M: Si. –Le
contesté sincera-. Por primera vez en mi vida estoy a gusto con
alguien.
H: Me alegro.
M: Por cierto… -Le sonreí-. ¿Me
dejarías usar el teléfono?
H: Claro. –Me respondió
alegremente-. Mi casa es tú casa.
Los dos comenzamos a levantarnos y antes de que pudiera ir a ningún sitio, me vestí con la camisa que Harm llevaba antes de… bueno, de ir a la cama. Mientras el preparada el desayuno, yo me acerqué a la mesita que había al lado del sofá y descolgué el teléfono. Marqué el número que tantas veces había marcado anteriormente y a los dos tonos, una voz me respondió.
M: Hola, tío
Matt.
T: ¡Hola Mac! ¿Dónde estás? Llevo días intentando
buscarte en la caravana del sirvengüenza ese de Chris y no…
-Le interrumpí-.
M: Estoy en Washington.
T: ¿En DC? ¿Qué
hacéis allí? ¿Pasó algo? –Su tono de preocupación me hizo
sonreír-.
M: Es una larga historia… Verás, el motivo de la
llamada es si podrías… podrías prestarme un poco de dinero.
Necesito ropa urgentemente.
T: ¿Urgentemente? –Suspiró-.
Sarah Mackenzie, ya me estás contando ahora mismo, en resumen o
como quieras, lo que ha pasado exactamente para que estés en DC y
necesites dinero.
M: ¿O si no? –Le pinché-.
T: O si
no, te juro por todo el cuerpo de marines que te encontraré, estés
dónde estés, y te llevaré de la oreja a la oficina de
reclutamiento. ¿Comprendido?
M: ¡A sus órdenes, coronel!
-Oí su risa al otro lado del teléfono y comenzé con la
explicación-. Bueno, tu sabías que a Chris le encantaba gastar el
dinero que no tenía y…
T: ¿Y? No me digas que te vendió.
¿Es eso? ¡Será desgraciado! Cuando le coja verá como el cuerpo
de… -Le volví a interrumpir-.
M: No tío, no me vendió.
–Suspiré-. Un tipo que le dejó dinero fue a la caravana para
cobrarlo y al no poder pagarle… mató a Chris. Para saldar la
deuda, me cogió a mí.
T: Ese condenado al final tuvo su
merecido. –Se quedó en silencio y después, habló-. ¿Cómo
es que llamas? ¿No querrás el dinero para pagarle al tipo ese,
no?
M: No. Estuve casi una semana en una casa de… -No se me
ocurría una manera "fina" de decirlo- … señoritas de compañía
y cuando iba a estar con mi primer cliente, él me sacó de allí
comprándome.
T: ¿Y ahora?
M: Ahora estoy viviendo en
su apartamento. Nada más salir de allí me llevó a la comisaría
para denunciar a los tipos que me habían secuestrado. Necesito el
dinero para poder comprarme algo de ropa, ya que no me pude llevar
nada de la caravana.
T: Entiendo… Te daré mil dólares. Iré
al banco para ingresártelos en tu cuenta. ¿Crees que podrás
sacarlos?
M: Espero que sí. –Suspiré-. Gracias, tío
Matt.
T: De nada, Mac. Dale las gracias al hombre que te sacó
de allí. Espero que vengas pronto a visitarme, y él también.
M:
De acuerdo. Te quiero.
T: Yo también te quiero. Cuídate,
Sarah.
Cuando colgué, sentí los ojos de Harm posados en mí y me volví a él. Con la mano me señaló el desayuno que había preparado, el cual ya estaba puesto en la mesa donde habíamos cenado. Sin decir nada, los dos comimos y antes de que se levantara, le pregunté.
M: ¿Puedo
preguntarte algo?
H: Claro. Pregunta lo que sea.
M: ¿Por qué
cuando estuvimos en aquella habitación, tú no podías… no podías
acostarte conmigo? –Terminé susurrando y agachando la cabeza-.
