M: Me encantará quedarme aquí. –Le sonreí-.
S: Bien, espero que no te importe que te mande un par de tareas durante esos tres días. Necesito un par de manos jóvenes. –Me sonrió-. Yo ya no puedo hacer todas las cosas que hacía antes.
M: Te ayudaré encantada.
S: Gracias. –Se levantó y antes de irse, se disculpó-. Voy a llamar a Charlie. A este paso tendré que raptar a Thor de la clínica.

Asentí con la cabeza y contemplé como iba hacia el salón y cogía el teléfono. La vi sentarse en sofá y comenzar a hablar. Estaba embobada con mi desayuno cuando Harm entró por la puerta, con su sonrisa iluminándole la cara.

M: Hola, marinero.
H: Buenos días, Mac. –Se acercó a mí y me besó-. ¿Qué tal has dormido?
M: Fabulosamente. -Le sonreí-. Tu abuela me ha propuesto pasar aquí unos días, mientras tú estás con tus pruebas. Le he dicho que sí.
H: Ya te dije que le caerías muy bien.
M: Y ella a mí. Es muy agradable y me siento a gusto con ella. –Me sonrió-. ¿Qué?
H: No sé… me encanta que te lleves así de bien con mi familia. Espero que le caiga tan bien a tu tío.
M: Seguro que le gustaras… aunque seas un calamar.
H: Vaya, gracias. Eso me tranquiliza bastante. –Los dos nos reímos y al cabo del rato, Harm se pone serio-. Marine, espero que sepas montar a caballo.
M: ¿Marine? –Le preguntó, enarcando una ceja-.
H: Bueno… dijiste que casi te alístate en los marines. Además, tu tío es marine y tú me llamas marinero y calamar. –Me sonrió con su sonrisa registrada-. Tómalo como una forma cariñosa de llamarte.
M: Me gusta. –Sonreí-. Y sobre montar… no te preocupes, sé. ¿Tienes algo planeado?
H: Exacto, pero es confidencial.

Volvemos a reírnos y esta vez, nos interrumpió Sarah. Decía que estaría todo el día en casa esperando a que el veterinario le devolviese a su perro. Harm le comunicó que tenía planeado 'secuestrarme' a mí y a dos de sus caballos, y ella aceptó de buen grado. Nos preparó un par de bocadillos y nos dio dos botellas de agua. Después, preparamos a los caballos y nos fuimos por un sendero de la finca.

Hora y media más tarde, desmontamos cerca de un pequeño rio. Todo a su alrededor era verde y parecía estar húmedo. Cerca del agua, y con buenas vistas a toda la orilla, había una gran piedra dónde Harm y yo nos sentamos a contemplar todo aquello.

M: Es precioso. –Le susurré-.
H: Solía venir aquí para pensar. –Me contestó, mientras miraba el caudal del rio-.
M: ¿Cómo lo encontraste?
H: Desde que murió mi padre pasaba aquí todos los veranos. Un día, estaba tan enfadado que monté en uno de los caballos y cabalgué hasta aquí. Me pasé toda la tarde observando el agua y los árboles. Al volver, me sentí relajado. –Me sonrió-. Además, quería decirte algo,…
M: Lo que tú quieras.
H: Es fácil, pero no sé como decírtelo. –Suspiró-.
M: No tenemos prisa.

La verdad es que me estaba poniendo nerviosa. Pasamos un buen rato en silencio, contemplando la naturaleza que había a nuestro alrededor. Era algo fácil sentirse cómoda con Harm, aunque no hablase con él. Me sentía protegida, relajada,… amada. Nunca me había sentido igual con otro hombre.

Al ver que él no tenía intención de hablarme ahora, decidí que lo mejor era comer y después, ya veríamos.

M: ¿Comemos?
H: Buena idea. –Sonrió débilmente-. Voy a intentar ordenar mis palabras, y después te lo cuento.
M: Vale.

Estuvimos comiendo callados. Él estaba pensando en la manera de decir lo que fuese de una forma coherente, y yo solamente podía esperar. A cada segundo que pasaba sentía a mi estómago retorcerse. Cuando acabamos, recogí las latas y los envoltorios de los bocadillos y los guardé en la alforja de Fred. Cuando regresé, me senté más cerca de Harm y al verme, abrió los brazos para que me acurrucara en su torso.

H: Ya lo tengo más claro. Te quiero pedir, antes de nada. Que no me interrumpas. –Esperó unos segundos y me llamó-. ¿Mac?
M: ¿No me has dicho que no te interrumpa? –Nos reímos-.
H: Vale… En estos meses me he dado cuenta de lo importante que eres para mí. Al principio tenía miedo de que tú no sintieras lo mismo, pero… gracias a Dios me equivocaba. –Le sonreí-. Al ver lo bien que te llevas con mis padres y mi abuela, he tomado una decisión. Entenderé si quieres esperar más tiempo, o no quieres hacerlo. Solo te pido que seas sincera con tu respuesta, aunque pueda hacerme daño.
M: Yo nunca haría nada para hacerte daño, Harm. –Me puso mala cara, e intenté no reírme-. Ya me callo, ya.
H: Bueno. –Cogió aire-. Sabes que te quiero, te amo, te deseo,… siento que eres mi otra mitad. –Sonrió y me miró a los ojos-. Por eso, quería preguntarte… -Sacó una pequeña caja de su bolsillo y me quedé perpleja-. ¿Quieres casarte conmigo?

De verdad, no me lo podía creer. Si hace un año alguien me hubiese dicho que mi vida podía cambiar de una forma tan… radical, no me lo habría creído. Es más, me hubiera reído en su cara. Dejando de lado mis pensamientos, aún estaba Harm esperando mi respuesta, con la caja abierta y un precioso anillo dentro de la misma. No sé qué aspecto debía de tener, porque a cada segundo que pasaba, la sonrisa de Harm se hacía más grande.

H: Mac… ¿Estás bien?
M: ¿Qué? –Conseguí responder, después del shock inicial-. ¿Qué me…? ¡Ah, sí! –Sonreí-.
H: No sabía que la pregunta te podía afectar tanto.
M: Yo… no me lo esperaba.
H: De eso se trataba, de que fuera una sorpresa.
M: Y lo ha sido, créeme. Me has dejado sin palabras.
H: Entonces… ¿Qué contestas? –Me sonrió-. ¿Quieres casarte conmigo?
M: ¡Sí! ¡¡Si quiero!! –Le contesté, abrazándole-.

Pasamos un rato más allí observando el paisaje y cuando comenzaba a oscurecer, nos volvimos. Desensillamos a los caballos y los guardamos en las cuadras. Después, cogidos de la mano, fuimos a darle la noticia a la abuela de Harm. Cuando entramos, decidimos que era mejor decírselo después de cenar.

H: Abuela, tenemos algo que decirte. –Ella sonrió-.
S: Algo bueno, supongo.
H: Si. –Me senté junto a Harm y él me pasó un brazo por la cintura-. Le he pedido a Mac que se case conmigo.
M: Y he dicho que si. –Le sonreí-.
S: ¡Oh! ¿De verdad? ¡¡Es maravilloso!! Mi nieto, casado, y con una mujer tan buena. –Me sonrió-. Si te soy sincera, Mac, no pensé que viviría para ver esto.
M: ¿No se imaginaba a Harm casado? –Le pregunté, curiosa-.
S: Verdaderamente, no. Todos sabemos que a Harm le cuesta aclarar sus ideas.
H: Vaya, gracias. –Se hizo el ofendido-.
M: No te enfades, Harm. Tu abuela lleva razón.
H: Genial… ahora te pones de su parte.

Los tres nos reímos. Estuvimos hablando de la boda y de las prácticas de vuelo de Harm. Ya era bastante tarde cuando la abuela Sarah se subió a dormir. Como la noche anterior, él y yo nos quedamos solos en el salón. Sin decir nada, me levanté y le tendí la mano.

M: Si no recuerdo mal, chico del aire, te debo unas maniobras en el granero. ¿No?
H: ¿En serio? –Asentí-. ¿No eras tú la del 'respeto' y la de guardar las formas?
M: Bueno, si le vas a poner pegas… -Caminé hasta el pie de las escaleras pero antes de poder poner un pie en el escalón, Harm me sujetó por el brazo y me dio la vuelta para encararle-.
H: Yo no le pongo pegas. –Sonrió-. ¿Vamos?
M: Vamos.

10:06 Horas, Domingo
Granja Rabb
Belleville, Pennsylvania

Me desperté con la sensación de que el mundo era perfecto. Para asegurare de que todo lo que pasó en el día anterior no fue un sueño, miré mi mano derecha y… ¡Bingo! Ahí estaba el anillo. No fue un sueño. Realmente Harm me había propuesto matrimonio y yo había aceptado.

Cuando pensé en él, le busqué en la cama y no estaba. Después le busque por la habitación, y tampoco. Me vestí con lo primero que encontré y bajé a desayunar.

Encima de la mesa, al lado del desayuno, había una nota escrita por Harm. Sonreí como una tonta al verla y caminé más deprisa hacia ella. La cogí y comencé a leerla.

"He ido con mi abuela a comprar reservas de carne para ti y para ella. Te dejo preparado el desayuno. Espero que te guste. No tardaremos mucho. Te amo. Harm".

No pude evitar que las lágrimas cayeran por mis mejillas. Aunque fuese real, a mí me seguía pareciendo un sueño. Con Harm sentía que me había tocado la lotería. Se veía a kilómetros que me quería. Además, de cada vez que me miraba me sentía deseada. Cómo me dijo una vez una de las compañeras de Harm, Katlin Pike, él me devora con los ojos. Y ahora que le conozco me he dado cuenta de que yo también tengo ego, no tan grande como el suyo, pero lo tengo.

Sin esperar más, me siento frente al desayuno que tan amablemente me ha preparado y antes de comérmelo, lo observo. Café, bizcochos, zumo, dos piezas de manzana,… Parece el desayuno de un regimiento. Sonrió. Nadie me había preparado un desayuno, a excepción de Harm y su abuela.

Cuando terminé de desayunar, salí al porche y me senté en el banco de su abuela. Desde ahí podía ver la llegada de los dos sin esfuerzo. Estaba tan ocupada mirando al horizonte que no me di cuenta del enorme Rottweiler que me observaba tumbado, desde una de las esquinas.

Recordé la historia del perro de la abuela Sarah y sonreí. Ese debía de ser Thor, el temor de los gatos. Él me miraba sin levantar la cabeza del suelo. Verdaderamente era precioso.

M: ¿Thor? –Al oír su nombre, se levantó despacio y caminó hacia mí. Puso su hocico sobre mis rodillas y le acaricié la cabeza-. Qué guapo eres. –Se sentó, aún con la cabeza sobre mí y continué acariciándole, hasta que oímos el motor de una camioneta-.
H: ¿Mac? –Me llamó Harm-.
M: Estoy aquí. –Sonreí cuando vio la escena. Thor estaba tumbado delante de mí y meneaba su pequeño rabo en señal de bienvenida-.
S: Buenos días, Mac. –El perro se levantó y avanzó hacia Sarah-. ¡Hola Thor! ¿Dónde está mi niño? –En señal, él le tendió su patita-. Ese es mi chico. Ven, mira lo que tengo para ti. –Los dos pasaron dentro y Harm se sentó a mi lado. Después, me besó-.
H: Buenos días, marine mía.
M: Igualmente, calamar. –Sonreí-. Aún no me puedo creer que me vaya a casar contigo.
H: Yo tampoco me lo creo. –Admitió-. Pensé que me dirías que no.
M: ¿En serio? Con todas las veces que te he dicho que te quiero…
H: Lo sé… Y aquí estamos. –Sonrió-. Siento tener que marcharme. No quiero alejarme de ti.
M: Serán solo tres días. –Le acaricié la mejilla-. Aquí te estaré esperando.
H: Y volveré contigo, te lo prometo. –Me besó la palma de la mano-. Te quiero.
M: Yo también.
H: ¿Te ha gustado el desayuno que te preparé?
M: Estaba buenísimo. Como sigas así me voy a acabar acostumbrando. –Sonreí-.
H: Esa es la idea, ¿no?
M: Eres terrible.
H: Si, soy malo, malísimo. –Me sonrió-. Hemos comprado carne para un mes.
M: ¿Carne? ¿Qué es eso?
H: Muy graciosa.
M: No te ofendas, pero llevo comiendo comida sana desde que nos conocimos.
H: Y sigues viva.
M: No he dicho que me disguste, ¿o sí?
H: Entonces, ¿me esperarás aquí?
M: De aquí no me mueve nadie. –Sonreí-. A no ser que tu abuela se aburra de mí.
H: No creo que eso pase.

Por la tarde hicimos lo mismo del día anterior. Preparamos a dos caballos y cabalgamos hasta el lugar donde fuimos, frente al rio. Después de pasar allí casi toda la tarde, volvimos a la granja.

Harm metió las cosas que iba a necesitar en la maleta y antes de marcharse, llamó a sus padres para comunicarles la noticia. Estaba sentada en el sofá cuando escuché el grito de alegría que dio Thris al enterarse. La abuela Sarah se divertía bastante, contemplando la cara que ponía su nieto ante el discurso que su madre le daba.

Cuando terminó, se despidió de su abuela y me miró a mí. Ella se disculpó y nos dejó solos en el salón. En el momento en el que desapareció por la puerta, me acerqué llorando a Harm y le abracé.

M: Te voy a echar de menos.
H: Yo también. –Me estrechó entre sus brazos-. Nunca pensé que odiaría tener que ir a volar.
M: Tres días me van a parecer una eternidad. –Sonreí-.
H: Te prometo volver, Mac. Aunque tenga que secuestrar un tomcat.
M: Esperemos que no tengas que llegar a tanto. No me apetecería tener que casarme contigo en la capilla de la cárcel.
H: Si, creo que a mí tampoco me gustaría. –Ambos nos reímos. Me separé y le miré a los ojos-.
M: Vete, o llegarás tarde. –Me besó-.
H: Hasta pronto, marine.

Le acompañé hasta el porche y le despedí desde allí. Pasé bastante tiempo observando el camino por el cual había desaparecido. Sarah vino a buscarme a la hora de cenar. Ninguna de las dos habló hasta el momento de fregar los platos. Logré convencerla de que me dejara mí esa tarea y ella se marchó a dormir.

Cuando terminé, subí despacio hacia mí habitación y me tumbé en la cama. La sentí fría y vacía. Notando un par de lágrimas amontonarse en mis ojos, abracé con fuerza la almohada y las dejé salir. Nunca había necesitado a nadie tanto como a Harm.

13:25 Horas, Lunes
Granja Rabb
Belleville, Pennsylvania

La abuela de Harm había decidido hacer una visita a una amiga suya, que tenía al marido enfermo. Me dijo que llegaría por la noche, bastante tarde y que no hacía falta que la esperase despierta.

Aburrida como estaba, empecé a dar vueltas por el granero, hasta que una caja llamó mi atención. La abrí y saqué cuidadosamente su contenido. En ella, había un diario escrito por Harm. Sonreí al reconocer su letra. La fecha era reciente.

"20 de Diciembre, 2008.
Aquí estoy, en casa de la abuela, con la gran posibilidad de que nunca más me vuelva a subir en un caza. He estado dos meses hospitalizado en Bethesda. Gracias al cielo me dieron el alta ayer, no podría aguantar ni un solo día más encerrado entre las cuatro paredes de la habitación. Ahora, pasaré aquí el otro mes que tengo de baja, hasta que decidan donde trabajaré a partir de ahora. Lo peor de todo fue el comportamiento de Megan. Sabía de sobra donde estaba y que me había pasado, y aún así no vino a verme. Si algún día me coge el teléfono, pienso terminar toda relación con ella."

Lo que yo pensé. La ex novia de Harm debía de ser tonta. Metí todo en la caja y la volví a dejar en su sitio. Volví a la cocina para comer. Anoté mentalmente darle las gracias a Sarah por dejarme la comida y la cena echas. No tenía ni idea de cocinar, y tampoco tenía muchas ganas de hacerlo.

La tarde pasó demasiado lenta mara mí gusto. No hacía otra cosa que pensar en lo que Harm estaba haciendo y como se estaría sintiendo. Pensaba en si él me echaría de menos tanto como yo a él.

19:50 Horas, Martes
Granja Rabb
Belleville, Pennsylvania

A la hora de comer, los padres de Harm habían venido a visitar a Sarah y se sorprendieron bastante al verme allí. Nos pasamos todo el día hablando sobre Harm y todas las travesuras que él hacía de pequeño. También estuvimos hablando de la boda y todo lo que concernía a ella. Los invitados, el banquete, la luna de miel, el vestido,…

De regalo para mí, Frank me había prometido regalarme un coche. Intenté reclinarlo pero estaba decidido a dármelo, con el apoyo de Thris. Acepté, poniendo de condición que no fuese un coche demasiado grande. Ellos asintieron.

F: Entonces, decidido. Tendrás un buen coche para antes de la boda. Buscaremos uno que no sea muy grande.
T: Pero que tampoco sea de dos plazas. Para eso ya tenéis el Corvette de Harm.
M: Vale. ¿Me llamaréis cuando encontréis uno?
F: Claro. Seguramente te lo llevaré a Washington. –Sonrió-.
M: Gracias. –Le devolví la sonrisa-. Me voy a dormir. Buenas noches.
T: Buenas noches, Mac.
S: Qué descanses.

11:15 Horas, Miércoles
Granja Rabb
Belleville, Pennsylvania

Me desperté con una sonrisa de oreja a oreja. Hoy volvía Harm de sus pruebas de vuelo. En estos dos días no había llamado ninguna vez. No le di importancia. Pensé que no podría llamar o que no le dejaban.

Me vestí con los vaqueros y la camiseta que tanto le gustaban y bajé a desayunar. En la mesa de la cocina estaban Frank y Thris, desayunando. Cuando me vieron, sonrieron y me señalaron una silla frente a ellos.

F: Buenos días, Mac. –Sonrió-.
T: ¿Qué tal has dormido, cielo?
M: Mejor que las noches anteriores. –Sonreí-.
T: Se nota que echas mucho de menos a mi hijo.

Me sonrió. Justo cuando me acababa de sentar, sonó el teléfono. No le di importancia hasta que Sarah vino con el aparato en la mano y una sonrisa en su cara.

S: Es para ti, Mac.
M: ¿Para mí? –Pregunté, sorprendida. Ella me dio el teléfono y cuando escuché la voz del otro lado, sonreí-. ¿Harm?

H: ¡Hola Mac! No sabes las ganas que tenía de escuchar tu voz. –Sonreí-. No pude llamar antes, lo siento. Estuvimos incomunicados.
M: No pasa nada, lo entiendo. ¿Qué tal las prácticas?
H: Las prácticas estupendas, como siempre. –Sentí como sonreía ante el resultado de las mismas-.
M: Me alegro.
H: Pero, no te llamaba por eso. Hoy no podré volver a tierra.
M: Oh… -Me entristecí-. ¿Hay algún problema?
H: No, es solo que el abogado de abordo se puso enfermo y lo llevaron a Bethesda. El barco llegará a puerto en un mes y me han asignado para sustituirlo.
M: ¿Un mes? –Le pregunté, aterrada-.
H: Lo siento. Tenía muchas ganas de volver y verte. Te echo muchísimo de menos, marine. –Sonreí-.
M: Bueno… aún así, te esperaré. Me quedaré en casa de tu abuela, si a ella no le importa. –Miré a la aludida que me indicó con la cabeza que la escuchase-. Espera, quiere decirme algo.
S: Lo cierto es que tengo que ausentarme durante un tiempo. Puedes quedarte si quieres Mac, pero no podré estar contigo, al menos, durante dos semanas.
T: Puedes venirte con nosotros a La Jolla. –Me contestó, la madre de Harm-. Nos encantaría tenerte con nosotros, ¿verdad, Frank? –Él asintió y yo hice lo mismo-.
M: Cambio de planes, chico de aire. –Sonreí-. Iré a casa de tus padres durante el mes que no estés.
H: Vale. Entonces, te buscaré allí. –Ambos nos quedamos en silencio, hasta que escuché ruidos al otro lado de la línea-. Lo siento, Mac, pero tengo que colgar. Dale saludos a mi madre y a Frank.
M: Vale. Te quiero.
H: Yo también te quiero. Hasta dentro de un mes.

Y la comunicación se cortó. Me quedé unos segundos con el auricular pegado al oído y cerré los ojos. Había sido una conversación demasiado corta, pero reparadora. En ese momento me di cuenta de lo que realmente necesitaba a Harm.

T: ¿Qué pasa, Mac? –Me preguntó Thris, con cara de preocupación-. ¿Qué te ha dicho mi hijo?
M: El abogado del barco se ha puesto enfermo y Harm se va a quedar allí para sustituirle. Llegarán a puerto dentro de un mes.
F: Bueno, como te ha dicho mi mujer… -la miró- … puedes venirte con nosotros a La Jolla durante todo el tiempo que quieras.
M: No quiero ser una molestia. –Sonreí-.
T: No serás molestia, cariño. Me harás compañía mientras que Frank trabaja. Además, así podrás ir con él a mirar coches.
F: Thris tiene razón. Será mucho más fácil, y nos ahorraremos la llamada. –Me guiñó un ojo-.
M: Está bien. –Sonreí-. Gracias por dejarme estar aquí estos tres días, Sarah. –Sonreí-.
S: Me ha encantado tenerte aquí.

12:00 Horas, Dos semanas después
Residencia de los Burnett
La Jolla, California

T: ¿Estás lista, Mac?
M: Si. Enseguida bajo. –Terminé de arreglarme y bajé al encuentro de Thris-.
T: Sigo pensando en mi teoría, pero por confirmarla…
M: Lo sé. –Sonreí-. ¿Vamos?
T: Si, Frank nos está esperando en el coche.

Salimos de la casa y lo primero que vi fue el coche de Frank, aparcado en la entrada. Me sonrió y caminé hacia él. Abrí la puerta trasera del coche y me senté. A los pocos minutos, Thris se montó delante y arrancamos.

Desde hacía una semana me sentía mal. Mareos, vómitos, arcadas,… me entraba sueño a todas horas,… En eso gastaba bromas. Decía que menos mal que no tenía trabajo. Al final, Thris me obligó a ir al médico y este me tomó una muestra de sangre para analizarla. Hoy, por fin, nos iban a dar los resultados.

Desde el domingo antepasado Harm me llamaba todos los días, después de cenar. Pasábamos bastante tiempo –exactamente 16 minutos y 45 segundos- hablando. Me contaba su día y lo le relataba el mío. De mis mareos no le conté nada. Pensé que no era nada importante y no quería preocuparle.

Comencé a mirar el exterior a través de la ventanilla y al ver un avión recordé una de las conversaciones que tuve con Harm. Él había investigado una sospecha de robo de comida y cuando descubrió al ladrón, el capitán del barco le dejó hacer unas acrobacias, durante el día, en un tomcat. Se le notaba la sonrisa y lo contento que estaba en su voz. En esos momentos parecía un niño con un juguete nuevo.

T: Dijiste que tenías un tío. ¿Vive en Estados Unidos?
M: Si. En Yuma. –Sonreí-.
T: Eso está cerca de aquí. Si quieres puedes invitarle un día a comer con nosotros.
M: Me gustaría mucho.
T: Cuando volvamos con los resultados, le llamas. Posiblemente venga para una celebración.

Sonrió. La madre de Harm seguía con la misma idea desde hace una semana. La verdad es que la idea me ilusionaba. Deseaba con toda mi alma que fuera verdad lo que ella pensaba. Por mi parte, no quería hacerme muchas ilusiones.

12:54 Horas
Scripps Memorial Hospital
La Jolla, California

Quedaban solamente seis minutos para la consulta y a mí ya me daba un ataque de nervios. No sabía si quería ver los resultados o vivir en la ignorancia. Fue Thris la que me sacó a rastras del coche mientras Frank esperaba en el.

Caminamos la una al lado de la otra, con los nervios palpables en el ambiente. Pasamos las puertas correderas y avanzamos hacia la sala de espera. Nos paramos frente a la puerta del doctor y noté como mi estómago se contraía. Las dos miramos a la consulta, esperando a que el doctor saliese por la puerta y nos llamase.

De repente, la puerta se abrió y un hombre con una bata blanca salió, con una lista en sus manos. Miró unos segundos el papel y después levantó la vista.

Dr: ¿Sarah Mackenzie?
M: Yo. –Levanté el brazo-.
Dr: Pasen, por favor. –Thris y yo entramos y nos sentamos en las sillas para los pacientes-. Bien, ya tenemos los resultados. –Sonrió-.
T: Me alegra oírlo, doctor. –Contestó Thris, mirándole-.
Dr: Tenga. –Me tendió un sobre y sonrió-. Ha dado positivo. Está embarazada. ¡Felicidades!

Me quedé petrificada, mirando al doctor. Éste observó la cara de Thris y mía y empezó a reírse. Realmente yo no le veía nada cómico, pero él, en cambio, soltó unas carcajadas y después me sonrió.

Dr: Déjeme adivinar. No lo había planeado y además, es primeriza. –Asentí-. Bueno, siempre hay otras opciones a…
M: No, no… -Me apresuré en decir-. Es solo, la sorpresa. Mi futura suegra lleva toda la semana diciéndome que ella pensaba que era un embarazo y yo no la creía.
Dr: Ah… Entonces, en ese caso, sí que es una buena noticia. Le recomendaría que empezase a buscar un ginecólogo, le vendría bien hacer la primera ecografía.
M: Gracias, doctor.

Nos despedimos del médico y ambas salimos de la consulta, en busca de Frank. Thris no había dicho nada durante todo el camino, hasta que llegamos a la puerta del hospital. Entonces, me agarró del brazo y me sonrió. Después, sin previo aviso, me abrazó.

T: No sabes lo contenta que estoy, Mac. –Decía, llorando-. ¡Vas a hacerme abuela! Tú y mi hijo… ¡Dios mío! ¡Harm! ¿Cuándo se lo vas a decir? –Me preguntó, mirándome a la cara-.
M: Creo que es mejor esperar a que vuelva. Prefiero ver su reacción.
T: Si, lógico. –Sonrió-. Prometo no decirle nada… a Harm. Pero tendremos que llamar a la abuela Sarah para contárselo, y también a tu tío.
M: Y a Frank. –Sonreí-.
T: Por supuesto.

Caminamos en dirección al coche, Thris con una gran sonrisa y yo abrazándome al sobre. Embarazada. Aún no me lo podía creer. Supongo que esto retrasaría la boda. No quería ir con un vestido de pre-mamá al altar. Cuando Frank nos vio, debió de leer en la expresión de su mujer y también se le iluminó la sonrisa. Salió del coche, lo rodeó y me abrazó.

F: ¡Felicidades, Mac!
M: Gracias. –Le sonreí-.
F: Aún estás en estado de shock, ¿no?
M: Si, no me lo esperaba.

Desde luego, era increíble. Todas las veces protegiéndonos, y la única que no lo hacemos… ¡Zas! El piloto dio en la diana a la primera. Seguro que lo hacemos adrede y no me hubiese quedado embarazada.

Aún que… el saber que iba a poder educar a mi propio hijo y darle todo el cariño que a mí no me dieron, me alegraba. Ya en el coche, observé la parte baja de mi estómago y la acaricié. Le diría adiós a mi figura, pero a cambio recibiría uno de los mejores regalos del mundo.

Llegamos a la casa y lo primero que hace Thris es marcar el número de Sarah y pasarme el teléfono. Le comuniqué que iba a ser bisabuela y me felicitó eufórica. Me hizo prometerla que en cuanto tuviese la primera ecografía le mandaría una copia y cuando supiéramos el sexo, se lo diríamos. La parte más difícil venía ahora. Tenía que contarle a mí tío la noticia. No sabía si se iba a alegrar o no. Un tono… dos tonos… tres tonos…

Mt: ¿Diga?
M: ¡Hola, tío Matt!
Mt: ¡Mac! ¡Qué sorpresa! ¿Qué tal estás?
M: Muy bien. –Sonreí-. Te llamaba para invitarte a comer a casa de los padres de Harm. Tengo varias noticias que darte, y prefiero hacerlo en persona.
Mt: Me parece muy bien. ¿Sabes la dirección?
M: No… -Miré a Frank que me pedía el teléfono-. Te paso al padrastro de Harm, él te explica el camino.
Mt: Está bien. Te quiero, cariño.
M: Yo también, hasta pronto.

Le pasé el auricular a Frank y estuvo bastante rato charlando con mi tío. Mientras, ayudé a Thris a preparar la comida y a poner la mesa. La escuchaba hablar de lo que quería comprarle al bebé, en cuanto supiésemos si era niño o niña. Me estuvo contando cuando tendría que ser la primera revisión y de todos los cambios con el embarazo.

12:30 Horas, al día siguiente
Residencia de los Burnett
La Jolla, California

El timbre había sonado y como una flecha estuve al lado de la puerta. Sonreí cuando me encontré a mi tío, vestido de civil y con una gran sonrisa en la cara. Le abracé. Después, pasamos a la terraza, para que conociese a los padres de Harm.

M: Thris, Frank… Este es mi tío, el coronel Mathew O'hara. –Se giró a su tío-. Tío Matt, ellos son el padrastro de Harm, Frank, y su madre, Thris.
T: Es un placer conocerle. –Los tres se saludaron y después, contestó mi tío-.
O: Lo mismo digo. Pero, por favor, podéis llamarme Matt. –Sonrió-. Y bien, sobrina, ¿vas a decirme esas buenas noticias? –Le mostré mi mano derecha y sonreí-.
M: Me voy a casar con Harm.
O: ¿Te casas? –Me preguntó, sorprendido, y asentí-. ¡Felicidades! ¿Y el novio?
M: Vendrá dentro de dos semanas. Está en el Patrick Henry sustituyendo a uno oficial. –Sonreí-. Pero hay más.
O: ¿Más?
T: Si, pero te lo contará después de comer.

Nos sentamos en la terraza y comenzamos a comer la barbacoa que Frank había preparado. Todo estaba buenísimo y me alegré enormemente de que mi gusto por la carne no se esfumara. Todos charlábamos y reíamos con las anécdotas que tío Matt contaba sobre mí, y después nos reíamos de las travesuras de Harm.

O: Bueno… ¿No será nada malo, no?
M: No. –Me levanté y antes de desaparecer por la puerta, le sonreí-. Ahora vuelvo.

Subí las escaleras que separaban el primero piso con la planta baja y llegué a la habitación. Busqué entre los papeles de la mesa y encontré el sobre con los resultados del análisis de sangre. Al bajar, encontré al pie de la escalera la bolsa que se había llevado Harm, y al gorra reglamentaria de la marina. Tragué saliva como pude y caminé, otra vez, hacia la terraza. Al asomarme, contemplé a mi tío charlando alegremente con Harm.

Era increíble. Estaba aquí y no me había avisado de que venía. Abrí la puerta y todos se giraron hacia mí. Harm me sonrió y se levantó de su sitio, abriéndome los brazos. Avancé más deprisa hasta él y cuando llegué, me aferré a él.

M: Bienvenido a casa, comandante.
H: Muchas gracias, marine. –Sonrió-. Te prometí que volvería.
M: Y yo que te esperaría. –Nos separamos y me besó-.

Nos volvimos a sentar y fue entonces, cuando vio mi sobre. Antes de que dijera nada, le pedí a Harm que me acompañase dentro y nos disculpé ante los demás. Entramos al salón, asegurándome que donde estábamos no nos veían ni sus padres ni mi tío, y me giré a él.

H: ¿Y ese sobre? –Me preguntó-. ¿Te ha pasado algo? ¿Estás bien?
M: Tranquilo, estoy bien. –Le acaricié el brazo-. Me encontré un poco pachucha y tu madre insistió en ir al médico. Fuimos y me hizo un análisis de sangre. Estos son los resultados.
H: ¿Qué dicen?
M: Léelo tú mismo. –Le di el sobre y sacó la hoja. Estuvo leyendo hasta que le vi confundido-.
H: ¿Positivo? –Sonreí-.
M: Estoy embarazada, Harm. ¡Vas a ser padre! –Se le cayó el papel y me abrazó-.
H: ¿En serio? –Asentí-. ¡Dios mío! ¡Voy a ser padre!
M: Shh… -Le puse el dedo en los labios-. Todavía no se lo he dicho a mi tío.
H: ¿Y mi madre? ¿Y Frank? ¿Y la abuela Sarah?
M: Ellos ya lo saben. –Sonreí-. Thris y Frank me acompañaron a recoger los resultados. Cuando volvimos se lo dijimos a Sarah. –Me besó-.
H: ¿Por qué no me lo habías dicho? –Me abrazó-. Es el mejor regalo que alguien me podía hacer, Sarah.

Después, salimos a contárselo a mi tío, el cual también se alegró enormemente.

00:54 Horas (Meses después)
Casa de los Rabb
Washington DC

Estaba tranquilamente tumbada en la cama, con mi marido acostado a mi lado. Hacía seis meses que nos habíamos casado, y ya estaba saliendo de cuentas respecto a mi embarazo. Todo fue tranquilo, a pesar de todo lo que decían Thris y la abuela Sarah sobre la guerra que daba un bebé Rabb durante los meses de embarazo.

Pensaba en la vuelta que ha dado mi vida, cuando, de repente, noté un líquido en mis piernas. Intenté incorporarme para dar la luz de la mesilla, y entonces, un dolor me atravesó toda la tripa.

M: ¡¡HARM!! –Con el grito, se despertó de golpe y casi se cae de la cama-.
H: ¿Qué pasa?
M: ¡¡YA!! ¡¡Corre!! ¡¡Ya viene!!
H: ¿Ya? –Se levantó deprisa y se vistió con la misma velocidad-. Venga, cariño. Vamos. –Antes de venir a por mí, cogió el bolso que habíamos preparado para ir al hospital-. Vámonos.

Bajamos al coche y me acomodó en el asiento delantero. Dejó el bolso atrás y se montó rápidamente. Arrancó y fuimos a una velocidad bastante superior a la permitida y antes de darme cuenta, habíamos llegado al hospital.

Me ayudó a bajarme y al entrar por la puerta de urgencias, nos vio una enfermera y enseguida nos trajo una silla de ruedas. Ella llamó al doctor y me llevaron a una habitación.

Varias horas después…

Estaba tumbada en la cama de la habitación, cuando Harm entró, con una gran sonrisa y unas mantas entre sus brazos. Se sentó a mi lado y me enseñó a nuestro bebé.

H: Mira… aquí está tu mamá.
M: Es preciosa. –Sonreí-. ¿Cómo la llamaremos?
H: No lo sé… -Estuvo pensando un rato, mientras me daba a la niña, y habló-. ¿Qué te parece Grace?
M: Es perfecto. –La miré-. Grace Rabb.

FIN