Su sinceridad me pilló desprevenida. Me sonrió y comenzó a acercarse a su coche. Llegó a la puerta del acompañante y me la abrió. Entonces, me recuperé del shock que me habían provocado sus palabras y caminé hasta él. Susurré un leve gracias que, espero que escuchase y se fue al lado del conductor.
El camino también fue en silencio hasta que paramos en un edificio de dos plantas. Apagó el motor y entonces, se volteó hacia mí.
H: No sé como
preguntarte… -Cogió aire-. ¿Tienes maleta?
M: No. Cuando me
cogieron no me dejaron llevarme nada.
H: Entonces… tampoco
tienes ropa, claro. –Fue más una afirmación que una pregunta.
Negué con la cabeza-. Creo que… que tengo algo de mi ex novia en
mi apartamento. Si quieres ponértelo…
M: No te preocupes… es
eso o nada. –Le sonreí-.
H: Esta bien… ¿Vamos?
Asentí ligeramente y con una repentina alegría salí del coche. La verdad es que me daba igual de quien fuera la ropa. No me habría importado nada si tuviese que ponerme algo suyo… Me ruboricé solo al pensar en mí con su ropa interior puesta. Menos mal que él iba delante, si no, tendría que buscar una excusa, y buena.
Subimos por las escaleras hasta la segunda planta y pronto llegamos delante de la puerta de su apartamento. Abrió lentamente y me cedió el paso para que accediera yo primero.
Me quedé prendida de toda la sala. Era… increíble. Justo frente a la puerta, se encontraba la cocina, con una barra americana separando los electrodomésticos y el salón. No muy lejos, había una mesa de cristal negro, con cuatro sillas del mismo color. En el centro, estaba decorada con un jarrón y dos flores de plástico. Al lado de las ventanas, había colocados dos enormes sillones de cuero negro, con una mesa pequeña, también de cristal, entre ellos.
H: No tiene mucho
mobiliario, pero me gustó como quedo después de remodelarlo.
M:
¿Lo remodelaste tú? –Él asintió-. Guau…
H: ¿Te gusta?
M:
Si. Te ha quedado bastante bien.
Le sonreí y me dirigí hacia lo que creía que podía ser el dormitorio. Lo que más me llamó la atención fue que solo había una cama. Caminé hacia el lado izquierdo y encontré el servicio. Estaba compuesto por lo normal. Un plato para la ducha, el W.C., el lavabo y un pequeño armario. La verdad es que el espacio no daba para más.
Me iba a dar la vuelta para salir cuando Harm se acercó al hueco que hacía de puerta y se apoyó en la cristalera que separaba el cuarto de baño y la habitación. Me sonrió con esa sonrisa que me deslumbraba y señaló la ducha.
H: Puedes ducharte
mientras yo hago la cena. Las toallas están en el armario.
M:
Ok.
H: Te he dejado la ropa que encontré en la cama. Espero que
pueda servirte, al menos hasta comprar otra.
Me dejó sola y observé cómo iba a la cocina y empezaba a sacar cazuelas y varios alimentos de la nevera. Después, me desnudé rápidamente y en menos de veinte minutos me había duchado.
Salí a la habitación justo en el momento en el que Harm también entraba y se quedó parado mirándome. Sentí que la temperatura de mi cuerpo aumentaba en varios grados, al igual que la de la habitación, conforme él me recorría con la mirada.
Como si fuera un imán, caminó lentamente hacia mí y al llegar a donde yo estaba, me apretó a su cuerpo agarrándome por la cintura. Tragué saliva con dificultad y cada uno acercamos nuestro rostro hasta poder sentir cada uno el aliento del otro en los labios.
Sin pensarlo, acorté la distancia y le besé. Quería aumentar la intensidad del beso y por ello, pasé mis brazos alrededor de su cuello para atraerle más. Él me correspondió y me perdí totalmente en el beso.
