La sonreí y nos encaminamos hacia la calle. Cuando salimos, Thris me siguió hasta el taxi que había llamado antes de que ella llamara. Todo el trayecto fue en silencio y solo hablamos cuando entramos en el patio del edificio.
T: Así que… aquí
es donde trabaja Harmon ahora.
M: Sí.
T: Me alegro
profundamente de que haya dejado de pilotar. La última vez que
estuvo en uno casi se muere.
M: No lo sabía. –"¿Sería eso
por lo que estaba de baja?", me pregunté-.
T: ¿Mi hijo no te
dijo nada? –Me preguntó, sorprendida-.
M: Bueno… tampoco le
pregunté porque cuando le conocí estaba de baja.
T: Te lo
contaría, pero creo que debería de hacerlo él. Solo dale tiempo,
desde la muerte de su padre siempre esconde sus sentimientos. Ojala
tú puedas cambiar eso. Y… ¿Quién sabe? A lo mejor un día de
estos me hacéis abuela.
Me sonrojé levemente. No había pensado en la posibilidad de ir más lejos con Harm. Si me hubieran preguntado hace cuatro meses si pensaba en hijos, mi respuesta sería una rotunda negativa. Ahora… no estaba segura. Si el padre fuese él, no me importaría. Es más, la sola idea de poder ser la madre de sus hijos me hacía sonreír.
Casi sin darme cuenta estábamos en la planta donde trabajaba Harm. Una de las suboficiales, que iba caminando en nuestra dirección me saludó. La devolví el saludo con la mano y noté la mirada intrigada de Thris.
Aunque ella sintiera curiosidad, no me dijo nada. Cuando llegamos a la entrada de la oficina busqué con la mirada por toda la sala, por si él estaba fuera de su despacho. Al no encontrarle, caminé decidida hacia su despacho y cuando estuve a unos metros, le vi. Estaba leyendo un informe cuando llamé a la puerta y, al verme, me sonrió.
Con un gesto de su mano me pidió que entrase y cuando me giré para buscar a la madre de Harm, vi que estaba hablando con el jefe de su hijo. Parecían estar entretenidos y supuse que si ella quería ir a donde estaba Harm, Chegwidden a guiaría.
M: Hola abogado.
¿Mucho trabajo?
H: Solo estaba leyendo este informe, para
entregárselo el lunes al almirante. –Se acercó a mí y me besó-.
¿Y tú qué tal?
M: ¡Oh! Nada interesante. Solamente hoy, conocí
a tu madre.
H: ¿A mi madre? –Me preguntó, sorprendido-. No
sabía que ella…
M: O sí, está hablando con tu jefe ahora
mismo. –Señalé discretamente hacia su posición-. Creo que le
agrado.
H: Bueno… sería imposible que no le gustases. Llevas
dos meses cuidando de su hijo.
M: Y no me quejo. Es más, estoy
acostumbrada a ello y debo decir en mi defensa, que eso no me
disgusta.
H: Ok. Por mi parte, estoy acostumbrado a que duermas
conmigo y me encanta. –Me lanzó su sonrisa de destrucción masiva
y me concentré en no desmayarme-. Además de poder despertarme
contigo.
M: Eso no es justo teniente. Eso a mí también me gusta.
Antes de que pudiéramos seguir discutiendo sobre a quién le gustaba más algo que al otro, su madre nos interrumpió llamando a la puerta. Harm le sonrió para que entrase y al cerrar, ambos se abrazaron. Cuando se separaron, él me miró a mí y después a Thris.
H: Veo que ya
conoces a Mac.
T: Si, menos mal que estaba ella en tu apartamento,
si no tendría que haberme vuelto al hotel.
H: ¿Y Frank?
T:
Está con unos proveedores o no sé qué cosa. Le he llamado antes de
entrar para pedirle que me recoja aquí. –Se puso sería-. Mira que
te he dicho millones de veces que tienes que comprarte un coche más
grande. Sabes que Frank estaría encantado de… -No acabó la frase,
porque su hijo la interrumpió-.
H: Lo sé, pero a mí me gusta mi
Corvette, mamá.
T: Si… -Se giró a mí-. ¿Tú tienes coche,
Mac?
M: No, no tengo. Apenas voy lejos del apartamento y cuando lo
hago, es Harm quien me lleva.
T: ¿Tienes el carnet? –Asentí-.
Bien, entonces supongo que el coche que el cabezota de mi hijo no
quiere, te lo puede regalar a ti mi marido.
M: No se si pueda
aceptarlo. –Sonreí-. Un coche es algo muy caro y…
T:
Tranquila, por el precio no te preocupes. A Frank le saldría barato.
Trabaja en un concesionario y seguro te encuentra un buen coche. Por
el precio no te preocupes, ya se verá más adelante.
H: Vale…
dejemos los tratos para luego, y ahora, vamos bajando al
aparcamiento. ¿Os parece bien?
Las dos asentimos y continuamos hablando sobre el único tema que tenemos en común: Su hijo. Ella me contaba algunas de las travesuras de Harm mientras yo le informaba sobre los dos meses que llevaba viviendo con él.
De repente, un coche azul oscuro entró en el parking y se paró al lado de nosotros. Sin apagar el motor, su conductor se bajó y le estrechó la mano a Harm. Él debía ser Frank Burnett, el marido de Thris. A simple vista, me pareció muy agradable.
H: Frank, te
presento a Mac. –Me sonrió-. Vive conmigo desde hace dos meses.
Mac, él es mi padrastro.
F: Encantado de conocerte, Mac. –También
me sonrió-.
M: Igualmente, señor Burnett.
F: Por favor,
llámame Frank. –Se giró a su mujer y la besó-. ¿Qué tal la
mañana?
T: Bien, charlando con Mac sobre mi hijo. Ya sabes, cosas
de mujeres.
F: Miedo me das. –Se rió. Después se volvió a
Harm-. ¿Qué te parece si os invitamos Thris y yo a comer?
H:
Suena estupendo. –Le sonrió-.
F: Bien, ¿conoces el restaurante
chino "Garden"? –Harm asintió-. Vale, pues allí nos vemos, en
la entrada.
Después de despedirnos, los padres de Harm se fueron en su coche y nosotros en el Corvette. Nada más subirnos, él se giró hacia mí antes de arrancar y me miró a los ojos. Le veía bastante serio y sabía que quería preguntarme algo.
M: Suéltalo, Harm.
Sea lo que sea, te escucho.
H: Verás… yo… ¿Qué te pareció
mi madre? Sé qué dijiste que sería buena idea conocerlos pero no
esperaba que se presentasen de sopetón.
M: Es muy agradable, y
simpática. Lo mismo pienso de Frank. –Le miré. Aquí había algo
más-. Es cierto que me pilló de sorpresa, pero no pasa nada. Creo
que acabaré adorándola.
H: Lo mismo hará ella contigo, si no lo
hace ya. –Arrancó el coche y después de unos minutos, le
pregunté-.
M: ¿Por qué querías saberlo? Bueno… si, son tus
padres, pero… no sé… ¿Pensabas que me iban a caer mal?
H: No
sé… la última mujer que conoció a mi madre acabó odiándola.
–Suspiró-.
M: La misma que te engañó, ¿no es cierto? –El
asintió-. Pienso que esa mujer debe ser tonta, Harm. Sería
imposible odiar a tu madre, por mucho que ella se empeñase en
intentarlo.
H: Entonces… ¿Te gustan?
M: Mucho. Para serte
sincera, cuando os habéis abrazado… me ha dado un poco de envidia.
–Aparcó el coche cerca de la entrada al restaurante y me miró-.
H:
¿Por qué? –Me preguntó, sorprendido-.
M: Bueno… yo apenas
pasaba tiempo con mi madre. Entre su trabajo, mi colegio,… el
borracho de mi padre,… y después se fue. –Sentencié-. Ella
nunca me abrazó.
Harm estiró sus manos hasta coger mi rostro e hizo que le mirase a los ojos. Intenté no llorar pero fue en balde. Las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos y él me abrazó. Me sentí reconfortada y al cabo de unos minutos, nos separamos. Me secó el recorrido que habían hecho mis lágrimas y después, me besó.
H: ¿Estás mejor?
–Me preguntó, hablando en voz baja-.
M: Si, solo… necesitaba
desahogarme. –Le sonreí-.
H: Me alegra saber que soy tu paño
de lágrimas y que confías en mí. ¿Vamos?
M: Vámonos. No los
hagamos esperar.
