Título: Condecoración.
Tabla: Guerra.
Advertencias: Spoilers.
Notas: Kikyo fue tan reconocida que ni después de su muerte quedó en el olvido.
No puedo creer que me condecoren. Yo creía que era necesario conducir tanques y ganar guerras.
La presencia de la sacerdotisa podía sentirse, en cada planta, en cada brisa, en todo lugar. Aún cuando ella no estaba o desaparecía por lapsos de tiempo indefinidos, en cada batalla que entablaban con Naraku, Kikyo estaba allí. Su fuerza espiritual era tan grande que no necesitaba estar presente para que fuera de gran ayuda. O para que Kagome se sintiera celosa de ella.
Kikyo estaba allí, incluso en algunas aldeas que visitaban para descansar u obtener información. Los aldeanos les contaban de su valiosa ayuda, de su porte especial, de su mirada espectral, amable pero muerta. Inuyasha algunas veces pretendía no conocer a aquella mujer; ante la mirada interrogante de Sango y Miroku y la expectante de Kagome. Ella sonreía, y les decía que la conocían. Así, cuando se marchaban, se llevaban una vez más algún recuerdo nuevo de Kikyo.
La sacerdotisa, escondida entre montes y caminos desdibujados en el césped, suspiraba y se preguntaba porqué. En aquél mundo, los héroes se daba a conocer ganando batallas y conduciendo un enorme ejército dispuesto a matar. Ella sólo buscaba a un demonio. Ella sólo era un cuerpo movilizado por las almas de las personas que alguna vez había ayudado. No se merecía tales halagos, que llegaban a ella mediante la risa socarrona de Naraku y los ojos inexplicables de su reencarnación.
En el fondo, todos sabían que entablaban una guerra mucho peor que las humanas. Pero entre ese silencio mortal, Kikyo fue inmortalizada hasta por el principal enemigo.
Muchas gracias por leer.
