Título: Diferencias.
Tabla: Guerra.
Advertencias: Ninguna, más que un ligero tinte de Kikyo/Kagome (?).
Notas: La frase fue un poco difícil de adaptar al fandom. Entonces vino a mi mente Kagome :)


Las guerras seguirán mientras el color de la piel siga siendo más importante que el de los ojos.

Sin vida, ni una pizca de luz y tristes. Así eran los ojos de la gran sacerdotisa Kikyo. Aún Inuyasha se lo decía a medias, siendo amable de no compararlos con los brillantes de Kagome. Pero ella no podía hacer nada; pues de hecho estaba ya muerta, el rencor no le dejaba irradiar luz y no estaba nada contenta por dentro. ¿Cómo estarlo, si sentía que se podría cada vez que miraba a Inuyasha tan feliz al lado de sus compañeros?

Kikyo ya no podía sonreír desde el alma. La masacre era culpa suya. Su amor había sido truncado por un odio del cual no se podía salir, su alma confundida rondaba por un mundo que ya no era el suyo. Y su reencarnación viajaba en la espalda de aquel que amaba. La ironía le parecía tan fatalista que no se molestaba en analizar la situación. Le declaró la guerra, intentó matarla; y después se fue. Él se quedó con la muchacha.

En los contados momentos en que Kikyo perdía la cordura, imaginaba lo horrible que su piel ficticia se vería junto a la suave y tostada de Kagome. Por ello, con todo y su dolor interno, la perseguía con su mirada fría y le recordaba que era su reencarnación, una reminiscencia de su persona. Pero Kikyo sabía que por dentro agradecía que su nuevo yo fuera lo que Inuyasha necesitaba para aliviar su corazón.

La pelea ficticia con su reencarnación era su telón para expirar pecados.


Muchas gracias por leer.