CAPÍTULO VI

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Sin dejar de observar con angustia y miedo aquellos hermosos ojos verdes pertenecientes a la joven del tren, había recordado fugazmente los acontecimientos que sucedieron en Corel. Recordaba su lucha contra aquel violento animal y las voces que escuchó entre aquellos haces de luz verdosos y ondulantes que querían envolverle. Prácticamente no recordaba lo que pudo ocurrir después. Cuando despertó, se hallaba en la posada del pequeño pueblo. Allí estuvo acompañado por varios científicos que no dejaron de hacerle revisiones pues parecía encontrarse abatido. Todo lo contrario, se encontraba físicamente bien; pero… todo lo que había presenciado aquella noche lo habían hecho atolondrar demasiado. ¿Acaso era normal escuchar voces? ¿Estaría perdiendo la cordura? ¿Acaso "algo" no permitió su muerte?

"Te trajeron dos jóvenes mineros."- le comentó uno de los guardias con gran asombro- "¡Dicen que despedazaste a aquel monstruo!"

"Sí..." –afirmó un científico que le tomaba la tensión – "...Y nos advirtieron de que si no nos marchamos antes del atardecer nos echarían a balazos de aquí."

Aquel mismo día decidieron volver nuevamente a Midgar. Con gran pesar por parte de muchos, la revisión que tenían previsto llevarse a cabo aquella mañana, se había cancelado. En cuanto la avioneta alcanzó aterrizar en Midgar, ya en pleno atardecer, decidió no encontrarse con nadie. No quería toparse con Hojo que, seguramente, le recriminaría por haber hecho saber al pueblo minero que Shin-Ra estaba nuevamente interesada en sus tierras. Encima temía que aquellos científicos le contaran a éste su extraña actuación en la noche anterior… Se prometió no contarle nada. Nadie debía saberlo. Era su pequeño secreto, algo que quería procurar cuidar por encima de todo… y de todos.

Finalmente, decidió marcharse a su pequeño escondrijo que tenía situado en un simple cuartel militar del Sector 2: una pequeña habitación en la que gozaba de tranquilidad y ajeno a las turbulencias del mundo exterior. Allí lograba estar en paz consigo mismo. En ese lugar estuvo durante largo rato, sin poder dejar de divagar en todo lo que le había ocurrido.

"Paz…" "…Ya era hora."

Volvió en sí, mientras que el traqueteo del tren era lo único audible. Sin dejar de apartar la vista de aquellos preciosos ojos pensó en la considerable semejanza que tenían estos al color de aquel líquido que salía de las entrañas de la tierra, de aquella pureza. Sintió un terrible paroxismo de nervios que le hacía dificultosa la respiración… intentando recordar aquel nombre que gemían las voces con gran desespero, y que, comenzaba a emerger por su propia boca. Eran voces… pertenecientes a la Corriente Vital.

"Je…no… vah."

Balbuceó mientras notó su sangre arder… como si… ese nombre debiese significar algo muy importante para él.

"… ¿Qué significa? ¿Qué me ocurre? ¿Tiene que ver acaso con aquella voz que parecía caer del cielo? ¿Fue lo mismo que no quiso mi muerte?"

Sin apartar la vista de la joven, observó que abrigaba a una niña dormida en su regazo. Era prácticamente idéntica a ella, por lo que supuso de debía de ser su hija. Agarraba la blusa de su madre débilmente con una de sus pequeñas manitas. En aquel dulce y angelical rostro, que competía en belleza con el de la propia madre, tenía claros síntomas de cansancio y de una profunda tristeza.

En cuanto el tren paró en seco, la joven bajó lo más aprisa que le podían permitirle sus fuerzas y asiendo con fuerza a su pequeña, salió del vagón. Aunque… nada más poner un pie fuera se desplomó en el suelo, protegiendo como pudo a su más preciado tesoro.

"Morirá... Está demasiado débil." – pensó mientras el tren automáticamente cerraba las puertas y proseguía con su marcha.

Decidió ponerse en pie, esperando ansiosamente la llegada al Sector 0. Desde allí llegaría a la Central de Shin-Ra. Impasible aún por la marea de pensamientos y dudas, organizados en completa incoherencia, sólo le garantizaron un terrible malestar.

"Soy poderoso… Soy sublime…"- susurró sin dejar de analizar con mayor detenimiento aquella frase que arremetía con fuerza dentro de su ser.