Pasamos tres horas y treinta y tres minutos en silencio, solamente escuchando canciones de varios años en la radio. Agradecí en mi interior que no me preguntase nada. Los nervios me revolvían el estómago y eso me daba nauseas.

Tampoco me apetecía hablar mucho. Tenía un mal presentimiento con sus pruebas de vuelo y no tenía ganas de contarle lo que pensaba. Solo me quedaba esperar a que el volviese sano y salvo, como me había prometido.

H: Ya hemos llegado. –Apagó el motor frente a una pequeña granja y me sonrió-.
M: ¿Ya? –Le pregunté sorprendida. Él asintió-. Vaya… es preciosa.
H: No recuerdo la cantidad de veces que he venido aquí. Este lugar lo cura todo.

Salimos del coche y, mientras Harm cogía nuestra maleta yo observaba el campo que rodeaba a la granja. Estaba rodeada por vallas blancas de madera y la hierba me llegaba por el tobillo. A lo lejos se divisaba un camino que llevaba a un pequeño huerto, y al lado, había un invernadero metálico.

H: Vamos.

Me agarré a su brazo y ambos caminamos hacia la puerta. Cuando estábamos a pocos pasos del porche, una mujer encendió las luces y salió a nuestro encuentro. Al verla, solté el brazo de Harm y él se acercó a abrazar a su abuela. Después, me miró a mí y sonrió.

S: Tú debes de ser Mac, ¿verdad? –Me preguntó, en un tono cariñoso. Asentí-. Thris me ha hablado de ti. Le has causado muy buena impresión. –Me guiñó un ojo-.
M: ¿Usted cree? –Le respondí, mientras me acercaba. Sin decirme nada, me abrazó y a los pocos segundos, reaccioné, abrazándome a ella-.
S: Estoy totalmente segura. Pero, por favor –me sonrió- llámame Sarah, no soporto el 'usted'. –Se giró a su nieto-. Me alegra que hayáis venido.
H: Sabes que me gusta venir a visitarte. Además, quería que conocieras a Mac. –Le sonrió-.
S: Pensaba que nunca me la presentarías. ¿Vamos dentro?

Los tres pasamos al interior de la casa y observé todo lo que estaba a mi vista. Muebles de madera antiguos, paredes en tonos cálidos,… Todo al estilo rústico, muy diferente de las decoraciones de la ciudad.

Seguí a Harm hasta el salón y los dos nos sentamos en un sillón color crema con adornos de flores, frente a la chimenea. Me quedé maravillada con toda la estancia. El salón era… perfecto. No encontraba ninguna forma de describir todo aquello. Era muy acogedor.

S: ¿Queréis algo? –Preguntó, desde la cocina. Harm me miró a mí y negué-.
H: No, gracias. ¿Qué tal ha estado todo por aquí? Hace tanto tiempo que no vengo…
S: Igual que siempre. –Sonrió mientras venía con una taza de té-. Thor se puso malo y tuve que llamar al veterinario. Desde hace una semana está en la clínica. Le pedí a Charlie que se lo quedara durante la recuperación.
H: ¿Qué le pasó?
S: Nada grave. –Me miró a mí, que no entendía nada-. Thor es mi perro. Un Rottweiler precioso… y muy bueno. Nada que ver con esas noticias que salen sobre que son peligrosos. Mi Thor no haría daño ni a una mosca. Lo único que le pierde son los gatos. –Sonrió-. El otro día, estaba tumbado en el porche, cuando un gato atigrado pasó delante de él, dónde habéis aparcado el coche. –Suspiró-. El pobre Thor salió corriendo detrás de él, con la mala suerte que en la carrera, no sé qué le pasó que se hizo una herida bastante fea en el pecho. Supongo que fue a saltar la valla… pero él ya no está para tantos trotes.
M: Pobrecillo… -Sonreí-. ¿Cuándo le traen?
S: Lo cierto que es cuando escuché el ruido de un motor, pensé que era Charlie, que me lo traía hoy. Supongo que para mañana o pasado estará aquí, dando guerra otra vez.
H: Me alegro de que no sea nada.
S: Bueno, mañana hablamos. Tenéis que estar agotados. –Sonrió-. ¿Necesitáis otra habitación?
H: No hará falta, abuela. –Me sonrió-. Con la mía nos apañamos.
S: Bien. –Se levantó-. Yo me voy a ir a dormir. Mañana tengo que estar en pie pronto para ordeñar a Daisy. Ella no perdona ninguna.

Los dos nos giramos para ver como la abuela Sarah sube las escaleras y a los pocos segundos, escuchamos la puerta de alguna habitación cerrándose. Después, Harm se acercó a mí hasta tumbarme en el sofá y colocarse encima. Intentaba por todos los medios no reírme, pero las manos de él haciéndome cosquillas me lo ponían difícil.

M: Harm… contrólate… estamos en el salón… -Sonreí-. ¿Y si… baja… tu abuela?
H: No… no lo creo. –Me besó-. Pero, prefiero hacer las maniobras pertinentes en mi cama, si no te importa. –Me sonrió con su sonrisa de piloto-.
M: Creo que será mejor que dejemos 'las maniobras' para otro día.
H: Vamos, Mac. ¿Te da vergüenza hacerlo aquí?
M: Más bien es respeto, Harm. –Sonreí-. Alguien tiene que guardar las formas. –Conseguí ponerme sobre él y le besé-.
H: ¿Y el granero?
M: Quizá otro día, chico del aire. –Le volví a besar y después, me levanté corriendo del sofá y me paré al pie de las escaleras-. Si no te importa… -le sonreí- … tengo sueño.
H: Me debes unas 'maniobras' en el granero, Mackenzie. –Me contestó, señalándome con el dedo-.
M: Depende de cómo te portes, Rabb. –Sonreí-. ¿Coges la maleta, por favor?

A la mañana siguiente…

Cuando me desperté era bastante tarde y para variar, Harm no estaba a mi lado, en la cama. Me desperecé y me levanté de la cama, sintiéndome totalmente descansada. Me cambié el pijama por una camiseta y un pantalón deportivo, junto con mis deportivas y bajé a desayunar.

En la mesa de la cocina, estaba Sarah, mirando por la ventana. Cuando notó mi presencia, se giro hacia mí y me sonrió.

S: Siéntate, yo te sirvo el desayuno.
M: Gracias. –Le devolví la sonrisa-.
S: ¿Café?
M: Con un poco de leche.
S: Él croissant de la mesa es el tuyo. El panadero los ha traído a primera hora de la mañana. –Me puso la taza de café delante y se sentó frente a mí-.
M: ¿Y Harm?
S: Se levantó dos horas antes que tú y en cuanto le vi, le pedí que me arreglara un trozo de valla del prado. Fred se dedicó a cocear el cercado. Cada vez que están las yeguas en celo, se vuelve loco.
M: ¿Tienes caballos? –Le pregunté, sorprendida-.
S: Tengo cinco. –Me sonrió-. Un semental y cuatro yeguas. Una de ellas está preñada. Debe de dar a luz un día de estos.
M: Tiene que ser gratificante estar ocupada durante todo el día. –Respondí, mientras le pegaba un mordisco a mi bollo-.
S: Además de agotador.
M: Tienes todo precioso. –Sonreí-. Me podría perder aquí durante días…
S: Oh… si quieres puedes quedarte hasta que Harm vuelva de sus pruebas de vuelo. Me vendrá bien un poco de compañía.
M: No quiero ser una molestia. No sé nada de granjas. –Admití-.
S: No te preocupes. –Me contestó, animada-. Yo te enseño. Me serás de gran ayuda si Whinny decide alumbrar durante estos días. ¿Tienes algo que hacer en Washington?
M: No, nada. No tengo trabajo, ya que Harm me ha dicho que no hacía falta otro sueldo en casa. Me pasaría los tres días sola en el apartamento.
S: Razón de más para que te quedes. –Sonrió-. ¿De acuerdo?