¡Siguiente capítulo! Un poco más largo que los anteriores para compensar la tardanza… ¡Y lemon MadaDei! Madara es un maldito (y muy atractivo) bastardo…
Deidara despertó a la mañana siguiente solo en su habitación. Al ser la primera vez que dormía allí, le costó unos segundos situarse. Sin embargo, era una persona muy acostumbrada a pasar la noche en diversos lugares, debido a la gran cantidad de sitios adonde los diferentes recados terroristas y su propia búsqueda de inspiración le habían llevado, por lo que tampoco supuso nada nuevo para él.
Ágilmente, saltó de la cama y tomó su ropa, dispuesto a vestirse. Mientras lo hacía, pensó en el día anterior, en el misterioso Madara y en aquellas palabras que le había dirigido. ¿Pertencerle?
¡Menuda tontería! Él nunca sería propiedad de nadie ni estaría atado a nadie.
De cualquier modo, el Uchiha mayor había resultado de su agrado. El aura de poder que desprendía le atraía y la capacidad que parecía tener para mantener la situación y a cada persona bajo su control con aquella naturalidad hacía que le respetara. Aquello podía ser una nueva clase de arte.
Aunque, por supuesto, nunca mejor que el suyo.
Y, aún así, debía reconocer su mérito. Incluso Itachi, el eterno inalterable, había parecido ligeramente incómodo en su compañía y al someterse a su escrutadora mirada. Pese a todo, también parecía poder hacerle frente con bastante habilidad. Seguramente, por ello Madara le consideraba tan especial.
Pero a él también, ¿verdad? Quizá debería restregárselo un poco a Itachi para hacerle ver que no era tan inalcanzable como quería aparentar. O como aparentaba que quería aparentar.
La actitud de este último lograba desconcertarle ligeramente. Se preguntaba por qué motivo no había querido hacer mención ante Madara de que había cargado durante medio viaje con él. Tal vez no quisiera admitir que había tenido que dejarle fuera de combate mediante un genjutsu ya que, como el más joven de los dos Uchiha le había aclarado, quería que las condiciones en las que llegara ante su mentor fueran inmejorables. ¿Podría ser que temiera las represalias del hombre?
Sin embargo, el trato del propio Madara distaba mucho del que Itachi le había proporcionado. Si bien no había dejado de ser gentil, sus posesivas palabras y actos eran muy diferentes del delicado comportamiento de Itachi.
Los Uchiha eran, definitivamente, personajes misteriosos.
Deidara frunció el ceño. No estaba dispuesto a perderse en el juego de ambos, ni siquiera preocuparse por el mismo. Por lo que a él respectaba, podían hacer lo que quisieran. Él sólo tomaría parte en lo que le incumbiera a él. Lo cual, por el momento, sólo era una cosa: arte.
Sabía que estar dentro de Akatsuki le iba a dar la oportunidad de exhibir sus capacidades artísticas delante de otros poderosos shinobi y probárselas a sí mismo al enfrentarse a fuertes enemigos. Madara le había considerado más que capaz de hacerlo y él no pensaba defraudarle.
Alguien llamó a la puerta en ese momento. El rubio, quien ni siquiera había podido comenzar a vestirse, miró hacia allí extrañado, preguntándose qué querrían tan temprano. Aún debían de faltar unas dos horas para que el líder convocara la reunión.
-¿Quién es?-quiso saber.
El aludido tardó unos segundos en responder:
-Itachi.
Deidara puso los ojos en blanco. Él.
-Espérate un momento, hmm.
Rápidamente, se colocó unos pantalones sobre su ropa interior, lo único que había usado para dormir. Luego, se dirigió a abrir la puerta, decidiendo que era demasiado pronto como para ponerse de mal humor.
No obstante, esa decisión quedó olvidada cuando vio a Itachi y su rostro inexpresivo. ¡Le ponía tan nervioso! No sabía si deseaba destrozarle esa impasible cara o si, simplemente, quería tomarle de los hombros y zarandearle violentamente para ver si obtenía algún tipo de reacción por su parte.
Descartando ambas opciones ante la imposibilidad de ni siquiera llegar a tocar a Itachi si éste no lo consentía, centró su atención en la capa de nubes rojas cuidadosamente doblada que él portaba en una mano y que, con toda probabilidad, era la destinada a él. Debajo de la misma, se encontraban las demás prendas que completaban la vestimenta. En la otra mano, por el contrario…
-¿Qué demonios es eso? Hmm.
En realidad, Deidara no habría necesitado preguntar para saber que la sustancia morada dentro del pequeño bote que en ese momento le estaba siendo tendido correspondía al esmalte de uñas que todos los miembros usaban. Lo cogió por un extremo y lo observó.
-¿Se supone que…?-comenzó.
-No creo necesaria ninguna explicación-le cortó Itachi, fríamente, entregándole también la capa-. Asegúrate de estar preparado para cuando el líder llame.
-¿El líder? Será el falso lí…
El Uchiha avanzó repentinamente, acercándose tanto al otro, que éste se vio obligado a retroceder hacia el interior de su habitación. Itachi fue detrás de él y cerró la puerta a su espalda. Luego, dirigió una gélida mirada al artista.
-Estoy seguro de que se te pidió que fueras discreto con respecto a ese tema. Mientras no sepas con total certeza que no hay nadie más escuchando, seguirás tratando al líder como tal y considerarás a Madara-sensei inexistente.
Deidara dejó el bote de esmalte sobre la pequeña mesilla junto a la cama, en la cual depositó la ropa que le acababa de ser dada. Luego, se cruzó de brazos y sonrió.
-De acuerdo. Mantendré vuestro secretito a salvo, hmm.
El moreno se dio la vuelta, dispuesto a irse. Sin embargo, la voz de Deidara lo detuvo unos instantes más:
-Itachi, lo de tu motivación… Empiezo a entenderlo. Simplemente, no la hay. Sigues órdenes y eso es todo, ¿me equivoco?
-Ya dije que eso no era asunto tuyo.-respondió dirigiéndole una mirada fría.
-Tampoco lo es tuyo lo que yo haga y, aún así, estás ahora dentro de mi dormitorio, cuando ni siquiera los has decidido tú, hmm.
Itachi se giró de nuevo y caminó hacia la puerta. Deidara, al verse ignorado, abrió la boca para decir algo, sin duda, hiriente. No obstante, el Uchiha se le adelantó:
-Nadie me ha pedido que venga.
Para cuando el rubio pudo reaccionar, la puerta ya se había vuelto a cerrar e Itachi no estaba allí.
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La reunión transcurrió sin ningún tipo de incidentes. El líder convocó a todos los miembros e hizo las presentaciones pertinentes, dándole a Deidara la oportunidad de comprobar lo que Itachi ya le había dicho de cada uno de ellos. Zetsu, que se asemejaba a una enorme planta carnívora, se acercó a él para entregarle su anillo, el cual era azul y, según le explicaron, debía ir colocado en el dedo índice de su mano derecha. Aquel también era el puesto que él ocuparía durante la técnica de sellado de los bijuus.
Por otro lado, se le asignó su primera misión. No era nada complicado: un simple análisis rutinario de la situación en un pequeño país. Algo que permitiera que Sasori y él comenzaran a conocer las habilidades del otro, de manera que pudieran aprender a trabajar juntos.
De cualquier modo, se les ordenó entrenar juntos aquel mismo día, para empezar a prepararse. Por ello, cuando el resto de los miembros hubo desaparecido, ambos se reunieron en la entrada de la cueva. Sasori, sin demorarse lo más mínimo, caminó hacia el exterior.
-Vamos.
-Claro, danna.-respondió Deidara con una sonrisa.
Había adquirido la costumbre de referirse así a él desde el principio. Del poco tiempo que habían tenido la oportunidad de hablar hasta el momento, la mayoría lo habían dedicado a discusiones sobre el tema artístico, lo cual había derivado en ese trato. El rubio, quien consideraba a todos los miembros de Akatsuki – excepto a Itachi, en quien se negaba a pensar de esa manera – algo así como artistas, a su propio y particular modo; estaba encantado de que, al menos, uno de ellos usará sus mismos términos al hablar de lo que hacía, aún cuando sus ideas fueran tan diferentes de las que él tenía.
Sasori estaba, claramente, equivocado.
Aún así, la experiencia del marionetista llevaba a Deidara a respetarle. Además, sabía que, debido a su temperamento, Sasori tampoco aceptaría algo muy distinto. Por ello, le siguió en silencio, riendo levemente al pensar en cuántas veces, durante el tiempo en el que fueran a ser compañeros, iba a hacerle enfadar.
Llegaron a una zona plagada de árboles, no demasiado lejos de la base, y se internaron entre ellos. Sasori avanzaba con paso seguro y no tardaron en llegar a un claro, tan desierto que ni siquiera la hierba crecía en él, seguramente, por consecuencia de las terribles técnicas que habían sido practicadas allí.
-Este es el sitio que usamos para entrenar. Memorízalo bien.
Deidara asintió. Luego, aguardó a que el otro dijera algo más, preguntándose si el entrenamiento iba a consistir en un enfrentamiento entre ellos o algo así. Sin embargo, el marionetista no agregó nada. En lugar de eso, hizo que Hiruko, su marioneta, se abriera.
El rubio vio, con algo de sorpresa, cómo del interior de la misma salía una figura humana correspondiente a un joven de, más o menos, su misma edad, de cabello rojo y rasgos relajados. Akatsuki definitivamente, estaba lleno de sorpresas.
-Así que ése es tu verdadero cuerpo-comentó, sonriendo cuando comprobó que incluso era de menor estatura que él-. Supongo que debía esperármelo de ti.
Una marioneta. Ése era el secreto que había ocultado Hiruko hasta el momento. Sasori se había convertido a sí mismo en una.
El pelirrojo también dibujó una muy leve sonrisa.
-Un consejo, niñato: mientras estés dentro de la organización, mejor no esperes ni confíes en nada-extrajo un pergamino-. Y, sobre todo, no esperes que yo me vaya a portar contigo del mismo modo que Itachi hizo. Él es otro crío y aguantará tus insolencias. Puedes ir a jugar con él cuando hayamos acabado. Si es que puedes continuar en pie.
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Deidara avanzaba por los pasillos de la guarida hacia su habitación. Caminaba bastante erguido, pero, en realidad, estaba a punto de empezar a arrastrarse. Sonrió levemente. Sasori no había mentido cuando insinuó que iba a tener poca consideración con él. Y él había comprobado que su compañero era un tipo fuerte.
Pese a todo, había disfrutado de las horas de entrenamiento y podía asegurar que algunas de las marionetas de Sasori iban a necesitar arreglos durante toda la noche para volver a ser usadas. Por su parte, Deidara necesitaría descansar durante ese tiempo. Más le valía estar recuperado para el día siguiente, ya que debía partir junto con Sasori temprano para llevar a cabo su misión y no deseaba que éste se irritara porque él aún no se hubiera repuesto del todo.
Maldita marioneta. El pelirrojo no tenía ese problema.
Torció una esquina para dirigirse a su dormitorio y chocó contra algo, estando a punto de perder el equilibrio. Por suerte, logró recuperarlo a tiempo y, además, alguien le sujetó para ayudarle.
Deidara gruñó al reconocer el suave tacto alrededor de su muñeca.
-Mira por dónde vas, Itachi, hmm.
El aludido no dijo nada y respondió a la mirada asesina del artista con inquebrantable frialdad. Deidara apartó su mano, furioso.
-¿Quieres algo o vas a dejarme pasar de una vez?-preguntó con brusquedad.
Itachi, en silencio, rodeó al rubio y siguió caminando, haciendo que éste apretara los sientes de rabia. Entre todas las personas con las que podía haberse encontrado en ese momento, tenía que ser él. Se llevó una mano a su muñeca, como si el contacto le hubiera dolido, pese a que hubiera resultado tan leve como realmente lo había sido.
Frunció el ceño mientras seguía su camino, sin conseguir relajar los músculos de su cara hasta que llegó a su habitación, donde su expresión fue sustituida por una de ligera sorpresa al descubrir al otro Uchiha dentro de la misma.
-¿Qué haces aquí?
Madara estaba sentado en la cama, recto, con las piernas y brazos cruzados, y la mirada dirigida hacia Deidara. El carmesí de sus ojos brillaba de forma tenue en las penumbras en las que la estancia estaba sumida. Sus labios se curvaron un poco.
-He venido a verte, por supuesto. Quería saber cómo te había ido en tu primer día entre nosotros.
-Bien, hmm.
De repente, el moreno ya no se encontraba en la cama, sino a su lado. Deidara ni siquiera se sobresaltó: empezaba a acostumbrarse a las poco comunes habilidades que todos ellos parecían poseer y, además, estaba demasiado cansado para ello. Sin embargo, no pudo evitar estremecerse ligeramente cuando el hombre se inclinó sobre él, acariciando su cabello y hablándole a escasos centímetros, con voz tranquila:
-Sin embargo, pareces irritado. ¿He de suponer que te has encontrado con Itachi mientras venías hacia aquí?-dio su teoría como confirmada cuando Deidara hizo un gesto de incomodidad-Acabamos de estar hablando. Él opina que es demasiado pronto para que realices una misión.
-¿Por qué?-exclamó Deidara, perdiendo la paciencia-Me trata como si pensara que me voy a romper, hmm.
-Oh, sí, parece que ha tomado la costumbre de hacer de niñera contigo-comentó Madara con malicia-. Ha venido a hacerte una visita matutina, ¿me equivoco? Y me podría apostar algo a que ahora, en realidad, estaba esperándote para ver con sus propios ojos cómo te encontrabas después del entrenamiento.
-¿Es que acaso le importa algo? ¡No necesito que me cuiden!-dijo entre dientes.
El hecho de que el causante de su enojo fuera alguien de casi su misma edad hacía que la sensación de humillación creciera. Itachi despreciaba su arte, sus ideales y sus capacidades, y, encima, creía que tenía algún derecho de vigilarle.
Sintió la mano de Madara deslizarse por su cuello, y su piel se erizó, a la vez que una sensación eléctrica le recorría, haciendo que su mente se olvidara por un momento de todo lo que había estado ocupándola hasta entonces. Su cuerpo fue empujado contra la madera de la puerta, al tiempo que el Uchiha invadía su espacio peligrosamente.
-¿No crees-preguntó Madara con exquisita suavidad-que gastas demasiada saliva en Itachi para ser alguien a quien odias?-presionó una de sus manos contra uno de los doloridos costados de Deidara, haciendo que éste se quejara-No te preocupes, yo soy muy diferente a él.
El rubio no pudo hacer nada antes de que los labios del hombre atacaran los suyos, mordiendo el inferior con fuerza. Ambos sintieron el sabor metálico de la sangre inundar sus bocas, lo cual no hizo más que aumentar la excitación de Madara.
Por su parte, Deidara se debatía internamente. No quería ceder y dejar que el Uchiha tomara el completo control sobre él, como ya había empezado a hacer. Además, nunca había tenido ningún tipo de relación con otro hombre. Sin embargo, su cuerpo ya había comenzado a reaccionar favorablemente y se dio cuenta de que, en realidad, estaba más que ansioso por continuar.
Ya era demasiado tarde: había caído en manos de Madara.
-Túmbate en la cama.-le susurró éste al oído.
Deidara sonrió, con algo de sarcasmo, ante su propia resignación y obedeció, empujando al moreno para que se apartara de él y avanzando hacia el lecho. Una vez allí, se giró para mirarle a la cara, mientras se iba sentando lentamente sobre el mismo.
Y, de nuevo, en apenas un parpadeo, Madara había desaparecido del lugar que ocupaba y se encontraba ahora sobre él, aprisionándolo contra el colchón. Volvió a devorar su boca, mientras, sin perder un solo segundo, sus manos retiraban la ropa del joven, despojándolo hábilmente de su capa y camiseta.
Se separó en ese momento, observando al que ya podía considerarse su presa – o su víctima – quien jadeaba ante la necesidad de aire y el sofoco que todas las nuevas sensaciones le estaban provocando. El Uchiha, ciertamente, no había tenido ningún tipo de cuidado y en el torso del artista se podían observar arañazos que el otro le había causado en su ímpetu.
-Ya te advertí de que, en cierto sentido, eras mío-dijo Madara, mirándole con intensidad-. Y estoy plenamente decidido a ejercer mi derecho sobre ti. No voy a contenerme, Deidara.
El aludido dibujó una sonrisa ante el lujurioso brillo en los ojos del otro. Por algún motivo, no estaba retorciéndose intentando tomar una pizca de arcilla de los estuches que en ese instante estaban siendo retirados. No había intentado hacer volar al otro en pedazos. En lugar de ello, estaba sucumbiendo completamente al deseo que le invadía.
Permitió que Madara desabrochara sus pantalones y dejó escapar un pequeño gemido cuando las manos del hombre rozaron su más que evidente erección por encima de la tela. Él mismo ayudó, casi con desesperación, a que el otro acabara de desnudarle. Se empezaba a preguntar si el Uchiha no tendría también la habilidad de alterar incluso la libido de las personas. Si no era así, no conseguía explicarse su propio estado. El aura de poder de Madara era más patente y atractiva que nunca.
El moreno se deshizo de sus propias prendas poco a poco, observando con algo de diversión cómo la impaciencia de Deidara crecía a cada segundo. Madara, aún encima de él se inclinó y comenzó a lamer su pecho, hasta llegar a uno de sus pezones, el cual mordió y succionó, haciendo que el artista se revolviera entre el dolor y el placer. Mientras una de sus manos estaba ocupada desatando su propio pantalón, la otra iba viajando a lo largo del cuerpo del rubio. Deslizó uno de sus dedos por su miembro, acariciando la punta del mismo suavemente, y luego lo condujo hasta su entrada dedicándose por un momento a su esfínter.
Deidara jadeó. Aquel simple roce estaba enviando agradables estímulos por toda su columna vertebral hasta su cerebro, ya tan saturado por todas las señales provenientes de distintas zonas de su cuerpo, que ni siquiera fue consciente de que Madara se había llevado dos dígitos a la boca, humedeciéndolos, antes de que notar ambos penetrar en él.
El artista gimió al sentir el placer incrementarse, cuando el Uchiha localizó un cierto punto en su interior y lo hizo con mayor fuerza cuando una firme mano se cerró en torno a su erección y empezó a masturbarla. No obstante, todos esos sonidos fueron ahogados cuando él volvió a besarle, de una forma aún más brutal que antes.
Madara retiró los dedos de la cavidad de Deidara y le obligó a girarse, colocándolo de lado. Éste le dedicó una mirada que relucía con curiosidad y algo de picardía. Su pelo rubio estaba completamente revuelto, en sus mejillas había un notable rubor; sus labios estaban rojos, aún manchados con algo de sangre. El Uchiha entrecerró sus ojos, complacido. Deseaba tomar al joven y cada pequeña parte de él le estaba pidiendo que lo hiciera.
Sostuvo una de sus piernas para exponer su entrada, sin importarle ejercer más presión de la necesaria en ella y que sus uñas se clavaran en su suave piel.
-Sabía que no me arrepentiría contigo.-aseguró, introduciéndose en él con brusquedad y de una sola vez.
Deidara apenas pudo contener el grito que brotó de su garganta ante la punzante y dolorosa sensación. No es que Madara se hubiera encargado de prepararle a conciencia para aquello, tampoco. Sus propios músculos ejercían fuerza en contra de la intrusión. No obstante, eso sólo fue por un momento. Después de todo, a Madara nada parecía poder resistírsele y, pronto, el interior del rubio se acostumbró a ello.
El moreno no se privó de empezar con las violentas penetraciones inmediatamente, haciendo que Deidara volviera a protestar audiblemente. Sin embargo, cada nuevo quejido se alejaba más del dolor y denotaba el indudable placer que poco a poco se iba abriendo paso, con cada embestida.
El rubio suspiró cuando Madara comenzó a masturbarle de nuevo, mientras hacía lo que podía por sincronizar sus caderas con la de él.
-Más fuerte…-pidió débilmente.
Los labios del Uchiha se curvaron, y su cuerpo accedió a su petición instantáneamente, introduciéndose en Deidara de forma totalmente salvaje y descontrolada. Al artista parecía gustarle que lo hiciera así, aunque supiera, por cada vez que su espalda se arqueaba que también le estaba doliendo, lo cual no hacía más que aumentar el deseo de Madara hasta puntos insospechables.
La pequeña fiera le excitaba demasiado. Los jadeos del rubio no eran los únicos que se podían escuchar en el lugar. Sabía que estaba a punto de llegar a su fin. Aquel cuerpo le estaba demandando que terminara.
Deidara fue el primero en alcanzar el poderoso orgasmo. Gimió sin poder contenerse y cerró sus ojos, girando su cabeza y viniéndose con fuerza en la mano de Madara quien, por su parte, dejó escapar un suspiro ahogado cuando la cavidad del rubio se contrajeron alrededor de su erección, la cual introdujo en él un par de veces más antes de que él también acabara, llenando el interior de Deidara con su fluido.
Unos momentos después, el artista sintió al Uchiha salir de él y tumbarse en la cama, a su lado, mirando al techo. Él, por el contrario, continuó apoyado sobre uno de sus costados, mostrándole su espalda al otro y fijando su vista en la pared, aún agitado. Si ya había estado cansado antes del encuentro con Madara, en ese momento notaba cada uno de sus miembros tan pesados que apenas podía moverse.
-¿Estás bien, Deidara?-preguntó el moreno, con una pequeña sonrisa maliciosa-Supongo que no considerarás esto el trato que se le daría a un niño.
El aludido tardó unos segundos en responder.
-Empiezo a pensar que no harías muchas distinciones con uno, hmm.
La sonrisa del hombre se ensanchó. Enterró su rostro entre el rubio cabello de Deidara acariciando el lóbulo de su oreja con sus labios.
-Quién sabe. Pero puedo asegurarte de que no disfrutaría más que contigo. Nos volveremos a ver después de tu misión, Deidara.
El Uchiha desapareció en ese momento y el artista se permitió girar levemente la cabeza. Ni siquiera se había llevado su ropa.
Sonrió sarcásticamente. Para estar tan seguro de no ser una simple pertenencia de Madara, acababa de actuar prácticamente como una… y no se podía decir que no le hubiera gustado.
Lo cierto era que, si lo que buscaba eran situaciones imprevistas y cambiantes, había ido a parar al lugar adecuado. Mientras cerraba los ojos para sucumbir al sueño que se iba apoderando de él, pensó que, incluso Itachi, a su personal, odioso y asqueroso modo contribuía a que él apreciara ese sitio.
Dije que Madara era un bastardo y, sí, Deidara es ligeramente masoquista XD Lo cierto es que no sé si me salió un poco demasiado uke, pero es que Madara tiene una pinta tan dominante…
En un principio, el capítulo iba a ser aún más largo, pero al final me di cuenta de que estaba mejor así. En el siguiente las cosas empezarán a moverse, habrá un poco más de acción (ya mencioné a Selene que tal vez tendría que cambiar la clasificación Drama/Romance por Romance/Adventure XD) y creo que un muy mínimo ItaDei (no, no me he olvidado del pairing… de hecho, es imposible que pueda hacerlo… ¡los quiero! –abraza plushies de Itachi y Deidara XD-)
