Ehhhh… ¿Qué puedo decir? Sé que me he retrasado MUCHO en la actualización y lo lamento. Este capítulo fue comenzado hace ya tiempo, y fue retomado y abandonado en diversas ocasiones. Ya mencioné otra vez que esto no suele ser bueno, porque las ideas y emociones cambian. De ahí que lo haya tenido que corregir al menos una treintena de veces, sin llegar a un resultado completamente satisfactorio (qué novedad ¬¬).
Por otro lado, reescribí (y ya van cinco) el esquema de toda la historia.
Sea como sea, estoy complacida de haber terminado este capítulo. Es algo más larguillo que los otros y contiene lemon MadaDei y un comienzo más claro de ItaDei. El género ha sido cambiado a Romance/Adventure por razones obvias. El rating será M ahora (quizá resulte más adecuado).
Muchas gracias a aquellos que lo habéis leído hasta ahora y, en especial, a aquellos que habéis dejado un review comentando y recordándome que tenía un fic a medio escribir XD
Gruñidos y suspiros se extendían a través del aire de la habitación de Deidara. Éste estaba recargado contra la pared, sobre el regazo de Madara, quien se encontraba arrodillado delante de él, aprisionándole contra la fría y dura superficie, mientras se introducía en él una y otra vez. Sudor caía por la frente de ambos, y sus rostros habían adquirido un leve tono rojizo, consecuencia del esfuerzo. Sus corazones latían rápidamente, intentando seguir el ritmo que sus cuerpos llevaban, y sus neuronas trabajaban incesantemente, para que los continuos y placenteros estímulos pudieran ser transportados y registrados.
Deidara se asió fuertemente al cuello del hombre con un brazo, clavando sus uñas involuntariamente en su espalda. Sus gemidos mezclaban el gozo y el dolor que la violenta invasión le estaba provocando. Además, su hombro herido sufría con cada uno de los movimientos proporcionados por las salvajes penetraciones.
-Debo… prepararme… o llegaré… tarde.-logró articular el rubio, jadeando sin control.
Era consciente de que, en breves, debería reunirse con su nuevo compañero de trabajo en la entrada de la cueva y que, con toda probabilidad, se demoraría. En realidad, había sabido que no iba a poder ser puntual desde el momento en el que había visto a Madara entrar en su habitación y éste le había dirigido una de aquellas miradas cargadas de malicia y lujuria. Deidara estaba seguro de que verle lleno de rasguños y llevando aquella venda que cubría su hombro izquierdo no había hecho más que aumentar las ansias del Uchiha.
Maldito sádico.
Pero, por supuesto, el rubio no había podido hacer nada por impedir lo que ya sabía inevitable y, de nuevo, se había rendido a él. No había vuelto a pensar en su misión hasta ese momento, en el que el recuerdo de la misma había destellado débilmente en su ofuscada mente. No obstante, una sola embestida de Madara directamente contra su próstata hizo que el pensamiento desapareciera de nuevo, enterrado bajo una oleada de sensaciones que le arrancó un sonoro gemido.
La sonrisa de Madara se volvió incluso escalofriante en ese momento e incrementó la velocidad de sus envites, sin volver a errar una sola vez a la hora de alcanzar aquel placentero punto dentro de él. Habiendo perdiendo la noción de todo, Deidara no pudo más que alzar la cabeza, con los ojos cerrados, mientras dejaba escapar un mar de sonidos inclasificables, que intentaban expresar lo que nada más podía y cuyo volumen subió hasta el punto de casi considerarlos gritos a medida que el final se aproximaba.
El Uchiha tomó sus labios con vehemencia para intentar acallarlo lo máximo posible –no es que le importara lo que el resto fuera a pensar si les escuchaban, pero habría odiado verse interrumpido en caso de que alguien entrara a comprobar lo que era– y dio las últimas estocadas que llevaron a ambos al orgasmo.
Deidara dejó caer el peso muerto de su cuerpo sobre la pared, respirando agitadamente, y mirando a Madara con los ojos apenas abiertos. Éste tenía las manos apoyadas a ambos lados de la cabeza del rubio, y parecía estar aguardando a recuperarse. Deidara sabía que, después de lo que lo hiciera, simplemente desaparecería. Dudaba incluso de que fuera a desearle suerte para la misión.
Sin embargo, esto no preocupaba en lo más mínimo al joven. Si bien era cierto que los dos encuentros que habían tenido no le habían resultado para nada desagradables, Deidara no esperaba ni quería que el otro le dedicara algún tipo de trato "cariñoso" –aquella palabra estaba tan extremadamente alejada del vocabulario que podría usarse para describir a Madara, que el simple hecho de relacionarla de algún modo con él provocaba la hilaridad del artista– como si entre ellos pudiera existir algún tipo de lazo sentimental. No lo había.
Deidara había llegado a preguntarse si el hombre no estaría haciendo también el papel de profesor con él de una forma bastante más inusitada que lo que hacía con Itachi, y estaba enseñándole algún tipo de lección con diferente utilidad a las proporcionadas en los entrenamientos shinobi. No obstante, el carácter caprichoso y cruel del Uchiha le hacía pensar que el único beneficio que él buscaba era el propio.
Una repentina sensación de frío sobre su piel anunció a Deidara que, tal y como había predicho, Madara se había ido sin añadir ninguna otra cosa. Sujetando su dolorido hombro, él también se puso en pie. Debía darse prisa.
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-¿Me quieres decir por qué demonios estás tan seguro de que tenemos que venir por aquí?-preguntó malhumorado Deidara, intentando abrirse paso entre la densa vegetación. Llevaba horas simplemente siguiendo a un silencioso Itachi y estaba más que harto. El moreno apenas le había dado los buenos días antes de empezar a caminar sin añadir más. Cuando el rubio, irritado, había preguntado sobre el rumbo, sólo había obtenido una seca respuesta de Itachi indicándole que se dirigían al límite entre el país de la Hierba y el del Fuego. Deidara había deducido que, en ese caso, tomarían una ruta que bordeaba el País de la Lluvia. Sin embargo, él quería que el otro le diera algún tipo de explicación, que le tratara como algo más que un fardo o un perro que sólo debe obedecer. Él era una persona… ¡Un artista! Y, en el caso particular en el que se encontraban, una fuente útil de información. Al fin y al cabo, era él quien había tenido contacto anterior con los terroristas y a por quien había ido la División Negra. Era quien mejor conocía el País de La Tierra, su Villa Oculta y todas sus circunstancias. Pero Itachi tampoco parecía apreciar este hecho.
-Oye, te estoy hablando, hmm.
El moreno se detuvo y se giró para mirarle, haciendo que Deidara sintiera la tentación de gritar "¡Aleluya!". Por supuesto, se contuvo, y devolvió la mirada, intentando que ésta fuera tan fría como la del otro, pero notando que chispas de furia se escapaban de ella.
-Sería conveniente que bajaras la voz si no quieres que nos descubran. Creo que eres consciente de lo peligroso que podría llegar a ser que dieran contigo.-recomendó el Uchiha, con tono monótono.
-Qué más daría, si tú eres capaz de vencer a todos ellos sin esfuerzo, ¿verdad? Hmm.-comentó Deidara, sarcasmo y rencor ocultos detrás de cada una de sus palabras.
Itachi ni se inmutó.
-Si así fuera, no estaríamos intentando tomar una ruta escondida para que nadie pueda localizarnos.
-Oh, perdóname por no poder adivinar lo que pasa por tu tan prodigiosa mente y no saber lo que estamos intentando hacer-exclamó Deidara, mostrando un falso arrepentimiento-. Lamento mucho haber hecho ruido, pero pensé que quizá, sumido en tus profundas reflexiones, no te habías dado cuenta de que llevo preguntándotelo desde que empezamos a caminar, imbécil.
-Insultándome no vas a lograr nada.-dijo el Uchiha con calma.
-Me sentiré más tranquilo, hmm.
Itachi inclinó la cabeza y dibujó una tan diminuta sonrisa que Deidara no pudo llegar a apreciarla a los escasos metros que les separaban. Tenía que admitir que el rubio, pese a no ajustarse de una manera demasiado estricta a la imagen de lo que había aprendido que debía ser un shinobi, no carecía de rapidez e ingenio. Era temerario y descarado, pero conocía sus propias limitaciones. Y, pese a que le detestaba, parecía dispuesto a cooperar con él.
No era simplemente un crío cegado por el ego y la ira.
-¿No te ha explicado nada Madara-sensei?-quiso saber.
La pregunta tomó por sorpresa a Deidara, quien no pudo evitar ruborizarse ligeramente y apartar la vista.
-No es que hayamos hablado mucho sobre ello… Hmm.
Itachi no quiso indagar más allá. No era como si no hubiera supuesto ya el tipo de acercamiento que su maestro había tenido hacia el rubio, pero los planes que Madara tuviera para con él no eran asunto suyo, aparte de lo que estuviera relacionado con los objetivos de la organización. Por lo tanto, lo mejor sería centrarse en eso último.
-El lugar al que nos dirigimos-comenzó-es un punto de reunión común entre contrabandistas y mafias. Tal vez hayas oído hablar alguna vez sobre él, ya que ha sido una preocupación para los gobiernos de los países circundantes, que, pese a tener pleno conocimiento de los negocios que se dan ahí, nunca han podido probar nada ni llegar a descubrir a alguien. Cada una de las operaciones para destapar el comercio ilegal de esa zona han sido un completo fracaso, incluso las llevadas a cabo por shinobi.
Deidara usó unos momentos para digerir la información, concentrándose en apartar sus pensamientos de Madara, para lo cual, sorprendentemente, tampoco necesitó hacer un esfuerzo excesivo.
-Ya veo. Así que crees que hay un alto mando de algún país cooperando con las mafias, ¿verdad? Hmm-sonrió-. Y nosotros somos los que vamos a destapar todo el asunto turbio. ¿Te ha entrado complejo de héroe o algo parecido?
-Sacaste una conclusión rápidamente.-dijo Itachi, inexpresivamente, volviendo a avanzar y obligando a Deidara a seguirle, molesto.
-No soy un estúpido, hmm.
-No creí que lo fueras.
El moreno escuchó una pequeña risa tras él y no pudo más que darse la vuelta para ver al artista dirigiéndole una mirada socarrona.
-Viniendo de ti, eso es un verdadero halago.-comentó.
Y si Itachi había cambiado ligeramente su opinión acerca de Deidara durante aquel rato, en ese momento volvió a verlo como el niño que sólo buscaba una felicitación.
-Tómatelo como quieras.-le respondió, siendo consciente de que, pese a todo, era él quien le había dado lo que deseaba.
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-De todos modos-comentó Deidara, sentado en el suelo, dejando caer su espalda sobre una enorme roca tras él que, además de descanso, también le proporcionaba una refrescante sombra-, no has llegado a decirme por qué te interesa tanto descubrir ahora a quien sea el corrupto que ayuda a los traficantes, hmm.
-Akatsuki no puede permitir que esa situación perdure.
Itachi también reposaba sentado, no muy lejos del otro joven. Después dos días, y debido a que se encontraban bastante cerca de su destino, el moreno había considerado adecuado realizar una parada, ya que a partir de ese momento empezaba la parte más difícil de la misión y era recomendable que ambos estuvieran lo más recuperados posible.
El último comentario pareció divertir a Deidara.
-Oh, vamos, ¿me estás contando que a una organización compuesta de criminales perseguidos la preocupa solucionar un asunto como ése? Suena irónico.
El Uchiha observó al otro durante unos segundos. Lo que había dicho no carecía de sentido. Aún así, a Itachi le resultaba poco común tener que estar respondiendo a tantas preguntas. Kisame solía ceñirse al trabajo, cuestionándose más bien pocas cosas, y aún menos si la misión le daba la oportunidad de desmembrar a alguien. No obstante, Deidara, pese a su impulsividad, no dejaba de ser extremadamente curioso, y no se iba a conformar con un simple 'porque es así'. Quizá el hecho de que él tampoco pudiera hacerlo –todas las experiencias que había vivido habían provenido de su necesidad de indagar más allá, sin confiar en los criterios y opiniones subjetivas del resto– era lo que les había llevado, en última instancia, a pertenecer a aquel selecto grupo y a estar compartiendo en ese momento.
Y quizá era eso lo que hacía que Itachi siguiese contestando, y hablando más de lo que recordaba haber hecho en bastante tiempo. O tal vez sólo fuera algo promovido por los beneficios que podría traer de cara a la comunicación y coordinación de un equipo, prácticamente fundamental para que una misión resultara exitosa.
-Las presentes actividades terroristas interfieren con Akatsuki y sus fines, los cuales están por encima de cualquier concepción del bien y el mal, de los territorios, las fronteras y las leyes-dijo monótonamente. Cuántas veces habría podido oír eso mismo saliendo de boca de Madara-. Por ese motivo, debemos ocuparnos de ello.
-Ah, es cierto-respondió Deidara con sorna-esos magníficos objetivos que desconozco, hmm-bufó-. Sea como sea, y en caso de llegar a encontrarlos, ¿qué vamos a hacer? ¿Acercarnos a ellos y pedirles amablemente que paren? ¿O es que tienes la intención de enfrentarte a todos ellos al mismo tiempo?-por un grandioso momento, el rubio imaginó la figura de Itachi desvaneciéndose en un torrente de explosiones, para darse cuenta al instante de que el pensamiento no era tan maravilloso si eran otros los que acababan con él. Resopló mentalmente y volvió su vista hacia el Uchiha, quien ya estaba empezando a ponerse en pie de nuevo, dando su pequeño descanso como finalizado. Éste le hizo un gesto, indicándole que era hora de seguir adelante.
-Serás tú quien se encargue de infiltrarse entre ellos, de manera que podamos obtener información y actuar en consecuencia.-apuntó con absoluta calma.
-¿Qué?
El artista parpadeó, completamente incrédulo. No es que no considerara que no pudiera hacerlo –de hecho, aún no había llegado ni a planteárselo siquiera: su mente aún estaba digiriendo que Itachi le creyera capaz–. Éste se volvió completamente hacia él.
-Es lo más conveniente, debido a tus anteriores experiencias. No obstante, si tienes alguna objeción…
Deidara no le dejó terminar la frase.
-No tengo ninguna, hmm.-aseguró, colocándose por delante de Itachi y andando con paso decidido. El moreno, por segunda vez aquel día, se permitió dibujar una pequeña sonrisa –pese a que ésta, a diferencia de la otra, contenía un leve matiz de autosuficiencia que, aunque poco frecuente en él, se había convertido en un verdadero distintivo de su familia–.
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-Itachi cree que Danzou está detrás de todo.-afirmó Madara, mirando a Pein desde las penumbras. El otro, por su parte, se encontraba sentado sobre la gran estatua que sobresalía de la pared de aquel edificio donde solía permanecer oculto, desde la que se dedicaba a observar la maltrecha Villa de la Lluvia. Cuando oyó la voz del Uchiha, giró un poco la cabeza, permitiéndole a éste divisar el contorno de su pálido rostro contra la claridad que la enorme luna ante ellos proporcionaba.
-¿Lo ha mencionado?
-No, pero sé que lo piensa.-Madara avanzó hasta que la tenue luz también lo iluminó a él.
-Entonces, probablemente sea así. Itachi no suele equivocarse.
El moreno sonrió. Lo que Pein acababa de decir era tan cierto que le había causado problemas incluso a él. Itachi siempre analizaba cada situación fríamente, teniendo en cuenta cada matiz, y era rara la ocasión en la que pudiera pasarse algo por alto o dejara que algún tipo de emoción interfiriera. Su eficacia llegaba a ser escalofriante. Y eso, a alguien como Madara, podía escocerle a veces.
Pero no importaba ahora.
-Sólo es cuestión de tiempo que lo confirme. No creo que tarde demasiado, teniendo la ayuda de Deidara.
Pein volvió a mirar al frente y habló con tono neutro:
-¿No crees estar demasiado seguro de que podrán trabajar juntos?-no era una pregunta real: ni siquiera él podía cuestionar las decisiones de Madara-De cualquier modo, ¿cuál será el siguiente paso después de descubrir quién está detrás de todo?
-Lo decidiremos en función de lo que descubran. Nuestra máxima prioridad es hacer todo lo posible por que los ataques terroristas cesen antes de que se origine una guerra.
El Rinnegan del otro hombre recorrió el irregular contorno de la aldea bajo ellos, la cual había sufrido tantos destrozos y penurias debido a las interminables batallas que se habían dado en ella, que ya resultaba irreconocible. El pensamiento de esto hizo que Pein entrecerrara levemente los ojos.
-Una guerra entre países tan importantes como la Tierra y cualquiera con poder suficiente para intentar invadirla interferiría con los planes de Akatsuki y la captura de los bijuus-dijo finalmente-. Incluso podría desencadenar un conflicto inmensamente mayor, que nos obligaría a permanecer inactivos. La guerra debe ser evitada a cualquier precio, si no deseamos pagar uno aún más alto.
El cabello de Madara ondeó ligeramente cuando éste se giró para comenzar a alejarse de allí.
-Nada de eso llegará a ocurrir si actuamos con efectividad. Volveré a verte tan pronto como tenga más información.
Pein oyó los pasos del Uchiha alejarse y cerró los ojos, aspirando el aire que le rodeaban, que le trajo olor a humo y cenizas y a aquellas cosas que, aunque no pudieran ser realmente captadas por el olfato, a él se le hacían completamente detectables: la muerte, el dolor, la destrucción. Todo lo que la guerra traía. Horror puro.
No podían dejar que nada retrasara sus planes.
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Deidara miró a la alta figura ante él, correspondiente al líder de los terroristas, sin poder evitar que una sensación de inseguridad y desconfianza le recorriera cuando sus ojos azules se posaron en los de él y observó una pequeña sonrisa formarse en su bronceado rostro.
-Así que tú eres Deidara.
-Sí.
-Al que la División Negra está buscando.
-Así es, hmm.
-Te imaginaba ciertamente diferente.-comentó el hombre, echándole un vistazo de arriba abajo.
-¡Sorpresa!-anunció el rubio con sarcasmo. Lo cierto es que no estaba de buen humor, debido a su intranquilidad.
Le asombraba lo fácil que le había resultado llegar hasta allí: Itachi y él no habían tenido ningún problema en dar con aquella supuesta zona secreta de contrabando, ni a aquellos que la ocupaban, los cuales, tal y como pudieron comprobar tras escuchar brevemente una de sus conversaciones, habían resultado ser exactamente los terroristas que ellos buscaban –los planes sobre cómo y cuándo iban a atacar la siguiente vez un importante objetivo dentro del País de la Tierra no había dejado lugar a dudas–. Deidara tampoco había encontrado dificultad alguna en entrar en su campamento y hablar con los primeros que con los que se había topado, quienes, tan pronto como le habían oído decir quién era, le habían llevado directamente ante su jefe. Y ahí estaba.
Demasiado fácil.
Maldición, ni siquiera le habían dado la oportunidad de hacerles una muestra de su arte… ¡La verdadera forma de probarles que era él!
Deidara miró de reojo el lugar donde sabía que estaba oculto Itachi, entre unos árboles cercanos. El moreno debía de estar atento a cada uno de los movimientos que ocurrían ahí. Casi hasta podía sentir su Sharingan clavado en su espalda, observando, vigilando.
Eso también le ponía nervioso.
El rubio contuvo un suspiro y volvió la vista hacia aquel hombre frente a él. Definitivamente, aquello no iba bien. Si algo había aprendido Deidara en todos aquellos años solo era a no fiarse de nada ni de nadie y a leer pequeñas expresiones en las personas que, tal vez, para el resto podían pasar desapercibidas. Eso siempre le había dado ventaja en sus combates, proporcionándole una cierta intuición para adivinar los próximos movimientos de su oponente y –lo que más disfrutaba– le brindaba la oportunidad de advertir el miedo de éstos cuando se enfrentaban a sus detonaciones, el cual se reflejaba por completo en sus ojos, ante la falta de tiempo para dibujar una expresión acorde en su rostro.
Aunque, por supuesto, Itachi era una excepción a esto.
Fuera como fuera, y, volviendo a la situación actual, tenía muy claro que el líder de los terroristas no tenía la más mínima intención de permitirle seguir con ellos, lo cual sólo concluía en una desagradable alternativa que Deidara ya había predicho desde el momento en el que había posado su vista en él. De hecho, tenía la impresión de que, si aquella conversación se había alargado únicamente era por retrasar un momento de dar una orden algo incómoda.
-Matadle, chicos.
Al fin y al cabo, incluso gente como ellos tenían un poco de ética: asesinar a lo que prácticamente podían considerar un niño era algo que a nadie le gustaba afrontar, tal y como demostró el hombre al darse la vuelta sin dirigirle otra mirada, alejándose y dejándoles el trabajo más sucio a aquellos que estaban por debajo de él, tan sólo deteniéndose una vez más para murmurar unas palabras, una patética excusa que limpiara su conciencia:
-Lo siento, Deidara. Es demasiado peligroso dejarte vivo y arriesgarnos a que la División Negra nos encuentre a todos. No deberías haber venido.
"No hace falta que lo jures" pensó Deidara al instante. No era que le importara en exceso que quisieran acabar con él: siendo la segunda vez que le ocurría en unos pocos días, no tenía ganas de alterarse por algo así. En ese momento, su mente estaba más centrada en lo que tendría que aguantar tras eso: seguramente, algún comentario por parte de Itachi sobre el fracaso en su infiltración.
Tampoco es que hubiera tenido muchas oportunidades de hacer que las cosas resultaran de otro modo. Por un momento, se preguntó si la intención de Itachi desde un principio no habría sido que fallara, para poder recordarle luego lo débil que era. Viniendo de él, no era tan poco probable que pudiera hacer de algo así una retorcida forma de divertirse.
De cualquier modo, eso era algo a lo que debería atender luego. Ahora mismo, más le valía concentrarse en los hombres que se encontraban a su alrededor, los cuales ya habían sacado sus armas, dispuestos a cumplir con lo que se les había mandado.
Deidara fue el primero en moverse, enterrando una de sus manos en su bolsa de arcilla, masticando un poco de ésta y cerrando su puño para empezar a moldear una gran cantidad de pequeñas bombas. Rápidamente, concentró chakra en sus pies, para dar un salto y realizar un giro. A continuación, arrojó sus creaciones, que saltaron sobre sus atacantes. Éstos resultaron bastante sorprendidos por la acción –¿Quién iba a esperar que las habilidades de Deidara procedieran de su propia anatomía?–, lo cual proporcionaba una cierta ventaja al rubio. No obstante, cuando se dispuso a hacer el sello para detonarlas, un fuerte dolor se extendió desde su hombro izquierdo hacia el resto del cuerpo, distrayéndolo lo suficiente como para darles tiempo a sus contrincantes a alejarse de las figuras antes de que, por fin, pudiera hacerlas estallar.
El rubio aterrizó a unos metros de ellos, automáticamente tocándose el hombro. Daba la impresión de que el corte había empezado a abrirse de nuevo. Apretó los dientes, frustrado y su molestia no hizo más que aumentar, cuando notó la presencia de Itachi junto a él. Debía de haberlo esperado: el Uchiha no confiaría en él más allá de lo estrictamente necesario. Sin embargo, la gota que colmó el vaso fueron sus palabras:
-Retírate. No puedes seguir luchando. Además, si usas explosivos, las detonaciones delatarán que te estás resistiendo y vendrán refuerzos.
Así de simple; ni un solo intento por disimular su absoluta falta de aprecio. Deidara entrecerró los ojos, comenzando a temblar de rabia. No pensaba obedecer a Itachi y quedarse atrás. No pensaba dejarle hacer todo a él, de modo que después alardeara de haber salvado la misión, y muchísimo menos por una ridícula herida.
Ya podrían arrancarle ambos brazos, que él no se detendría.
Con un brusco movimiento, Deidara se agachó e introdujo su mano derecha por debajo de la capa de Itachi, rápidamente localizando un estuche con kunais, y extrajo uno de ellos. A continuación, encaró a uno de los hombres que se habían lanzado hacia él, usando el arma para parar su espada. El fuerte impacto de ambos filos provocó que los dos tuvieran que retroceder.
El artista recobró el equilibrio y volvió a avanzar para retomar la ofensiva, preparándose para tener que esquivar, también, a otros tres hombres que se habían unido al anterior con intención de servirle de apoyo. Sin embargo, antes de que pudiera realizar un paso más, el Uchiha se colocó delante de él, apartándolo y realizando unos rápidos sellos.
-¡Katon: Gokakyuu no jutsu!
Una enorme bola de fuego se dirigió hacia los terroristas, los cuales apenas pudieron esquivarla para no resultar abrasados. Algunos de sus compañeros usaron ese momento para intentar herir a Itachi, sin saber quién era ni de dónde había salido, pero conscientes de que era una verdadera amenaza.
Deidara sentía su sangre hervir de puro odio contra el moreno. ¿Cómo se atrevía a menospreciarle de esa manera? Con ira ciega, se abalanzó sobre el grupo de terroristas que más alejados estaban del Uchiha, para que éste no pudiera interferir. Su cuerpo respondía solo, reaccionando sin que él se lo ordenara, únicamente guiado por la rabia. En su cabeza, el nombre del moreno se repetía una y otra vez, seguido de un sinfín de insultos.
Sólo necesitaba una oportunidad para probarle lo que valía. Sólo que dejara por una vez de tratarle como si no sirviera para nada y de pasearse por ahí como si su maldito Sharingan le hiciera mejor que el resto del mundo.
¡Sólo que por una vez le hiciera caso de verdad!
El rubio se giró hacia Itachi comprobando que el moreno había dejado fuera de combate a sus oponentes. Sus miradas se cruzaron y Deidara dibujó una sonrisa algo demente cuando, por primera vez notó una cierta alteración en él –sus ojos se habían abierto levemente, sus cejas se habían alzado, sus labios se habían separado–. Sabía perfectamente a qué se debía: él todavía no había derrotado a sus contrincantes y, aun así, estaba permitiéndose desviar su atención. Claro que era consciente de estaban a punto de atacarle; sin embargo, no fue hasta el último segundo, cuando el Uchiha ya había empezado a avanzar hacia él rápidamente, que se movió; sus acciones calculadas con precisión para parar un golpe dirigido contra su lado izquierdo una milésima antes de que Itachi pudiera hacerlo, sin importarle que el brazo que tuviera que usar fuera el dañado, e intentando disimular lo mejor posible la mueca que asomó a su rostro cuando el repentino aumento de dolor y una brusca sensación de desgarro, además de un inmediato tacto húmedo –su sangre– le hicieron partícipe de que su corte se había acabado de abrirse por completo.
No obstante, esto no le preocupó lo más mínimo, mientras levantaba la vista hacia Itachi, retándole con ella, sin apartarla de sus irises rojos que tan mal se lo habían hecho pasar en otras ocasiones. Éste le observó con frialdad y Deidara estaba a punto de decir algo hiriente cuando, de pronto, notó un brazo rodeándole y tirando bruscamente de él, tomándole tan por sorpresa que no pudo evitar que lo arrastraran.
Preguntándose qué había ocurrido, el rubio se giró para ver quién le había agarrado, descubriendo a un segundo Itachi.
-¿Kage bunshin?
Los terroristas también estaban algo confusos, sin saber bien cuál de los dos era el verdadero. En realidad, Deidara tampoco estaba muy seguro aunque sospechaba, por la firme sujeción que estaba manteniendo sobre él pese a sus intentos de liberarse, que el que le aferraba era el real.
-¿Qué se supone que estás haciendo? Hmm.
Itachi no respondió y, en su lugar, le soltó repentinamente, haciendo que el artista cayera al suelo, realizando seguidamente un sello que a Deidara le resultó demasiado conocido.
No podía ser que…
Sin embargo, la explosión que resonó a continuación, cuando el clon de Itachi estalló violentamente, derribando a los pocos que aún quedaban en pie no dejaba lugar a ninguna duda: aquella era su técnica.
Deidara ni siquiera pudo reaccionar cuando el moreno volvió a tirar de él, obligándole a caminar para escabullirse de nuevo entre los árboles y alejarse de allí, ni siquiera fue capaz de echarle en cara que esta vez había sido él el ruidoso. No fue hasta que se detuvieron en algún punto del denso bosque –donde Itachi consideró conveniente– y el rubio apoyó su espalda en el grueso tronco de un árbol, dejándose lentamente deslizar hasta el suelo, que su cerebro se puso en marcha nuevamente. Primero fue consciente de su propia respiración, agitada después de la lucha; luego, del persistente dolor de su hombro, cada vez más intenso a medida que sus músculos se iban enfriando.
No obstante, lo que se hizo dueño de su mente en aquel momento no fue la lucha, ni su herida, sino Itachi. Éste se encontraba agachado delante de él, hábilmente abriendo su capa para observar su hombro. La camiseta había sido manchada de sangre, la cual también caía por su brazo.
-Debo curarte.
Deidara pareció no escucharle.
-El clon… ¿Cómo lo hiciste?
El Uchiha se detuvo para mirarle. El único ojo visible del rubio le observaba atentamente. Ya no había un atisbo de enfado o molestia en él. Sólo se reflejaba sorpresa y confusión.
-¿Tan importante es?-preguntó fríamente.
No entendía muy bien por qué era aquello por lo que el rubio se preocupaba en primer lugar. Estaba herido, habían intentado acabar con él y, al final, los que habían acabado matando eran ellos. En su opinión, había mucho sobre lo que reflexionar en sus acciones, y en la propia vida de un shinobi. Pero todo el mundo de Deidara parecía girar en torno a una única cosa, y la expresión en su cara –tan parecida a la que había visto después de derrotarle– le indicaba que había tocado un punto sensible en su interior por segunda vez.
Itachi tomó aire:
-El Sharingan permite analizar y copiar técnicas. Observé el funcionamiento de la tuya y lo apliqué al Kage Bunshin.-explicó, preparándose para una reacción agresiva por parte del otro. Sin embargo, nada de eso ocurrió. El artista simplemente abrió la boca, como si se dispusiera a preguntar algo más, pero ningún sonido salió de ella.
Deidara no sabía lo que pensar. Una parte de él quería que se sintiera molesto por haber vuelto a estar bajo el dominio del Sharingan del Uchiha, quien le había usado para completar una técnica sin poder entender realmente lo que estaba haciendo –arte–. Otra parte le decía que aquella era la prueba de que él, en realidad, reconocía sus habilidades.
De cualquier modo, la voz que más alto resonaba en su cabeza, tapando las otras dos era la que le gritaba que lo que acababa de ver era belleza en estado puro.
Sus pensamientos acerca de Itachi, su insensibilidad y su misterio, volvieron a mezclarse con los referentes al arte y la hermosura, de una forma mucho más confusa y entrelazada que otras veces. La cercanía de sus cuerpos y la virtual lejanía de sus mentes no hacían más que complicar las cosas. De seguir así, se volvería loco. Su instinto le pedía algo a lo que, por orgullo o vergüenza no quería hacer caso. No obstante, tenía que hacerlo.
El rubio agarró la capa del otro y lo atrajo hacia él, cediendo a ese impulso que había permanecido latente hasta entonces, cuando había sido arrastrado del fondo de sus entrañas con la marea de sus emociones, e hizo que sus labios se unieran por un breve momento. Una corriente eléctrica recorrió el cuerpo de Deidara en un instante, tan extremadamente intenso que, cuando se apagó, se llevó todo el resto con él, devolviendo su estado a la completa normalidad.
Fue todo lo que necesitaba.
-Eres odioso, hmm.-murmuró antes de soltarle, como si quisiera demostrarle –o demostrarse– que aquello no había sido nada sobre lo que tuvieran que volver a meditar.
Tampoco es que eso último hubiera resultado necesario para Itachi. Aunque la acción de Deidara lo había desconcertado levemente, sabía perfectamente que no tenía que buscar nada profundo en ello. El artista estaba cansado y algo confuso. Aunque no lo pareciera, la adrenalina liberada durante el combate aún tenía que permanecer en su cuerpo, haciendo sus últimos efectos, junto a un pequeño resto de la pasión de la ira que le había guiado durante el mismo. Quizá también se había visto influenciado por unas hormonas que no respetaban momento ni lugar y echaban en falta aquello que Madara le proporcionaba: placer puramente carnal. A fin de cuentas, una consecuencia lógica y directa del cúmulo de las presentes condiciones, en las que tenían especial importancia la edad y el actual estado emocional. Un simple arrebato adolescente.
Y tan centrado estaba Itachi en lo que había significado aquello para Deidara, que ni siquiera se paró a pensar en si aquel gesto –llamarlo beso habría sido demasiado– no habría supuesto algo diferente para sí mismo.
…
No me digáis que el clon explosivo de Itachi no es ligeramente sospechoso… XD
Lo cierto es que han quedado algunas cosas en el aire. Las respuestas (algunas) en el próximo capítulo, que quién sabe cuándo podré tener listo (probablemente, y debido a mis compromisos con la vida universitaria, que ahora mismo estoy desatendiendo, no sea hasta julio .).
Se agradecen comentarios, críticas y amenazas de muerte. También bombones *-*
