El camino de vuelta al apartamento me pareció mucho más corto de lo que realmente parecía. Podían ser imaginaciones mías, pero llegué a creer que Harm iba más rápido que la primera vez que monté en el coche.
Cuando llegamos, volvió a hacer lo mismo. Sacó las llaves del contacto y después salió del coche y recorrió la poca distancia que había para llegar hasta el lado del acompañante. Me abrió la puerta con una sonrisa que me deslumbró y después, caminó hacia el maletero para coger las bolsas.
Fuimos despacio, uno al lado del otro, andando hasta el ascensor de su edificio y subimos. Las puertas se abrieron en la planta de su apartamento y ambos nos bajamos del elevador. En cuestión de dos minutos ya estábamos dentro de su casa y colgando los abrigos en el perchero.
Después, sin darle tiempo a coger su regalo, me lo llevé conmigo al sillón y lo puse detrás de mí, con cuidado para no aplastarle. Él, como me suponía, me siguió y al verme esconderlo, sonrió.
H: ¿No me lo vas a
dar? –Se acuclilló frente a mí-.
M: Mmm… -Hice que me lo
pensaba-. No sé… -Sonreí-.
H: Por favor… -Puso carita de
carnero degollado y suspiré-.
M: Está bien.
Saqué el paquete de detrás de mí y se lo entregué. En cuanto lo tuvo en las manos, se sentó mi lado en el sofá y comenzó a quitar el envoltorio. Se quedó muy sorprendido cuando vio el dibujo de la caja. Cuando se recuperó, me miró con una gran sonrisa en su cara y al verle tan emocionado, me sentí realmente bien.
H: ¡Gracias! –Me
besó-. ¡Dios mío, Mac! ¿Te has gastado ciento cincuenta dólares?
–Asentí-. Y… ¿Cómo sabías que yo…?
M: Bueno… te vi
mirándolo en el escaparate y pasé para hablar con el dependiente…
Te quedaste embobado mirándolo y no pude resistirme.
H: No tenías
porque hacerlo. –Me contentó, mirando la caja-.
M: Es mi forma
de agradecerte todo lo que estás haciendo por mí. Dudo que algún
otro hombre hubiese actuado igual que tú. Por cierto, -me miró- he
roto el ticket, así que no podrás devolverlo.
H: En serio, Mac.
Muchas gracias por comprármelo.
M: De nada. –Miré hacia la
ventana-. Aunque tendrás que esperar para poder usarlo, parece que
va a ver tormenta.
H: Si… Es el avión que pilotaba yo.
M:
¿Tomcats? –Le pregunté, asombrada-.
H: Si. ¿Entiendes de
aviones?
M: Y de todo lo relacionado con la vida militar. Mi padre
fue marine y mi tío aún lo es.
H: ¿Tazones? -Le di un golpe en
el brazo-. Auch…
M: Mi tío quería que yo entrase en el cuerpo,
pero no quería dejar a Chris y… bueno… no entré.
H: Me
alegro. –Le miré con mala cara y comenzó a explicarse-. Si
hubieras entrado en el cuerpo a lo mejor no te habría conocido, y
seguramente no podríamos… no podría haber nada entre nosotros.
–Sopesé su punto de vista y estuve de acuerdo. Sabía que las
normas no permitían las relaciones sentimentales entre
oficiales-.
M: Llevas razón. Creo que fue mejor que no me
alistara. –Sonreí-. Bueno… ¿Qué vas a hacer de comer?
H:
¡Oh, no! ¿No me digas que heredaste el apetito de los marines?
M:
Creo que sí.
H: Entonces, tendremos que hacer compra para
rellenar la nevera. No tengo muchos "animales muertos" en
ella.
M: ¿Eres vegetariano? –Me quedé sorprendida-.
H: No,
pero me cuidaba bastante. –Me devolvió la sonrisa-. Donde solía
comer bastante carne era en la casa de mi abuela.
M: Ah… Vale,
por hoy lo dejamos, pero mañana vamos a comprar.
Los dos nos levantamos y caminamos hacia la cocina. Tardamos bastante en preparar un par de ensaladas con pasta. El espacio era bastante pequeño y no podíamos evitar rozarnos. Yo contenía la respiración cada vez que se ponía a mi lado.
Cuando acabamos con la interminable tarea de hacer la comida, comenzamos con la de poner la mesa y llevar los dos platos allí. Comimos animadamente, contándonos anécdotas graciosas de nuestra infancia, aunque el que más contaba era él, ya que de cuando era pequeña tenía muy pocos recuerdos.
Con el café, llegó el turno de hablar de la familia. Él me había contado cosas sobre su abuela, que también se llamaba Sarah, de su madre y su padrastro, la desaparición en combate de su padre,… La verdad es que tampoco lo había pasado demasiado bien de pequeño.
H: Tu turno.
M:
Bueno… tampoco hay mucho que contar. Vivía feliz hasta que el día
que cumplí dieciséis años mi madre nos abandonó a mi padre y a mí
en Arizona. –Cogí aire-. Desde ese día, todo era un infierno. Él
comenzó a beber y la única vez en la que estaba a gusto era cuando
iba al bar. Dos años después, murió por una de sus borracheras y
yo me fui con mi tío.
H: Lo mío, al lado de lo tuyo, no es
nada. –Me dijo, serio-.
M: Depende. Siempre pensé que cada uno
sufre a su manera. De todas formas, el pasado es el pasado y es mejor
olvidar los momentos tristes. Tampoco estuve mucho tiempo con tío
Matt. El día que cumplí diecinueve, Chris me pidió marcharme con
él y acepté.
H: Has estado de un lado a otro. –Me sonrió-.
M:
Vivíamos en una caravana. –Le devolví la sonrisa-. Teníamos la
suerte de que nos podíamos llevar la casa a cuestas.
H: ¿Sabes?
–Me contestó, después de un rato de meditación-. Un día de
estos, debería presentarte a mi abuela. Seguro que os caeríais muy
bien.
M: Me parece buena idea. Y algún otro día, podríamos ir a
visitar a mi tío. Cuando le llamé me pidió que nos pasáramos por
allí, para conocerte y darte las gracias por salvarme.
H: De
acuerdo. –Estiró su mano hacia mí-. Es un trato.
M: Exacto.
–Estiré la mía y cerramos el trato-. Y ahora, ¿tienes algún
plan para esta tarde?
H: Podemos ir al videoclub para alquilar una
película. No hace tiempo como para salir de paseo.
M: Buena
idea. –Observé las tazas vacías y me levanté para recogerlas-.
Recojo esto y después colocaré la ropa. –Un poco avergonzada, le
susurré-. ¿Dónde puedo colocar mi… ya sabes, la ropa
interior?
H: Bueno… -Se acarició la nuca-. Te dejaré libre una
de las mesillas, para ti.
M: ¿Una entera?
H: Si. ¿Necesitas
más?
M: No… lo que pasa es que me ha sorprendido. Pensaba que
solo ibas a dejarme un cajón.
H: No me parece justo. –Se
levantó y me acercó a él, cogiéndome por la cintura-. Ahora este
es también tu apartamento. Quiero que estés a gusto y tengas
suficiente espacio para tus cosas. –Me sonrió-.
M: Vaya… No
sé qué decir.
H: Bueno… Un beso no estaría mal, por ejemplo.
–Y así lo hice. Acerqué mis labios a los suyos y le besé
apasionadamente-. Guau...
