M: Entonces…
-Dije, intentando controlar las ganas de continuar-. ¿Vamos al
videoclub?
H: Eh… Si, si, vamos. Tardaremos bastante en llegar.
Volvemos a coger los abrigos y salimos por la puerta, sonriendo. Casi sin darme cuenta, estábamos parados delante del coche. Abrí la puerta y me senté al lado del conductor.
Cuarenta minutos más tarde llegamos al videoclub. Harm aparcó el coche delante de la puerta y esta vez, no esperé a que el viniese a abrirme la puerta. Le esperé hasta que se colocó a mi lado y le di mi mano. Me miró un poco asombrado y le sonreí. Seguramente no se esperaba un gesto así por mi parte.
Estuvimos exactamente, una hora y cincuenta minutos eligiendo una película para alquilar. Él quería una de terror y yo, una de acción. Claro, su argumento era que "Spider-man" no podía competir contra "El Barco Fantasma". Cada uno habíamos visto la película del otro, y no nos poníamos de acuerdo. Al final, acabamos eligiendo "50 Primeras Citas". El resumen que venía por detrás parecía prometer pasar un buen rato.
Salimos de la tienda, un poco enfadados, al menos, por mi parte. Subí al coche sin decir nada y me pasé todo el camino mirando por la ventanilla. Ba tan sumergida en mis pensamientos que apenas me di cuenta de cuando Harm aparcó el coche frente a su edificio.
Sin tan siquiera mirarme, salió del coche y esperó a que yo hiciera lo mismo. Después, lo cerró con llave y caminó hasta el portal, detrás de mí. Nos montamos en el ascensor y continuamos en silencio. Cuando las puertas se abrieron, se bajó rápidamente y para cuando quise darme cuenta, ya había abierto la puerta y entrado en el apartamento.
Con un suspiro resignado, me bajé del ascensor y comencé a caminar hacia el interior. Cerré la puerta y antes de que pudiera reaccionar, Harm me atrapó entre la pared y él y me besó. Estuvimos besándonos hasta que la necesidad de respirar nos obligó a separarnos.
H: Lo siento.
M:
Yo también. –Le sonreí-. No sé porque fui tan cabezota.
H:
Ni yo. ¿Me perdonas?
M: ¿Me perdonarás tú a mí?
H: Claro.
–Me acarició la mejilla-.
M: Entonces yo también. –Le volví
a besar-. ¿Qué puedo hacer para que me perdones? –Sonreí
pícaramente-.
H: Podríamos dejar la película para luego… o
para mañana.
M: ¿Y? –Susurré-.
H: Podríamos discutir
como perdonarnos en el dormitorio, allí se nos da mejor la
comunicación.
M: Me parece bien.
Horas más tarde…
Al igual que ayer, me desperté con la misma sensación de plenitud. Sentía la respiración lenta de Harm y sonreí. Estaba en el mejor sitio del mundo. Intenté ver la expresión que tenía él mientras dormía, pero creo que debí moverme más de lo que pretendía, porque cuando llegué a su cara, tenía los ojos abiertos.
H: Buenos días. –Me
derretí con su sonrisa mañanera-.
M: Si, realmente son buenos
días.
H: Entonces, supongo que dormiste bien.
M: Supones bien.
¿Y tú?
H: También dormí bien. Además, creo que me hice
perdonar, ¿no?
M: Con "esto" te puedes hacer perdonar todo…
o casi todo.
H: ¿Casi todo? –Replicó, extrañado-.
M: Si.
Verás, si llegases tarde por cualquier cosa, o discutiéramos por
alguna cosa sin mucha importancia, con esto te perdonaría.
H:
Ajá. ¿Pero…?
M: Bueno… creo que respecto a ti, me estoy
volviendo demasiado posesiva, por lo que si estuvieras con otra
mujer… No creo que te pudiera perdonar.
H: Ah… Entonces, no
tendremos ningún problema. No me interesa estar con otra mujer que
no seas tú. –Se rió y después, me miró seriamente-. Pero, en mi
caso también me he vuelto muy posesivo. No podría perdonarte que
estuvieras con otro hombre.
M: Vale. –Le sonreí-. Tampoco es un
problema.
H: Bien.
M: Ok. Me voy a duchar. Quiero estrenar
algo de la ropa que compramos ayer. –Le besé-.
H: Yo voy a ir
haciendo el desayuno. ¿Cuándo termines me avisas?
M: Y si no he
terminado puedes venir, no me importaría compartir la ducha contigo.
