Holas:

Capítulo largo por la espera.

Enjoy it!

Gise.


CAPÍTULO 24 – DESTINO O REALIDAD

El departamento se ubicaba en una escondida calle de Londres a escasas cuadras del centro de la ciudad. Recién empezaba la primavera y el clima era tan agradable que la gente solía abrir sus ventanales en los atestados edificios, por donde se filtraban la música, la algarabía y la exquisita sensación de calidez atenuada del atardecer, que inundaba por doquier, exteriorizando las tertulias particulares de sus habitantes. Justo en uno de sus departamentos, un grupo de jóvenes charlaban animadamente un viernes por la noche.

– Por favor, Ron – invocaba con algo de desesperación – Te juro que sólo serán un par de horas nada más. Es por una buena causa…

– Ni aunque me dediques una de esas miraditas, Hermione, ya dije NO y es mi última palabra.

– Vamos, Ron nadie va a reconocerte – la joven mujer se acercó al pelirrojo, sentándose junto a él mientras le apretaba el brazo y le miraba anhelante.

– Hermione… no cambiaré de opinión. No me convertiré en un elfo para tu campaña de notificación a la comunidad élfica ni por todo los galeones de Gringotts. Así emplees tus tácticas…. Ya las conozco y puedo defenderme de ellas...

Pero Ronald Weasley dijo la última frase con tan poca determinación en la voz, que Harry y Ginny, sentados frente a ellos no pudieron evitar la carcajada.

– Oh rayos amigo – terció Harry aparentando seriedad – es por un digno principio. No creo que seas capaz de negarle nada a Hermione.

– Claro, como tú no estarás en medio de la calle con una pancarta sobrevolando sobre ti y con pelos saliéndote de las orejas y un taparrabos mugroso, se te hace fácil. A ver, ¿por qué tú no te disfrazarás igual?

– Ya te dije que Harry irá a la cabecera de la marcha como símbolo de compromiso y conformidad. Es muy importante que los elfos de todas latitudes conozcan su situación esclavista y se liberen de una buena vez y además…

– A ver dime – la interrumpió Ron, mientras se levantaba a servirse otra ronda de pisco sour – en Australia, donde lograste que tu ley fuera publicada ¿Cuántos elfos se han independizado desde ese entonces?

– Bueno… la cifra no es lo importante… el concepto en sí, la causa es lo que cuenta…

Hermione a duras penas podía evitar balbucear.

– ¡Dos! Sólo dos solitarios elfos en casi cinco años. Uno al que se notaba que en cualquier momento terminaría con sus huesos en el panteón y otro que pensaba que reencarnaría en una tetera. Ningún elfo más quiso plegarse a la libertad voluntaria. Ellos están acostumbrados a vivir así.

– ¡Pero Ron! – clamó indignada Hermione mientras lo seguía con los puños apretados hacia el pequeño bar de su cómodo departamento londinense – ¡Como puedes decir eso! ¿Cómo puedes haber cambiado de opinión?

– No me malinterpretes. Aún sigo pensando que los elfos deben tener la libertad de elegir sobre su propia vida, pero de ahí a que les insistas, instigues, presiones a tomar una decisión contraria a sus creencias personales….

– Pero ellos serían felices así, libres. Por ejemplo Dobby. Él era feliz, ¿Qué te hace pensar que los demás elfos no puedan aspirar a vivir lo mismo?

– Dobby era un elfo único y especial – se apresuró a agregar Harry puntual, a la par que se levantaba para tomar unas bocadillos de la mesa principal – No creo que las comparaciones valgan en este caso. No podemos obligar a los elfos a tomar una disposición, así creamos que es la correcta. Estoy en total acuerdo con la ley promulgada para la liberación, pero debe ser decisión unilateral y bien pensada y no causada por presiones.

– ¿Significa que tampoco tu irás a la marcha? – volteó rauda, mirando alternadamente a Harry y a Ginny.

– Claro que iré. Es indispensable que todos los elfos en cualquier rincón del planeta sepan que pueden liberarse si ese es su deseo. Pero no haré nada más para convencerlos de que esa es su única alternativa.

– Ahí lo tienes, Hermione. Harry está de acuerdo conmigo en ese punto y también en que un disfraz de elfo sería algo demasiado extremista…

– ¡Epa! Tampoco dije eso – Harry volvió a reír, liberando la tensión que se empezaba a filtrar entre ellos – aún pienso que te verías muy gracioso disfrazado…nuevamente.

– Aquellos tiempos quedaron atrás. Sólo en mis dieciocho primaveras pude cometer un acto tan humillante y sólo porque andaba liado con esta señorita – y miró a Hermione con falso gesto de indignación.

Hermione blanqueó los ojos y le hizo un mohín sin dejar de empujarlo ligeramente cuando pasó a su lado con la bandeja de bocadillos que le quitó a Harry para llevarla a la mesita de centro donde se encontraba Ginny.

– Como si te hubiese obligado, Ronald Weasley – volvió al ataque Hermione. Le entregó una nueva copa de pisco a sour a Ginny y bebió un sorbo de la suya para finalmente dejar los bocadillos en la pequeña mesa y girar su varita para desparecer la bandeja donde trajo todo – Que yo sepa, hacías esas cosas por que estabas convencido de su importancia.

– No, más bien creo que era porque andaba babeando por ti y no podía creer que al fin lo habías aceptado como novio– acotó Ginny tranquilamente mientras sumergía en salsa unos bastones de hojaldre – si le hubieses pedido que salga semidesnudo con una banderola de "liberen al elfo" ten por seguro que tendríamos una anécdota más para contar sobre él.

Ron miró a Ginny ceñudo y se sentó en el sofá bebiendo su trago sin quitarle los ojos de encima.

– Que graciosa hermanita, ja ja. Como si a tí no se te hubiese caído la baba por mi estimado amigo Harry aquí presente. Recuerdo que andabas revoloteando y sonrojándote por los rincones cuando lo veías pasar….

– Eso fue cuando tenía once años – corrigió con naturalidad Ginny mientras le dedicaba un guiño a Harry – además me hice de rogar por dos años completos para que él pudiera elegir sin presiones su camino. Y ya ven, ahora estamos juntos – Le beso en la mejilla mientras se levantaba para ir a la cocina por unas servilletas de papel – en cambio tú, estuviste atrás de mi amiga por laaaargos años – teatralizó vocalmente para desconsuelo de Ron.

– Bueno lo importante a rescatar – terció Harry apresurado – es que a pesar de que lo tuyo con Hermione no haya pues… durado mucho más, ustedes siguen siendo excelentes amigos y la relación entre todos no ha cambiado.

– Claro, sin contar que Hermione desapareció de la faz de la tierra por dos años completos – acotó Ginny entregándole una servilleta de papel a cada uno y sentándose en las rodillas de Harry.

– Vuelven a lo mismo… tampoco desparecí, Ginny. Eso no es exacto. Necesitaba estar sola para analizar y decidir que iba a hacer con mi vida y mi futuro profesional. Además, ustedes saben que Australia no está tan lejos de aquí.

El silbido que dieron todos le confirmó a Hermione que realmente se había casi escondido por casi dos años en Sydney junto a sus padres.

– Aunque parezca increíble, algunas de las chicas creían que Ron había roto contigo y por eso huiste a otro continente para olvidarlo. ¿Te imaginas? Hermione huyendo loca de amor por Ronny – Ginny le aventó una papita frita a Hermione apenas conteniendo la risa aunque en la mirada tenía un brillo cómplice. Harry observaba divertido, como su novia se burlaba de su hermano.

– Oigan, tampoco hemos venido a discutir sobre la relación que hubo entre Hermione y yo, así que muestren un poco de respeto.

– Ya, ya. Basta con eso – secundó Hermione–. Ya pasaron más de cuatro años de ese asunto y ya deberíamos dejarlo como tema infaltable en nuestras reuniones mensuales. Lo que hubo entre Ron y yo se terminó por mutuo acuerdo y ustedes ya lo saben – les dedicó una mirada inflexible a Ginny y a Harry, casi tan igual como las que solía aplicar la profesora McGonagall – y mi partida hacia Sydney fue un tema netamente personal. Deseaba pasar más tiempo con mis padres, saben que cuando les liberé la memoria se habían acostumbrado tanto a su nueva ciudad que quisieron quedarse a vivir para siempre allí. Además necesitaba pensar y decidir… sobre mi futuro – Hermione sintió la mirada inquisitiva de Ginny ante esa imperceptible pausa en su discurso, pero la ignoró y continuó hablando – y obviamente pasar un tiempo de paz y tranquilidad junto a ellos después de todos los sucesos que ocurrieron posteriormente a la caída de Voldemort.

– Pero fueron ¡2 años!, Hermione. Casi no supimos de ti en ese tiempo. Las cartitas que enviabas eran cuenta gotas y tu extraña prohibición de vernos…

– Se que actué demasiado radical, pero debía cortar con el pasado para continuar con el presente. Tenía que hacerlo… debía…

Harry y Ron se miraron algo desconcertados pero no hicieron comentario alguno. Ya habían hablado hasta el cansancio de aquel viaje de Hermione. Al inicio, incluso Harry llegó a pensar que tal vez eran ciertos los rumores de que ella había huido por que tenía el corazón destrozado por terminar su relación con Ron por la partida tan abrupta, pero después de todo el tiempo transcurrido y las pláticas con su mejor amigo echaban por tierra esa suposición. Hermione inició una bonita relación sentimental con Ron apenas semanas después de la derrota de Voldemort y aunque todos auguraban que ellos terminarían comprometidos, casi un año después la relación había llegado a su fin sin algún motivo aparente. Hermione sin perder tiempo, hizo sus maletas y partió a ver a sus padres. Fueron casi dos años los que ella estuvo por las lejanas tierras, pero sin dejar de ser como siempre, luchadora por sus ideales. Había conseguido un empleo en unas oficinas gubernamentales mágicas del país y logrado algunas mejoras en las leyes. Finalmente la insistencia de sus amigos, sin contar el carga montón que le hicieron todos al aparecerse frente a su casa en Sydney, pese a su prohibición de que la visitaran, logró que ella decidiera regresar a Londres. Justo ese día se cumplían también otros dos años similares, pero ahora como asistente principal del Director del Departamento de Cooperación Mágica Internacional de Londres.

El sonido característico de varias apariciones detrás de la puerta principal hizo que el tema concluyera finalmente. Harry sujetó la varita firme bajo sus dedos, más que nada como un hábito a pesar de que ya no había nada que temer en la comunidad mágica. Los demás se miraron intrigados porque no habían invitado a nadie más a la reunión.

– ¡Muchachos! Dichosos los ojos que los ven – George Weasley hacía su ingreso con la sonrisa en los labios junto a su inseparable amigo Lee Jordan. La mancha negra donde una vez estuvo su oreja estaba cubierta por un mini sobrerito con los colores de los Gryffindors. – Aunque creo que deberíamos molestarnos, no es así, Lee, de que no nos hayan invitado a su celebración – tiró la capa sobre un perchero junto al pasadizo e hizo lo mismo con el sobretodo de Lee, pero ambos terminaron en el piso.

– Chicos, es sólo una reunión informal, para charlar de trivialidades – Hermione hablaba algo cohibida mientras recogía las prendas y se apresuraba a colocarlas en el perchero.

George dio una rápida barrida al lugar con la mirada y divisó en el acto la jarra con el pisco sour. Palmeó a Lee en la espalda en un gesto cómplice, procedió a aparecer dos vasos, con la varita procedió a llenarlos y los hizo flotar detrás de ellos, mientras se ubicaban en los sofás libres.

– Y bien, póngannos al corriente de los últimos chismes porque Lee y yo apenas hemos llegado de nuestro último viaje a Irlanda. Ya saben, negocios son negocios y las sucursales de Sortilegios Weasley siempre requieren nuestra total atención.

Transcurrieron los minutos de animada charla. George se había recuperado en su totalidad de la muerte de su gemelo, Fred y ahora incluso bromeaba sobre la ausencia de éste en su vida, aunque siempre recalcando el orgullo que sentía por él.

Hermione aprovechó un instante en que los cuatro chicos empezaron a hablar de Quidditch para llevar los vasos y bandejas vacías a la cocina para volverlas a llenar. Abrió una bolsa de papas fritas y procedió a llenar el recipiente con cuidado.

– Hermione debo preguntarte algo…

Ginny la había seguido hacia el lugar y cerrado la puerta con disimulo. Se ubicó al lado de la joven y la dedicó una mirada formal. En el acto, Hermione dejó lo que estaba haciendo. Sabía que tarde o temprano, le interrogaría sobre aquel asunto. Suspiró decidida a enfrentar la situación.

– Tú dirás…

– Dentro de dos semanas se cumple un año más de la caída de Voldemort. Y también un año más desde que lo viste por última vez…

– ¿A Voldemort? – respondió tratando de sonar irónica a la vez que reanudaba la tarea de llenar el recipiente con papas.

Ginny se acercó más, le quitó la bolsa de bocaditos con decisión y la hizo a un lado. Su mirada larga y penetrante hizo que Hermione levantara el rostro y le devolviera el gesto.

– Hablo de Malfoy, Hermione. De Draco Malfoy.

Hermione no se inmutó al escuchar el nombre. Hacía mucho tiempo que no lo oía y le alegró sentir que ya no le afectaba como antes. Volvió a tomar la bolsa de papas y sin dejar de mirar fijamente a Ginny le respondió con voz firme:

– Te conté lo que pasó con Malfoy porque sentía que el peso de aquel secreto se había tornado demasiado pesado y aplastante para llevarlo sobre mí sin poder desahogarme. Y fuiste un gran apoyo en los días en que sentía que no podía sufrir más por él. Aún recuerdo las muchas ocasiones en que llegaste a medianoche hasta mi casa en Sydney para consolarme sin que nadie te descubriera o cuando me cubrías dormida después de llorar hasta el cansancio. Y tu discreción y compresión, Ginny, eso jamás podría terminar de agradecerlo. Tú y mi madre son las únicas personas que han sabido lo que… lo que él y yo hicimos una vez…. – Hermione terminó con algo de vacilación en la voz.

– Por eso te pregunto, Hermione – Ginny se apresuró a tomar a la chica de las dos manos – Cada año por estas fechas te pones triste y melancólica. Sé que lo extrañas a pesar de que él desapareció del mapa y jamás intentó contactarse contigo.

– Lo extrañaba, Ginny. Tiempo pasado – Hermione se irguió con el semblante recompuesto. Ginny notó en el acto el sutil cambio de expresión de su amiga – Ya no más de esa historia.

– ¿De veras? – Los ojos de la pelirroja chispeaban de emoción – ¿realmente lo has olvidado?

– Draco Malfoy es historia pasada y enterrada. No siento más nada por él. Finalmente lo expulsé de mi corazón.

El grito que pegó Ginny hizo que los cuatro muchachos corrieran alarmados hacia el interior de la cocina. Cuando llegaron sólo divisaron a Ginny y Hermione fundidas en un abrazo y dando pequeños alaridos de felicidad.

– ¡Bah! Cosa de chicas… mira tú que hacer tanto escándalo por que tiraron al piso la bolsa de papas fritas.

Harry miró sorprendido a Ron. Definitivamente a pesar de tener ambos 22 años y conocerse casi toda una vida, Ronald Weasley lograba desconcertarlo en ocasiones. Volvió a mirar hacia las chicas y entornó los ojos tratando inútilmente de resolver aquel misterio.

ooooooooooooOOOOOOOOOOoooooooo

– ¿Un baile? – refunfuñó Hermione desde su escritorio – ¿No se les pudo ocurrir una idea menos original e totalmente insustancial? Podrían haber realizado un congreso o una conferencia o perfectamente un debate en lugar de un tonto baile.

– Pero Hermione no es un tonto baile – refutó en el acto Parvati Patil. Es un claro ejemplo de que nuestra vida debe continuar y de que tenemos suficientes motivos para celebrar que Vol…Vol… bueno que él, fue derrotado. Además aprovecharemos para reunirnos con ¡todos los de nuestra clase! No te parece emocionante. Hay gente que me encantaría volver a ver. No creo que todos sepan que conseguí este puesto en el Ministerio, auxiliar en la oficina del Director de Asuntos Internos. Pronto ascenderé y llegaré a un puesto más alto…

Hermione no hizo comentario alguno sobre el último punto. Parvati llevaba más de tres años allí y sólo había ascendido de practicante hasta auxiliar en ese tiempo. Mientras que ella, con tan sólo 22 años y apenas dos años cumplidos, había llegado a ser de practicante a asistente personal del director de su departamento y las voladas y murmuraciones decían que cuando el viejo Dodge se retirara, ella sería la candidata ideal para el puesto.

– Insisto en que para la conmemoración de los cinco años de la Batalla de Hogwarts, las celebraciones deberían haber sido otras. Algo más formal… no sé, tal vez un concilio donde se pudieran aportar nuevas ideas para que las cosas no volvieran a repetirse…

– ¡Por Merlín, Hermione! No seas aguafiestas. Un baile es justamente lo que las chicas como yo, necesitamos. Te imaginas, vendrán magos de todas partes del mundo, magos jóvenes, solteros y guapos dispuestos a disfrutar de las festividades y los convites; y por supuesto, querrán escuchar los relatos de las personas que estuvimos en vivo y en directo, in situ, en el momento cumbre de la caída del mago más oscuro de todos los tiempos.

Parvati se había levantado de la silla donde había estado ubicada y sujetaba la invitación con fervor. Sus oscuros ojos estaban brillando de emoción, imaginando lo que ocurriría esa noche.

– Lo que es yo, no pienso tomarme la molestia de ir. Prefiero quedarme en casa, ver una buena película, quizás con una copa bien fría de vino borgoña o tomando un relajante baño de burbujas y rodeada de velas aromáticas. Sería más productivo que ver a un grupo de superficiales, tonteando o haciendo danzas de apareamiento – Hermione le dedicó una mirada suspicaz a Parvati, que ésta afortunadamente no notó.

– Pues tú te lo pierdes. Porque también vendrán todos nuestros compañeros de Hogwarts. Las invitaciones fueron enviadas hace un mes para las personas que están fuera, para que tengan tiempo de planificar su viaje. Escuché que Neville regresará de Francia... aunque no tengo idea porqué se fue allá.

– Porque deseaba estudiar y perfeccionar sus conocimientos en Herbología. Allí hay una escuela pequeña, pero muy especializada en esa área en particular de la magia. A él siempre le gustó esa materia.

– Y yo que pensé que se quedaría aquí en Londres solicitando un puesto en el ministerio, como muchos otros lo hicieron, y él con más razón por lo que hizo con esa asquerosa serpiente. Era casi una celebridad y ahora su fama ha bajado bastante…

– A Neville nunca le importó la fama. El actuó por valentía y honor. Estuve cien por ciento segura que no aceptó aquel rimbombante puesto, tal como no aceptó Harry ni y… – Hermione cortó la frase justo a tiempo. Ella no quería que nadie supiera que a los tres amigos y a Neville les habían ofrecido sendos puestos directorales en el ministerio por lo ocurrido en Hogwarts. Hermione aunque se moría de ganas de aceptar para poder empezar su plan de reformas, rechazó de plano el ofrecimiento. Sólo varios años después, aceptaría un puesto en el ministerio, pero con la condición que fuera el más bajo y que sus ascensos, si es que los hubiese, fueran únicamente generados por sus capacidades laborales y no por otras razones.

– ¡Bah! Tonto. Hubiese podido conseguir miles de chicas con el cargo y con esa fama. No sé para que tanto estudia…

– Creo que le escuché una vez decir que le gustaría enseñar sobre su materia favorita. Y la verdad, tiene muy buena disposición y talento natural para dar lecciones.

– Bueno, bueno, dejemos de hablar de él. Dime, ¿Harry irá? – Parvati esperaba anhelante la respuesta de Hermione.

– Supongo que sí – indicó cansinamente – y obviamente lo hará con su novia, con Ginny Weasley ¿Qué aún no pierdes las esperanzas, Parvati?

– Por supuesto que no – aclaró visiblemente ofendida – mientras no vea un anillo dorado en esa mano fuerte, no abandonaré la ilusión de convertirme en la señora de Potter.

– Tú y tus locuras, Parvati – Hermione blanqueó los ojos – y ahora, por favor, déjame trabajar que tengo que redactar un informe y casi son las cinco. Quedé en cenar justamente con Harry porque Ginny está comprando un vestido para la latosa fiesta y él necesita ayuda con su traje; por lo que será mejor que dejes la dichosa invitación dentro de mi tacho de basura y vuelvas a tu oficina….

– ¡Tu crees que pueda acompañarlos a cenar! – exclamó eufórica – Podríamos aprovechar para comprarte un vestido y quizás probarme algunos frente a Harry, para que me ayudara a elegir, tu sabes… hasta podría ayudar a Harry a probarse algunas prendas….

– Ni lo sueñes. Cenaremos los dos, luego compraremos ese traje en un abrir y cerrar de ojos y listo. Además no me arriesgaré a que puedas hacer una locura.

– Eres una soberana aburrida, Hermione. Pareces mi abuelita…

Hermione levantó la vista para ver como Parvati desaparecía por el corredor mientras continuaba murmurando. Varios chicos de la oficina se le quedaron mirando absortos al verla pasar. Y no era para menos, llevaba una minifalda con una blusa del mismo color. Tenía buen cuerpo y lo sabía aprovechar, sus movimientos rítmicos y la silueta que le daba la ropa apretada lograban el efecto que ella buscaba en el sexo opuesto. Cuando dobló al final del pasillo, Hermione se sorprendió preguntándose si ella también lograría aquel efecto si se vistiera igual. Sus trajes sastres no solían ser de la paleta de colores soleados de Parvati, mas bien eran fríos grises o serios plomos y sobre todo holgados.

Recordó de pronto el vestido que su madre le había comprado para una celebración igual en Hogwarts hacía mucho, en su otra realidad. Aquel vestido color marfil con la espalda descubierta apenas sujeto por dos trencillas plateadas. Ese día se había sentido realmente bonita. Incluso recordó la mirada de Harry al verla bajar por las escaleras. Sonrió ante aquel recuerdo de su realidad pasada. Al presente, todo era distinto para ella. En aquel baile se recordaba una fecha más de la muerte de Dumbledore. Ahora se iba a celebrar la victoria del bien sobre el mal. Definitivamente sería otro baile. Más aún porque en aquel viejo baile, había vuelto a ver a Draco Malfoy después de diez años; mientras que en este baile, ella estaba segura que Draco no acudiría, como tantas otras invitaciones fallidas a él. Y obviamente, ella tampoco se presentaría.

Para qué perder el tiempo…

Bufó sonoramente y volvió a perderse en la pila de papeles que tenía frente a ella. El recuerdo de la mano de Draco sobre su espalda desnuda volvió a ella por unos segundos; pero casi en el mismo tiempo, Hermione lo borró de la mente con decisión y continuó la lectura de sus informes sin otras distracciones. Sonrió mentalmente ante su nuevo triunfo.

Al fin te pude olvidar…

ooooooooooooOOOOOOOOOOoooooooo

La habitación constaba de una gran cama King size que dominaba casi todo el lugar. El edredón blanco e impoluto de plumas y el color nevado de las paredes le confería al lugar un parecido a un pedazo de cielo. Los muebles de madera labrada casi de color natural se acoplaban al estilo minimalista de la habitación con total perfección. Sobre la cama un hermoso vestido color marfil descansaba esperando ser usado.

– ¡No entiendo cómo me dejé convencer por ti, Ginny! – Hermione salía de la ducha envuelta en un gran albornoz verde claro y con la toalla aún anudada a su cabeza – No debí haber cedido, así me hayas chantajeado con persuadir a Harry de no ir a mi marcha. No puedo creer que el chico que derrotó al mago más tenebroso del mundo mágico se deje convencer tan fácilmente por un par de…

– Cuando entenderás el poder que tenemos las chicas sobre los chicos, amiga – rió divertida Ginny mientras se maquillaba sentada en el tocador – además, he de confesarte que Harry formó parte de ese plan. Él tampoco entendía tu absurda negación para ir al baile.

– Sabes que nunca he sido la clase de chicas que se muere por las reuniones sociales – Hermione se sentó al borde de la cama y procedió a secarse el exceso de humedad de sus rizos castaños.

– Ya te dije que es bueno que frecuentes a nuevas personas. Ahora que ya no tienes el peso de Malfoy sobre los hombros – le hizo un gesto con los ojos a través del espejo del tocador – puedes empezar una relación con algún chico interesante. Sé de buena fuente que irán muchas personas de los ministerios de todo el mundo, tal vez conozcas a tu media naranja allá.

– Tu fuente, Harry, ya me había contado sobre eso – continuó sin inmutarse, secándose vigorosamente el cabello – y créeme que esa no fue una de las razones por las que me dejé convencer. La razón principal fue el rumor que corre por los pasillos del Ministerio… – Hermione terminó su frase con un tufillo de ventaja, sabía que Ginny no estaba enterada de nada.

En el acto, la pelirroja se levantó del buró y corrió donde estaba su amiga con los ojos entornados por la curiosidad. Se sentó a su lado y quitándole la toalla húmeda la aventó hacia una silla sin dejar de mirarla a los castaños ojos.

– Ya, suelta el chisme. ¿Qué está sucediendo en el ministerio?

– Bueno, creo que te haré sufrir un poco esta noche antes de contártelo – aseveró Hermione. Se levantó y fue a los cajones de la cómoda para buscar sus prendas interiores. Tomó el elegante vestido y desapareció dentro de su amplio clóset-vestidor.

– Verás que no me importa mucho – Ginny se levantó cuidándose de no arrugar su delicado vestido negro y fue a sentarse otra vez al tocador. Tomó su cepillo con filos plateados del gran bolso que trajo la noche anterior por que se quedó a dormir allí y empezó a peinarse con despreocupación – Harry se enterará en menos de lo que canta un gallo.

– Pues lo dudo, porque el rumor proviene de del departamento de Cooperación Mágica Internacional. Inclusive tengo conocimiento que sólo el ministro está enterado – la voz de Hermione salió desde su vestidor casi ahogada.

– Así que Kingsley lo sabe. Ves, Hermione, con más razón Harry se enterará y me lo contará.

– Según lo que me confió el Señor Dodge, la información será revelada esta noche frente a todos los presentes. Anda Ginny, dame una mano con este vestido, no puedo subir esta pequeña cremallera – La castaña se cortó así misma mientras se acercaba hacia el tocador.

Ginny giró para verla. Hermione, aún con el cabello recién lavado y despeinado y sin maquillaje se veía realmente deslumbrante con aquel vestido exquisito. Lo habían adquirido apenas el día anterior cuando Hermione finalmente aceptó ir al baile. Habían caminado varias cuadras y muchas tiendas para encontrar un vestido perfecto; pero la castaña parecía cada vez más desanimada por encontrar la prenda ideal, prácticamente quería aceptar cualquier vestido que le mostraban las vendedoras con tal de salir del paso, y si el vestido era lo más cubierto y recatado posible, mas se empeñaba ella en comprarlo y terminar la búsqueda. De pronto llegaron a una tienda donde Hermione observó extasiada un vestido colgado en un aparador. No era el mismo exactamente al que contemplaba en el cuerpo de su amiga, debido a los cambios, así que no podía aseverar que ella lo compró porque le gustó totalmente el modelo. Intuía que era más el color y la textura que otra cosa, pero Hermione no quiso ratificarlo. Salieron de la tienda con rapidez y Hermione prácticamente le suplicó que fueran a la madriguera para que Molly pudiera hacerle los cambios que ella deseaba. Cuando terminaron, madre e hija quedaron aún más sorprendidas con el aparente gozo de Hermione al contemplar el vestido modificado. Le habían cambiado los enlaces del hombro por unas finas trencillas plateadas y mejorado un poco el escote de la espalda. El resultado final era asombroso, no por el vestido en sí, sino por que era el tipo de ropa que ellas menos pensaban que Hermione usaría para un baile. No iba con su estilo demasiado sobrio y hasta algo anticuado.

– Realmente el vestido te asienta maravillosamente, Hermione. Aún no entiendo como es que tenías tan decidido los cambios que le hiciste… fue casi como si ya hubieses visto el vestido terminado. ¿Seguramente lo viste en alguna revista y no me quieres decir, eh? – clamaba Ginny sin dejarle de subirle la cremallera.

– Digamos que el modelo estaba en mi mente…. – farfulló a duras penas mientras avanzaba hacia el tocador.

Era prácticamente el mismo vestido que había utilizado la noche en que vio a Draco por primera vez en diez años. ¿Por qué lo había hecho? Pasó casi toda la noche conversando con Ginny y sus planes de boda y aún así se dio un tiempo para meditarlo y llegó a la conclusión que no implicaba el vestido en sí, más bien era una especie de evocación de aquella parte vivida en su otra realidad. Poco más o menos estaba olvidándose de aquella vida preexistida y quería darle una especie de despedida formal para dejarla atrás de una buena vez y concentrarse sólo en su presente. A nadie le había contado esa parte de su vida, ni siquiera a su madre ni a Ginny, hubiese sido demasiado complicado. Sólo se limitó a contarles sobre la fugaz, aunque trascendental para ella, relación con Malfoy.

– Será mejor que terminemos de arreglarnos o los chicos terminarán enfurruñados otra vez si deben esperarnos de nuevo – Ginny se aplicaba unas gotas de perfume en las muñecas y cerca del cuello – A propósito ¿Sabías que mi tontito hermano ha vuelto a rondar a Lavender Brown?, bueno, lo correcto sería decir que ella lo ha buscado nuevamente... – miró pensativa hacia el cielo – Tal vez se deba a que Ron consiguió esa beca para continuar sus estudios en Francia…

– No seas mal pensada – replicó Hermione. Con la varita dando toques, por aquí y por allá sobre su cabellera, logró un peinado que le asentaba muy bien – Lavender a cambiado bastante. Hace unos meses me la encontré solicitando un puesto en el Ministerio. Ya no es la chiquilla inmadura del colegio, deberías darle una oportunidad si es que Ron decide empezar algo con ella.– Tomó un estuche de maquillaje y procedió a aplicarse algunos toques de rubor y labial.

– No sé, amiga… no sé. Creo que me había acostumbrado a la idea de que mis sobrinos serían pelirrojos y con los ojos castaños como los tuyos.

– Sabes que lo intenté con todas mis fuerzas, Ginny. Pero a pesar de todo no pude llegar a amarlo como él se merecía. No hubiese sido justo continuar con una relación a medias…

– No puedo creer, aún ahora, que no llegaron a…– le dio una rápida mirada evaluadora – bueno, que no tuvieran intimidad. Es algo que no entiendo. Casi una año completo y… nada. Trato de imaginar eso con Harry y me desconcierta…

Hermione sonrió moviendo la cabeza.

– Lo tuyo con Harry es distinto que lo que ocurrió con Ron y conmigo. Harry y tú no pueden mantenerse quietos en una habitación a solas, ya que acabarían con el mobiliario en pocos minutos… – Hermione terminó la frase e inmediatamente se cubrió la boca por lo que acababa de soltar.

Ambas chicas rieron por largo rato mientras terminaban de arreglarse para salir. Hermione tomó su pequeño bolso de mano y apagó la luz de su departamento al salir. Harry y Ron esperaban en el recibidor principal del edificio desde hacía varios minutos. Con rapidez tomaron el ascensor para darles el alcance. Hermione iba meditando sobre lo que sería para ella su nuevo comienzo.

ooooooooooooOOOOOOOOOOoooooooo

El Gran Comedor estaba realmente bello. Había pequeñas mesas distribuidas hacia los lados, bajo los grandes pilares, cubiertas con manteles de lino blanco con los emblemas de cada casa. Una armadura encantada los llevaba hacia las mesas dispuestas con sus respectivos nombres. Las mesas para los ex alumnos estaban ubicadas al lado derecho, mientras que en el izquierdo se ubicaban las mesas de los invitados extranjeros. La exquisita platería y la cristalería irradiaban pequeños destellos que se mezclaban con la luz de las velas que flotaban por doquier. Los grandes pilares estaban adornados con cintas de bellas tonalidades, tornasoles, reflejos, prismas. Subían como enredaderas verdaderas hacia el espacio. El cielo artificial estaba cubierto con estrellas fulgurantes que componían una especie de aurora junto a las velas perfumadas.

La banda estaba compuesta por un grupo de brujas y magos con túnicas plateadas y extraños instrumentos que tocaban en ese instante música de cámara apropiada para la ocasión. La pista de baile era utilizada sólo por las personas que deseaban llegar a uno y otro lado del salón. Frente a todos, la gran mesa de madera donde se solían ubicar los profesores, había sido reemplazada por otra apropiada para la ocasión, bellamente engalanada y aumentada para las importantes visitas de ese día. Hermione que venía de servirse un cóctel, pudo divisar los nombres de Kingsley, el ministro de magia, junto a la directora McGonagall, quien a pesar de sus años, continuaba dirigiendo Hogwarts. Unos lugares más alejados, el nombre de su jefe, el Sr. Dodge, hizo que ella hiciera un mohín de curiosidad. Cierto que era una persona importante, pero no como para estar en la mesa de los grandes invitados.

– Realmente estás preciosa con ese vestido, Hermione – Ron miraba extasiado a Hermione desde su lugar. El vestido efectivamente la realzaba. Sus curvas se pronunciaban, las caderas y las torneadas piernas se perfilaban a cada paso que ella daba. El escote superior dejaba admirar ligeramente la forma de sus pechos sin llegar a ser demasiado revelador o caer en lo vulgar. Las pequeñas cintillas de plata contrastaban fabulosamente con su piel bronceada, gracias a un pequeño conjuro que se hizo a pedido de Ginny. Muchos quedaron sorprendidos por el cambio en su apariencia y la miraban boquiabiertos. Ella recordó que la mirada que ahora le lanzaba Ron, había sido la misma clase de mirada que una vez Harry Potter le había dedicado, exactamente por el mismo vestido y en una situación similar. Movió la cabeza para ahuyentar ese pensamiento.

– Claro que está preciosa – secundó Ginny – ¿No es así, Harry? – Ginny le daba un apretón por debajo de la mesa para que corroborara el hecho. Ella deseaba que su amiga se sintiera bien con su nueva apariencia para que por fin se decidiera a abrir su corazón. Estaba segura que no faltarían los pretendientes esa noche.

– Oh… bien… yo… claro que esta bonita – balbuceó Harry cohibido. No estaba acostumbrado a ver a Hermione de esa manera.

– Ya basta con eso, Ginny. No te das cuenta que Harry sólo tiene ojos para ti.

Harry le agradeció con la mirada, aquella muestra de amistad. Giró para ver a su novia y los ojos verdes brillaron al posarse en ella. Minutos más tarde, Ron y Hermione ladearon ligeramente sus sillas, algo incómodos, para no ver como Harry y Ginny continuaban fundidos en un aparente perpetuo beso.

Cuando el salón estuvo realmente atestado de gente, las celebraciones empezaron oficialmente. Discursos, remembranzas, un Harry extremadamente incómodo por los continuos homenajes, lágrimas por los caídos, distinciones y disertaciones fueron la constante de gran parte de la noche. Los que habían acudido a la celebración emocionados por el reencuentro y el baile estaban casi letárgicos. Hasta el mismísimo Harry bostezaba lo más disimulado posible junto a una Ginny que a duras penas podía controlar el cierre involuntario de sus párpados.

– Definitivamente exageraron con la formalidad. Comprendo que es una ceremonia importante… pero de allí a hacerla casi tan aburrida como los discursos de Percy. Yo que estoy entrenado en esos menesteres no consigo dejar de cabecear cada tres minutos. La última vez casi entierro la cabeza en el plato.

– Venga Ron, tampoco es para tanto – susurró igualmente Hermione – es un inapreciable y digno homenaje p–

– Si, como no – le cortó Ron con una mueca – tan inapreciable que noté como cerraste los párpados por un minuto entero en varias ocasiones. Sobre todo en la disertación del viejo Fudge y su "futuro de la comunidad mágica y sus contrapartidas en la nueva era de blablabí blablabá, porque no me acuerdo que rayos seguía…

– Esto realmente es soporífero… – Ginny se enderezó en la silla a duras penas mientras bostezaba abiertamente – ¿A que hora empezarán las verdaderas celebraciones?

– Ya chicos, tranquilos – Hermione se levantó disimulada de su lugar, rodeó la mesa ante el asombro de Ron – Iré a traer alguna bebida del salón opuesto. No Ron, no te levantes, iré sola. Necesito estirar un poco las piernas.

Justamente eso fue lo que se quedó observando Ron atentamente mientras Hermione doblaba la salida del Gran Comedor.

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El cielo estrellado y la gran luna redonda iluminaban los exteriores de Hogwarts con una palidez inusitada. Había luces en la entrada, pero un poco más allá, sólo el sonido de los grillos, el rumor de las hojas movidas por un tenue aire y la luna era lo único que dominaba el paisaje.

Hermione avanzó con cuidado de no tropezar, pues los tacones delicados se hundían por momentos sobre la grama. No hacía frío pero Hermione se abrazó así misma, casi instintivamente. Regresaba de dar una vuelta a la cabaña de Hagrid. Se le antojó de pronto visitarla, aún a sabiendas que su gran amigo se encontraba dentro del castillo escuchando los hipnóticos discursos de algunos personajes. Ya se había demorado un poco, por lo que apuró el paso. No quería entrar por la puerta principal y que una armadura la llevara de vuelta a su lugar, delatándola. Caminó rodeando el castillo para entrar por la puerta del invernadero.

Entró por la puerta posterior sin hacer ruido avanzando por entre las extrañas plantas. Algunas mandrágoras hacían ruido bajo tierra – recién nacidas se dijo– vio lazos del diablo en pequeñas urnas de cristal, bulbo tubérculos palpitantes en el otro extremo y una colección exquisita de azucenas en plena floración. De pronto la sensación de no estar sola la rodeó. Cerca de aquellas plantas fragantes había alguien.

Hermione detuvo su marcha inmediatamente. No sabía quien podría estar allí, a oscuras habiendo empezado hacía buen rato la ceremonia.

Tal vez es una pareja buscando un poco de intimidad…

No podía observar mejor desde su lugar. Estaba demasiado oscuro y las plantas delimitaban su campo de visión. Con el mayor sigilo que pudo, comenzó a retroceder, lentamente, un pie detrás del otro…

– ¡Rayos!

Los largos tallos enrevesados de los bulbo tubérculos por una sección del invernadero, fueron como una valla para Hermione, que no los vio al entrar. Gritó mientras sentía que su cuerpo perdía el equilibrio e indefectiblemente caía hacia atrás.

El sonido de pasos corriendo hacia ella la tranquilizó un poco. Luchó por mantener el equilibrio un poco más hasta que vinieran a auxiliarla. Estiró la mano para que la sujetaran y así lo hicieron…

– ¡Tú!

Un rayo de luna se había filtrado a través del techo del invernadero, cuando una planta gigante había decidido esconder sus hojas dejando pasar el halo blanquecino de luz. Recién allí, ambos pudieron verse directamente el rostro.

Él soltó inmediatamente la esbelta mano, como si ese pequeño y accidental contacto lo alterara y se irguió soberbio mientras ocultaba la mano en la chaqueta.

Ella cayó hacia atrás producto de la pérdida de equilibrio forzada. Las raíces y hojas le sirvieron de colchón cuando se hundió en ellas. Quedó momentáneamente sentada, con la falda subida hasta el inicio de sus muslos y con una expresión de completa sorpresa.

– ¿Estás persiguiéndome, Granger?

Draco Malfoy la observaba, esbozando una sonrisa burlona mientras jugueteaba, ahora ya completamente imperturbable, con un encendedor de oro entre sus dedos. No hizo el más mínimo intento por ayudarla a levantarse. Parecía divertido con aquella situación. Su cabello rubio y desordenado le caía a la frente, como si quisiera imponer un aire casual, en contraste con la sobriedad y elegancia de su traje Armani, negro como la noche y la camisa resplandeciente como el rayo de luna que había iniciado todo. Con movimientos controlados, hurgó dentro del bolsillo del traje y extrajo una fina cigarrera también de oro con adornos de esmeralda. Encendió el cigarro con la mayor tranquilidad.

– Por lo menos podrías darme una mano – refunfuñó Hermione arreglándose el vestido. Levantó la mirada para retarlo, pero él había desviado el rostro mientras exhalaba una gran bocanada de humo.

– No tengo la más mínima intención de hacerlo. Podrías manchar este costoso traje y tengo algo importante que hacer allá adentro – señaló con un movimiento de cabeza. Volvió el rostro para observarla levantarse aún con la mueca sardónica en el rostro.

– Casi había olvidado lo estúpido que eres – espetó Hermione roja de ira y de vergüenza de encontrarse en una posición tan bochornosa. Se asió finalmente de unos grandes tallos y se irguió por completo. Tenía algunas hojitas pegadas en el cabello.

– Pues yo, casi había olvidado que existías. Y mírame ahora, estoy aquí, perdiendo el tiempo contigo – replicó despectivo.

Draco avanzó unos cuantos pasos hacia ella, como para asegurarse que sus palabras tuvieran el efecto deseado. Sabía que ella retrocedería ante su aproximación. Notó que no bajaba la mirada.

– En realidad, yo estoy perdiendo el tiempo. Buenas noches.

Hermione reaccionó tan fría y calculadamente que incluso ella se sorprendió. Pero no había marcha atrás. No deseaba para nada estar junto a él. Pasó a su lado sin dedicarle una palabra más, dispuesta a alcanzar la puerta de entrada a los pasadizos del castillo.

– Aún no he terminado contigo, Granger – Draco espetó irritado girando hacia donde ella se dirigía. No estaba acostumbrado a que lo dejaran con la palabra en la boca.

Pero Hermione no se inmutó y continuó avanzando todavía más aprisa con dirección a la gran puerta de cristal.

– ¡No te atrevas a ignorarme, sangresucia!-se desgañitó él, apresurando el paso tras ella.

Ella detuvo su marcha de inmediato. Claramente vio los músculos de su espalda tensarse y cerrar los puños ante la última palabra. Milésimas de segundos después se relajó y giró hacia él.

– 5 años y no has cambiado en nada…

Hermione levantó el rostro y posó sus ojos castaños en los fríos ojos grises de Draco. Él pudo sentir casi en carne viva el gélido e inconmovible tono de voz Esta sensación lo dejó de una pieza.

– Termina de hacer lo que sea que viniste a hacer. Yo debo irme.

Y salió con paso firme del invernadero.

Draco la observó marcharse con el semblante taciturno y con el paso apurado, casi como si estuviese huyendo de allí. Avanzó algunos pasos hasta una de las bancas del lugar. Se sentó y aspiró el cigarro aún prendido en completo silencio.

Si supiera que en 5 años no he usado esa palabra…

Draco exhaló a través de la mueca sarcástica que tenía en el rostro y justo ahora la vuelvo a usar.

Terminó el cigarro y tiró la colilla al piso para luego pisarla con furia, como si estuviera molesto consigo mismo. Se levantó de pronto, se limpió el traje de pelusas imaginarias y avanzó decidido hacia el interior del castillo.

Había calculado la posibilidad de encontrarse con ella, y también había calculado que sería un encuentro sin importancia. Después de todo, se había jurado asimismo que la borraría de su mente; y estaba seguro que era así. Caminó hacia la puerta de salida, aún con la extraña sensación de que algo se había removido en su interior. Volvió a desordenarse el lacio cabello rubio impacientado por el resultado de aquel encuentro. Había imaginado muchas veces que al tenerla frente a él, la miraría al rostro con desinterés y la humillaría en una sola frase, para luego marcharse soberbio mientras ella lloraba, se rezongaba o hasta le suplicaba por su atención. Pero no esperó la tonalidad álgida de su voz ni su actuar tan indiferente.

Igual, me importa poco lo que tenga que ver con ella. Eso quedó atrás.

Y con un gesto decidido tomo el antiguo picaporte de la puerta para adentrarse nuevamente en el castillo. Ya eran casi las 11 de la noche y no tardarían en hacer el anuncio. Era imprescindible que llegara y se ubicara en su lugar. Las cosas iban a cambiar para él después de mucho tiempo. Era hora de que los demás apreciaran el regreso de Draco Malfoy a la comunidad mágica londinense.

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– ¡No puedo creerlo! – exclamaba Ginny aplaudiendo a más no poder y mirando a Harry embelesada – ¡El Torneo de los Tres Magos nuevamente aquí en Hogwarts! – sacudía a Harry de la manga del traje tan entusiastamente que Harry tuvo que acomodarse la chaqueta – Pensaba que no volvería a ver ese torneo por aquí. Es fabuloso que se les haya ocurrido realizar el torneo como un homenaje a estos 5 años sin ese despreciable de Voldemort ¡Es maravilloso, Harry! – volvía a jalarle la manga – y de seguro que van a buscarte para que formes parte de todo esto, ¡claro! Si tu fuiste el campeón anterior y obviamente el héroe de todo! Que emocionante!

– Ya calma Ginny, aún no terminan de hablar. Deja de gritar y de desvestir a Harry para que pueda escuchar cuando empezarán los preparativos… tal vez pueda ofrecer mis servicios… tú entiendes ¿no? Después de todo, yo ayudé a vencer a Voldy – Ron trataba de erguirse lo más que podía entre la multitud que se había puesto de pie para aplaudir la magnífica iniciativa.

La única que estaba sentada era Hermione. Se había quedado de una pieza cuando la directora McGonagall anunciaba, junto al ministro Kingsley Shacklebolt y al director del DCMI Fabian Dodge, el inicio de la organización del Torneo. De pronto sentía que había regresado a su otra realidad. No podía ser cierto… las cosas se estaban presentando demasiado similares. Posó los codos sobre la mesa y enlazó sus manos con fuerza casi como elevando una plegaria. Estaba conmocionada y nadie parecía notarlo.

Minutos más tarde escuchaba los comentarios por todos lados. Harry, Ginny y Ron intercambiaban opiniones exaltados y en extremo felices de volver a formar parte de esa experiencia. Hermione, aún sobrecogida en su lugar, no se movía ni emitía comentario alguno.

– ¿Te sucede algo, Hermione? – Ginny la miró un poco extrañada por el mutismo de la chica – No has comentado nada al respecto – La pelirroja se levantó con la copa de champaña en la mano y se sentó a su lado – ¿Te sientes bien?... anda, toma un sorbo de champaña para que te suba el color…

– Cierto – intervino Harry que no escuchó la última frase – parece que la noticia no la tomó por sorpresa y por eso no está entusiasmada como nosotros. Seguramente ya lo sabía y nos lo ocultó… – trató de sonar ofendido.

– Yo…

– Que bueno que los encuentro a todos juntos – Kingsley llegó hacia la mesa y con una gran sonrisa los saludó efusivamente – Harry, obviamente está demás decirte que esperamos contar con tu ayuda para los preparativos. Quisiera que pasaras por mi oficina el lunes por la mañana para empezar con las coordinaciones del caso. Y creo que Fabian viene hacia acá para comunicarte lo mismo a ti, Hermione. Tú serás su mano derecha – miró a Hermione que se había levantado de un brinco, aún con la copa en la mano – No te preocupes muchacha – agregó Kingsley pensando que la expresión de Hermione se debía al inminente aumento en la responsabilidad del trabajo – Fabian ha pensado en todo y te ha asignado a una persona para que ayude en la organización del Torneo y además aportará, junto a otros magos respetados, el financiamiento para el mismo. Trabajará contigo directamente; es más, es un compañero vuestro.

– ¿Y quién es esa persona? – intervino Ron de inmediato.

Kingsley había terminado de decir el nombre, cuando el sonido del cristal haciéndose añicos contra las frías baldosas del Gran Comedor hizo a todos girar hacia Hermione.

Draco Malfoy

Hermione se había vuelto a sentar, mientras articulaba aquel nombre en silencio. Ginny inmediatamente se puso delante de ella, tapándola de la vista de los demás, mientras alzaba su copa en el aire y exclamaba ¡Por el torneo de los tres magos!

– ¡Por el Torneo de los Tres Magos! – vitorearon todos al unísono sin darse cuenta de la fiel actitud de Ginny.

Hermione se levantó en el acto, sin hacer caso de las miradas de sorpresa de sus amigos. Tomó su bolso de mano y desapareció por una de las puertas del salón. Ron intentó ir tras ella, pero Hermione le puso el pie disimuladamente y Ron no tuvo más remedio que hacer el ademán de haber recogido algo; se sentó nuevamente mientras bebía otra copa de champaña. Harry interrogó a Ginny con la mirada y ella le susurró algo así como necesita un par de minutos a solas y él no volvió a insistir más. Pero alguien si había decidido seguir a Hermione a pesar que juró que nunca más lo haría.

Un pequeño elfo que había salido a observar a hurtadillas la causa de tanto alboroto, yacía tumbado sobre las baldosas de piedra del corredor. Alguien había tropezado con él debido a la prisa que llevaba por alcanzar algo o a alguien. El elfo no lo sabía, ni sabía tampoco quien era esa persona. Pudo divisar un potente borrón negro aproximarse hacia él y luego al voltear desde el suelo, sólo distinguió una platinada cabellera rubia que daba vuelta al corredor casi desapareciendo en el acto.


OMG!!

Se volvieron a encontrar nuevamente!! Y casi en circunstancias similares…. ¿destino o simplemente la realidad vuelve a ellos?

Y ya no son unos adolescentes, son jóvenes con los pensamientos definidos…. Que ocurrirá ahora, porque según ellos ya se olvidaron mutuamente?..ummm

No se pierdan el próximo capítulo que será el final!!

Con pena se despide este fic, agradeciendo anticipadamente sus visitas y sus extremadamente lindos reviews.

Besos a todos!

Gise.