CAPITULO II

- Der zuerst Schritt -


"Bienvenido a ShinRa, muchacho."

No había lugar más lujoso y exquisito que el despacho de la residencia de los Shin-Ra. Lámparas de araña compuestas de delicados y brillantes cristales cubrían los techos casetonados. Éstos aparecían aplacados con blancas piezas marmóreas procedentes de las canteras de Fuerte Cóndor, cuya decoración sobresalía por la policromía en tonos dorados; bordeando cada pieza cuadrangular. Su resultado producía un efecto visual de lo más ostentoso. A su vez, el pavimento era de losa de granito blancuzco que aparecía cubierto en varias zonas por tapicerías de bellos temas decorativos. En los muros, se encontraban grandes estanterías repletas de libros, colocados en un armonioso y cuidadoso orden. En el centro de la estancia se encontraba una mesa, en la que se habían colocado dos sillas de despacho y otra más para el dueño que se hallaba justo enfrente de las otras dos, separadas por la mesa. Las sillas estaban cubiertas por un cuero blanco y acolchado, que poseían, además, un gran respaldo en el cual acomodarse con gran gusto. Enfrente de esta mesa, la pared estaba rasgada por amplios vanos rectangulares y dispuestos verticalmente; a través de ellos pasaba una limpia y acogedora luz del exterior. Y es que, Midgar era un lugar en donde el astro rey se hallaba en su máximo esplendor, eso sí, siempre y cuando no pertenecieras a la zona de los suburbios, cuyas placas hacían imposible la entrada completa para irradiar su luz. La mansión de los Shin-Ra se encontraba incluida dentro de la Torre Central de Midgar, lugar en donde se dirigía todo el monopolio de la empresa. Exteriormente este edificio era tan austero y metálico como cualquier otra zona perteneciente a la ciudad, pero que por el contrario, su interior se encontraba ricamente decorado, llegando a su máxima plenitud dentro de la zona residencial del presidente y su familia, situado ya en la zona más elevada del edificio.

Ante toda aquella magnificencia decorativa, se hallaba el presidente uniformado con una vestimenta oscura y discreta, todo lo contrario a lo que conformaba su despacho. Lo recibió de forma acogedora, sabiendo a priori el distinguido carácter sarcástico de aquel hombre. Con el mismo ademán, saludó a Hojo; éste lo había acompañado a aquel lugar.

- Espero que no estés nervioso por la primera misión que te vamos a encomendar, ¿cierto? – le preguntó mientras les indicaba cortésmente a que se sentaran en los lujosos asientos.

- No. No lo estoy – decidió responder –. Aunque me gustaría saber un poco acerca de la misión.

- ¡Me alegra ver tanto interés de tu parte! – dijo esto el presidente mientras se disponía a sentarse sin antes encender un puro.

"Maldito humo… No sé cómo demonios soportas esa peste…" Pensó mientras notaba el roce del humo en su cara.

Para olvidar ese pensamiento, giró su mirada hacia Hojo. Sonreía tan satisfactoriamente de la misma manera que lo hacía el Presidente. Supuso que esperaban mucho de él a partir de ahora; que era imprescindible para sus futuros proyectos. El hecho de verlo con ganas de comenzar la misión les agradaba tanto o mucho más de lo que él suponía.

- Muy bien… No es una misión compleja; como comprenderás va a ser la primera y tampoco es conveniente darte grandes responsabilidades. Así evitarás sentirte presionado – el hombre de espeso bigote hizo una pausa mientras daba una calada más a su puro –. Serás enviado junto a una cuadrilla de guardias a la zona montañosa de Corel. Además, irán varios científicos ya que deben estudiar con detenimiento las fuentes de energía Mako que se concentran en el lugar. Tu misión será protegerlos a toda costa. En cierto modo, esa zona es un tanto peligrosa en cuanto a monstruos se refiere…"

- ¿Monstruos únicamente? Creo que te darán más problemas los activistas de Corel -ironizó Hojo mientras sobresalía una mueca de su rostro-. Entonces señor Presidente, ¿Aún persistís con esa idea de construir un Reactor en Corel?"

- Hmm... Supongo que el proceso será bastante lento. Esa maloliente gente tiznada de carbón está siendo un gran obstáculo para llevar a cabo la construcción del reactor. Sin embargo, el proyecto no se puede estancar; por eso mismo quiero que tus científicos realicen varias pruebas y estudien el nivel de energía Mako – suspiró mientras el humo emergía de su boca-. Quiero saber si se puede sacar una buena tajada en ese lugar. Si es inestable o posee poca cantidad de energía, prefiero ahorrarme la disputa con esa maldita gente y construir el reactor en otra parte.

- Bien, iré si no queda más remedio – asintió con la cabeza mientras acto seguido dirigía su mirada hacia Hojo -; ¿Tú también irás?

- ¡Jajaja! Por supuesto que no, Sephiroth –dijo irónicamente–, no hace falta mi presencia por esos lares. Los científicos que irán contigo sabrán perfectamente lo que tienen que hacer. Así que despreocúpate.

"Más me gustaría que te comiese un monstruo enorme." Pensó con una sarcasmo más cortante, mientras no podía evitar sonreír ante tal ocurrencia.

- Puedo luchar contra cualquier enemigo, profesor Hojo. Pero… no me han enseñado a resolver disputas. Y si esa gente decide defender lo que es suyo, no pienso mover ni un sólo dedo para salvar a tus científicos -prefirió responder, con gran ironía, al científico de ojos saltones.

El presidente soltó una estridente carcajada, por cuya boca salía bocanadas de aquel pestilente humo. Mientras tanto, Hojo ante tal respuesta –ya que tenía algo de razón el avispado chiquillo- no pudo evitar reír al unísono con el otro hombre. Él sonrió nuevamente, ahora por imaginarse a aquellos dos hombres siendo apaleados por los mineros de Corel, que tenían fama de poseer una hercúlea musculatura. Mas en ese mismo instante alguien había entrado en el despacho.

- Papá, ¿vas a tardar mucho?" – respondió aquella personita que entró con gran timidez–. Me prometiste que me llevarías a Junon. Yo quiero ver cómo acaban de construir el submarino antes de su inauguración que será dentro de dos días…

Observó a aquel niño rubio de ojos almendrados, cuya tonalidad era de un azul muy intenso. Probablemente tuviese seis o siete años menos que él, y a pesar de la diferencia de edad, ambos eran completamente diferentes. Frente a su ironía y su gran capacidad de autocontrol, llegando a comportarse más como un adulto que como un niño, aquel jovencito, sin embargo, era el prototipo del infantilismo: alegre, retraído, caprichoso… que gozaba de la economía de sus padres. Y, sorprendentemente, era aquel renacuajo el que dentro de un par de años tomaría el mando de la empresa.

- ¡Oh! Ven aquí, Rufus. Te quiero presentar a alguien muy importante –dijo en un tono bastante cordial mientras realizaba un ademán con la mano para que se acercara–. Este muchacho se llama Sephiroth. ¿Recuerdas que hace poco te había hablado de él?

- Un placer, Rufus. –logró comentar finalmente.

El rubio se quedó mirándolo con gran asombro. Era como si su presencia fuese algo extraordinario, inimaginable. ¡El gran Sephiroth! ¡Sí, era él sin duda! De repente, permaneció estático y dubitativo, logrando decir con gran ingenuidad:

- Me alegra también conocerte. Aunque, no pensé que fueses un gato... –al decir esto, se le acercó con gran curiosidad mientras observaba con detenimiento la forma inusual de sus ojos verdes.

***

El constante traqueteo del tren hizo que cayera en una profunda somnolencia. No había dormido nada desde su vuelta de la misión en Corel. Realmente se sentía cansado a pesar de todo lo acontecido. Quizás el recuerdo es lo más que le abruma. Por vez primera, tenía miedo de sí mismo.

"¿Qué me está ocurriendo…? ¿Quién soy yo en realidad?"

Sus pensamientos arremetían con fuerza, carcomiendo su serenidad. Con gran desesperación quería descubrir tantas cosas… exasperaba por adjudicar alguna respuesta certera ante un enmarañado tumulto de dudas. Con rencor, asumió su situación. Abrió sus ojos, observando con detenimiento su alrededor.

El número de los pasajeros disminuía a medida que se alcanzaba la última parada del trayecto; tan sólo varios empleados de la torre de Shin-Ra y él permanecían callados en sus correspondientes asientos. Sin embargo, contempló con mayor ahínco una figura completamente diferente a todas las demás. Por su aspecto definía que no pertenecía a ningún puesto dentro de la empresa ya que no llevaba el uniforme característico. Era una persona de a pie: una joven y hermosa mujer de piel muy fina y delicada, cuya tonalidad era tan clara y viva como la luz que se proyectaba por aquellos enormes ventanales del despacho de la residencia Shin-Ra. Su largo cabello era tan hermoso como su angelical rostro - contrastando con el suyo propio; inequívocamente perverso – cuya tonalidad era un castaño claro. La forma de aquel sinuoso cabello era ondulada, asemejándose a un ordenado conjunto de meandros perfectos. Increíblemente hermosa, sin duda.

Muy a pesar de su radiante presencia entre tanta parsimonia y miseria, aquel rostro reflejaba una profunda angustia; llegando quizás a ser mayor que la suya propia. Observándola, se quedó absorto, intentando descubrir el por qué de su inestabilidad. De repente, la joven abrió sus grandes y expresivos ojos que se encontraban vidriados debido a la contención de lágrimas. Como si de un momento a otro rompiese en profundo llanto. De la misma forma observó que se encontraba demacrada, muy débil; sobre todo interiormente.

Pero hubo algo en su mirar que lo turbó por completo, produciendo dentro de él un paroxismo de nervios y miedo irremediables.

- Ese color verde... – balbuceó mientras que notó su pulsación acelerar vertiginosamente.