Disclaimer; ninguno de los personajes que aparecen en este FiC son míos, pertenecen todos a Stephanie Meyer.

:)

AVISO IMPORTANTE: la segunda parte de este FiC esta subido en el ranking! Si los demás se pueden calificar de K+ , éste estaría calificado como T o incluso M!

lo aviso por si hay alguien a quien no le apetece leer una historia de ese tipo o puede sentirse ofendida por su material sexual, mínimo, pero existente. =)

EnJoY iT!! xD

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Mr. nD Mss. I

Tocaban las cinco en el enorme reloj que colgaba de la pared.

Distraida, limpié con la mano un poco de polvo acumulado en el letrero que había encima de mi escritorio, el qual rezaba: "ISABELLA SWAN", en letras doradas. Demasiado lujoso... como exactamente todo lo referente al edificio donde me encontraba trabajando. Bueno, quizá era de esperar que la palabra "lujoso" acompañara a " mayor bufet de abogacía de Nueva York". Sí, quizá era lógico, aunque a mí seguía sin hacerme gracia la exageración que colgaba de cada uno de los pequeños adornos de la sala.

Jessica, mi compañera, se carcajeó grotescamente mientras cotorreaba por el teléfono de su escritorio con alguna amiga, explicándole noseque que iba ha hacer con "aquel chico del culito mono", esta noche... De verdad esa chica sabía como ser desagradable. La mayoría del trabajo que llegaba a nuestro departamento me lo acababa cargando yo, ya que ella prefería alimentar a las familias de los trabajadores de la línea telefónica y a la "Orbit", ya que se pasaba el día mascando esa marca de chicles, y no precisamente en silencio...

Volví a mirar el reloj algo desesperada, las horas pasaban demasiado rápido. Os preguntareis que tipo de persona cuerda quiere que las horas pasen lentas en su trabajo y vuelve cantando a casa si su jefe le pone trabajo extra, el qual los mantiene ocupados toda la noche. Pues esta claro; la que está loca y enfermizamente enamorada de la persona que le pone tanto trabajo. Sí, estaba desesperadamente enamorada de mi jefe. Se me salía el corazón por la boca cada vez que me llamaba a su despacho y mis manos luchaban por separarse de mi cuerpo y arrancarle el pelo a Jessica cada vez que esta le miraba el trasero o hablaba de él con algua de sus amigas.

Aunque, realmente, no le podía echar las culpas a Jessica. No conocía a ninguna chica que, la primera vez que se les presentó Edward Cullen (que así es como se llama mi jefe) delante, no se les abriera la boca de par en par, como mínimo.

Edward, era, en pocas palabras, un Dios. Ojos verdes de mirada felina, enmarcados en una perfecta faz en parte cubrida por un alborotado pelo cobrizo. Pálido, pero un pálido agradable. Su cuerpo era una combinación explosiva de horas de gimnasio, buenos genes y el toque de algun antepasado suyo griego. Pero lo que más me gustaba sin duda era su sonrisa, esa sonrisa auténtica era más efectiva que cinquenta puñetazos ¡Me dejaba K.O hasta en fotos! De verdad que no podía estar bien de la cabeza.

Quizá podríais suponer que solo me gustaba su físico... pero os equivocaríais. Edward era todo lo que una mujer podría desear para si. Tan solo hacía dos años que trabajaba con él pero lo conocía bien gracias a su sociabilidad... y a esas adoradas horas de trabajo extra que siempre acababa haciedo yo. Un día estuve a punto de quedarme ha fregar los platos de la cena de Fin de año para quedarme con él... Suerte que se retiró de los primeros.

- Ziiip - el manos libres de mi teléfono pegó un zumbido asustándome de sobremanera - ¿señorita Swan? - sonó la voz de Edward al otro lado de la línea. Desesperada y sonrojada me tiré a contestar.

- ¿S-sí, señor? - no tartamudees!!

- ¿Podría acercarse a mi despacho un segundo, porfavor? - podía adivinar su sonrisa a través del tono de su voz.

- Claro, enseguida. - se me disparó el pulso

Pasé casi temblando por delante de la cara de histeria de Jessica y me permití el lujo de saludarla, solo para fastidiar. Crucé el largo pasillo que había hasta su despacho y piqué a la puerta dos veces con los nudillos antes de entrar, como él tenía estipulado. Al abrir la puerta la visión de su cara a contraluz me mareó.

- ¿Me necesitaba señor? - tranquila...

- Sí, le necesito. - se quedó serio un momento y luego volvió a sonreir con ganas - Siéntese, porfavor. - me hizo un signo con la mano para que tomara asiento delante suyo.

Me quedé en silencio mientras me sentaba esperando que él se decidiera a hablar. Pero parecía estar pasándoselo muy bien...

- Debo disculparme de antemano, señorita Swan. Pero esta noche requiero de sus servicios - Vale, ¡ahora decidme que no habrías pensado mal en mi lugar! Y creo que él también lo hizo, por que se sonrojó adorablemente y se corrigió. - Unos asuntos de papeleo requieren de su experiencia y los necesito para mañana urgentemente. - se aclaró la garganta un tanto nervioso por su metedura de pata.

- Claro, señor - dije inmediatamente - Eso quiere decir... ¿horas extras? - pregunté con un brillo indisimulable en los ojos.

- Eso me temo - asintió con la cabeza y se revolvió el cabello con la mano.

- Esta bien, en cuanto acabe mis tareas diarias me pondré con lo urgente - quería gritar de alegría; ¡otra noche a solas con mi jefe! En realidad no significaba demasiado ya que el trabajo nos mantenía ocupados la mayor parte del tiempo pero, a ratos, hablábamos con mucha confianza y nos explicábamos tonterías. Era genial.

- Su turno acaba a las siete, si no me equivoco, ¿cierto? - dijo mirando su reloj

- Exacto - me levanté de la silla - a las siete vendré a su despacho, como siempre. - Sí, por que lo mejor era que siempre trabajábamos en su enorme despacho ya que el edificio de noche daba bastante miedo para solo dos personas.

- Porfavor. - volvió a sonreir - Muchas gracias... Bella - me sonrojé bestialmente por como sonaba mi diminutivo pronunciado por sus labios.

- No hay de que - casi corrí hasta la puerta - ¡Hasta luego! - abrí y cerré bruscamente para poder hiperventilar a gusto sin ser vista, fuera de su despacho. Dios! Este hombre iba ha acabar con mi salud, tanto mental como física...

Las horas me pasaron el triple de lentas y solo dejé de jugar con mi pelo cuando Jessica se levantó a las seis y media, se subió la falda, la qual yo habría catalogado por un cinturón,y se dirigió a mí.

- Hoy me voy un pelín antes, ¿oyes, Bella? - intentó ser agradable, intentó... - Me estan esperando y no quiero llegar tarde...

- Claro Jess, vete - sonreí e intenté parecer sincera

- Chaooo - se despidió con la mano durante un buen rato. Casi se me duerme la boca.

Ahora que Jessica se había ido ya no quedaba nadie en el edificio, o al menos en nuestra planta... Y si tenemos en cuenta que Edward era el jefe del cotarro, (por tanto sus ayudantes éramos los que trabajábamos hasta más tarde)... Sí... estábamos completamente solos. Un escalofrío recorrió mi columna.

A las siete y ocho minutos me dirigí hacia su despacho, no quería que creyera que estaba desesperada por estar a su lado, como enrealidad estaba... Traspasé el pasillo y llamé de nuevo para entrar cargada de papeles en blanco y subrayadores, lo justo y necesario gracias a los ordenadores. Al abrirla me lo encontré en medio del despacho dirigiéndose hacia la puerta y al verme se le quedó cara de susto.

- Ehmm... Como tardabas... - se aclaró la garganta - iba a comprovar que todo estuviera en orden... - ¿Tardar? Pero si precisamente... - Pasa porfavor, acomódate. - se giró sobre sus talones para volver a su sillón de cuero negro.

- Gracias - no entendía lo que le pasaba, pero era gracioso.

Como siempre, me explicó lo que debía hacer y yo escogí el ordenador que me iba mejor el qual, "casualmente", era el más alejado posible de los tres que habían en su gigantesco despacho. Enrealidad, siempre escogía ese porque así evitaba que, por qualquier cosa se me acelerara el pulso, y él lo oyera.

- Bella - siempre que estábamos a solas utilizaba mi diminutivo - ¿podrías hacerme la copia de seguridad de estos dos disquets de datos? - me alargó dos Cds y yo los cogí. Calculando mal, bajo el efecto de la presión mis dedos rozaron los suyos y casi salté del sillón por la increible sensación que me recorrió todo el cuerpo al sentir su piel. Mi pulso se aceleró y mis mejillas adoptaron ese tono rojizo tan habitual en su presencia - em.. uhmm... gracias... - me lo pareció, ¿o se puso nervioso?

- No hay de que... - susurré contra la ventana de mi ordenador. Si él supiera la de noches que me pasé con un helado entre las piernas mirando pelis romanticonas torturándome con la dura realidad de que él nunca podría enamorarse de mí...

Porque, ¿para qué engañarse? Que yo estuviera perdida por él me daba suficientes pistas de que él jamás podría ser mío. Ya se sabe; "siempre me voy a enamorar de quien mi no se enamora..." Además tenía mis motivos para sospechar de que él ya tenía a su persona especial. Cada dos viernes, más o menos, una chica muy alegre de pelo negro, corto y alborotado llegaba a la oficina y me hacía llamarlo. Alice, que así es como se llamaba la chica, pasaba horas enteras en su despacho y, en ocasiones, salían los dos a tomar alguna cosa al bar de abajo. ¿Debería caerme mal? Quizá sí. La qüestión es que la encontraba encantadora, siempre hablaba conmigo y hasta podría decir que nos acabaríamos haciendo amigas... ¿quien sabe? Lo único que tenía claro era que había algo especial entre ellos dos, seguro.

Pasaron tres horas sin que casi me diera cuenta y, por fin, acabé todo el trabajo que me había encomendado. Esperé pacientemente a que él acabara el suyo sin decir nada ya que; ni quería irme sola, ni quería estar lejos de él. Se veía muy concentrado.

- ¡Ya esta! - soltó al fin. Se estiró en su sillón y me sonrió de oreja a oreja - ¿ya has acabado, Bella?

- Sí - yo también sonreí complacida

- Genial - miró su reloj - ¡Dios! ¡Pero si son las diez! No me he dado cuenta... Lo siento.

- No importa - en absoluto

- ¿Vamos a casa? - se levantó de su silla y se puso la chaqueta antes de caminar hacia donde yo estaba y sujetarme mi abrigo para que me lo colocara. Pasé mis brazos disfrutando de su cercanía.

- Claro

Bajamos las escaleras hasta el siguiente piso ya que el ascensor no llegaba a la última planta, por qüestiones de construcción. En ella, llamamos al ascensor y bajamos hasta el sótano donde estaban nuestros coches. Durante la bajada (exactamente catorce pisos) pude notar como el ascensor se iba encogiendo y empezaba a hacer calor... De verdad, ese hombre iba ha acabar conmigo. Él estuvo todo el trayecto moviéndose inquieto.

Cuando se abrieron las puertas de mi salvación, quiero decir, del ascensor, busqué con la mirada mi coche. Un pequeño seat azul... que no veía en ningún sitio... El mundo se me cayó encima cuando recordé que, Jacob, mi mecánico, lo tenía retenido por problemas con el aceite y que esa misma mañana había llegado al trabajo en metro... ¿Cómo no me había acordado?

- ¿Bella? - Edward me miró con el ceño fruncido al ver mi cara de espanto - ¿Hay algun problema?

- Emh... - Sí, mi cabeza es el problema...! - No, no. Ningun problema... es que no recordaba que había llegado en metro por que no tengo el coche... - mis palabras se convirtieron en susurros a medida que salían de mi boca. Genial! Ahora me tocaría caminar hasta el metro a las tantas de la noche y encima me moría de hambre...

- Oh, creí que era algo grave - soltó con una risita - Espero que no te moleste la velocidad - pasó uno de sus brazos por mis hombros apretándome suavemente contra él - por que a mí me gusta bastante - ¡no entendía nada!

- ¿Cómo? No entiendo a que se refiere... - Su cercanía estaba consiguiendo que mis neuronas se reunieran en grupos para suicidarse colectivamente. Tanto placer no es soportable para una mente humana media.

- ¿Enserio crees que voy a dejar que vayas sola por la calle a estas horas? - me miró haciéndose el ofendido - ni a estas horas ni a ninguna - sonrió. Llegamos al lado de un gran Mercedes negro y allí se paró para rebuscar algo en sus bolsillos.

- Oh! - ya lo había pillado - No es necesario que me lleve a casa, yo...! - ¿cómo iba a soportar los veinte minutos de trayecto en un coche, cerrado y compacto, con él a oscuras? ¿CÓMO?

Él no dijo nada, se limitó a entrar al coche por el lado del conductor y ha abrirme la puerta por dentro. Decidme, ¿qué otra cosa podía hacer si no que entrar? Así lo hice, entré, me emborraché con su olor (mucho más pronunciado dentro del Mercedes) y me acomodé en el asiento.

- Ves diciéndome por donde debo tirar, Bella - dijo sonriendo con satisfacción.

Le dí diversas señas de como llegar hasta mi casa, y si venía un tramo difícil le indicaba con las manos. De verdad corría y de verdad daba miedo, pero no quise decir nada, qué menos ya que me llevaba a mi casa...

-Ahora gira a la derecha y ya casi... - me callé en seco cuando unas luces en la carretera iluminaron nuestros rostros. Edward fue frenando hasta acoplarse a la fila de coches que hacían cola tras esas lucecitas.

- Oh no... - parecía disgustado - un accidente de tráfico.- bajó su ventanilla y sacó un tanto la cabeza. - nos obligan a virar a la izquierda... Lo siento Bella, debemos dar más vuelta para llegar a tu casa - volvió a sonreirme.

- No importa, da lo mismo - ¿Cómo me iba a importar? Gracias Dios mío! Oh...! y lo siento por el accidentado...

Aparte de girar hacia la izquierda, depués nos dieron mil y una vueltas más. Al final acabamos en una carretera que yo no conocía para nada. Pensaba que tendría que coger un taxi si quería volver a casa y dejar de molestar a Edward. Me sabía mal que diera tantas vueltas por un descuido mío.

- Bella - llamó cuidadoso con su musical voz - ¿tienes hambre? - eh? ¿a qué venía eso?

- Un poco... - miré el reloj del salpicadero; 23:00h. -

- ¿Te apetece subir a mi casa y comer algo? - me quedé ahí, en shock, sin habla ni riego sanguíneo. ¿Me estaba invitando a su casa? ¿A cenar? ¿A su casa? - Bueno si te parece inapropiado no... Lo siento, yo... - su cara de pena me hizo reaccionar.

- NO NO! Solo... solo me he sorprendido - Levanté las manos para dar más énfasis. Los coches iban a confundirme con un semáforo en rojo a ese paso -yo no querría molestar...

Una sonrisa se extendió por el rostro de Edward, el qual resplandecía casi de forma divina bajo las farolas - Bella, tú no me molestarías ni que te lo propusieras... - susurró muy bajito. El mismo escalofrío que me había atacado horas antes, volvía para recorrer mi espalda una vez más. No hablamos de nuevo hasta que condujo por una calle en la que las farolas se veían antiguas, como del siglo pasado, y la calzada era de piedra. Los alrededores estaban adornados por árboles. Mi sangre se congeló en mis venas cuando contemplé un gigante blanco de cuatro pisos que se elevaba hacia el cielo, únicamente retenido por las enredaderas que lo cubrían de un oscuro verde. La gran mansión tenía muchas, muchas ventanas y una puerta principal de estilo rústico. Edward debió ver mi sorpresa por lo que añadió;

- Esta casa ha pertenecido a mi familia durante mucho tiempo - sonrió con orgullo - al principio no me gustaba pero te acabas acostumbrando - se desabrochó el cinturón de seguridad. Entonces me dí cuenta de que seguía con la boca abierta y la cerré de golpe. Edward luchó por no soltar una carcajada - ¿Vamos?

Salimos del auto y entramos en la casa. A pesar de ser antigua Edward la había modernizado e informatizado. Por dentro era tan grande como parecía y muy bien adornada diría yo. Tenía... como un toque femenino.

- ¿Qué te apetece? - preguntó desde la cocina - tengo algo de lo que comí ayer... si no te importa...

- Oh! No! Claro que no. - corrí hasta él para ayudarlo - Déjame ayudarte - le cogí el plato de las manos. - Encima de que me invitas no voy a permitir que cocines también. Sería demasiado para mi consciencia! - bromeé

- Esta bien. Esta bien - rió divertido- te observaré mientras cocinas - se sentó en la mesa y, efectivamente, me observó durante todo el proceso de calentar los alimentos.

Comimos en silencio, ya que los dos teníamos hambre y ese pollo con pasta estaba realmente delicioso. Al terminar, lo felicité y él se sonrojó un poco. Decidí labar los platos antes de volverme a poner roja. Él se quedó detrás mío, sentado en la mesa un buen rato.

- ¿Qué haces? - derepente su voz sonó muy cerca de mi oído

- Emh... frego los platos - no te giressss...! - me gusta limpiar lo que ensucio...

- No hace falta que te molestes tanto. La señora de la limpieza ya lo hará mañana - su aliento me rozó la nuca y podía sentir su calor en mi espalda. Perdí la cordura unos segundos, los justos para que el plato enjabonado resbalara de mis manos y se dispusiera a estrellarse contra el suelo. Bajé sobre mi misma para intentar cogerlo pero Edward hizo exactamente lo mismo, por lo que nuestros cuerpos chocaron y yo resbalé . Sus brazos rodearon mi cintura para evitar que cayera hacia delante. Sentí el suelo en mi trasero a la vez que oí como se rompía el plato.

Del impulso cerré los ojos. Podía sentir el agitado reboloteo del corazón de Edward (junto con el mío) pegado a mi espalda. Sus brazos estaban tensos alrededor de mi cintura y mis manos, mojadas, habían ido a enzarzarse entre sus dedos.

Su cálido aliento removía mi pelo y podía oír cada vez que abría la boca para recuperar el aire...

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XAN XAN!

xDD

Yo quiero un jefe así!! porfavor!!

ajaja xD

bueno, ¿y quien no? :)

ya sabeis, si os a gustado, un GO o un REWIEW y me hareis más que feliz; felizísima!! xD jajaj

agradecer a todos los que ya lo hayais hecho, de corazón! =D

x )

UN BESAZO!!

se os kiere!!!!

:))