La necesidad de respirar me obligó a separarme mis labios de los suyos, pero aún me aferraba a su cuello. En compensación, Harm me acariciaba la espalda de arriba abajo mientras intentábamos relajar nuestras respiraciones.

Después, el timbre del horno sonó y con un leve gruñido me soltó para ir a por la cena. Me vestí con la ropa que me había dejado, después le seguí hasta la cocina y con la cabeza me indicó que me sentara en la mesa. A los dos minutos, él estaba frente a mi repartiendo un poco de lasaña en mi plato.

M: Gracias. –Le susurré. Probé un bocado y le miré, sonriendo-. ¡Está muy buena!
H: ¿Te gusta? –Me preguntó, asombrado-.
M: Si, pero… ¿Por qué te extraña?
H: Bueno… eres la primera mujer que me dice que mi lasaña vegetal está buena. –Me contentó, agachando la cabeza, supongo que un poco avergonzado-.
M: ¿Lasaña vegetal? ¿En serio? Guau… nunca pensé que algo que no estuviese hecho de carne podría estar tan bueno.
H: ¿No te va lo vegetariano?
M: No tenía dinero como para hacer buenas compras así que… solía comer pizzas y hamburguesas.
H: ¿Puedo… -se puso serio- … hacerte una pregunta?
M: Claro. Me vas a dejar vivir contigo, es razonable que quieras saber de mí.
H: ¿Cómo acabaste en el… allí?
M: Por culpa de mi novio, Chris. A él le gustaba jugar y apostar bastante. Cuando se le acabó el dinero, le pidió un préstamo a un amigo suyo, con la promesa de devolvérselo, pero lo perdió. –Suspiré-. Resultó que el tipo que le había dejado el dinero era un prestamista, y un día vino a cobrar su dinero, con los intereses. –Agaché la cabeza-.
H: ¿Qué pasó?
M: Como no podía recuperar el dinero, mató a Chris. Buscó por toda la caravana algo de valor y al no encontrarlo, me cogió a mí. –Le miré a los ojos, con toda la sinceridad de la que era capaz, y continué-. Si no llega a ser por ti, no se que me habría pasado.

Intenté con todas mis fuerzas no llorar pero fue inútil, las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos y bajaron lentamente por mis mejillas. Harm, al verlo, se levantó rápidamente y se arrodilló a mi lado, quedándose a mi altura. Sin decir nada, me tendió los brazos y me abrazé a él. Eso, en vez de consolarme, hizo que mi llanto aumentara y ya si que no podría pararlo.

Después de un rato, se separó de mí y acarició mis mejillas, secándome los surcos por los que habían caído mis lágrimas. Nuestras miradas se encontraron y la misma fuerza inexplicable que antes nos había atraído volvió a aparecer, haciendo el mismo efecto.

Me acerqué a él y antes de que pudiera reaccionar, fue Harm quien acortó toda la distancia y me besó. Esta vez fue mucho más intenso que el primero y no pude evitar lanzar un gemido cuando él me sujeto por la cintura.

Como si nos pudieramos leer el pensamiento, los dos nos levantamos al mismo tiempo y, sin dejar de besarnos, fuímos poco a poco hacia la habitación. Sonreí para mi misma con la forma en la que él me colocó en la cama. Ya habíamos perdido toda nuestra ropa y estábamos totalmente desnudos.

Horas más tarde…

La luz se colaba entre las rendijas de la persiana y eso fue suficiente para que despertara. Al principio no recordaba como había llegado hasta esa cama, pero cuando noté un cuerpo menearse levemente debajo del mío, lo comprendí todo.

Había pasado la noche con Harm. Sonreí. Fue una experiencia increíble. Si antes no quería irme de su lado, ahora estaba total y enteramente convencida de que mi sitio estaba a su lado. Él era todo lo que había soñado cuando era pequeña. Era cariñoso, atento,… Sabía en que momento ser dulce y en cuando ser salvaje. Definitivamente, era el amante perfecto.

Por eso, no comprendía como su ex novia podía haberle engañado con otro. Debía ser más tonta que una mosca sin cerebro. Aunque, realmente, me importaba un pimiento como fuera la mujer que le había sido infiel. Gracias a eso, ahora era yo la que estaba ahí con él.

H: Buenos días, Mac. –Me sonrió-. ¿Has dormido bien?
M: ¿Bromeas? –Le devolví la sonrisa-. Aunque he dormido poco, estoy bien. –Me acarició la espalda-.
H: Bueno… no te oí quejarte, pero estoy seguro de que te gustó.
M: ¡Que ego tienes! –Intenté mostrarme enfadada, pero no podía. Él, al verme enfuruñada como una niña pequeña, comenzó a reírse-. ¿Qué?
H: Nada… Me encanta ese gesto que pones cuando te enfadas. –Acarició suavemente mi mejilla con la yema de sus dedos-. Eres preciosa. –En contestación, yo me ruborizé-. ¿Sabes? Ahora si que no voy a dejar que te vayas.
M: ¿Quién ha dicho que quiera irme?
H: ¿De verdad quieres quedarte conmigo? –Me preguntó sorprendido, pero a la vez con una llama de esperanza en sus ojos-.