familia está a salvo, no respondas, nos vigilan…"
El patronus de Arthur Weasley se disolvió en la nada. Los tres se encontraban en Grimmauld Place escondiéndose después del ataque de los mortífagos Rowle y Dolohov en la cafetería Tottenham Court Road, aún algo asustados. Harry trataba de controlar el dolor de su cicatriz pero esta iba en aumento segundo a segundo. Cuando subió al baño cayó al piso en una explosión de agonía. Hermione a quien no se le había pasado éste detalle corrió escaleras arriba asustada con los gritos que profería Harry.
– Mas, Rowle ¿o terminamos ya y alimentas a Nagini? Lord Voldemort no está seguro de perdonar esta vez… ¿Me devuelves la llamada para esto, para decirme que Harry Potter se ha escapado otra vez? Draco, dale a Rowle otra muestra de nuestro desagrado…¡Hazlo o siente tu mi ira!
La cara petrificada y demacrada de Draco parecía grabada a fuego en el interior de los ojos de Harry. Se incorporó asqueado por lo que había visto, por el uso que Voldemort estaba dando de Draco.
Mientras que en el otro lugar, Draco Malfoy alzaba la varita apenas conteniendo el temblor de su mano. Pronunció débilmente ¡crucio! Y un haz de luz iluminó la estancia.
– ¡Así te enseñaron tus padres a lanzar una maldición!... ¡Siente entonces el verdadero poder de un crucio!
– Harry ¿quieres tu cepillo de dientes? Lo tengo aquí.
Harry aún encerrado en el baño de la casa de Sirius, le dio las gracias y Hermione bajó algo más tranquila al escuchar el tono más informal en la voz. Incluso canturreó ligeramente al comprobar que su amigo estaba perfectamente bien y a salvo.
Mientras que en otro punto, la persona que ella más amaba, suplicaba por clemencia.
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Draco volvía a encerrarse en su habitación. Desde que había regresado de Hogwarts por las vacaciones de Pascua se mantenía alejado lo más que podía de la gente que rondaba su mansión. Pero siempre Voldemort insistía en llamarlo, quizás porque sabía cuanto le afectaba aquel mundo. Le gustaba torturarlo psicológicamente y algunas veces físicamente cuando sentía a Draco renuente por complacerlo. Por eso había sido un gran alivio para él cuando sus padres le informaron que regresaría a Hogwarts para su sétimo año. Era casi como una ventana de escape de aquella casa de miserias. Incluso había sonreído, cosa imposible de pensar para él después de aquella vida. Subió con la energía que le daba la esperanza de dejar la mansión y creer que podía seguir su vida de antes.
Pero aquellos sueños pueriles fueron desbaratados en un segundo. Lord Voldemort lo llamó ante su presencia para confiarle una nueva misión. Incluso le había, generosamente según sus propias palabras, concedido algunas facilidades, como el de tener a dos nuevos aliados a su disposición: Crabbe y Goyle, ahora oficialmente, miembros del entorno de los mortífagos. Draco retrocedió instintivamente cuando Voldemort le mencionó la palabra misión y esto no pasó por alto para el oscuro mago. Dejó ver sus dientes afilados y las rayas nasales se estiraron aún más. Le placía hacerlo sufrir. Era el pago por el fracaso y el descontento de la familia Malfoy de tenerlo allí. Por esa razón los atormentaba continuamente.
– Debes estar atento al regreso de Potter de alguna forma a Hogwarts. Para eso he permitido que vuelvas allá, para que vuelvas a ser un espía. Tengo mucha gente infiltrada ya, pero siempre es bueno contar con fiel servidor como tú, ¿no Draco? Que estará encantado de servir a su amo.
Draco carraspeó nervioso sin atreverse a levantar la cabeza. Su madre se adelantó al notar el excesivo temblor de su hijo que era innegable.
– Mi señor… claro que Draco estará encantado de servir a tus designios… pero es claro que con la presencia de Severus como director y de Amycus y Alecto en puestos claves en Hogwarts, la presencia de Draco… quizás no tendría mayor importancia mas que sólo para estudiar….
– ¿Siento tu ligera predisposición a cuestionar mis órdenes, Narcissa?
Lucius Malfoy que estaba casi parado en las sombras, se adelantó para ayudar a su esposa. Tenía el rostro amarillento, ojos hundidos y el cabello rubio platino, que ahora lucía sin brillo y descuidado. La cortina de cabello le cubrió la cara cuando se arrodilló frente a su amo. Cuando habló su voz era ronca y vacilante
– Mi señor… mi esposa se ha expresado equivocadamente… para mi hijo será un honor servir nuevamente a tus órdenes, como todo miembro de mi familia. No hay mayor orgullo sentirnos útiles para servirte…
– ¿Útiles, Lucius? – Los ojos rojos brillaron con ironía – casi podría decir que los Malfoy se han convertido en una carga más que en una refuerzo para mi ascenso al poder. Y yo jamás permito que haya nadie descontento junto a mí… No soy esa clase de líder – hizo una mueca casi parecida a una sonrisa cruel–. Así que, Draco – miró hacia el muchacho que contuvo un ligero temblor cuando escuchó su nombre – Depende de ti, que tus padres se sientan cómodos y felices. Si capturas a Potter, seré magnánimo una vez más y dejaré a tu familia elegir si desean permanecer junto a su amo o si prefieren alejarse de la gloria y el poder cuando haya triunfado, tal vez en un lejano lugar… mas sosegado. Tú decides, Draco; la independencia a cambio de Potter.
Draco miró a sus padres por un segundo y captó la mirada de desconcierto en ellos. Sonaba a trampa, pero era lo único que tenía. Igual no habría nada que perder. Ya eran prisioneros y él se aferraría a esa pequeña sospecha de esperanza. Sin mirarlos a los ojos, se arrodillo una vez más ante Lord Voldemort y juró obediencia.
Regresó de sus recuerdos. Los sentimientos ambiguos volvían a envolverlo como una fría máscara. Estaba feliz de estar en casa, de ver a sus padres nuevamente, no felices ni orgullosos como siempre, pero al menos aún vivos. Y odiaba con igual fervor verse encerrado en aquel espacio viciado y contaminado. Una erupción silenciosa que emanaba alegría y pena por igual, retumbaba en igual medida a través de sus venas. Caminó lánguidamente y se tiró en la amplia e impoluta cama de su habitación. Cerró los ojos con fuerza como si pudiese evitar aquellos pensamientos desbocados que acudían en tropel a inundar su cabeza.
¿Dónde estarían?
Porque definitivamente los tres se hallarían juntos….
Aquella conveniente enfermedad de la comadreja….
Aquella razonable desaparición de ella…
¿Habrían huido en busca de un lugar seguro, lejos del peligro? O
¿Se levantarían en armas?
¿Estarían los tres juntos?
O aún peor
¿Estarían la comadreja y ella, juntos?
Las preguntas, dudas y conjeturas parecían haber anidado en su cerebro como algo enfermizo, contaminando los recuerdos que tenía de ella. Los tres juntos, o en el peor de los casos, ellos dos cercanos, unidos, ligados. Draco escuchó rumores provenientes de Longbothom que sin querer hablaba de la famosa resistencia. No comentó nada a los mortífagos Alecto y Amycus y mucho menos a su nuevo director Severus Snape, porque conocía muy bien como eran tomadas las falsas alarmas por el Señor Tenebroso.
Pero aquella idea salida, ya no de su imaginación, sino de los labios del regordete Griffyndor hicieron a Draco, sentirse extrañamente solitario. Cualquier otro sentimiento fue ahogado rápidamente por él. Necesitaba enfocarse a su nueva tarea. Además ella, ya era historia en su vida. Cerró los ojos con fuerza y pasó los brazos por detrás de la nuca para intentar dormir un poco. Más un creciente ruido, de voces agitadas, proveniente de la salón principal, logró captar su atención. Se levantó con agilidad de la cama y salió recelo para atisbar el motivo de aquella conmoción.
Ni siquiera había llegado al inicio de la suntuosa escalera de su mansión, apenas divisaba la gran araña de filos dorados y ornamentos de cristal pesado, cuando la voz, ronca y áspera llegó con claridad a sus oídos y le hizo erizar el vello de la nuca, aunque no se comparó con la conmoción de escuchar las palabras emitidas por esa detestable boca:
– … Y ésta aquí, ¿ve a la chica? Es la sangresucia que ha estado viajando con él, señora. No hay duda que es él. ¡Hemos cogido a Harry Potter y también tenemos su varita! Aquí, señora…
Draco se sintió repentinamente mareado. Avanzó unos cuantos pasos más, afianzado con fuerza del barandal de la escalera. El cuadro allá abajo era definitivamente una alucinación de su mente. Era imposible de creer. Greyback junto a un mago mugriento, su madre, su padre, hacían un círculo frente a cuatro personas y un duende. No necesitó ver más que la forma y el color rizos desordenados para intuirlo, para sentirlo. Era ella.
Maldición… ¡La atraparon!
Como un autómata, sintiendo que en cualquier instante su corazón saltaría del pecho, fue obligado a bajar por su padre para reconocerlos. Renuente emprendió la peor tarea de su vida. Ni Potter ni Weasley le importaban realmente, ni ninguno de los otros que lo acompañaban… pero ella ¡Demonios! Aquella sensación de interés o inclinación estúpida hacia ella volvía a tomarlo por asalto. El rostro bañado en lágrimas, sucio, desencajado; sus ojos ausentes de la realidad sólo concentrados en el terror y el miedo, hizo que sus rodillas flaquearan cuando se acercó hacia los prisioneros. Estaba tan cerca de ella…. Y su corazón se estrujó al contemplar fugazmente la mano del pelirrojo ciñéndose con fuerza a la de ella y mirándola con ansiedad… el pobretón la estaba protegiendo…. Él era el nuevo dueño de Hermione Granger.
Que podía esperar después de todo. Ella había escogido al pelirrojo finalmente. Seguramente eran novios… – una punzada se clavó debajo de sus costillas – El ya no tenía nada más que hacer. Una descarga de abatimiento lo inundó.
– ¿Bien, Draco? – dijo su padre. Sonaba ávido – ¿Lo es? , ¿Es Harry Potter?
Lo había reconocido de inmediato, no tanto por su conocido rostro, aún a pesar de la maldición que tenía en la cara, sino por el simple hecho de que la presencia de ella junto a él. Pero su corazón se había convertido repentinamente en piedra. En una sólida e insensible roca. Por eso lo negó. Nada le importaba ya. Necesitaba sentir aquella indiferencia….
– ¿Y que pasa con la sangresucia, entonces? – gruñó Greyback.
– Si… ¡estaba en la tienda de Madame Malkin's con Potter! Vi la fotografía en el Profeta! Mira Draco ¿no es la chica Granger? – dijo Narcissa bruscamente.
– Yo… tal vez…. Si….
No había terminado de balbucear aquella respuesta esquiva, cuando tomó conciencia real de sus palabras. Por un fugaz momento divisó los ojos marrones posarse sobre los suyos para luego perderse nuevamente en el pavor.
¡¡QUE MIERDA DIJE?!
Minutos más tarde, Draco se encontraba en la habitación contigua. Ni siquiera recordaba como había llegado hasta allí. Sólo era conciente de aquel terrible y desgarrador grito que inundaba su alma y le causaba casi un dolor físico.
– ¡Estás mintiendo, asquerosa sangresucia, y lo sé! – Bellatrix Lestrange había llegado momentos antes y casi presa del delirio torturaba a Hermione – ¡Dime la verdad!
Los gritos de Hermione resonaban en las paredes. Draco se levantó del suelo donde había caído minutos antes presa del total remordimiento y extremo dolor. Se limpió las lágrimas que bañaban su pálido rostro lo mejor que pudo.
Soy un cobarde…
Sentía que había fallado, que nada había sacado de aquella miserable existencia que le había tocado vivir. No la había podido proteger. Se sentía un ser pusilánime y cobarde.
Hermione estaba gritando de nuevo. El sonido atravesó a Draco como una lanza al rojo vivo directo al corazón. Debía hacer algo. Se lo debía. No podía permitir que la siguieran torturando.
Trató de usar la lógica a pesar de todo. Si salía al salón para tratar de salvarla, lo que sucedería era más que evidente. Su tía lo mataría en el acto si no lo hacía directamente el Señor Tenebroso y sus padres serían los siguientes. Y aún con ello, no lograría salvarla… ¡Que podía hacer él allí, sólo sin ninguna esperanza! – intentó taparse los oídos ante el nuevo grito de Hermione. Aquel chillido desgarrador volvió a sumirlo en la desesperanza. Cayó de rodillas contra el frío suelo de piedra. Se sentía completamente desdichado… incluso más infeliz que el más bajo de sus sirvientes…
Los ojos grises se le iluminaron fugazmente como mercurio en ebullición. ¿Cómo no lo había pensado?
– ¡KREACHER!
– …. Pero amo, Malfoy ¿Cómo voy a enfrentarme a mi antigua ama y señora?…
– ¡¡Busca a alguien si es preciso!! – Draco arrodillado con los ojos inyectados en sangre sacudía al viejo elfo en un estado de paroxismo total – ¡¡Pero tienes que salvarla!! – Un nuevo grito puso a Draco aún más histérico – ¡¡Busca a alguien que la salve….pero rápido!!
El arrugado elfo abrió los ojos asustado. Odiaba aquella orden. Aún sentía aprecio por la señorita Bella. Pero no quería desobedecer al joven Malfoy… tan distinguido, tan sangre limpia. ¿Pero cómo salvar a la chica sin comprometerse? – giró para irse del lugar hacia su vieja casona en Grimmauld Place a buscar una solución, pero no tuvo que pensarlo mucho. Con una mirada de astucia, decidió cambiar de curso. Sabía donde encontraría al ser indicado para aquel trabajo.
Con una reverencia exagerada, casi tocando la gran y asquerosa nariz en el frió suelo, se despidió de Draco Malfoy para cumplir la orden que se le había dado. Debía darse prisa si quería llegar cuanto antes a Hogwarts y a buscar a Dobby, el elfo libre y comunicarle la misión.
Minutos después, Dobby acudía exaltado y atolondrado donde el cantinero de la Cabeza de Cerdo; Aberforth Dumbledore para ponerse a disposición.
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– Y creo – dijo la voz de Bellatrix – que podemos deshacernos de la sangresucia Greyback, llévatela si quieres.
– ¡NOOOOOO!
Ron había interrumpido en el salón de improviso junto a Harry, ambos habían sido liberados por Dobby de las mazmorras. El grito había sorprendido a Bellatrix y a los demás presentes… y logró opacar el grito de Draco, quien instintivo e insensato había gritado a la par al contemplar la posibilidad de la muerte de Hermione.
Draco de pronto fue atacado por Harry y vio horrorizado como su padre se derrumbaba junto a la chimenea. Sin pensarlo atacó a Harry instintivamente por defender a su familia. Harry logró lanzarse al suelo y esquivar los rayos.
– ¡ALTO O ELLA MUERE!
Todo se detuvo en ese instante. O al menos eso le pareció a Draco. Los sonidos no llegaban con claridad hacia él, sólo el férreo retumbar de su corazón llenaba sus oídos y la garganta seca y apretada con un nudo como garras asfixiándolo fuertemente hacían que tuviera conciencia que aquello estaba ocurriendo de verdad. Le dolía cada inspiración como un cuchillo caliente en el pecho. Como el cuchillo que tenía en la garganta Hermione Granger, casi inconsciente y sujeta firmemente por su tía Bellatrix.
¡¡Que hago, maldición!!
– Ahora – dijo Bellatrix a Draco para que recogiera las varitas que había logrado obtener de Harry y Ron – Cissy, creo que deberíamos volver a atar a estos pequeños héroes, mientras Greyback se ocupa de la señorita sangresucia. Estoy segura de que el señor oscuro no te negará a la chica, Greyback, después de los que has hecho esta noche.
Fue más de lo que Draco podía soportar. Ni siquiera fue sensato en pensar que podía haber ocurrido si alguien llegaba a darse cuenta. Solo actuó llevado por el sentimiento que lo colmaba a borbotones. No podía quedarse viendo su muerte. No importaba si ella lo llegaba a saber algún día. Tenía que hacerlo. Levantó el rostro y con un hechizo no verbal apuntó hacia la gran araña de cristal justo donde había visto aparecer milésimas de segundos antes a su antiguo elfo Dobby.
Todos levantaron la mirada, segundos después, a tiempo para ver como la gran araña de cristal empezaba a temblar y con un crujido ensordecedor caía pesadamente hacia Bellatrix y Hermione que se encontraban directamente bajo ella. La cruel bruja sin pensarlo se hizo a un lado con un grito. Draco horrorizado por su precipitado e irreflexivo acto, advirtió tardíamente como la araña de cristal se estrellaba contra el suelo justo sobre Hermione y el duende que todavía estaba aferrado a la espada de Griffyndor. Trozos brillantes de cristal volaron en todas direcciones. Draco sintió el afilado y lacerante dolor de las cortadas, y los cristales incrustados sobre su rostro que se anegó inmediatamente en sangre e hizo que se doblara por la mitad mientras intentaba cubrirse el rostro. Harry aprovechó la oportunidad para arrancarle las tres varitas de las manos. Sintió las manos y la voz de su madre que lo jalaban con desesperación e pretendían llevarlo hacia la otra habitación.
Draco empujó con impotencia a su madre, pero el dolor era intolerable. Pedazos de cristal y fierro se habían clavado en sus globos oculares como garfios de hierro y le habían cegado completamente. Volvió a caer al suelo, con la sangre inundando su blanca camisa. Escuchaba los gritos desesperados de su madre llamando a su padre y la presión de los finos dedos sobre sus cabellos rubios y pecho ensangrentado. Inútilmente trató de levantarse para caer desfallecido nuevamente.
– Tranquilo hijo mío… ellos desaparecieron… no te harán daño…
Narcissa creía que su hijo intentaba huir del lugar, seguramente asustado por su seguridad.
Sólo Draco Malfoy sabía que sus intentos por incorporarse se debían a la desesperación de saber a ciencia cierta que había sucedido en el salón. Si él estaba lesionado habiendo estado sólo cerca de la gran araña de cristal, temblaba de sólo pensar que había sucedido con ella, inconsciente y débil directamente bajo la mole de cristal y fierros retorcidos.
Finalmente cayó desmayado de dolor, imaginando que el sufrimiento de ese instante no sería comparable en lo más mínimo, con el tormento que Lord Voldemort se encargaría de aplicarle a todos los presentes en la mansión.
Trato de ser fiel a la trama del libro, pero con una historia paralela desde otro punto de vista….
Porque el dragón sigue siendo, para mí, un chico lindo en el fondo!
Con pena voy llegando al final de la historia, así que no dejen de regresar, comentar y recomendar este fic a todos. ¡Y ya saben, dejen su review y activen la alerta de autor para mantenerlos al día con mis locuras!!
Un súper abrazo!
Gise.
PD. (GRACIAS POR LOS EXCELENTES COMENTARIOS QUE ME DEJAN!! ES UN PLACER ESCRIBIR PARA USTEDES!!)
