Holass:

Termina la acción de estos últimos capítulos con este cap. Y debo aclarar que sólo he copiado algunos diálogos del libro, y no todo el libro!! Jajajaja. He tomado algunas partes para poder explicar, desde otro punto de vista, que pasaba con Draco y Hermione. Obviamente no puedo transcribir el libro a pesar de que necesito que los capítulos sean basados en ellos, pero reflejando una historia distinta en medio de la trama original.

Bien, sin más preámbulos los dejo para que se recreen con la lectura!

Besos.

Gise


CAPÍTULO 23 – LA TRANSICIÓN

Ni siquiera debería preocuparme su estado o donde se encuentra en este momento… o el grupo al que le presta lealtad….no debería interesarme nada de él

Hermione volvía sobre sus pasos por la húmeda y oscura tubería. Oía los pasos de Ron salpicando agua en otro corredor y eso lograba un poco, que dejara de pensar en tonterías como aquella.

Aún le dolía aquel convencimiento al que había llegado después de muchas semanas. Draco la había traicionado. No había sido capaz de defenderla, permaneció inalterable mientras la torturaban, mientras desgarraba la mansión con sus gritos. Él se había mantenido inmune a ellos, como si la nada los conectara, como si no hubiese existido aquella sublime unión entre los dos. Hermione se sentía engañada y decepcionada por igual suma. Ya estaba harta de ser una persona empática, siempre buscando las razones y excusas para el comportamiento de Draco. La enorme presión, el grado de peligro y el miedo de la misión que compartía con Ron y con Harry era demasiado para su sistema nervioso, para además mostrar empatía por la conducta de Draco Malfoy. Ahora sólo se dejaba llevar por sus primitivos sentimientos, sin justificaciones ni discernimientos.

Me traicionó y eso no puedo olvidarlo tan fácilmente….

Se sentía renuente a pensar en los motivos de Draco. Intuía los suplicios a las que debía estar sometido y la presión con la que convivía a diario por el bienestar de sus padres, pero estaba cansada de explicar y excusar sus acciones. Ella no era una santa ni una mártir para soportar por siempre aquel comportamiento. No quería ponerse de nuevo en sus zapatos y pensar cómo actuaría ella si sus padres fueran amenazados de muerte… si tendría que escoger entre ellos o la persona que amaba. Estaba literalmente extenuada, dejándose llevar únicamente por sus instintos básicos. Necesitaba sentirse amada, protegida y Draco no había hecho ninguna de las dos cosas. Sólo la había desencantado una vez más. En cambio….

Detuvo un rato su tarea, tenía suficientes colmillos de basilisco para destruir 20 horrocruxes. Se incorporó mirando al otro extremo de la gran estatua de Salazar Slytherin que dominaba aquella gran bóveda subterránea. Ron estaba parado allí tratando de acomodar los colmillos que tenía en ambas manos. Lo observó por varios minutos. Tenía el cabello rojo cubierto de polvo y aún podía verse zonas de su piel más rosadas que las demás, donde la esencia de díctamo había curado las ampollas de quemaduras producidas por las cosas encantadas de la cámara de Bellatrix Lestrange. Una súbita sensación de ternura la rodeó de inmediato al recordar los estremecidos gritos de Ron mientras la torturaban. Su mente se llenó con imágenes de todo ese año, con Ron consolándola, comportándose como un caballero, halagándola sin motivo…

Él siempre está dispuesto a defenderme…. Y eso tampoco puedo olvidarlo tan fácilmente….

– ¡Creo que con estos tenemos suficientes! – Ron había volteado de pronto hacia ella y con el rostro sudoroso pero satisfecho la miraba extasiado – ¡Apuesto a que Harry me levantará en hombros! – rió encantado con sus propias palabras – Y ahora ven aquí, que tendrás el honor de clavarle el colmillo a esa endemoniada copa de Hufflepuff.

Hermione sonrió feliz. Un horrocrux menos y ella tendría el placer de hacerlo gracias a Ron. Había sido realmente inteligente venir a aquella cámara y recoger los colmillos de basilisco para acabar con los horrocruxes restantes. Ron había tenido una muy inteligente y excelente idea. Se acercó presurosa al pelirrojo y le dedicó una sonrisa amplia mientras se inclinaba hacia el húmedo suelo donde estaba descansando la lustrosa copa de Hufflepuff. Definitivamente Ronald Weasley la estaba sorprendiendo demasiado últimamente.

oooooooooooooooOOOOOOOOOooooooooooooooooooo

¡Te repito que es inútil esperar aquí! – gritaba Draco con furia – ¡Potter no es de las personas que huyen! – En la sien de Draco una vena palpitó mientras daba pasos cortos frente a la entrada oculta de la sala de los menesteres–. ¿Acaso no comprenden que él no buscará una salida del castillo sino que intentará pelear?

– ¿Y desde cuando te volviste un experto en Potter, Malfoy? – respondió inmediatamente Crabbe. Su voz parecía la de un enfurruñado niño pequeño – Además vuelvo a recordarte que tú no estás al mando. ¿No querías marcharte tú de Hogwarts, hace unos minutos atrás?

– Exacto – terció Goyle a escasos pasos de los dos.

Draco cerró los puños y los apretó con fuerza. No podía enfrentarse a ambos y tampoco deseaba estar solo entre aquella infernal batalla. La posibilidad de prender a Potter era ínfima, pero así y todo, aún conservaba la secreta esperanza de atraparlo. Aunque inmediatamente volvía a su mente la idea de entregarlo al señor tenebroso…y su cuerpo involuntariamente empezaba a temblar.

No, definitivamente no creo poder entregar a nadie a él….

Con una mueca de exasperación cogió la varita que su madre le había cedido tras perder la suya a manos justamente de Potter y miró a Crabbe. Toda aquella situación extrema, la presencia de los Carrows y la aparente victoria del señor oscuro habían operado un cambio en Crabbe y se había vuelto arrogante y dominador. Y mucho tenía que ver la caída de la familia Malfoy de la gracia del Lord y el repunte de los Crabbe y los Goyle. Aunque a pesar de todo, Draco guardaba una pizca de asentimiento dentro suyo por ese hecho, ya que sus padres y él mismo, se veían forzados a cometer algunos infamias pero justamente por eso, por obligación, por miedo y por temor. Al menos sentía que parte de su alma no se había muerto del todo… aún podía considerarse un ser humano…

– No perdamos más tiempo y hagamos los encantamientos desilusionadores. No sabemos a quien más podríamos atrapar. Mientras más, mejor – habló Crabbe con sorna y desprecio en la voz – tal vez algún sangresucia….

Draco se sobresaltó de inmediato. La sola mención de aquella palabra lo alteró. Hacia mucho que se obligaba a no pensar en ella. Desde aquel día en su mansión, cuando la estaban torturando, se juró a si mismo que no volvería a concebir pensamiento alguna para ella. Ambos habían tomado caminos opuestos y sería perder el tiempo abstraerse en ello. Le había costado semanas recuperarse de las heridas producidas por la caída de la araña y más aún, de las heridas dejadas por la ira del señor oscuro en él y mucho más todavía, de las torturas de las que sus padres fueron objetos. Su madre apenas podía levantarse del lecho después de aquello y lo que menos deseaba era volver a flaquear y cometer otro error estúpido que acabara con la vida de sus padres.

Todo transcurrió tan rápido que apenas pudo procesar lo que estaba ocurriendo. De pronto, los vieron aparecer por el extremo del pasillo. A los tres. Potter, Weasley y a ella. Caminando apremiados por alguna necesidad. Rogó interiormente que pasaran de largo por aquel pasadizo pero para horror suyo, Harry Potter se detuvo justo frente al conocido muro de la entrada a la sala y empezó a pasearse por tres veces frente al lugar hasta que logró materializar la consabida puerta de entrada.

Draco intentó contener la respiración mientras se pegaba literalmente a la pared derecha cerca de la puerta. Ella estaba parada prácticamente delante de él, sin tener idea que así era. Draco empezó a sentir la conocida sensación de su corazón latiendo más fuerte y rápido de lo normal y la garganta se le secó de inmediato. Hermione avanzó unos pasos hacia Potter y quedó exactamente al lado de él.

Definitivamente aquello era una tortura. La tenía frente a él, a pocos centímetros y no podía hacer nada. Observó sus cabellos desordenados, llenos del polvo que cubría todo el lugar, sus mejillas arreboladas con algunas manchas por aquí y allá. Su impecable aspecto de siempre se veía obviamente desarreglado, con la blusa arrugada y los pantalones manchados y con algunos cortes. Pero él la contempló maravillado, hacía mucho que no estaba cerca de ella. Cerró los ojos por unos instantes y aspiró sutilmente para intentar retener su conocido aroma. Sin pensar en lo que hacía, elevó su mano derecha hacia los rizos castaños… sólo quería volver a acariciar su cabello una vez más. Pero de pronto ella empezó a avanzar siguiendo a Potter y al pelirrojo, salvándolo de cometer una estupidez.

Todo se salió de control, segundos más tarde. Crabbe y Goyle entraron detrás de los tres más buscados por el señor oscuro, con la clara intención de atraparlos y entregarlos a él, vivos o muertos; eso no les importaba, deseaban más que nada, sentirse ganadores.

Draco contempló angustiado como Hermione contraía el rostro al verlo aparecer frente a sus amigos. Definitivamente ella lo odiaba, y no era para menos. Pero aquella certeza hizo que el corazón de Draco se encogiera de pronto, como si hubiese perdido el timón de sus acciones. Había escuchado que Potter hablaba de una diadema, al parecer muy importante para ellos. Si era así, tal vez si la conseguía podía lograr entregársela al señor oscuro y lograr la liberación de sus padres. Tampoco tendría que entregar a Potter y mucho menos a ella. Debía conseguir el objeto que tanto quería Potter para alejarla del peligro, aunque ella lo traicionara primero contándole a Dumbledore de su plan, no concebía la idea de que volvieran a lastimarla. No había podido dormir semanas enteras escuchando sus desgarradores gritos dentro de la cabeza y más todavía con el remordimiento de que él era el culpable de ellos.

– ¡A quien le importa lo que tu creas? Ya no recibo órdenes tuyas, Draco. Tú y tu padre están acabados.

– ¡ALTO! – grito Draco a Crabbe y su voz resonó en la habitación – El señor tenebroso lo quiere vivo…

– ¿Y? No le he matado ¿verdad? – gritó Crabbe empujando el brazo de Malfoy que lo retenía…

Draco intentó detenerlo. No sabía a ciencia cierta el porqué lo hacía, sólo actuaba por instinto. No debían lastimar a Potter ni a ella. Pero con alarma contempló a Hermione aparecer por una esquina, con el rostro decidido y la varita en alto. El chorro de luz escarlata se encaminaba directo hacia Crabbe. Con rapidez tiró del brazo de su, a pesar de todo, amigo de años y evitó que el rayo le impactara.

– ¡Es esa sangre sucia! ¡AVADA KEDAVRA!

El corazón de Draco casi se detuvo. Horrorizado contempló como el rayo verde salía del extremo de la varita de Crabbe y se dirigía hacia ella. Apretó inconciente el brazo de Crabbe y ya empezaba a correr hacia ella, cuando advirtió de pronto que Potter lanzaba a Hermione hacia un lado y lograba ponerla a salvo, mientras lanzaba igualmente un hechizo aturdidor hacia ellos. La varita que su madre le había dado, voló por los aires junto con él que rodó fuera de la vista bajo una montaña de muebles rotos y cajas.

– ¡No lo mates!, ¡NO LO MATES! – Le gritaba a Crabbe y a Goyle que estaban apuntado en ese instante a Potter.

Sabía que si Potter caía, nadie podía protegerla más. Tenía que evitar que lastimaran a Potter y a ella. El pelirrojo le tenía sin cuidado.

La varita de Goyle salió volando de su mano ante la potencia del hechizo de desarme de Harry y Draco aprovechó para incorporarse y tratar de ubicarla. Levemente había levantado el rostro unos centímetros por encima de la caja que lo cubría cuando la contempló varios pasos frente a él, con el rostro impasible mirándolo fijamente y apuntándole directo. Apenas tuvo tiempo para procesar lo que significaba aquello, antes de saltar fuera del alcance del hechizo aturdidor que Hermione Granger le estaba lanzando.

En la garganta de Hermione, una rabia sorda y áspera se le había hecho una bola y no le dejaba tragar saliva. El volvía a luchar del bando equivocado. No había aprendido nada. Si esa era su decisión, entonces ahora eran enemigos. Y a los enemigos no se les da ninguna tregua.

Minutos más tarde, Hermione era presa de un temblor incontrolable. Las llamas anormales e incontrolables y el humo que atestaba el lugar hicieron que sucumbiera al pánico. Su razonamiento y determinación se fueron por el tacho y sólo pensaba en salvar a Draco de aquella situación peligrosa y sin control. Volando junto a Ron observaba como los ardientes monstruos iban rodeando el lugar, destruyéndolo por completo. Era cuestión de tiempo para que…. Draco se incinerara vivo.

– ¡Harry salgamos, salgamos! – gritó Ron a través del humo negro, era imposible ver la puerta.

Hermione sabía que Draco debía estar allí abajo en algún lugar, pero no podía divisar más que lenguas de fuego y humo denso. No podrían ubicarlo para salvarlo a tiempo… a menos que ella hiciera algo. Con rapidez apuntó la varita hacia la tormenta de fuego que había debajo y pronunció no verbalmente para que Ron no se diera cuenta: ¡Sonorus!

Y entonces Harry escuchó un débil y lastimoso grito humano en el medio de la terrible conmoción. Vio a Draco Malfoy con los brazos alrededor del inconciente Goyle y lógicamente logró salvarlos aún a regañadientes de Ron y para felicidad de Hermione.

Tosiendo y con grandes arcadas estaban segundos después sentados fuera de la sala de requerimientos, con el cabello chamuscado y llenos de hollín pero a salvo. Ron corrió al lado de Hermione y la sujetó del brazo para incorporarla y empezó a limpiarle torpemente el rostro, mientras Harry se incorporaba tambaleándose sin dejar de mirar el lugar donde había desaparecido la puerta.

– C..Crabbe – dijo Draco con voz ahogada tan pronto pudo hablar – Crabbe…

Jamás se había detenido a evaluar el grado de amistad que lo unía a él. Siempre los había tenido a su lado, como seguidores o incluso como secuaces. Conocía muy poco de sus sueños o anhelos, jamás habían tenido una conversación íntima, pero igual habían estado juntos mucho tiempo. Tenían muchos recuerdos juntos, agradables y no, pero juntos. Draco sabía que Crabbe no tenía buenas intenciones y que realmente estaba feliz de pertenecer al lado oscuro, que le gustaba torturar y se alegraba con la desgracia ajena, pero finalmente, lo había llegado a estimar en todos esos años, aún a pesar de su gran cambio en el último. Y ahora él podía estar muerto….

– Está muerto – dijo Ron con severidad.

Draco alzó la vista hacia la dura voz. Palideció de pronto, presa de un sentimiento ambiguo de vergüenza y antipatía a la vez. Crabbe casi había logrado matarlos a todos con su irracional locura, pero aún así no merecía la muerte atroz bajo la que había caído. Se le hizo un nudo en la garganta contemplar la posibilidad de ser él quien comunicara a sus padres que el chico había muerto. Levantó nuevamente la vista para examinar aquel previsible cuadro. La comadreja abrazaba a Hermione Granger con delicadeza mientras acariciaba los cabellos desordenados y la sujetaba para que no cayera por los espasmos de la tos.

Ya todo estaba escrito. Así debería ser. Sólo un loco o iluso podría concebir que las cosas fueran diferentes. Volvió a enterrar la cabeza entre los brazos, presa también de tos y jadeos incontrolables.

oooooooooooooOOOOOOOOOOOOOooooooooooooooooo

Todos iban de un lado a otro intentando encontrar a amigos y familiares. Caminando con paso cansado hacia el gran comedor, pero con el corazón rebosante de felicidad al saberse libres al fin. Lord Voldemort había caído al fin. Muerto por el chico que sobrevivió. Harry Potter había triunfado y había liberado al mundo mágico de un ser abominable y cruel.

Alumnos, profesores, padres, aurores, elfos, centauros y demás se confundían en un inmenso mar de gente apiñada en el salón. La gente agitada tan igual como perturbada por los 50 estudiantes que habían muerto luchando, no cesaba en su emoción. No había casas ni colores, ni edades. Todos se abrazaban por igual, el sentimiento de triunfo embargaba el ambiente llenando todo de una alegría incomparable.

Sólo por eso, Narcissa, Lucius y Draco Malfoy podían estar en Hogwarts sin ser derribados a hechizos o atacados y amarrados como los demás mortífagos. Lucius aún conservaba el aspecto derrotado y aterrado, con el pómulo izquierdo roto y el ojo aún morado y parcialmente cerrado por la hinchazón. La túnica desgarrada y enlodada, el cabello, otrora bien cuidado, enredado y sucio con restos de sangre y hojas. Sentado en completo abatimiento junto a su esposa e hijo. Los ojos de Narcissa, apagados, sin brillo y con el indiscutible sello del miedo en ellos se enmarcaban con su largo cabello platinado, sin vida. Ambos desarmados, sin intención alguna de pelear por algo que los había casi aniquilado como familia. Sólo sujetando a la posesión mas preciada que tenían y cuyo valor habían aprendido a defender a pesar de sus creencias generacionales y de su orgullo heredado.

– Hijo… debemos marcharnos del lugar. No sé cuanto tiempo nos dure esta relativa calma…

Algunas personas que pasaron a su lado, volteaban el rostro y les dedicaban miradas tanto desconcertadas como de desprecio. La fama que precedía a Lucius Malfoy no iba a ser olvidada tan fácilmente. Mucho menos iba a ser olvidado el hecho que había fugado de Azkaban por orden directa de Voldemort. Era un fugitivo y ese estado no cambiaría en un par de años.

A pesar de tener a su favor la ayuda, aunque no desinteresada, que brindaron a Harry Potter al engañar a Lord Voldemort diciendo que había muerto, también de no haber luchado en esa batalla, ya que nadie podría afirmar jamás que levantaron sus varitas en contra de algún alumno o persona en Hogwarts y también de la negativa de Draco de participar en las torturas a sus compañeros, no estaban seguros de cuanto les iba a durar aquella aparente serenidad.

Narcissa lo entendió en un segundo. Para ellos quizás no hubiera un final feliz, pero para Draco, lo fabricaría si era necesario. No dejaría a su único hijo arrastrado a la ignominia ni a la deshonra. Tenía que salvarlo una vez más.

– No huiremos – Narcissa ladeó el rostro hacia los dos hombres más importantes de su vida – enfrentaremos las consecuencias de nuestros actos, Lucius. Puede que tengamos una oportunidad de salvarnos y no ir a parar a Azkaban, pero no puedo contar con eso. Pero puedo asegurarte, hijo mío – giró hasta quedar frente a Draco– que tú no acabarás deshonrado ni culpable.

– Madre… – Draco dirigió la mirada cansada hacia ella. Veía tanta determinación en los ojos azules que lo desconcertó.

– Escúchame bien Draco. Tu padre y yo cometimos errores, el más grave de ellos fue inmiscuirte en nuestra locura de poder. Tú no merecías estar en medio de esta barbarie. Y haré lo que tenga en mis manos y más, para que salgas bien librado. Tus manos no están manchadas como las nuestras – dirigió una mirada insondable a su esposo – jamás liquidaste a nadie, les explicaremos como te obligaron a intentar matar a Dumbledore bajo la amenaza de asesinarnos a todos si no lo hacías, como te torturaba para que tú aplicaras la tortura a otros en el colegio y a pesar de eso, te negabas. Contarás como nos martirizaba a los tres para mantenernos bajo sus órdenes. Les revelarás como Dumbledore sabía que eras inocente y te ofreció ayuda para ti y para nosotros, pero no pudiste llegar a aceptarla porque Severus lo mató. Narrarás todo con detalle para salvarte de Azkaban, hijo mío…. aún si eso implica que debas inculparlos en el proceso.

Draco abrió los ojos desmesuradamente. Seguramente estaba alucinando producto de toda aquella tempestad, había escuchado que su madre le pedía incriminarlos con tal de lograr su propia salvación. Negó con la cabeza, desconcertado y a la vez deslumbrado por el sacrificio de sus padres.

– Y prométeme algo más, querido hijo – lo tomó de las manos y las apretó bajo las suyas sin dejar de mirarlo con ímpetu – si nos declaran culpables, a tu padre y a mí, júrame que te irás a vivir con Rosa Zabinni a su casa en Sudamérica. No debes quedarte aquí por ninguna razón. Debemos dejar que las cosas se vayan olvidando poco a poco.

– ¡Eso es una locura, madre!– Draco inmediatamente saltó de su asiento y se arrodilló frente a su madre – ¡Jamás podría abandonarlos!

– ¡No entiendes hijo que hacemos esto por tu bien! – Narcissa tomó la mano de su esposo buscando apoyo. Se le había ocurrido recién aquella idea y esperaba que Lucius entendiera el alcance de aquella triste decisión.

Lucius la miró a los ojos por unos segundos. No fue necesario palabras entre ellos, conocía tan bien a su esposa, la amaba demasiado para perderla y sabía que si no la apoyaba en salvar a su hijo, ella jamás se lo perdonaría. Analizó apresuradamente las opciones que ambos tenían y lo más seguro es que tuvieran algún tipo de sanción y quizás hasta pena de cárcel. Sería devastador para Draco pasar por toda aquella degradación, sólo en su mansión. Estaría más seguro en la casa de Albert y Rosa Zabinni. Ellos eran realmente buenas personas, ahora lo entendía bien, jamás habían querido acercarse hacia el señor tenebroso, a pesar de que creían en la pureza de sangre. Albert le había mencionado que apenas terminara su hijo Blaise el colegio, partirían hacia su hacienda en Brasil para retomar sus negocios. Estaba casi seguro que ellos acogerían a Draco el tiempo necesario.

– Escúchame con atención, Draco – Lucius trató de impregnar la mayor autoridad en su voz – No te estamos pidiendo que nos abandones, estamos decidiendo que es lo mejor para ti. Una vez nos equivocamos al hacerlo – Lucius Malfoy desvió ligeramente la mirada de la de su hijo y la voz le tembló ligeramente – esta vez no cometeremos el mismo error. Confía en mí, hijo – Volvió a clavar los ojos en los de Draco – te….te lo suplico.

Draco se quedó en silencio por varios minutos mirando al vacío. Sentía la ansiedad y la tribulación por la que sus padres estaban pasando. Sentía sus miradas agobiadas por la culpa como dardos en su nuca. No habría podido siquiera imaginar que todo terminaría de ese modo, con los tres tomando distintos caminos y ahora le asustaba el hecho de separarse de sus padres.

No podré hacerlo…

Se incorporó veloz, dispuesto a luchar, a decirles que no le importaba estar en prisión si volvía a sentir que eran una familia de nuevo, que también debía pagar sus culpas de algún modo, cuando observó que sus padres también se incorporaban, con los sentidos atentos, mirando a alguien parado detrás de él. Con lentitud giró para ver quien era la persona que se acercaba a ellos.

– Tú…

oooooooooooooOOOOOOOOOOOOOooooooooooooooooo

Aquel beso le había sabido tan extraño y tan irreal, que ahora se preguntaba sino había sido producto de su imaginación. Los labios delgados de Ron, el sabor de su boca nunca conocido, se le antojaba completamente novelesco. Había actuado por un simple impulso de ternura y gratitud ante el comportamiento de Ron. Jamás hubiese creído que le importaba una causa tan importante como la seguridad de los elfos, eso había logrado derretir su corazón y enternecer su alma. Por eso se había abalanzado a los brazos de Ron y besado con emoción desbocada. Ahora, aunque no lo lamentaba del todo, hacía que dentro de ella bulleran sentimientos realmente incomprensibles.

No amaba a Ron, eso era un hecho tan real, como la derrota de Voldemort, pero aquella aura de simpatía y cariño que brotaba hacia él era innegable. ¿Y si después de todo, así debieron ser las cosas? Se preguntó con incertidumbre. Quizá el destino quería que ella finalmente se enamorara de él, como en la otra realidad y esta vez al no terminar muerto por Voldemort, ellos al fin podrían formar una pareja sólida. ¿Sería esta una posibilidad?

Draco…

El nombre atrajo mil recuerdos directos a su mente como una descarga de balines automáticos. Amaba a Draco con la misma fuerza con que lo odiaba. La había lastimado tanto, decepcionado tan funestamente que no creía poder perdonarlo jamás.

Y ahora tenía aquella posibilidad con Ron. Tan confiable, tan solícito, tan protector…. ¿Debía pensarlo mucho?

¿Debo darle una oportunidad?

La pregunta la formuló en su mente y la repitió muchas veces mientras observaba al pelirrojo celebrando entre la multitud.

No lo amaba… pero ¿Cuántas relaciones empiezan con puro cariño y terminan convirtiéndose en amor?

Bajó de la cornisa donde había estado meditando envuelta en la capa de Harry para evitar preguntas indiscretas. Había tomado una decisión y debía empezar a actuar. Caminó hacia donde se encontraba Harry y Ginny.

– Necesito la varita de espino de Draco Malfoy, Harry. Ahora que tu varita está reparada y la otra… – susurró la última palabra e hizo un gesto con los ojos para no hablar más – creo que ya no es necesaria que la tengas. Quiero devolvérsela.

– ¿Entregarle la varita a Malfoy? – Harry abrió los ojos desmesuradamente, como si de pronto Hermione le estuviese pidiendo que se pusiera de manos y saltara para ella – ¿Por qué tendrías que hacerlo? No entiendo… – se levantó en el acto hasta quedar frente a ella.

– No puedo explicarlo ahora, pero necesito hacerlo ¿me darás la varita, Harry… te lo suplico?

Ginny miraba curiosa la escena. Hermione pidiendo la varita de espino para devolvérsela a Malfoy. Muy extraño. Entornó los ojos mientras su cerebro conectaba miles de hechos aislados. Después de unos segundos, los abrió con incredulidad mientras sacudía la cabeza con escepticismo. Debía estar equivocada…. Volvió a sacudir la cabeza y sus cabellos rojos se movieron con gracia. Jamás podría pasar aquel incoherente pensamiento suyo.

Harry estudió a Hermione por un breve espacio de tiempo. Era más que obvio que no entendía las razones para devolverle a Malfoy la varita. Era verdad que se había comportado casi como un cobarde, pero no había asesinado a nadie y había intentado que Crabbe y Goyle no le mataran dentro de la sala de los menesteres. Recordó también sus visiones donde veía claramente las torturas a las que él era sometido junto a sus padres y no se atrevió a juzgar su comportamiento. Bufó con desagrado mientras introducía la mano dentro del bolsillo de la túnica limpia que tenía puesta.

– No conozco las motivos… pero confío en ti, Hermione. Y esa es suficiente razón para entregártela sin que me supliques nada – le entregó la varita de espino en las manos– ¿todo bien, entonces?

Hermione hizo una mueca que Harry no supo interpretar. Dio media vuelta sin decir nada más, dejando a Harry sumido en mil pensamientos.

oooooooooooooOOOOOOOOOOOOOooooooooooooooooo

Caminaba por los pasillos atestados, con la cabeza mirando las losas de piedra del suelo sin dejar de acariciar la varita dentro del bolsillo. Sus sentidos concentrados sólo en su mente. No tenía planeado ningún discurso, no sabía que palabras exactamente escoger y menos aún si diría algo. Su realidad era otra ahora y le abrían un sinfín de probabilidades. Con Voldemort muerto, Ron y Ginny vivos y Harry enamorado de su amiga era el cuadro que siempre había soñado. No veía el porqué tendría que cambiar sus antiguos sueños. Así deberían suceder las cosas, independientemente de aquella noche con Draco.

Habían ocurrido tantas cosas en ese año, que entendió que no podría volver a atrás. Intentar algo con Draco sería una locura. Él no había cambiado con algo tan fuerte, así que no podía esperar que cambiara por menos que eso. La había decepcionado completamente y no quería tener ese sinsabor en el alma.

Merezco otra oportunidad…. Necesito sentirme viva después de esto…

Llegó a un extremo del salón y divisó a las personas en él. Con agilidad se escondió detrás de una pila de escombros para observar con tranquilidad sin ser vista. Lo divisó en el acto. Conversaba animoso junto a una pequeña multitud congregada en torno a él, quienes lo miraban con entusiasmo y orgullo. Él era su salvación, intentaría aferrarse a él como un náufrago a un salvavidas. Ya los unía un enorme cariño y no dudaba que se convertiría en amor en algún tiempo. Pero sería honesta con él al decirle que deseaba enamorarse de él….por que aún no lo estaba.

Todo resultará bien…. Como siempre debió ser….

Una lágrima silenciosa corrió por su mejilla al percibir el alcance de su decisión. Estaba cambiando nuevamente su vida, dejando atrás y sepultando el sentir de su corazón por lo que creía correcto. Con esfuerzo, aquella emoción, aquel cosquilleo recorriendo su cuerpo desaparecería con el tiempo. Era la mejor decisión que podía tomar. Con decisión, se limpió las incipientes lágrimas y giró para dejar de ver a Ronald Weasley. Volvió a barrer el gran comedor y esta vez los encontró fácilmente. Tres cabelleras rubias apiñadas en una esquina solitaria, al parecer discutiendo. No era el mejor momento para ellos, pero para ella era el indicado. Exhaló con decisión, sintiendo que el nudo en su garganta no había desaparecido del todo y la sensación de falta de aire se hacía aún mayor. Caminó irguiendo el rostro, segura de estar tomando el mejor camino para todos, aunque su cuerpo la traicionara y no dejara de temblar en todo el recorrido hacia donde se encontraba él.

oooooooooooooOOOOOOOOOOOOOooooooooooooooooo

– Tú…

– Necesito hablar por unos segundos…

– ¡NO! – Narcissa se incorporó de inmediato con los ojos como fiera mientras trataba de cubrir a su hijo con el cuerpo – ¡Draco es inocente y tú no tienes autoridad para llevártelo! Primero deberán realizar las investigaciones….presentar pruebas…un juicio justo y mil cosas por el estilo, así que ¡Draco no irá a ningún sitio!

Hermione dio un traspié ante la implacable arremetida de la mujer. Narcissa Malfoy pensaba que ella estaba allí para arrestar a su hijo…. Tenía que sacarla de su error, explicarle que nada tenía que ver con eso.

– Yo no venía a–

– ¡Primero deberán dejar que mostremos nuestros argumentos antes de capturar a alguien de nuestra familia! – Narcissa continuaba eufórica sin dejar de dedicarle una mirada altiva, pero aterrada por igual – ¡A pesar de todo tenemos derecho a–

– ¡Basta madre!

Draco tomó a Narcissa de los hombros con firmeza y la movió hacia donde se encontraba su padre. Sin dejar de mirar los enormes ojos claros de su madre, pronunció con autoridad en la voz.

– No creo que ella venga a apresarme… mantén la calma, madre…. Confía en mí.

Dirigió la mirada a su padre tratando que comprendiera la actitud de su madre. Lucius tenía la barbilla levantada aún, con esa clásica prepotencia de años, pero igual asintió imperceptible. No debía arriesgarse a cometer más errores que perjudicaran a su hijo. Sujetó a su esposa con un fino abrazo y apremió a Draco a terminar aquel engorroso asunto.

– Podemos… podemos conversar por aquel pasillo…

Draco señaló el corredor de la izquierda con la mano e hizo un movimiento para dirigirse allí. Su corazón empezó a acelerarse mientras las razones para que ella quisiera hablar con él iban tomando forma en su cabeza. Una sensación de bienestar empezó a recorrerlo, tal vez no todo estaba perdido como creía, quizás las cosas resultaran mejor de lo que pensaba. Pero para su asombro, Hermione lo detuvo con la palma de la mano.

– No.

– Pero…. ¿entonces?

– Esto te pertenece – Hermione tomó la varita de espino del bolsillo y sin mirarlo a los ojos extendió su mano para que él la tomara.

– ¿Mi varita?... pero no… no entiendo…

– Comienza una nueva vida, Malfoy – aquel nombre pronunciado con deliberación no pasó desapercibido para Draco – Tu camino desde ahora será opuesto al mío y tu varita te ayudará a hacer más llevadera dicha transición.

Draco estiró sus dedos aún manchados con rastros de ceniza y sujetó la varita con vacilación. Al ceñirla, sus delgados dedos rozaron, por un segundo, los de Hermione.

Como si aquel contacto le quemara y sin esperar una respuesta, Hermione dio media vuelta veloz, para evitar que él viera el estado en que se encontraba. El cuerpo le temblaba ya sin control y las lágrimas empezaban a humedecer sus ojos color avellana. Apenas pudo contener la agitación que le había producido sentir aquella pequeña porción insignificante de piel de Draco en contacto con la suya. Tenía que alejarse de él a toda costa. Casi corrió la distancia que los separaba al inicio, en un segundo.

– Espera... yo necesito decirt–

Draco avanzó un par de pasos, tratando que ella lo escuchara, sin saber a ciencia cierta que iba a decir, pero se detuvo en el acto al divisar apareciendo en una esquina la figura de la comadreja. Una rabia, sorda y áspera empezaba a comprimirle los músculos impidiéndole continuar. Se detuvo inmediatamente, solo para divisar como el pelirrojo se dirigía con paso decidido hacia ella, la miraba largamente, confundido y preocupado y luego con la mayor naturalidad del mundo, pasaba su brazo sobre ella, la abrazaba y la fundía a él con un abrazo protector, pero sobre todo de pertenencia absoluta.

Volvió a él aquella reflexión que había sentido cuando salió casi ahogado por el humo de la sala de los menesteres. Lo había sabido allí mismo, pero no lo había querido aceptar todavía. Ahora estaba completamente claro. La rabia sorda volvía a envolverlo con sutileza.

Ya todo estaba escrito. Así debería ser. Sólo un loco o iluso podría concebir que las cosas fueran diferentes.

Si veía el lado positivo de todo, conseguiría aceptar más fácilmente la decisión de sus padres con respecto a él. Se marcharía de allí con la familia Zabinni, la distancia sería útil. Acarició la varita de espino, pelo de unicornio, diez pulgadas justas de madera, que había sido su compañera por tanto tiempo con las dos manos y la observó fascinado. Sería útil para su transición, como ella había dicho. Porque jamás podría volver a ser el mismo. Aquel chico inmaduro, temeroso y falto de decisión había desparecido cuando la vio alejarse por el salón.

Un nuevo Draco Malfoy emergía de todo aquel desastre y adversidad. Actuaría distinto, sería otra persona mucho mejor en todo sentido. Pero sabía que llevaría consigo sólo un sentimiento del pasado, pero estaba decidido a luchar también por desterrarlo para siempre de su alma.

Juro que te olvidaré…Granger.


A muy poco del final, les pido se sirvan… no lincharme!! Jjajjaajaja. Esperen tranquilitas el siguiente cap… promete estar muuuuuy bueno.

Porque, obviamente este fic es un Dramione ¿no?...

(ya ven… me hacen hablar más de la cuenta…)

Bromas aparte, gracias a todas por los lindos reviews!! Y las nuevas suscripciones tanto a la historia como a las alertas para escritor!! Que orgullo. Y es que a pesar de que el fic termina, por ahí iré subiendo algunos one-shots u otra historia nuevamente!

Paciencia chicas con el siguiente cap… porque mi hermosa tierra, mi patria querida esta de fiesta y las celebraciones están a la orden del día! Ustedes sentirán, como yo, que a la patria se le adora y se le quiere desde la médula y con el pecho henchido de orgullo. Por eso desde aquí un saludo a cada nación hermana y uno muy especial, más aún en su cumple a mi querido Perú.

Un beso a todos y no dejen de leer el siguiente cap!