Gaining Lives

Advertencia: Me pasé un poco con el OOC, ¡OMG! Lo siento mucho, ¡oh House perdóname!

Capítulo IV:

Hayes tocó por el tiempo que se tomaría un despertador en sonar, para después, pasar de largo. Esa mañana no hubo intentos de sacarle de la cama, o peleas divertidas por su desidia general. Nada de nada, simplemente el toque incesante e impersonal a la puerta. Su cerebro le decía que se levantara y que dejara pasar como siempre cada palabra que había pronunciado la noche anterior, una de sus peores pesadillas. Pero, su corazón quería dejar de latir y quedarse allí para siempre…

Sin vida, no hay dolor… era una aseveración que le hacía sentirse con un yunque sobre su corazón, aplastándole, y asfixiándole. Sabía que tanto las intenciones de Wilson y de Hayes, eran particularmente puras, y que, mientras usualmente; Wilson la cagaba, Hayes tendía a acertar dolorosamente y lo dejaba en aquellos estados de desconsuelo y desolación…

1

— Doctor Hayes —Saludó simpática y con una linda sonrisa, Cameron, entrando en la oficina provisional que le había asignado Cuddy al rubio.

— Doctora Cameron, ¿en qué le puedo servir?

— ¿Puedo pedirle unos consejos?

— ¿Consejos médicos? —Preguntó suspicaz, sin perder la templanza.

— Por supuesto…

— Bueno, ¿Para qué soy útil?

— Estaba esperando al Doctor House, pero… esta mañana no llegó.

— Supongo que utilizó tapones para los oídos, o se perforó los tímpanos. Estuve tocando su puerta, casi por un minuto.

— Yap… eso es muy él —Respondió sin saber muy bien que decir, tendiéndole una carpeta azul, sin saber tampoco exactamente que hacía en esa oficina. Aunque, la única razón cuerda era House—. ¿Qué esto? —Curioseó, observando un precioso alhajero de madera, con un delicado repujado en la tapa.

— ¿Umm? ¿Te refieres a eso? —Preguntó señalando la caja.

— Está linda. Bastante decorativa —Describió torpemente ¿Qué hacía ella allí?

— ¿Quieres abrirla? —Le lanzó veleidoso, con una sonrisa divertida en la cara.

— ¿Eso no sería indiscreto?

— Abrirlo no sería lo más indiscreto que has hecho —Le hizo saber. Allison sostuvo la tapa con las dos manos y la alzó… estaba vacío. Por dentro, estaba forrada con terciopelo, y un espacio circular se encontraba en el medio, dónde posiblemente, en otrora, había estado una bailarina o una pareja que bailaba cuando sonaba la música que traía la caja.

— Está vacío.

— Lo sé…

— ¿Fue un regalo?

— Uno de los regalos más originales que he recibido en mi vida. Tenía veinte años que no abría esa caja. Tenía miedo de que se escapara lo que había dentro.

— Pues, creo que de igual manera se escapó. ¿Qué había adentro? —Su lengua se había adelantado a su cerebro. El hombre la miró profundamente, como analizándola. Cosa que hizo sofocar un poco a la inmunóloga.

— Los sentimientos de alguien que ya no quiere volver a amar.

— ¿Esto fue una declaración de amor? —Preguntó completamente abochornada, y suponía que por el calor de sus mejillas, debían tener una coloración rosácea. Ahora sí que había sobrepasado su nivel de indiscreción.

— Nada más lejos de eso… el paciente parece estar presentado un cuadro de la enfermedad favorita de House, "Lupus". Hazle un MRI y mándale a casa… —La mujer agarró la carpeta que le tendía el doctor, luego de tapar el alhajero, observó que en bajo relieve, decía, algo pequeño: "Gregory House".

— Gra… gracias…

— De nada, Doctora Cameron…, y sí, la caja perteneció antes a House.

2

— No me interesa… —Soltó de una House, al ver a Thirteen llegar con un registro médico.

— Aún no he dicho nada, House.

— No me interesa —La única fémina del Equipo de Diagnóstico se cruzó de brazos.

— Mujer, 30 años…

— Thirteen, no me interesa…

— Aneurismas…

— Pregúntale a Hayes.

— ¡House! Positivo para Raynaud…

— Insisto, pregúntale a Hayes.

— ¡Y negativo para lupus! Examen de toxinas limpio, al igual que el MRI, excepto por las Aneurismas…

— ¿No lupus?

— Sí… —Le respondió esperanzada, viendo el repentino interés del nefrólogo.

— Pregúntale a Hayes —Devolvió con una sonrisa cruel e irreverente como siempre. Y huyó de allí lo más rápido que su pierna lisiada le permitió, aprovechando el shock de la mujer.

3

— House. ¿Por qué tengo la impresión de qué, estás escondiéndote en mi oficina? —El hombre de ojos azules dejó momentáneamente de ver el libro que estaba leyendo tratando de encontrarle una respuesta, semi-creíble a la plaga de Hayes para enviarlo de nuevo al otro lado del océano y sacarlo de su vida. James tenía el derecho de joderlo de vez en cuando. Hayes no…, Hayes simplemente estaba allí para agravar su pena y ahogarlo hasta dejarlo en hipoxia. Sólo mirarlo se le removían las tripas. Su vida tan condenadamente perfecta, su personalidad amigable, su ser impecable, impoluto, su sentido de lo correcto. Lo enfermaban. Miró a su único amigo… a su… hermano. No, un hermano no tenía los derechos que él le concedía a Jimmy con su persona.

— ¿Qué te hace pensar eso? —Preguntó con sarcasmo.

— Estás allí sentado, me has dejado trabajar. Estás raro… —El nefrólogo volvió a ignorarlo—. House… —Retó el de cabellos chocolate.

— ¿Qué coño quieres? ¿Quieres que me vaya? —Soltó molesto, no con Wilson, sino consigo mismo, levantándose, mientras agarraba su bastón para largarse a esconderse en otro lugar.

— House, aguanta allí. ¿Qué sucedió con Derek?

— ¿Por qué cuando Hayes entra en mi campo gravitatorio infieres que todo tiene que ver con él?

— ¿Qué te hizo ahora?

— ¿Pero es que estoy hablando en algún idioma incomprensible para ti? ¿Qué me va a hacer él?

— Corre House, pero, llevo conociéndote el tiempo suficiente para saber que él es una de las pocas personas capaces de ponerte el mundo de cabeza.

— Gracias por la observación, Jimmy, la tendré presente —Se despidió en tono agrio.

James suspiró, para luego de unos segundos levantarse rápidamente. Sólo Hayes y él, podían golpear a House de manera figurativa, y, aunque su testarudo amigo nunca lo aceptara, Derek acertaba dolorosamente cuando se trataba de hacerle ver algo que el nefrólogo no quería ver. Y lo peor de todo es que, el rubio no tenía demasiado tacto. No era como él, bueno, por supuesto que no era como él, pero, para tratar con Gregory House, quién parecía más una esponja absórbelo todo, que una barrera de frío hielo en donde nada entraba, había que ser sutil, tener mucho tacto, y sobre todo mucha paciencia, con algunos temas en los que Hayes, prefería mirar cruelmente y utilizar su bien entrenada lengua viperina, que, en vez de solucionar las cosas, lo único que lograba era hundirlo más y más profundo en la depresión. Una en la que nadie podía sacarlo, ni siquiera quién lo había metido… lo sabía por experiencia propia, había visto a Derek disculparse y emplear las mil y una marometas para evitar que el disfuncional estado anímico del nefrólogo se estabilizara y dejara de afectar su vida, pero, nada parecía surtir efecto.

Chocó con Cuddy cuando trataba de salir de su oficina para hacerle escupir a Gregory así fuera a punta de golpes lo que Derek le había hecho, y a tratar de solucionarlo, aunque, sabía que lo haría sería enredar más la situación, pero, su consciencia no lo dejaría en paz si cuando menos no lo intentaba. Ahora, no sabía si Cuddy había sido enviada por Dios para evitar embarrarla aún más o simplemente debería disculparse y salir tras su maltratado amigo.

— ¿Qué sucede? Voy de salida…

— ¿Puedo preguntarte algo?

— ¿Algo que tiene que ver con el cáncer?

— No.

— Ergh… Tengo prisa —Soltó tratando de evadirle, sólo había otra pregunta que Cuddy le haría: House… no tenía pensado quedarse mucho tiempo para que lograra formularla.

— James… —Oh, oh… lo estaba llamando por su nombre…, terrible, terrible. ¿Tan nefasta había sido la catástrofe holocaustica que habían causado Hayes y su bocota?

— ¿Lisa?

— ¿Qué le sucede a House?

— Cuddy, ¿Qué le puede estar pasando a House? Es House… seguro encontró una nueva manera de drogarse con vicodina…

— James, encontré a House haciendo sus labores en la clínica, hasta que lo encontré… —Le reprochó, con esa miradita que le acusaba de estarla haciéndole pasar por idiota—. Luego abrió la boca para hacer uno de sus comentarios sarcásticos que arruinaron el momento, y huyó

— Iba a enterarme de qué exactamente había sucedido… —Le respondió con sinceridad—. Pero, sino me dejar ir, creo que no podré enterarme.

— ¿Él está bien, cierto?

— Cuddy, es House. ¿A qué viene eso de si está bien o no? Por supuesto que está bien, ahora, si puedo irme en estos momentos, te enterarás de que sucede…

— ¿Tan grave es? —Insistió la mujer. Wilson se volteó a mirarla.

— Depende de que tan directo fue Derek esta vez…

4

— House…

— Thirteen, si es otra vez tu caso mal disfrazado de Lupus, largo.

— ¡Tú siempre dices que NO es Lupus!

— Thirteen, largo.

— Pero…

— ¡LARGO NIÑA TONTA! ¿QUÉ NO ME OYES? —Remy botó ante el comportamiento del hombre. House, se sentó en el banco del baño masculino hasta dónde la mujer lo había seguido y comenzó a respirar. ¿Qué le pasaba? Él no era así… ¿Tanto le había afectado aquella estadía? ¿O estaría enfermando? Bufó… ¿Enfermando? ¿No siempre estaba buscando alguna excusa médica que le exculpara de su comportamiento? Era realmente patético.

— Lo… lo si… sien…sien… to… —Balbuceó, saliendo de allí lo más rápido posible con los nervios alterados. Una vez que sólo se oía su respiración rebotando en las paredes acústicas de los vestidores, comenzó a masajearse la pierna. Otra vez comenzaba a dolerle a horrores… gimió estrangulando el sonido en su garganta. No podía mostrar ningún signo de debilidad. Sacó el pote amarillo y lo abrió. Estaba vacío…, genial momento se le ocurría a la vicodina acabarse.

5

— ¿House? —Llamó calmado, James, entrando—. ¿House? —Caminó un poco más, adentrándose en la oficina—. Gregory… —Lo encontró tirado en el piso con las manos reposando en su pecho, sus audífonos a todo volumen sobre sus oídos, los ojos cerrados, y una jeringa utilizada, con restos de esperaba fuera morfina. Se agachó para revisar que estuviera vivo, todo lo demás perdía sentido, se había intentado suicidar, perfecto, pero, que cuando menos hubiese fallado en el intento. Pero, inmediatamente lo tocó, sus deslumbrantes ojos azules se abrieron.

— ¿Wilson? ¿Qué haces aquí? Especialmente a estas horas de la noche… —House escuchó un suspiro abandonar los labios del oncólogo.

— House ¿Qué sucedió? —Cuestionó sentándose en el piso a su lado, llenándose de paciencia.

— ¿Qué sucedió de qué? ¿Quién se muere?

— ¿Qué te hizo Derek ahora?

— ¿Todavía vas a seguir dándome lata con eso? ¿Ya no te respondí? —Le concedió de mala leche volviendo a su posición inicial pero, antes de lograr su cometido, James le miró bastante molesto arrebatándole los audífonos bruscamente, haciendo que se desconectara de las cornetas y se escuchara en un estruendo la música con la que el hombre torturaba sus oídos de manera preocupante—. Wilson, lárgate, no tienes nada que hacer aquí —El hombre de ojos azules se levantó, apagó las cornetas, agarró su bastón y su chaqueta para irse a algún otro lugar, pero, en contra de todo pronóstico el de ojos oscuros le arrebató también el bastó sorpresivamente lo que hizo que casi no cayera.

— Hoy se, que te hizo Derek, AHORA.

6

— ¿Qué House te gritó? —Preguntó Foreman extrañado, mirando a Thirteen, mientras revisaba unos exámenes.

— No parecía House.

— Discúlpame si no te creo. House te gritó, ¿en toda regla?¿ realmente molesto? Me explico…

— Yo diría que estaba fuera de sí…

— Vamos, no seas tonta.

— ¿Por qué no me quieres creer? Además, ¿Qué? ¿House no puede enfadarse?

— Estás sonando como Cameron, y, dudo que el hombre pierda el control de esa manera…

— Desde que llegó ese doctor Hayes… House no ha estado actuando racionalmente.

— Thirteen, House, jamás, lo repetiré, Jamás ha actuado racionalmente. No busques una excusa tan rebuscada como Hayes para explicar el comportamiento inadecuado de House. Simplemente está loco y tal vez eso cause su genialidad, pero, hasta allí. Nada ha cambiado…

7

— Jimmy, en serio… no me sucede nada, Hayes no me ha hecho nada.

— Está bien, Derek no te ha hecho nada. Definitivamente, no me trago el que no te suceda nada.

— Okey… ¿Y según tú qué me puede estar pasando?

— Escucha, por primera vez en tu vida, deja de ser un bastardo idiota, soy yo, okey. Inclusive Cuddy se ha dado cuenta de que algo va mal. Me has estado dando el esquinazo cada vez que te pregunto por Hayes. Greg…

— No me llames Greg, James Wilson…

— ¡Gregory! —Le regañó de la misma manera en que lo hacía la madre del hombre—. ¡Por el amor a Dios! ¿Puedes decirme que mierda te pasa? ¿O es que estás tan acostumbrado a esta inestabilidad que ni siquiera te has dado cuenta que estás peor que de costumbre? —El nefrólogo se volvió a sentar con cuidado en el suelo donde ya se encontraba su amigo y confidente.

— Pero es que nada me pasa —Masculló frustrado. Sin embargo, lo único que siguió a esa revelación fue un prolongado y muy incómodo silencio para el de ojos azules—. Jamás esperé ver de nuevo a Hayes en lo que me restaba de existencia… —Le confesó.

— ¿Y por eso estás así? ¿Por qué de repente Derek apareció de nuevo? House, deja de comportarte como alguien mentalmente enfermo por primera vez en tu vida. No puedes estar así de irascible o perdido, por una tontería como esa. Si tanto quieres que se vaya, ¿Qué haces que no das con la respuesta?

— ¡Joder James! — Eso acaba de asustar al oncólogo. Lo había llamado por su nombre ¿Había caído él en algún universo paralelo?—. ¡¿Qué crees que no he dejado de dormir por buscar una puta solución a una maldita alergia que detiene a los órganos?! He pasado cada minuto que tengo libre tratando de dar con la respuesta, pero, si el estúpido diagnóstico lo único que hace es hacerme recordar la última vez que vi a Hayes… no me deja enfocarme…

— House, ¿Qué hiciste la última vez que viste a Derek?

— Eso no es de tu incumbencia.

— ¿A sí? Pues, iré a preguntarle estoy seguro que él si me lo dirá. Y de paso le diré que estás un poco trastocado por su regreso, estoy seguro que él tendrá mucho que decir al respecto —Le dio en un ultimátum levantándose. Gregory lo agarró por el pantalón evitando que caminara.

— Es médicamente irrelevante ese hecho en particular.

— Sí… se nota.

— ¿Por qué te importa tanto? —Murmuró sin lograr comprenderlo del todo.

— ¿Realmente no puedes creer que alguien se preocupa por ti? —El hombre la quitó la mirada, sin saber exactamente que responder.

Amor, Fraternidad, Consuelo, Aceptación, Respeto, Felicidad… Esos eran términos que no terminaba de comprender en la praxis… y todo lo cerca que había estado de ellos, sólo habían traído desgracias, eso no ayudaba demasiado a adentrarlo en una ataque de curiosidad masiva, por experimentarlo, su visión en extremo pesimista lo volvía hechos casi cancerígenos para su vida.

— House… —Presionó James—. Gregory respóndeme…

— ¿Puedes sólo quedarte allí? —Preguntó en tono bajo, resignado, cansado, podría decirse que hasta débil y pasivo.

— ¿Y qué más? ¿Te abrazo? —Ironizó como pocas veces, sorprendiéndose a sí mismo en el proceso. Bufó sin podérselo creer—. No puedo creer que me vayas a obligar a hacer esto —Le espetó, sentándose a su lado y abrazándole.

— Le grité a Thirteen…

— ¿A qué viene eso?

— Le grité, realmente… molesto.

— Está bien, House. Cierra la boca y mejórate, aunque no sé qué puede hacer un abrazo con respecto a ese problema en particular.

¿Qué más podía hacer? No estaba de todo seguro, pero, algo le decía que de House haber sido mujer, no se habría a limitado a simplemente abrazarle. Después de todo, Gregory House parecía el paroxismo, el mínimo común denominador de todas sus ex esposas. No podía ser cierto que le estuviera dando la razón a malcriado nefrólogo, aunque sólo fuera en su fuero interno, que simplemente se había casado cuatro veces por lo necesitada que se veían esas personas de cuidados. Sonrió irónico mirando hacia la ventana, House simplemente estaba allí, completamente abstraído, dudaba que tan siquiera fuera completamente consciente que le abrazaba. Pero, suponía que el hombre lo único que deseaba una vez cada cien años, era consuelo para su lastimado corazón y ser, aunque no fuera consciente de ello. Otra vez como no lo hacía desde hacía tiempo, se preguntó en que estaría pensado el hombre profundos ojos azules. Jamás había podido discernir o clarificar algo de la complicada mente que poseía, y eso lo frustraba y lo hacía sentir envidia benigna junto con celos de Derek. Parecía que sus mentes eran compatibles y en cierta manera se entendían, él jamás podría llegar tan lejos, aunque lo quisiera.

¿Siempre tendría la desdicha de terminar invariablemente de aquella manera? Si no era Hayes era Wilson. No importa cuanta frialdad aparentara, su muro de gélido sarcasmo no parecía servirle de nada. Él no quería necesitar de ninguno de ellos, pero, en sus momentos de locura y delirio, la vida tendía a arrojarle sin permiso a sus brazos. Trató de quedarse dormido…, quería descansar por primera vez en veinte años o tal vez más… quería descansar sin la necesidad de narcóticos o alcohol dopando sus sentidos. Y tal vez, sólo tal vez en aquellos momentos, en aquella situación podría lograrlo, cuando menos por algunos minutos… eso haría… liberar su mente aquella noche, liberarla y enfocarse en descansar. El mundo no se iba a acabar por aquel desliz.

TBC