¡Y quinto capítulo!

Wow, soy tan lenta que me impresiono XD

Lo cierto es que tuve que rehacer el esquema de la historia a medida que nuevas ideas acudían a mi mente y eso me llevó un tiempo. Espero quedar satisfecha ahora… De cualquier modo, ahora vienen mis exámenes y… Dah, ¿a quién le interesa? XD Sólo debo comunicar que, tal y como viene siendo habitual, la siguiente actualización no será cercana.

En cuanto al presente capítulo… Pues eso, muy leve ItaDei y… poco más. Debo advertir que la geografía 'narutiense' no es mi fuerte y no sé la localización exacta del País del Río. Sólo sé que está entre el País del Fuego y el del Viento y ahí lo he colocado XD


-Además de ruidoso, perezoso. Sabía que lograrías sacarme de quicio.

Aquel comentario hizo que Deidara dirigiera a Sasori una mirada irritada. El rubio estaba sentado a la sombra, bajo un árbol, descansado e intentando ignorar el asfixiante calor a su alrededor. Se encontraban en el País del Río, muy cerca de la frontera con el País del Viento y el clima era húmedo y cálido en exceso: perfecto para agotar a cualquiera tras haber avanzado dos metros. Excepto si se es una marioneta.

Además, dentro de unos días entrarían en el desierto y la situación empeoraría debido a la falta de agua. No era algo que Deidara quisiera apresurarse en hacer. No obstante, encontró la motivación suficiente para levantarse y comenzar a caminar con el siguiente comentario de Sasori:

-¿O es que después de que el Uchiha te cargara durante medio camino la vez anterior también te has vuelto un mocoso malcriado?

La expresión de enfado del rubio se acentuó y su compañero se rió por lo bajo. Los dos continuaron avanzando a través del camino. A medida que lo hacían, su proximidad al País del Viento se iba haciendo cada vez más evidente: la vegetación iba decreciendo y la agobiante humedad desaparecía para dar lugar a un ambiente mucho más seco.

Deidara agradeció la llegada de la noche, cuando Sasori decidió que sería mejor parar durante unas horas y él pudo sentarse y dar un reposo a sus doloridos pies. Hacía ya varios días que habían partido del refugio de Akatsuki y apenas se habían detenido en todo aquel tiempo, lo cual no había ayudado en lo más mínimo a que Deidara recuperara fuerzas tras aquella intensa sesión de entrenamiento con el marionetista y tras aquella – y aún más intensa – visita de Madara.

Mientras el joven se acomodaba en el suelo, dispuesto a procurarse un bien merecido sueño, recapacitó una vez más sobre aquellos momentos con el Uchiha mayor. Era un hombre demasiado interesante y atrayente. No debería sorprenderle haberse rendido a él de aquel modo. El misterio que le rodeaba no hacía más que aumentar ese efecto de imán. Aún se preguntaba por qué no había querido que el resto de los miembros de Akatsuki supieran de él. También se preguntó si Itachi sabría la respuesta a aquella cuestión.

Sumido en sus pensamientos, fue perdiendo la noción de las cosas, al tiempo que el sopor se iba apoderando de él. Y fue cuando ya estaba a punto de sucumbir por completo al sueño, cuando la voz de Sasori le llamó, despejándolo por completo:

-Deidara, levanta.

-¿Qué pasa?-preguntó el aludido, algo molesto.

-Tenemos compañía.

-¿Qué?

El rubio se puso en pie de un salto, siendo, de pronto, plenamente consciente de la presencia a su alrededor. Giró la cabeza, intentando vislumbrar algo en la oscuridad y, tras unos segundos, lo logró: unas figuras vestidas en negro, portando unas máscaras del mismo color que ocultaban sus rostros al completo y unas largas y amenazantes katanas se acercaban a ellos lentamente. Deidara se puso en guardia, llevando su mano disimuladamente a su estuche de arcilla, a la vez que Sasori tensaba la cola de Hiruko, preparándose para el ataque.

-Más te vale-comenzó el marionetista-que te queden fuerzas suficientes para luchar… O huir.

Deidara iba a replicar, pero en ese momento, una potente luz – seguramente, invocada por algún tipo de técnica – le cegó e hizo que tuviera que llevarse una mano a los ojos para protegerse.

-Si la descripción es correcta, es él, sin duda alguna.-oyó a alguien decir.

-Bien. Objetivo localizado. Hemos encontrado a Deidara. Procederemos a su captura. Podéis acabar con el otro.

#

-Infórmame.-le pidió Madara a Pein, estando ambos sentados en sendos sillones de piedra uno frente a otro. Se habían reunido allí, después de que Pein le hiciera saber que tenía algo importante que decirle respecto al País de la Tierra y los ataques terroristas.

-El país está en una auténtica crisis. Los atentados se han multiplicado repentinamente-explicó el supuesto líder-. La Villa Oculta no da abasto para cubrir todos los puntos bajo amenaza terrorista. Las bajas han sido muy numerosas tanto entre ninjas como civiles. El Señor Feudal se ha visto obligado a contratar a la División Especial de ANBU de la Arena.

Madara se acomodó en su asiento, apoyando uno de sus codos sobre el reposabrazos y llevándose la mano a los labios en actitud reflexiva. Su ceño se frunció levemente.

-¿La División Especial? Los conozco. Están tan mal vistos como la división Raíz de Konoha, pero aún no han sido prohibidos debido a su efectividad. También se les llama la División Negra, por el color que usan. Sin embargo, hay algo que no me acaba de encajar. Hace apenas un mes que fui al País de la Tierra y vi a los terroristas con mis propios ojos. No eran más que una pandilla de patanes medianamente organizados que habrían resultado capturados de no haber sido por Deidara. Ellos no podrían poner a todo el país en jaque.

Pein le devolvió una inexpresiva mirada.

-Ése es el problema. Son incapaces de llevar a cabo una operación de semejante magnitud; no obstante, han sido los primeros capturados e interrogados por la División Especial. Con toda probabilidad, no les han dicho nada acerca de la nueva organización terrorista. Sin embargo…

-Deidara.-concluyó el Uchiha, sin tener la necesidad de que el otro acabara.

Pein asintió.

-Podemos dar como seguro de que ahora mismo la División Especial dispone de toda la información existente acerca de Deidara. No es algo de lo que tuviésemos que preocuparnos en exceso, si no fuera porque Deidara está ahora mismo en su área de influencia. Deben de estar controlando los caminos de acceso al País de la Tierra y al País del Viento desde el País de la Hierba y el del Río. Hay muchas posibilidades de que den con él.

Madara entrecerró los ojos. Lo último que había dicho Pein era cierto: era muy probable que aquellas fueran justamente las zonas vigiladas por los ANBU. Al fin y al cabo, eran los lugares ideales para que un terrorista pudiera ocultarse: discretos y apartados, pero cerca de los grandes países, donde tendrían acceso a información y a munición de forma más segura, debido al gran tamaño y población de los mismos. Además, debido a la situación en el País de la Tierra; actualmente, el mejor sitio era junto al País del Viento.

Justamente, donde Deidara se encontraba.

Tampoco habría supuesto un gran problema si la División Negra de la Arena no hubiera entrado en juego: no cualquier grupo de ninjas tienen recursos suficientes como para mantener varias zonas de esa extensión bajo vigilancia. Sin embargo, eso no era un impedimento para aquellos ANBU, quienes, por otro lado, también pedían una suma de dinero considerable por sus servicios, lo cual le llevaba de vuelta a la urgencia que el País de la Tierra parecía mostrar por librarse del terrorismo.

Allí había algo más oculto. Algo había sucedido desde su pequeña visita a aquel lugar que había provocado un cambio radical en el modus operandi de los terroristas.

Alzó la vista hacia Pein cuando éste volvió a hablar:

-En ese caso, ¿deberíamos ir en busca de Deidara?

-No. Dejemos que el pequeño artista se haga cargo de eso. Además, ya está Sasori con él. No tardarán en volver.

-¿Entonces…?

Madara dibujó una sonrisa.

-Llama a Itachi.

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-Tsk, y pensar que han reconocido al mocoso y no a mí.-se quejó Sasori, desde la parte posterior del pájaro de arcilla que Deidara había creado para alejarse del punto donde habían transcurrido la batalla.

El rubio, delante de él, giró la cabeza para dirigirle una mirada divertida.

-Los grandes artistas siempre son más famosos, danna.

Sasori chasqueó la lengua de nuevo, pero no dijo nada más, considerando que el estado de Deidara hacía innecesario cualquier castigo por su parte: a diferencia de él, el joven había resultado herido, siendo lo más grave un profundo corte en la clavícula izquierda. La sangre empapaba su capa y, aunque Deidara estaba intentando contener la hemorragia con la otra mano, ambos sabían que, de seguir así, el rubio no tardaría en desmayarse por la pérdida de sangre.

En otras condiciones, Sasori se habría encargado de coser la herida, pero lo mejor ahora era huir lo más rápido posible, antes de los ANBU recibieran refuerzos y la situación empeorara aún más. Ya que no estaban demasiado lejos de la guarida de Akatsuki, volar hasta allí primero era lo mejor que podían hacer, y ya se encargarían de Deidara cuando llegaran.

Aún le sorprendía que el joven tuviera a la División Negra detrás de él. Sasori, habiéndose criado en la Arena, los conocía muy bien. Eran ninjas sometidos a un riguroso entrenamiento desde su nacimiento, enseñados a matar y torturar. Recordaba que, en la Villa, cuando él era pequeño, se oían rumores de que, a veces, para seleccionar a los más fuertes, se organizaban combates a muerte entre ellos.

Lo cierto es que debía admitir que Deidara lo había hecho muy bien. Pocos chicos de su edad mostraban esa destreza y determinación y lograban hacer frente a semejantes rivales, sin resultar heridos de gravedad o muertos. Suponía que por eso era parte de Akatsuki. Sin embargo, seguía sin poder explicarse el buen humor del rubio. Teniendo en cuanta que llevaba unas treinta horas sin dormir, caminando sin apenas descanso, la absoluta lucidez que mostraba resultaba casi extraordinaria.

No obstante, Sasori creía intuir los motivos ocultos tras esa extrema satisfacción, y sus sospechas no tardaron en ser confirmadas por las palabras de Deidara:

-No han sido rivales dignos de mi arte. Aunque debo decir que eran duros. Apuesto a que a Itachi no le habría resultado tan fácil esta vez, hmm.

Sasori omitió hacer cualquier comentario y se centró en vigilar su posición, echando un vistazo cada poco tiempo a Deidara, para comprobar que el rubio aguantaría lo suficiente como para llegar hasta la cueva.

#

El pájaro de arcilla aterrizó de forma brusca en el suelo de piedra del refugio de Akatsuki, después de un precipitado descenso marcado por una total falta de control. Deidara, sentado en el lomo del animal y apoyado contra su cuello, apenas pudo divisar a Sasori saltando para bajar de allí, mientras él, simplemente, se dejaba caer de lado.

Cuando sus pies tocaron tierra firme, se tambaleó violentamente y perdió el equilibrio, haciendo grandes esfuerzos por mantenerse consciente. Sin embargo, el impacto contra el suelo nunca llegó, ya que unos brazos se encargaron de sujetarle antes de que lo hiciera. Deidara no necesitó enfocar su cara para reconocer a quién pertenecían. Ya se había aprendido de memoria su aroma y tacto.

-Itachi-oyó la voz de Sasori, a lo lejos-, ¿estabas esperándonos?

-Así es-confirmó el aludido, en su frío tono que Deidara también tenía completamente memorizado-. El líder me hizo saber que llegaríais en breve y que, seguramente, necesitaríais asistencia. Yo me haré cargo de sus heridas, Sasori-san.

El rubio intentó zafarse y decirle que se metiera en sus propios asuntos, pero lo único que logró fue caer contra el pecho del moreno, quien le rodeó con un brazo, mientras pasaba el otro por debajo de sus rodillas, y le alzó del suelo, para trasportarle a algún lugar donde poder curarle.

Deidara no habría sabido decir en qué momento se desmayó, ni cuánto tiempo permaneció inconsciente. Sólo supo, al despertar en su cama, que su ropa ensangrentada había sido retirada; sus heridas, desinfectadas, y el corte de su clavícula, suturado y vendado.

Estúpido Itachi.

El joven abrió los ojos y giró su cabeza, intentando localizar al Uchiha. No le supuso ningún problema distinguir su silueta, unos metros frente a él, con la vista fijada en un libro, ayudándose únicamente de la iluminación que proporcionaba una sola vela, colocada en un aparador a su lado. Tras observarle unos segundos, Deidara pudo darse cuenta de que los ojos de Itachi estaban contraídos, como si le costara discernir las palabras.

-Si no ves bien, deberías encender más velas, ¿no crees? Menudo genio, hmm.

Itachi alzó la mirada y la posó sobre el recién despertado. El Sharingan relució levemente en la penumbra y Deidara sintió, de pronto, esa misma emoción que había experimentado cuando se había enfrentado a ellos, ese mismo vértigo que le invadía al ver sus propias explosiones… Al ver belleza.

Sin embargo, lo ignoró completamente y se incorporó, queriendo comprobar que todos sus miembros estaban en sus respectivos lugares. El movimiento hizo que una mueca de dolor asomara a su rostro y un leve quejido escapara de sus labios.

-Si te duele, deberías procurar no moverte, ¿no crees?-comentó Itachi, pasando suavemente una página del libro.

Deidara le dirigió una mirada asesina y se dejó caer sobre la mullida almohada. Estaba agotado, pero ansiaba una explicación acerca de aquellos tipos de negro que habían intentado capturarle. Miró a Itachi de reojo. Éste acababa de cerrar su libro y, en ese momento lo estaba depositando con cuidado sobre el aparador, a unos centímetros de la vela, que aún ardía tenuemente. Se puso en pie y se acercó al rubio con la misma calma, tras lo cual le observó durante unos instantes.

-La situación en tu país de origen ha empeorado debido al terrorismo y, con la intención de acabar con el mismo, han contratado a un escuadrón de ANBU de la Arena especializado en las misiones más complicadas-dijo-. Tus antiguos compañeros han sido apresados y torturados para extraerles información. Tú eres el siguiente en su lista.

-Genial, hmm.-comentó Deidara con sarcasmo.

-Por el momento, sería más seguro que te quedaras aquí. No obstante, debido a tu conocimiento acerca de la organización interna de los terroristas y su modo de trabajo, Madara-sensei ha decidido que es necesario que formes parte de la siguiente misión.

El rubio se retorció ligeramente sobre el colchón, buscando una posición más cómoda para su dolorido brazo. Tampoco es que le fuera necesario hacerlo, ya que, en general, su estado era bastante bueno, pero no quería darle a Itachi el placer de saber que estaba prestándole toda su atención y, por ello, todavía tardó unos segundos más en preguntar, con cierto desinterés:

-Bien. ¿Algo más? Hmm.

Sin embargo, Itachi no era alguien a quien fuera fácil de ignorar, debido a su capacidad de acabar con la paciencia y tranquilidad de Deidara con unas escasas palabras:

-Yo seré tu compañero.

El artista entrecerró los ojos y apretó los dientes. Aquello era lo único que le faltaba. Le miró con furia contenida.

-Y ahora supongo que debería agradecerte tanto el hecho de que me hayas curado como que me hayas avisado con antelación sobre las últimas decisiones de Madara-sensei, porque, por supuesto, lo habrás hecho por plena voluntad y consideración hacia mí, ¿no?

Itachi, quien ya había avanzado hacia la puerta y ahora sostenía el pomo en la mano, giró la cabeza para mirarle con frialdad por un momento.

-No. Madara-sensei me ordenó que te lo dijera.

Los puños del rubio se cerraron con fuerza, al tiempo que posaba su mirada en su propio regazo.

-¿Por qué?-preguntó con voz algo débil-¿Por qué siempre te comportas así? ¿Por qué…?-buscó las palabras adecuadas-¿Por qué aunque me miras, nunca me ves?

-Me basta con tener que oírte.

La exclamación de rabia de Deidara fue audible desde el pasillo cuando el Uchiha abrió la puerta para marcharse; y aún cuando hubo salido, cerrándola detrás de él, no tuvo ningún problema para oír el grito del rubio a través de la misma:

-¡Te odio!

Una suave risa maliciosa a pocos metros de él hizo que Itachi levantara la vista, sabiendo perfectamente a quién pertenecía: su maestro estaba en el centro del corredor, con sus brazos cruzados y un deje de sonrisa adornando sus labios.

-¿Ya has logrado provocarle?-quiso saber, sin ocultar del todo su diversión.

-Es demasiado irascible.-respondió el Uchiha menor, con total calma, comenzando a alejarse de allí. Madara se colocó a su altura.

-¿Estás insinuando que consideras poco acertada mi decisión de traerle, Itachi?

-Nunca dije nada así.

El otro volvió a sonreír.

-Es cierto. Y estoy seguro de que, en el fondo, tampoco lo opinas. Sé que te sientes identificado con él, Itachi. Su juventud, sus experiencias… Incluso su poder. Llama tu atención-hizo una pausa, como si aguardara alguna reacción por parte de Itachi que, tal y como esperaba, jamás llegó-. Nadie te exigió que te quedaras junto a él hasta que despertara.

-Consideré prudente mantener vigilancia sobre su evolución. No creo que esté en condiciones de partir, aún.

La expresión de Madara se volvió algo más seria ante el cambio de tema.

-Es necesario-dijo-. Vuestra misión es prioritaria. El cambio repentino en la actividad de los terroristas y sus consecuencias sobre la situación en el País de la Tierra son demasiado sospechosas. De seguir así, otros grandes Países podrían tomar ventaja e iniciar una invasión, lo que llevaría inevitablemente a una guerra.

La mención de la última palabra hizo que los ojos de Itachi se entrecerraran de una forma apenas visible. Aún así, el resto de su rostro permaneció completamente inmutable.

-Sé que,-prosiguió Madara-al igual que yo, crees que hay alguien organizando a los terroristas para debilitar al País de la Tierra y favorecer esa invasión. Alguien interesado en conseguir poder, aunque signifique muertes y desesperación. Necesito que investigues al respecto. Confío en que Deidara y tú podáis hacer un buen trabajo. Además de vuestros conocimientos y habilidades, ambos vivisteis la última gran guerra que tanto destrozo causó en vuestros países de origen. Sois los más indicados para esto.

Itachi ignoró por completo el nudo en su estómago provocado por un repentino estallido de imágenes acerca de cadáveres mutilados, sangre y llanto, y asintió levemente, preguntándose por un momento si Deidara también escondería esos recuerdos detrás de su explosivo arte.


Y, sí, me lo pasé en grande escribiendo a Itachi y Deidara juntos. No sé si acabé de quedar convencida con la conversación final entre Itachi y Madara.

Espero no haberme apresurado y que las cosas hayan quedado claras. Cualquier queja, duda o sugerencia será aceptada n.n