Me besó con suavidad y después de sujetarme por unos beves instantes, me soltó y caminó hacia la puerta. Yo aún seguía parada en medio del salón, intentando poner en orden los sentimientos que acababan de aflorar. Después, sonriendo, salí por la puerta y esperé a que él cerrase con llave.
El camino al centro comercial fue rápido y en silencio. Él no decía nada y yo tampoco sabía como romper el cómodo silencio que nos envolvía. Iba tan ensimismada que no me dí cuenta de que el coche se había parado hasta que Harm abrió su puerta y caminó por delante del corvette hasta mi lado.
H: Su destino, my
lady. –Bromeó-.
M: ¿No era yo la graciosa, Harm? –Cuando
cerró la puerta, me encerró entre ella y sus brazos, pegando su
cuerpo al mío-.
H: Bueno… creo que podemos ser payasos los dos,
¿no?
M: Claro, ¿por qué no? –Terminé con la distancia entre
nosotros y le besé-.
H: Cómo sigamos así, no creo que lleguemos
a comprar nada.
M: ¿En serio? –Le pinché. La idea de volvernos
al apartamento y empezar de otro modo el día no me desagradaba-.
H:
Ah… No. –Se apartó-. Ten por seguro que vas a comprar algo de
ropa, antes de volvernos.
Medio sonriendo, los dos avanzamos hasta la entrada del centro comercial, de la mano. Notaba la mirada de casi todas, por no decir todas, las mujeres que estaban a menos de cinco metros de nosotros. Todas se volvían a mirarnos y algunas maldecían la suerte que tenía al estar con él.
Por otro lado, también había algún hombre que se giraba a observarme a mí, y luego miraba de mala manera a Harm. Eso me hizo reírme. Él, sin comprender porqué "eso" me hacía gracia, se paró delante de un escaparate y se giró hacia mí.
H: No le veo la
gracia.
M: ¡Vamos, Harm! Tampoco es para tanto. –Sonreí-.
H:
¿Cómo que no? ¿No has visto como te miraban? -¿Estaba celoso, o
me lo parecía a mí?-.
M: También te miraban igual todas las
mujeres y yo no me he quejado.
H: Pero lo estás haciendo ahora.
–Suspiré-.
M: Mira, si te va a molestar venir de compras donde
hay más gente, lo puedo hacer yo sola.
H: ¿Bromeas? No voy a
dejar que… bueno… No quiero que te acosen, ya sabes… -De
repente, se sonrojó y el enfado pareció bajarle-. Me importas
mucho, Mac. No quiero que te pase nada.
M: Lo sé. Sé que te
preocupas por mí, pero no deberías. Podemos pasarnos aquí todo el
día, que al final solo volveré contigo, y estaré para ti, para
nadie más. –Le abracé. Ninguno de los hombres que había estado
conmigo se había comportado así cuando otros me miraban y,
francamente, ese comportamiento de propiedad me gustaba-. ¿Seguimos?
Asintió y continuamos nuestra caminata por los enormes pasillos de la gran superficie. De vez en cuando me paraba en algún otro escaparate y echaba un vistazo. Después de una hora andando, me llamó la atención una pequeña tienda de ropa interior. Miré a Harm y enseguida me entendió
H: Pasa, yo me quedo
aquí fuera, esperándote.
M: Gracias.
Después de exactamente veitne minutos, salí de la tienda con tres bolsas en la mano, las cuales me quitó Harm rápidamente para llevarlas él, junto a las otras.
M: Ya tengo todo. He
comprado la ropa, las colonias, maquillaje,…
H: Dirás que
prácticamente has comprado medio centro comercial. –Bromeó y por
ello, se llevó un golpe suave en el brazo-.
M: ¡Que exagerado
eres!
H: Entonces, podemos irnos, ¿no?
M: Por mí, si.
Caminamos buscando la salida cuando una tienda le llamó la atención a Harm. Se quedó bastante rato observando algo en el escaparate y después, se giró a mí y sonrió. Comenzó a andar otra vez hasta que le detuve.
M: Eh… Harm. Se me
ha olvidado una cosa. –Sonreí-. ¿Vas tu al coche mientras voy a
por ello?
H: Claro, no hay problema. ¿Podrás encontrar luego el
coche?
M: No soy tonta.
Le saqué la lengua y me giré, mirando de vez en cuando el camino que tomaba Harm. Cuando le vi salir al aparcamiento, me dí la vuelta y avanzé rápidamente hasta la tienda donde se había parado él.
Sin mucha dificultad encontré lo que le había llamado tanto la atención. Sin dudarlo, entré y observé todo el interior hasta que la voz del dependiente me sacó de mis pensamientos.
-: Buenos días.
¿Desea algo, señorita?
M: Hola. Si, verá… He visto algo que
me interesa bastante en el escaparate y... me gustaría saber el
precio. –Sonreí-.
-: Claro, acompáñeme y me lo señala.
–Fuímos al exterior de la tienda y le enseñé exactamente lo que
había atraído la atención de Harm-. Ah… bueno, la verdad es que
a la gente no suele fijarse en este tipo de objetos. –Me sonrió-.
Cuesta ciento cincuenta dólares.
M: Perfecto. –Busqué en mis
bolsillos y saqué la recién adquirida tarjeta de crédito-. ¡Me lo
llevo!
-: ¿Se lo envuelvo para regalo? –Me contentó, mientras
volvíamos dentro-.
M: Si no es molestia. –Le volví a
sonreir-.
-: Claro que no. Ahora mismo se lo traigo.
A los cinco minutos salía el dependiente, con la caja totalmente envuelta por un papel de regalo en tonos azules y una bolsa, de un color verde oscuro. Pagué el artículo y después salí a buscar la puerta que daba a la parte del aparcamiento donde Harm había dejado el coche.
Cuando salí, el debió verme porque arrancó el corvette y se acercó hasta la acera donde yo le estaba esperando. Abrí la puerta, me senté en el asiento del acompañante y dejé la caja con cuidado entre mis pies.
H: ¿Qué es eso?
M:
Nada… un regalo. –Sonreí-. Para ti.
H: ¿De verdad?
M: Si,
en compensación por haberme sacado de aquel lugar.
H: No tenía
porque hacerlo, no fue ningún problema.
M: Bueno, ya está
comrpado y no pienso devolverlo. –Sentencié-.
H: Y… ¿qué
es?
M: Ya lo verás luego.
Me dedicó una sonrisa, no muy convencido de tener que esperar hasta llegar al apartamento para poder abrir su regalo. Arrancó el motor y comenzó el viaje de vuelta a casa, otra vez en total silencio.
