(2 Meses más tarde…)
Como de costumbre, me desperté poco a poco y noté que Harm se había ido ya al trabajo. Hacía un mes desde que le llamaron para indicarle que era transferido al cuerpo jurídico, y eso, en principio, pareció no disgustarle. Se enfadó un poco cuando yo, en tono burlón, le pregunté que para que quería la marina abogados. Y al final, usé el mismo método de siempre para hacerme perdonar.
Ahora, solo una cosa ocupada mi mente. Hoy era viernes y como todos los días entre semana, iba al cuartel de los JAG para ir a comer con él. Me había aprendido el recorrido de memoria y sabía cómo ir y volver sin perderme. Lo peor era hacer tiempo mientras esperaba para salir del apartamento en dirección a su trabajo.
Me levanté de la cama y sin mucho entusiasmo, me duché. Después, me enrollé la primera toalla que encontré y salí para encender la cafetera. Mientras esperaba, fui al armario y saqué la ropa que iba a ponerme para comer. Tardé bastante más de lo normal en decidirme, pero lo hice. Un pantalón vaquero azul y un jersey blanco de lana.
Estaba sentada desayunando cuando el timbre de la puerta sonó. Caminé despreocupada hacia allí y observé por la mirilla. Abrí la puerta para poder contemplar a la mujer que había llamado.
Tenía el pelo corto, y rubio, unos centímetros por debajo de las orejas. Se quedó realmente sorprendida cuando aparecí al otro lado de la puerta. La sonrisa que había visto por la mirilla aumentó y desde su posición, intentó buscar algo o a alguien. No debió encontrar nada, porque entonces me devolvió su atención y me estiró la mano.
T: Hola, soy Thris
Burnett… la madre de Harm.
M: Oh… Yo soy Sarah Mackenzie…
Mac. –La sonreí tímidamente-. Pase, por favor.
T: Gracias.
–Entró y se sentó en el sofá, después de dejar su abrigo
apoyado en una de las sillas-. ¿Está mi hijo por aquí?
M:
¿Harm? No, él está trabajando.
T: Vaya… Pensé que tenía el
día libre.
M: Bueno… le tuvo que cambiar la mañana a un
compañero. Solo estará libre por la tarde. –Me senté al lado
suyo-.
T: ¿Vives aquí, Mac? –Me sonrió-.
M: Si, desde
hace dos meses. –Miró desde el sillón toda la habitación y se
giró a mí-.
T: Está todo… muy limpio. Me sorprende verlo así,
sabiendo que vive una mujer aquí. ¿Eres la novia de mi hijo?
Me quedé helada al oír la pregunta. Técnicamente, si lo éramos, o al menos, así me sentía yo. Pero, por otro lado, no habíamos hablado de lo que éramos el uno para el otro. Mientras pensaba, me fijé en que Thris esperaba atentamente mi respuesta. Tragué saliva y aclaré mi garganta.
M: Más o menos.
–Observé su reacción y antes de que pensara mal, intenté
explicarme-. Verá… Aún no hemos hablado de eso. –Me
entristecí-.
T: Entiendo… pero, ¿tu como te sientes respecto
a él?
M: No la comprendo.
T: ¿Qué sientes hacia mi hijo?
M:
Yo… No lo sé. –La miré y sentí que podía confiar en ella. Sin
pensarlo demasiado, me abrí-. Creo que… que estoy enamorada de
él.
T: Es lo que pensaba. –Me volvió a sonreír-. Pero no se
lo has dicho, ¿verdad?
M: Tengo miedo a que Harm no… no sienta
lo mismo que yo.
T: ¿No te ha dicho nada? –Me preguntó
sorprendida-. ¿No te ha dado indicios de que pueda sentir lo
mismo?
M: Hay veces que creo que el también siente lo mismo,…
T:
¿Pero…?
M: Nunca habla de sus sentimientos y no sé cómo
hacerle hablar. Cada vez que le pregunto cambia de tema o
simplemente, hace como si no me escuchara. –Suspiré-. ¿Sabe Harm
que está aquí?
T: No, no lo sabe. –Me sonrió-. Me dijo que el
viernes iba a tener el día libre y pensé en venir a verle. ¿Podrías
llevarme a donde trabaja?
M: ¡Claro! Tengo que ir a buscarle para
comer juntos. Me encantaría que viniese, señora Burnett.
T: Está
bien, pero llámame Thris.
